Hola chicos y chicas traigo la conti de este ffc xD
Mil disculpas por tardar tanto en actualizar, Lo siento, lo siento, lo siento! U_U
Muchas gracias por sus reviews! Sus palabras me inspiran y me ayudan a continuar cuando siento que mi musa se escapa por una ventana xD
En especial agradecimientos a: arcangel-agael, e Inu-chan, quienes fielmente me han dejado sus Reviews desde el principio, y realmente valoro mucho la opinión de todos ustedes! Cada vez que recivo una contestacion a mi FFC me emociono y siento que el corazón se me sale por la boca! De verdad muchas gracias por su apoyo y espero que les guste este capítulo! :D
CLARO: los personajes de SSTLC no son míos, son de Masami Kuramada y Shiori Tenshirogi... sin embargo la trama es completamente de mi invención xD
Cinn tambien es todo mio. :3
Igual que Aara.
ADVERTENCIA: Baja moral personal. Leer con discreción.
Disfrute y espero mas reviews!
Capítulo 7
La noche paso con increíble quietud. Nadie comento nada de lo sucedido ya sea porque estuvieran cansados o por alguna otra desconocida razon. Fue un acuerdo mudo el dejar pasar los acontecimientos por el momento, ya habría oportunidad de aclarar las cosas, y saber por fin y a las claras que era lo que estaba sucediendo.
Porque si algo sabían hasta ahora era que Aara se negaba a hablar de ello hasta que Agasha se recuperara, y no fue sino hasta dos días después de que la joven de ojos verdes despertara que se sintió con energías y emocionalmente algo más estable que ella decidió enfrentar a los otros.
Luego de tanto descanso y siendo solamente atendida por el santo de Piscis, Agasha había recuperado algo de control en su mente y emociones, se había orientado un poco en el lugar en el cual se encontraba residiendo esos instantes. Había visto muy brevemente a los otros, pero por orden de Albafika ellos habían mantenido su distancia, respetando su espacio.
—¿Estás segura de ello?— la voz calma pero algo preocupada de Albafika resonó en la habitación que solo era ocupada por la chica y el, los demás se encontraba fuera o en la otra sección de la cabaña.
Su mirada verde, se desvió de la ventana que daba al jardín donde florecían unas bellas flores, y se centraron en los magníficos ojos azul cobalto de el joven, que la observaban como un halcón en busca de duda o incertidumbre sobre lo que iba a enfrentar en los próximos minutos, su preocupación era enternecedora y la llevaba de un calor interno que ayudo a tranquilizar un poco los nervios internos de enfrentarse a todos los demás habitantes de la cabaña.
Pero era algo que debía hacer.
—Sí, Albafika-sama... es hora, ya lo he aplazado suficiente— su voz aun sonaba algo ronca por la falta de uso, pero era igual de dulce que siempre. —Además estoy segura de que han esperado mucho por respuestas, y ya perdimos suficiente tiempo con mi enfermedad.
Albafika frunció el ceño un poco, sabía que ella tenía razón pero eso no evitaba que quisiera envolverla en una nube de algodón de seguridad para protegerla, luego de lo que había pasado y de su casi muerte, el de cabellos azul estaba algo reacio a dejarla hacer cualquier cosa, y la carga emocional que supondría el rememorar lo sucedido, podría causarle una recaída y eso era algo que él quería evitar a toda costa, pero ella era terca y no se dejaría convencer de lo contrario.
Soltando un suspiro, pero aun no de acuerdo con la decisión de ella asintió.
—Está bien, se hará como tú quieras.
Agasha rio un poco, ante su obvia reticencia a dejarla enfrentarse a los demás.
—Albafika-sama estará a mi lado, por eso no tengo nada que temer— fue su respuesta, su sonrisa tranquila y suave calmo un poco las preocupaciones del joven santo dorado, pero no del todo.
—Aun creo que deberías tomar unos días mas de descanso, pero siempre has sido una chica bastante testaruda— murmuro el de ojos cobalto, cruzando los brazos sobre su ancho pecho, mechones de cabello azul claro como el cielo en la mañana se deslizaban por su espalda atados en una coleta baja, sus ropas eran una camisa blanca y pantalones y botas negras.
