Digimon Exodo


Capitulo VIII: "El Septimo" - Segunda Parte


Esto era inconcedible. ¿Cuál era el significado? ¿Cómo los Niños Elegidos habían ganado tanto poder? Lo habían vencido, llamando a un milagro, y él había fallado a su maestro. No se explicaba cómo había sucedido, pero una luz intensa apareció de repente en el Mar de las Tinieblas y, en ello, sintió como si algo le hubiera perforado el estómago. Cuando se dio cuenta ya había perdido, poseyendo heridas que no iba a ser capaz de resistir.

Los niños Elegidos, al igual que el digimon sombra, no tenían idea de lo que había pasado.

De ellos, Davis fue el primero en ponerse en pie. Buscó a sus amigos con la mirada, aunque una gran estela de humo dificultaba el poder hacerlo; primero encontró a Veemon y Wormmon en el suelo, por lo que veía, estaban agotados e inconscientes, por lo cual decidió cargarlos para buscar a los demás. Luego encontró a Takeru, quien se reunía con él, con Patamon en brazos; lo mismo hacía Cody, cargando a Armadillomon.

- "Muchachos, ¿Estan bien?" - Davis preguntó.

- "Si, pero nuestros digimon estan agotados" - Cody contestó, mirándo con preocupación a su Armadillomon, quien dormía en sus brazos.

- "¿Saben dónde se encuentra Ken?" - TK dijo, notando su ausencia.

- "Lo estaba buscando... me ayudan" - Davis le respondió.

Los chicos iban a comenzar la búsqueda de su amigo, sin embargo, una risa macabra los frenó en seco. En dirección de la pesada voz, que ya conocían, alzaron su mirada al cielo y dieron con su enemigo. Vieron que ya no poseía el terrible semblante de Kimeramon, lo que fue bueno, porque sabían de que alguna manera habían vencido.

- "Niños Elegidos, el maestro ha comprobado sus poderes" - el digimon sombra hablaba mientras su cuerpo desaparecía en el Mundo de las Tinieblas - "Los espera con ansiedad" -

- "Ya no puedes obligarnos" - Davis repuso.

- "No tienen ninguna opción de negarse, de todas formas, dos de sus queridos amigos ya estan con nuestro dios" - sin embargo, el digimon oscuro tenía una carta bajo la manga. Entonces, cuando los chicos mostraron impresión por lo que había dicho, su rostro se torció en una grotesca sonrisa - "Supongo que ustedes no podrán abandonarlos, ¿verdad?." -

- "¿Dónde están?" - Takeru exigió saber, ya cansado de los trucos sucios que usaban los digimon malignos.

- "Solo sigan el sonido de las olas que golpean la costa, en el mar se oculta nuestro amo y ahi encontrarán a sus amigos" - y con una risa estridente, el digimon sombra desapareció para jamás volver entre los vivos, su energía sería reciclada en las profundidades del océano para producir nuevas tropas.

- "¡Maldición!" - Davis exclamó con furia, golpeando el suelo y sabiendo que, posiblemente, ese demonio se refería a Kari y Yoley.

- "Miren" - Cody dijo a su vez, llamando la atención de los consternados muchachos. El más joven entre los elegidos señaló una posición a unos metros, ahi se encontraba Ken Ichijouji, tirado en el suelo.

Los tres muchachos corrieron a rescatarlo, viendo que no despertaba, decidieron mudarse a una cueva que quedaba en las cercanías y que, por fortuna, no había sido destruida por la batalla anterior. Le recostaron junto a los digimon, esperándo a que el despertara para poder ir a buscar quienes hacian falta y vencer a quien estaba detrás de todo, mientras, Ken dormía, cuya consciencia viajaba por el reino de los sueños, mostrándole verdades que nunca esperaría.

(***)

Era un día soleado, en la playa los padres del niño se tomaban un descanso, recostados sobre las toallas mientras se cubrían del imponente sol con una sombrilla.

El muchacho realizaba castillos de arena, junto a su hermano mayor.

- "Osamu, ¿Qué tal?" - preguntó Ken, con la apariencia de un niño de ocho años.

Su hermano mayor tendría diez.

Ken se aparta del castillo que había hecho, de hecho el primero. Osamu, cuando lo ve, no puede evitar que una sonrisa burlesca aparesca en su rostro.

- "¿Qué pasa?" - el menor le pregunta.

El mayor se reserva el comentario, a Ken todavía no se le daba construir castillos de arena.

