Si, mi repugnancia hacia Astrid es fuerte, pero una de mis mejores amigas la odia mas xd me siento poco a un lado de ella, pero tengo mis motivos(:.
Respuesta a sus comentarios:
#1. Lamento esa falta de ortografia, ya se me quedo grabada despues de haberme regañado.
#2. Batair es un imbecil, aunque, si descubrieras que despues de un viaje tu ''novia'' se embarazo de una persona que no te puedes imaginar quien es, pues… aun asi es un idiota. Con respecto a Camicazi, ambos se quedaron en la relacion por el bebe, pero ya explicare mas a fondo su relacion a medida que avance mas en los siguientes capitulos.
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Maletas hechas, bote preparado, princesa lista, nada en la lista faltaba, mas que la presencia de la misma abordando el transporte.
Merida estaba pensando, muy en el fondo, ¿como seria verlo otra vez?, ¿cuanto habria cambiado?, ¿que haria al verla?, era lo que mas le perturbaba, mucho mas, cuando le guardaba secretos que lo marcarian de por vida, aunque, por ella y por respeto a el, lo saludaria con cortesia y amabilidad, le guardaba el respeto por haber matado a su esposa y haber cargado a un hijo fuera del matrimonio. Pecados en sus culturas, por lo menos, en la suya.
La princesa llego al puerto, donde los vientos estaban a su favor, y todo salia como ella lo planeaba. Subio a la rampa, mientras que una de las mujeres que servia en su casa tomaba las maletas de su majestad, hasta que una voz se escucho de fondo. –ESPERA.-.
La pelirroja dio un giro total de cabeza y cuerpo, solo para posar sus ojos en unos marrones que se acercaban con rapidez, y al parecer, con desesperacion.
-¿Sucede algo, Batair?.- Pregunto con inquietud.
-Aila, ¡dame eso!, ire contigo.-El hombre tomo de las manos de la mujer la maleta de su prometida, indicando con su cabeza que podia retirarse, cosa que con un enderezamiento de espalda fue su respuesta a ello.
-¿Vendras? ¿Para que?.- Abrio ligeramente su boca, acompañando con unas manos temblorosas discretas.
-No voy a permitir otra falta de respeto hacia a mi, ¿entendido?.- El rubio enderezo su espalda, disminuyendo la autoridad de la pelirroja, quien solo no le quitaba los ojos de encima, solo llenando ese hueco que con odio solo persistia.
-Esto para mi es una falta de respeto.- Bajo su mirada, con un leve arrugamiento de frente, y una voz que se endurecia con cada pronunciacion de letra.
-Yo no tengo hijos.- Levanto sus cejas, adentrandose al barco, evitando que ella le contestara, pues ella solo observo al rubio, que de nuevo, le habia sacado los motivos para replicar de nuevo.
-¿Su majestad?.-Una mujer se le acerco a la princesa en estado de shock, para hacerla entrar al barco, que estaba esperando por ella, aprovechando que las aguas estaban tranquilas, y el viento soplaba levemente.
La pelirroja sonrio a la sirvienta, y se dirigio donde a su mano apuntaba. Con un leve asentimiento de cabeza, se despidio y agradecio, para poder retirarse.
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Una mujer de cabello largo rubio, con ojeras en los ojos y una ligera sonrisa pero cansada, caminaba por la aldea, en busca de un tesoro: su prometido, que con ansias, tenia que mostrarle algo, un regalo, uno muy especial.
Sus ojos azules siguieron buscando una mata de cabello oscuro, hasta que un hombre de estatura alta aparecio dormido en la pastura, de una de las granjas de sus viejos amigos, descansando su brazo sobre sus ojos.
-Hipo.-La mujer le susurro. –Despierta.- Se agacho levemente para moverlo de su posicion, y hacer que despertara.
-¿Mh?.- Un sonido salio de la boca del hombre cansado.
-Tengo que mostrarte algo.-Sonrio con ansiedad. –Un regalo de los Dioses.- Camicazi sono exaltada por la noticia.
