Capítulo 5
Los tres reían divertidos al recontar aquellos incidentes en el baile, el catalista de la guerra que se desencadenó un tiempo más tarde y que se cobró la vida de miles de personas; aquellos recuerdos hicieron que por un rato se quedaran callados recordando a sus amigos ausentes.
Tras la precipitada salida del reino de Herzel, el rey y sus colaboradores más allegados comenzaron a hacer planes para la defensa de Holstein pues la amenaza de guerra entre ellos y Kalador se había intensificado, particularmente tras una serie de atentados contra la vida del rey, entre ellos un intento de envenenamiento que fue descubierto a tiempo por el Duque de Rose Noire.
Mu había retornado a su rutina normal en la herrería y Shaka estaba muy ocupado en preparar la defensa del reino y en descifrar la información que sus espías le enviaban desde los reinos fronterizos, además de distribuir propaganda e información codificada, tanto falsa como genuina entre ambos reinos.
No obstante, ambos se veían cuando podían. Shaka quería que Mu conociera a su hija, por eso, lo invitó a su casa a pasar el día con ellos y Shaka se mostró muy complacido al ver que el muchacho se llevaba a las mil maravillas con la pequeñita pero todo se vio interrumpido cuando un sirviente anunció la llegada de una nueva visita.
El rey Shion acababa de llegar. Shaka se mostró algo alarmado pues creyó que había problemas en palacio hasta que Shion le explicó que sólo se trataba de una visita social, pues había estado en la capital del reino de incógnito y como la casa de los Jungfrau le pillaba de paso decidió venir y conocer a la pequeña a la que Shaka había adoptado.
Angelika se sonrojó un poco al recordar el incidente pues había malentendido un comentario que Mu hizo acerca de una petición de mano. La chica se miró ambas manos y dio un suspiro de alivio al ver que aún estaban firmemente seguras a sus muñecas.
—Shion me echó la culpa por el comentario —le hizo un juguetón reproche a Mu, que por toda respuesta se rio.
—Ya me acuerdo, pero también dijo que él no permitiría que nadie hiciera tal cosa. Además, no creo que a Mime le haga ilusión tener una colección de manos colgantes. Es curioso que conociéramos a tu futuro esposo el mismo día en el que tu otro papá, el que según Aioros es "un arisco de pelos teñidos", amén de otros adjetivos calificativos que no repetiré, me pidió que me casara con él.
—Sí, todo eso es muy interesante, pero yo quiero oír la historia de como dejastéis a Aioros con dos palmos de narices. ¡Id al grano!
—Mu, creo que la hemos malcriado. Esta niña sigue siendo tan impaciente como siempre, creo que deberíamos haber utilizado la zapatilla con ella a menudo.
—Ja, ja... Shaka, Angelika no es ya una niña, sino una hermosa mujer —suspiró con algo de tristeza— que va a casarse...
La muchacha abrazó tiernamente a ambos y dio un beso en la mejilla a Shaka.
—Padre, mi impaciencia no es nada nuevo y tú lo sabes, No os preocupéis que siempre seguiré siendo la hijita que os quiere tanto a los dos, así que no debéis estar tristes. ¿Y ahora vais a contarme de nuevo esa historia o tendré que tiraros de la lengua? —Angelika se rio tras cuando vio la expresión divertida en los rostros de Mu y Shaka.
—¿Has visto, Mu? Los jóvenes de hoy en día son unos descarados, en especial las chicas... —dijo Shaka algo melodramáticamente.
—Cierto, cierto... —dijo Mu tomando la mano de su esposo— . ya no hay respeto por los mayores.
Angelika se levantó con los brazos en jarras.
—Shaka, mejor que le contemos la historia o sino...—le dijo en un susurro
—¡Qué miedo! —Shaka miró a su esposo fingiendo terror—, el pobre Mime no sabe lo que le va a caer encima.
Tras unas risas Shaka comenzó a narrar la historia que Angelika les había pedido.
