Mundos Diferentes
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Disclaimer:CCS No Me Pertenece.
Género: M
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Shaoran Li es un chico que lo tiene todo, hijo de un importante magnate en los negocios y nieto de un Rey, según él es feliz o por lo menos eso cree antes de conocer a Sakura Kinomoto, una chica de clase media con muchos deseos de vivir, ayudar a su familia y salir adelante. La vida de Shaoran se pone patas arriba con la entrada de Sakura a esta, lo que no sabe es que al momento en que Sakura entra a su vida un grave secreto de su familia amenaza a ser descubierto. Él tiene que amar y aprender a perdona y ella está dispuesta a enseñarle.
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―"Teléfono"―
―Pensamientos―
Capítulo 14
Dolor Compartido
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Desde que la había abrazado la castaña hubo empezado a llorar sin consuelo, aferrándose fuertemente a él como si este fuese su salvavidas. Buscó a los gemelos con la mirada pidiendo una explicación mas estos solamente pudieron bajar la mirada.
―Saku….― la tomó del rostro separándola un poco de él. Se inclinó un poco sobre ella con la clara intención de besarla pero la castaña lo detuvo al llevar una de sus manos a los labios del chico. ―¿Pasa algo?― preguntó sin entender, la reacción y el estado de ella le preocupaba. Vio como la esmeralda separaba los labios y como pasó minutos atrás nada salió de estos. ―¿Qué le pasa?― le preguntó a los gemelos con preocupación. ―¿Por qué no habla?― quiso saber.
―Shaoran― finalmente Yue decidió hablar. ―La encontramos así―. Señaló a los tipos amarrados los cuales estaban sentados en el suelo. ―Ellos estaban con ella―
Escuchar lo dicho por el gemelo lo hizo reaccionar, había estado tan preocupado por ella que no hubo prestado la mínima atención a su estado o a su alrededor. Alejándose lo suficientemente la pudo ver de arriba abajo. Tenía la camisa de Yue, este solamente llevaba los pantalones, estaba algo sucia, con el cabello muy despeinado, las mejillas húmedas y sonrojadas por las lágrimas mientras que sus ojos estaban irritados, como si hubo estado llorando por largas horas. Sus piernas tenían cardenales.
―¿Qué le hicieron?― sentía que unos deseos cegadores de matar a alguien invadían su interior, el aspecto de su novia era deplorable.
―Que poca imaginación tienen los mocosos de hoy― habló unos de los hombre. ―¿Tú que crees?― su tono era burlesco a pesar de lo golpeado que estaba. ―Solamente mira su estado y sabrás―
Su chocolate mirada volvió sobre su novia, no, no podía ser cierto, su mente se negaba a aceptarlo, él siempre la hubo salvado, siempre la iba a proteger, se lo había prometido, no le pudo haber fallado, no, no a ella, nada de aquello podría ser cierto, no, nada era cierto. Buscó entre la verde mirada algo que desmintiera lo dicho por ese maldito pero solamente encontró mucha tristeza en la mirada esmeralda. Todo era verdad, su pequeña novia había sido abusada.
―Saku….― intentó acercarse, tenía que sentirla nuevamente entre sus brazos, sentirla con él, pero ella se alejó negando.
No lo soportaba, él la miraba con demasiado dolor, con demasiada tristeza, no pasaría mucho tiempo en que aquella mirada le empezara a reclamar, en que aquella mirada la observara con asco, desprecio. Se llevó ambas manos a la cabeza tomándosela fuertemente, nuevas lágrimas empezaron a bajar por sus mejillas como rio.
O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o
―Ieran― volvió a repetir Tsubaki, queriendo asegurarse que la mujer que estaba frente a ellos si era la madre del castaño.
Estaba demasiado sorprendida y aterrada por el miedo para poder reaccionar ante las personas que estaban allí. Sabía que tarde o temprano tenía que enfrentarlos, mas no estaba preparada, no ahora, no en esos momentos en los cuales la hija de su amiga no aparecía.
―De verdad eres tú― dijo la mujer acercándose para poder mirarla de cerca. Estaba muy cambiada, sino fuese por los largos años en los cuales fueron amigas no la hubiese reconocido, pero estaba segura, aquella mujer que estaba en silencio frente a ella era Ieran Reed.
―Ha pasado mucho tiempo― fue todo lo que se atrevió a decir.
―Por favor señor, necesitamos saber todo para poder ubicar a su hija― fue unos de los policías presente quien interrumpió el tenso silencio que se hubo formado.
―Por favor― pidió el padre de la esmeralda conduciéndolos hasta la sala.