- "Espera, voy cruzando la avenida y compró un helado para los dos, solo tengo que pedir dinero a nuestros padres" - Osamu dijo, desviando el tema.

- "Entonces espero" -

Y con aquella respuesta, Osamu corrió apresurado a conseguir el dinero de sus padres para, luego, ir por los helados que había prometido. Justo, Ken observaba como su hermano mayor corría apresurado, sin darse cuenta de lo que se acercaba por la avenida. Lo miraba con ojos distantes y vacios, en su rostro infantil se había posado una expresión de pura tristeza.

- "Es cierto, mi hermano murió en un accidente de transito" -

Delante suyo, Osamu fue atropeyado por un automovil; las sirenas comenzaron a sonar, a corde se acercaban las ambulancias, luego de ser llamadas. Ahora la escena cambiaba, días después mientras se encontraba en el funeral de su hermano.

Sus padres lloraban desconsoladamente ante la foto sonriente de su hijo mayor, quien siempre había sido su orgullo. Por esa razón, mientras estuvo vivo, no podía dejar de sentir una gran envidia; en cuyo tiempo no dejaba de orar para que "Osamu se fuera". Pero, ahora que no estaba, no dejaba de sentirse terrible y de pensar que él lo había asesinado.

Pronto, los familiares y amigos se retiraron del lugar, siendo sus padres los últimos en marcharse. Solo quedaba Ken con una expresión vacía en su rostro y con un profundo sentimiento de abandono. Era el mismo sueño y el mismo recuerdo de todas las noches, sin embargo, hubo algo nuevo e inesperado.

Ken notó sorprendido a un niño, de su edad, de cabello castaño y ojos carmesí. Su mirada, como la suya, también era melancólica; como la de alguien que comprendía la perdida de un ser querido.

- "Esta bien sentir dolor ante una perdida" - mencionó el chico, mirando fijamente la tumba de su familiar difunto - "Ese dolor es un recordatorio de los lazos que compartimos una vez, los cuales se encuentran muy por dentro del corazón. Es un recordatorio de lo que significó su presencia para nuestra vidas, sin embargo, no debemos enfrascarnos en el pasado a causa de lo que pudo haber sido, sino que usemos los recuerdos para seguir adelante porque eso es lo que ellos querrían" -

Ken comenzó a reflexionar las palabras dichas por el otro niño, aun tratando de darle sentido a todo, quizo conectar su mirada con el chico pero este ya se encontraba alejándose del lugar.

Ken le siguió, pero a cada paso que daba, este parecía alejarse más.

- "¡Espera!" -

Incluso si comenzara a correr, le resultó imposible alcanzarlo y, sin previo aviso, su propio mundo volvió a cambiar.

(***)

La oscuridad estaba por todas partes, los árboles ya no poseían hojas y el suelo era de color negro, además de ser seco y árido. Le recordó el Mar de las Tinieblas, sin embargo, muy dentro de si supo que se trataba de otra zona.

Ken se aventuraba en soledad por el Área Oscura, buscando con insistencia al joven de mirada amable que parecía darle un sentimiento de calma, lo necesitaba, quería saber su escondrijo a toda costa. Aunque caminara por el lugar más sombrío de todos y la desesperación al estar en ese lugar fuera inmensa, lo haría ya que su deseo por verlo de nuevo, al menos una sola vez más, era más fuerte.

En su camino se encontró en una gran fortaleza que se erigía como una gran torre al firmamento, en cuya cima las nubes negras emitian relámpagos sin cesar, y así sería hasta el final de los tiempos. La puerta de la construcción estaba abierta, como una invitación para que entrara.

Apenas puso un pie dentro de ese lugar, sintió como si su vida peligrara; fue cuando comprendió que la invitación era para la muerte y que, de esta, no existía escapatoria alguna. En el marco pudo apreciar unos gravados, provenientes de un idioma arcaíco al humano, sin embargo, fue capaz de leerlos y entender el mensaje que daban: "Abandonad toda esperanza, para todos aquellos desafortunados que entrais aqui".

No demoró en encontrar el salón principal, un espacio circular donde se encontraron siete tronos.

En cada uno de ellos, se encontró sentado un digimon, los cuales eran maestros viles que obtenían su poder de la oscuridad.

