Hipo estaba muy ocupado cuidando de Berk. Aunque era una isla pequeña con pocos habitantes, siempre había mucho drama. Las ovejas de Sven últimamente se estaban escapando por el viejo corral, aparte de que todos siempre buscan una razón para pelear, excepto el. Odiaba que Bjorn y Eyra pelearan por algo sin sentido. Lo bueno era que Eyra le tenía un cierto cariño.

Si cariño. Cuando llego Bjorn por supuesto que no sabía que era su hermano, pero era tan parecido a su padre que era casi como no amarlo. No lo reconocía aun como un hermano, porque no había pasado el debido tiempo con él, porque simplemente no estaba mucho en casa, pero cuando podía pasar tiempo con papa y Bjorn, no se negaba, pero era claro que a veces su orgullo era demasiado pesado para soportar.

-Eyra, por favor, ayuda a tu hermano a afilar tu hacha.-.

Ella se quejó. No había dormido mucho ayer y había peleado Harek.

Harek había sido su novia desde toda su vida, claro, planeaban casarse y pasar toda su vida juntos, pero, solo había estado y experimentado con él, nunca se daba el tiempo de conocer a los demás, o incluso molestarse de conocer a alguien más, y solo por el hecho de haber estado juntos tanto tiempo, no era excusa suficiente. No puedes siempre estar seguro en el primer intento; incluso, su padre la alentó a conocer a más gente, y no solo estar con una persona, ya que, la persona que te quiere, te quiere con absolutamente todo, y a ese tipo de gente, era con quien quería que se aferrara.

-Eyra, ayuda a tu hermano, por favor.-Se lo volvió a repetir.

-Estoy bien, no debes preocuparte tanto.-Bufo Bjorn.

-Déjame ayudarte.- Eyra se levantó y se acercó a él.

-Puedo solo.- Insistió.

Eyra le dio una mirada cómplice a su padre. Hipo solo rodo sus ojos y siguió con el papeleo en la mesa. Tercos como jabalíes, no debería sorprenderle.

-.-.-

Nadie podía negar que Hipo seguía siendo el mismo. Había crecido, había cambiado muchas cosas, pero su esencia siempre estaba ahí.

El primer cambio fue con su primer amor. Astrid. De algún modo el primer amor permanece porque te enseña y te prepara para el resto de tu vida. Hipo pudo formar un carácter después de ella, pudo experimentar una primera vez con una persona.

El segundo, un amor pasajero. Camicazi. Estos no perduran pero aun así se quedan en un memoria, ya que con ellos aprendes a distinguir. Ellos vienen y van, con ellos cometes errores accidentales y a propósito, pero nunca duran. Siguen ahí, te permiten conocer a los demás.

El último, el amor de su vida. Merida. La conoció a ella pero el amor que él le tenía, solo nació, no lo aprendió. Nunca podía describir el por qué la amaba, por qué le gustaba, el por qué simplemente ella. Nunca existía una respuesta.

-.-.-

La pelirroja estaba tan cerca de llegar a Berk, que no había podido planear y meditar todo lo que estaba sucediendo, y a veces se arrepentía tanto de hacer todo esto, solo por el hecho de que, aun después que lo abandono e hizo mucho daño, la siguió amando como si nada, y tal vez era eso, probablemente, a lo que debería aferrarse.

No había pensado realmente. Solo fue instinto y ella ya no sabía si esto lo hacía por él, ahora muchas cosas habían cambiado, y se centraba mucho en ella. Hacía ya varios años que no se daba un respiro, que no dormía sin pensar en que estaban pensando los demás, en que si su hijo era feliz o no. Muchas de sus preocupaciones habían desaparecido en un periodo corto de tiempo. Todos a su alrededor eran tan felices que se preguntaba el por qué ella no lo era, y era muy sencillo, había dejado lo que la hacía sentir vivaz. Ahora, todo era diferente, y esto lo había repetido tantas veces en su cabeza, que se lamentaba de siempre cambiar de opinión y olvidar prácticamente todo lo que había reflexionado.

Solo había una última y gran preocupación. ¿Seguía enamorado de ella?.

Probablemente. Tal vez. Puede que sí o puede que no, pero, ella estaba consciente de que si no era lo que esperaba, por lo menos, tendría recuerdos y un regalo en carne y hueso, esperando por ella.

Solo que no se trataba solo de ellos tres, habían otros dos. Bueno, él bebe no era mucho problema, pues, era solo una criaturita aun, pero Eyra albergaba tantos sentimientos y malas experiencias, que le hacían tener temor de ella. No estaba segura de sí Eyra podría hacerle daño, aunque creía que no, solo por el hecho de que ya lo habría hecho antes. El problema, aceptarla. Probablemente nunca lo haría ni estaría feliz de tenerla allí, pero era ya toda una adulta, y si había madurado, pudiera entenderlo y actuar como tal en esa situación.

Ya no sabía ni cuál era su miedo. Todo lo que le rondaba en la cabeza eran sus excusas y sus miedos.

Tal vez. Ahora tendría que intentarlo.