Por un momento deseó escuchar que esa mujer dijese que no los conocía, pero no, ella había reconocido que en verdad era ella. La madre de Shaoran. Desvió su mirada hacia su hermano, este todavía estaba sorprendido, él también lo estaba, luego de 17 años y algunos de búsqueda de aquella mujer finalmente la tenían frente a sus ojos. El sonido del celular lo hizo apartar la mirada de la mujer.
―Si― contestó, volvió su mirada hacia ella, no quería que se desapareciera como un fantasma.
―"Encontramos a Sakura"― era su sobrino. ―"Está muy mal, Shaoran ha decidido llevársela a su apartamento…."― lo escuchó dudar, no sabiendo si decirle o no. ―"Unos hombres, ellos…"― un incómodo silencio se hizo a través de la línea. ―"Dicen que la abusaron"― al escuchar lo dicho por el moreno quedó demasiado sorprendido. ―"Estamos frente al parque, tenemos a los sujetos"―
―Encontraron a su hija― dijo luego de finalizar la llamada. ―Xiao Lang se la llevará con él― el hombre lo miró sin entender. ―Están frente al parque―
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Los chicos estaban en silencio, la castaña permanecía en silencio, ya no lloraba, ahora pareciera como si estuviera ida, en su propia burbuja de cristal. El castaño, al cual habían separado de aquellos tipos minutos atrás permanecía en igual silencio, minutos atrás había arremetido contra aquellos sujetos y pudieron jurar que no dejaría de golpearlos hasta matarlos por lo cual tuvieron que interceder, no por ellos sino por su amigo. Luego se hubo acercado a la esmeralda pero esta le hubo huido, como si le tuviese miedo. Observaron en silencio como los chicos se acercaban, Eriol, Touya y las tres chicas.
―¿Y Sakura?― ninguno contestó, buscó a su hermana hasta que la divisó, estaba de espaldas, con una camisa cubriéndola. ―Sakura― intentó acercarse a ella pero Yue no se lo permitió. ―¿Qué te pasa, imbécil? Es mi hermana― le dijo con enojo. El gemelo solamente se hizo a un lado para permitir que este fuese con la esmeralda. ―Sakura― tuvo que rodearla para poder observarla ya que esta no se movió de su lugar. ―Sakura…― quedó de una sola pieza al verla el rostro, sus esmeraldas orbes estaban opacas, no tenían aquel brillo de siempre, sus ojos estaban irritados como si la hubiesen tenido con estos vendados, sus mejillas estaban pálidas y sus cabellos desordenados. ―¿Qué te hicieron?― preguntó con dolor. La sintió estremecer cuando la abrazó pero esta no correspondió al abrazo, se quedó quieta, sin ninguna reacción por su parte.
Odiaba aquello, no quería que la viesen así, ni así ni nunca, no quería estas cerca de ellos, no lo soportaba, no soportaba que le miraran de aquella manera. No lo soportaba, como pudo se deshizo del abrazo de su hermano y se alejó de este dejándolo desconcertado. No quería que la tocaran, estaba sucia, asquerosa.
―¿Qué te hicieron?― la tomó de los hombros obligándola a que lo mirara pero ella no le contestó, sólo guardaba silencio y huía de su mirada. ―¡Maldición, Sakura, dime que te hicieron!― le ordenó en un grito agitándola por los hombros.
―¡Idiota, no!― le gritó Meiling acercándose y separándolo de la esmeralda. ―Déjala, la estás lastimando―
―¿Estás bien?― la amatista también se hubo acercado. Observó a la castaña con tristeza, la pregunta sobraba, ella se veía mal, muy mal.
Los chicos tuvieron que detenerlo cuando este sin dudarlo estuvo por golpear al castaño quien al igual que la castaña pareciera muy sumergido en sus pensamientos.
―¡Hijo de puta!― le gritó su cuñado. ―¡Maldito bastardo!― siguió gritando mientras se trataba de zafar del agarre de los chicos. ―¡Era tu responsabilidad cuidarla!― le reclamaba entre gritos. El castaño no decía nada, no se defendía de los insultos del hermano de su novia. Nunca en su vida había tenido deseos de matar a una persona, deseaba matar a ese niñato rico, descuartizarlo con sus propias manos y echárselo a los perros. Algo le decía que ese mocoso era culpable de lo que le había pasado a su hermana, estaba seguro que ese maldito era el culpable. ―¡No te acerques a mi hermana!― seguía gritándole.
El castaño lo observó en silencio, no lo culpaba, se sentía culpable, responsable de lo que le había pasado a su novia, era culpable, le había hecho una promesa y le había fallado.
―Me la llevaré a mi apartamento― vio como Touya estaba por protestar. ―Sus padres no la pueden ver así― le dijo. Se acercó con pasos lentos hacia la castaña, la tomó de la mano y obligándola a caminar se alejaron de los demás.
