Summary: Alice muere al proteger a Renesmee de los Vulturis, Jasper queda destrozado. Pero que pasara cuando treinta años después los Cullen vayan a Borough de Denali (Alaska) y encuentre a una pequeña humana de cabello negro, aspecto de duende, que estaba en el psiquiátrico por tener visiones y acaba de escapar de él.
Los personajes no me pertenecen sino a S. Meyer.
Nueva esperanza
Capitulo 4: Más información
—Alice— susurré asustado —Alice— volví a susurrar, la tomé en brazos y salí al recibidor, donde estaba Carlisle y Esme platicando, ella me miró sorprendida, Carlisle en un parpadeo ya tenía a Alice en brazos y la recostó en el sofá.
— ¿Qué le pasa, Carlisle?— pregunté preocupado y comencé a dar vueltas entorno al sofá, no fue hasta entonces que me di cuenta de que Esme y Carlisle no estaban solos, Renesmee, Jacob, Emmett y Rose me miraban extraño.
—Ella está bien— dijo Carlisle —solo debe descansar, pero mientras, ¿podríamos hablar?— asentí y me senté a un lado de Alice esperando para ver que decía Carlisle.
Renesmee tomó la mano de Jacob y salieron de la casa, Rose tomó la mano de Emmett y fueron con Jacob y Renesmee.
—Es sobre… ella— dijo Carlisle mirando a Alice una vez que solo Esme, Carlisle y yo estuviéramos en la sala, asentí —el hospital en el que trabajo, está afiliado con el hospital psiquiátrico, antes de terminar mi turno, me informaron que una paciente se había escapado— murmuró y me tendió una carpeta blanca con el logo del hospital, la abrí.
Nombre: Alice.
Apellido: Brandon.
Edad: 15.
Enfermedad: Paranoia avanzada.
Despues venía un informe de lo que ella hacía o que medicamentos le administraban, sus padres la habían encerrado ahí hacia cinco años, cuando ella tenía apenas diez años.
No podía creerlo, ella era igual que mi Alice, ella también había estado en un psiquiátrico, solo que esta Alice era más joven, esta vez no había vampiros cuidándola o acechándola.
—Alice… ¿Brandon? — pregunté para mí, ya pensaba que el apellido se había perdido con mi Alice.
—Si— dijo Carlisle, entonces recordé que Alice había tenido una prima… Cynthia, que vivía en Biloxi. Alice muchas veces había querido ir a conocerla, pero nunca fue, ya que la convencíamos de que no era buena idea y ella se entristecía...
— ¿Así que esta Alice, vendría siendo la… nieta de la sobrina de mi Alice?— murmuré y Carlisle asintió con gesto pensativo —esto es… extraño— dije.
—Mucho— coincidió Esme y se acercó a mí y a Alice, comenzó a acariciar su cabello —Es muy parecida a ella— comentó.
—No me hagan daño— susurró Alice entre sueños y sin saber porque sentí como si estrujaran mi corazón, aunque ella no fuera mi Alice sentía como si fuera ella, como si nunca nos hubiéramos separado, sentía tristeza como mía, su dolor, su agonía, su miedo y muchas cosas más —basta, por favor—murmuró y Esme retiró su mano lentamente, mientras bajaba la mirada, sentí como comenzaba a sentirse triste y comenzaba a sollozar quedamente, Carlisle la abrazó y ella sollozó más.
Comencé a mandar olas de calma y tranquilidad hacia Esme y Alice, ya que la ultima había comenzado a sollozar también, poco a poco fui calmando a las dos hasta que dejaron de sollozar, Esme me agradeció y salió de la sala.
—Llévala a una cama— recomendó Carlisle y salió de la sala, tomé a Alice en brazos y comencé a subir las escaleras. Alice iba susurrando cosas que me hacían odiar que ella hubiera estado en el psiquiátrico, ya que cada cosa que susurraba era para que no e hicieran daño, entré a mi habitación y acosté a Alice en la cama, iba a apartarme cuando sus pequeños brazos rodearon mi cuello.
—No me dejes sola, por favor, no…— sollozó y por un momento creí que había despertado, pero aún tenía sus ojos cerrados.
—Aquí estoy Alice, no te dejaré— murmuré mientras me sentaba a un lado de ella y reforzó su abrazo sobre mí, poco a poco la calmé y volvió a caer en un profundo sueño.
Al estar cerca de Alice, me sentía como si de nuevo estuviera completo, como si nunca hubiera ocurrido lo que había pasado hacia treinta años, me sentía bien, el calor que desprendía su cuerpo era muy agradable, los latidos de su corazón eran una agradable melodía que se completaba con el ligero ruido de su respiración, hasta aquel momento comprendí como Edward había pasado tanto tiempo viendo a Bella dormir, aunque no podía saber lo que ella estaba soñando me gustaba poder saber cuáles eran sus emociones, ya que en ese momento eran muy diferentes a las que tenía cuando estaba despierta, estaba relajada, tranquila y tenía un cierto nivel de felicidad, aunque no era mucha la felicidad que tenia, me gustó saber que ella lo era. Pasé un momento así, monitoreando sus sentimientos, pero tuve que levantarme de la cama porque Alice comenzó a temblar por el frio de mi cuerpo, me puse de pie y caminé hacia el armario, estaba tomando las mantas cuando comencé a sentir miedo y tristeza de Alice, me apresuré a tomar la manta color blanco, gruesa y me senté de nuevo a un lado de Alice, a ella la cubrí con la manta y cuando me iba a apartar su miedo aumentó, comencé a tratar de calmarla pero no estaba funcionando en absoluto, comenzó a sollozar quedamente.
—Tranquila Alice— murmuré en su oído en un intento de calmarla —tranquila Alice, conmigo estas a salvo— susurré y comenzó a funcionar, me fue mucho más fácil calmarla.
El resto de la noche fue tranquila, Alice me había abrazado de nuevo y no me habían permitido moverme en toda la noche, pero aquello no fue incomodo, al contrario, me gustó, ya que su calor corporal tenía un efecto relajante en mi. Poco a poco se fueron filtrando los rayos del amanecer por las cortinas, al parecer hoy iba a ser un día soleado y no podríamos salir de la casa, cuando un rayo de sol alumbró el rostro de Alice, esta se movió tratando de que no le tocara su rostro y soltó su agarre, reí quedamente causando que con el movimiento ella despertara completamente.
—Buenos días— murmuré divertido y ella me dedicó una pequeña sonrisa.
—Buenos días, ¿te quedaste toda la noche? — musitó tallándose los ojos.
—Sí, aunque dudo que hubiera podido irme— dije y ella me miró confundida —me tenías preso— expliqué con media sonrisa y sus pómulos se colorearon ligeramente, causando que se viera linda, pero también que mi garganta ardiera, desvié la mirada y sacudí ligeramente la cabeza —vamos a que desayunes algo.
Ella asintió, me puse de pie y le tendí la mano, esta vez ella no se estremeció, si no me sonrió y comenzamos a caminar escaleras abajo.
