Disclaimer: Repito lo que ya sabemos, mis amigos: De George Martín pertenece todo. U.U
N/A: Soso y aburrido, con un ligero Alayne/Myranda. Esta es mi participación en el reto #36 ''Saliendo del closet'' del foro ''Alas negras, Palabras negras''.
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Había diversos motivos por los cuales Jeyne era la confidente de Sansa, por los cuales era su mejor amiga y su sombra parecía mimetizarse con la de ella ante cada pisada. Uno de ellos, ciertamente, era porque tenían casi la misma edad y compartían los mismos intereses: música, bordado y danza, sueños de caballeros valientes profesando amor eterno tras el rellano de la puerta, con el cabello al viento y la espada al cinto...
Habían otros, sin embargo, que no se atrevían a conversar ni siquiera en voz baja, pero que bastaban miradas y sonrisas tímidas para saber lo que pensaba la otra, eran a penas roces de manos bajo la mesa y hormigueos en el estómago cuando Jeyne la ayudaba a vestirse, demorándose más de lo normal en amarrar las cintas y respirando sobre su piel con su aliento cálido.
Eran sonrojos estúpidos y manos sudorosas cuando una estaba tan cerca de la otra cuchicheando, que muchas veces Sansa no entendía lo que le estaba pasando, pero que sabía, con esa certeza sosa, que Jeyne también lo sabía, que lo sentía.
Sansa recuerda, mientras yace en la cama con el cuerpo hundido en frazadas y cómodos almohadones de plumas de ganso, aquella tarde lejana en que la septa Mordane las dejó solas y Jeyne se puso a suspirar contra la ventana mientras miraba a Robb entrenar, con la lengua asomándose por sus labios ligeramente abiertos y la pregunta resbalándose húmeda por ellos.
—¿Qué se sentirá besar a alguien?—Sansa tenía una opinión bastante principesca al respecto y recuerda habérsela comentado con flores y corazoncitos de fondo incluidos, pero Jeyne insistió, enredando las manos en el vestido y caminando hacia ella con nerviosismo— ¡ya se lo que dicen las canciones Sansa! pero… ¿Qué se siente?
A eso Sansa no sabía que contestar, pero vio la respuesta reflejada en sus acciones, en sus ojos marrones que le hablaban sin usar palabras, que le pedían permiso con hambre, con miedo, lo vio en la lengua que se paseaba por sus labios y en la tarde que moría en su ventana, en el aire caliente que se agolpaba en sus pómulos y en su mano temblorosa cuando la posó en la mejilla de Jeyne, su voz era apenas un murmullo estrangulado, un ''bésame'' que no alcanzó a decir cuando la hija del mayordomo se abalanzó hacia su boca impaciente, enredando su lengua con la suya de una manera imposible, quemándola por dentro, robándole el aire de los pulmones con torpeza, embotonándole deliciosamente los sentidos… E impidiéndole escuchar los pasos de la septa subiendo las escaleras.
Sansa recuerda haber pensado que eso era el amor mientras guardaba cama por haber pescado un resfrío (única excusa justificable a su sonrojo ante las preguntas de la septa): Un hormigueo en el vientre bajo y la tarde muriendo en copos de nieve bajo su ventana.
Pero Sansa había muerto hacía tiempo, al igual que la pobre Jeyne. Y Alayne no tenía recuerdos de besos furtivos, roces de manos bajo la mesa o agujas bordando su secreto. Alayne solo sabía que Sansa había desaparecido hacía tiempo, que la nieve que caía tras la ventana no era la de Invernalia y que la muchacha que atraía su cuerpo hacia el suyo no era el de Jeyne, sino de Myranda.
U.U'