Uno de ellos ya se lo habían topado hace poco, él y sus amigos. Era aquella mujer hermosa de piel pálida, de cabello negro sujetado por numerosas peinetas y que portaba cuatro alas de demonio en su espalda. Vestía un vestido púrpura y portaba una garra dorada, la cual corrompía todo lo que tocaba. Ella era la más débil de los siete, Lilithmon.

Beelzebumon, quien era un poco más fuerte, se sentó a su lado; o al menos eso podría decirse, ya que cada trono estaba separado uno de otro por una moderada distancia. Lo podía identificar como un demonio motociclista, el cual portaba el aspecto de un rebelde. De este, le llamó la atención las dos escopetas que llevaba en sus manos y la motocicleta maligna que aguardaba detrás suyo.

Luego le siguió un demonio de edad avanzada, según podía deducir de su espesa barba y cabello canoso. Era uno que tenía seis alas rojas en la espalda y una máscara de oro que ocultaba su rostro, portaba con recelo un bastón con una calavéra, la cual contenía una gema de color rojo. Pudo sentir que la avaricia era su razón de ser, su nombre es Barbamon.

El siguiente era de los más bestiales, era algo que parecía un gran oso demoniaco, lleno de furia, la cual expresaba en sus ojos de color rojo. Su pelaje era negro, en su cabeza llevaba dos enormes cuernos, los cuales se extendían hasta la base de la espalda, también tenía seis grandes alas en la espalda y unas cadenas que le sujetaban. Su cuerpo era envuelto por llamas de color negro, su nombre es Belphemon.

Daemon era reconocido al instante, después de todo era el digimon que había venido al mundo humano para obtener el legado de Milleniummon, la semilla de la oscuridad. Sus ojos azules desprendían una furia monstruosa, al igual que su aspecto que era cubierto de la vista de otros por su manto ceremonial. Con solo mirarle un escalofrío recorrió su espalda.

El siguiente monstruo era conocido como el envidioso, aquel que rehuía hasta de sus propios hermanos y quien era conocido por poseer una fuerza física superior. Era un gigantesco cocodrilo que levitaba, puesto que su tamaño titanico no cabría en el trono que le pertenecía, de dos colas; de escamas rojas y azules, en su lomo. Sus mandibulas eran tan grandes que temió que ese monstruo pudiera devorar a todo el DigiMundo de un bocado. Su nombre es Leviamon.

Y el último de ellos, quien orgullosamente los dirigía haciéndose llamar su lider. Su aspecto asemejaba a un adulto joven, de cabello rubio y ojos azules, los cuales eran fríos; tenía seis alas angelicales a su lado derecho y seis alas de demonio a su lado izquierdo, su vestimenta era tanto negra y blanca, representando tanto lo divino como lo diabólico. Lucemon Falldown Mode se sentó en su trono con arrogancia, dirigiéndo miradas de inferioridad hacia los demás.

- "Después de tanto tiempo, nuestros anhelos finalmente se volverán realidad" - Lucemon comenzó a hablar, ignorándo el hecho que Ken Ichijouji se encontraba en el centro de la recamara, escuchando la conversación - "Yo destruiré el DigiMundo para acabar con la anarquía de aquellos que osaron traicionarme, luego contruiré uno nuevo donde solo se obedezcan mis mandatos" -

Esas palabras lo estremecieron, producto de un despota, pero no lo estremeceria tanto como la voz de Daemon.

- "Destruiré a todos mis enemigos, fui el más poderoso de todos los digimon y volveré hacerlo. Cuando lo haga, el DigiMundo arderá en las llamas de la furia" - era más que una amenaza y, por unos instantes, imaginó a todo el DigiMundo calcinarse.

Los demás Reyes Demonio siguieron comentando sus amenazas hacia el DigiMundo, cada una tan mala como la anterior. Sus voces que eran estridentes, se volvieron ténues con el pasar del tiempo. Para Ken Ichijouji fue muy difícil distinguir lo que conversaban entre ellos, palabras que eran seguidas por sesiones de carcajadas, que tampoco lograba oír con claridad.

Pero algo que pudo notar fue que todos ellos guardaron silencio de un momento a otro, al tiempo, el ambiente helado se volvió tenso. Algunos de los Reyes Demonio miraban a un recién llegado con temor, otros con admiración, pero sin dudas lo respetaban. Ken, temeroso, se voltea ya que presiente al recién llegado detrás suyo. Entonces vio a un monstruo que nunca antes se había topado en el pasado, el cual era grande, era como un centauro demoniaco con dos grandes bocazas.

