Kidou notó que su hermana se tardaba bastante en regresar de los vestuarios.
– Oye Endo ¿No has visto a Haruna? – preguntó el de rastas.
– No, está en los vestuarios ¿O no?
– Es que se tarda mucho y nosotros ya nos vamos…
– Tienes razón, ve tú con los chicos, yo la voy a buscar… – dijo Endo algo preocupado de que Haruna se haya encontrado con Natsumi o algo por el estilo.
El entrenador de Raimon comenzó a caminar hacía los vestuarios. Se preguntaba cómo iba a hacer para decirle a Haruna lo de que no habría divorcio. De seguro se enojaría mucho.
Antes de entrar a los vestuarios, escuchó unos sollozos. Endo de verdad se preocupó al reconocer que eran de Haruna.
– Haruna, abrime por favor… quiero saber qué te pasa – dijo Endo luego de intentar abrir la puerta y notar que estaba trabada desde adentro.
– ¡No! ¡Vete! ¡Saldré de aquí cuando tú te hayas ido! ¡Maldito mentiroso! – le gritó Haruna con voz quebrada y enojada.
– Ya te enteraste ¿Verdad? – suspiró rendido Endo, sintiendo como algo en su interior se rompía, estaba lastimando a su princesa.
– ¿Qué si ya me enteré? ¡Obvio que me enteré! ¡Fui una tonta al creerte que dejarías a Natsumi por mí! ¡Una completa tonta! – dijo Haruna con rabia, pero a la vez sin poder contener las lágrimas de dolor que se deslizaban una tras otra por sus mejillas.
– Perdón… – llegó a musitar el mayor, aún sabiendo que eso tan solo haría enojar más a su princesa.
– ¿Perdón? ¿Me pides perdón? No tienes descaro Mamoru, eres un sinvergüenza… – dijo Haruna abriendo la puerta del vestuario – ¿Fue divertido jugar conmigo? – le preguntó entre lágrimas, mirando a los ojos a Endo.
– No… no lo fue… – respondió Endo abrazándola fuertemente, posando un tierno beso en sus labios.
– Suéltame… – masculló Haruna – eres un mentiroso…
– No lo soy…
– ¡Que me sueltes te he dicho! – volvió a gritar Haruna tratando de separarse del mayor.
– No quiero… no te pienso soltar…
– ¡Para divertirte tienes a Natsumi! ¡A mí no me vengas a hacer la vida más miserable, Mamoru! – dijo Haruna rindiéndose en su intento de escapar de los fuertes brazos de su amor.
Ya no pudo más consigo misma, se largó a llorar en el pecho de Endo, sin siquiera tratar de contener los sollozos.
Endo la guió hasta el interior del vestuario nuevamente y cerró la puerta sin soltar a su princesa.
– Perdóname… Haruna, esto no debía ser así… – se lamentó Endo posando su mentón en la cabeza de la joven – perdóname…
– Mamoru ¿Qué quieres que crea si la misma Natsumi dice que tú has detenido el divorcio…? ¿Qué quieres que crea si seguirán casados…? – Dijo Haruna tranquilizándose un poco – perdóname tú a mí… pero simplemente no quiero estar al lado de alguien que ya está comprometido. Lo siento.
Haruna trató de recomponerse, se secó esas lágrimas y salió de aquel cuarto, dejando a un Endo verdaderamente destrozado.
Endo se sentó en una de las bancas que había allí. Trató de no llorar, no quería, no podía permitírselo a sí mismo. Debía ser fuerte, debía afrontar todo para su querida princesa.
Haruna trató de recuperar su compostura y regresó al campo con sus alumnos.
– ¿Estás bien Haruna? – preguntó Kidou al verla llegar.
– ¿Eh? Sí, claro Yutto, no te preocupes… – dijo Haruna dándole su mejor sonrisa.
– Como tú digas… – soltó Kidou desconfiado – Bueno, ¡Chicos! Vayan saliendo que volvemos a Raimon – dijo Kidou dando por terminada la jornada.
– Entrenador Kidou, falta el entrenador Endo – dijo el capitán de ese equipo, un tal Matsukaze.
– Si, ahora viene… está en los vestuarios – dijo Haruna tomando su bolso – no se preocupen, vayan yendo.
– Lo voy a buscar – dijo Kidou mientras todos los chicos salían del estadio.
– Je, no te preocupes Kidou, ya… ya vine – dijo Endo, apareciendo detrás de ellos – bueno, vamos…
.
.
.
A la mañana siguiente, Haruna se levantó con un gran dolor de cabeza, no había dormido en toda la noche. Se sentó a desayunar, pero ni ganas de eso tenía. Ahí estaba, revolviendo el café con leche que se había preparado, sin ninguna intención de tomarlo sinceramente.
Escuchó tocar el timbre, se paró de mala gana a abrir. ¿Quién podría venir a visitarla un sábado tan temprano? Bueno, al fin de cuentas, ella ya estaba despierta.
– Hola Haru… – Entró Kidou con una pequeña sonrisa.
– Hola Yutto – respondió cerrando la puerta – ¿Qué pasa que vienes tan temprano? Hoy estarías durmiendo hasta, mínimo, las once… Son 7:30… – dijo la profesora ofreciéndole un café como el que ella no tenía intención de tomar.
