Mica: Hola a todos, estoy de vuelta con otro capítulo. Espero que les guste la segunda parte de la fiesta. Y, como siempre, perdónenme los errores (y/u horrores) ortográficos. Espero que lo disfruten ^_^
-Soy un tonto- pensó Donnie. Él estaba en la biblioteca, sentado en un rincón del obscuro lugar y lamentándose él solo. -¿Por qué pensé que él podría verme como algo más que un simple compañero?- pensó, al mismo tiempo que un suspiro de decepción salió de su boca. Se revolvió el cabello, sacándose en el proceso la capucha, y cerró los ojos pero un ruido muy conocido y poco esperado causo que los abriera como platos. Lo más silencioso que pudo, se asomo lentamente y quedo congelado al ver a Leo entrar como si nada, con una linterna en mano y cerrando la puerta con llave. –No puedes ser…-pensó sentándose nuevamente y cerrando fuertemente los ojos. -…yo y mi mala suerte, como no esperar algo como esto-empezó a gatear, al mismo tiempo que Leo empezó a caminar lentamente. Donnie se congelo al ver a Leo pasar por el frente de él sin darse cuenta. Suspiro mentalmente al verlo seguir de largo y siguió gateando, con la meta de llegar a la puerta y perderse por lo que quede de la noche. -¡Lo logre, victoria para Donatello!- pensó con alegría y alivio al llegar a la puerta. Se paro y se puso a buscar rápidamente en su bolsillo, hasta que cayó en cuenta de una cosa muy especial: la llave para su libertad total…estaba donde antes el estaba sentado y lamentándose. –Me quiero morir…- pensó con miedo. Intento abrir la puerta pero esta estaba cerrada con llave. –Por lo menos no se ha dado cuenta de que estoy aquí…- pensó con un suspiro. -¡Exacto! Cuando él se dé cuenta de que "no estoy aquí", el se ira y yo podre largarme de aquí ¡El plan perfecto!- pensó con una sonrisa pero se congelo al ver, de reojo, como una luz lo iluminaba. -¡¿Por qué el mundo está en mi contra?!- pensó sin darse vuelta.
-Donnie…- Leo sonrió levemente, feliz de haberlo encontrado. –Muy bien, lo encontré…ahora solo me falta que se de vuelta y me escuche- pensó, para después suspirar y empezar a caminar en silencio, con miedo de asustar al "perrito". –Donnie, ¿podrías darte la vuelta y así hablar tranquilamente?- casi suplico pero el menor no dijo nada. Al ver que el otro no hacía nada, suspiro de alivio y apuro levemente el paso pero cuando estuvo a unos cuantos pasos del "perrito", este reacciono por fin y se echo a correr como alma que lleva el diablo. -¡Donnie!- Leo corrió detrás del menor, dispuesto a agarrarlo y no soltarlo nunca.
-¡Déjame en paz!- grito Donnie apurando un poco el paso. Él nunca había sido el más rápido, ese título era de Mikey, pero le ayudaba bastante el hecho de que le llevaba mucha distancia al pelinegro. En un descuido, el castaño se tropezó y gracias a la querida gravedad, termino en el piso. Miro por sobre su hombro, viendo como Leo se acercaba rápidamente hacia él. Se levanto lo más rápido que pudo y siguió corriendo pero Leo, al ver que estaba cerca de su objetivo, apuro un poco el paso. No le tomo mucho más tiempo estar cerca de Donnie, tomándolo del brazo. -¡Suéltame!- forcejeo contra el agarre del mayor pero este no hizo caso y lo agarro del otro brazos. Donnie cerro fuertemente los ojos, sintiendo algo cálido y doloroso en el pecho. -¡¿Qué no me escuchaste?! ¡Te dije que me sueltes!- intento zafarse del agarre pero no obtuvo mucho éxito.
-No lo voy a hacer- Leo lo sujeto con más fuerza pero no como para llegar a lastimarlo. –No te soltare…ni ahora ni nunca- murmuro pero el castaño logro escucharlo y causo que su corazón latiera más rápido, al mismo tiempo que sus mejillas se coloreaban de rojo y quedaba totalmente quieto al escuchar esas palabras tan dulces de Leo. -Por favor…- susurro Leo en el oído de Donnie asiendo que todo el vello de su cuello se erizara por completo.
-A-Aléjate…- susurro con la poco fuerza que sentía. En eso, un consejo que le dio Mikey se le vino a la mente. –Si esto funciona Mikey, te deberé una en cuanto estemos en casa- pensó, para después hacer lo que tenía en mente: subió la rodilla de golpe y con fuerza, golpeando justo en la entrepierna del pelinegro. Leo soltó el aire, acompañado de un pequeño gemido de dolor y termino por soltar al castaño, llevándose rápidamente sus manos a la zona golpeada. Donnie quedo sorprendido, mirando a Leo retorciéndose de dolor. –P-Perdón…- susurro, para después salir a correr hacia donde estaba su llave olvidada. -¡Gracias hermano!- pensó sin dejar de correr. Leo, quien se arrodillo en el piso del dolor intenso que le recorría el cuerpo.
