Parecia que alguien habia silenciado a los bosques y a las criaturas que habitan en ella, porque lo unico que podia escuchar era el silencio. Observaba sentada en la espalda de su corcel negro mientras observaba la calma del rio.
Sus ojos azules seguian posados al agua que corria sin algun fin, pero aun asi lo miraba, como si esperara a que algo sucediera, hasta que el sonido de una voz retumbo en su oido, causando un leve susto, causando que sus ojos se cerraran por unos instantes.
-Merida, ¿que estas haciendo?.- Batair se acerco a la figura femenina con prisa. –Se supone que deberias estar con la familia cuando hay invitados.- La seguridad en sus palabras sonaban en cada una de sus palabras.
La chica suspiro con desesperacion, girando su cabeza para mirar a los ojos marrones que la esperaban.
-Bjorn aun duda del afecto que tengo hacia el.- El rubio mordio sus labios mientras su cara severa aun miraba a la pelirroja con seriedad, esperando. –Deberias hablar con el.-.
Merida entrecerro sus ojos mientras asentia con su cabeza, sin expresion alguna en su rostro, acercandose poco a poco al muchacho enfrente de ella.
-Tu no quieres a Bjorn.- Dijo con los labios apretados. –Mi hijo es solo un mal recuerdo para ti.- Apreto sus dientes con severidad mientras el rubio la mal miraba, y eso trajo un fruto, un golpe en el rostro de la femenina, quien solo cerro sus ojos con fuerza al sentir el golpe.
El rubio se dio cuenta de su torpe accion, mirando como la pelirroja ponia una mano en su rostro para sentir las pulsadas del golpe. –Perdoname Merida.- El puso su mano en el rostro de la pelirroja mientras que esta tomaba su muñeca para alejarlo de la misma. –No era mi intencion, solo detesto la manera en que hablas.-.
Merida enarco su ceja para retirarse del lugar, dejando al rubio en la posicion en la que estaba hace un momento.
Era cierto. Para Batair, enterarse de que Merida estaba embarazada de otro hombre, era aterrador y repugnante. Criar a un niño que no era nisiquiera de su sangre, pero su afan de solo estar con ella, obligo a Batair a estar con ella todo su embarazo, aunque ella queria negarselo cuando se entero de la noticia.
Para Batair, Bjorn, el hijo de Merida, era extraño. El no sabia quien era su padre, no conocia a el bastardo, no conocia las mañas o costumbres que pudiera tener el maldito, y el tendria que lidiar con ese problema toda su vida.
La pelirroja llego a paso de caballo lento al castillo, donde habia personas que sus hermanos habian invitado para una reunion, pero, el reino al mando de sus hermanos, para ella era facil no asistir a ese tipo de fiestas, pero sus hermanos insistian en que se presentara, y como se habia hecho costumbre, no podia negarles.
Merida sacudio su vestido un poco y entro por la puerta del salon principal, encontrandose a sus hermanos esperandola y a sus invitados tambien.
-Lamento la tardanza.- La pelirroja regalo una sonrisa simpatica a los del lugar para que perdonacen su tiempo fuera, lo cual funciono, porque todos murmuraban que no habia problema, cosa que le alegro para tomar asiento en la mesa.
Sus hermanos y los invitados retomaron su conversacion con naturalidad, pero solo una persona no estaba participando en la charla.
-Necesito hablar contigo.- Bjorn, el muchacho de cabello marron y ojos azules le murmuro a la oreja de su madre, que estaba junto a el.
-¿De que quieres hablar?.- Merida le murmuro a su hijo con preocupacion, pues su muchachito siempre tenia sorpresas que darle.
-Bien sabes de lo que quiero hablar.- Siguio murmurando pero con mas fuerza, casi apretando sus dientes.
La pelirroja asintio mientras sonreia por la platica, fingiendo el entusiasmo, como si nada hubiera pasado, esa era su clave; en cambio, el castaño se recargo en la silla, suspirando levemente, pensando en como hablaria con su madre. Ella sabia de que lo el queria hablar, solo que trataba de evadirlo.
La cena habia terminado, y los invitados fueron a sus respectivas habitaciones, asi como las mismas majestades.
Merida se encontraba cociendo un tapiz en los cuales aparecian ella y su hijo. Estaba sumamente concentrada en esa actividad hasta que el sonido de una persona tocando la puerta se hizo presente. La pelirroja solo siguio cociendo, temiendo de quien se pudiera tratar.
-¿Mama?.- Bjorn se asomo a la puerta, para luego entrar verificando que su madre estaba ahi.
Ella se volteo a mirarlo, formando una sonrisa. –Pense que dormias.-.
-Ahora que estamos solos, ¿podemos hablar?.- La miro con cierta preocupacion, sentandose en un baul.
Merida suspiro con la fuerza para hacerselo notar a su hijo, para luego asentir, cruzandose de brazos.
-¿Por que dejas que te pisotee?.- Entrecerro sus ojos. –El no es tu esposo, tu no dejas que nadie te pisotee, y mucho menos el.- Se acerco a la puerta para cerrarla, en caso de que alguien viniera.
