Despierto gracias a los gritos de mis primos. Veo la hora. El reloj marca las 9:24 am. Giro de la cama, pero me doy cuenta tarde de que estoy en el borde, por lo que caigo. Me paro, me estiro, y es entonces cuando recuerdo lo que pasó anoche. La película, los libros, Edward, el beso… toco mis labios lentamente, recordando el sabor de sus labios, y luego recuerdo a mis libros. Corro hacia mi mochila, y los abro para ver si es cierto, y lo es. Cada una de sus firmas. La de Emmet, la de Jasper, Rosalie, Alice, Jacob… y la de Edward. Volteo a mi cama, para tenderla, y veo unos rastros de maquillaje en la almohada. Recuerdo que apenas salí del estudio, empecé a correr y a llorar, que en el medio del camino, se largó a llover. Recuerdo haber llegado a la casa de mi tía, derrumbarme en mi cama y quedarme dormida…
Decidida a olvidarme de los recuerdos de la noche anterior, decido tomar una ducha, pero, cuando me saco mi chaqueta, percibo un trozo de pape doblado. Al abrirlo, me percato de que son números, y un par de minutos después, me doy cuenta de que es el número de Edward. Me debato entre agendarlo o tirarlo pero, finalmente, camino lentamente hacia el balcón, lo rompo, y veo como el viento se lo lleva…
Decido relajarme, por lo que pongo el tapón en la gigante bañera, coloco sales y jabón, y finalmente, enchufo el equipo de mi prima y conecto el pen drive, en donde tengo toda mi música. Cuando ya está todo listo, me sumerjo en el agua, cierro los ojos, y trato de relajarme…
Después de una hora, salgo, me pongo una bata y voy hacia mi habitación. Hoy tengo pensado visitar la ciudad, por lo que me quiero poner algo cómodo. Hace calor, por lo que me decido por un vestido rojo medio suelto, a medio muslo. Me pongo unas sandalias del mismo color, y me dejo el pelo suelto. Me pongo un poco de rímel, y listo, bajo a la cocina
Al parecer, todos empezaron sin mi. Mi tío Aro y mi tía Sulpicia están abajo, ambos con una taza de café, hablando tranquilamente. Mis primos Jane y Alec están mirando la televisión, y Félix está hablando con Heidi.
-Buenos días- digo, y todos me corresponden el saludo.
Mi tía me acerca un vaso de zumo y un plato con galletitas, algunas porciones de tortas, bizcochos, entre otras delicias. Me decido por un muffin, y voy a sentarme al lado de Felix, quien me roba la mitad de mi alimento.
-¡Ey!- grito desesperada. Pueden hacerse muchas cosas, pero no robarme la comida a la mañana
Me lanzo contra Felix, en busca de mi muffin, pero el se lo come, como en cámara lenta. Entonces, me tiro al piso, y grito teatralmente. Cuando mi primo se acerca para levantarme, me tiro sobre el y lo tumbo, para luego, empezar a pegarle en e brazo intentando, sin resultado, hacerle daño. Finalmente, mi tía nos hace separarnos, y es ahí cuando decido retirarme para ir a visitar la ciudad. Heidi me da un mapa, y me marca lugares a los que me recomienda ir. Aro me da algo de plata, a la que no pude negarme, y Sulpicia me da una copia de la llave de su casa. Felix y los chicos se ofrecen a acompañarme, pero niego, prefiero ir y recorrer los diferentes lugares sola. Subo a mi habitación, agarro la poca plata que tengo, mi celular, un abrigo, y me cuelgo mi mochila, quien está muy pesada gracias a la cantidad de libros que llevo, porque estoy decidida a seguir el consejo de mi hermano.
Afuera cae una fina lluvia. Mala suerte. No soy muy buena con las manos y pies, soy muy torpe y descoordinada, por lo que imploro no hacer el ridículo frente a alguien.
Voy caminando por la avenida principal. Mi deseo es llegar hasta el Empire State Building. Quiero saber, si es verdad que el Olimpo se sitúa ahí arriba. Mientras camino, voy viendo las tiendas. Mas de una vez entro y compro algo que me gusta para mamá, papá, o Ben. Mas de una vez, también me parece ver a gente famosa, como Sam Uley, o Seth Clearwater, pero mi timidez gana, y no me acerco a comprobarlo. A las doce, me da hambre, por lo que decido parar en una pizzería y almorzar. Me atiende un chico bajo, con el pelo grasiento, y ojos negros y, por lo que puedo leer en su placa, se llama Erik.
