Ambos lideres de las tierras seguian encerrados en el Gran Salon, terminando de llenar el papeleo donde se comprobaba que Dunbroch se comprometia a estar en paz con Berk. Era un tratado simple, facil, por lo que faltaba solo algo que validara ese pedazo se papel, su firma.
Merida firmaba delicadamente el papel para solo poner un punto al final y darle una sonrisa al vikingo que observaba con felicidad el trato. –Ya esta.- Merida tomo el papel y se lo entrego al jefe.
-No sabe lo agradecido que estoy yo y mi pueblo.- Hipo le dio la mano a la princesa quien asintio a sus palabras.
-Entonces eso es todo, ¿nada mas?.- Pregunto con curiosidad.
Hipo nego con su cabeza con preocupacion. –Oh no, claro que no princesa.- Sonrio. –De hecho, esta noche, daremos una fiesta de celebracion y queria que nos conociera.- Hipo la miro fijamente mientras ella sonreia ante las palabras tan casuales de este.
-Muy bien.- Asintio. –Entonces, lo vere en la noche.- Ella se acerco mas a el y acerco su rostro a su cara.- Vikingo.- Le susurro.
Esto hizo que Hipo se incendiera en su interior. ¿Acaso ella estaba lo que el pensaba que estaba haciendo?, penso. Ojala.
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La fiesta se estaba dando ya al oscurecer, todos ya estaban ahi, exepto alguien, el mismo jefe.
Hipo estaba en su casa preparandose y poniendose mas comodo para compartir con sus amigos en el Gran Salon, pero, tenia que dormir a Eyra, si es que queria salir.
Tenia en brazos a su niña mientras la arrullaba. Increiblemente, Eyra tenia un sueño pesado, despertarla era una lucha pero le era mas favorable ya que cuando se daban situaciones como esta, solo tenia que dormir a Eyra y era como dormir al mismo diablo.
-Buenas noches.- Susurro Hipo mientras acostaba a su hija en cama. El salio de puntillas de la habitacion y soplo la vela que mantenia alumbrado el cuarto. Bajo las escaleras en silencio y cerro la puerta a su paso.
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Merida tenia un rato corto en la fiesta, pues ella se habia retirado para ''arreglarse'' un poco mas para presentarse ante todo esa gente. Cuando llego, muchos hombres se le acercaron para entablar una conversacion con ella, pero pocos sabian como mantenerla. Ella bebia en sorbos el hidromiel, hasta que un muchacho de baja estatura y cabello negro se acerco a ella para mostrarle sus musculos. No queria ser tan grosera, pero si hubiera sido por ella, ya le hubiera cortado la cabeza, pero solo le sonreia y fingia prestar atencion a sus palabras.
Hipo abrio las puertas del Gran Salon para encontrarse con algunos vikingos que lo saludaron dandole una palmada en la espalda y un vaso de hidromiel, mientras que sus ojos estaban en busca de ''alguien''.
Siguio caminando pasando entre la multitud, cuando sus ojos se iluminaron al ver a la pelirroja a lo lejos. Ella lucia ahora mas formal que cuando la conocio. Sus cabellos pelirrojos estaban agarrados en un recogido un poco despeinado con algunos rizos que caian por su cara y su vestido era tan verde como el bosque pero tan simple para la realeza, aun asi, ese vestido ajustado marcaba muy bien sus curvas y en una parte de sus muslos su falda se hacia fluida, y dejaba ver la piel de sus hombros y brazos. El asintio mientras la veia de arriba abajo y no dudo en acercarsele.
Merida trataba de reir con las bromas de este muchacho hasta que sintio una mano posandose en su hombro levemente.
-Patan.- Hipo le sonrio al muchacho. –Necesito hablar con la princesa.- Le hablo en tono casual, pero muy serio.
-Puedes hablar con ella despues.- Fruncio sus cejas mientras le hablaba duramente.
-Debe ser importante.- Interrumpio Merida con una sonrisa. Esto hizo que Patan se retirara, ya que era obvio que le hacia mas caso a la princesa que a su propio jefe. Ellos lo miraron mientras se alejaba para que pudiera hablar tranquilos.
-¿Tenias algo que decirme?.- Ella pregunto volteandose para quedar frente a el.
-Solo queria salvarte.- Dijo negando con su cabeza. –Deberias de agradecermelo.- Hipo le sonrio mientras se acercaba un paso mas a ella.
Ella lo miro con ojos orgullosos, pero una sonrisa surgio de sus labios. –Gracias.- Dijo finalmente.
