Hola chicos y chicas traigo la conti de este ffc xD

Mil disculpas por tardar tanto en actualizar, pero es que mudarse de un país a otro y luego de casa en dicho país, es estresante y te quita bastante tiempo... bueno, ya estoy de vuelta, pero sigo algo ocupada con cosas en mi vida diarias asi que no se cuando podre postear otro capítulo U_U

Muchas gracias por sus reviews! me alegro de que hasta ahora les guste este ffc =D

ACLARO: los personajes de SSTLC no son míos, son de Masami Kuramada y Shiori Tenshirogi... sin embargo la trama es completamente de mi invención xD

Cinn tambien es todo mio. :3

Igual que Aara.

Disfrute y espero mas reviews!


Capítulo 5

Mientras Sisyphus y Albafika patrullaban los alrededores, comentando la situación que tenían entre manos, Pefko chequeaba los signos vitales de Agasha, mientras Aara, sentada al lado del camastrón en el suelo recreaba en su cabeza la conversación que había tenido con Sisyphus hacia unas horas ya. Por más que trataba de entenderlo, no lo conseguía... Su amabilidad y comprensión para con ella, de cierta forma era igual que la primera vez que se había encontrado con Agasha, hacia unos años atrás. Era tan desconcertante. Aunque estaba segura de que él, junto con el joven de largos cabellos azul buscarían respuestas pronto, más pronto de lo que ella pensaba, no sabía cómo aproximarse al punto sin ponerlos en peligro a todos.

Y el solo hecho de tener que contarles la historia le daba arcadas y las entrañas se le retorcían, en un nudo feroz. En protesta. Pero eventualmente, pensó tétricamente para sí, ellos se enterarían de lo que era ella y lo que podía hacer. Entonces, no serían tan misericordiosos, justo igual que los demás. Suprimió un escalofrío de terror ante el mero pensamiento, pero esperaba para ese momento estar lejos de todos, aunque la matara perder a Agasha, era mejor así… si se quedaba cerca eventualmente saldría herida, peor que en ese momento y no habría nada que la pudiera salvar. No esa vez.

Pefko estaba ajeno a los oscuros pensamientos que predominaban en la joven. Satisfecho con el progreso de su mejor amiga, se giró y comenzó a contar las plantas y medicinas y brebajes que debía ir a llevar al pueblo para los heridos y enfermos, una tarea que había continuado haciendo a pesar de que su maestro no estaba ya entre los vivos. Una vez reunido sus cosas en una bolsa, se dirigió a la joven muda, que parecía perdida en sus propios pensamientos.

—Disculpa... debo ir al pueblo a atender a los aldeanos... ¿Cuidarías de Agasha por mí?— aunque no era necesario preguntarlo, ya que Pefko estaba seguro de su devoción hacia la joven en la cama, igual se encontraba en la necesidad de preguntarle. Aunque fuera solo por cortesía.

Aara fue sacada de sus profundas cavilaciones por la voz amable de Pefko, sus ojos lo observaron en silencio, luego asintió solemnemente, haciéndole saber estaba de acuerdo. Pocos minutos después el joven se había ido de la cabaña. Y por fin, ella pudo relajarse casi por completo. Con nadie cerca para vigilarla y con el peligro de que alguien llegara a tocarla, Aara por fin dejo caer la máscara que tan acostumbrada estaba a cargar todo el tiempo que alguien andaba a su alrededor.

Suspiro con cansancio, mientras sus tristes ojos se posaban sobre su mejor amiga y hermana. Como deseaba haber recibido esa flecha maldita ella, para quien originalmente estaba segura iba dirigida. Pero igual que siempre, las personas que la rodeaban terminaban manchadas con desgracias y muerte. Si no hubiera sido por las personas que su hermana conocía, ella no hubiera podido ser salvada, en especial con el mortífero veneno que corría por la flecha negra y que se había internado en su cuerpo.

Casi matándola en el proceso.

Sofoco un sollozo que emergía por su garganta, y las lágrimas que anegaban sus ojos. Estaba tan cansada, que su único deseo era cerrar los ojos y no volverlos a abrir más nunca. Pero Agasha la necesitaba en ese momento, solo ella podía sentirlos si se acercaban y estaba segura de que ellos nunca ignorarían a la de ojos verdes por haber ayudado a escapar de su próximo confinamiento. Se estremeció ante el solo pensamiento, y rápidamente bloqueo los pensamientos que se dirigían hacia ese vacío hoyo negro.

