"Una simple alameda"

La escuela se me pasó volando, aunque en realidad debí haber perdido la noción del tiempo. Me la pasé sumergida en mis pensamientos, tratando de descifrar ese nombre que yo misma había pronunciado en mis sueños… "Haku". Lo tenía grabado en la cabeza desde la mañana. No pude sacármelo de los pensamientos. Lo escuchaba con claridad una y otra vez. Aquello, me llevó a analizar cuidadosamente mis recuerdos, desde que tuve memoria hasta la actualidad, con la intención de recordar a alguien con ese nombre… pero no recordé nada. Así que me quedé con la idea de que tal vez era el nombre de ese Dragón blanco.

De regreso a casa, a pesar de que parecí estar en otro planeta, noté que mi padre estaba más callado de lo normal. Ni siquiera me preguntó de mi día en la escuela, como siempre lo hacia, y tampoco notó lo desconectada que yo estaba de la realidad, mas de lo normal. Nadie dijo nada durante todo el camino. Los dos estuvimos tan sumergidos en nuestros propios pensamientos. No hablamos de nada, sino hasta cuando llegamos a casa, y justo en el momento en el que apagó el motor del carro. Fue cuando me llamó con voz seria…

—Chihiro...

—¿Si?

—Tu madre y yo tenemos algo que decirte. —indico, sin voltear a mirarme

—¿Que? ¿Soy adoptada? —dije en un tono divertido con la intención de mejorar la atmosfera. La verdad era algo incomodo cuando mi padre se volvía serio.

—No Chihiro, es… algo importante. —esta vez se volteó y me miró. La seriedad que reflejaba su voz, también la reflejaban sus ojos.

Abrió la puerta del carro, y me indicó que saliera. Hice caso sumiso. Caminó hasta la entrada y lo seguí de cerca. Cerró el garaje cuando yo estuve fuera y después seguimos el recorrido hasta la casa. Al entrar, me hice una posible idea de la noticia que tenían.

Mamá iba y venia de un lado a otro, con ropa y objetos de uso diario. La seguí un poco para confirmar mi teoría. En efecto… habría un posible viaje. Ella guardaba sus cosas en una maleta.

—¡Papá! —Lo llamé girándome para mirarle. Esperé una explicación.

—No te preocupes, Hija, no nos cambiaremos de ciudad. Seguiremos viviendo aquí. —explicó para calmarme, había adivinado el motivo de mi alarmo.

Me tranquilice, y decidí esperar hasta que ellos me explicaran lo que pasaba.

—¡Chihiro! —me saludó mi mamá, no me había mirado cuando entre.— anda linda, come algo, la comida esta en la estufa. —dijo sin dejar de hacer las maletas.

—La verdad es que no tengo hambre.

Comencé a impacientarme al ver que mi padre se unía al trabajo de mi madre, ahora ambos preparaban maletas e ignoraban mi presencia.

Mas bien, parecía como si les costara trabajo decirme la noticia que tenían. Siguieron organizando sus cosas, sin decir nada. Llegué a tal punto de que las palabras salieron de mi boca involuntariamente.

—¿A donde nos vamos? —pregunté impaciente, mientras miraba como seguían preparando maletas.

Ellos siguieron ignorándome, entonces decidí hablarles con voz fuerte, casi gritando.

—¡Papá! ¡Mamá!.

—Chihiro, solo iremos tu mamá y yo. —contestó mi padre, volviéndose hacia mi. su mirada era bastante seria, pero se le podía notar algo de preocupación. Dejó aun lado su trabajo y dedicó tiempo para explicarme a que iba el asunto. Mamá hizo lo mismo. Nos sentamos en el sillón, y comenzaron…

—Veras hija, hoy en la mañana me informo mi jefe que habrá una reunión de negocios, en donde elegirán al nuevo gerente de la empresa. Chihiro, es muy importante el puesto para mí, y soy un candidato a tomarlo. Si entiendes eso ¿No? —asentí con la cabeza, ¿quien no lo entendería?.— Y, si no voy a esa reunión, me olvido del trabajo. Tengo que llevar a mi esposa, esa es una condición importante…y Umm… la reunión será en la isla Shikoku.—esta ultima oración la soltó en voz baja, sonó mas bien como si estuviera confesando algún crimen del que se sentía culpable. Creo que estaba preocupado de cómo yo me tomaría este asunto. La verdad es que a mi no me molestaba que se fueran de viaje, iba a ser un viaje de negocios y eso era importante.

