Como respuesta a Silvemy89 y para disculparme por lo corto del capítulo anterior subo enseguida el tercero, aunque hubiera podido unirlos no me sentía cómoda haciéndolo ya que prefiero que estén separados, espero comprendan.

Acá está la tercera melodía, ¡gracias por leer! ^^

~ Cindy Elric ~


Tercera Melodía: Kazuya

En cuanto el sol asomó sus rayos sobre las montañas Inuyasha junto a sus amigos retomaron su camino, debían recuperar aquel fragmento antes de que cayera en manos de Naraku.

–¡¿Cuánto falta para llegar hasta esas malditas montañas?! –Reclamó el hanyou mientras corría saltando de rama en rama.

–No te desesperes Inuyasha, seguro que no falta mucho.

–Su excelencia tiene razón, después de cruzar este bosque estaremos a los pies de las montañas.

–Sería mucho más fácil si destruyera todos estos árboles con uno de mis ataques, llegaríamos mucho más rápido.

–¡No te atrevas Inuyasha! –Reclama el zorrito–. Los árboles no te han hecho nada malo, ¿no es así Kagome? –Al no recibir respuesta levanta su vista en busca de la mirada de la chica–. Kagome, ¿me escuchas?

–¿Eh? Ah sí, claro Shippou, tienes razón… –Le sonríe por simple inercia, sin notar siquiera la preocupación que se reflejó en los rostros de sus amigos.

La mente de la chica no se encontraba en ese lugar, divagaba, volaba hacia un sitio lejano, hacia un recuerdo cercano, no sabía si era un simple presentimiento o su sexto sentido le estaba avisando pero algo se sentía mal, algo relacionado con una canción, algo relacionado con cierto youkay de largos cabellos.

"Sesshoumaru… ¿qué habrá pasado con él…?"

Una sensación de inexplicable preocupación presionó en su pecho pero decidió ignorarlo, ¿por qué habría de preocuparle en primer lugar? Sesshoumaru nunca ha sido razón de preocupación, por lo menos no ese tipo de preocupación.

Preocupación… por él.

–¿Por qué no descansamos? –Propuso la exterminadora ante el triste semblante de su amiga.

–¿De qué hablas? No podemos seguir perdiendo el tiempo en…

–¡Excelente idea Sango! –Exclama el monje interrumpiendo al hanyou quien lo mira disgustado–. Nos vendría bien un momento de descanso, además ya llevamos mucho tiempo corriendo, ¿no Inuyasha? –Mira al aludido tratando de darle a entender sus intenciones viendo satisfactoriamente como no recibe ninguna queja por su parte.

Se detuvieron junto a un pequeño riachuelo que encontraron entre los árboles, el monje junto a la exterminadora se recostaron sobre el césped tratando de descansar, el zorrito jugaba junto a Kirara tratando de atrapar unos cuantos peces, mientras que Kagome se encontraba sentada frente al agua mirando un punto fijo en el vacío.

–Kagome…

–¿Qué quieres Inuyasha? –Pregunta cerrando sus ojos.

El joven pudo sentir la frialdad en el tono de voz contrario pero procuró ignorarlo, sentándose junto a quien mantenía sus ojos cerrados.

–¿Cómo estás? Me refiero a… –desvía la mirada hacia el río–. ¿Aún estás enfadada por…?

–Estoy bien –lo interrumpe–, no te preocupes.

–Pero…

–Quiero estirar las piernas –se levanta aun sin mirar al hanyou, manteniendo su mirada fija en el río–, el viaje fue largo y no quiero seguir sentada, iré a caminar unos minutos.

–Te acompaño.

–No, quiero ir sola.

–No irás sola, ¿y si te vuelves a perder?

Kagome volvió a cerrar sus ojos, contando en silencio, pensando en cómo rechazar la insistente preocupación del otro.

–Estaré bien…

–Eso no…

–Y si me vuelvo a perder –agrega abriendo sus ojos para ahora mirar al joven, compartiendo con él una leve sonrisa–. Si eso pasa sé que tú podrás encontrarme, así que no te preocupes, sólo será un momento, regresaré pronto.

Inuyasha frunció su ceño pero aun así asintió, entendiendo que la joven necesitaba su espacio, feliz por recibir una sonrisa.

–Si me necesitas sólo grita mi nombre, estaré ahí contigo en un segundo.

–Lo sé, gracias.

El hanyou subió a un árbol recostándose en una de las ramas más altas para vigilar los pasos de quien comenzó a alejarse, perdiendo de vista a la sacerdotisa después de unos momentos pero sin preocuparse porque aun podía distinguir su aroma entre los árboles.

Kagome caminó con cuidado procurando no tropezar con las raíces que sobresalían del suelo, adentrándose cada vez más en el bosque sin prisa ni dirección, no es como si tuviera un camino que seguir, sólo esperaba escuchar algo, quería encontrarse de nuevo con la voz de aquel extraño.