Hipo penso un momento en si debia abrir sus ojos o no, al igual que si debia levantarse o no, hasta que hizo caso a su intuicion, quitando su brazo de sus ojos verdes, y dar un vistaso a su prometida a un lado de el, hasta que miro un bulto de mantas en sus brazos y a ella mucho mas delgada.
-Es tu hijo.-Camicazi acerco poco a poco a un bebe rosado, con un poco de cabello rubio y ojos de un color incierto. -No viniste.-Dijo decepcionada. -Asi que vine a traertelo.-.
El castaño formo una sonrisa, y se tayo los ojos para tomar a la criatura que le estaba siendo entregada. Tomo al bebe y dio un ligero bostezo.
-¿Tiene nombre?.-Hipo pregunto, inspeccionando al quieto y silencioso bebe en sus brazos.
-No lo he pensado.-Dejo caer sus hombros. –Pense que querrias nombrar al futuro heredero.- Dijo mas lentamente que lo usual, dandole una pequeña pero penetrante mirada.
-Pues, eres su madre, creo que seria bueno nombrarlo como quieras.-Torcio su boca mientras acariciaba la cabeza del infante con ternura y delicadeza, cuidando de no lastimarlo.
-Melker esta bien para mi.- Sonrio. –En realidad, no me importa.-.
-En un futuro, sabras a quien culpar por tu espantoso nombre.- Le susurro a la pequeña criatura en sus brazos con una sonrisa que fluyo sin pensarlo, recibiendo un ligero golpe de la madre.
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El viento estaba un poco rebelde, soltandose poco a poco, sintiendo temor de que pudiera ser un peligro. Batair observaba el paisaje, golpeando su cara con el viento atemorizante, preparado para el repentino cambio de clima, por lo que decidio ir a verificar que sus reservas estaban bien aseguradas en la parte mas remota del barco.
Batair bajo unas escalteras de altura minima, con una vela alumbrando solo una pequeña parte de la habitacion, hasta que escucho un sonido, algo ocultandose.
-¿Hola?.- El rubio se adentro mas en la habitacion, buscando cualquier movimiento, hasta que una figura oculta bajo una manta se movio levemente.
El rubio se acerco a la figura y en un movimiento tomo la manta y revelo el cuerpo del instruso.
-¡Niño!.-Los ojos azules del joven muchacho se nublaron al ser encontrado. Se atemorizo mas ya que la persona que precisamente tenia que encontrarlo, era Batair, o como el le decia con cariño, ''el idiota''. –¿Que estas haciendo aqui, Bjorn?.-Su voz queria agravarse, pero se dio cuenta que no era el lugar ni la persona indicada para castigarlo.
-No le digas a mi mama.- Suplico. –Te lo ruego.-Se inco, suplicante de que su ''padrastro'' no hiciera nada para castigarlo, liberando esos momentos cuando era mas pequeño y el lo castigaba de la manera mas severa posible.
-Claro.-Sonrio el rubio, pero la maldad en sus palabras estaba reflejada, clara como el agua. –Sera tu madre quien te de un largo pero largo regaño.-Se agacho a la altura del muchacho. –Disfrutare cada palabra.-Toco la nariz del joven quien la seriedad y la falta de expresion en su cara era sumamente presente, al igual que el miedo. –Ven aca.- Batair tomo el brazo del chico, mientras este intentaba safarse.
Los dos hombres caminaron hasta la habitacion de Batair y Merida, compartida por ambos. Merida estaba cociendo su tapiz con mucha dedicacion, esperando que el mal clima pasara y poder salir a admirar las frias aguas, hasta que la puerta se abrio derrepente, revelando a Batair, y… ¿Bjorn?.
La pelirroja se paro al instante al ver el cabello marron de su hijo, su cara palida y sus ojos azules opacos. –¡Bjorn!.-La alta mujer corrio con los brazos abiertos para abrazar a su hijo y acariciar su cabello, preocupada por la situacion en que se encontraba.
