La persiguio con la insistencia de un niño, mientras esta corria tropezandose con las ramas.
-¡Merida!.- La alcanzo sorpresivamente. Tomo con fuerza su brazo y lo jalo hacia el, pero esta queria zafarse de ese brusco agarre mientras imploraba que la soltara. –¡Ya basta!.-
-¡Dejame ir!.- Con voz queda se impulso hacia enfrente pero no logro nada. La pelirroja solo se derumbo en el abrazo que el castaño trataba proporcionarle. Sus finos brazos tomaron con fuerza la cintura del que la abrazaba, mientras este sobaba su espalda.
-Tranquila.- Susurro tranquila, pero Merida aun estaba intranquila.
-Todo es mi culpa.- Era una de las tantas frases que en ese momento ella le daba. Algunas eran tontas, otras tenian sentido, pero de todos modos, no les prestaba atencion. –Arruine tu vida, y la de muchos tambien.-.
-Oye…- El vikingo tomo los hombros de la princesa, levantandola para que lo mirara a los ojos. –No arruinaste la vida de nadie. No era tu intencion, ¿entiendes?.- Queria gritarle todo lo que sentia en ese momento, aunque precisamente no sabia que sentir. Si alguien te dice cosas como esas, se supone que debes enojarte y llenarte de ira, era asi, ¿no?... pero solo sentia algo como ¿culpa?. No lo sabia.
-Ese era el punto, arruinar sus vidas.- Fruncio el ceño negando con su cabeza. Queria que el la odiara, y asi hacer todo mas facil.
-Pero no lo lograste.- Replico. –Escucha, he perdido mucho…demasiado. No quiero perderte a ti.- Levanto un poco su menton y acaricio los cabellos rojizos que estaban en su frente.
-No podemos.- Sus labios se fueron abajo, al igual que el soporte en su cuello, haciendo que se recargara en sus manos.
-¿Eso era lo que te lo impedia?, ya paso.- Volvio a apretar sus hombros aun mas. ¡Dioses! que era dificil.
-No es tan sencillo, ¿que no lo entiendes?.- Merida se solto y retrocedio un poco, alejandose un poco mas si este intentaba acercarse. –Han pasado ¡años!, ¿que es lo que esperas?, ¿sentirnos como unos jovenes enamorados mientras empezamos a criar a nuestro hijo juntos, y envejecer tomados de la mano?.- Su labio inferior temblo un poco mientras tenia una mano cubriendo su boca y mirando hacia todos lados.
-Si, es lo que espero.- Tomo ese redondeado rostro sin previo aviso y beso sus labios con delicadeza, suavizando su toque mientras que con su pulgar limpiaba una lagrimilla que salian de sus ojos. La pelirroja acaricio su castaña cabellera, abrazando su cuello con fuerza mientras se acercaban un poco mas –Te quiero Merida.- Susurro esas palabras aun cuando sus labios estaban pegados a los de ella, rozandose levemente. –Podemos ser felices juntos.-.
Se mordio su labio con duda en su rostro aun, pero no podia negar que eran pocas las cosas que le proporcionaban felicidad, solo Hipo y Bjorn, los amores de su vida.
-¿Estas seguro?.- La timidez se reflejo en su voz en toda la extension de la palabra. –No quiero… no quiero que te arrepientas… no podria.- No paro de hablar pero este le dio un gentil y rapido beso para hacerla callar.
-No todo sera perfecto, vamos a pelear y tal vez no quieras hablarme por una semana.- Ambos rieron con timidez. –Pero no puedo tenerte lejos.-.
Calento su corazon. Tomo el rostro del vikingo y lo beso con pasion mientras sus narices se rozaban. Era obvio que habia hecho cosas imperdonables, pero habia cosas que estaban fuera de su control, como: enamorarse de el.
-¿Y batair?, ¿que va a pasar?.- Apreto sus labios pensando en que las acciones salvajes del rubio.
-El no puede retenerte.- Tomo sus manos y entrelazo sus dedos. –Somos mas fuertes.-.
-¿Lo prometes?.- Una ligera sonrisa se formo en sus labios, y el brillo que tenia en sus ojos solo reflejaba esperanza.
-Lo prometo.-.
-.-.-
Despues de una larga noche de buenas platicas y buenos tiempos, la chica Haddock, Eyra, estaba dormida en los brazos de Harek, quien trataba de hacer lo soltara para dejarla tranquila en su cama.
Harek pudo hacer que Eyra perdiera el agarre y esta cayera en la cama.
