Digimon Exodo


Capitulo X - "Craniummon vs Leviamon"


Dos personas se reunían en el marco poco convencional. Hubo varias razones para ello, como que a su aldedor se encuentran los cuerpos de muchos digimon muertos, cuyos cuerpos pronto se desvanecerían en el basto mar oscuro. Otras como que ambos quisiesen matarse en ese instante y preferirián estar en otros lugares en este momento, bueno, al menos uno de ellos no tenía la innata necesidad de asesinar al contrario.

Medusa vio a su contrario, infantil, cuestionándose la razón por la cual estaba en el Mar de las Tinieblas. Si algo podría deducir en este momento, sería lo siguiente: en su mirada, el chico le decía una cosa.

- "No perteneces aquí" - Medusa pensó.

- "Hola" - Takato Matsuki dijo, no era un holograma, al menos no esta vez.

Era curioso, en su brazo derecho portaba una especie de artefacto que casi le cubría por completo, con una pantalla cerca de su muñeca y numerosos crontoles táctiles por todo el aparato. No era algo que le preocupaba, tenía la apariencia de ser un nuevo tipo de digi-vice.

- "¿Qué quieres?" - Medusa le preguntó, yendo directo al punto.

- "No se... conversar con alguien un momento, aun no se me permite ver a nadie... no hasta que se cumpla los dos primeros días" -

- "Ninguno de los Elegidos, ¿dices?" - Medusa dijo pensativa ante su respuesta - "Supongo que ese es el precio por haber escapado de la Puerta... pero..." - hubo algo en su rostro, algo que le decía que había algo más.

Los chicos de su tipo los conocía bien. Eran del tipo heroíco, de aquellos que anteponían a los demás antes que a si mismos, dispuestos a arriesgarlo todo, incluso sus vidas. Era con quienes solía tratar más y, con el tiempo, había aprendido a leerlos: sus expresiones, su tóno de voz, cualquier cosa que le permitiese encontrar alguna debilidad.

Takato suspiró.

Bueno, no podría ocultarlo todo y, en realidad, no tenía razón para hacerlo.

- "Es verdad, también di algo a cambio. Cosas que sabía del todo, pero no es esencial en este momento. Eso ahora no me preocupa" - ahora sería su turno para hacer una pregunta - "Ya respondí a una de tus dudas, ¿podrás responder a una de las mías?" -

- "¿Qué podría ser renacuajo? No estoy para socorrer tus necesidades sociales" -

- "Que antipática, considerándo con quien esta hablando en realidad" - no es que le gustase usar esa identidad como carta para cumplir sus caprichos, sería una de las últimas cosas que querría hacer.

Preferiría que lo llamaran por el nombre que le habían dado sus padres al momento de nacer, Takato Matsuki, el joven de Shinjuku que asiste a la escuela y a menudo se ve envuelto en problemas extracurriculares, por decirlo de alguna manera. El momento de adoptar su papel como el 'otro' no había llegado todavía, al menos demoraría algunos años más, hasta entonces, él sería el niño de trece años, punto y a parte.

- "No voy a preguntar que haces usualmente para entretenerte, seguro esa respuesta no me gustará" - Takato habló con enfado, ¿sería mucho pedir un poco de cortesía? - "Lo que quiero saber es esto. Tu guiaste a Daemon a mi mundo, ¿verdad?" - ya tenía la sospecha, pero necesitaba una confirmación.

- "Si, yo fui, aunque de manera indirecta" - ella respondió con simpleza, tampoco tenía la intención de ocultarlo.

- "¿Por qué?" -

- "Creo que tu ya sabes la respuesta, ahora, si me disculpas, esta mujer tiene cosas más urgentes que hacer" -

- "¡Espera!" - Takato exclamó sin embargo.

Medusa le miró irritado. Claro, a ese tipo de chicos le gustaba hablar más de la cuenta pero, igual, debía preguntarse una cosa. ¿Qué tanto sabía este muchacho acerca de los días venideros? Simplemente, a su regreso, lo único interesante que podría hacer era visitar a R'lhey, el lugar donde ella halló su destino para este mundo, justo cuando creía que todo había acabado para ella.

- "¿No habías dicho que sólo te debía una pregunta?" - Medusa le preguntó, para jugar un rato, no más.

- "Solo quiero saber algo más..." - respondió el chico, con la mirada baja.

Medusa estuvo a punto de marcharse, si no fuera por...