Un movimiento por el rabillo de su ojo la saco de sus terroríficas cavilaciones, y cuando levanto la mirada alarmada observo que Agasha se intentaba levantar de la cama. El corazón de Aara tamborileo como loco en su pecho, antes de levantarse velozmente y con sus manos tratar de empujar a la joven de regreso a una posición totalmente horizontal.

—¡No! ¡No debes moverte!

—A-albafika-sama…!

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Agasha estaba en una neblina intensa de dolor y ardor al mismo tiempo, sentía como si su cuerpo fuera desmembrado pieza por pieza y nada parecía detenerlo. Al mismo tiempo, era como si ella se quemara por dentro, como si cada fibra de su cuerpo estuviera expuesta al fuego del mismo volcán... todo a su alrededor era de un intenso negro, no había luz. Era como un vórtice hacia la nada y eso la aterrorizaba.

Pero lo peor era que no podía moverse.

No importaba cuanto gritara, por misericordia, perdón o la muerte, no importaba. No podía forzar a su cuerpo a obedecerla. No sabía cuánto tiempo había transcurrido en ello, cuánto tiempo llevaba en el infierno... porque no encontraba otra palabra que lo describiera mejor que esa.

Por lo que le pareció días y noches, años, grito a todo pulmón, el nombre de la única persona que la podía salvar, al que anhelaba estuviera allí con ella, a su lado. Eventualmente no pudo pensar en nada más allá del dolor que su cuerpo sentía, sus memorias y sentimientos desaparecieron hasta que solo quedo aquello que la rodeaba fuera lo que fuera… Nada importaba solo que aquella tortura se detuviera.

Solo quería respirar sin sentir que se quemaba viva.

"Dioses… por favor que se detenga…" era lo único que podía formar en su mente, desesperada.

Pero nada sucedía, hasta que luego de mucho tiempo, escucho algo... en su estado de parálisis, y dolor no pudo diferenciarlo en un principio. Era sumamente esporádico.

Pero poco a poco, algo fue penetrando en su estado de continuo dolor y sufrimiento. Una voz suave pero con una cadencia fuerte, única... estaba segura de que ella la había oído en algún lado con anterioridad, pero no podía recordar bien donde... sus pensamientos demasiado rotos para formar algo muy coherente… por un momento pensó que por fin había perdido la cordura y se había vuelto loca… por fin dando la bienvenida al dolor que había sido su compañero por una cantidad de tiempo inmensurable, la única constante en su vida. Pero algo dentro de ella lo negaba, había algo más…

¿Realmente lo había?

Nada tenía sentido…

"¿Quién eres?... ¿Quién soy yo?... ¿Soy algo?... ¿Porque existo?... ¿Existo?" sus pensamientos descoordinados y confusos, no se detenían ni una sola vez para formar una respuesta meramente coherente, lejos una respuesta en concreto.

Solo venían preguntas.

Y más dolor.

Siempre dolor.

Para el momento siguiente en que su mente volvió a formular preguntas que realmente nunca volvía a recordar, estuvo allí. La misma voz de antes, pero a Agasha le tomo un poco de tiempo en reconocer que algo más estaba ahí- ¿Donde era ahí?... ¿Había un ahí?... pero de nuevo se sumió en la oleada de dolor que tan bien conocía, por primera vez dándole la bienvenida como una adicta, no queriendo saber nada. Solo quería olvidar. Pensó que si se alejaba en una marea de dolor, esa voz desaparecería.

Pero no fue así.

La voz regreso, y esa vez un poco más fuerte que la vez anterior. Nunca decía nada en concreto… o si lo hacía, ella no tenía la más remota idea de que eran las palabras que pronunciaba. ¿Porque eran palabras... o no lo eran?... estaba tan confusa, pero de algo si estaba casi segura, era de que siempre era la misma voz la que hablaba… suave y fuerte al mismo tiempo, y esa cadencia le causaba dolor. Si, dolor. Pero no era físico… era un dolor distinto que no comprendía del todo, pero que sabía estaba allí.

Agasha quería gritar en furia, gritarle que se marchara y la dejara en paz en su pequeño mundo de dolor, uno que conocía y que no causaba tanto martirio y profunda agonía como aquella sensación tan destructiva que esa cadencia le provocaba. Quería revolverse y arañar como un animal salvaje… no segura ya de que era ella… pero el solo hecho de intentar moverse disparaba la agonía por sus entrañas, y eso la acercaba un poco más hacia el borde de la locura.