Agasha volvió a reír al oír su comentario, esta vez sus ojos chispearon con diversión y travesura.
—Bueno si no fuera así, Albafika-sama seguiría evadiéndome eternamente— vatio sus pestañas coquetamente, recuperando un poco de su anterior carácter.
Albafika no pudo evitar que una sonrisa suave tocara sus labios, la joven tenía razón, incluso ahora podía recordar el afán y dedicación que ella había dedicado a él tantos años atrás, sus saludos tímidos y alegres cada vez que lo veía pasar por la aldea, o las veces que subió al santuario a llevar flores al Pope o a Athena-sama, siempre dejo una simple flor silvestre en la entrada de su templo, y poco a poco aunque él no se hubiera dado cuenta, ella se había hecho un lugar en el corazón del Santo Dorado de Piscis.
Y aunque reluctante, Albafika había bajado su guardia alrededor de la chica, no lo suficiente como para permitir un contacto accidental, pero lo bastante como para permitirle estar cerca de sí, mucho más que cualquier otra persona que no fuera un Santo o Athena-sama.
Su cálida sonrisa y amena compañía, habían suavizado la soledad del corazón de joven, haciéndolo sentirse más en paz, y él había hecho un juramento silencioso para sí mismo, de que siempre la protegería de todo daño, incluso si le costaba la vida. Él la observo sentarse en la cama con algo de lentitud, incluso después de dos días aun estaba débil, y eso le recordó que alguien allá afuera la había atentado contra su vida y casi había logrado arrebatársela.
Su expresión se volvió seria y una sombra oscura cruzo su rostro, desde el incidente en la Guerra Santa con Minos de Griffon, hacia algunos años atrás, cuando el espectro de Hades había amenazado Rodorio, y en ello la vida de los aldeanos, pero más importante la vida de ella, Albafika había dado todo en la pelea para evitar que la joven fuera dañada, y por poco el espectro casi arrebata la luz de aquellos ojos verdes.
Al final, el Santo Dorado había dado su vida por la causa en la que creía, por su Diosa, y el mundo, pero la razón principal había sido ella.
Y ahora había alguien allí afuera que la acechaba, una fuerza desconocida que lanzaba una sombra de maldad y peligro sobre ella, y eso era algo que él no iba a permitir. Nadie la heriría de nuevo, se juro silenciosamente.
—¿Albafika-sama?— la voz de Agasha lo llamo, haciéndolo regresar al presente.
—Vamos entonces— debía resignarse por los momentos, pero si veía que la presión era mucha para ella, pondría fin a la charla de inmediato.
—Sí.
Agasha llevaba un vestido blanco y arriba un chal color vino sobre sus hombros, sus cabellos estaban sueltos y caían como una cascada castaño por su espalda, iba descalza. Estiro sus brazos y de inmediato Albafika se acerco, poniendo sus manos en su pequeña cintura, aun algo fuera de lugar con la cuestión de contacto físico, y sin mucho esfuerzo, porque ella no pesaba casi nada, la levanto dejándola parada en sus pies, sus pequeñas manos de delicados dedos estaban en sus bíceps, sosteniéndose de él para no perder el balance y caer, aunque él nunca la dejaría caer.
—Estoy lista— murmuro la joven contra su pecho masculino, su frente descasaba contra él mientras ella se llenaba de su aroma a rosas, y su cuerpo se calmaba con su calidez y cercanía. Por mucho tiempo ella había querido estar así con él, y ahora después de todo su deseo se había cumplido.
Con calma, Albafika rodeo la cintura de la chica con uno de sus brazos, y de inmediato ella se apoyo en su costado, y con lentitud ambos caminaron fuera de la habitación, y entraron a la sala de la cabaña donde los demás se encontraban reunidos.