La visión se detuvo a penas hubiera sentido algo atravesar su estómago, seguido por una sensación de baja de temperatura en su cuerpo después del dolor inicial, el cual se sintió como un pinchazo. Un gran charco de sangre se derramaba en el suelo, producto de la ira, y con horror descubrió que ese demonio, GranDracmon, lo había hecho. Con una sonrisa había atravesado su estómago con uno de sus brazos, a una velocidad que nunca había visto.

Era como estar en la misma presencia de la muerte, pero todo cambio, la expresión burlesca del gran demonio había cambiado. Ahora era desdeñosa, muy enojado; tanto que sacó su brazo de golpe del chico, sin que Ken lo sintiera. Su mundo pronto se volvería oscuro y la figura de los Reyes Demonio y aquel monstruo se desvanecerían, lo último que sintió fue como una mano, de alguien cálido, le tomaba del hombro para jalarlo y sacarle del lugar.

(***)

El siguiente mundo que visitó fue de lo más lugubre, rodeado por una espesa niebla que no cubría el firmamento, tan decolorido como el mismo ambiente. Lo reconoció al instante, era el Mar de las Tinieblas. Sin embargo, la sensación era un poco distinta, la presión del mal existente ya no era.

- "Eso es porque ya no estamos en sus dominios" - una voz le sobresaltó.

Era el chico que había visto con anterioridad, cuando presenciaba por milesima vez el funeral de su hermano mayor. Se encontraba sentado, mirando hacia el frente. Entonces descubrió que ambos viajaban sin rumbo sobre una balsa y él había estado recostado por una considerable cantidad de tiempo.

- "El Mar de las Tinieblas es muy extenso, ni siquiera Dragomon tiene la capacidad para gobernarlo todo" -

Pese a eso, Ken recordó la anterior recámara: la fria mano atravesándolo, la sonrisa torcida del Rey de los Vampiros, la espera para que los Reyes Demonio cumplieran con sus amenazas y, finalmente, lo que lo sacó de aquel lugar. El chico que estaba en frente suyo, dándole la espalda, ese debía ser quien lo había sacado.

- "¿Quién eres?" - le preguntó, mostrándo curiosidad por su persona.

- "No es momento para eso" -

- "¿Qué?" - Ken preguntó confundido.

Mas el muchacho no respondió aquella cuestión, en cambio, mantuvo su mirada fija hacia el frente, como si nada más importara, incluso, como si Ken Ichijouji no hubiera hecho la última pregunta.

- "¿Qué pasa?" - el Elegido de la Bondad volvió a preguntar, un poco más inquieto - "¿Dónde estamos?¿Dónde vamos?" -

- "Estás en el Mar de las Tinieblas, en un sector que no se encuentra bajo el poder de Dragomon" -

- "Ya lo dijiste" - y de nuevo, el chico no se inmutó.

Esto ya lo estaba poniéndo molesto. ¿Le era tan difícil seguir una conversación?

Aun débil y con un gran dolor de cabeza, se pone de pie con el propósito de encarar al misterioso chico. Caminó despacio pues la balza de madera se tambaleaba de un lado a otro, levemente, claro esta. Lo siguiente que hizo fue tocar su hombro con suavidad, pero el chico se mostró impasible; era como si Ken no se hubiera movido de su posición.

En su confusión, el Elegido movió su mano delante del peli-castaño, con la esperanza que notara su presencia. Sin embargo, la negativa ante su acto se hizo presente. Se alarmó, incluso se preguntaba si le faltaba el sentido de la vista.

- "Adelante, la isla es el lugar dónde vamos" -

El chico habló, interrumpiéndo sus pensamientos coherentes. Ken dirigió su vista donde la chico había señalado y encontró el pedazo de tierra, perdido en el mar, que se había indicado. A una primera vista, no era muy diferente de los otros cuerpos de tierra desperdigados por todo el Oceáno Oscuro, pero de ellos carecía del siniestro bosque y, en su lugar, Ken encontró lo que era una ciudad antigua, tallada en piedra.

- "¿Qué es esto?" - Ken preguntó por la impresión.

En su cabeza, nunca hubiera podido concebir una arquitectura de ese tipo, ni siquiera al hombre más brillante de la historia.

- "Es la ciudad de R'lhey, una construcción construida hace mucho tiempo por unos seres llamados los Antiguos, dioses de otro mundo desconocido." -

- "Eso si lo contesta" - Ken pensó de una forma desdeñosa, pero aliviado porque una de sus preguntas al fin era contestada.

