Bjorn no sabía que estaba pasando, y mucho menos sabía lo que había pasado. Todo había ocurrido muy rápido. Su madre había entrado disparada a la casa para encontrarlo solo a él. Lo abrazo más fuerte de lo que había hecho antes, y acariciaba su cabello, removiéndolo todo hacia atrás para ver su cara con más detalle. Ella prometió que jamás iba a volver a dejarlo descuidado y que ya no iban a ser solo ellos dos.
Sabía que había ocurrido en ese instante. Nunca la había visto tan feliz. Tal vez otros sí, pero el jamás pudo verla así.
Ella lo abrazo una vez más. Bjorn se fundió tanto en el abrazo que nunca hubiera querido que terminara.
Pero en otro lado, Eyra sabía de lo que su padre quería hablarle y ya se lo había dicho tantas veces que sabía que palabra iba detrás de la otra, desde muy pequeña hablaba con ella sobre esto, cada vez se profundizaba más, solo que ahora iba a escucharlo.
-Tú sabes de lo que quiero hablar.- Cepillo el cabello de su hija detrás de su oreja.
Ella asintió.
-Eyra, hemos estado solos mucho tiempo. No ha sido fácil criarte solo y no ha sido fácil saber que no confías en mi.-.
-Confió en ti.- Interrumpió, pero puso una mano en su boca para callarla gentilmente.
-Sé que no lo haces del todo, pero, todos siguen con sus vidas excepto yo, ¿sabes lo difícil que es eso?.-.
Ella negó con su cabeza.
-No lo sabes, y me siento solo todo el tiempo y traicionado.- Acelero sus palabras. –Te he lastimado mucho pero me lastimas porque comparto todo contigo y con los demás y no hago nada conmigo mismo, y Merida es… es quien yo quiero que me apoye cuando no tenga a ti, ni a Bjorn, ni siquiera a Melker cerca.-.
-Es el amor de mi vida, ¿entiendes?.- Sus ojos casi estaban cristalinos por las lágrimas que no dejo escapar.
Como padre, hablar de estos temas con los hijos jamás eran fáciles.
La rubia respiro hondo. –Ya no quiero que estés triste, y si tengo que cambiar, lo voy a hacer pero por favor, no estés triste.- Lo rodeo por el cuello y lo abrazo tan fuerte como el a ella. –Voy a cambiar, lo prometo.-.
-Todo estará bien.- Susurro, dándole a su hija unas palmadas en la espalda.
Probablemente Eyra jamás aceptaría todo del todo, o puede que sí, no lo sabía, pero por primera vez, pudo encontrar el significado de todo lo que había pasado, y ahora lo comprendía.
Su primer amor, le enseño todo. No disfruto todo, pero, aprendió todas las herramientas para la supervivencia, y ese primer amor, le dejo a su primer hijo. No fue fácil, pero, aprendió solo a lidiar con ella y agradecía de todo corazón sus vivencias porque sabía lo que hacía mal y hacia bien.
El pasajero. De ahí se dio cuenta de todos los errores que había podido cometer. Puso en práctica lo antiguo, pero, tropezó más de lo que debía. Le dejo a su hijo más pequeño, y aunque fuera algo pasajero, no podía negar que cuando tienes un hijo, se convierte en lo más hermoso de tu vida.
El amor de tu vida, tal vez te ensena muchas cosas nuevas, pero al mismo tiempo no te ensena nada. Solo aprendes por ti mismo. Permanecer con el amor de tu vida y tener hijos, era la sensación más placentera, porque así todo el esfuerzo valía aun más la pena.
Merida nunca busco conocer a Hipo, ni Hipo a Merida, pero ambos se encontraron y aprendieron a la mala, pero su relación desastrosa no la hacía más ni menos llena de amor.
Al principio todo era físico, pero las emociones se profundizan cuando estas con la persona indicada.
-.-.-
La pareja decidió vivir en Berk. Era obvio que la mujer siempre se iba a mudar a la casa de su pareja, aparte de que viviendo allí, ella y su hijo eran felices y ahí Hipo tenía grandes responsabilidades que tendría que pasar a su hijo.
Ellos decidieron no casarse. Para ellos, casados o no, no hacia diferencia en que por fin podían despertar uno al lado de otro. El jefe siempre ansiaba la hora de dormir porque siempre tenía a Merida tan cerca, que demostrar su amor por ella, era siempre su parte favorita.
Siguieron educando a Eyra, preparando a Bjorn y criar a Melker juntos, inclusive con los problemas de Camicazi y otros, al fin y al cabo, los problemas existirían siempre pero ahí estaban para apoyarse.
Al fin, nadie podía ser menos importante que el otro, solo que eran los amores de su vida, pero todos significaban algo diferente.
-.-.-
Era un nuevo día en Berk. El sol aún estaba lejos de salir pero ya el cielo pintaba de naranja. Hipo siempre tenía que despertarse muy temprano por sus obligaciones, pero le era un placer observar un rato a la mujer a su lado, tan llena de paz.
Acaricio su espalda y puso sus brazos alrededor de la cintura y recostó su cabeza en su hombro, mientras plantaba pequeños besos en su mejilla. La pelirroja se removió con una débil sonrisa en su rostro, y despertaban sus ojos aun soñolientos.
-Buenos días.-Ella dijo relajada mientras cerraba sus ojos un poco más. El no dejo de besarla.
-Buenos días.- Le respondió en voz baja.
La pelirroja se removió en la cama para acomodarse en otra posición, donde sus narices rozaban.
-Es muy temprano, ¿no lo crees?.- Sonrió.
-Quería pasar un tiempo contigo.- Respondió. –¿Que quieres hacer?.-.
Ella acaricio sus brazos y rodeo el cuello de su amante con delicadeza, para luego plantar un irresistible beso en sus labios. Tan lleno de dulzura y pasión.
-Me gusta estar aquí.-.
-Aquí nos quedaremos entonces.- Le devolvió una sonrisa mientras unio su cuerpo con ella y recargaba su frente con la de ella.
-.-.-
Y punto final u,u. Bueno, esta historia ya se acabo, y bueno, la verdad me gusto mucho la historia, estoy muy satisfecha, considerando que no soy la mejor escritora, pero me encanta que a ustedes tambien les hubiera gustado, y las historias siguen, pero esta ya termino, y nos seguimos leyendo. Adoro sus comentarios y sus historias que siempre me recomiendan, siempre las leo, y bueno, les agradesco que hayan seguido con la historia hasta el final c: nos vemos prontito c:.
