Capítulo 9
Ambos se miraron tiernamente de nuevo ya en la intimidad de su habitación en la que habían compartido las noches desde que se casaron. La luz de la luna se filtraba a través del ventanal y ambos la miraron embelesados con las manos entrelazadas hasta que por fin el sueño comenzó a vencerles.
—Shaka, vayamos a dormir... mañana será un día muy largo.
—Tienes razón —dijo Shaka llevándolo de la mano al lecho—. Buenas noches, amor mío.
Y tras un largo beso ambos cerraron los ojos y se dejaron llevar por los brazos de Morfeo
El dia amaneció hermosísimo y Angelika se levantó nada más que hicieron su aparición los primeros rayos del sol. Se acercó a la ventana y dejó que la luz y el calor del astro rey la envolvieran dándole un aura etérea y haciéndola aparecer aún más hermosa de lo que ya era.
Tocó una campanilla que se encontraba sobre su mesa tocador, sabiendo que esa sería la última vez que lo haría como una muchachita soltera pues en muy pocas horas se convertiría en la señora de Benetnasch. Aunque se sentía muy feliz, al mismo tiempo sentía un deje de tristeza por sus queridos papás porque a partir de aquella noche viviría en otro lugar, no muy lejano, pero que no sería el hogar que había conocido desde que Shaka la adoptó como hija y heredera suya y en el que tan maravillosos momentos había vivido con esos dos hombres que tanto la querían.
Su doncella acudió de inmediato para ayudarla a desvestirse mientras que otra muchacha llenaba la bañera de agua caliente y añadía unas gotas de perfume de rosas y azahar. Angelika se sumergió en el agua mientras las dos muchachas arreglaban la habitación y preparaban el hermoso vestido y accesorios que luciría aquel día. Unas bandejas con unos tentempiés habían sido dispuestas sobre una mesilla pues la joven no bajaría a desayunar al comedor ya que su boda tendría lugar a las once y el vestirla llevaría un largo rato.
Mientras tanto Shaka y Mu se encargaron de dar las últimas instrucciones al personal de servicio y de asegurarse que tanto la casa como los jardines estuvieran listos hasta en el más mínimo detalle. Ambos se vistieron elegantemente aunque llevaban un traje algo inortodoxo compuesto de unos pantalones anchos al estilo sarraceno y una túnica sin mangas que les llegaba a medio camino entre la cintura y la rodilla, bajo la cual llevaban una camisa blanca de lino. Un traje parecido al que Shaka llevó la noche en la que fueron al baile en el reino de Herzel.
Los invitados fueron llegando poco a poco. Los padres de la novia los recibieron y los sirvientes los condujeron al jardín principal. Angelika, ya vestida y acicalada, esperaba impacientemente que llegara la hora de bajar de su habitación, lo cual no podía hacer hasta que Mime llegara primero pues por tradición la novia debía ser la última en hacer acto de aparición.
Daba vueltas a un lado y a otro de la habitación casi incapaz de contener la emoción que la invadía, las doncellas lo atribuyeron al nerviosismo propio de una novia. No obstante, eso no era lo que causaba tal comportamiento, Angelika simplemente quería salir de allí y ver a su adorado Mime, que acababa de llegar acompañado poco antes de que llegaran los miembros de la familia real invitados a la boda. Un gran honor ya que, por virtud del matrimonio de Mu con Shaka, Angelika era nieta de Shion.
Tras lo que pareció un interminable rato Shaka en persona llamó a la puerta de la habitación.
—Angelika, ¿ya estás lista? —le preguntó mirándola con gran ternura.
—Claro que sí, papá
—Entonces, vamos —Shaka le ofreció su brazo, que ella tomó y ambos se acercaron a la entrada de la casa, donde Mu los esperaba.
En un aspecto la joven rompió con la tradición porque su padre era quien debía conducirla a la presencia del novio: Angelika tenía dos y no se veía capaz de elegir a uno por encima del otro ya que los amaba por igual y antes de la boda ambos le dijeron que la decisión era suya pues ninguno tomaría ofensa. El protocolo oficial demandaba que fuera Mu quien lo hiciera puesto que al ser uno de los hijos del monarca reinante, su estatus social era superior al de Shaka; por otro lado, era Shaka quien la había adoptado antes de que Mu y él se convirtieran en pareja y eran el apellido del estratega el que portaba la joven; por lo tanto, Angelika decidió que caminaría con uno a cada lado sin importarle lo que los demás pensaran.
Uno a cada lado, con dos niñas vestidas como damitas de honor y un pequeño paje, Shaka y Mu la condujeron hasta el rincón donde se hallaba el hermoso rosal que la abuela de Angelika plantó, al lado del que se encontraba el druida que oficiaría la ceremonia y también su amado Mime, que, vestido de gala en el día de sus nupcias, tenía el aspecto de un hermoso héroe de leyenda.
Una vez que la novia, que no llevaba velo, llegó al lado de su prometido ambos intercambiaron una mirada que no necesitó palabras para expresar lo que ambos sentían y que fue notada por todos invitados. Mu y Shaka casi involuntariamente unieron sus manos en un tierno apretón pues se sentían emocionadísimos al ser testigos de ese gran día.
Durante la parte de la ceremonia en la que el druida ató las manos de ambos con dos cuerdas de colores diferentes: una para simbolizar al novio, otra para la novia y enunció los votos que ambos debían repetir, Angelika se giró hacia sus padres pues la costumbre en las familias nobles estipulaba que debía pedir consentimiento para aceptar a Mime como su esposo. Tanto Mu como Shaka hicieron un gesto afirmativo a aquella muda pregunta y la joven no tardó en dar el sí. Una vez terminada la ceremonia los novios se besaron y todos los invitados irrumpieron en un largo aplauso.