El silencio fue incómodo cuando el castaño se alejó con la esmeralda, ninguno se atrevió a decir nada. En los próximos minutos nadie dijo nada.
―Es una pena que se la haya llevado― habló unos de los sujetos. ―Tan deliciosa que es―
―¿Qué le hicieron maldito?― gruño Touya acercándose con rapidez hacia los sujetos.
―Ya que ninguno entiende lo diré― dijo el otro hombre. ―La follamos― dijo con simpleza. ―La jodimos― repitió
Quiso írsele arriba y golpearlos hasta más no poder pero alguien lo detuvo, desvió la mirada y pudo ver a la de ojos rubís quien lo había agarrado del brazo para impedir que golpeara a aquellos bastardos.
―Suéltame― le dijo en voz baja. Mataría a esos sujetos, nadie, absolutamente nadie se metía con su hermana, era su hermana, siempre la hubo cuidado y protegido, nadie la lastimaría y se saldría con la suya.
―Tienes que calmarte― le dijo sin aflojar su agarre.
―¡Que me sueltes, maldita sea!― le gritó a la misma vez que se zafaba de su agarre y la empujaba en el proceso. Todos observaron sorprendidos como la morena caía al suelo. ―Deja de joderme― habló lleno de enojo.
―¡Eriol, no!― gritó su novia cuando este se hubo acercado al castaño y lo hizo quedar frente a él y le golpeaba fuertemente la mejilla.
―Si la vuelves a tocar te mato― lo amenazó lleno de odio. ―¿Estás bien?― le preguntó al ayudarla a ponerse de pie.
―¡No!― gritó la morena cuando el castaño sin ninguna compasión tomó del cuello de la camisa al moreno y le golpeó el rostro.
Los chicos intentaron separarlos cuando estos se empezaron a golpear. Estaban tan concentrados intentando en separar a ambos chicos que no notaron cuando sus padres se acercaban.
―¡¿Qué está pasando aquí?― gritó el padre del de ojos azules al tomar a su hijo y separarlo del castaño. ―Eriol― lo llamó su padre esperando repuesta.
―¿Dónde está mi hija?― preguntó el padre de la castaña.
―Esos sujetos estaban con ella― señaló Yukito. ―Shaoran se la llevó a su apartamento― dijo al ver la preocupación del hombre.
―¿Ella está bien?― preguntó a su hijo.
―Papá, a Sakura― bajó la mirada, no sabía cómo decirle aquello. ―La abusaron―
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―Gracias― agradeció la mujer cuando la morena dejó una taza de té frente a ella. ―¿Cuánto hace qué vives en Japón?― le preguntó luego de dar un sorbo de su taza.
―Once años― dijo al tomar asiento.
―¿Por qué?― se atrevió preguntar.
―Es una larga historia― dejó escapar un suspiro.
―Tenemos toda la noche― le dijo. ―Solamente quiero saber que pasó para que te fueras y dejar a Xiao Lang―
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Al entrar encendió la luz la cual llenó el apartamento de claridad, era un apartamento grande, con muebles negros y grises al igual que las paredes. La dejó en el piso, mientras estuvieron de camino había notado que la castaña estaba descalza, en un principio ella se negó, lloró y hasta trató de apartarlo golpeándolo pero él supo cómo detener todos sus golpes y finalmente logró subirla a su espalda. Miró todo a su alrededor, Shaoran nunca la había llevado a su apartamento, ni sabía que tuviese uno.
―¿Quieres ducharte?― se observaron en silencio por unos minutos, él la miraba con dolor, con una tristeza profunda. Sintió nuevamente sus ojos llenarse de lágrimas, no podía con la vergüenza, no quería que el la odiara, no quería que la odiara por haber permitido que otros hombres la tocaran.
Necesitaba tanto tenerla cerca, necesitaba que ella supiese que no importaba lo que pasara que él estaba y estaría con ella. Ella se había encogido de hombros restándole importancia. Le acarició una mejilla con ternura. Verla en aquel estado lo desgarraba por dentro. Intentó alejarse al contacto masculino pero el castaño no se lo permitió.
―No te alejes de mi― le pidió. Le rodeó el cuello con sus manos y a la acercó hasta su rostro. ―No soporto verte así― le confesó en un susurro. Ver como los ojos esmeraldas se llenaban de lágrimas decidió dejarla. Acabando de pasar por algo tan horrible como había pasado era de suponerse que no quisiera ese tipo de acercamiento. ―Te prepararé el baño, ponte cómoda― le pidió para luego caminar hacia un pequeño pero elegante pasillo.
Observó el lugar con interés cuando el castaño hubo desaparecido por una puerta. No quería estar allí, Shaoran la miraba como si se hubo vuelto loca, no soportaba ver el dolor en sus ojos. Tenía que irse, no podía estar allí.