—Estuve trabajando con Aioros, que para no variar la costumbre volvió a meterse con los detalles de mi vida íntima; discutimos un rato y como ya estaba más que harto de que me importunara tanto le dije que Mu y yo cenaríamos en su casa, ya que era idea suya y que si tenía tiempo para hacer de Celestina, que ofreciera hospitalidad —el rubio volvió su rostro y dirigió una tierna mirada a su esposo—. Entonces estábamos haciendo reformas en mis aposentos del palacio real y debido a los atentados contra su vida, no podía alejarme del rey.
Ambos llegaron con muy poco tiempo de diferencia entre uno y otro, Aioros aún no se había dejado ver pero unos sirvientes tomaron sus abrigos y los dejaron pasar. Como su anfitrión tardaba los dos comenzaron a conversar una vez efectuadas las formalidades necesarias.
Mu en particular se encontraba algo nervioso y se anduvo un rato con rodeos hasta que por fin preguntó a Shaka algo que le inquietaba: ¿qué se sentía tras un beso?
El rubio se quedó un poco extrañado aunque se dio cuenta de que en la voz del muchacho había una nota de nerviosismo.
—Es algo que no se puede explicar a no ser que lo hayas experimentado personalmente. ¿Por qué preguntas?
—Sólo... por curiosidad. Iba a preguntar a Aioros pero no sabía como se lo tomaría, pero ya veo... no se puede explicar... —el chico se había sonrojado un poquito.
—¿De verdad quieres saberlo? —respondió Shaka cuyo corazón le comenzó a latir más aprisa pues presentía que el joven herrero ocultaba algo.
—Sí.
Por respuesta, Shaka tomó la barbilla de Mu, miró fijamente a sus ojos verdes por unos segundos, acercó su rostro y cerró los suyos mientras sus labios se posaban delicadamente sobre los del otro chico. Aquel contacto sólo duró unos segundos antes de que se separaran.
—¿Era esa clase de beso a la que te referías?
—Eso era exactamente... — y antes de que Shaka pudiera volver a hablar Mu tomó la iniciativa y repitió el gesto. Aquel beso duró algo más de tiempo.
—Pues menos mal que no preguntaste a Aioros —dijo Shaka riendo—, es muy buena persona pero seguro que te habría liado con sus horrendas y larguísimas explicaciones.
Unos momentos antes Aioros los había estado escuchando sin que ellos lo supieran y se dispuso a hacer una de sus entraditas triunfales para dar bronca a Shaka por aquellos comentarios cuando vio que ambos volvían a besarse, esta vez con mayor pasión.
Shaka sacó la punta de la lengua para hacer cosquillas a los labios de Mu y lograr que los separara un poco e intruducir su lengua.
Aioros se sintió un poco avergonzado al presenciar aquella escena, particularmente porque creía que Shaka era más frío que un témpano, su corazón se aceleró, al ver a su buen amigo comportándose de una forma tan tierna y cariñosa con aquel hermoso muchachito de cabellos lilas. Se retiró discretamente y ordenó a sus sirvientes que acompañaran a sus huéspedes a la mesa, que estaba bellísimamente decorada y dispuesta para una cena romántica para dos.
Los sirvientes se disculparon de parte de su señor diciendo que se "encontraba indispuesto", dejaron que ambos se acomodaran y después de traer el primer plato, por orden de Aioros, cerraron la puerta con llave para asegurarse que ni Shaka ni Mu pudieran salir demasiado pronto.
Angelika se echó a reír y urgió a ambos para que continuaran con la historia. Shaka le recordó que ya se la sabía de memoria, pero Mu esta vez se unió a ella. Shaka sacudió su cabeza con una risueña expresión "enfadada" en su rostro.
—A los dos se os han pegado las malas costumbres de Aioros —les dijo algo "amenazadoramente"— espero que seas buena y obediente con tu marido porque sino...
—No le hagas caso, Angelika. Si Mime no te trata bien se verá en un montón de problemas con tu padre.
—Y en cuanto a ti, jovencito, ya ajustaremos cuentas luego...
Mu se levantó y lo silenció con un largo beso. Angelika puso una fingida mueca de horror al verlos.
—¿Algún problema, preciosa? Te recuerdo que Mu y yo estamos casados y por lo tanto, es perfectamente legal. En fin... sigamos con el relato de "terror".
