Hola chicos y chicas traigo la conti de este ffc xD

Primero que nada muchas gracias por sus reviews! me alegro de que hasta ahora les guste esta historia =D

Mis disculpas por no haber actualizado en un tiempo, pero mudarse de un país a otro es difícil, y te toma mucho tiempo D: con todo lo de adaptarme y eso no me ha dado tiempo de escribir nada... sin embargo ahora que estuve un poco libre me senté a escribirles. No se cuando vuelva a escribir, lo siento por eso pero es que pronto me volveré a mudar y todo eso, pero esta vez dentro del mismo país y mismo estado, solo a una casa distinta xD

Apropósito, en este capítulo hay referencias a los Gaidens de SSTLC, así que los que no se lo hayan leído tengan cuidado... ¡Porque hay Spoiler! :3

ACLARO: los personajes de SSTLC no son míos, son de Masami Kuramada y Shiori Tenshirogi... sin embargo la trama es completamente de mi invención xD

Cinn tambien es todo mio. :3

Disfrute y espero mas reviews!


Capítulo 4

—Eres el ángel dorado...

Ahora fue el turno de Sisyphus de mirarla desconcertado, luego parpadeo cuando registro lo sucedido en su mente. Ella había hablado, aunque en un tono bajo y con voz enronquecida, y luego estaba aquello dicho... ¿el ángel dorado? ¿Qué significaba aquello? Noto tardíamente que aun la sostenían en vilo en sus brazos, y se apresuro a dejarla en pie separándose unos centímetros de ella, la observo con intensidad, intentando descubrir que estaba pasando.

Ella noto su desconcierto antes de que él la posara con cuidado sobre el suelo, para a continuación tomar un poco de distancia, y ella también regreso a sus cabales e inmediatamente se tenso, más porque estaba a solas con un hombre a que fuera por él en especifico... aunque su recelo hacia el de ojos azul cielo fuera ahora leve no estaba de más tomar precauciones. A él podría no gustarle lo que ella podía hacer, lo que era... salió de sus pensamientos cuando noto que él la observaba con intensidad.

—¿Puedo ver tus manos?— pregunto Sisyphus de pronto, recordando que la flecha con la que fue herida la castaña había quemado sus manos, suponía que por ello las llevaba vendadas. Tenía curiosidad por aquella flecha y su efecto.

Su cara se torno confusa, y un brillo de desconfianza y miedo resplandeció nuevamente en sus ojos oscuros, pero reluctantemente ella comenzó a retirar la venda de la mano izquierda con la mirada baja, esquivando sus ojos azules. Ella no se sentía cómoda con ello y realmente no sabía porque estaba haciendo aquello, pero no veía como podía eso ser malo, así pues tomo una honda respiración y termino de retirar el vendaje; comenzó a extender su mano hacia él pero por un momento el pánico la domino no quería que él viera las cicatrices porque a ella le recordaba otras en lugares diferentes de su cuerpo, hechas con maldad y brutalmente. Por un momento el dolor del pasados la atormentó, y lo sintió nuevamente en su piel como si hubiera sido recientemente, cada maltrato y golpe, se estremeció, sus piernas cedieron bajo su peso cayendo de rodillas en la tierra respirando en jadeos y con los ojos anegados en lágrimas.

Sisyphus se alarmo de sobremanera al verla temblar y luego caer de rodillas ligeramente encorvada como si sintiera mucho dolor, pensando que seguramente se habría herido de alguna forma al caerse del risco, se hincó de rodillas frente a ella y sin pensar extendió la mano hacia ella, posándola en su hombro tembloroso y al instante sintió como si algo le quemara la espalda repetidas veces, y siseó con los dientes apretados. Sentía como si fuera engullido por una oscuridad, mientras el dolor se intensificaba y fue expandiéndose por otras áreas de su cuerpo, y no solo quemaduras al rojo vivo si no también latigazos y golpes, una combinación que le robo el aliento por un segundo, cuando oyó a la distancia un sollozo salió de aquella oscuridad y comprendió que era la chica quien lloraba, y sintió rabia porque alguien se atreviera a atacarlos de aquella forma, de un momento a otro elevo su cosmos dispuesto a luchar, pero segundos después todo desapareció como por arte de magia, era como si nunca hubiera existido.

