(Esta vez no tardé tanto como las veces anteriores, pero si hice esperar demasiado, me excuso por ello e intentaré actualizar más seguido. Disculpas de antemano si hay algún error de tipeo. Todo lo relacionado con la saga de Percy Jackson y los Dioses del Olimpo le pertenece a Rick Riordan. Eddie.)

CAPÍTULO IV

Cuando finalmente había encontrado a alguien que correspondía mis sentimientos, los dioses parecían no estar de acuerdo. Siempre tan caprichoso el destino conmigo, he estado harto de que las deidades quieran manejar mi vida, mis sentimientos, mis decisiones. Quirón nunca me pareció alguien de fiar, por lo que no me sorprendía mucho de él su iniciativa de alejarme de Percy e inventar esa tontería de que la atracción que sentíamos el uno por el otro sólo era cuestión de un hechizo sacado de un cuento de hadas, pero quien me sorprendió fue Thalia. Si bien se había convertido en una Cazadora renunciando a los hombres de esa forma para la eternidad, me pareció sumamente egoísta que también pretendiera evitar a toda costa que Percy y yo estuviéramos juntos. Creía que la discusión tenida en las afueras de mi cabaña había terminado. Ni Jackson ni yo queríamos una "cura" y nos iríamos del campamento de no ser aceptados. Sin embargo, las cosas dieron un giro más accidentado.

–¡Thalia, no! – Oí chillar a Annabeth antes de que algo se enredara en mis pies haciéndome perder el equilibrio y me desplomé contra el suelo. Sentí que el polvo se coló entre mi boca por el impacto y tosí levemente por instinto, mi pecho dolía a causa de la armadura que llevaba puesta ¿Qué demonios había sido eso? Me traté de girar para darme cuenta que mis pies estaban atados en una boleadora aparentemente lanzada por la Cazadora. Ahora sí estaba enfurecido, y no era el único.

–Luke ¿estás bien? – Se acercó la Hija de Atenea para ayudarme a liberarme, sacó su daga para empezar a cortar las cuerdas mientras Percy se interponía para defenderme también, ya se había armado con Anaklusmos.

–Aléjate de nosotros, Thalia. – Le previno moviendo su espada en la diestra, y para cuando yo logré ponerme en pie un grupo de Cazadoras nos rodeaban. No veía opción de escapar ahora, nosotros éramos tres y ellos diez incluyendo al Centauro.

–Quirón, debemos hablarlo. Esta no es la manera de hacer las cosas. Chicos creo que es mejor que regresemos a la Gran Cabaña. – Me desconcertaron las palabras de Annabeth, si bien era cierto que estábamos rodeados, pretendía luchar a ceder un paso. No confiaba en el director del Campamento, menos con Thalia dispuesta a clavarnos una flecha. Sin embargo, entre el cruce de miradas que nos dedicó la Hija de Atenea, supe que tenía un plan, y era de esperarse. Asentí sigilosamente sin bajar la guardia.

–Está bien. Percy. – Le llamé tomando su mano para que bajara la espada. Confiaba en que mi amiga nos sacara de ese problema.

–Sabía que comprenderías, Annabeth. Thalia, no es necesario usar la violencia, todo se resolverá. –

–De acuerdo. – Aceptó la líder de las Cazadoras e hizo una señal para despedir a sus colegas, las cuales se fueron retirando con cautela. Esperé a que la rubia a mi lado tomara la iniciativa y a los dos pasos puso su plan en marcha.

–Sólo… Déjenme ponerme algo adecuado para la reunión. – Interrumpió su paso para sacar su gorra mágica de los Yankees, y tan pronto como la prenda tocó su cabellera dorada, la semidiosa desapareció de la vista.

–¿A qué estás jugando, Annab- –De pronto, Thalia no pudo hablar más, y supe dónde estaba la rubia: sosteniendo a la Hija de Zeus por la espalda, creando la distracción necesaria para nosotros.

–¡Luke! ¡Percy! ¡Ahora! – La escuché gritar en el vacío antes de materializarse nuevamente, iniciando una lucha con su amiga por mantenerla retenida. Sin tiempo que perder actué.