Pefko estaba sentado en una silla junto a una mesa, escribiendo algo en un papel, notas sobre mas antídotos y mezclas dándole la espalda a la puerta, Cinn estaba junto a la chimenea, echándole algunos leños mas, ya que empezaba a caer la noche y el aire estaba algo frío. Sisyphus se encontraba recontado contra la pared cerca de una de las dos ventanas de la cabaña, sus brazos cruzados frente a su pecho, y sus ojos cerrados pero obviamente alerta, y por último, Aara se encontraba sentada en el suelo en una esquina y contra la pared, pero curioso cómo era, él más cercano a ella era el Santo Dorado de Sagitario.
Todos sin excepción giraron al oír la puerta abrirse, su ojos fijos en la pareja, unos por una razón más que por otra. El primer pensamiento que se registro en tres de ellos fue que Agasha estaba levantada y aparentemente sana, lo suficiente para caminar al menos, y el segundo fue que, el Santo Dorado más conocido por su potente veneno mortal, el cual nunca tocaba o se dejaba tocar por nadie, estaba en esos momentos sosteniendo a la joven a su lado contra su cuerpo.
Albafika los ignoró por el momento, dirigiendo a la chica hacia una silla y sentándola en ella, para a continuación posarse a su espalda, con una mano colocada cuidadosamente en su hombro. A fuera por sostenerla erguida en el asiento o por pura conformidad de ambos, nadie estaba seguro.
—Agasha... me alegra de que estés bien— comento por fin Pefko, rompiendo el silencio de la habitación, una sonrisa de alivio surco su rostro, y sus hombros se relajaron, como si un peso invisible se hubiera levantado mágicamente de él.
—Gracias, Pefko... por todo lo que hiciste por mi— dijo la joven con amabilidad, y realmente estaba agradecida con su amigo, si no fuera por el quizás no hubiera sobrevivido hasta que el de cabellos azul llegara a su lado. —Si no fuera por ti, y Albafika-sama ahora estaría muerta...
El joven de cabellos castaño claro negó enérgicamente con la cabeza.
—No, yo no hice nada... fue Albafika-sama quien te salvo...
—Es cierto, pero sin tu ayuda probablemente ella no hubiera aguantado nada hasta mi llegada, ella hubiera fallecido mucho antes... — Albafika le dirigió una mirada amable, en sus ojos cobalto se distinguía el agradecimiento y todos podían verlo claramente. —Gracias a tus intentos y rápido pensar, tú hiciste posible salvar su vida, y por eso siempre estaré agradecido contigo.
Su comentario y lo que implicaba no le paso desapercibido a Sisyphus, que simplemente observaba todo en la distancia como un espectador mas, igual que la joven en la esquina del cuarto. Cinn, asintió de acuerdo con el Santo de Piscis y de su garganta salió un sonido de aprobación.
El joven solo atino a asentir, su mano rascando la parte de atrás de su cabeza y sus mejillas algo sonrojadas, apenado con los agradecimientos de quienes consideraba su familia.
Hubo un momento de silencia, en el cual Agasha se preparo mental y físicamente, tomando fuerzas de la presencia de todos, en especial de la presencia de Albafika a su espalda, antes de dirigir su mirada hacia la única persona que no ha había mirado directamente desde que había entrado allí. Aara se encontraba acurrucada en el rincón, con la cabeza apoyada en sus rodillas levantadas, la capa la cubría por completo, y ella no tenía el valor de elevar la mirada y enfrentar a su hermana.
Dolía demasiado.
—Aara... Adelfí... mírame— Su voz baja y suave reverberó en la habitación, los hombres estaban en silencio observando la escena.
Aara negó con la cabeza, sus manos cubrían su rostro, se encogió aun mas sobre sí misma, su cuerpo tembló ligeramente. Agasha suspiro, ella sabía cuando decidieron huir de la isla y ella fue herida que ella se culparía a sí misma. Su hermana era una persona muy frágil y amable, pero su vida había sido literalmente un infierno y las heridas internas y externas estaban ahí para probárselo, recordándole aunque ninguna de las dos lo quisiera que ella estaría marcada de por vida, a un nivel tan profundo que ni ella sabia el alcance de ello.
—No fue tu culpa, nada de esto es tu culpa...
Ella negó nuevamente con la cabeza, sus hombros temblaron visiblemente, con más fuerza, antes de que su voz saliera estrangulada y ronca de detrás de sus manos.