- "Yo mismo podría detenerte" - Takato dijo con voz determinada, lo que le decía a la bruja de las serpientes que el chico usaría la fuerza de ser necesario - "Tengo el poder para hacerlo, pero no quiero llegar a eso" -

Era una amenaza que podía cumplir y, por un momento, pareció que estuviese hablando con otra persona. Detectó un brillo siniestro en el iris del chico, una señal de la maldad que encerraba dentro de si. En su mente, surgió el flashback cuando ChaosGallantmon apareció, algo que llevaría en su memoria en los últimos días de su existencia.

Medusa entendía que debía ser cautelosa.

- "Bien, pregunta. Aun tengo mucho tiempo de sobra" -

- "Gracias" - Takato exclamó, con un nuevo ánimo que pronto decaería, ahora, solo tenía una cosa en mente - "¿Por qué ayudas a los Elegidos? ¿Por qué jackear el sistema de Leviamon?" -

- "Eso es simple, no puedo dejar que mueran, los necesito con vida... A ti y a los otros nueve ángeles" - Medusa respondió con una sonrisa y al ver que el niño no hablaba, dijo - "¿Qué? ¿Acaso qué pensabas? ¿Qué yo lo había hecho por acto de caridad? Soy una bruja, después de todo" -

- "Podrías ser más que eso" - Takato murmuró, con un deje de tristeza.

Sin embargo, Medusa no alcanzó a oirle, a penas un murmullo audible sin ningún tipo de significado, algo que ella desestimó.

- "Bueno, chico, no debería preocuparte ahora lo que está sucediéndo con los preciados Elegidos. Si no haces algo, Leviamon les matará a todos" -

- "No te preocupes, ninguno de ellos morirá" - Takato le respondió convencido - "Ya uno de ellos despertó, supongo que debo darte las gracias por darme el tiempo para hacerlo" -

- "Bien hecho, tampoco pierdes el tiempo" - Medusa pareció elogiarlo, pero el chico sabía que esa emoción no estaba en su cabeza por el momento - "Tu y yo somos los jugadores de ajedres, y el mundo y sus criaturas son nuestros peones... aunque yo prefiero nombrarlos como animales de laboratorio" -

La expresión en el rostro de Takato se retrajo en indignación y asco ante esa comparación, lo cual hizo crecer la enferma sonrisa de la mujer poseída.

- "Y este es el resultado de un experimento en el que ambos colaboramos, propongo que tu y yo nos sentemos a ver los resultados. Disfrutemos del espectáculo, chico" -

(***)

Leviamon comenzaba a considerar que había exhagerado con su último ataque, quizá había estado muy entusiasmado de poder enfrentar a los dichosos Niños Elegidos, aquellos que podían desterrar al poder de la oscuridad. La ausencia de viento en el mar oscuro haría que la gran cantidad de humo presente se demorara mucho en levantarse y, con la contribución de la niebla fantasmagórica, era imposible que sus grandes ojos notaran algún detalle. Pero eso era culpa de esos digimon tan débiles, los cuales ni siquiera pudieron defenderse de sus ataques más básicos.

- "A lo mejor ya estan muertos, misión cumplida" - por alguna razón, aquel pensamiento no le produjo satisfacción.

Había sido demasiado fácil pero era lógico, lo cual pensó de inmediato, ¿cómo unos simples humanos y sus digimon asociados podrían ser desafío para él?. Incluso, el considerarlo, sería signo de perder su cabeza.

Pero algo sucedió, fuera de toda su consideración.

Una luz penetró la cantidad de polvo en exceso desde el interior. Un resplandor tan penetrante que eliminó todo rastro de polvo de escombro y neblina circundante, algo que la gran bestia de los mares profanos no había querido hacer. De las ruinas emergió un nuevo personaje, del que conocía bastante y eso le enfureció; su presencia era inconcedible en sus dominios, además, qué había hecho él para llamar la atención de la Divinidad que los dirigía.

Era en esas ocasiones que deseaba cortar cualquier lazo con los demás Señores Demonio y GranDracmon, sólo sabían traerle problemas.

Un gran caballero de armadura negra se alzaba entre los derrotados, brillante, con una calavera por casco y portaba con orgullo una lanza de dos filos, el Claiohm Solais, y su escudo inpenetrable, aquel que anularía cualquier tipo de ataque durante un tipo de tiempo determinado, Avalon. Era Craniummon, un santo digimon en etapa mega y él era...

- "¿Qué demonios hace un Caballero de la Realeza en un lugar como este?" - Leviamon cuestionó con enfado.