– ¿Qué pasó ayer con Endo? Luego de que él fue a hablar contigo, volviste rara, diría triste… – contestó Kidou sentándose en uno de los sillones del departamento de la joven.
– No se divorcia… Mamoru no se divorcia… – largó en un suspiro, hundiéndose en el sillón.
– ¿¡Qué! – Gritó Kidou – ¿Cómo que ese imbécil no se divorcia?
– Tú sabes lo que pasa entre nosotros ¿Verdad? – preguntó Haruna.
– La idea de la carta fue mía, querida hermanita… – dijo Kidou dándole un sorbo a su café.
Haruna rió inocentemente.
Se quedaron charlando un rato, Haruna le contó todo lo que pasaba, lo que había pasado con Endo en el pasado y ahora con respecto a Natsumi. Kidou notó que su hermana estaba por romper en lágrimas, aunque ella decía que estaba bien.
– Tranquilízate… tranquilízate Haruna, ya está ¿Sí? Si no quieres hablar, no lo hagas – dijo Kidou tocándole un hombro.
– Es que… es que… no lo puedo evitar… simplemente… yo… quiero sacarme todo esto de encima. – completó Haruna abrazando a su hermano, con lágrimas en los ojos.
– Ya… ¿Sí? Ya… verás como todo se va a resolver con el tiempo – pudo decir Kidou correspondiéndole el abrazo.
– Es que ni con el tiempo… ni con el tiempo me puedo olvidar de Mamoru ¡Ya lo he vivido y no pude! – le reprochó Haruna sin separarse de su hermano.
– Nadie ha dicho que debes olvidarlo. Haruna, ambos sabemos que Natsumi hará cualquier cosa para quedarse con Endo…no te puedes fiar de que Endo paró los trámites porque a él se le dio la gana… – le dijo Kidou casi a modo de reproche para con su hermana.
– Sí, eso ya lo sé, pero duele igual… aparte él me prometió que nos íbamos a casar… ¡¿Sabes lo que es enterarse que no te casarás por parte de una… una… mujer…? – dijo Haruna que en vez de decir "mujer", iba a decir "zorra" o "puta", pero al ver la ver nuevamente a su hermano, rehízo su oración. – ¿¡Le costaba mucho decirme las cosas de frente! – dijo dejando caer más lágrimas.
– Eso lo tienes que ver con él, yo no te puedo responder… no sabemos qué pasó Haruna, tal vez lo hizo porque él quiso, tal vez porque Natsumi hizo algo para provocar eso. – Le respondió. – Repito, deberías hablar con él.
– Tal vez… tal vez tengas… tal vez tengas razón… – aceptó Haruna secándose las lágrimas con la manga del buzo que tenía puesto. – Pe-pero no hablaremos hoy, primero m-me t-tengo q-que tranquilizar… o si no, le voy a gritar cosas que no quiero gritarle.
– Eso es lo más maduro que te escucho decir desde que llegué… – dijo Kidou sacándole una pequeña sonrisa a su hermanita – Tienes razón… así que el lunes irás a hablar con Endo, como personas C-I-V-I-L-I-Z-A-D-A-S…
– ¿Me estás tratando de gritona?
– Te estoy tratando de loca… – le dijo tocándole la nariz con la punta de su dedo mayor – anda, levántate y sonríe, ninguna hermana mía debe llorar…
– Yutto, no tienes ninguna otra hermana. – dijo Haruna riendo.
– Pero sonó bonito – rió Yutto.
Así fue como Haruna recobró algo de su buen humor. El resto del fin de semana pasó sin pena ni gloria para la joven Otonashi, dejando de lado las leves recaídas de humor que tal vez tuvo una que otra vez…
.
.
.
Del otro lado de la historia, Endo se fue de su casa, comenzó a vivir en un departamento que ya había comprado hacía tiempo. El matrimonio con Natsumi solo era cosa de papeles y fotos.
Se sentía mal por Haruna, pero no quería ir a verla… ¿Para qué le gritara que él tenía la culpa? ¿Para sentirse más miserable? ¿Para no tener respuesta aún? Endo no quería ir tan solo a ilusionar a Haruna, quería presentarse ante ella con una respuesta para todo. Quería poder verla a los ojos y decirle que ya no había problema alguno, que ya podrían estar juntos… No quería ir y decirle "Natsumi me obligó", porque definitivamente era de cobardes dar esa respuesta. Pero también era de cobardes no presentase ante ella, no dar la cara luego de sus acciones.
– Soy un imbécil… – se susurró a sí mismo, dejando su departamento para salir a caminar un rato.
Era domingo por la tarde y no tenía nada para hacer, mejor dicho, no tenía ganas de hacer nada…
– ¡Endo! – lo llamó por detrás un voz muy conocida ya en el parque.
– Ki-Kidou… hola… – llegó a musitar Endo bajando la vista.
– ¿Irás a hablar con mi hermana o acaso debo llevarte de los pelos como cuando éramos chicos? – dijo Kidou realmente serio, cruzándose de brazos.
– Yo…
– No seas imbécil por favor ¿Sí? Ayer por la mañana fui a visitarla… está destrozada. – dijo Kidou en un tono de enojo, pero en sus facciones había serenidad – Supongo que tendrás una excusa bastante buena para todo lo que está pasando…