-¿Ya esta dormida?.- Camicazi se asomo a la habitacion en silencio, mientras Harek salia de la habitacion despues de arropar a su prometida.
-Si, no te preocupes.- Suspiro.
-Muchas gracias.- La rubia puso una mano en su hombro y se despidio del joven, cerrando la puerta detras de el.
La mujer se paseo por su casa y entro a la habitacion de Melker. Observo por un momento con una sonrisa a su hija, y acaricio su cabecita, haciendo que se removiera un poco en su cuna. Hubiera seguido con esas acciones, pero por fin escucho el sonido que queria escuchar, la puerta principal abriendose con lentitud.
Camicazi se acerco al barandal de la escalera y se asomo para verificar que si era la persona que espera.
-Hipo.- Al vikingo le llamo la atencion que Camicazi siguiera despierta. –Estas aqui.-.
-Oh… si.- Hipo se rasco la nuca y se sento comodamente en su silla, casi ignorando la preocupacion en la cara de su prometida.
-¿Podemos hablar?.- La rubia bajo las escaleras a un paso rapido, se cruzo de brazos y se acerco timidamente a donde el reposaba.
Hipo la miro de reojo por un segundo. –Claro.- Suspiro.
-¿Por que siempre llegas tarde a casa?, ¿por que ya nisiquiera subes a dormir?. Te quedas a dormir en el sofa mientras yo espero por ti… ¿ya no me quieres?.- Camicazi pregunto con un nudo en la garganta y unos ojos tristes.
El castaño se mordio los labios, apretandolos, evitando responder a sus preguntas. Todo era cierto. Desde que llego Merida, el a veces se quedaba a dormir en el sofa o en la herreria, esperandola. Llegaba tarde a casa por que pasaba tiempo con su hijo perdido y con la mujer que amaba, y la respuesta a su ultima pregunta, no, y nunca lo hizo. No podia decirle de esa manera las cosas.
-Responde por favor.- Su voz entrecortada y las lagrimas que mojaban su cuello fueron las que rompieron el hielo.
-Camicazi… no se que decirte.- Suspiro, recargando su codo en la mesa y recargando su frente en su mano.
-Si puedes Hipo.- Quebro en llanto. –Yo veo como la miras… como le hablas.- Se coloco una mano en su pecho, sintiendo como su corazon latia a mil por hora.
-Oye.- Quizo replicar.
Grito. –¡No!, ¡dejame terminar!.- Camicazi se acerco a Hipo, mientras recarga su puño en la mesa. –¿Me estas engañando?.- Pregunto con fuerza.
Se quedo alli, queria decirle todo y hacerselo mas facil a el y a su familia, pero no podia, no era el momento.
-Res…pon…de.-.
Hipo suspiro bajando su mirada para volver a reecontrarse con la de ella. –Yo siempre soy debil cuando esta cerca.-.
¡Boom! no era la respuesta que queria. –¿Te acostaste con ella?.- Paro de llorar. Ahora solo estaba enojada… muy enojada. –¡¿Dormiste con esa mujer?!.-.
Tardo de nuevo en responder. –Si.- Fue leve y sin rodeos.
-¡Hijo de…!.- Se llevo una mano a su boca. Camicazi corrio por las escaleras mientras Hipo la perseguia.
-Camicazi no es la primera vez.- Replicaba mientras la seguia. –Nos conocimos hace años y…-. Tomo el hombro de la rubia pero esta se volteo a mirarlo fieramente.
-No…te me acerques.-.
-Es que… no puedo casarme contigo… digo.-.
Camicazi solo avento una vela hacia el pero este se agacho.
-¿No puedes?.- Respondio. –¿Ahora vas a destruir a tu familia?. Eyra va a tener que acostumbrarse a otra mujer y Melker… ¿crecera sin un padre?. ¿Eso es lo que quieres?.-.
-No voy a dejar a Melker, y no metas a mi hija en esto.-.
-¿Ah no?... ¿tu hija sera feliz sabiendo que su padre se acuesta con cualquiera? ¿con una zorra?.- Sonrio sarcasticamente.
-¡No la llames asi!.- Fruncio el ceño, levantando la voz.
-Ella es una es-tu-pi-da.- Se volvio a burlar de ella solo provocando la ira de su prometido.
¡PASS!, fue lo unico que se pudo escuchar retumbar en las paredes de la habitacion. Camicazi llevaba una mano en su mejilla, mientras Hipo se percataba lentamente de lo que habia hecho.
El tomo la muñeca de esta y la miro friamente. –No quiero que la llames asi, ¿entendiste?.-.
-.-.-
Me senti tan bien escribiendo esto:l.
