Fuera estaba lloviendo como nunca antes había llovido. Las alcantarillas no daban abasto y debido al viento, la gente había ignorado los paraguas y corrían por la ciudad en busca de refugio mientras atendían sus quehaceres diarios.
John Watson estaba en casa, tecleando en el ordenador borradores para el blog, de vez en cuando miraba por la ventana para comprobar si sería necesario tapiarlas de algún modo para que no entrara agua en la casa y otras veces, miraba a Sherlock.
El detective estaba tendido en el sofá mirando el techo. Se había remangado las mangas de la camisa y tenía el brazo izquierdo con tres parches de nicotina. Estaba muy aburrido. Sin ningún caso y sin poder usar el laboratorio debido a que su brazo escayolado se lo impedía.
—¿Qué escribes? —preguntó Sherlock al rato incorporándose en el sofá y mirándole.
—De todo un poco —le respondió con una sonrisa.
—¿Estás escribiendo sobre nosotros? —preguntó haciendo un énfasis en la última palabra para aclarar que se refería a la relación y no al equipo que formaban como detectives.
Watson asintió vagamente. Era cierto, estaba escribiendo una larga entrada donde explicaba las citas desastrosas dando su dulce opinión, sin ofender al detective. Cuando quiso darse cuenta, el susodicho estaba detrás.
—¿Vas a publicarlo? —preguntó en el oído de John.
El médico cerró los ojos mientras notaba como el vello de su nuca se erizaba.
—No tiene porque… Es algo nuestro, ¿no? Solo es un borrador —murmuró.
Sherlock sonrió.
—Exacto —susurró, luego depositó un beso en el cuello de John, justo detrás de la oreja —. No quiero que la gente intente separarnos.
John, que se había quedado temblando por la acción del detective se volvió.
—¿Te preocupan que los fans nos separen? —preguntó.
El detective sonrió con incomodidad. Agarró el rostro de John por al barbilla con el brazo que tenía escayolado.
—Me preocupa perderte. Por lo que sea, me preocupa perderte.
Watson sonrió de medio lado, se acercó a él y le abrazó por la cintura. Desde la caída de la bici, desde el beso, Sherlock había actuado mucho más dulce que hasta entonces. Por las noches le abrazaba como si fuera a irse en algún momento, repetía los besos siempre que lo veía prudente y participaba en las charlas de John cuando le hablaba de lo sucedido en la clínica.
Sherlock se separó un poco y apoyó su frente contra la del médico.
—No te he pedido perdón —le dijo muy serio.
—¿Perdón? ¿Por qué?
—Por las tres citas tan desastrosas a las que te he llevado.
Watson sonrió.
—Te he dicho que no tienes porque disculparte, al fin y al cabo es como he descubierto tu faceta romántica.
—¿No consideras las citas un fiasco? —preguntó dirigiendo los ojos al ordenador.
John cerró la pantalla del portátil y le miró.
—Son pruebas, y las pruebas a veces tienen malos resultados. O al menos, resultados inesperados —le dijo sin perder la sonrisa.
Sherlock sonrió de medio lado, le dio un pequeño beso en los labios y se separó de él rumbo a la cocina. La nicotina le había dado hambre.
—Me alegra saber que te gusta besarme —le dijo John acercándose a él.
—He descubierto en el beso una sensación muy satisfactoria. Además la química de mi cerebro se altera de una manera bastante placentera a decir verdad.
—Entonces, me sentiré agradecido.
—Deberías —dijo Sherlock mientras sacaba un yogurt caducado de la nevera dispuesto a comérselo.
John rió mientras le cogía el yogurt de las manos y lo lanzaba a la basura.
—Oye, ¡que me iba a comer eso! —se quejó.
—Anda, llamemos al chino o a la pizzería —pidió divertido.
—Pero… La lluvia…
—Haremos que el repartidor se gane una generosa propina —le dijo con una sonrisita.
El detective sonrió y regresó al salón. Se sentó en el sofá de tres plazas y puso el televisor. No vería mucho pero al menos el ruido rellenaría los huecos de su cerebro.
John Watson hizo el pedido y fue al sofá con Sherlock.
—Tardarán un poco en venir debido a la lluvia pero lo harán —le dijo mientras se sentaba.
—Bien… Deberíamos de entretenernos con algo —le dijo Sherlock mirándole.
—No pienso sacar el Cluedo si es lo que vas buscando —le dijo Watson muy serio.
—No pensaba en un juego de mesa… —comentó Sherlock mientras ponía su mano izquierda en el interior del muslo derecho de John —. Llevo meses de lecturas y prácticas conmigo mismo y creo que va siendo hora de mostrarte lo que he aprendido a hacer.
John miró a Sherlock enarcando una ceja. Eso acababa de ponerle el pulso a cien, pero mantuvo la compostura.
—¿Y el repartidor…?
Sherlock se levantó apresuradamente, buscó su cartera y sacó de ella 50 libras en billetes de diez.
—¡Señora Hudson! —exclamó.
—¿Sí, Sherlock? —dijo la mujer.
—Voy al piso de arriba a practicar con John una cantidad de cosas sin sentido, ¿podría pagar con lo de la mesa al repartidor? Déselo todo, hace un día de lluvia se merece una buena propina.
John rojo como un tomate, se levantó y fue veloz al piso superior para no pasar tanta vergüenza.
—No te preocupes Sherlock —le dijo la mujer sonriendo —. Y suerte.
—Gracias señora Hudson —dijo antes de subir las escaleras de dos en dos para encerrarse con Watson en la habitación de este.
¡Y hasta aquí el fic! ¡Ah! ¡Ya acabó! Fue corto, lo sé, lo sé, ¡pero debía de ser así! Espero que os hayáis reído con ellos y hayáis amado a Sherlock tanto como lo he hecho yo :D Gracias por los comentarios y sobretodo, por leerlas :D
PS: Aunque un comentario tampoco cuesta nada... Que no os cuesta dinero y a mi me hacéis una personita feliz :D
