Seis años despues.
Una vida tranquila. Un deseo al cual Hipo solo no se le hacia realidad al pasar de los años. Berk tiene grandes bisques donde puedes perderte y encontrar la paz un rato, pero, ¿cuando tendria tiempo para eso?. El tenia bastantes responsabilidades que cumplir, la mas importante, cuidar de su gente.
La verdad, el ya no tenia tiempo para hacer las cosas que solia hacer cuando era mas joven. Ahora, no tenia el tiempo como para darse el gusto, siquiera un minuto para respirar, no tenia nisiquiera la energia para hacerlo, ¿la razon?, Eyra Haddock, su terrible hija de terrible seis años.
Eyra consumia el tiempo de Hipo como esponja. La rutina del jefe consistia en: despertar a las cinco de la madrugada, preparar el desayuno, comida y cena para solo llegar a su casa por la noche y recalentarla, limpiar y desempolvar la casa para que siquiera pudiera verse un poco limpia, lavar sus prendas y las de su hija, salir a pasear con Chimuelo por lo menos una hora, despertar, bañar, cambiar y peinar a su hija mientras ella se alimentaba, despues de todo ese caos en la mañana, tenia que inspeccionar la aldea cada minuto del dia, hasta que llegara la noche donde todos van a dormir, y eso si es un dia tranquilo, porque aunque Eyra ya no era una bebe, ella era, bueno, muy como Astrid y tenia un poco de el, pero ese poco tenia que ver con los desastres que causaba a la aldea y con la gran combinacion de la fuerza y agilidad de Astrid, bueno, ya se lo imaginaran.
Hipo tendria una junta pronto con su gente que el habia organizado. Nadie sabia que planeaba o que les diria, pero no le tomaron mucha importancia, aunque no se imaginaban que Hipo estaria a punto de tomar una decision muy importante.
Todos ya estaban reunidos en el Gran Salon susurrando y compartiendo secretos mientras se preguntaban donde estaba el jefe.
El jefe buscaba frenetico alrededor de su casa, mientras corria de un lado a otro tirando todo lo que estuviera a su paso.
-¡EYRA! ¡EYRA!.- Grito Hipo mientras volteaba la casa patas arriba.
El seguia gritando su nombre hasta que una niña de cabello rubio agarrado en una trenza cocida hacia atras con un mechon tapando uno de sus ojos, ojos color verde y algunas pecas alrededor de su nariz.
-¿Que?.-Pregunto Eyra de mala gana.
-¿Donde estabas? Te estuve llamando varias veces.-Pregunto Hipo preocupado mientras tomaba los hombros de su hija.
-Jugaba, ¿tu donde has estado?. Prometiste que estarias conmigo hoy.- Eyra miro a su padre mientras apretaba su boca y se cruzaba de brazos.
-Lo se, lo siento mi amor, pero estoy ocupado y vamos tarde a la junta.- Hipo sacudio la falda de su hija y acomodo el mechon de su cara hacia atras. –Ven, vamos.- El tomo su mano pero ella se zafo de su agarre para tirarse al suelo. –¡EYRA! Hija, ¿que estas haciendo?.- Grito Hipo molesto.
-¡Ught! No quiero ir.- Eyra arrugo su nariz.
-Eyra, no bromeo, tenemos que irnos.- El tomo su mano y trato de jalarla para levantarla.
-¡NO!.- Grito conteniendose en le piso.
Hipo solo la solto y la dejo ahi para pasar sus manos por su cabello tirandolo hacia atras, ¿desde cuando Eyra se habia vuelto tan respondona?. El solo se calmo por un momento y se froto la cara con frustracion.
-¿Sabes que? bien, no vayas, no voy a obligarte.- Hipo se toco las sienes de su cabeza mientras hablaba, pero su voz era tan seca, no era amable ni en una pizca de sus palabras.
-¡¿AQUI ME VAS A DEJAR?!.- Le grito frenetica mientras se levantaba del piso para empujar a su padre quien ya estaba por salir de la puerta.
-No quiero escucharte, ahora. No tengo tiempo.- Hipo siguio avanzando ignorando a la niña completamente.
La chiquilla solo se quedo mirando a su padre quien respiraba hondo para no gritarle o hacerle algo a su hija que puede que se arrepintiera despues. El se agacho a su altura y cerro sus puños para plasmarlos en el piso y pasarlos hacia su frente, cerrando sus ojos fuertemente.
-Mira, hablaremos mas tarde. No puedes seguir asi.- La miro a los ojos de manera autoritaria. Ella nunca habia sido una niña problematica en ese sentido, pero ultimamente habia estado tan de mal humor, tan grosera y bueno, todo.