–Percy, vámonos. –

–No, tenemos que ayudar a Annie. –

–No seas tonto, vámonos. – Insistí tirando de su brazo, pero él se resistía por una estúpida razón.

–Pero, Luke, mira. – Quirón estaba en marcha intentando socorrer a Thalia y ya podía sentir a las Cazadoras de nuevo en el claro, odiaba tener que hacer eso y no poder aprovechar la oportunidad que Annabeth se había jugado, si no fuera por esos ojos azules que me rogaban escuchar a su dueño, no lo habría hecho.

–Okay, vete, yo te alcanzaré volando. –

–Pero…–

–¡Corre, Percy! – Exclamé y él se apresuró a internarse en el bosque. Tenía que amar mucho a ese chico para devolverme a combatir a Quirón.

Me lancé sobre el Centauro embistiéndole, usando la velocidad extra que ganaba con las zapatillas aladas que llevaba puestas y aterricé en un costado del cuerpo humano del Director y por inercia quedé extendido en su lomo, él empezó a removerse como un caballo furioso pero me aferré a su armadura para no caer. Nunca creí que llegaría el día en que me enfrentaría a Quirón, a pesar de que siempre deseé darle su merecido. Intentaba estabilizarme pero me era imposible entre las convulsiones de la criatura y mis zapatillas con vida propia moviéndose sin control en el aire. Entre el rabillo del ojo, logré divisar a Annabeth combatiendo cuerpo a cuerpo con Thalia, lo que me molestó aún más. Imaginé lo que ella debería sentir al tener que pelear con alguien a quien quería, ya había pasado por eso y sabía que el resultado no sería victorioso porque para ello era necesario herir a su contrincante y por ello uno siempre estaría a la defensiva.

–¡Luke, vete! No te preocupes por mí. –

Y lo hice. Miré a la rubia sobre la Cazadora sosteniéndola de las manos luchando para mantenerla neutralizada, ella estaría bien. Después de que yo saliera de escena, no le harían daño y ella no se haría daño, sería mi culpa si Annabeth resultaba realmente herida, y no quería eso. Me concentré en mis pies para recuperar el control de ellos y solté el torso humano del Centauro para correr por su lomo, dos paso y llegué a la cabeza del hombre caballo de la cual me impulsé para elevarme por los aires, ése era un terreno fuera de sus manos. Sin embargo, no estaba a salvo todavía.

Quirón aprovechó la distracción de la Hija de Atenea, para atraparla por la espalda ya que no logró hacerlo conmigo, y de ésa forma liberar a Thalia, quien sin perder tiempo fue por su carjac. Supe lo que seguía, e intenté ascender lo más rápido que pude para escapar de las flechas de la Cazadora, ella cargó su arco y apuntó hacia mí. Revoloteé de un lado a otro con el objetivo de evadir su blanco. Disparó y logré esquivar el impacto, la flecha pasó por mi izquierda perdiéndose entre las nubes, cuando vi abajo, una más fue lanzada y aunque me hice a un lado ésta consiguió rozar mi pierna derecha. No supe a donde fue a dar, pero agradecí que no se hubiera incrustado en mi muslo, no obstante el ardor apareció tan pronto como la sangre empezó a brotar. Me frustró no tener nada con qué atacar y no poder ser más veloz, me sentía como un ganso siendo cazado para la cena. Indefenso, con solo la opción de huir. Esquivé una flecha más, y luego otra, hasta que finalmente una de ellas alcanzó mi tobillo derecho. Grité ante el dolor de sentir la punta clavada en mi hueso, y sentí que me precipitaba sin control por el aire, una de la alas de mis tenis había sido cortada y sin ella el equilibrio era imposible para mis zapatos mágicos, así como mi peso era demasiado para el otro pie. Las alas de la zapatilla izquierda revoloteaban con esfuerzo para mantener mi cuerpo en el aire, pero ya ni siquiera estaba de pie, iba de cabeza, en picada hacia los árboles sosteniendo mi pie herido sintiendo cómo la sangre que no fluía por la herida de la flecha se agolpaba en mi cabeza provocándome un mareo, podía sentir el viento golpeando mi rostro con fuerza y mis oídos taparse. En ese momento, lo que más odié fue no poder cumplirle la promesa a Percy y reunirme con él.