—¿Por cuanto tiempo se van? —quise saber. En realidad la noticia empezó a sonarme demasiado agradable.

—Quizá, por un par de semanas, o tal vez más. Depende de lo que diga el jefe. —Calló por un momento y me miro extrañado.— Chihiro… ¿No te molesta? —preguntó. Mi mamá también me miraba desconcertada. Exactamente como lo había predicho, ellos no esperaban que me tomara las cosas con calma.

—¿Porque habría de molestarme? es cosa de negocios, y te importa por el bien de nosotras.

—No cabe duda de que has madurado, cariño —me halagó mi mamá. Me abrazó con fuerza mientras me acariciaba el cabello.

—Temíamos a que te molestaras por dejarte sola. Pero nos sorprende lo compresiva que eres, hija. —comento mi papá, orgulloso.

Yo no miraba el motivo por el cual debían de estar orgullosos. En mi opinión, yo aun no había madurado, y por eso me agradaba la idea de quedarme sola en casa. Así aprendería a serme responsable de mi misma… aunque fuera por unos días.

—Creo que no eh madurado lo suficiente, y estar en casa dos semanas, sola, me ayudara mucho. —confesé esbozando una sonrisa, ellos igual sonrieron.

Ambos relajaron sus semblantes, y continuaron haciendo las maletas. Mi madre volvió a ofrecerme comida, y acepté. Tomé un plato de la alacena, y me serví de lo que había en la cacerola que estaba en la estufa.

Fue en la tarde cuando ellos se marcharon. Me dieron unas cuantas explicaciones; me dijeron que habría dinero arriba del refrigerador, para que comprara la despensa, aunque Mamá la había dejado casi llena. También dejaron pegado en el refrigerador, un número telefónico para que les hablara en caso de emergencia. Me dijeron que no saliera de noche y que no llegara tarde a casa. Ambos me dieron un abrazo y un beso en la mejilla… así se despidieron.

Me quedé en la puerta y miré como se alejaba el carro de mis padres. Me hicieron otro gesto de despedida con las manos, y pronto el carro quedó fuera de la vista. Me metí a la casa y cerré la puerta. Entonces, al mirar la casa vacía y sin ruido alguno, me albergó un sentimiento de soledad. Pude sentir como se humedecían mis ojos, pero no hice nada para secar las lágrimas. Sabía que era normal sentir nostalgia.

Suspiré. Ya no me resultaba tan genial el quedarme sola en casa, como lo había imaginado hace pocas horas. La casa estaría vacía al volver de la escuela, y ya nadie iría por mi al colegio… lo que me consolaba era saber que solo seria por un par de semanas… o quizá mas.

Fui a mi habitación, y deje la puerta abierta. Encendí mi reproductor de CD con todo el volumen y me acomodé en mi escritorio para hacer la tarea, a pesar de que era viernes. Ya había organizado mis deberes. Después de hacer la tarea, me daría una ducha. Bajaría a cenar y por ultimo prepararía las cosas que llevaría para el día siguiente, a la excursión. También tenía dispuesto telefonear a Yumi, para preguntarle de lo que debería llevar a dicho lugar. Todo eso me mantendría alejada del asunto que hubiera ocupado mi mente si no hubiera planeado que hacer: El misterioso Dragón blanco.

Por suerte así fue. Me concentré bastante en hacer las cosas que hasta lo saqué por completo de mi mente. Volvió a mi cuando me fui a dormir, mi mente quedo disponible e instantáneamente pensé en ello.

Gracias a que no saque de mi cabeza ese asunto, concilié el sueño hasta la una de la madrugada. Y es que me daba tanta curiosidad saber que relación tenia el Dragón, con el Río Kohaku… y ese nombre que mencione en mi sueño… y aquel niño de cabello obscuro con tonalidades verdes profundas y ojos mismos a los del Dragón ¿de verdad eran uno solo? Todo eso me dio vueltas a la cabeza una y otra vez… hasta soñé con aquel niño. Pero fue algo extraño, puesto que cuando desperté, seguía recordando el sueño con tanta claridad, como si de un recuerdo se tratase. Lo sentía como si fuera uno de esos recuerdo de la infancia que causa melancolía recordarlo.

