(He tardado siglos en subir un nuev capítulo, lo tuve en borrador por mucho tiempo, y luego lo edité porque no me gustaba, creo que ya quedó decente. Haré todo lo posible por actualizar más seguido. Pido disculpas de antemano si hay algún error de tipeo. Todo lo relacionado con la saga de Percy Jackson y los Dioses del Olimpo le pertenece a Rick Riordan. Eddie.)

CAPÍTULO III

Preferí creer que, tanto la voz que perturbó mi extraordinaria fantasía como la mano que agarraba la mía, eran productos de mi imaginación, ya que no tenía sentido alguno que esa persona sostuviera mi mano hasta que despertara. El sólo hecho de pensarlo se me revolvía el estómago y de ser cierto, seguramente iría a vomitar. Odiaba a esa persona con mi alma y estaba consciente de que era un sentimiento mutuo. Después de años queriendo asesinarnos uno al otro era imposible que ahora demostrara preocupación por mi estado de salud. Aquello era casi que enfermizo. Primero vomitaría y luego le golpearía. Mi mano fue liberada a medida que abrí los ojos, y todo ese sentimiento de desprecio se desvaneció con mi sueño.

"¿Percy?" Él sonrió con ese toque de alivio en su expresión como si hubiera leído mi mente, y empecé a dudar que el apretón de mi mano hubiera sido una ilusión. Pero ilusión o no, ahora prefería creer que fue real.

–Hey– Me saludó con una amable sonrisa y de repente, no pude evitar perderme en sus hermosos ojos azules, porque eran hermosos, y me pregunté ¿cómo no lo había notado antes? Además, me recordaron al mar de mi sueño y me sentí contento que fuera él quien me diera la bienvenida.

–Hey– Respondí, devolviéndole la sonrisa.

–¿Cómo te sientes?–

–De maravilla.– Contesté automáticamente. Entonces, me fijé en el lugar donde me encontraba y comprendí que su pregunta iba más allá de ser un simple saludo. –¿Qué pasó? ¿Qué estoy haciendo en la enfermería? –

–¿No recuerdas nada? Una de las Cazadoras te disparó una flecha y quedaste inconsciente. Aunque no tienes ninguna herida. –

–¿Una flecha? ¿A mí? ¿Por qué? – Aquello tampoco tenía mucho sentido. Es cierto que esas chicas no me agradaban pero no recordaba haber peleado con algunas de ellas. Percy asintió a mis dos primeras preguntas y negó la tercera a la vez que se encogía de hombros.

–No lo sé. Según dice, tú nos atacaste primero, a mí y a Annabeth. –

–¿Qué? – Le miré de lado sin dar crédito a sus palabras. Yo no le haría daño a Annabeth y a Jackson… Quizá en el pasado, pero ahora, ahora era diferente, no creía poder ser capaz de lastimar al chico que tenía a mi lado.

–Bueno, eso es lo que ella dice, aunque tampoco está segura. Nadie vio nada, cuando ella llegó nos vio a Annie y a mí inconscientes en el suelo a las afueras de mi cabaña y luego tú caíste de un árbol, creyó que nos habías hecho algo porque parecías conocer la flecha, entonces apareció una de las Arpías y como tú intentaste huir, ella te disparó. –Explicaba el Hijo de Poseidón, pero yo no recordaba nada de eso. – Eso sí lo vi, ahí fue cuando desperté, lo primero que vi fue a ti con las manos en alto y esa chica te apuntaba, fue entonces cuando apareció la Arpía… y ya sabes lo que pasó después. –Concluyó, y seguramente mi expresión de perdido era evidente. –¿Estás seguro de que no recuerdas nada? –

–No. Recuerdo… –Entonces me di cuenta que no sabía qué había hecho la noche anterior, obligué a mi cerebro a pensar en una razón coherente por la que estaba en ese lugar y algunas imágenes llegaron. –Recuerdo que estábamos los cuatro reunidos con Thalia, y luego… fuimos a las cabañas… –¿Qué había sucedido después? La voz de Percy me sacó de mis pensamientos.

–Eso es lo mismo que yo recuerdo, igual Annabeth; ella tiene la teoría de que fuimos atacados por la Arpía en el camino de regreso y Rose, la Cazadora, pensó que tú eras el culpable por… bueno, ya sabes, por lo de Cronos. –Asentí a sus palabras. Aquello tenía más lógica, jamás sería capaz de hacerle daño a Annabeth, la rubia era… era como una hermana menor, y Percy… no dañaría ese bello rostro nunca, el mismo que me miraba con la disculpa por mencionar al Titán. Le sonreí para tranquilizarlo, y funcionó porque me devolvió la sonrisa.