-.-.-

Bjorn pasaba mucho rato en casa. Le encantaba estar afuera, pero, su casa era su santuario para poder inspirarse a sí mismo, y él nunca había tenido un hogar así, aunque claro, vivía en un castillo y sus tíos eran geniales con él, pero, a veces quería sentir las sensaciones de la gente ''común'', como, una casa normal, con sus padres normales, estando rodeado de personas normales con las que puedes conversar y él no tenía eso en Escocia, pero, su razón no era esa, intentaba escribirle una carta a su madre para que viniera a visitarlo y pasar tiempo juntos. Adoraba estar ahí, pero el amor de su madre era indispensable e innegociable.

Estaba inspirándose y tratando de sacar las palabras para poder escribir algo en su pequeña libreta hasta que su padre de la nada entro.

-Hey, amiguito. Estaré fuera todo el día. Si necesitas algo, búscame.- Se lo dijo un tanto preocupado. Hipo no le gustaba dejar a sus hijos solos porque solo le recordaba una parte muy solitaria de su vida, y esas cosas como padre, no quería heredarlas.

-Sí, de acuerdo.- Volvió al papel.

-.-.-

El castaño trataba a la medida de lo posible, estar mucho en casa. Tenía a sus hijos y Chimuelo, y toda su atención se había dirigido hacia su aldea, y no era malo, pero consumía mucho tiempo. Deseaba ayuda y gracias a la ayuda de los otros jinetes, era un poco más fácil, pero era más responsabilidad de la que se podían imaginar.

-Patapez, necesito que me ayudes a terminar estas órdenes.-Hipo le dio un listado al hombre robusto quien trabaja en un proyecto especial, así que este no le prestaba atención.

-Lo siento Hipo, pero no puedes interrumpirme ahora.- Dijo emocionado.

El solo lanzo sus ojos hacia arriba. Bien, una tarea más para él.

No tenía demasiado que hacer aquel día, pero, tan solo de pensar que tenía que pasearse por toda la isla, a veces lo dejaba agotado, ya que siempre salía con sus hijos a hacer cualquier cosa para distraerlos, siquiera tenía a Chimuelo con el todo el día, pero el también sufría las consecuencias.

Estaba en los puertos porque una de las personas que vivía cerca de allí, constantemente sentía inseguridades porque había restauración de todo Berk, excepto los puertos, que se podrían decir, ya nadie los utilizaba tan a menudo, y tenía razón, tenían que restaurar esos puertos antes de que alguien se accidentara.

Hasta que un pequeño barco, que no pudo reconocer, apareció a la vista.

Según él y sus anotaciones, no tenía ninguna visita de alguien o de lo que fuera, y dudaba que fueran sus típicos enemigos, simplemente no tenía sentido.

Espero un poco y se acercó a la orilla para poder distinguir el bote, pero no tenía siquiera un logo que pudiera hacerse reconocer, hasta que vio los rizos naranjas…

Poco a poco se fue acercando y ella salió, reconociéndolo en su totalidad.

Merida era diferente, pero, era como si apenas la hubiera estado conociendo años atrás. Un brillo juvenil en sus ojos la volvió a traer a la vida.

En lo que pareció varios minutos, solo fueron segundos y ella ya estaba frente a él. No recordaba haberla saludado, pero ella abría su boca y no salía nada.

-Hipo…-Susurro la pelirroja. No había planeado nada, ni sabía cómo tenía que decirlo, pero si sabía que había dificultado tanto las cosas que una disculpa no era suficiente.

Ella lentamente puso un mechón de cabello detrás de la oreja de Hipo, y con el dorso de su mano acaricio su rostro hasta posarse en su mejilla. El cerró sus ojos con una lentitud, como si se estuviera quedando dormido, pero volvió a mirarla. En su cabeza, él pensaba que este era el momento que por mucho tiempo había esperado.

-Te amo tanto que lo arruine.- No era precisamente lo que quería decir, pero era mejor que decir nada. –Todo es mi culpa… yo te hice esto y no sé si me puedas perdonar, porque no lo merezco.- Sus ojos se iluminaron al decir tan poco, todo lo que se había guardado por años por fin podía sacarlo. No sabía si tendría un significado, pero para ella, significaba mucho más.

El solo arrugo su frente y se apoyó en la de ella. Tenía los ojos muy cerrados y respiraba fuerte.

-Hay algo que necesitas saber.-No lo dijo fuerte. –No lo arruinaste todo.-.

Levanto sus cejas. –Todo es un desastre.-.

-Mer…- Los ojos azules se levantaron con timidez para mirarlo. –Si prometes que no te iras, prometo no dejar de sorprenderte.-.

-Siempre lo haces.-.

No era necesario decir más, solo lo necesario. No necesitaban decir más, porque ya sabían que había detrás de las palabras. No necesitaban decir lo mucho que se habían echado de menos, ni decir que habían desperdiciado tanto tiempo.

Ya nada importaba.

Estaban allí. La pelirroja paso sus manos por su cintura y lo abrazo fuertemente, descansando su cabeza en su pecho. El respondió al abrazo tanto como ella, pero levanto su mentón lo suficiente como para poder besarla.

-.-.-

No quería decir esto, pero ya mañana es ahora sí que el final de nuestra historia(: manténganse al tanto.