Soñé que me paraba arriba de un puente rojo y me subía en las barandillas para mirar el río que se extendía. Después, llegó el niño de ojos semejantes al del Dragón blanco y me dijo que no podía estar ahí, que volviera a donde pertenecía. Y después el sol se ocultó, y sus ojos se alarmaron. Mencionó que ya era demasiado tarde y me tomó de la mano para correr… ahí se acabó mi sueño. Mi despertador sonó en ese momento.

Me sentí frustrada al despertar. Apagué violenta el despertador y cerré los ojos para tratar de que mi sueño continuara. Quería soñar más, volver a ver a ese niño que, por alguna razón extraña, sentía que lo quería demasiado, como si fuera algún miembro de mi familia. Ese sentimiento despertó en mí justo cuando desperté, pero también nació un dolor profundo en mi pecho. Me sentía patética al sentir eso. ¡Solo se trata de un sueño! Me decía para mis adentros una y otra vez. Ese niño probablemente ni debía de existir, ni tampoco el Dragón blanco… me planteé varias veces la lógica: Los Dragones NO existían, solo eran mitos y leyendas. Pero mientras mas me lo repetía, el dolor en mi pecho se hacia grande. Deje de decirme eso y mejor decidí buscar una buena teoría de porque ese Dragón seguía acosándome en sueños. Pensé que tal vez lo había visto en un video juego, o en algún cuento. Y el niño, quizá era algún compañero de la escuela en la que iba cuando era niña… o tal vez era mero producto de mi imaginación. Claro, esto último sonaba más creíble. Pero lo que contradecía todas mis teorías, era el sentimiento que tenia hacia ambos seres. Les tenía bastante aprecio. Los quería demasiado… eso significaba que debí haber convivido con ellos… o él, porque había la posibilidad de que fueran uno mismo. Y otra evidencia de que el Dragón pudiera ser real, era ese escaso recuerdo que tenia de cuando era niña y caí al río. Sin duda esa escena la recordaba bastante bien.

Después de arreglarme, baje a la cocina y preparé un lonche que compartiría mas tarde con los demás, en la excursión. Habíamos quedado en reunirnos en la estación de tren a las diez de la mañana, y de ahí partiríamos a la ciudad en donde estaba el río; mi antigua ciudad. Aun tenía dos horas para prepararme. El lugar no me quedaba lejos, y llegaría más rápido si montaba la bicicleta, por eso me tomé las cosas con calma. De las recetas de mamá, trate de hacer Curry con arroz. No me salio tan mal, debo admitir. Lo metí en un recipiente grande, y después prepare emparedados. Terminé todo una hora antes de las diez. Todo lo que llevaría logró caber en una sola mochila.

Decidí salir de casa veinte minutos antes de las diez. Encendí la televisión mientras esperaba. La verdad es que había encendido el televisor solo para un propósito. Pero mis esfuerzos por distraer mi mente y no pensar en el asunto que parecía volverse obsesión, fueron en vanos. La fisonomía del niño y del Dragón se repitió tan clara en mi cabeza. De nuevo hice el intento de recordar si los había visto con anterioridad. Entonces, por suerte encontré algo… lo recordaba nítidamente puesto que se trataba de otros sueños.

Fue cuando recién nos cambiamos de ciudad, yo debía de tener alrededor de nueve o diez años. Fueron varias semanas en las que soñé con el mismo Dragón. Me repetía una promesa, probablemente la misma que me repetía en los sueños de ahora. Para mi desgracia, nunca logré entender la promesa de la que me hablaba. A esa edad, no fui conciente de cuando dejo de aparecérseme en sueños. Pero lo olvide con el tiempo. Y por algún motivo, ahora volvía a soñarlo.