—Sí lo es... Yo te hice eso...
—No, y tú lo sabes... fue él, quien lanzo la flecha no tu, nunca tu— denegó con fervor, su vista fija en la joven. Una pausan antes de continuar. —Iba dirigida a ti.
—Lo se... la flecha era para mí, pero tú la recibiste... y eso casi te cuesta la vida— el dolor era palpable en su voz, incluso medio sofocada por sus manos todos fueron consciente de ello.
—Si te hubiera dado a ti... — pero ella fue cortada por su hermana.
—No hubiera muerto, sabes que no puede matarme... yo no hubiera muerto, y lo sabes— acuso suavemente, herida.
—Sí, pero el dolor infringido luego hubiera sido inigualable— con una mano temblorosa removió unos mechones de su cabello fuera de su rostro, sintió la mano de Albafika en su hombro aplicar algo de presión, calmándola al instante. —Luego del tiempo que te ha tomado por recuperar algo de normalidad, el te hubiera quebrado de nuevo... y con ello lo poco que has sanado, hubiera estado perdido.
Los hombros de Aara se dejaron caer, como cansada, sus manos descubrieron su rostro y lentamente lo levanto, mirando directo a su hermana, la desolación y tristeza en su expresión casi eran insoportables, ella negó lentamente con su cabeza.
—Has avanzado tanto en recuperarte, poco a poco has comenzado a juntar tus piezas perdidas en las manos de aquel monstruo, no podía dejar que el te arrebatara eso y mas— Agasha estaba con el corazón roto por la joven, sus propios ojos se llenaron de lágrimas ante sus siguientes palabras.
—No puedes arreglar algo que siempre ha estado roto... — fue su suave pero triste respuesta. —Estoy rota irreparablemente... y siempre lo he estado, pero tú no... — su sonrisa destrozada, hizo que Sisyphus quisiera abrazarla y protegerla de todos y todo, tuvo que suprimir la urgencia de estirarse y tocarla, tanto que por unos segundos le dolió. —No valía la pena, no por algo como yo...
Agasha hizo una mueca, ante sus palabras, dándose cuenta que ella estaba demasiado lastimada, la felicidad que habían encontrado juntas y que había llegado a florecer en su rostro ahora estaba casi extinto, y ahora solo se reflejaba un cansancio que provenía de haber visto mucho y experimentado demasiado en tan corto tiempo de vida. Y ella lo odiaba, odiaba al monstruo que le había hecho eso.
—¡Tú eres una persona no un objeto!— exclamo la de ojos verdes, apretando los puños furiosa con como ella estaba volviendo a lo que era cuando se conocieron.
—No. Yo soy un arma, un objeto que tiene un solo propósito, y mi objetivo en esta existencia es ser utilizada hasta que ya no sea de uso alguno... — sus palabra estaban desprovistas de emoción alguna, igual que su rostro, en ese momento a todos les pareció mas una muñeca fragmentada y rota que un ser humano con vida.
Eran las mismas palabras que habían sido implantadas en su mente y cuerpo mediante fuerza bruta, hasta que ya no existía nada más que esa verdad.
—Por un momento, me permití pensar que era algo mas... que podía ser algo mas, pero era solo una ilusión... no soy nada más que eso, no tengo libertad y nunca la tendré... — cerro sus ojos ante la inevitable realidad que muy dentro de ella sabía era la verdad. —Soy una prisionera...
—No.
Todos se tensaron sorprendidos, pero quien había hablado no había sido Agasha, quien estaba a duras penas conteniendo las lagrimas, no, quien había pronunciado palabra no fue ni más ni menos que Sisyphus.
Su mirada firme y justa, fija en ella, quemándola con su intensidad en lo más profundo de su alma. No pudo mantenerse por más tiempo en su lugar, y con la calma y la sabiduría de los años vividos como Santo de Athena, se encamino despacio y se agacho justo a su lado, su ojos azules en esos momentos tan azules o más que el cielo la miraron directo, sus ojos negros capturados por él, sus facciones perfectas como las de un ángel, su aura emitía una sensación de protección y amabilidad que la envolvió por completo.