Parpadeo confundido, ya el cuerpo no le dolía ni nada por el estilo, intranquilo se extendió con todos sus sentidos y sondeó nuevamente los alrededores intentando encontrar al causante de aquella pesadilla pero no encontró nada... todo estaba en calma. Regreso su atención a la chica que aun estaba frente a él y noto que respiraba entrecortadamente y su cuerpo temblaba con espasmos que él podía sentir atreves de su contacto con su hombro. Su apretón sobre ella se torno más firme mientras la levantaba un poco de su posición encorvada y con su mano libre tomo con delicadeza su barbilla elevando su rostro hacia sí mismo, y sus ojos azules encontraron la mirada de ella anegada en lágrimas no derramadas y un profundo dolor que no llego a comprender, mientras ella se acunaba la palma de su mano izquierda contra el pecho.

—¿Estás bien?

Ella a duras penas logro salir de su aturdimiento, parpadeo para aclararse la vista y observo desconcertada a sus ojos azules que estaban ahora levemente oscurecidos y su expresión cautelosa y preocupada. Y de repente lo entendió, él había sentido lo mismo que ella, había experimentado su dolor con ella, y la culpa la asalto llenando sus ojos de nuevas lágrimas.

—Lo siento.. lo siento mucho... — balbuceo temblorosa, y con la voz aun mas ronca por las lágrimas.

Ahora Sisyphus si estaba realmente desconcertado, ¿porqué se disculpaba ella?

—No tienes porque disculparte, no has hecho nada malo— aseguro con voz tranquila, borrando el rastro de las lágrimas que dejo en sus mejillas, a él no le gustaba ver a las mujeres llorar.

Ella cerró los ojos atormentada, y al mismo tiempo saboreando la leve caricia en su húmeda mejilla, nadie más aparte de su hermana Agasha la había tocado con amabilidad, y eso la hizo sentir aun más culpable, por su culpa él había sentido su dolor, y ella no podía mentirle, por más que eso ocasionara el rechazo de todos a su alrededor, por lo menos sabía que su hermana mejoraba a cada momento y que ellos protegerían a Agasha si algo llegaba a pasar, pero no podía quedarse junto a ellos porque era demasiado peligroso, todos los que se acercaban demasiado terminaban lastimados.

—Eso... ha sido culpa mía... — susurro con dolor, abriendo los ojos y fijando la mirada en sus ojos azules. —Al tocarme... lo ha sentido... el dolor y... — no pudo obligarse a continuar, cerró los ojos preparándose para el momento en que él se apartaría de ella con disgusto y rechazo.

A Sisyphus le tomo un momento analizar lo que ella había dicho en voz tan baja que casi no llega a oír, luego parpadeo más que sorprendido por sus palabras... ¿Ella lo había causado? Eso no podía ser, pero luego recordó cómo se apartaba de el toque de las personas y la manera en que le temía a la gente, cómo se sobresaltaba si alguien se le acercaba por la espalda. La observo bajo una nueva luz, llegando a la conclusión de que ella no era una jovencita normal, Agasha debía haber visto algo en ella y por eso la había traído con ella. La observo con intensidad, su rostro mostraba resignación y soledad, mientras permanecía con los ojos cerrados y los hombros hundidos. Como si soportara el peso del mundo sobre ellos.

—Lo que experimente, fue lo que tú estabas sintiendo— concluyo con calma. Cuando ella asintió, el continuó. —¿Es por eso que te apartas de las personas? ¿De su toque?

Ella dudo, sorprendida de que él no se hubiera retirado de su lado al instante de saberlo, justo como otros habían hecho, asustados y con miedo. Abrió los ojos y fijo la mirada en aquellas cuencas azules, indecisa sobre que decir. Finalmente, decidió que no importaba lo que dijera, no tenía nada que perder y ya había dejado de esperar cosas de otras personas.

—En parte— suspiro, desviando la mirada hacia los árboles, hacia mucho que no usaba su voz y la garganta le incomodaba un poco. —Yo... se cosas de la gente, al tocarlos o simplemente al estar muy cerca de alguien, si esa personas tiene una vibración más fuertes que las demás puedo recibir vistazos de ellos.

Se quedo en silencio por un tiempo digiriendo la información, luego pregunto con curiosidad sus ojos azules nunca abandonaron sus rostro.

—¿Y también funciona a la inversa?

Ella negó con la cabeza.

—No— soltó otro suspiro.

—¿Pero como sentí lo mismo que tú?— su confusión era obvia. Y las sensaciones no habían sido placenteras, porque el dolor fue tremendo.

—Normalmente, no sucede— intento explicarle ella, volviendo a mirarlo con pena. —Hay ocasiones en que experimento esos episodios, y si alguien me toca y es una persona muy perceptiva puede llegar a tener un atisbo de ello... yo trato de que nadie me toque ni tocar a nadie porque no quiero saber nada de ellos, ni que terminen asustados o lastimados debido a esto.