La noche transcurria igual que la fiesta que parecia interminable. Los aldeanos estaban borrachos y las bromas entre todos eran constantes y daban un aire divertido a la fiesta, tenian algo porque celebrar, asi que ¿por que no festejarlo?.
Todos estaban fuera de su coinciencia, nadie le prestaba la suficiente atencion a nadie, pero sin duda, muchos se dieron cuenta de la interaccion de Hipo y Merida.
La pareja estaba riendo mientras bebian mas hidromiel, al parecer tenian una conversacion muy casual para ser los lideres. Aunque solo pocos se dieron cuenta de las leves acciones de la princesa y el jefe vikingo.
Miraron a Hipo que cuando decia algo gracioso la princesa, o simplemente compartian palabras, el ''accidentalmente'' acariciaba el brazo de la princesa desde el hombro hasta la muñeca, u observaban que la princesa rozaba con sus dedos las manos de Hipo. Y no solo eran cosas ''pequeñas'' o '' accidentales''. La pareja estaba demasiado cerca, sus narices podian tocarse y podian sentir la caricia de sus respiracion.
Las unicas personas que se percataron de estos movimientos fueron sus queridos amigos, Patapez y Patan. Brutacio estaba demasiado ebrio para notarlo. Ellos observaron esta escena que los dejaron intrigados un momento. El castaño puso su mano alrededor de la cintura de la pelirroja mientras el se acerco a su cuello para susurrarle algunas misteriosas palabras en el oido, la princesa rio mientras sus mejillas se ponian mas rosadas, ella acerco su cara a la del joven para mirarlo con lujuria mientras al parecer le respondia. La pareja miro a los lados y tomaron sus manos para escabullirse de la fiesta.
Los demas jovenes vikingos no sabian que estaba pasando, sabian que estaban mirando algo misterioso, pero la borrachera lo cegaba, por lo que ninguno de ellos les dio importancia.
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Al salir por las puertas, Hipo no perdio un segundo y empujo a la mujer en la pared, sosteniendo sus manos contra la misma para que no se pudiera liberar de el y besar sus labios apasionadamente. Ellos por fin saborareaban la boca del otro con deseo, mientras que sus lenguas competian por el dominio de estas. Los labios de ella eran tan suaves y estaban ligeramente inflados, lo que hacia que disfrutara mas ese beso.
Ella hubiera podido seguir ese delicioso beso, pero el se separo de ella para mirarla con lujuria, formando una sonrisa en su rostro para tomarla de la mano y llevarla a otro lugar.
No sabia que esperar de este hombre, pero no le importaba, sabia lo que estaba a punto de pasar y ella estaria encantada de llenarlo de placer.
Llegaron a una casa un poco mas alejada del pueblo, ¡perfecto! penso ella, mas privacidad. Solo que al entrar, el puso un dedo sobre los labios de la pelirroja susurrando ligeramente un –sh-. Ella guardo silencio mientras el la adentraba mas a su casa, pero en un momento en las escaleras, la tomo de la cintura para volver a besarla. Tomo esa parte de su cuerpo y la empezo a dirigir a su habitacion sin dejar de tocar sus labios, pero la solto al llegar al cuarto.
Merida solo camino hasta llegar a un lado de la cama mientras desataba su peinado y dejar sus rizos sueltos, al mismo tiempo que lo miraba con deseo. El sonrio recortando a la mujer, y se acerco a ella para tomar los tirantes de su vestido y bajarlos para plantar besos desde su menton y construir un camino de besos que desviaba hasta sus hombros. Merida gimio ante las acciones de este hombre que la hacia prenderse mas que cualquier otro; el seguia recorriendo una y otra vez ese camino, lo que provoco que arqueara su cuello hacia atras para darle mas espacio, solo que ya estaba demasiado caliente y solo era el principio, por lo que gimio mas fuerte.
Hipo beso su menton para luego posar sus labios en los de la chica para que se calmara. Capturo las caderas de la pelirroja y recorrio sus manos hacia su generoso trasero para atraerla mas a el, lo que ocasiono que las manos de la mujer rodearan las caderas del masculino, para que en un solo movimiento pudiera quitarle la camisa, pero el no se quedo atras porque en un impulso de lujuria, tomo los tirantes que aun sostenian un poco el vestido y lentamente las empezo a bajar, automaticamente bajando el vestido al mismo tiempo. Este cayo al suelo y discretamente se alejo para ver a la pelirroja en solo ropa interior, que solo cubria su entrepierna. Inspecciono su cuerpo mientras que sus manos se colocaban en sus senos, ocasionando una atractiva risa y un gemido de la misma. No soporto mas que el estuviera haciendo todo tan lento, por lo que ella tomo la iniciativa y lo empujo en la cama. El cayo sentado con la espalda un poco arqueada, casi acostado. Aprovecho la situacion y miro aun mejor a la mujer que estaba a punto de poseer. Ella se sento en su regazo, encendiendolo mientras volvia a poseer su boca, al mismo tiempo que el tocaba su piel cremosa al tacto.