El muchacho, ajeno a sus pensamientos, siguió hablando - "los Antiguos son seres más allá de la comprensión, ni humanos ni digimon, y esta ciudad es la cúspide de todo lo que hicieron en el pasado remoto. Detrás de las paredes se esconden su historia y la de muchas otras cosas, en esas paredes hay algo que tu necesitas ver" -

Ken siguió al muchacho, juntos, se adentraron en la ciudad de R'lhey a través de grandes plazoletas y construcciones que podía comparar con las avenidas construidas por el hombre, solo por ser espacios estrechos entre grandes templos, los cuales fueron hechos en homenaje a distintas criaturas que Ken no supo identificar. Pronto, ambos se detuvieron en uno de los templos, una cuya entrada tenía tallada la figura de cuatro ángeles negros.

- "Dentro de muy poco, todo cambiará. Un mal ancestral regreserará desde la misma oscuridad bajo la forma de cuatro ángeles, los cuales traerán destrucción y caos a todos los mundos. Tu y otros nueve tendrán que enfrentarlos... pero, ese será historia para otro momento, ahora, lo que tenemos que preocuparnos es lo siguiente" -

Ken solo escuchaba con atención, pues sabía que si llegaba a preguntar algo, probablemente el muchacho no le respondería. Además que fue lo suficiente claro acerca que la historia de los cuatro ángeles aun no era necesario conocerla, claro, eso no impedía que sintiera un gran vacío en el estómago, prácticamente, un mal presentimiento, como si se tratara de un enemigo peor a todo lo que estaban y habían enfrentado.

Caminó hasta que se encontraron con otro templo, de aspecto griego, dónde había diez estatuas de otro ángeles que, a diferencia de los anteriores, inspiraban confianza. Junto a cada una de las estatuas hubo una entrada a un corredor oscuro, no podía distinguir nada de lo que se encontraba más allá, al cual fue dirigido a uno de ellos por el chico, quien indicó que debía entrar.

- "No puedo seguir más allá de aqui, pero tu tienes que entrar" -

- "¿Por qué debo hacerlo?" - Ken preguntó - "¿Qué encontraré allí adentro?" - un poco nervioso por el panorama general.

- "Lo que necesites ver, allí estará. Es algo que solo puede ser revelado para quien este destinado" - luego de eso, el chico se sentó en el suelo y no hizo ni dirigió alguna otra palabra.

Ken, por su parte, suspiró ante las circunstancias. Dudaba mil veces en obedecer las indicaciones del joven pero algo le decía que debía entrar, que algo le estaría esperándo al otro lado. Con esa sensación, más fuerte que su sentido común, decidió adentrarse dentro del pasillo oscuro custodiado por la estatua del ángel.

(***)

Cuando dio sus primeros pasos en el oscuro corredor, la poca luz del exterior se desvaneció, ya era tarde para descubrir que la salida se había esfumado. Solo quedaba un camino para seguir y ese era hacia adelante.

- "Ya me metí en esto, mejor sigo" - Ken pensó, aun teniéndo la sensación que algo lo esperaría al final.

Se sintió caminando en el vacío, sin rumbo fijo, y, como pasó en el nacimiento del Universo, muchas luces aparecieron por todas partes, simulándo a cada una de las estrellas del firmamento. Su espacio se transformó en una recámara circular y, al frente suyo, hubo una pintura de un ángel vestido con una armadura romana, de larga cabellera verde y ojos azules.

El ángel parecía señalar algo y, siguiéndole con la vista, pareció que apuntaba a una pequeña caja de madera, la cual se encontró en una mesa de vidrio, sostenida por una base de oro sólido.

La pintura parecía decirle que tomara la caja, que la abriera y viera que se escondía adentro. Quizá esa caja era la cosa que lo había estado esperándo, cuyo contenido había sido preparado sólo para él, la razón por la cual el chico de pelo-castaño no había podido acompañarlo. Pensaba en todas las posibilidades y, cuando se dio cuenta, ya se encontraba sosteniéndo la caja de madera.

Su mano ya estaba sobre la parte superior de la caja, no era necesaria una llave pues logró abrirla levemente sin necesidad de presionar o hacer algún tipo de fuerza. Un resplandor comenzaba a emerger entre la brecha entre la caja y su tapa, era atrayente y se vio inoptizado por esta.