―El baño está listo― justo cuando había decidido irse el castaño se acercaba. ―Ven― la tomó de la mano y la guió hasta el baño. Era un baño moderno, amueblado, con un jacuzzi y una ducha de cristal, mientras que había dos puertas una que supuso que era donde estaba el inodoro ya que no veía ninguno. ―Estaré en la cocina preparando algo de comer― ella no lo miró, solamente se dedicó a mirar su alrededor, el jacuzzi estaba lleno de agua, el baño olía a limpio, a perfume masculino. Se acercó al espejo que estaba sobre el lavado, observó su reflejo en este, daba asco, sus ojos no tenían aquel brillo que la caracterizaban, su sonrisa había desaparecido de sus labios, estaba pálida, adolorida y sucia. No podía dejar que Shaoran la siguiese viendo en aquel estado, no quería su odio, su rechazo, no lo soportaría, no quería que la rechazaran por ser débil, por estar sucia, por ser una cualquiera, no quería. Gruesas lágrimas bajaron por sus mejillas sin poder evitarlo. No quería ser rechazada, no quería pasar por una vergüenza tan grande.
Abrió unos de los cajones, no sabía que buscaba exactamente pero terminaría con aquel sufrimiento, los recuerdos de esos tipos tocándola estaban muy presentes en su mente y cuerpo. No podía con aquello. Entre la búsqueda en el cajón encontró una pequeña navaja, observó con interés, eso podía ser su pase a algo mejor, miró la parte interna de su muñeca y luego la navaja, su dolor y vergüenza se irían y todo el reproche de sus seres queridos por igual. Amaba a sus padres, no quería que esto sufrieran de tener a una cualquiera como hija, a una puta.
La puerta se abrió de repente, sorprendiéndola. Mientras estaba en la cocina había recordado el peligro de haberla dejado sola, ella estaba sufriendo, podría hacer cualquiera locura, no podía perderla, no la perdería.
―¿Qué haces?― le preguntó sorprendido al ver como esta tenía su muñeca a merced de su otra mano donde tenía una pequeña navaja. ―No lo hagas― le pidió con miedo. Ella lo miró con los ojos empañados por las lágrimas. ―Suelta esa navaja― le pidió, con pasos cuidadosos se acercó a ella hasta quedar frente a esta. ―Por favor― se sentía tan impotente verla en aquel estado, tan miserable. Ella solamente lo observaba, cuando unas de las manos masculinas le quitó la navaja ella solamente se llevó ambas manos a la boca para callar los sollozos. La abrazó, sentía como si alguien le tomaba el corazón y se lo oprimía hasta dejarlo como una pequeña pasa cada vez que escuchaba los sollozos de ella. ―Perdóname― le pidió, y por primera vez en mucho tiempo sintió como lágrimas bajaban por sus mejillas. ―Por favor, perdóname― le volvió a pedir, ambos se deslizaron hasta el piso, hasta quedar sentados allí, se abrazaron y mientras ella lloraba amargamente él escondía su rostro entre su cuello y lloraba.
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―Han hablado, señor― decía unos de los policía al padre de la castaña. ―Es cierto lo que nos dicen los chicos, ellos lo confirmaron―
El hombre se llevó una mano al rostro para ocultar la tristeza y desconcierto, su hija estaba tan llena de vida, tenía tantas ganas de vivir. Ningún padre quisiese escuchar que han violado a su hija y no uno, sino dos malditos.
―Tenemos que hablar con su hija para que esta haga la denuncia― volvió a decir. Estaban en la estación de policía.
―No creo que ella esté preparada para enfrentar a esos sujetos― habló Ran. No tenía hija pero se imaginaba lo que estaba sintiendo aquel hombre. A pesar que Eriol tenía 17 años tanto él como su esposa se preocupaban por este, no podía imaginar cómo reaccionaría si algo le pasase a su hijo.
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Habían pasados largos minutos desde que empezaron a llorar, ahora ambos estaban en la tina, el con ropa interior y ella desnuda, ella había pataleado y gritado cuando le hubo quitado la camisa pero no la podía dejar sola, podría intentar hacerse daño. Con delicadeza pasó la esponja por unas de sus blancas y torneadas piernas, ella trató de alejarse pero él con cuidado la tomó del pie y se lo alzó un poco para lavarlo. Sus chocolates ojos se oscurecieron por el odio al ver los cardenales en la delicada piel de los muslos de su novia, su pequeño cuerpo estaba lleno de cardenales, lo que había vivido era aberrante, esos sujetos se merecían morir. Ella se quejó cuando con cuidado pasó un pequeño cepillo por su pie el cual estaba lastimado.