Merida se separo de el y empezo a empujar su pecho lentamente con su mano indicandole que se acostara. Ella desabrocho sus pantalones, y empezo a tirarlos hacia abajo sonriendo lujuriosamente por lo que iba a hacerle sentir. La miro con preocupacion un momento, pero ella se acerco a su oido, –Disfruta.- Susurro Merida con voz exitada.
Ya estaba preparada para hacer su movimiento en el, pero alguien estaba tocando a la puerta de la habitacion, lo que hizo que Merida se quitara de su regazo e Hipo saltando de la cama para abrochar sus pantalones.
-Papi.- Se escucho la voz de una niña pequeña quien llamaba a Hipo.
Hipo miro rapidamente a Merida que tenia los ojos muy abiertos, pero el no perdio un segundo y llamo a su hija. –Ya voy cielo.- El se giro a la princesa y le susurro desde la puerta, -Espera un momento.- Puso ojos comprensivos mientras que ella lo miraba con rareza, ¿acaso si era un hombre casado?, penso.
Abrio su puerta un poco y salio de la habitacion para atender a su hija.
-¿Algo pasa amor?.- Pregunto Hipo con voz temblorosa.
Ella solo bostezo con su almohada en sus manos. –¿Puedo dormir contigo?.- Cuestiono su hija con los ojos sonmolientos.
-Cielo, es que, estoy trabajando.- Trato de convencer a su hija. ¿Enserio Eyra se habia despertado?, ¿En este momento precisamente?. Ella nunca lo hacia.
La niña asintio y se dio la vuelta para volver a su habitacion. Hipo espero un momento fuera de esta para estar seguro de que su hija ya estaba dormida.
Volvio a su habitacion y encontro a Merida cubriendose con las sabanas, tomando su vestido.
-Espera, Merida no te vayas.- Hipo se le acerco para tomarla de la cintura, pero ella no queria verlo.
-¿Eres casado?.- Pregunto entrecerrando sus ojos.
-No, no.- Le dijo con voz temblorosa. El la tomo fuertemente e hizo que lo mirara. –No hay ninguna mujer en mi vida.- Planto un beso en los labios de la pelirroja que le correspondia con la misma pasion.
El la descubrio de la sabana y empezo a recorrer su cuerpo causando sensaciones placenteras en ella. –¿Y? ¿en donde estabamos?.- Hipo le susurro con una sonrisa mientras acostaba a la mujer en su cama. Con movimientos delicados, el empezo a bajar el trozo de tela que cubria la intimidad de la princesa. El comenzo a frotar los pliegues femeninos con las yemas de sus dedos, causando que Merida arqueara su espalda, y al ver la reaccion placentera de la mujer, empezo a frotar y jugar con la intimidad de la misma, disfrutando de como ella se removia en la cama.
Ella queria gritar, pero reprimia con gemidos pequeños y algunas lagrimas que mojaban sus largas pestañas; sabia que una chiquilla estaba en la casa y no queria que despertara y encontrara a su padre en medio del ''acto''.
Hipo no soporto mas la presion en sus pantalones. Los deliciosos gemidos que provocaba la mujer en su cama lo hacian encenderse al grado de querer poseerla como animal. El empezo a desatar rapidamente sus pantalones y remover su ropa interior hasta que quedara en el suelo. No perdio un minuto y se puso encima de Merida, quien abrio sus piernas a una distancia considerable para que el hombre pudiera moverse sin problema en ella.
Asi solo la penetro lentamente, haciendo que ella se acostumbrara al tamaño de el mismo. Sintio una maravillosa sensacion, la hizo gemir y por consecuencia a el tambien, ¿de esto se estaba perdiendo?. Empezo a moverse a una velocidad constante, sintio como esta mujer tan hermosa se hacia suya y el tenia claro que no la dejaria ir tan facil. Claro que Hipo ya habia tenido relaciones con otras mujeres, pero estar dentro de una mujer como ella, moviendose sin pudor, sintiendo como las paredes de su intimidad se hacian estrechas ante el, hacia que una llama se encendiera en el, algo en el le pedia mas, ¡queria mas!.