-Hey! Hola, Bienvenida a Twilight, ¿puedo tomar su orden?
-Hola y si, deseo una porción de mozarela, jamón y tomate, ahh y una botella de agua mineral sin gas por favor-respondo
- En seguida señorita- y se fue para la cocina.
En eso, me pongo a ver el lugar. En las paredes parecían haber árboles pintados, todo parecía un bosque. En una esquina se podían percibir los ojos de un venado dibujados, y al frente, se podía ver el crepúsculo. Este lugar me hacía recordar a casa. Fork. Me hacía recordar al bosque, el cual rodeaba mi casa. Cuando estaba triste, enojada, o necesitaba pensar, siempre iba al mismo lugar. El bosque era mi santuario.
Estaba tan embobada pensando, que no escuche mi teléfono. Una llamada entrante. De mamá. Ansiosa por escuchar su voz, contesté
-Hola ma
-Bella, hija, ¿como estás? ¿Todo bien allá? ¿La tía, los primos? ¿Hasta cuando te vas a quedar?
-Hola ma- respondo- Estoy bien, te extraño mucho a vos, a papá y a Ben, La tía, el tío y los chicos están bien, te mandan saludos. No tengo pensado hasta cuando me voy a quedar, pero me gustaría disfrutar algunos días mas. ¿Allá? ¿Todo bien? ¿Cómo anda Ben? Decile que le compré los posters que quería, las historietas, los juegos y algunas otras cosas más. Y no se preocupen, a papá y a vos también les compre algunas cosas
-Bueno hija, no te hagas problema, pero, ¿te alcanza la plata para el pasaje de vuelta? ¿Querés que te mandemos algo mas?- mi mamá siempre preocupada por mi bienestar.
-Nop, no hace fala- respondo- y ahora te voy a tener que colgar porque llegó mi comida, besos a los chicos, chau
Hasta que no veo la comida no me había percatado de el hambre que tenía. Mi estómago ruge, y al ver la diminuta porción de pizza, pensé que me quedaba corta. Tengo mucha hambre, por lo que me zampé la comida en menos de cinco minutos. Luego, bebo lentamente el agua, para tratar de bajar lo que recientemente había comido y que no me agarrasen dolores. Cuando termino, decido pagar e irme de ese lugar para seguir mi recorrido.
A media tarde ya hacía calor, por lo que me saco mi chaqueta, y al ver que no hacía mucha diferencia, decido comprarme un helado. Pero da la casualidad de que en la zona en donde yo estaba, no había ni kioscos ni puestos de comida. Eran puras tiendas de ropas, en donde había mercancía que nunca en mi vida podría comprar por el precio. Entonces sigo un par de cuadras más, para ver si encontraba algún lugar que venda lo que precisaba. Y asi fue. Al llegar a la segunda cuadra, diviso una heladería, por lo que me dirijo a ella. Al entrar, me decido por un cucurucho doble de frutilla y crema del cielo. Pago y me planteo quedarme ahí y disfrutar de el aperitivo. Me siento en la mesa mas alejada que encuentro, coloco mis auriculares, saco un libro y me pongo a leer, mientras tomo mi helado.
Un tiempo después, decido dejar la heladería, pero, cuando salgo, me percato de que volvía a llover, pero esta vez, con más fuerza. Rápidamente, me coloco la capucha de mi abrigo y salgo, intentando no tropezarme. Camino lo más rápido que pude, intentando llegar a casa y así evitar accidentes, pero al apresurarme por cruzar una avenida, tropiezo, y caigo en medio de la calle, ganándome una cortada en la cabeza. Pero lo que más me preocupa son los autos que vienen hacía mi. Cierro los ojos, esperando el golpe que nunca llega. Lo que siento son unos brazos moverme hacia la vereda, y atrayéndome hacia un cuerpo cálido. Lloro sobre éste, tratando de desaogarme. Si no fuera por ésta persona, probablemente yo estaría muerta. Por eso, decido limpiar mis mejillas, y voltear para agradecer a mi salvador, pero cuando lo hago, me sorprendo. Ojos azules, pelo negro... Mi siguiente palabra es un susurro
-Edward…
Hey! Hola, soy Jemforever, soy nueva en esto, pero agradezco que se pasen por mi fic y lo lean. Les cuento, esta historia es un sueño que tuve hace bastante y se me dio por escribirlo.
Probablemente ponga fecha para subir, pero lo estoy meditando. Igualmente, como mínimo subo dos veces a la semana.
Nuevamente, gracias por leerme, espero que les guste, y nos leemos en el próximo cap.
Nunca confíes en los patos