Eventualmente, se repetía… forzándola a volver al mundo consiente, donde el dolor predominaba, pero poco a poco fue notando que el punzante dolor agudo con el que había convivido desde siempre, que ella pudiera recordar, aquel compañero fiel que nunca faltaba… ahora lo sentía menos, en un principio fallo en notarlo, tan acostumbrada a su constante presencia… pero en una de las ocasiones en que ella emergió… ya no lo sentía igual que antes, la intensidad no era la misma.

Y eso la aterrorizo… porque no sabía que estaba sucediendo. Ni que sería de ella.

Cada vez, la voz se hacía más clara y el dolor iba disminuyendo, igual que la inmovilidad de su cuerpo, que por tanto tiempo había estado paralizado por una fuerza invisible. Hasta que llego a un momento en que su conciencia empezó a resurgir de nuevo… entonces supo que ella conocía la voz que le hablaba… y eventualmente, también empezó a oír otras, aunque un poco más lejanas.

Pero solo la primera voz, la que era suave y poderosa al mismo tiempo, era la única que calmaba de alguna manera el tumulto de pánico y emociones descontroladas que la recorrían cada vez que se acercaba a un estado más consiente.

Y Agasha se encontró más pendiente de esa voz, tratando de descifrar sus palabras, su significado. Aunque era la misma voz de siempre, ella comenzó a notar que no siempre hablaba con el mismo tono, las mismas emociones… sentimientos. Cuando ninguna otra estaba presente, su tono dirigió a ella, porque por alguna razón estaba segura de que sus palabras iban dirigidas a ella, eran suaves y cadenciosas, con una nota solitaria que la entristecía de sobre manera. Aunque no sabía porque… pero todo en ella quería ir a ese lugar donde estaba la persona que le hablaba y decirle que todo estaría bien, abrazar y confortar de cualquier manera que ella pudiera.

Era un ansia tan grande que poco a poco, Agasha se encontró acercándose más hacia la superficie de su confinamiento. Ansiando esa voz a cada segundo, con cada respiración que tomaba. Con cada fibra de su ser.

Lo siguiente que supo fue que en vez de estar viendo fijamente a la nada, a la oscuridad, estaba observando madera. Un techo de madera. Una cabaña, le dijo su subconsciente. Desenfocada, y totalmente desorientada sin saber dónde estaba o con quien, sintió resurgir el pánico y el miedo, junto con un dolor en su cuerpo, no prestando atención a su alrededor, se levantó temblorosamente sobre sus manos y codos intentando erguirse y salir del camastro y encontrar a esa persona, a la persona a la cual le pertenecía esa voz tan única.

—¡No! ¡No debes moverte!

La voz era ronca y femenina, alarmada, pero a Agasha no le importo, mientras sentía las manos de esa mujer intentar empujarla hacia abajo, hacia la cama, el pánico la domino y separo sus labios para gritar, pero de ellos no salió nada más que un nombre estrangulado.

—A-albafika-sama…!

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Aara se dio cuenta de que ella estaba desorientada y en pánico, signos que ella ya conocía de primera mano, habiéndolo experimentado casi toda su vida. Sus ojos verdes estaban dilatados y oscuros, casi negros, y no había indicio de que Agasha la reconociera… intento alargar una mano para intentar calmarla pero su hermana se retiró bruscamente de su toque, y ella lo entendió… su hermana en ese estado solo aceptaría que una persona la tocara, y esa no era ella.

—Espera aquí por favor… yo iré por él… — Aara le rogó, mientras se levantaba por completo del suelo y se daba la vuelta para correr fuera de la cabaña.

Sus pasos apresurados, y su prisa por encontrar al joven de cabellos azul presionaba en ella, sus sentidos le indicaban por un camino y sin pensarlo mucho lo tomo corriendo a todo lo que sus cortas piernas le permitan, tropezando frecuentemente, se raspo las rodillas y los antebrazos, pero no le dio importancia, ella debía encontrarlo. Por Agasha.