De pronto, vi algo en el cielo, lo que en un principio lucía como un ave gigante de color negro, no tenía idea de dónde había salido la criatura, pero batía sus alas con fuerza. Parecía acercarse en dirección opuesta al sol, por lo que me era difícil observarle sin quedar enceguecido por el Astro Rey, pero un relincho me aclaró la mente y lo vi con más nitidez. Cuatro patas galopaban en el aire, su cabeza se movía de forma salvaje, su crin se agitaba con el viento, y sobre su lomo, el chico más hermoso que había visto en la vida.

–¡Luke! – Exclamó y se deslizó el Pegaso por los aires acercándose metros más abajo, lo vi cruzar y dar la vuelta de regreso. Intenté estabilizarme el vacío pero la gravedad no me ayudaba demasiado, sólo conseguí poner mi cuerpo de forma horizontal. Todo pasó en segundos: la flecha en mi tobillo, la sensación de caer, la llegada de Percy, y el nuevo ataque de Thalia. Vi una flecha más siendo esquivada por Black Jack, antes de que caer sobre él, no obstante quedé colgando de un costado y las manos de Jackson me agarraron de la armadura para ayudarme a subir. Escalé por el cuerpo del caballo alado, hasta lograr sentarme correctamente en su columna vertebral. El Pegaso, rápidamente voló hacia las copas de los árboles perdiendo de vista el claro donde se encontraban Thalia, Annabeth y Quirón. Pronto estábamos sobrevolando los techos de las Cabañas, el Bosque, la Arena, los Campos de Fresas, y finalmente, la costa.

Había sido difícil escapar de ahí pero lo logramos, mi corazón latía frenéticamente a causa de la adrenalina y con la brisa que chocaba en mi rostro podía sentir la piel -y el sudor sobre ella- fría. Entonces un leve movimiento de mi pie, me recordó la herida que tenía en el tobillo haciendo que gimiera sutilmente de forma involuntaria. Quizá por la conmoción de la batalla había olvidado que tenía una flecha enterrada en mi pie, pero ahora que mi mente estaba más calmada el efecto de las endorfinas se desvanecía dejando el dolor en su lugar y el soplo constante del viento no ayudaba demasiado, el dardo de 60cm vacilaba por ser arrastrado por la ráfaga pero mi hueso se lo impedía.

–Lamento haber dejado a Annie abandonada. – Comentó Percy con la vista en el horizonte.

–Estará bien, no tienes por qué preocuparte por ella…– Respondí aunque estaba más concentrado en el hecho de que debía retirar la flecha de mi tobillo, por lo que me sostuve de un costado del Pegaso para inclinarme hacia el lado contrario y alcanzar el astil del arma de la Cazadora.

–Sí… ¿Qué estás haciendo? ¡Ay, no! ¡No puede ser! ¡Estás herido! – Exclamó Jackson al girar su rostro con el terror enmarcado en él.

–Sí, esa maldita Hija de Zeus me alcanzó con uno de sus juguetes, y arruinó una de mis zapatillas favoritas. – Expliqué a la vez que agarraba el tubo, sabía que eso iba a doler un poco más, pero era mejor soportar un par de segundos un intenso dolor que esa incesante molestia en mi pie, además no iba andar por la vida con un trozo de madera incrustado en mi tobillo. Así que respiré y cerré los ojos para concentrarme un momento, conté mentalmente hasta tres y tiré de la flecha, la cual salió llevándose consigo un fuerte gruñido mío. Aun así, fue lo mejor. Es como cuando se tiene una astilla en un dedo, el dolor puede ser soportable pero la sensación de sacarla de ahí es aliviadora. Ahora, mi situación era similar con la diferencia que la astilla medía decenas de centímetros y su punta era metálica, pero igualmente el descanso que sentí fue grande. –Estúpida Thalia. – Maldije una vez más lanzando la flecha al vacío, la cual revoloteó en el aire hasta perderse en el mar.

–Uhg, ¿Te duele? Lamento no haber llegado a tiempo, yo- –

–Shh! Ya, ya… No tienes por qué disculparte, llegaste justo a tiempo. – Le tranquilicé con una sonrisa y un leve apretón en su hombro.