Este asunto cada vez me intrigaba más, y a la vez me frustraba. ¿Porque le daba tanta importancia a esos sueños? ¿Porque valía tanto para mí? ¿Tendrían algún significado importante? ¿Porque les tenia cariño a unos seres que ni siquiera había visto en mi vida? Bueno, al dragón si lo había visto, creo… pero a ese niño de cabellos verdes obscuros… Y, ¿Qué relación tenia el río Kohaku con el Dragón? ¿Quien era ese Dragón y porque se aparecía en mis sueños? Esta última era la pregunta principal… Y tal vez yendo al río se resolvería. Tal vez lo volvería a ver ahí y podría aclarar mis dudas… Aunque debo admitir que eso sonaba patético, pero era lo único que me ayudaría a resolver este asunto de una vez por todas. Exacto, eso era lo que quería, aclarar todo de una vez por todas.

Al salir de mis pensamientos, me di cuenta de que había perdido la noción del tiempo. Me fije rápido en el reloj que colgaba de la pared. Anunciaba las nueve cincuenta y cinco.

—¡Hay no! —resoplé en voz alta.

Tomé la mochila con mis cosas, y salí corriendo de casa. Saqué la bicicleta de la cochera, y pedaleé rumbo a la estación de tren.

Por suerte aun faltaban dos compañeras mas, Yumi era una de ellas. Mina, su hermano, y los demás estaban sentados en una mesita redonda. Charlaban animadamente. En total era cinco. Después de Mina y su hermano, estaba Minori, otra chica de mi misma clase con la que pasé los primeros años en esta escuela, dejó de juntarse conmigo cuando empecé a hacer amistad con Naoki, otra amiga del colegio. También, ahí reunida estaba Kaori, una chica de segundo año con la que me llevo bastante bien. Y por ultimo estaba Sota, un chico de tercer año y buen amigo de Atsuko.

Me uní a ellos después de comprar mi boleto de tren. Me saludaron alegres y me hicieron un pequeño huequito para que me sentara con ellos. Intenté adaptarme a su platica, pero simplemente no lo conseguí por que hablaban de cosas que no me interesaban. Así que decidí pasarme por otro lugar, no tan lejos de ellos. Para mi suerte, Atsuko me siguió. ¡Si, mi sueño se había echo realidad!, yo le había llamado la atención e intentaba entablar una charla conmigo.

—¿Entonces, tampoco te gusta el tema del que hablan? —pregunto Atsuko, el hermano de Mina.

¡Puf! Era obvio que no.

—La verdad es que me preocupa mas sacar buenas notas para pasar a la prepa sin problemas, que en tener un novio… Sabes, y ni siquiera entiendo el verdadero significado de esa palabra, ¿crees que ellos lo sepan?.— ¡Por dios! había dicho que fingiría ser como las otras chicas, no como una niñita aburrida y sin vida social. Pero eso es lo que yo era, y ni siquiera entendí el motivo por el cual no pude mentirle a él.

—Para serte sincero, no entiendo el porque todos usan esa palabra, si dos personas se aman, ¿tienen que a fuerzas ser novios? ¿No es mejor estar con la chica que te gusta y dejar que todo pase en su momento? —Explico. Era grandioso saber que pensaba igual que yo.

Me hizo mas preguntas, sobre mi vida y mis gustos. Se le veía muy interesado cuando preguntaba. Yo había optado por contestar todo con mentiras, quería fingir que era como todas las chicas para que no le aburriera, pero al ver el interés que mostraban sus ojos al formular sus preguntas, le contesté con sinceridad. Me di cuenta de que no hacia falta mentir, pues cada que le respondía, y sinceramente, parecía satisfecho con la respuesta. La platica resulto ser bastante agradable. Yo igual le pregunté algunas cosas sobre él. El tiempo nos interrumpió en la mejor parte. Prometimos seguir charlando al llegar al río. Llegaron Yumi y Saika, la chica faltante y mejor amiga de Yumi. Los ocho compañeros partimos en el tren.

Tardamos dos horas en llegar a la otra ciudad. Si, mi antigua ciudad. Por suerte no pasamos cerca de mi vieja casa, puesto que si hubiera sido así, probablemente me hubiera embargado la nostalgia y hubiera llorado enfrente de todos.