Corrió entre el bosque por lo que le pareció una eternidad pero que en realidad fueron unos minutos, hasta que por fin los encontró. Atravesando unos matorrales entre dos árboles dio con los dos Santos Dorados. Pero el impulso la catapulto hacia adelante, terminando a gatas sobre la dura tierra y sin respiración… su capucha ya no cubría su rostro, pero sus largos mechones castaño oscuro estaban desparramados a su alrededor, dificultándole la vista de lo que le rodeaba. El latido atronador de su sangre en los oídos y la traspiración, junto con la preocupación y alivio que sentía, todo en un cumulo de emociones y sensaciones, era mucho para ella.

Quería llorar, gritar, reír… todo al mismo tiempo.

—¿Estas bien? ¿Sucedió algo malo?

Sisyphus y Albafika se encontraban regresando a la cabaña con calma, ambos en silencio y cada uno perdido en sus propios pensamientos. Cuando ambos se tensaron al percibir una presencia que se aproximaba a ellos con prisa. Los dos intercambiaron una mirada silenciosa, y extendieron sus sentidos cuidadosamente, tratando de establecer quien era y si era peligroso. Pero la presencia era elusiva y no podía tener una vista clara de ello.

Pero súbitamente de entre los arbustos una pequeña figura se salió despedida, aterrizando torpemente sobre rodillas y manos en la tierra a unos metros de ellos. El sol del ocaso ya casi oculto del todo, apenas dejaba algo de visibilidad, lo que les permitió ver largos mechones de cabello oscuro y unas manos vendadas.

Sisyphus la reconoció de inmediato, y sin pensarlo mucho se apresuró a su lado, preocupado por ella, y por lo que pudiera haber pasado para hacerla correr de esa manera… ¿Agasha se había puesto mala de nuevo? ¿O alguien los habría agredido?

—¿Estas bien? ¿Sucedió algo malo?— la tensión palpable en su voz, vagamente registro a Albafika parado a su lado. Él se encontraba arrodillado al lado de la joven y tentativamente extendió una mano hasta posarla en su hombro.

Aara estaba temblando, intentando controlarse, pero al oír su voz, elevo su rostro sorprendía, y desconcertada, trabó su mirada oscura con los brillantes ojos azul que la observaban alerta, por un segundo ella solo lo miro perdida, pero rápidamente noto que él no estaba solo, sino con la persona a la que ella había ido a buscar. De inmediato elevo la mirada hasta dar con los mortíferos cobaltos, que en ese momento la estaban penetrando con su intensidad.

—Es… Agasha… — él la intimidaba de sobre manera, y ella aún tenía que recuperar la respiración, pero se forzó a proseguir al ver como la mirada del hombre de cabellos azul se oscurecía peligrosamente, su temor se tornó en miedo. —Esta despierta…

Albafika sintió su corazón saltarse un latido al pensar que algo pudiera haberle pasado a la joven de ojos verdes, y la furia ardiente recorrió espesa en sus venas, mientras fijaba su mirada en la mujer a sus pies. Sabía muy bien que ella le temía, pero en ese momento no podía importarle menos, solo la joven en la cabaña importaba… al escuchar lo siguiente, que ella estaba por fin despierta, su único pensamiento fue llegar a ella, ver con sus propios ojos que era verdad y no otro más de sus sueños.

Se dio la vuelta, empezando a dirigirse hacia el lugar donde la castaña se encontraba, pero la joven encapuchada lo interrumpió de nuevo.

—Por favor, espere… —Aara debía advertirle, de lo contrario no sabía que sucedería si él no procedía con cuidado. —Ella… no se encuentra del todo consiente… a lo que me refiero es que no sabe que ha sucedido ni donde esta… no reconoce a nadie… — bajo la mirada hacia sus manos vendadas y llenas de nuevos cortes, forzando al nudo que tenía en la garganta a bajar. —P-pero… — no pudo evitar tartamudear, elevo la mirada hasta dar con su espalda, él no se había girado a encararla. —Ella le llama… fue su nombre el que pronuncio al despertar…

Albafika solo asintió imperceptiblemente, antes de marcharse deprisa por el camino, entre los árboles. Desapareciendo en la oscuridad de la noche.

Todo se quedó en silencio, luego de que el Santo de Piscis se marchó, salvo por los leves ruidos del bosque y la brisa nocturna. Aara esperaba que todo fuera bien entre ellos…

—Sera mejor que les dejemos algo de tiempo antes de regresar— comento Sisyphus, pensativo, observando el camino por el que Piscis había ido.

