Capítulo 7
Y el día tan ansiado llegó.
Mu había pasado la noche en el palacio real en una de las habitaciones que el rey hizo que habilitaran para su uso personal. El joven de cabellos lilas se sentía inmensamente feliz al saber que por fin podría cumplir su sueño dorado: el poder desposarse con la persona a la que tanto amaba y oficialmente ser el otro papá de Angelika, a la que quería tanto como si fuera su propia hijita.
No obstante, habia algo que le entristecia porque el joven herrero echaba mucho de menos a su madre, que falleció cuando era pequeñito. Eso empañaba su perfecta felicidad porque, además, cuando se descubrió que el padre de Mu era ni más ni menos que el rey, el príncipe Milo no quiso reconocerle como hermano y ese rechazo le dolió muchísimo porque hasta entonces Milo había sido siempre muy amable con él.
Meses antes de la boda el heredero de la corona amenazó a su padre con no asistir puesto que no asimilaba que Shion hubiera tenido amores con aquella dama y que aquel encuentro hubiera dado su fruto. Equivocadamente creía que Shion cambiaría la línea de sucesión y que Mu le arrebataría el puesto como príncipe heredero, ya que era algo mayor que él y los lazos sanguíneos con el rey eran más fuertes que los suyos; en realidad Milo no tenía de que preocuparse porque Mu no tenía interés alguno en la línea sucesoria ni ambicionaba honores, simplemente le alegraba el que su padre no hubiera dudado en reconocerlo como hijo suyo.
Milo era un sobrino que Shion adoptó junto a su hermano menor Shun cuando este último era un bebé, ya que sus padres murieron durante la anterior guerra. Había otro motivo, que quizas fuera el principal: la relación entre Milo y Shaka era bastante tersa ya que este último siempre había sido un instructor muy estricto. Consecuentemente Milo creía que el estratega siempre se daba muchos aires de superioridad y debían bajársele los humos.
No obstante, Shion consiguió convencerlo de que por al menos guardara las normas protocolarias mínimas y que asistiera a los esponsales y al inicio del banquete, ya que de negarse sería el único miembro de la familia real que desdeñaría a los contrayentes y eso estaría muy mal visto por sus súbditos porque Shaka era un hombre justo que nunca se había aprovechado de su posición social ni de su conexión con el rey para explotar a otros.
Muy a regañadientes el príncipe lo hizo, cuya presencia alegró enormemente a su hermano, que insistió en que el heredero al trono ocupara un lugar de honor en la mesa donde se sentarían él y Shaka.
Igualmente para Shaka aquel fue el día más feliz de su vida pues por fin podría compartirla con todas las de la ley con su amado y Angelika tendría otro papá que también la querría mucho y la protegería.
También a él le entristecía el no poder tener a los miembros más inmediatos de su familia, pues sus padres y su hermana menor habían fallecido varios años antes. Annora, su otra hermana, fue secuestrada durante un viaje de la familia a Estambul, la tierra natal de su madre y aún seguía en paradero desconocido; todos aquellos años de búsqueda no habían producido el resultado esperado. Sin embargo, el tener a su pequeña Angelika hacía que su corazón desbordara de felicidad porque aquella niña le había brindado todo el cariño que tanto necesitaba de una familia.
Fue un maravilloso día de sol, en el que el druida los unió mediante una ceremonia celta en la que después de que los contrayentes intercambiaran sendos anillos de oro, ató sus manos con tres cintas: una representaba a Shaka, otra a Mu y otra, a al amor que ambos sentían el uno por el otro. Se casaron en el jardín de la casa de Jungfrau, o sea, la casa familiar del rubio. Fue una ceremonia bella e íntima, en la que Aioros, su efusivo amigo, fue el padrino junto con Shion. Aldebarán, la princesa Artemisa, el príncipe Shun y el príncipe Milo actuaron como testigos; por último, la damita de honor que portaba las flores fue Angelika, que llevaba un bonito vestido de un tono pálido de color naranja con bordados de plata y venía acompañada de un amiguito suyo llamado Erik que hizo de paje.
Mime, el joven músico al que conocieron aquel día que estuvieron de picnic al lado del lago de Holstein se encargó de tocar su lira y de liderar al grupito de músicos que habían contratado especialmente para aquella celebración.
¡Cómo no! los sirvientes de la casa también participaron en el banquete que se celebró en el hermoso jardín. La comida fue variada y absolutamente deliciosa, los vinos y cerveza que se sirvieron eran de la mejor calidad disponible. Todo la que sobró y que no se podía guardar fue distribuido al día siguiente entre las gentes que vivían en las cercanías.
En fin, todos los que organizaron la boda tuvieron que trabajar muy duro para tenerlo todo listo a tiempo, pero mereció la pena puesto que el día fue un éxito rotundo.