–Es inútil… ya no debe estar aquí…

De pronto un débil silbido la obligó a detenerse, quizás era el viento, también podrían ser las hojas que se mecían sobre su cabeza aunque muy en el fondo de su pecho la chica sabía que era algo más, quizás… quizás era la canción que esperaba escuchar, concentrándose y agudizando lo que más pudo sus oídos contuvo la respiración, sin moverse, prácticamente desapareciendo para poder localizar la dirección del susurro que seguía viajando en el viento sintiendo entonces un leve escalofrío que guio a sus ojos en una dirección, no estaba segura pero algo le decía que ese era el camino y confiando en su instinto comenzó a correr, no quería perderlo, no podía desaparecer otra vez, necesitaba alcanzarlo, ella quería… quería…

"Quiero verte…"

Ese repentino pensamiento detuvo sus pasos, ¿a quién deseaba ver? El misterioso cantante era totalmente desconocido para ella, entonces… ¿a quién quería ver?

No será que…

–Otra vez tú.

Un nuevo escalofrío ahora agitó su corazón y la chica volteó para encontrarse con fríos ojos que la miraban con odio y aun así… una inoportuna sonrisa se deslizó en sus labios.

–Sesshoumaru…

El youkay frunció su ceño ante ese suspiro, ante esa sonrisa en su dirección, estaba seguro de que su expresión era de molestia pero a diferencia del terror que esperaba provocar, la mujer lo miraba con algo que no supo descifrar.

–Te dije que te largaras –insiste en su intento de intimidación, porque ella no podía estar ahí.

–Pero… –frunce su ceño con confusión–. Apenas llegué, ¿por qué…?

–Buenas noches~

Aquella voz interrumpió el extraño momento de quienes alzaron su mirada al cielo, encontrándose con un joven sentado al borde de la rama de un árbol.

Kagome ladeó su cabeza con sorpresa ya que ni siquiera había sentido la presencia del extraño, mientras que a su lado Sesshoumaru fruncía aún más su ceño.

–¿Quién eres tú?

–Oh, claro, ¿en dónde están mis modales? –Baja del árbol de un salto poniéndose frente a Kagome–. Mi nombre es Kazuya, es un placer.

La chica se tomó unos segundos para observar al joven que hacía una leve reverencia frente a ella, mirando su traje tradicional japonés, su largo cabello color blanco y notando las familiares orejas de perro en su cabeza, "se parece a Inuyasha", pensó para sí misma fijándose entonces en los ojos que brillaban con curiosidad frente a ella.

–Soy un demonio que está bajo las órdenes de la señora Irasue –agrega ante el silencio contrario.

–¿Irasue? –Frunce su ceño–. ¿Quién es ella?

–La madre de Sesshoumaru claro está.

–¿La madre de…? –Voltea para mirar al youkay con sorpresa, nunca había oído hablar de su madre.

–¿Qué es lo que haces aquí? –Pregunta con molestia, ese tipo no tenía ningún derecho de hablar sobre esos temas tan a la ligera, sobre todo frente a una humana.

–Sólo estoy cumpliendo con mi trabajo, sabes que es mi deber sagrado el encontrar a quienes formarán parte del ritual.

–¿Ritual? –Se sentía completamente perdida en la conversación, lo único de lo que estaba segura es que Sesshoumaru quería asesinar al simpático joven.

–Lárgate de aquí, nadie te necesita –se sentía furioso, nunca le había agradado ese sujeto además de que la razón por la cual andaba rondando esos lugares era algo en lo cual estaba seriamente en desacuerdo.

–¿Otra vez enfadado?

–¡Lárgate! –Si se quedaba un poco más jura que lo lamentará.

–Está bien, está bien, pero primero… –Mira a Kagome y sonríe–. Señorita, usted pudo escuchar mi canción, ¿no es así?

–¿Canción? Entonces… ¿Tú eras el que cantaba? –Otra sorpresa más, nunca se lo hubiera imaginado, además ella había creído que en realidad el que cantaba era…

–Sí y por lo que veo usted la escuchó, lo que significa que pronto nos volveremos a ver.

–¿Eh? ¿A qué te refieres?

–¿Por qué no le pregunta al príncipe? –Mira a Sesshoumaru–. Así que una humana… esto se está volviendo cada vez más interesante, ¿no lo crees Sesshoumaru?

–¡Largo! –Tan sólo al fruncir el ceño vio como Kazuya desaparecía sin dejar rastro alguno.

–Sesshoumaru, ¿qué está pasando?

–Nada que te interese.

–¿Cómo puedes decir eso? Claro que me interesa, también estoy involucrada.

–Eso no es cierto, ese maldito no sabe de lo que está hablando.

–Ya me cansé de tu actitud –se ubica frente al demonio retándolo con la mirada–, he tratado de ser amable contigo pero me cansé, primero dices que estoy en peligro, después me echas y ahora resulta que estoy involucrada en… en… ¡no tengo idea de qué! Y sé que tú sí así que ahora me lo dirás, me contarás de qué se trata todo o no te dejaré en paz hasta que lo hagas, ¿entendido?

Continuará…