Ken la abrió y fue como si un mar de imágenes se hubieran introducido en su cabeza, como si alguien le hubiera disparado. Como tal reacción, Ken salió de golpe hacia atrás, inconsciente en el acto, chocando su cabeza contra el suelo, y la caja cayendo al tiempo que su cuerpo pero, antes de que esta tocara el suelo, se desintegró en datos, en cámara lenta.

Y cuando la última partícula de dato se hubiera desvanecido en el frio ambiente de la habitación, Ken despertó nuevamente, pero esta vez fuera del templo, debajo del gran ángel de piedra.

El chico le miraba a unos pasos, quien, sin decir nada, le ayudó a levantarse del suelo.

- "¿Qué cosa viste ahí?" - poco después le preguntó.

Ken comenzó a recordar, no podía visualizarlo todo, pero si algo importante.

El mar Dagon, en cierta costa que conectaba a un gran templo olvidado, el cual había sido profanado por las plantas. El templo era del estilo de una pirámide azteca, en la cima se encontraba una mesa de piedra agrietada y sobre ella... Ken se sorprendió de sobremanera, era una chica y estaba atada... era Kari Kamiya.

Más de la visión le reveló el lugar donde se encontraba su digi-vice, o D-3, a unos metros de la cima. Este era sostenido por uno de los digimon sombra, el cual hacia levitar el precioso objeto con uno de sus manos, la otra la usaba para sujetar a Gatomon, quien estaba amarrado por una cuerda. Otros diez digimon sombra se encontraban rodeando la pirámide.

Ken Ichijouji también vio a Yoley Inoue, junto a Hawkmon, atrapados en lo que parecía ser un campo de energía púrpura.

También un monstruo que parecía dirigir a todos los digimon oscuros. Era algo parecido a un gran dragón con cabeza de un pulpo, alrededor de su cuello tenía un collar de perlas y en uno de sus brazos un aro de oro, el cual llevaba inscripciones del alfabeto digital. Según el ambiente, pareció que esa criatura era adorada como un dios y, si recordaba bien, los enemigos a los cuales se enfrentó hablaban de Dragomon.

Eso era todo lo que podía recordar y eso fue lo que contó al muchacho, quien asintió con suavidad.

- "Hay más, pero lo podrás ver a su tiempo" - dijo, al notar que Ken intentaba, sin éxito alguno, recordar más de las visiones que habían sido introducidas en su cabeza - "...no te esfuerces" -

Ken suspiró, el muchacho tenía razón. Por ahora, sabía lo que tenía que hacer.

- "Pero hay algo que no me queda claro, ¿Por qué me ayudas?" -

- "Porque fui programado para eso" -

Para Ken, que era un chico listo, todo hizo click en un instante, ahora todo tenía sentido. El chico era un programa, probablemente, diseñado para que contestara algunas preguntas solamente; al menos eso explica el comportamiento del muchacho durante todo el trayecto. Su función era ser un guía, nada menos ni nada más.

- "¿Quién te programó?" -

- "Pronto lo conocerás, es algo hábil para estas cosas... vendrá a ustedes cuando el momento de la batalla final llegue" - con ello, el programa con aspecto de humano ya no tenía nada más que decir, a excepción de una cosa - "...es hora de que regreses con tus amigos, seguro te necesitan" -

Ken asintió en comprensión, lo cual le llevaría a la siguiente pregunta - "¿Cómo regreso?" -

- "Mas adelante hay un arco, cuya función es llevar a los seres sensibles a cualquier parte del DigiMundo que ellos conciban en sus pensamientos, solo tienes que concentrarte en tus amigos y en un parpadeo estarás con ellos. Pero se cuidadoso, este es un lugar inestable donde criaturas de otros mundos pueden llegar a entrar, algunas de ellas quienes vienen de las peores pesadillas" - El peli-castaño señaló el lugar donde se encontraba el último destino, el arco del cual había hablado - "Buena suerte" - y con ello, desapareció en un enjambre de mariposas coloridas.

Por un momento, Ken recordó a Yukio Oikawa, cuyo sacrificio para salvar el DigiMundo del daño provocado por MaloMyotismon terminó en un espectáculo, como el que estaba presenciando en estos instantes. De nuevo, eso le hacía preguntar quien había sido el responsable de programarlo.