Bajamos en la estación, yo aun llevaba mi bicicleta, pero decidí no montarla, solo la dirigía tomando del volante. Hicimos una caminata de quince minutos para llegar al "río"… para desgracia de todos, llegamos a una simple y abandonada alameda.

Todos intercambiamos miradas. Unos desilusionados, mientras que otros extrañados. Yo estaba insegura… Tal vez nos habíamos equivocado de lugar. En realidad, yo no hubiera reconocido el lugar, puesto que solo había visitado ese río una vez en mi vida, nada se me había grabado. Le pregunte a Kaori pues había sido ella la que eligió el lugar para la excursión, ella debía conocerlo bastante bien…

—Kaori… ¿segura que es este lugar?

—Si, conozco el camino de memoria, hace seis años que venia con mis abuelos a pescar. —contestó segura de si misma.

—¡¿Seis años!? ¡No hablas enserio! —reclamó Sota.

—Kaori, es probable que te hayas equivocado de camino…— aseguró Atsuko.

Estuve de acuerdo con él, en seis años se podían olvidar bastantes cosas… y lo pensaba por experiencia.

—No, no. Miren, si siguen ese camino de allá…— señaló hacia una calle que estaba detrás de nosotros. Todos nos giramos para mirar. —llegaran a una escuela de música. Estoy segura de que es aquí… tal vez… ¡Probablemente el río se debió haber secado!, ¡tal vez por eso lo convirtieron en un sendero! —sus ojos se sorprendieron, y los míos aun mas.

Sentí un golpe en el estomago de solo imaginar eso… ¡que pasaría con el Dragón!

—¡No! No digas eso… mejor iré a ver si está la escuela que dices, tal vez si te equivocaste de camino. —en esta ultima frase deposite todas mis esperanzas, y es que sentía un pavor horrible ante la posibilidad de que se hubiera secado el río. Mi única prueba de que el Dragón existiera, ahora me abandonaba. ¿Y si solo había sido un sueño aquella vez cuando caí de pequeña? Comencé a dudar, y hasta el único recuerdo en el que estaba segura de que el Dragón era real, comenzaba a parecerme borroso y poco confiable. Ahora la posibilidad de que estuviera loca era más del cincuenta por ciento.

Todos me habían mirado sorprendidos cuando hable. Me di cuenta de que fue porque había hablado en un tono de histeria, que ni siquiera pretendía. Me limite a ignorarlos y me apresuré a subir por la calle que había señalado Kaori.

Corrí por la acera, rogando porque la escuela no estuviera. Sin embargo, la desilusión me hizo detenerme en seco. Comprobé que Kaori estaba en lo correcto. A solo media calle de distancia se encontraba una casita de paredes grises con francas negras, y en lo alto estaba escrito con pintura y letra manuscrita: escuela de música.

¿Que iba a hacer ahora que sabia que el río se había secado?, ya no iba a poder resolver el misterio del Dragón. Ahora ya no tenía ninguna evidencia de que pudiera haber existido. Solo me quedaban los sueños y las visiones, que más bien podrían tratarse de alucinaciones sin sentido…

No fui consiente de cuando me deje caer en la acera para sentarme. Hundí mi cabeza en mis brazos, estos abrazaban parte de mis rodillas.

Tenía que tomar una decisión y dejarme de tonterías infantiles. Si no lo hacia, esta obsesión que tenia hacia el Dragón, iba crecer mas y mas, tal vez hasta el grado de volverme una loca de verdad. Tenia que aceptarlo, ya no tenia pruebas para seguir creyendo que el Dragón era real… tenia que dejar esos absurdos sentimientos y esos sueños y Flash Backs que me llegaban a ratos de ambos seres. Tenia que aceptar que todo era producto de mi imaginación. ¡Eso!, ya lo había decidido, sacaría de mi cabeza este asunto aun con el pesar que sentiría al ignorarlo, porque de verdad los quería mucho, tanto como para no querer dejarlos en el olvido… pero estaba conciente de que nada tenia sentido. Yo ya no era una niñita que creía en cuentos de hadas y la magia. Simplemente por eso.