―Lo siento― se disculpó en voz baja mirándola. ―Sé que te duele, te prometo que pasará― le aseguró dejando ese pie y dándole la misma atención al otro. Cuando él terminó con sus pies y piernas ella le quitó la esponja y se las pasó con asco por todo el cuerpo, haciéndose daño. ―No, te harás daño― dijo quitándole la esponja nuevamente. Al él estar a sus espaldas tuvo que girar la cabeza para observarlo. Amaba a Shaoran, lo amaba demasiado, por ese mismo amor que sentía era que no podía dejar de reclamarse y sentirse como una puta, quería volver a estar limpia para él, para que él se sintiese orgulloso de tenerla a su lado, pero sabía que eso nunca pasaría, estaba sucia y nadie podría cambiar aquello. Ver como ella le daba la espalda nuevamente no pudo evitar rodear su pequeña cintura con sus fuertes brazos y abrazarla. La sintió tensarse, no, ella no podía tenerle miedo, no lo aceptaba. La quería, la amaba. ―Te amo― por primera vez esas palabras salieron de los labios masculinos. ―No me importa nada, yo te amo― necesitaba decirlo. ―Siempre serás mi Sakura, no importa que haya pasado, eres mía, me perteneces― susurraba en su oído. ―No me alejes de ti― le pidió con voz rota. ―Te necesito― apoyó su frente sobre su desnudo hombro y lágrimas se mezclaron con la humedad sobre este. Sintió como algo en su estómago se agitaba al escuchar las palabras de su novio. Él estaba sufriendo como ella.
―Haz….haz…me el am…or…― fue un susurro apenas audible. Nuevas lágrimas bajaban por sus mejillas. ―Haz…me..t…tu….ya….― le dolía hablar, su garganta estaba lastimada por los gritos de horas atrás.
El castaño levantó la cabeza de su hombro sin creer lo que escuchaba, ella había hablado. Quería olvidar, quería que los recuerdos se fueran, que su mente y cuerpo solamente pensaran en él.
―P….por…..fa….vor….― le pidió en un hilo de voz.
―No puedo― la abrazó más contra su cuerpo, sin lastimarla. ―No ahora― le dijo con tono bajo.
―Qu..iero…olvi….dar….― se llevó las manos al rostro y ahogó un sollozo de dolor.
Su corazón se apretó contra su pecho y con la poca razón que tenía en aquellos momentos acercó sus labios hasta su desnudo hombro y besó. La sintió estremecer mientras que un sollozo más fuerte abandonaba los labios femeninos.
O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o
―Entonces conoces a los padres de la novia de Xiao Lang desde que llegaste aquí― dijo la morena. ―No entiendo porqué no deseas decirme lo sucedido, es lo mínimo que puedes hacer luego de tantos años de ausencia― le recordó.
―Lo sé― aceptó la mujer frente a ella. ―Quiero hablar con Hien primero―
―Él está muy dolido― le advirtió. ―
―Lo sé― aceptó nuevamente. ―¿Por qué decidieron vivir en Japón?― quiso saber.
―Cuando Xiao Lang tenía cinco años Hien decidió alejarlo de Wei, luego Ran también decidió alejar a Eriol de las influencias de su abuelo. Cuando salimos de Hong Kong Wei negó cualquier ayuda―
―Y ellos salieron adelante― terminó la mujer.
―Muy informada― sonrió. Aquello le demostraba que la mujer no tuvo realmente ausente de la vida de su hijo.
―Muchas gracias por su ayuda― escucharon la voz de Fujitaka. Observaron a los hombres llegar hasta la pequeña sala.
―Mamá― dijo el moreno al ver a su madre con aquella otra mujer.
―Cariño― se acercó a su hijo y besó sus mejillas. ―¿Están bien?― preguntó mirando a los chicos los cuales no traían buena cara. El moreno asintió.
―¿Dónde está Sakura?― preguntó al no ver a la castaña.
―Está con Xiao Lang― dijo con tono serio y distante el padre del castaño.
―¿Nadeshiko todavía no despierta?―
―No, está muy agotada, será mejor que descanse―
―Creo que nosotros nos marchamos― habló Ran acercándose a su esposa. ―Sus padres tienen que estar preocupados― le dijo a los chicos. ―Tienen tres horas para dormir y luego ir al colegio―
―No iremos― dijo Yukito. ―Nos iremos al apartamento―
―Entiendo que estén preocupados pero no podrán hacer nada― les recordó.
―¿Nada sobre qué?― preguntó su esposa con curiosidad.
―Vamos, la familia necesita intimidad― habló Hien. ―No se preocupe por su hija, le aseguro que Xiao Lang la cuidará― no podía negar que estaba sorprendido por la reacción de su hijo, solamente esperaba que este no cometiera una locura. ―Mañana hablaremos― la mujer lo miró sorprendido. Había muchas cosas que decir entre los dos, ella tenía que explicarle el porqué su abandono.