—Algo debe detonarlo, ¿Estoy en lo correcto?— pregunto seriamente, cuando ella no dijo nada supuso que así era. A él no le molestaba su poder, pero era preocupante sobre todo con lo sucedido con Agasha, y eso le recordó lo que le había pedido antes de que pasara aquello. —¿Me dejarías ver tu mano?

Ella simplemente se encogió de hombros, aunque la tensión volvió a su cuerpo no se resistió cuando él la tomo con cuidado de la muñeca y giro su mano para que la palma quedara hacia arriba. Sisyphus apretó los labios con disgusto al ver la fea quemadura que cubría desde su palma hasta los dedos de color rojo y algo inflamado, solo eso le dijo lo doloroso que fue. Su mirada de intenso azul se enfoco en su rostro.

—La flecha te hizo esto— ella no respondió. Poso sus dedos suavemente por el lugar dañado teniendo cuidado de no lastimara —Pero tú lo sabías, y por eso le impediste a Cinn tocarla, y aun así la tocaste sabiendo lo que te haría ¿No es así?

—No quería que nadie más saliera lastimado... — murmuro apenada, y un poco sorprendida por la capacidad de análisis y percepción de él.

—¿Como Agasha?— al mencionarlo, ella hizo una mueca de dolor y su expresión se volvió sombría. —¿Que le sucedió?

—Eso... también fue por mi culpa... — sus labios temblaron y las lágrimas volvieron a inundar sus ojos. El peso de la culpa y pena la ahogaba. —L-lo siento, no puedo hablar de ello aun...

Él la observo detenidamente, sumando todo lo que hasta ahora le había dicho ella, cuidadosamente repasó la información.

—¿Eres un oráculo?— pregunto él, pensando en la joven que había conocido hacía muchos años atrás, la mujer que luego se había convertido en la esposa de su hermano Ilias y posteriormente en la madre de su sobrino, Regulus.

—¿Un oráculo?— ella frunció el seño confundida. —Jamás he escuchado esa palabra.

—Un oráculo, es por lo general una persona que tiene visiones del pasado, presente o futuro — dijo observándola atento. —Usualmente, esa persona es una mujer.

—Yo... no lo se... siempre pensé que estaba maldita por mi sangre— susurro indecisa. —Que los Dioses me había castigado al darme esta maldición... Por favor... se lo ruego, no le diga a nadie... cosas malas suceden cuando las personas se enteran.

Sisyphus la observo, tratando de descifrar si ella mentía o no, pero la preocupación y miedo en su rostro eran genuinos. Suspiro, no sabiendo que hacer al respecto... tal vez Shion supiera qué hacer con ella, alguna manera de ayudarla. Pero primero debía averiguar quién había herido a Agasha y porque, y que tenía que ver aquella joven con todo eso. Pero ese no era el momento preciso.

—¿Te sientes un poco mejor?

Ella sintió despacio, porque ya los dolores habían pasado, aunque estaba algo temblorosa y cansada no estaba herida físicamente. Luego lo observo dudosa forzándose a mantener la mirada en sus increíbles ojos azules.

—¿Porque eres amable conmigo?— susurro desconcertada cuando él la ayudo a levantarse del suelo con cuidado.

—¿Por qué no debería?— pregunto muy sorprendido.

Noto vagamente que su cabeza apenas alcanzaba a llegarle al pecho, evidenciando lo pequeña que era ella. Por lo que tenía que levantar el rostro para poder verlo a la cara.

—Las personas nunca son agradables conmigo... ¿Porque tú, y los demás son tan amables conmigo?— ladeo el rostro alzando la vista hacia él, frunció el seño. —El odio, la desconfianza, los malos tratos... eso lo entiendo, pero no así la amabilidad... salvo por mi hermana, nadie ha tenido un gesto semejante para mí... yo no soy nada— la confusión era evidentes en su voz, así como en su rostro de elfo.

Sisyphus estaba sorprendido por sus palabras, por su forma de decirlas tan vacía y carente de amor propio... eso le daba una buena imagen de cómo había vivido esa joven frente a él y no era nada agradable lo que se imaginaba. Y por alguna extraña razón, él se sintió protector con ella. Responsable de lo que aquella joven había pasado en su corta vida. No debía ser mayor de catorce, tal vez dieciséis como mucho y ya había debido de atravesar por circunstancias difíciles.