Ella miro a su padre con furia y se dio la vuelta para subir las escaleras haciendo sonar cada paso con los brazos cruzados. Hipo la miro recorrar las escaleras hasta escuchar que cerraba la puerta de su habitacion. Suspiro al escuchar que la puerta se habia cerrado ferozmente.
-¡LA JUNTA!.-Grito para si mismo, saliendo asi corriendo rapidamente al Gran Salon.
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Los aldeanos ya estaban cansados de esperar a Hipo, por lo que algunos se sentaron o ya formaban grupos para distraerse mientras que llegaba. Estoico y Valka los estaban distrayendo mientras Hipo llegaba, especialmente Estoico, que haria cualquier cosa por su hijo.
-¡Lo siento!, ¡lo siento!, ¡estoy aqui!.- Hipo entro por las dos enormes puertas alterado mientras tropezaba con algunas personas.
-Hijo ¿que paso?.- Estoico se acerco para susurrarle a su hijo.
-Eyra.- Dijo entristecido.
Estoico solo bajo su mirada, el sabia que su hijo habia tenido problemas con su nieta respecto a su comportamiento.
Hipo se acerco a la gran mesa que estaba posada en el medio del salon donde todos se reuinian para hablar.
-Bien, todos se preguntaran por que los llame aqui.- Hipo hizo resonar su voz masculina y autoritaria por las grandes paredes, haciendo que su gente le prestara atencion. –Yo los reuini aqui porque estoy cansado de perder a nuestros hombres por culpa de otras tribus.- Fruncio su ceño.-.
Era cierto. La mayoria de los ataques hacia ellos era solo por la razon de ser vikingos. Ellos no tenian disputas con nadie, y solo por culpa de unas tribus, todas las tribus vikingas sufrian las consecuencias de sus actos y para Hipo era una injusticia como la que vivio hace años.
-Y por eso, hice algo que tal vez a todos les sorprenda, pero eso ya lo he hecho antes.- Hipo dijo seriamente mientras todos susurraban entre si dejando a la suerte lo que les queria comentar su jefe. –Yo he enviado una carta a las tierras escocesas, porque quiero hacer la paz con ellos.- Dijo finalmente mientras sus manos estaban recargadas en la mesa y su cabeza gacha tambien.
-¡¿QUE?!.- Todos gritaron y empezaron a discutir entre ellos y el enojo se podia oler en el ambiente. –¡¿POR QUE QUERRIAMOS SER ALIADOS DE ESAS BESTIAS?!.-Uno de ellos grito.
-No es porque quiera. ¡Los necesitamos!. Imagense, seriamos el ¡doble! o hasta el ¡triple! para luchar con fuerzas enemigas.- Los trato de calmar con sus palabras pero aun estaban alborotados.
-Si mal lo recuerdo ¡ELLOS TE QUITARON A TU ESPOSA!.- La voz de Patan resono en toda la habitacion, haciendo que todos guardan un silencio incomodo que dejo sin palabras a Hipo, pero este no quitaba su expresion seria de su cara.
-Se va hacer, quieran o no.- Ultimatum. Hipo agacho su cabeza y empezo a caminar hacia la puerta donde los aldeanos en su camino se hacian a un lado para no despertar el enojo de su jefe.
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Dunbroch. La tierra verde mas pacifica de los tres clanes escoceces. Merida a traves de los años se habia convertido en una mujer mas inteligente, pero su belleza era lo que la hacia resaltar de las demas mujeres. Sus rasgos habian madurado pero aun mantenian la juventud y un brillo vivaz que pocas personas conservaban al pasar de los años.
Ella se encontraba en la biblioteca del castillo mientras leia el larguisimo correo. Eso no habia cambiado, aun le molestaba esas tareas. Estaba sentada en la mesa con sus largas piernas encima, mientras estaba recargando su espalda en la silla, escogiendo el correo que tal vez le podria interesar.
Hubiera podido seguir con su tarea, pero unos labios que facilmente reconocio recorrian en la parte trasera de su cuello. Ella rodo los ojos indiferente.
-Trabajas demasiado.- Susurro Batair mientras seguia besando el cuello de la pelirroja.
-Y tu estas fastidiandome.- Merida dijo con voz fuerte mientras se paraba de la silla, empujando rapidamente al rubio de su camino.
-Vamos, te comportas como una bruja.- Batair se acerco detras de su espalda para posar sus manos en las caderas mientras la mujer ignoraba sus caricias.
Merida rio por el comentario tan absurdo. –¿Si?.- Pregunto indiferente, pero el muchacho asintio mientras retomaba las acciones con su cuello y bajaba un poco la manga del hombro para besarlo.
-¿Acaso quieres que me divierta con otra chica?.- Bromeo.