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―Te amo― llevó sus manos hasta sus mejillas para separarla un poco de sus labios. ―Te amo― volvió a decirle nuevamente antes de volverla a besar. Deslizó sus manos de sus mejillas hasta su cuello.
Sabía que no podía continuar con aquello, era inapropiado pero la quería hacer olvidar su dolor, que olvidara todo lo sucedido, que solamente recordara aquel momento. Ella minutos atrás había girado el cuerpo para quedar frente a frente a él y lo había besado, dejándolo sorprendido.
―Saku…― tomó su rostro entre sus manos y se alejó de su boca. ―No podemos―
Sus ojos se llenaron de lágrimas, él la rechazaba, la rechazaba por estar sucia, por ser una cualquiera.
―No llores― le pidió acariciándole las mejillas. ―¿Estás segura?― no soportaba verla en aquel estado. Ella asintió y él no pudo hacer nada más que acercarla a su boca y besarla. ―Sólo siénteme― la besó con delicadeza, tomándose su tiempo para que ella se acostumbrara a sus besos. Sus manos se deslizaron de sus mejillas hasta su espalda, con cada roce ella se estremecía. Lo tomó de su húmeda cabellera para profundizar el beso, quería sentirse de él, que le pertenecía, quería que los recuerdos de esos hombres fuesen sustituidos por los recuerdos de su novio tocándola, amándola.
No lo besaba como siempre, no lo besaba con timidez, lo besaba con desesperación, con una necesidad que nunca antes había sentido en ella, era como si quisiere borrar cada recuerdo de su mente. Sintió sus pechos apretarse contra su desnudo torso cuando ella se apretó contra él.
―Aquí….no….― le dijo con la voz cargada de deseo. ―En mi habitación― ella lo entendió, se separó de él con la respiración entrecortada.
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Entraron en silencio al apartamento del moreno, las chicas habían regresado a sus casas, al igual que los padres del moreno, ellos por su parte habían decidido ir al apartamento de él el cual quedaba en el mismo edificio que el de su primo.
―¿Quieren algo de tomar?― preguntó Yamazaki, ninguno decía nada, no sabían con exactitud que era bueno decir en aquellos momentos.
―Todavía no lo puedo creer― decía Yukito dejándose caer en unos de los muebles. ―¿Cómo alguien puede hacer una cosa tan aberrante?― preguntó.
―¿Creen que estén bien?― preguntó Yue. ―Ella se veía muy lastimada―
―Shaoran también― al igual que los chicos también se dejó caer en un mueble. ―¿Y tú?― observó al moreno quien parecía tener sus pensamientos en otro asunto. ―Eriol― lo llamó Yamazaki.
―¿Ah?― miró a su alrededor. Los chicos lo estaban observando con curiosidad.
―¿Qué tanto piensas?― le preguntó unos de los gemelos.
―Creo que Mey está interesada en el hermano de Sakura― dejó escapar un pesado suspiró y recostó la cabeza en el espaldar del mueble.
―Y tú estás celoso― dijo Yukito, no pudo evitar sonreír al decir aquello.
―No estoy celoso― se defendió. ―Solamente que no quiero que esté con ese sujeto―
―Y no me llamo Yamazaki― dijo. ―Estás celoso, hombre― prosiguió. ―Tomoyo es tu novia, no creo que debas sentir celos que Mey quiera andar con un chico. Sabemos que quieres mucho a Mey pero tus sentimientos te pueden traicionar― le dijo de manera pensativa.
―Cierto, creo que deberías ponerle más atención a Tomoyo, deja que Mey esté con quien desee. Ella algún día tendrá novio y tanto tú como Shaoran tienen que apoyarla―
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Los labios masculinos se deslizaban con lentitud besando todo su cuello. Estaban en la habitación, besándola y tocándola, borraría cada recuerdo de su atormentada mente, no dejaría ningún mal recuerdo de esos tipos. Su cuerpo estaba lastimado, con lugares muy rojos u otros no tanto. Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando la boca masculina se deslizó hasta unos de sus pechos.
―Shhh― susurró sobre su sensible piel cuando escuchó sus sollozos. ―Soy Shaoran― con suavidad su lengua acarició el sensible pezón.