Según la aparición, dijo que pronto lo conocerían, en el momento de la batalla final. Los enemigos de aquel día prometido no pudieron ser más que los Reyes Demonio que ya había visto, Daemon podría regresar y tenía que estar preparado para ello, por esa razón corrió hacia el arco sin demora. Sabía lo que tenía que hacer, rescatar a Kari, Yoley, Gatomon y Hawkmon de las garras de Dragomon en compañía de sus amigos y, sus visiones, le mostró donde se hallaban.

- "Solo esperen" - Ken pensó, momentos antes de saltar al portal.

Sin embargo, no se dio cuenta que había sido observado por uno de los últimos habitantes de R'hley, uno de los Antiguos, el cual escondía su aspecto horroroso debajo de una túnica marrón, vieja y andrajosa. Su rostro era cubierto por la oscuridad pero, de ella, dos gemas rojas fueron visibles, sus ojos.

La criatura pudo haber ido tras él, pero había leyes que lo prohibian, aun no era el tiempo para dar a conocer su raza. Solo esperaría a que las estrellas estuvieran en su posición predestinada e, irónicamente, que coincidían con el regresar de los Ángeles Caídos.

(***)

Ken despertó en lo que pareció ser una cueva, una grieta entre dos grandes rocas de una montaña, por el hecho de que gotas de estalagtitas, las cuales cayeron en su rostro. Su cabeza dolía pero tenía presente los sueños y visiones de momentos anteriores: los Reyes Demonio, el Área Oscura, Dragomon y la posición de sus amigos: Yoley y Kari... ¡Yoley! Era cierto, no podía perder más tiempo.

Levantándose de golpe, alertó a un preocupado Wormmon, quien no se había despegado de su lado en el tiempo que había estado inconsciente.

- "Ken, ¿Estás bien?" - preguntó el digimon insecto, acurrucándose en su compañero humano, con tal de poder mostrar el cariño y la preocupación que cargaba por él.

- "Estoy bien, Wormmon" -

En ese momento, Davis Motomiya y Veemon fueron corriendo hacia él, los cuales habían estado en la entrada de la cueva, custodiando por si un enemigo se llegaba a aparecer.

- "Ken, ¿Estas bien? ¿No estas herido?" - Davis preguntó, revisándo con la mirada alguna señal de que algo podría estar mal.

Y le respondió de la misma manera, como a Wormmon.

- "Estoy bien" - ahora, que lo pensaba, no recordaba este lugar - "¿Qué pasó? ¿Dónde estamos?" -

- "Estabamos luchando contra esos digimon de las sombras, entonces apareció una luz de color blanco que tu tomaste. Habíamos ganado, pero tu te desmayaste y nuestros digimon quedaron inconscientes. Los trajimos a esta cueva" -

- "Davis..." - Veemon dijo, poco después de que el aludido terminara de responder la pregunta - "...No se te olvide de lo último que nos dijeron" -

- "¡A si!" - Davis exclamó, era obvio que se le había olvidado - "Antes de morir, los digimon sombra dijeron que tenían a Kari y los demás. No sabemos si es cierto" -

- "¡Es Verdad!" - Ken dijo al instante - "Se dónde están... tenemos que buscar a los demás" -

Ken estaba a punto de correr hacia la entrada de la cueva, pero Davis le detuvo, sujetándole del brazo, confundido. El chico que llevaba googles necesitaba una explicación.

- "Un momento, ¿Podrías explicarte?" -

- "Lo vi en una visión, un sueño... no hay tiempo para explicarlo, sus vidas peligran" -

- "Pero..." -

- "¡Davis!" - Ken exclamó, haciendo que su amigo callara de golpe - "tienes que confiar en mi, por favor" -

Davis asintió luego de unos segundos - "De acuerdo, sabes donde estan, ¿verdad?" -

- "Si, ¿Dónde están Cody y TK? ¿Y los otros digimon?" -

- "Cody y Armadillomon están a la entrada de la cueva, me ayudaban a vigilar mientras estabas inconsciente. TK dijo que quería ir a caminar un rato, no muy lejos, que tenía muchas cosas en que pensar, Patamon salió a acompañarlo. Le pregunté que si quería decir algo al respecto, pero se negó" -

Ken suspiró, exhasperado.

- "Tendrémos que buscarlo, no podemos perder más tiempo" -

- "Bien, voy a llamar a Cody y luego, juntos, irémos a buscar a TK para salvar a las chicas" -

(***)

Takeru necesitaba tiempo para pensar acerca de su última batalla, dónde enfrentó a un digimon sombra transformado en un Devimon. Ese digimon le había dicho algo que lo molestó, que había usado el poder de la oscuridad para ganarle. Ridículo, sin sentido alguno, él y Patamon no usaban los poderes de las Tinieblas, los combatían.