–¿Y qué sucedió después de que nos atacaran? – Pregunté girándome para sentarme en el borde de la camilla dejando mis pies en el suelo, Jackson se acomodó sobre su banco de modo que quedó en diagonal hacia mí.

–Yo me levanté enseguida para ayudarte mientras Rose se ocupó de la Arpía. Thalia llegó y ayudó a Annie a levantarse y pronto el campamento entero estaba ahí. Quirón envió a todos a sus casas de nuevo y a ti te envió para acá. Él y el Señor D. están en la Gran Cabaña con Annabeth, Thalia y Rose tratando de averiguar qué fue lo que pasó exactamente.

–¿Y Annie? ¿Cómo está ella? ¿Y cómo estás tú? –

–Bien. Estamos bien, tampoco tenemos ninguna herida. Aunque… Annabeth… la noté diferente con Thalia. – Agregó algo confuso.

–¿Pasó algo entre ellas? –

–No. O no sé. No es nada malo, al contrario, es… la forma en que la veía, cuando Thalia hablaba, como si emanara sabiduría o algo así. – Bufó en broma y se echó a reír; yo, me uní a su risa fácilmente.

–No te preocupes por ellas, lo importante es que estamos bien, que tú estás bien, Cara de Pez. – Dije acercándome para palmear su mejilla, jugando con él entre risas y pude ver su sonrojo en ellas, sabiendo que no era precisamente a causa de mis golpecitos. Mi mano se quedó ahí, acariciándole con el pulgar, notando lo suave que era su piel, ahora podía sentir el calor en su rostro y saber que yo era el responsable me hacía feliz. No sé cómo, pero podía afirmar que Percy sentía lo mismo que yo, tal vez era por la forma en que me miraba; con esa sonrisa tonta de niño inocente queriendo ser corrompido ¿cómo no me había dado cuenta de lo fascinante que era este chico? Era tan valiente, persistente, atractivo, ingenuamente adorable y poderoso ¡Por los dioses! Él era hacía honor a su descendencia, las cosas que podía hacer con el agua eran increíbles, Poseidón debería estar muy orgulloso de su hijo, quizá tanto como lo estaba yo en esos momentos de él. No. Yo estaba más que orgulloso, cuando veía sus azules ojos, contrastando con esos labios rosados y el tacto de su piel, me hacía sentir como si no quisiera estar con otra persona más que con él, y la forma en que me miraba era la manera en que siempre deseé que alguien lo hiciera.

Él, había posado su mano sobre la mía y ahora presionaba sus labios en una sonrisa forzada, tímida, parecía que deseaba hacer algo pero no se atrevía ¿Tal vez lo mismo que yo? Que Poseidón me perdone, pero no me resistí, y con la mano que sostenía su rostro lo atraje hacia mí para plantarle un beso en los labios. El Dios del Mar tenía la culpa por engendrar un hijo tan irresistible. Sorprendentemente, Percy me correspondió. Nunca había besado un chico, ni siquiera había imaginado tal situación, así como tampoco me había dado cuenta de lo mucho que me gustaba Jackson hasta que desperté ¿Aún estaba soñando? La idea de que esos momentos no fueran reales me asustó, por lo que rompí el beso para observarle y asegurare de que seguía ahí, de que no era una ilusión.

–Eh... yo… eso, eso fue increíble. – Consiguió decir después de balbucear evidentemente apenado, lo cual me pareció bastante tierno, algo me dijo que había tenido la misma revelación que yo con ese beso.

–Lo sé, nunca creí que tú… ¿Qué está pasando, Jackson?– Empecé sintiéndome confundido. No tenía idea de en qué momento había surgido ese sentimiento tan profundo. – ¿Por qué… por qué quiero hacerlo de nuevo? –Dije con el deseo que muy poco había experimentado en mi vida.

–No lo sé… También me parece muy extraño, nunca imaginé que tú y yo…. –Dejó la frase al aire, pero comprendí lo que quería decir. –Pero no me puse a analizarlo como parece que lo estás haciendo. –

–Sí, es solo que… ¿Tú no estás con alguien más?