-N-No pienso rendirme tan fácilmente Donnie- susurro con una leve sonrisa, a pesar de dolor. Con lentitud, se levanto de donde estaba y se echo a correr detrás de su "pequeño perrito".
… … … …
-¡¿Por qué no te rindes?!- exclamo al ver que Leo lo seguía con rapidez.
-¡Porque necesito hablar contigo!- respondió el pelinegro. Donnie corrió por entre los muebles, intentando perder al chico pero sin conseguirlo.
-¡Ya deja de seguirme!- en un intento de que lo deje en paz, agarro el primer libro que encontró sobre la mesa y se lo tiro al chico, quien sonrió y lo esquivo. -¿Pero como…?- Donnie quedo sorprendido ante esto.
-Soy hijo de un maestro de artes marciales, ¿recuerdas?- se rio Leo, causando que Donnie se sonrojara ante su mala memoria. Empezó a retroceder, agarrando libros y tirándoselos al chico, quien caminaba y los esquivaba con algo de dificultad. Después de mucha lucha, Leo logro estar cerca de Donnie pero este logro golpearle con ambas manos en el pecho y logro alegarle de su persona un poco. –Impresionante fuerza en ese golpe- pensó impresionado, sintiendo que el aire volvía a sus pulmones. Dejo esos pensamientos de lado al ver a Donnie trepar una de las mesas y pasar por arriba, dejando la mesa en medio de ambos. –Donatello…ni se te ocurra- ordeno al ver que el mencionado estaba a punto de salir a correr nuevamente. –No te me vas a escapar…nunca en la vida- con ese pensamiento, se trepo en la mesa y se lanzo sobre Donnie, quien estaba a pocos centímetros y quedo estampado en el piso.
-¡No!…no no no…no no no- repitió Donnie al sentir como Leo se posicionaba sobre él y encarcelaba sus muñecas dejándolo completamente inmóvil.
-¡Vamos Donnie!- exclamo Leo –Ya deja de huir de mi- dijo casi con desesperación mirando a los ojos al acorralado chico de cabellos marrón. Donnie no podía decir nada, todo su cuerpo estaba totalmente en shock ante las palabras de Leo. A pesar de haber sido lastimado en la entrepierna seguía persiguiéndolo sin parar.
-Yo…yo no puedo soportar…- dijo finalmente casi en un susurro Donnie sin mirarlo, apartando su vista. En sus ojos se asomaban pequeñas lágrimas que no llegaban a ser lágrimas. Leo quedo impactado ante esa reacción de Donnie, pero no quería rendirse
-No…entiendo…- murmuro Leo extrañado.
-No puedo soportar…- repitió pero Leo seguía mirándolo fijamente a los ojos de forma insístete. -No…¡No puedo soportar el quererte tanto! ¡No soporto este calor que invade mi corazón cuando te veo! ¡Ese sentimiento irreal de querer estar a tu lado para siempre escuchando el sonido de tu respiración en mi oído cada mañana durante el resto de mi vida!- Donnie no sabía la razón por la cual hablaba pero ya no podía callarse. -¡No soporto la idea de que alguien que no sea yo te provoque una sonrisa! ¡No quiero sentir tantas cosas sin sentido por ti…! No quiero quererte tanto…- sus ojos estaban totalmente mojados y Leo totalmente atónito.
-Donnie …- dijo Leo. Poso sus manos en las mejillas de Donnie asiendo que este dejara de llorar y lo mirara con los ojos muy grandes y llorosos.
-Y-Yo…realmente lo siento- dijo finalmente más calmado y mirándolo a la cara finalmente pero Leo ya no ya había escuchado mucho. Tomo su rostro con sus manos y lo beso. Fue un beso lento y apasionado, lleno de expresión. Donnie se opuso al principio pero era un beso tan expresivo que se dejo llevar. Los labios de Leo sobre los suyos fue lo que siempre quiso después de conocerlo y ahora lo estaba cumpliendo. No supo cuanto tiempo estuvieron así pero en algún momento se tuvieron que separar gracias a la necesidad de oxigeno. En cuanto se separaron, Donnie lo vio con el rostro sonrojado pero con una enorme sonrisa, mientras que Leo le sonrió con dulzura. Se sentó lentamente, dejando que Donnie se sentara en frente de él. Ambos se miraron entre ellos, en silencio total pero no era incomodo, era todo lo contrario.
-¿Sabes una cosa?- hablo de la nada el pelinegro. Donnie lo miro confundido y negó con la cabeza, curioso por lo siguiente que diría el chico. –Eres mío…y no acepto un "no" por respuesta- sonrió Leo de manera extraña.
-Yo no soy de nadie- Donnie se cruzo de brazos, al mismo tiempo que desviaba la mirada de manera juguetona. Leo se rio y beso levemente su mejilla. –Aunque…podría hacer una excepción- Donnie se rio y rodeo el cuello del pelinegro, uniendo sus labios en un dulce y tierno beso.
-Me alegro saber eso- dijo Leo con una sonrisa una vez que se separo, para después besar suavemente la frente de su pequeño "perrito".
Mica: Espero que les haya gustado, no olviden dejar comentarios y recuerden que acepto ideas y personajes, al igual que críticas buenas y/o malas. Cuídense y ¡adiós!