—Todos somos algo, y tenemos un valor incalculable tanto emocional como físico para aquellos que nos rodean— fue lo único que comento él, luego dirigió la mirada nuevamente hacia la palma de la mano de ella, que aun seguía sosteniendo con cuidado entre la suya. —Debemos hacer que Pefko te cure esta herida... ambas, de hecho.

Ella negó con la cabeza frenéticamente, sus ojos abiertos como platos lo miraron con temor.

—No deseo que él me toque... ni ser tocada por nadie más... — susurro ella con un nudo formándose en la boca del estomago ante la perspectiva de alguien más tocándola. Todo en ella se rebelo contra ello. —No quiero saber nada de su pasado o algo parecido... — titubeo, pero finalmente se animo a preguntarle. —¿A ti no te incomoda?— indico sus manos unidas, confundida.

Sisyphus se encogió de hombros despreocupado.

—No realmente... no tengo nada que ocultar ni de qué avergonzarme— dijo simplemente. Sin aires de grandeza ni tampoco desestimando su pasado. —¿Es por eso que repentinamente has dejado de temerme?— la curiosidad era patente en su voz, al igual que en sus ojos azules.

Ella oculto su mirada bajo las pestañas, mientras lo consideraba por un momento.

—Yo... solo he tenido un breve vistazo a tu pasado, lo suficiente para saber que a pesar del poder que esgrimes, no eres un destructor... he visto tus alas doradas, son como las de un ángel— murmuro bajito, sintiéndose un poco incomoda y avergonzada de repente. Hablar con las personas era nuevo para ella, en especial con un hombre y estaba insegura sobre que decir o hacer.

La comisura de su boca se elevo ligeramente al entender por fin el comentario sobre porque ella lo había llamado de esa manera al principio. Curioso que no se le hubiera ocurrido que con su armadura dorada puesta, pareciera un ángel ni que alguien siquiera lo asociaría con uno de ellos ya que su Cloth era de Centauro.

—Mi nombre es Sisyphus, Santo Dorado de Sagitario— se presento formalmente, después de todo ya no eran completos desconocidos. —¿Cuál es tu nombre?

—Aara... mi llamo Aara... — dijo simplemente, mirándolo con timidez por debajo de sus pestañas. Era la primera vez que hablaba con un hombre sin temer que este la agrediera al segundo siguiente.

—Es un placer conocerte, Aara-chan— asintió con la cabeza, encontrando su timidez adorable, no pudo evitar sonreír un poco. Ella de cierta manera le recordaba a Athena-sama cuando la había visto de pequeña por primera vez. —Debes de dejar que por lo menos Pefko te de algo para curarte y que no te quede cicatriz alguna.

Con unas extrañas sensaciones recorriendo su estomago, ella desvió la vista, sintiendo como sus mejillas se calentaban y un apenas perceptible rubor cubrió sus pómulos. No sabía porque él insistía tanto en que fuera curada, era tan extraño.

—I-igualmente, Sisyphus-sama— susurro bajito, aun sintiendo la mano de él rodeando la suya... la calidez de su toque era algo que nunca antes había experimentado con alguien que no fuera Agasha. Decidió que no había nada de malo en acceder a su petición. —Está bien, siempre que él no me toque directamente, puedo aceptar.

Sisyphus estaba complacido, aunque ahora entendía su renuencia a que alguien la tocara seguía habiendo muchas incógnitas sobre Aara que debía resolver tanto por la seguridad de sus compañeros como por la de ella misma. Ya llegaría el momento adecuado de hacer preguntas, pero eso podía esperar a que la joven Agasha despertara. Por los momentos solo se limitaría a continuar con sus actividades.

—Permítete acompañarte de vuelta a la cabaña, es lo menos que puedo hacer— comento él, haciendo un gesto con la mano indico el camino que los llevaría a la casa. Su rostro se suavizo y una pequeña sonrisa toco sus labios mientras sus ojos azules la observaron con amabilidad.

Y una vez más ella desvió la mirada de sus ojos, con temblorosas manos tomo su capa y la coloco de nuevo sobre su cabeza ocultando su cabello negro y con pasos pequeños y suaves comenzó a caminar por el sendero que los llevaría a la cabaña, sintiendo en todo momento la presencia de Sisyphus a su espalda. Y por esa breve caminata se sintió protegida.

