Capítulo 3.
La joven volvió a entrar en la casa pues hacía bastante calor allá afuera y una doncella le trajo una jarra de limonada de la que se sirvió en una copa de fino cristal. Un hombre rubio de unos cuarenta años aproximadamente se le acercó.
—Buenas tardes, padre.
—Buenas tardes, Angelika —dijo aquel señor mirándola con gran ternura—. Veo que de nuevo has estado en el jardín.
La muchacha sonrió y acarició el rostro del venerable caballero.
—Estuve podando las rosas de la abuela... quizá por última vez —dijo mientras otro hombre, algo más joven, se acercó a ambos.
—Buenas tardes, hija.
—Buenas tardes, papá —saludó la muchacha al recién llegado—. Mira, traje unas rosas de la abuela.
La muchacha sirvió unas bebidas a sus padres y se sentó junto a ellos hablando de los sucesos de aquel día, recordando viejos tiempos y de un acontecimiento muy importante que estaba por venir: su boda. Los tres miraban las rosas tan bellas que ella trajo del jardín.
—El color de estas flores me recuerda muchísimo a mi primer vestido de corte, aquel que llevé el día de vuestra boda.
—Ah, sí, recuerdo perfectamente el día que fuimos al mercado cuando recogimos la coraza y las armas de la herrería. También almorzamos con Herr Aldebarán en la taberna.
—¿Sabes papá? —preguntó dirigiéndose al más joven— dije a Herr Cesarini que me gustaría ser igual de grandota que él.
—Ja, ja, ja... pues menos mal que no es así, cielo.
Los tres se abrazaron emocionados recordando el hermoso día de la boda entre Herr Samjief y Herr von Jungfrau. El hombre de cabellos lilas recordó también una conversación que tuvo con el consejero real, que le aseguró que acabaría casándose con el "arisco de pelos teñidos". El hombre rubio lo sacó de su ensoñación por un momento.
—¿Te acuerdas, Mu, de la cita a ciegas que nos organizó Aioros?
—¿Por qué no me lo contáis de nuevo?
—Nena, si ya te debes saber la historia más que de memoria y mejor que nosotros —le Mu dijo entre risas y miró tiernamente a las dos personas a quienes más quería en este mundo. Su esposo se la devolvió con igual sentimiento.
—Pero es tan divertido recordarlo...
—Está bien, Angelika, prepárate para oír un relato de terror... —dijo Shaka.
—Shaka, no exageres, vas a asustar a la niña, ja, ja... —se rio Mu.
—Aioros es suficiente para dar dolores de cabeza a cualquiera —le recordó— y si no me crees, puedes preguntar a Su Majestad.
—No será para tanto.
—No es para menos... en fin, preciosa, tú lo has querido.
Antes de que Shaka comenzara su relato ambos hombres recordaron diferentes detalles de lo ocurrido aquel día tan memorable.
Después de aquel incidente en el patio de armas, un malhumorado Shaka se fue a entrenar con el príncipe Milo. Mu regresó a la herrería bastante sonrojado y algo avergonzado. Era verdad que estaba enamorado del estratega pero el chico no estaba plenamente seguro de que era correspondido y se sintió tan triste al haber visto a Shaka tan enfadado que pensó que ya no habría posibilidad alguna de poder declararle sus sentimientos.
El chico terminó sus tareas a toda prisa pues no podía concentrarse bien, así que tomó los pocos materiales de pintura que heredó de su madre, una excelente pintora que murió cuando Mu era un niño; el chiquillo se quedó al cuidado del anciano herrero que vivía entonces en Holstein. Aquel señor fue muy amable con él y lo trató siempre como a un hijo porque no tenía suyos propios; el buen hombre le enseñó el oficio hasta que un día Mu heredó el establecimiento y se convirtió en armero oficial del rey.
Se fue a un bello lugar boscoso en cuyo centro había un lago de aguas cristalinas. Un lugar hermoso donde se respiraba la calma reinante y fuente de inspiración para aquel muchacho que era un tanto solitario. No llevaba mucho rato cuando de entre los árboles surgió una figura alta de cabellos castaños oscuros.
—Herr Aioros...
—Hola, Mu, ¿qué haces aquí?
Durante un rato estuvieron hablando sobre arte y otros temas, hasta que en un momento de la conversación Aioros sacó a Shaka a relucir pues estaba convencido de que ellos dos estaban destinados a pasar su vida juntos.
—Mu, ¿qué edad tienes?
—Diecisiete años.
—¿Me imagino que pronto te casarás? —el muchacho de pelos lilas movió la cabeza negativamente—. ¿No?, eso me sorprende en un muchacho con tanto talento como tú.
—No creo que nadie esté interesado en mí. No puedo ofrecer un estándar de vida muy alto.
—Pero algo me dice que estás interesado en alguien. Vamos, tenme confianza, ¿de quién se trata?
Mu había oído decir que Aioros era una bellísima persona y un hombre de honor pero también bastante impulsivo. El chico dudó antes de contestarle principalmente porque era consciente de que había una diferencia social abismal y la persona amada no era un cualquiera, sino alguien de muy alto rango que tenía un caráracter algo retraído y solitario y que muy seguramente no se tomaría nada bien una declaración de ese tipo.
—Se trata de Herr Shaka... pero no creo que yo le interese, sólo soy un simple herrero mientras que él es uno de los nobles principales de la corte y es amigo del rey. Seguramente preferirá a alguien de rango social mucho más elevado que el mío.
—¿Y qué...? ja, ja... al rubio de bote le hace falta tener su pareja. A pesar de todos sus defectos, sé muy bien que a "mein Herr" no le importará que seas herrero ni le importará un ardite la diferencia de clase social. ¿Tú le quieres no?
—Sí... pero dudo que él me corresponda —contestó el chico algo tristemente y muy sorprendido de que aquel noble se refiriera a otro de una manera tan informal, rayana en lo irrespetuosa—. Aunque siempre es muy amable conmigo.
—Por algo será, porque normalmente se cree superior a todos nosotros —dijo Aioros exagerando acerca del carácter introvertido de Shaka. Ademas, la convicción que compartía con su secretario no iba del todo desencaminada, Shaka sabía guardarse las cartas muy bien y no solía actuar como se esperaba de él, cosa que a menudo era exasperante para mucha gente.
—No, él es...—Mu lo idealizaba porque su aspecto físico le parecía el de un ángel y admiraba también sus otras cualidades—... es muy serio... de todas formas, Herr Aioros, no creo que yo le guste.
—¿Y cómo no le iba a gustar un niño tan lindo como tú? y que yo sepa esta soltero y sin compromiso.
—Entonces quizá crea que sea demasiado joven y él es un hombre muy culto, mientras que yo... mein Herr, soy pobre pero no deseo ser plato de segunda mesa y Herr Shaka...
—Aunque piense como un viejo, tiene solamente veintiocho años —le interrumpió y le habló muy amablemente—. Mu, te lo prometo, muchas doncellas se casan con hombres que les doblan o incluso triplican la edad. La diferencia entre vosotros no es tan grande y lo demás... tiene su solución.
Mu se animó y pensó que tal vez sí que habría alguna posibilidad de conquistar al rubio al que tanto amaba.