Batair miro con rareza la escena, esto no lo tenia planeado. –Lo encontre en las reservas.- Añadio el rubio, obteniendo solo una mirada de esos ojos azules de la piel palida.
Los ojos azules de posaron en los similares, acariciando los brazos de su hijo, haciendole entender que estaba protegido, oh, pero claro que estaba en serios problemas, ¿que haria con el?, ¿como evitaria la incomoda situacion que se presentaria?.
-¿En que pensabas? ¿por que siempre tratas de desobedecerme?.-La pelirroja tomo con fuerza los hombros de su hijo, agachandose un poco para llegarle a su altura, derramando una pequeña lagrima, que solo ella sabia por que la derramaba.
-No lo hacia.-Respondio con cautela, y cabeza gacha.
-Claro que no lo hacias.- Se gano un grito de su madre desesperado. –Yo no se como te puedo hacer entender. He tratado de ser gentil y no hacerte las cosas que me hicieron a mi, pero ¿esto?. ¿Acaso no sabes que algo peligroso puede pasar?.-Elevo su tono de voz, agitando a su hijo.
-Perdoname.-Su voz quebrantada salio de sus labios, ganandose un leve abrazo consolador de la madre, de la suya.
Batair solo se encontraba de brazos cruzados, apoyado en el marco de la puerta, rodando sus ojos. Ese niño nunca aprenderia nada, era poco hombre para lo que el le llamaba ''hombre''.
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-Mirala, mi padre solo esta con ella solo por esa criatura.-Eyra miro desde lejos en una de las mesas del Gran Salon, observando a la futura esposa de su padre, cargando a su primer hijo varon con gran felicidad.
-Hace feliz a tu padre.- Respondio un muchacho llamado Harek, prometido de la rubia joven.
Harek siempre era un amigo, novio, amante e incluso basura, si Eyra lo deseaba. El joven de cabello pelirrojo oscuro y ojos grises era conocido como el mejor guerrero en Berk, cosa que tuvo mucho en comun con Eyra desde que eran unos niños, cosa que fue cambiando con el tiempo, desarrollando un fuerte afecto por la rubia, la unica mujer para sus ojos.
-¿Feliz?.-Repitio con una sonrisa burlesca. –Si eres hombre, sabras que solo hay una razon por la que ''esa'' lo hace ''feliz.-Se burlo torciendo la boca mientras bebia de su bebida.
-Los años pueden crear afecto.-Replico de manera sincera.
-Fornicar tambien, y no es necesario querer a alguien, ¿o si?.- Siguio burlandose de su prometido, quien trataba de convencerla de esos amargos sentimientos a Camicazi.
Harek miro a la prometida de su jefe, sonriendo a su bebe, mientras su prometida repudiaba la escena con disgusto y gracia.
-Si no fuera por el niño, hijo de mi padre.- Se recargo en la mesa, penetrando su mirada en la mujer aun. –Ya la hubiera sacado a golpes de la isla.-.
-Deberias agradecer que es una razon de que tu padre no sufra.-El pelirrojo puso una mano sobre el hombro de su prometida, quien ignoraba por completo sus palabras.
-Mi padre puede ser completamente feliz sola.-Apreto su sonrisa.
-Es mentira.-Replico. –No tener a alguien para dar amor y recibir amor, es peor que recibir un golpe con una espada.- Sus palabras se hicieron profundas, sacando un suspiro del pelirrojo.
-Eres una nena.-Le respondio sin ningun tipo de tacto. –No digo que no puedas amar a alguien, pero solo a una.- Apreto sus dientes. –No a cualquier zorra que se te cruce.-Se levanto de su asiento, negandole una replica de su novio.
Harek solo recargo su cabeza en la mesa con frustracion, era claro que en ese momento no era una persona para Eyra, hoy su papel era de basura claramente.
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La pelirroja arrugo sus ojos al observar una gran montaña de una figura particular y unica. Alli estaba, frente a sus ojos, la isla que cambio su vida.
-Alli esta.-Susurro con cierta sorpresa en sus ojos.