Ella volvió abruptamente a la realidad, dándose cuenta de que él aún estaba allí con ella. Rápidamente giro e inspiro bruscamente al darse cuenta de que sus rostros estaban muy cercas, su proximidad la turbo y giro nuevamente el rostro lejos, intentando levantarse del suelo para poner algo de distancia, pero sus miembros temblorosos no le respondieron. El cansancio, se dio cuenta, era el cansancio de los días anteriores, más la preocupación por Agasha y la constante seguridad de que las estaban siguiendo… todo se había acumulado y ella simplemente estaba segura de que su cuerpo no aguantaba más presión.

Ella solo deseaba descansar…

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Agasha se encogió todo lo que su cuerpo cansado y sin fuerzas le permitió en la esquina contra la pared, sobre el camastro en el que había estado acostada previamente, su mente desorientada trataba de encontrarle sentido a lo que la rodeaba y no dejarse dominar por completo por el miedo… ¿Dónde estaba esa voz? ¿Por qué ella estaba allí? ¿Quién había sido la joven que estaba con ella?...

Sus manos estaban contra su rostro, los ojos fuertemente cerrados… no quería estar aquí sin esa voz… súbitamente fue consiente de alguien en la cabaña, y pensó que sería la joven que anteriormente había estado allí, o peor alguien más que no conociera… no quería mirar.

Solo lo quería a él.

Suprimió un chillido de miedo al sentir el camastrón hundirse un poco, clara señal de que esa persona estaba sentada en ella, muy cerca.

Albafika se detuvo justo fuera de la puerta de la cabaña, dudando por un segundo que hacer… las palabras de la joven reverberaban en su mente… cerro los ojos y con una respiración profunda, abrió silenciosamente la puerta, su vista rápidamente se acostumbró a la oscuridad y por fin pudo verla. Sus largos cabellos castaño medio desordenados caía por sus hombros, sus manos cubriendo su rostro, mientras se encontraba acurrucada contra la pared en una esquina encima del cama, su largo camisón blanco solo acentuaba la palidez enfermiza de su piel, antes ligeramente tostada. Su corazón se oprimió dolorosamente ante la visión que tenía ante sus ojos, con cuidado de no hacer ruido se acercó y tomo asunto cerca de ella en el camastrón, pero sin tocarla.

Y con calma y suavidad le hablo.

—Käresta… — la llamo en su lengua materna, viendo como su forma se tensó al oírlo pero seguidamente se relajó, y poco a poco levanto el rostro de su escondite detrás de sus manos.

Sus grandes ojos verdes, se anegaron de lágrimas contenidas, cuando su mirada dio con el ser más bello que hubiera visto, largos cabellos azul, piel pálida y ojos color cobalto, que la miraban con ternura y preocupación. Su corazón se saltó dos latidos, para a continuación iniciar un galope descontrolado. Ella lo conocía.

—Käresta, estas a salvo… ¿Me reconoces?— Albafika repitió con voz suave, observando su rostro en forma de corazón, por algún indicio de miedo o desconfianza. Su propio corazón se apretó ante el pensamiento de que ella lo hubiera olvidado, pero sus sentimientos no importaban en ese momento, solo ella.

Agasha tembló al oír su voz nuevamente. Si él era la persona que ella buscaba, por la que había vuelto al mundo consiente, la voz que la mantenía calmada y había evitado que se perdiera en un mundo de dolor y locura.

Albafika.

Su Albafika.

Separo los labios temblorosamente, intentando decirle que sí que ella lo reconocía, pero de ellos solo salió un pequeño sonido, mezcla entre sollozo y su nombre. Mientras, las lágrimas se derramaban por sus mejillas, como cascadas sin freno.

—A-albafika-sama… ¡Albafika-sama!— Agasha no supo cómo sucedió pero, su cuerpo se movió por voluntad propia y lo siguiente que supo fue que ella lo estaba abrazando con su rostro bañado en lágrimas enterrado en su cuello, donde latía su pulso firme y cálido. Mientras sus fuertes brazos masculinos la rodeaban, encerrándola en un círculo de calidez y protección.

Ahí en sus brazos, Agasha sentía por primera vez, que todo estaría bien.


Bien aquí está la tan esperada continuación xD!

Aclaraciones:

Käresta, es una palabra suiza que significa: Dulzura, en Ingles seria: Sweetheart.

Él la llama así de forma cariñosa, pero nadie sabe que significa. Obviamente aparte de Albafika xD

Espero recibir su opinión en forma de Reviews! xD

Saludos! y nos leeremos pronto!