-No eres tanto de mi importancia.- La pelirroja se zafo de su agarre y se volvio a sentar en la silla y seguir con su actividad.
Batair solo lanzo su cabeza para atras al sentir que su novia no queria nada con el en ese momento, ni en ese momento ni desde hace meses. Ellos habian comenzado una relacion, y el queria llevarla a otro nivel, pero ella se negaba rotundamente, nisiquiera el sexo, que era lo que los mantenia unidos, ya no lo tenian.
-¿Por que me tratas como si fuera nada? ¿Mh?.- Puso su mano sobre todas las cartas para que ella le pusiera atencion.
Merida solo rodo los ojos y se quejo en silencio mientras lo miraba con una ceja levantada. –Tu sabes que no es asi.- Replico. –Eres el mejor guerrero, ¿por que no te querria?.-Lanzo su mano al aire.
-Am, bueno, en primera, eres una bruja.- El la rodeaba mientras caminaba y esta la seguia con la mirada. –Una muy atractiva claro.- Puso su mano en la barbilla de la chica. –Segundo, no tenemos sexo y tres, no aceptas casarte conmigo.- Se cruzo de brazos.
-Sabes que detesto las formalidades.- Apoyo su codo en la mesa, mientras apoyaba su cara en su mano.
-¿Crees poder encontrar a alguien igual que yo?.- Batair se acerco para posarse detras de ella, y este empezo a desatar los cordones de su escote. –Sino, ¿quien mejor que yo para soportarte?.- Este termino de desatarlos para acariciar la piel que mostraba un poco de mucho que tenia.
Ella solo gimio en voz baja, suspirando, recargandose mas en la silla para que el pudiera tener mas control de sus acciones. –Soy una princesa, no una zorra.- Sonrio sarcasticamente.
-Bien, no actues como una.- Bromeo quitando sus manos del escote de la chica.
Merida rio. –Wow, tranquilo.- Ella giro la silla para quedar enfrente de el. –Cuidado como me hablas.- Merida borro su sonrisa y tomo la barbilla del hombre que estaba agachado enfrente de ella.
Batair sonrio picaramente a la pelirroja quien le estaba levantando una ceja. El sin pensarlo acerco sus labios para ponerlos sobre los de ella; mientras tanto, sus manos empezaron a levantarle su falda sin ninguna delicadeza o permiso. Pero Merida, quien estaba muy ocupada, tomo la cara del muchacho y la alejo de si.
-No quiero tener sexo.- Le susurro.
-Bien, pero no esperes que no desperdicie mis ganas en otra mujer.- El beso sus labios por ultima vez y salio de la habitacion mientras Merida solo le sonreia. Ay ese muchacho si que la hacia reir.
Merida nego con su cabeza y siguio con su aburrida tarea. Ella proseguia hasta que una de ellas llamo su atencion. Saco el papel cuidadosamente para encontrarse con un sello vikingo. Ella miro a los lados y leyo la carta con cuidado.
En resumen, el jefe de los Hooligans la invitaba a tener una audiencia con el en su isla, donde le prometia que las cosas se arreglarian entre ellos y poder mantener la paz entre ambas tierras.
Ella penso detenidamente. –Berk, uhm, interesante.- Dijo con una sonrisa mientras mordia sus labios. Aceptaria, y aceptaba con toda la definicion de la palabra.
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Merida ya habia terminado de leer todo el correo real, ella estaba preparada para una gran noche de sueño, pero al entrar a su habitacion encontro a Batair recostado en su cama mientras miraba la chimenea. El noto su presencia y volteo a mirarla.
-Te estaba esperando.- Le dijo mientras ponia sus manos atras de su cabeza para recostarse mas comodamente.
Ella entro a su cuarto y se puso enfrente de su cama. –¡Vaya!, pense que estarias teniendo sexo salvaje con la primera mujerzuela que se te cruzara.- Le dijo mientras reia y se cruzaba de brazos.
Batair rio fuertemente por el comentario de la chica. –¿Que me crees?.- Le susurro picaramente.
Merida no lo penso y se subio a la cama para posicionar cada una de sus piernas a lado del cuerpo del muchacho. Ella se agacho para besarlo mientras el le correspondia y empezar a tomarla del cuello para no separarse de el. Batair tomo la cintura de la chica para mantenerla en esa posicion y empezo a frotar su entrepierna en ella, sacando un gemido de la mujer.
Aunque Batair tuviera buenas manos, y sin duda, tenia el cuerpo de un guerrero, no encendia nada en ella; digamos que, el pobre ya estaba muy usado.
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No lo soporte. Tenia que escribir mas xd y ya quiero llegar a las partes mas grrr:l