–Tenemos que conseguir ambrosía o néctar. –

–Estaré bien. – Aseguré con un tono despreocupado. – Sabemos que eso no me va a matar. – Lo hubiese hecho si el arma hubiera alcanzado mi punto débil, pero no fue así, de modo que solo sangraría hasta que se curara con el tiempo. Esa era una de las ventajas de tener la Maldición de Aquiles. Percy trató de sonreí pero negó con la cabeza y volvió la vista hacia el infinito. Rasgué la camiseta que llevaba debajo de la armadura e hice un torniquete en la pierna, observé el daño y la sangre se había esparcido por mi pie, parecía que el ala rota de mi zapatilla fuera la que estuviera sangrando. Maldición. En verdad dolía, tal vez debía tener fracturado el hueso, ahora que tenía tiempo de estudiar la herida, me di cuenta que lesión había sido un poco más arriba del propio tobillo, unos tres centímetros sobre la tibia. Percy, tenía razón, necesitaba ambrosía o néctar, a pesar de ser inmortal, esa laceración no sanaría rápidamente sin un medicamento mágico, además de que no podía mover el pie sin sentir un terrible dolor, no tenía que hacer el intento de caminar para saber que no podría. Vencido, levanté la vista dejándome de preocupar por mi pie, por ahora no tenía remedio alguno más que soportar el malestar hasta encontrar una cura. Miré a mi acompañante y noté que se encontraba extrañamente callado, lucía intranquilo observando el firmamento. –Hey, Cara de Pez. ¿Qué tienes? Relájate, me recuperaré pronto, ahora ya estamos juntos y a salvo. –

–Sí, bueno. No creo que aun estemos a salvo completamente, Luke. – Ladeé la cabeza sin poder entender sus palabras y por instinto miré hacia atrás creyendo que estábamos siendo perseguidos, pero no había nadie. En ese momento éramos solo Black Jack, él y yo, y un inmenso mar a decenas de metros bajo nuestros pies que se extendía en todas las direcciones, cubierto un cielo de espesas nubes como si estuvieran hechas de algodón. No lograba detectar alguna amenaza a nuestro alrededor.

–¿Me puedes decir de qué rayos estás hablando? –

–De eso precisamente. De rayos. – A pesar de su énfasis no logré captar la idea, una vez más vi el cielo. Rayos. Cielo. Percy. Semidiós. Dios. Zeus. Thalia.

Mi boca se abrió en una sutil o al hallar el sentido de sus palabras. Acabábamos de luchar contra la Hija del Dios más poderoso.

–Uh. Vamos, no creo que Zeus sea tan vengativo como para atacarnos por una pequeña riña con Thalia, bueno, la verdad sí puedo creerlo, pero ni siquiera le hicimos daño, en cambio ella sí me hirió a mí. –

–Lo sé, pero no creo que él nos quiera atacar por eso. De hecho, el problema no es contigo, es conmigo. –

–Percy, no te sigo ¿Tienes un problema con ese tipo? –

Él tiene un problema conmigo. Sí aunque no lo creas. – Aclaró al ver mi expresión de incredulidad. –Bueno, en realidad es más con mi padre. Resulta que por ser Hijo de Poseidón, me es difícil volar por no decir que prohibido, estamos en su jurisdicción y ya sabes que Él es un poco territorial. – Ahora comprendía mejor, fijé la vista de nuevo en las nubes, y esta vez sí logré notar algo extraño en ellas, de repente fue como si nos estuvieran vigilando, listas para actuar.

–Vamos, es cierto que es un cretino, pero no vas a creer en serio que no tenga cosas mejores que jodernos el viaje. – Bufé y como respuesta a mis palabras una especie de rugido retumbó más allá de las nubes.

–Tal parece que no. –

De repente los gigantes copos de algodón se fueron moviendo y a medida que parecía cobrar vida, el blanco se tornó de un gris cada vez más oscuro. Con asombro vi cómo los nubarrones se acrecentaron a nuestro alrededor, se tragaron el sol y con él su luz. Entonces, los relámpagos aparecieron en el firmamento iluminándonos como si fuera el flash de una cámara de tamaño descomunal. Black Jack se asustó y empezó a removerse nervioso en el aire, por lo que tuve que sostenerme de Percy para no caerme del Pegaso.