–¿Qué? No. No soy de ese tipo, Luke, no engañaría a nadie. Aunque también he estado algo confundido, no sé en qué momento empecé a sentirme así contigo. Y no me había dado cuenta sino hasta que te vi siendo atacado por Rose ¿sabes? Me angustié mucho creyendo que estabas herido, no quiero que mueras de nuevo y le rezaba a Zeus para que despertaras y prometí que si lo hacías… bueno, te diría lo que siento por ti, aunque por suerte tú me ganaste porque aún no estaba muy seguro, pero ahora lo estoy. –

–¿Y qué es lo que sientes? – Indagué aún con nuestros rostros cerca y mi mano posada en su mejilla.

–Que no quiero separarme de ti en ningún momento. No quiero que los dioses te envíen de nuevo al Inframundo y… y de ser así elegiría que me enviaran contigo. – Agregó con una confianza admirable, y la sinceridad en sus ojos me dio valor para prometerle lo siguiente.

–Percy, así tenga que enfrentarme a los dioses, nadie te va a separar de mí. No te voy a abandonar, te lo prometo ¿de acuerdo? – Esperé su respuesta, la cual afirmó asintiendo con su cabeza. – Bien, ahora sonríe que te ves mejor así, Cara de Pez. – Bromeé y los dos reímos en complicidad. No me importó saber qué había sucedido en el exterior de la Cabaña Tres, fuera lo que fuera, me había dado a la persona que esperé toda mi vida y me sentía como un tonto al no darme cuenta antes. Tampoco me interesaba que fuera un chico, esas cosas también se daban en la antigua Grecia ¿no? Incluso en la actualidad si no estaba mal. Ni mencionar aquello del parentesco, porque nuestro árbol genealógico ya estaba por demás enredado.

–¿Crees que ahora podamos salir? – Pregunté luego de revolver su cabello al suspirar cuando las risas se acabaron. Era evidente que no estaba herido y quería salir de ahí, caminar por el campamento con Percy a mi lado, quería que todos supieran lo feliz que me hacía haber encontrado ese sentimiento en mi viejo amigo pero aún no amanecía.

–No lo sé, Quirón dijo que nos reuniéramos en la Gran Casa cuando despertaras. –

–Bah! Eso es para interrogarme y no recuerdo nada de lo que pasó. Además estará esa Cazadora intentando culparme de algo que no hice, seguramente. –

–Es verdad, pero ¿no crees que deberíamos por lo menos avisarle que ya despertaste y que estás bien? – Insistió y yo moví la cabeza de un lado a otro considerando la idea. Pero me fastidiaban esas reuniones

–Dejemos que Quirón se encargue de todo el asunto y escabullámonos un rato en algún lugar del bosque ¿qué dices, uh? –Propuse mirándole sin preocuparme por ocultar la sonrisa traviesa que seguramente tenía en mi rostro.

–De acuerdo. – Aceptó y nos levantamos para ponernos en marcha.

Salimos de la enfermería como si nada hubiera pasado, excepto porque hablábamos animadamente y no podíamos evitar codearnos entre risas; por mi parte, jugué con su cabello un par de veces más en el camino hacia mi Cabaña antes de abrazarlo por los hombros y entrar en el recinto.

Todos aún dormían, por lo que atravesamos el lugar en puntillas de pies sin intentar hacer ruido hasta llegar a mi litera.

–¿Qué hacemos aquí? – Preguntó Percy en voz baja y yo le callé colocando mis dedos en sus labios. Busqué debajo de mi cama mis zapatillas aladas y me cambié el calzado, acto seguido busqué un cuchillo el cual guardé en las correas de mi cinturón; debía estar armado en caso de emergencia, era una costumbre de todo semidiós.

–Vamos, andando. – Susurré con una suave palmada en su hombro y salimos de la cabaña. –Te voy a llevar a un lugar del campamento donde podremos ver un excelente amane...cer.– Comentaba mientras caminábamos fuera de las casas con un timbre de emoción en mi voz; emoción que se apagó cuando encontramos a Quirón frente a nosotros, flanqueado por Thalia y Annabeth.

–Percy, si mal no recuerdo, te pedí que fueras con Luke a la Gran Casa en cuanto despertara. – Habló el centauro sin acercarse a nosotros.

–Yo insistí en venir a aquí primero. No tengo nada que decir con respecto a lo que sucedió, no recuerdo nada. – Respondí por el aludido. –Sé que es difícil de creer en mi inocencia pero es así. No ataqué a nadie ¿de acuerdo? Además, Annabeth, Percy y yo estamos bien. – Agregué cambiando mi expresión seria por una más amigable, a la vez que pasaba el brazo por encima de los hombros del Hijo de Poseidón para atraerlo hacia mí con toda la seguridad que pudiera mostrar.