Albafika levanto la mirada del rostro de Agasha cuando se abrió la puerta, fijo sus ojos entrecerrados en los recién llegados, que resulto ser la joven y Sisyphus, la vio a ella dirigirse al lugar donde Pefko tenía sus hiervas guardadas y poner el Dondiego de noche en un lado, y aunque ella parecía igual que siempre, él noto algo distinto... pero ¿Que era? Recorrió su vestimenta con lentitud, pero no era eso, la chica seguía usando la misma capa que cubría todo su cuerpo, no había nada notable en su actitud o como se movía... salvo tal vez esa leve soltura que antes no poseía. Y allí radicaba todo, antes cuando la joven entraba en una habitación su andar era tenso y cuidadoso, como un pequeño animal asustado, ahora ella caminaba con más tranquilidad y la postura de sus hombros no estaba tan rígida. ¿Porque ese cambio?

—¿Como ha estado? ¿Algún cambio?— pregunto Sisyphus, deteniéndose a un lado de su compañero pero sin llegar a tocarlo.

El de cabellos azules solo se encogió de hombros, reclinándose contra el espaldar de la silla movió algunos mechones de su cabello fuera de sus ojos antes de contestar.

—Ha estado consiente por poco tiempo, y sigue balbuceando tonterías que no logro entender del todo—justo cuando terminaba de comentar eso, Pefko entro por la puerta ya aseado y con nuevas ropas limpias. —¿Te importaría sustituirme? Tengo algo que hacer...

—Seguro... — dijo Pefko, encogiéndose de hombros.

Albafika le lanzo una mirada penetrante a Sisyphus, clara señal de que quería que Sagitario lo siguiera. Curioso Sisyphus camino detrás de su amigo, lanzo una mirada de reojo hacia Aara, quien estaba sentada en el suelo a los pies de la cama de Agasha, descansaba sus brazos en las rodillas alzadas y sobre estas reposaba su cabeza. Por un momento azul cielo choco con negro azabache, pero ella rápidamente aparto la mirada de regreso a la enferma y los de él volvieron al frente.

Ambos Santos caminaron un buen tramo hasta un arrollo cercano, antes de que Albafika por fin se detuviera; permanecieron en silencio, con el viento moviendo sus ropas y cabellos suavemente. Ya Sisyphus sabía que era lo que su compañero iba a preguntarle así que solo espero a que él hablara.

—Hace poco he sentido tu cosmos alzarse... — Albafika giro en redondo para encarar al castaño, con curiosidad y preocupación.

Sisyphus suspiro, recostándose contra un árbol cruzo los brazos sobre su pecho, y alzo la mirada hacia el cielo azul ya pasado del mediodía, se extendió con todos sus sentidos cerciorándose de que no hubiera nadie en los alrededores, no quería que aquella conversación saliera de ellos dos, principalmente por los muchos problemas que acarrearía para cierta personita de ojos oscuros. Ojos cobalto nunca se desviaron de la figura de su amigo.

—Si, en efecto, hubo un momento en que me vi en una circunstancia extraña, y eleve mi cosmos dispuesto a presentar batalla... —Hizo una pequeña pausan antes de continuar. — Pero las cosas no sucedieron como yo creía— suspiro antes de lanzar una mirada tranquila a su amigo. —He descubierto cosas interesantes a la vez que preocupantes sobre la jovencita que vino con Agasha.

Albafika entrecerró los ojos ante lo dicho, pero se refreno de sacar conclusiones a la ligera, porque si aquella joven hubiera sido peligrosa de alguna manera para ellos o para los demás, estaba seguro de que Sisyphus no la dejaría andar por ahí tan tranquilamente y especialmente no la dejaría entrar en la misma habitación que Pefko y Agasha. Por lo tanto, lo que él hubiera averiguado debía ser importante, tanto así que precisaba de discreción.

—¿Que sabes sobre ella?— interrogo con curiosidad frunciendo ligeramente el ceño.

Sisyphus cerró los ojos, rememorando la conversación con Aara una y otra vez, cerciorándose que no se le olvidaba ningún detalle importante. Luego abrió los ojos y enfoco su mirada sería sobre su amigo y comenzó a relatarle lo sucedido haciendo especial énfasis en que aquello debía permanecer en secreto hasta que pudieran llevar a la joven al Santuario y ante Shion. Y Albafika, compartía la idea de su amigo, pero al mismo tiempo su mente estaba inquieta de que tenía que ver la joven con Agasha y su accidente, como estaba implicada en el.


Bien aquí está la tan esperada continuación xD que algunos querían... La trama empieza a tomar un giro inesperado, y nuestros Santos Dorados no saben bien ni a que se enfrenta... aunque ya se empieza a desvelar un poco de lo sucedido :3

Espero que sea de su agrado y también espero recibir su opinión en forma de Reviews! xD

Saludos! y nos leeremos pronto!