Shaoran, Shaoran, Shaoran, era él quien la estaba tocando, eran sus manos las cuales la acariciaban con una ternura inimaginable, eran sus labios los cuales atendían sus pechos, era su lengua que la acariciaba con sumo cuidado, con amor. Chupó con sumo cuidado la pequeña y sonrosada cima. Mientras su cuerpo se arqueaba por las nuevas sensaciones y sus labios dejaban escapar pequeños jadeos, las lágrimas se deslizaban hasta las blancas sábanas. Aunque su mente y razón le pedían que se detuviera no podía hacerlo, cuando se hubo negado minutos atrás pudo ver miedo en los orbes esmeraldas, ella pensaba que la estaba rechazando, eso jamás, lo que más deseaba era estar con ella en su cama, tenerla entre sus brazos, bajo su cuerpo. El recorrido de caricias y lamidas llegaron hasta el plano vientre femenino, besó con lentitud los cardenales que allí habían. Cómo era posible que alguien tuviese la mente tan trastornada para hacerle daño a ella.
Se tensó y una ola de miedo invadió su mente, cuando de manera peligrosa la boca masculina besaba la cara interna de sus muslos, una y luego otra. Separó sus piernas con delicadeza, estaba húmeda, sonrojada y su olor era delicioso, quería amarla, demostrarle que para él ella seguía siendo la misma Sakura, que no importaba nada de lo que había pasado, que él la amaba sobre todas las cosas. Un gemido entre miedo y placer llenó la habitación cuando la boca del castaño la acarició allí. La caricia sobre su húmedo sexo fue tierna, húmeda y firme, asegurándose de que ella no se asustara la tomó con lentitud de las caderas y la acercó más a su boca. La amó con la boca como nunca creyó amar a ninguna otra, el sentimiento que sentía por su novia era mucho más que deseo sexual. Su sabor era único, su suavidad, su humedad.
Se arqueó, jadeó y se movió contra la boca del castaño el cual tuvo que tomarla con algo más de firmeza de las caderas para evitar sus movimientos. Su lengua se abrió paso entre los pliegues de su húmeda cavidad y la movió sin dar tregua sobre aquel pequeño botón rosa, la chupó con hambre, deseo y el orgasmo femenino fue inmediato. Entre la ola de calor no pudo evitar gemir el nombre de su novio, solamente lo quería a él en sus pensamientos, en su cuerpo, dentro de este.
Saboreó su sabor para luego erguirse a su lado. Estaba sonrojada, jadeante y sus ojos estaban ocultos tras sus parpados.
―Mírame― le pidió dando pequeños besos sobre sus mejillas. ―¿Estas segura?― le preguntó cuándo ella lo observó.
Lo rodeó del cuello y lo acercó a sus labios, besándolo. Acomodándose sobre su cuerpo y asegurándose de no lastimarla, deslizando unas de sus manos entre su cuerpo tomó su erección y la dirigió hacia su húmedo centro.
―¡Ah!― no pudo evitar el gemido cuando lo sintió frotarse contra su mojado centro.
Se deslizó con suma delicadeza, no quería lastimarla como lo habían hecho esos bastardos, una llama de celos se encendió en su interior, no era momentos para sentir aquello, no era momentos para imaginar a esos sujetos entrando en su cuerpo. Diablos, solamente él quería tener aquel privilegio, mas se lo habían arrebatado. Gimió al sentirlo adentrarse en su interior, otro gemido se escapó de sus labios pero este mezclado de dolor al sentir como al él introducirse un poco más en su cuerpo un dolor se acumulaba en sus entrañas. Cerró los ojos, grave error, al hacerlo las imágenes de aquellos sujetos invadieron su mente, no, no quería a esos bastardos tocándola, no deseaba aquello.
Estaba sorprendido, su interior se apretaba como un guante alrededor de su erección. Ella era virgen, la miró con los ojos como platos y quedó aterrado, diablos.
―No― dijo al ver como todo su cuerpo temblaba, su cuerpo estaba tenso, lo estaba rechazando. ―Soy yo― llevó sus manos a su rostro para que lo mirara pero esta se negaba a abrir los ojos. ―Soy Shaoran― la abrazó cuando ella empezó a golpearle el pecho para que la dejara. ―Soy yo, por favor, Sakura, soy Shaoran― tomó sus manos entres las suyas y se las llevó al rostro.
―Shao…― gritó ella presa del pánico. ―¡No!― su chillido fue desgarrador. Las lágrimas bajaban por su rostro como rio, sus gritos se escuchaban por toda la habitación. Maldito fuese, era un aprovechado, sabía que luego de haber pasado por algo así no se podía acostar con ella. Otro grito, no, un gemido se escapó de los labios cuando ella se empezó a mover y se hubo deslizado en su interior. Quiso maldecir, pero como un maldito pervertido sólo pudo gruñir al llevarse su virginidad.