—No eres un objeto, eres una persona con pensamientos y emociones, tú sientes y sangras, ríes y te sientes tristes... esa es tu humanidad, lo que te hace estar viva— sus palabras la dejaron estática, sorprendida y con un cumulo de sensaciones agobiantes atoradas en su garganta. Con suavidad retiro una pequeña lágrima que se deslizaba por su mejilla, cuidado de con su postura bloquearla de la vista de las miradas curiosas, ella era vulnerable y él se había prometido que nunca dejaría a nadie más verla de esa forma.
—Eres mi hermana... incluso aunque la sangre no nos conecte, para mí siempre serás mi Adelfí— dijo Agasha, no perdiendo detalle del hecho que entre Sisyphus y Aara parecía suceder algo, pero sabiamente decidió guardarse su opinión para después.
Albafika quien había permanecido en silencio todo el tiempo, junto con Pefko y Cinn, observo a la joven, por primera vez viéndola bajo una nueva luz, no como una enemiga pero como una inocente que había sido dañada profundamente, ahora entendía porque Sisyphus y Agasha la protegían de esa forma. Pero eso solo dejaba una cuantas incógnitas que tanto él como el Santo Dorado de Sagitario estaba seguro querían respuestas.
—¿Quién es este ser que ha causado tanto daño?— Irónicamente la pregunta que a todos les rondaba por la cabeza, la hizo Cinn.
De inmediato Agasha y más que todo Aara, se estremecieron, ninguna muy dispuesta a hablar de él, por temor a que esto pudiera atraerlo a ese lugar de alguna manera, a la final fue la joven de ojos verdes quien respondió.
—El es muerte y destrucción— murmuro la joven, su mano yendo a la que el de cabellos azules aun tenia sobre su hombre, necesitando el contacto como una manta protectora. —Se alimenta del dolor ajeno, y crece en poder con cada persona que destruye.
Aara se había vuelto pálida con la mención de esa persona, y pareció encogerse aun mas sobre sí misma. Pero su voz salió bajita y temerosa, casi no pudieron oírla.
—Κάποιος που προκαλούν φόβο και την καταστροφή— al ver sus expresiones confusas, Aara repitió otra vez esta vez mas alto.
Agasha repitió, esta vez para que todos pudieran entender.
—Kápoios pou prokaloún fóvo kai ti̱n katastrofí̱.
Hubo un silencio cuando lo dicho se asentó en sus cerebros. Cinn empalideció visiblemente y luego hizo una corta oración a los dioses, y Pefko solo pareció confundido e intrigado. Los dos Santos Dorados, intercambiaron una mirada sabedora.
—¿Tiene un nombre este sujeto?— pregunto Pefko, observando el rostro sobrio de los demás, porque obviamente no había escuchado hablar de esa persona.
—Kακόβουλο τέρας — Aara susurro aterrorizada, sus ojos demasiado grandes para su rostro, sus labios temblorosas. —Kakóvoulo Téras.
Y de alguna manera Pefko pensó que era apropiado.
Malicious Monster.
Bien aquí está la tan esperada continuación xD!
Yo no hablo Griego ni mucho menos, toda las palabras fuera sacadas de Google Traductor, donde me mate las celulas cerebrales de mi materia gris, exprimiendo todo para poder ponerle un nombre a mi villano, ademas de que sonara relativamente bien como nombre y que cuadrara su significado!
Aclaraciones:
1- Escritura Griega: Κάποιος που προκαλούν φόβο και την καταστροφή
Su pronunciación es: Kápoios pou prokaloún fóvo kai ti̱n katastrofí̱
(Personalmente encuentro que el griego es bastante dificil de escrbir, igual que el japones D:)
Su Significado: One who cause fear and destruction / El que causan miedo y la destrucción
2- Escritura Griega: Kακόβουλο τέρας
Su pronunciación es: Kakóvoulo Téras
Su Significado: Malicious Monster / Monstruo Malicioso
Espero recibir su opinión en forma de Reviews! y En el siguiente episodio sabremos mas de este malvado ser, y su conexion con el pasado de Aara y sus extrañas habilidades xD
Saludos! y nos leeremos pronto!