–Hey, lo sé, tenemos que movernos rápido, amigo, trata de buscar tierra firme. No permitiré que te lastime, descuida. – Olvidaba que el muchacho podía comunicarse con los caballos.

Los truenos hicieron eco nuevamente, y esa vez tuve miedo. Un Hijo de Poseidón y el Hijo de Hermes que una vez le robó e intentó derrocar en solitario por sus dominios, sonaba realmente como una presa fácil. Fue cuando supe que estábamos en problemas de nuevo ¿Acaso los dioses no podían vivir sin dejar de hacer miserable nuestra existencia? Un rayo apareció de las nubes y lo vi extenderse como raíces de un árbol en el aire a unos cincuenta metros de distancia, su resplandor me encegueció por unos instantes. No alcazaba a recuperarme de ese cuando uno más se abrió paso a nuestras espaldas.

–¡Percy, tenemos que salir de aquí! – Grité en medio de los truenos que se habían hecho más constantes. A pesar del espesor de las nubes, no caía ni una sola gota de agua, ni se sentía la humedad en el aire, era solo electricidad y furia lo que salía de esas gruesas capas grises casi negras.

–Vamos, amigo, sé que puedes hacerlo. Sácanos de ésta, desciende un poco más. – El Pegaso obedeció a su amo y se fue en picada hacia el océano, no sabía si el estar más cerca del mar que del cielo nos daría una ventaja. Al segundo me di cuenta que no fue así. Los nubarrones cobraron vida y se arremolinaron formando tornados que surcaban el vacío hasta la superficie del agua, donde la marea también se había inquietado. Los rayos no cesaron y el caballo tuvo que agilizar su vuelo para no ser alcanzado por uno de ellos. Mi ritmo cardiaco se revolucionó nuevamente, por instinto emitía uno que otro gemido cuando los relámpagos nos atacaban, Percy no se quedaba atrás.

–¡Cuidado! – Exclamé al ver uno de los torbellinos aparecer delante de nosotros, había serpenteado por el cielo hasta ubicarse frente a nuestro camino. Black Jack, giró bruscamente ladeando su cuerpo y me aferré al cuerpo del chico para no caer. Sin embargo, apenas logré levantar la vista, miré un nuevo ataque. –¡Percy! – Alcancé a decir antes de que otro rayo pasara a nuestra izquierda, el sonido fue ensordecedor, tanto que nos llevamos las manos a los oídos, y logré sentir la electricidad en la atmósfera, los vellos dorados de mis brazos se levantaron con la estática, no lo pude comprobar, pero podría apostar que mi cabello estaba igual ya que algunos mechones del Hijo de Poseidón se revelaban contra la gravedad. –Tenemos que defendernos. – Sugerí, aunque yo estuviera desarmado, el jovencito sacó su bolígrafo que un segundo era una espada de bronce celestial.

–No podemos luchar desde aquí, Luke, y menos contra Zeus. –

–¿No te das cuenta? Él no está jugando a los fuegos artificiales ¡Nos quiere matar, Jackson! – Si me preguntaran cuál era el dios que más detestaba, ése era el Rey de los Cielos. Incluso por encima de mi padre. Sabía que ese rencor era mutuo, en más de una ocasión me lo había dejado muy en claro, por lo que no podría dejar de sentirme frustrado al no lograr hacer algo ante eso, ni siquiera con haberle salvado el trasero me había ganado su respeto.

Un rayo más se precipitó contra nosotros, y ésta vez no tuvimos escapatoria.

Entre el estruendo que produjo cuando se acercó a nosotros oí a Percy gritar y al Pegaso relinchar, en ese segundo el proyectil impactó con lo que creí ver Anaklusmos y todos salimos volando por los aires en medio de un estallido dorado. Por unos instantes quedé aturdido, sin saber muy bien qué fue lo había sucedido, pero logré abrir los ojos en medio de la ráfaga de viento que golpeaba mi rostro con ferocidad. Experimenté un Deja Vu, de nuevo caía de cabeza hacia la tierra, solo que ésta vez no había tierra sino agua salada. Lo único que vi antes que mi cuerpo impactara con las olas para dejarme inconsciente fue la silueta de un caballo negro alado sin jinetes.