El Potterverso es de Jotaká.

Este fic pertenece al Intercambio de regalos 2014 del foro La Sala de los Menesteres.


«LIRIOS PARA UN DRAGÓN»

Por Victoire Black.

IV. Noticias.

Que la hija de Harry Potter no hubiera aparecido en su boda con su millonario novio había sido una noticia de la cual todo el mundo mágico se había enterado.

—Aunque si se enteraran de lo que ocurre —comentó su mejor amiga—, las revistas explotarían.

—No es gracioso, Amelia —recriminó Lily en un susurro, mirando al suelo. En medio de todos los sentimientos que la agobiaban en ese momento, la vergüenza tenía un poco de lugar. Realmente no entendía cómo podía haber sido tan idiota como para acostarse con un hombre de la edad de su padre… y quedar embarazada.

—Intento descontracturar el ambiente, querida —se excusó—. Hay clima de velorio…

Amelia iba a continuar la frase, pero un golpeteo en la ventana de la habitación la interrumpió. Era una pequeña lechuza marrón, que traía a duras penas una revista hecha un rollo. Se levantó para abrirla y pagarle a la lechuza, pero antes soltó un gemido de sorpresa.

Lily, sin llegar a leer más que una palabra, confirmó lo que más temía…

«Felicidades», decía una escueta nota pegada al dorso de la revista. Y no le hizo falta siquiera ver la portada para ver qué era lo que ocurría.


V. ¿Cómo se hace?

«Al sr. D. Malfoy...».

Así comenzaba la carta que tantas veces Lily Potter había escrito y tachado. ¿Cómo se le decía a un hombre con el cual no tenía relación alguna, que iba a ser padre de su hijo? Porque si de algo estaba segura, era de que el niño no era nada de su ex novio.

«Estimado señor Malfoy...».

Otro pergamino más fue arrojado con rabia contra la pared… Solo que esta vez la pared era una puerta, y esa puerta se estaba abriendo.

—¿Lily? —Descolocado, Harry agarró al vuelo la bola de pergamino cuyo destino estaba por ser su mejilla derecha—. ¿Hay alguna razón por la cual me merezca un golpe?

Su hija rió, aunque con el corazón en la boca. Se levantó de la silla y se quedó observando los ojos de su padre. Ese verde… De pronto, le volvió a la memoria un recuerdo de su infancia.

Tenía nueve años, e iba tomada de la mano de su padre en dirección a su casa. Acababan de dejar a sus dos hermanos yéndose en el tren que los llevaría al colegio, y era consciente de que quedaría en casa sola hasta que volvieran por Navidad. Por eso lloraba como si no hubiera mañana. En un momento, su padre la detuvo y se agachó hasta quedar a su altura.

Tú también irás a Hogwarts en unos años —repitió por décima vez en el día. Lily ya iba a quejarse, cuando volvió a abrir la boca—. Mientras tanto, podemos hacer juntos todo lo que hacías con tus hermanos.

Esos ojos verdes le hicieron un guiño, y la pequeña pelirroja sonrió con picardía, secándose las lágrimas con una mano.

Papi… —comenzó, dispuesta a relatarle sus planes de travesuras que habrían de realizar juntos.

Lily Potter volvió a la realidad. Su padre seguía frente a ella, y sus ojos miraban a los suyos, llorosos como aquella vez a los nueve años.

—Papá —comenzó a decir, esta vez por confesarle una travesura mucho mayor a juegos de niños—, lo siento.

Largó el llanto repentinamente, asustando a Harry mientras veía a su hija tirarse en sus brazos. Le devolvió el abrazo con fuerza, intentando calmarla. En ese momento, no podía intuir lo que Lily finalmente le contaría meses más tarde.


VI. El ahorcado.

"El ahorcado" estaba vacío aquella tarde, como todas las que habían pasado desde que el tétrico bar se había abierto. Situado en la callejuela que dividía el callejón Diagon del Knockturn, no muchos clientes eran asiduos a ese lugar.

Lily Potter no era la excepción, a pesar de que aquel día se encontrara sentada en el lugar más alejado de las ventanas, procurando taparse lo más que pudiera con la capa. Si se encontraba con algún conocido, no sabía cómo podría explicar qué hacía en aquel lugar.

—Lo siento —sintió exclamar a alguien, y cuando miró hacia adelante, tenía a un hombre sentado delante de ella.

—¿Qué es lo que sientes? —preguntó confundida, cayendo en la cuenta de que esa persona era a la que estaba esperando hacía casi media hora—. ¿Hablas de la tardanza?

El hombre la miró como si fuera estúpida. «No lo culpo», pensó con ironía.

—Todo —fue su escueta respuesta.

Lily notó que siseaba al hablar, y que tenía un tic en la mano izquierda, en la que llevaba su varita. El cabello era de un rubio claro, una mezcla de sus canas y del color en el cual probablemente lo tenía en su juventud. Se preguntó, algo distraída, si su cabello quedaría igual que el de su abuela Molly cuando fuera mayor. Cuando fuera mayor…

Cuando hubiera tenido en brazos una y mil veces al hijo de este hombre. Casi que le daba miedo, se tuvo que confesar a sí misma. Los ojos, de un gris oscuro que perfectamente podría haber sido alguna vez un azul o un negro, solo transmitían frialdad. La piel pálida lo hacía ver de aún más edad, y sus patillas en conjunto le daban un aspecto casi o tan tétrico como el bar en el cual estaban sentados.

—Señor Malfoy… —La voz de Lily apenas se oyó. La joven temblaba.

—Me puedes llamar Draco.

—Señor Malfoy… —repitió ella—. ¿Qué voy a hacer? —Pero más que una pregunta, era una queja para sí misma. ¿En qué lío se había metido?