–Es cierto, Quirón. No pueden culpar a Luke por cualquier suceso extraño que ocurra en el campamento, denle la oportunidad, yo confío en él. – Me defendió palmeando mi espalda en señal de apoyo.

–¿Qué? ¿Ahora son los mejores amigos? – Espetó Thalia con tono acusador.

–Diría que más que eso. – Le respondí sin reparo alguno y un poco ofendido por sus palabras. –Estuvimos hablando y nos dimos cuenta que tenemos muchas cosas en común.

–Aww ¡felicidades! Es asombroso que se lleve tan bien. – Intervino la Hija de Atenea con un singular brillo en sus ojos. Parecía la única feliz de vernos juntos. Demasiado feliz para ser ella, pero ¿no era eso lo que todos querían? Que Percy y yo dejáramos esa estúpida rivalidad. Thalia la vio con cara de pocos amigos y Quirón dio un profundo respiro antes de hablar nuevamente, luego de aclararse la garganta.

–Entiendo que ahora sientan esa… simpatía por el otro, pero temo informarles que no es real. – Explicó y le miramos confundidos. No podía ser cierto aquello.

–¿Cómo es eso de que no es real? – Indagó el Hijo de Poseidón.

–Por Zeus. Están hechizados. – Replicó Thalia un tanto exasperada. –Los tres. – Añadió dirigiendo una fugaz mirada a la rubia quien la veía ofendida.

–¿Qué? –Exclamamos al unísono mi buen amigo y yo.

–Es una teoría. –Empezó Quirón, esta vez paseándose a nuestro alrededor con un brazo cruzado en su torso y el otro llevando su mano al mentón en una muestra de estar pensando algo con seriedad. –Por la descripción que nos dio la señorita Rose de la flecha que encontró, y luego usó, más los cambios de sentimientos en ustedes– sus ojos fueron hacia Anabeth, Percy y luego hacia mí; haciendo referencia a nosotros. –, creemos que fueron víctima de Eros, el dios de la atracción sexual, hijo de Afrodita. No sabemos cómo llegaron sus flechas al campamento ya que ninguno de ustedes recuerda con exactitud lo que ocurrió. Por lo tanto, Dionisio y yo decidimos esperar hasta elaborar un antídoto que elimine los efectos de la magia, con la esperanza de que recuperen sus memorias así como sus verdaderos sentimientos.

¿Nuestros verdaderos sentimientos? ¿Quién era él para saber lo que en realidad sentíamos? Era tan solo un viejo solitario y amargado pretendiendo ser un dios, queriendo manejar la vida de los campistas. No me importaba si era un hechizo o un sueño. Me gustaba Percy, quería estar con él y le había prometido que nadie nos separaría.

–Esto es una locura. No necesito ningún antídoto. Estoy bien, okay? Gracias. – Tomó la palabra el campista a mi lado con tono ácido en sus palabras, lo que me dio más valor para enfrentarme al centauro.

–Tampoco recibiré el antídoto, Quirón, y no nos puedes obligar a hacerlo. –

–Estoy con ellos. Sin son felices así, deben respetar su decisión. – Intervino la Hija de Atenea, tomando partido junto a nosotros.

–¡Annabeth, despierta! Necesitan la cura. – Replicó la Cazadora posicionándose junto al hombre-caballo.

–¡Cierra la boca Thalia! ¡Esto no es asunto tuyo! Decidiste unirte a las Cazadoras y negarte la oportunidad de amar a alguien, así que no tienes el derecho de hablar sobre lo que necesitamos sentir o no. –Reclamé enfadado, era muy egoísta de su parte no apoyarnos.

–Luke, no sabes lo que dice, cálmate. – Dijo Quirón dando un paso hacia nosotros, el mismo que retrocedí posicionando a Percy a mi espalda para protegerlo.

–No. No me separarán de él. Si no nos quieren ver juntos nos iremos del campamento. Deja de entrometerte en nuestras vidas.–

–No permitiré que te lleves a Percy. – La Hija de Zeus parecía decidida y me sentí traicionado ¿Podría irme yo si deseara pero no con Jackson?

–Nadie me llevará, yo decido ir con él, Thalia. –

–¿Lo ven? Percy quiere estar conmigo y yo con él. Fin del asunto. –

Puntualicé e instintivamente tomé al chico de la mano a la vez que les daba la espalda a nuestros detractores. –Vamos de aquí…– Le invité en voz baja creyendo que el asunto terminaría ahí. No había nada más qué pensar, no soportaría más la represión del director del campamento y sus absurdas leyes. No obstante, todo se complicó.