Epílogo
Mu se volvió a secar los ojos con el mismo pañuelo que había usado antes. Al levantar su vista hacia la chimenea encendida vio claramente a un hermoso hombre de largos cabellos rubios y ojos azules que lo miraba y que acarició suavemente su rostro.
—Mu, ¿por qué estás tan triste?
—Shaka... ¿de verdad eres tú?... ¿cómo es posible? —preguntó extrañado ya que Shaka había muerto recientemente y en aquel momento lo estaba viendo con la apariencia que tenía cuando era joven.
—Ven, Mu, ya es hora... —dijo mientras alrededor suyo se formaba una hermosa luminosidad dorada y un portal que parecía conducir a un hermoso jardín.
—¿Hora de qué? —preguntó un tanto sobresaltado.
—Mi amor, no tengas miedo porque estaré siempre a tu lado... pero ya es hora... —le contestó mientras le extendía la mano.
—¿A dónde vamos?...
—A un hermoso lugar en el que espero a mi amado.
Mu tomó la mano ofrecida y ambos cruzaron el portal.
—¿Me concedes este baile? —dijo Shaka sonriente.
—Será un honor —le respondió Mu —¿una gallarda?
—Con paso de volta —le dijo guiñándole un ojo.
Shaka lo tomó de la cintura para conducirle a aquel maravilloso jardín y ambos comenzaron aquel hermoso baile concentrados el uno en el otro para amarse por toda la eternidad.
FIN.