Ella olvido lo que hace unos minutos habia pasado. Sus gemidos fueron subiendo de volumen mientras mantenia su boca ligeramente abierta. ¡Dioses!, el si sabia moverse y hacerla sentir placer. Nunca habia sentido un placer sexual como este. Sus caderas estaban adoloridas por los fuertes movimientos, pero era un dolor delicioso, uno que queria sentir constantemente, y si eso fuera poco, queria sentir como el dolor de intensificaba.
-Hipo.- Gimio dificultando su habla. –No pares.- Gimio mientras apretaba sus labios.
El asintio a su mujer, a la que ahora era suya, a la que no permitiria que se escapara tan facil. En un momento a otro, el estaba terminando en ella mientras dio un grito entrecortado, parando sus movimientos, al mismo tiempo disfrutando llenandola de el. Ella arqueo su espalda y su cuello mientras disfrutaba de la calidez de su cuerpo. Su cuerpo se relajaba y sentia el placer de ser llenada por un hombre.
Suspiro una vez mas, soplando por cansacio. –Eres bueno.- Dijo con una risa aguda, mientras se levantaba de la cama para tomar su vestido.
Hipo la miro con una sonrisa, pero al darse cuenta que se iba, entrecerro sus ojos sin entenderla. –¿Que? ¿Ya te vas?.- Pregunto con preocupacion.
Ella rio asintiendo mientras se vestia.
-No tienes que irte tan pronto.- El se paro y la abrazo por detras tratando de hacerle recordar sus caricias.
Ella se volteo rapidamente para verlo a la cara. –Ten por seguro que no se ha terminado.- Hablo mientras sus labios estaban casi pegados a los suyos, con el aliento rozando los suyos.
Sonrio con lujuria al saber que ella estaba dispuesta a repetirlo, el estaba de acuerdo porque era su deseo. Queria volver a tener su cuerpo otra vez y lo pensaba mas cuando la veia salir silenciosamente de su habitacion.
-¡Dioses!.- Gimio mientras se dejaba caer en la almohada. –Esta mujer me volvera loco.- Se dijo a si mismo.
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Escocia estaba tranquila, demasiado tranquila aunque los trillizos hicieran sus locuras. Batair estaba cuidando bien del reino, no era la primera vez, pero no era tan dificil porque no habian ataques constantes y si los habia, era facil proteger a la familia real por los grandes guerreros a su mando.
Batair hechaba de menos a Merida. Hechaba de menos sentir las sensaciones de placer que le provocaba sin ningun esfuerzo. Estuvo tranquilo todo el dia, pero en la noche todo era diferente.
El estaba en su habitacion recostado sobre una de las ayudantes de cocina, una chica muy joven llamada Aila. Ella no llamaba su atencion en absoluto, pero era facil e ingenua, por lo que se aprovechaba cuando queria tener relaciones sexuales y Merida se lo negaba.
La chica gimio felizmente cuando Batair termino en ella. El tenia un semblante serio y suspiro un poco para quitarse rapidamente de encima. Ella se cubrio con las sabanas y respiraba con fuerza.
-Eso fue divertido, ¿no?.- Aila pregunto con una sonrisa sensual en su rostro.
-Estuvo bien.- Batair respondio sin ninguna expresion mientras se ponia sus pantalones y encendia la chimenea. –Puedes irte, no te detengo.- Dijo mirandola de reojo.
Ella fruncio el ceño, ella sabia porque el se comportaba asi, por lo que se paro con las sabanas arrastrando y se acerco a el. –Es por Merida, ¿no?.- Pregunto con enojo.
Batair rodo sus ojos. Esta conversacion ya la habian tenido antes y varias veces.
-Hasta cuando comprenderas que jamas ¡JAMAS! estara contigo.- Le grito apretando sus dientes.
El se levanto y se dirigio a ella. –Estamos juntos, ¿no lo sabes?.- Levanto su cejas.
-De seguro ahora esta durmiendo con otro hombre.- Le dijo con una sonrisa orgullosa, deseando que eso estuviera pasando.
El rio. –Ella no se acuesta con cualquiera.- Ultimatum.
-Eso ha de decir de ti.- Ella se acerco a su cara. –Y mirate ahora.- Susurro mientras se alejaba y tomaba sus cosas.
Batair ignoro por completo sus palabras. De todos modos, Merida nisiquiera se enteraba de lo que hacia con otras mujeres, y no tenia por que, era sexo, nada mas.
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Creo que no seguire con esta historia:l muchos la leen pero nadie comenta y me hace dificil saber si tengo que seguirla:l