Di un suspiro y me levanté decidida. A lo lejos pude escuchar que los chicos mencionaban mi nombre, llamándome. Bajé corriendo la calle para llegar adonde estaban, me di cuenta de que, anteriormente, había recorrido un largo camino y no me había cansado, quizá por el hecho de que llevaba prisa al principio. Pero ahora si sentí el cansancio.

Me reuní con mis amigos entre jadeos e intentos por normalizar mi respiración.

—¿Y bien? ¿Estaba la escuela? —me preguntó Mina.

—Si…—respondí casi sin aliento.

—¡Genial! Se nos arruino la excursión— dijo fastidiada. En realidad todos lo estábamos.

—Perdonen chicos, es mi culpa… debía haber llamado a mis abuelos antes de traerlos aquí, seguro que ellos sabían que ya estaba seco. —se disculpó Kaori.

—¡Exacto! ¡Es tu culpa Kaori! —reclamó Sota,

—Tranquilo Sota, son cosas que pueden pasarle a cualquiera. Ella no tiene la culpa. —defendió Atsuko.

—¿Entonce que haremos? —Yumi llamó la atención del grupo.

—Pospongámoslo para otro día—sugirió Naoki. A nadie pareció agradarle, pero era lo más preferible, puesto que el cielo comenzaba a cubrirse de nubes negras, claramente pronosticando una tormenta.

—Creo que es lo mejor —coincidí con ella. Todos intercambiamos miradas desanimadas. Sabíamos que eso era lo correcto.

Tomamos camino de vuelta a casa. En el tren, el hermano de Mina intento seguir charlando conmigo. Pero por desgracia yo no estaba de humor, me sentía decepcionada de mi misma. Tenia ganas de llorar y desahogarme, pero había decidido no hacerlo enfrente de los chicos. Fui tan grosera al ser tan cortante con Atsuko, en verdad estaba tan interesado en mí. Me iba a odiar por eso.

Al mismo tiempo que llegamos a la ciudad, la lluvia cayó a cantaros. Llegué a mi casa empapada. Y en esta ocasión, nadie me preparó galletas y té caliente. Apenas había pasado un día y ya extrañaba a mamá.

Subí a mi cuarto y me cambie de ropa. Después volví a bajar a la cocina para prepararme un poco de café caliente. Entonces algo inesperado me ocurrió…

Cuando bajaba los escalones, en mi cabeza comenzaron a aparecer muchas imágenes que no logre comprender. Era el niño de ojos verdes y el Dragón. También mire a una chica de cabello castaño y largo, vestida en prendas de color rosa. Una viejecita con una grande cabeza y aun bebe enorme. Aun sujeto de negro con una mascara blanca y aun hombre con cuerpo de araña… ¡hay no! Cada vez yo empeoraba con mis alucinaciones.

Las imágenes siguieron apareciendo. Con cada una, sentía como si alguien me estuviese perforando el cráneo. Me sentía mucho más que mareada. Trate de pensar en otra cosa, pero me fue imposible. El dolor me hizo tirarme al piso, y retorcerme sujetándome la cabeza con ambas manos y apretando con fuerza. El horrible dolor de cabeza me impidió sentir los golpes de cuando rodeé escaleras abajo.

El último golpe si lo sentí, fue bastante fuerte. Fue cuando toqué el suelo y dejé de rodar por las escaleras. Pero en solo cuestión de segundos, todo se calmó… pero de pronto, una obscuridad asfixiante me atrapó y me hizo desfallecer…

Para cuando desperté, yo ya era alguien diferente... el asunto de mis visiones se aclaró. Ya recordaba la promesa de mis sueños… en realidad ya recordaba todo… por supuesto que la decisión que había tomado hace varias horas en mi antigua ciudad, se quedó en el olvido. Ya no iba a olvidarme del Dragón… no, nunca más.

Decidida, saqué de la mochila el lonche de curry y los emparedados para meterlos en el refrigerador… Después de vaciar por completo la mochila, me puse a llenarla con un poco de mi ropa y algunas cosas personales… yo también haría un viaje.


Notas finales:

Bien, hasta aqui el cap...

¿Que les parecio? les agradeceria mucho que me dejaran reviews…

gracias por tomarse el tiempo para leer esto, espero que haya sido de su agrado.

Un saludo!