Patamon observaba a su compañero con ojos preocupados.

- "TK, ¿Quiéres hablar de eso?" - le preguntó, en un intento para que respondiera a algo, cosa que no había hecho desde la batalla.

- "No creo que haya algo de lo que hablar" - Takeru contestó irritado, pero no quería dar la impresión que estaba molesto por lo que se moderó al hablar.

- "No te creo, TK. Es obvio que estas molesto por lo que pasó" - sin embargo, Patamon no lo creía, le conocía demasiado bien para saber acerca de sus estados de animo.

- "¿De qué hablas, Patamon?" - TK dijo, tratando de hacerse el desentendido - "Sabes que Devimon dice mentiras, no debemos pensar en ello" -

- "El problema es que no has dejado de pensar en ello, TK... desde que acabamos con esa pelea, estás distante, incluso te fuiste sin decirle a Davis o Cody la razón de ello" -

TK suspiró con pesadez, ahí su compañero alado tenía un punto. No era común en él estar tan irritable, incluso casi le gritó a Davis cuando este le fue a pedir explicaciones acerca de su comportamiento, no se merecía eso, Davis solo trataba de ayudarle, aunque el uso del tacto fuera un concepto lejano para él.

- "Debe ser este mar, me está volviendo loco" - murmuró, producto de sus pensamientos como la conclusión más obvia.

- "Debe ser eso" - escuchó decir a Patamon, sorprendido, había creido que solo había dicho ese comentario en sus pensamientos y no en voz alta - "Regresemos a donde están Davis y los demás" -

- "Tienes razón" - Takeru respondió un poco más calmado - "Igual, tengo que disculparme por lo de hacer rato" -

Entonces, TK y Patamon se devolvieron por donde habían llegado, caminando directo a la cueva que cuidaban Davis, Cody y sus digimon, y donde descansaba Ken después de la última batalla.

- "Su pelea con Kimeramon debió ser muy dura, enfrentar el pasado nunca es fácil" - eso lo sabía de antemano, mejor que nadie.

- "¡TK!" - pronto, ambos escucharon una voz reconocible a una distancia recta a su camino tomado, era Davis que corría hacia ellos. Junto a él, vinieron Veemon, Ken y Wormmon, quien hacia todo lo posible para estar a la par de su compañero humano (de verdad que le era algo laborioso), y detrás de ellos, Cody y Armadillomon, quienes eran un poco más lentos.

- "¿Davis? ¿Pensé que estarías en la cueva?" - Takeru preguntó en cuanto sus amigos lo hubieran alcanzado, a él y Patamon.

- "Es urgente, tenemos que rescatar a Kari y los otros antes de que sean demasiado tarde" - Davis respondió apresurado, con su ritmo cardíaco a mil.

- "Se dónde se encuentra" - Ken dijo después, antes que TK replicara algo - "Pero debemos darnos prisa y estar listos para pelear" -

Takeru entonces recordó cuando Kari se perdió por primera vez en el Mar de las Tinieblas, poniéndo cuidado en la mención de su nombre por parte de Davis, y que dijo que algo la estaba llamando para que entrara en sus aguas. Ese ser, ese algo, estaba a punto de cumplir con su cometido, sea cual fuese; y eso era algo que no estaba dispuesto a permitir.

- "Me lo explicas en el camino" -


Fin del Capitulo


* La mención de los Antiguos es clara referencia de la mitología que expuso Lovecraft en sus obras, quizá sus dioses sean posibles personajes para la siguiente secuela.

*Los cuatro Ángeles de la oscuridad serán villanos futuros, ya fijos para la secuela de Digimon Exodo. De hecho son los villanos por los cuales los diez Ángeles deben reunirse, más tarde pensaré quienes formaran parte de este grupo y sus características, por ahora, me concentraré en escribir la batalla contra los Siete Señores Demonio digimon y su padre, quien resulta ser GranDracmon.

*Puede que sea un poco tarde, pero Feliz Navidad a todos los lectores.

"Uno de los niños Elegidos va al campo de batalla para afrontar su destino. Uno de los Terribles Señores de los Demonios aparecerá para interrumpir las vidas de quienes son escogidos por la luz, para evitarlo, el Septimo tendrá que renacer."