-¿De que hablas? El no me pisotea.- Merida se acerco a su hijo con una cara burlesca, tratando de fingir que nada de eso pasaba.
-No engañas a nadie.- Torcio sus labios con fuerza. –Vi que te golpeo,¿lo ha hecho antes?.-.
-Mi amor, solo fue una vez.- La madre puso una mano en el rostro de su hijo, acariciando su mejilla. –No volvera a pasar, lo prometo.- Sus ojos comprensivos jugaron juego con la hermosa sonrisa de su madre.
Merida asintio y se fue acercando a la puerta, pero la voz de su hijo la detuvo.
-¿Que diria mi padre?.- Sus intensos ojos azules miraron a su madre, quien se tenso al escuchar esa palabra en especifico.
-¿Que tiene que ver tu padre con todo esto?.- Merida se tenso mas, apretando duro la manija de la puerta, girandose a ver la cara de su hijo, que la miraba con curiosidad.
-Dijiste que el era bueno, y por la forma en que alguna vez me lo contaste, tal vez no sea un completo cretino.- Bjorn evito el contacto visual con los ojos severos de su madre que lo mal miraban.
-¡Oye! No te crie de esa manera. El es tu padre, y, aunque no este aqui, siempre debes estar orgulloso.- Su madre asintio enarcando sus cejas, advertencia de que se estaba molestando.
-Entonces, ¿Por que jamas he podido verlo entonces?.- Los ojos tristes del muchacho se quebraron con su voz. A veces, desde que era muy pequeño, se preguntaba como era su padre, ¿como seria su voz, su rostro, ¿como era el?. Su madre, tratando de ser mas comprensiva, solo dijo algunas cosas, pero le explico que habian personas que solamente no se debian juntar, lo que lo dejo perplejo.
-Bjorn.- Merida suspiro con tristeza. –Ya basta.- Corrio con los brazos abiertos para abrazar a su hijo, comprendiendo la necesidad que ahora sentia. Ella tomo la cara de su hijo, e hizo la mirara. –Hemos sobrevivido 15 años sin el. Basta de sufrir por alguien que no conoces- La mujer abrazo mas fuerte a su hijo, el escondiendo su rostro en el cuello de su protectora madre con ternura.
-.-.-
La mano feminina estaba en la mano de la masculina. La mano de Eyra estaba siendo inspeccionada por la mano de su padre, quien observaba detenidamente el anillo de compromiso en su dedo.
Una sonrisa se formo en el rostro de Hipo con ternura. –Felicidades.- El castaño le menciono con suavidad a su hija, quien estaba por dar un gran paso en su vida, solo que no todo era felicidad, pues habian detalles que a Hipo le preocupaban aun.
-Gracias.- Eyra miro su anillo y torcio su boca en una sonrisa apretada. –Pero, me gustaria que no fuera muy pronto la boda, es que no me siento lista.- La joven rubia temblo un poco por la idea de este proceso que nunca penso que ocurria en un momento de su vida.
-No deberias preocuparte.- Le sonrio con dulzura. –Yo a tu edad tambien estaba pensando en el compromiso, y tu abuelo me hablo de eso.- Su sonrisa casi se borra de su rostro al pensar en su padre, quien habia fallecido por la vejez, a el le hubiera encantado ver esto. –Tu madre tambien estaria orgullosa.- El castaño se levanto de su silla y abrazo a su hija quien ya tenia los brazos preparados. –Te quiero.- Le susurro, dandole un beso en la mejilla.
-Yo tambien.- Sonrio por el abrazo paterno que siempre la tranquilizaba.
-Vas a ser muy feliz Eyra.- Camicazi le regalo una gran sonrisa a la joven rubia, que la miraba con odio aun.
Camicazi llego a la vida de Hipo unos años antes. Era una mujer rubia, lider de una tribu vikinga de solo mujeres. El, como siempre lo habia hecho, solo la busco por placer, pero hubo un repentino accidente, ella estaba cargando a su hijo, que murio al nacer, y ahora, ellos estaban comprometidos, y la rubia mas vieja, esperaba el primer hijo de ambos.
-Claro.- Eyra rodo los ojos. Ella solo habia aceptado a Camicazi porque llevaba al hijo de su padre, su ''hermano''. Fue dificil para ella, pero su padre se habia vuelto mas severo con ella cuando se comportaba de esa manera.
-Seras una hermosa novia.- Camicazi siguio parloteando, cosa que molestaba a Eyra cada vez mas, para ella esta mujer era insoportable.
Hipo solo miraba la escena, pero su mente estaba en otro lado. La verdad, era que odiaba con todo su corazon al prometido de Eyra, el se portaba muy bien con ella, pero era un completo idiota, era fuerte por supuesto, pero seguro que solo estaba con ella para tener el mando de la tribu, cosa que no dejaria que pasara en un millon de años.
Para salir del trance, Camicazi le dio un ligero golpe en el hombro con una sonrisa. Hipo le devolvio la misma sonrisa y poso una mano en su vientre.