―Shhhh― susurró abrazándola, consolándola. Ella lloró sin consuelo contra su torso. Si momentos atrás se sentía causante de lo que le hubo pasado, ahora esa culpabilidad era acompañada por lo bastardo y miserable que se sentía. Minuto tras minuto tuvo que pasar para que ella volviera en sí. Abrió los ojos y con la mirada empañada por las lágrimas observó el preocupado rostro de su novio.
―Sha…o…― dijo con un hilo de voz.
―Shhhh, ya pasó― le dijo en voz baja dándole un pequeño beso en los labios. Se sentía un maldito, a pesar de todo aquello no pudo evitar que un sentimiento de alegría y posesión lo invadieran al saber que él había sido el único. El primero y el último. Separó los labios con timidez pero deseosa de sentir su lengua acariciando la suya. Lo amaba, él se encargaría de echar fuera los recuerdos, quería estar con él, en aquellos momentos lo necesitaba como el aire que respiraba. Intentó separarse de ella y retirarse de su húmeda entrada, pero esta se movió contra su cuerpo, haciendo que un ronco gemido se escapara de sus labios y se perdiera en los contrarios. Necesitaba pensar con la cabeza, no con su palpitante erección, la cual se negaba en salir del interior de ella; si claro, era mucho más fácil decir aquello que aceptar que no deseaba salir de su apretado sexo. ―No podemos― hizo un esfuerzo sobre humano para separarse de sus labios. Tuvo que apretar la mandíbula y la almohada a los lados del rostro de ella cuando esta nuevamente se movió contra él, provocándolo.
Que Dios lo ayudara, la sentía tan apretada, tan húmeda y caliente que si ella volvía a moverse de aquella manera tan erótica mandaría todo al diablo y verdaderamente estaría jodido. Pero no, claro que no, ella volvía a moverse contra su pelvis.
―…..Sha…o….― su gemido, dulce Jesús. ¿Cómo era posible que minutos atrás haya entrado en un ataque parecido al pánico y que ahora gimiera su nombre? Al diablo todo, ella le había pedido que la hiciera olvidar, que la tomara y eso haría. Quería borrar cada recuerdo de esos sujetos de su mente, de su cuerpo. Deslizó las manos hasta sus caderas, hundió sus dedos en su pálida piel y se adentró en lo profundo de su cavidad
Sus movimientos fueron lentos y pausados, haciéndola disfrutar de cada suave roce. Escucharla jadear y gemir su nombre era algo delicioso, excitante. La besó con ahínco, deseo, pasión.
―T….e….te…amo….―gimió contra su boca cuando el inminente orgasmo invadió todos sus sentidos. Con una lenta pero firme embestida se derramó en su interior. El orgasmo fue intenso, como ningún otro que hubiese tenido, buscó sus labios y la besó largamente. Sus respiraciones estaban agitadas y su pulso acelerados. Se acomodó a su lado y la atrajo contra él, arrastrando así también las sábanas para cubrir sus desnudos y sudorosos cuerpos.
―Te amo― besó sus cabellos.
―No…me odi….es…― le pidió escondiendo el rostro entre su pecho mientras sentía las lágrimas acumularse en sus ojos. ―….por…favor― le pidió ahogando los sollozos contra su pecho.
―Escúchame― la tomó del rostro para que lo mirara. ―Te amo, Sakura. Sé que te fallé, no fui capaz de cuidarte― algo se rompió en su interior al esas palabras abandonar sus labios. ―Pero si me das otra oportunidad prometo cuidarte con mi vida― le prometió.
La dejó seguir llorando contra su torso, no tenía que acostarse con ella, estaba demasiado lastimada y él se había aprovechado de aquello. La abrazó más contra su cuerpo, ella sufría por su culpa, era el culpable de su dolor.
Continuará
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Qué tal?...a mi favor diré que el capítulo me lo encuentro asquerosamente dramático, perdonen xDDD!...no sabía qué me iba a salir tan así…Shao nos salió hasta llorón el condenado u_u….pero me pareció tan tierno que ufff *O*….Quizás me maten por poner lemon luego de lo que le pasó a Saku pero no sé…me pareció mmm adecuado?...xD!...Sí, sí, también quizás no pareció acabar de sufrir de un abuso pero tampoco en el lemon la iba a poner como un mueble v.v….xDD!...Aunque claro, esto no quiere decir que ya las cosas se arreglaron.
El capítulo me salió largo pero no quería cortarlo en el lemon, siempre lo hacía y como que ya xDDD!.. Ya veremos las justificaciones de Ieran y que tan metido está Wei en todo esto…también a ver que pasa con Eriol que ni se peina ni se hace rulos. Muchas gracias por sus reviews...me motivan a seguir escribiendo *O*...En mi perfil hay imágenes del apartamento de Shao ^^
Espero que sea de su agrado y por favor dejen reviews.
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Besitos...
Hasta el próximo capitulo...