- "¿Un Caballero Real?" - fue lo primero que pensó Ken Ichijouji, después de fusionarse con un moribundo Wormmon en un poderoso digimon, de hecho, más fuerte que Imperialdramon y en el pasado creía que eso era imposible - "¿De qué hablas?" -

- "¡¿CREES QUÉ SOY ESTUPIDO?!" - Leviamon respondió con más furia - "Los Caballeros Reales no se involucrán en los asuntos del Inframundo a menos de que algo importante esté sucediéndo" -

Pero el señor demonio ya no estaba en sus cabáles. Un Caballero Real en sus dominios era algo inconcedible, los odiaba tanto, les tenía tanto rencor por aquella derrota hace milenios, un sentimiento que compartía con Daemon, si es que ese aun siguiera con vida. Juró, cuando se volviera a encontrar con un digimon de su estirpe, atacar sin piedad y con la furia de 10000 años.

Y eso hizo.

- "¡Rostrum!" -

El ataque no había sido tan moderado como en un principio, ahora poseía la fuerza de un dios iracundo, la fuerza de la famosa bestia que algún día profetizaron que se tragaría a todo el DigiMundo. Craniummon, entonces, solo tendría unos segundos para reaccionar antes de que su cuerpo quedara hecho puré.

- "¡Avalon!" -

El caballero exclamó su técnica justo a tiempo, segundos antes que el potente haz de energía de las enormes fauses chocaran contra él. Pronto, Leviamon descubrió que el caballero había invocado un gran campo invisible para protegerse, pero era demasiado grande, y, de inmediato, descubrió que era para proteger a esos niños y sus digimon que yacían en el suelo.

Ese escudo era el único que podría parar su ataque. La arma defensiva definitiva, otorgada por el Dios de los Digimon en épocas remotas, la cual le permitía detener cualquier ataque, incluyendo la de dioses, por un tiempo determinado de tiempo.

Pero Leviamon no se rendiría, usándo sus dos colas como látigos, las asotó contra el caballero a una velocidad muy superior. Craniummon no tendría tiempo de crear su defensa perfecta por una segunda vez, pero también poseía agilidad y la supo aprovechar, para esquivar cada uno de los latigazos del Señor de los Demonios.

Mientras, los niños comenzaban a recobrar la consciencia, siendo testigos de la batalla que se estaba llevando a cabo.

(***)

Davis, hasta entonces, se había arrastrado en la neblina, combatiendo los periodos de inconsciencia producto del agotamiento y las heridas, para llegar a un pequeño Chibomon, tirado más adelante.

Con dificultad logró llegar hasta su compañero, siendo testigo en primera mano de su condición. Decir que Chibomon estaba mal era poco decir, en otras palabras, no se acercaba a la realidad. Temía que si hacia un movimiento falso, uno brusco, su compañero podía romperse en pedazos.

- "¡Diablos!" - maldijo mentalmente, ni siquiera podía ponerse en dos piernas.

La única razón por la cual estaban vivos era porque el denso polvo les cubría, de eso era consciente, y también lo era de que, cuando este se hubiera marchado, Leviamon vendría con todo su peso para acabarlos. Sería el primer digimon maligno que abría cumplido con su cometido, a sus ojos, por primera vez, entendía el verdadero significado de la guerra contra los digimon de las tinieblas.

Las consecuencias eran mayores de las que un niño podría imaginar.

- "¡Ken... al menos tu saldrás de esta" - por primera vez, no se mostraba tan optimista, quien sabe en que estados se encontraran sus amigos.

Pero, a penas hubiera podido pensar en su mejor amigo, una luz cálida llenó todo cuanto toco. Hacía poco había pedido por un milagro y este parecía haber llegado. Aquella luz que sintió fue reconocible.

- "Ken... viniste..." - pronunció con alegría, pero la natural fuerza, producto de su euforia, en la voz se encontraba ausente. Apenas si era audible.

Era su conexión con su mejor amigo, aquel que le recordaba la digi-evolución DNA, donde sus digimon se fusionaban y ellos conectaban sus deseos y sueños, al compas del corazón. Si se lo preguntaban, era la misma sensación. Y entonces el paisaje se aclaró.

En los cielos, vio combatir a un caballero de armadura de color negro con Leviamon, el Demonio de los mares.

- "Tu puedes hacerlo, dale una paliza" -

(***)

Yoley sintió algo parecido a Davis cuando el resplandor toco su piel, la recordaba la sensación cuando Ken Ichijouji se encontraba cerca de ella. Si, sin duda alguna supo que era Ken que había llegado a ellos para socorrerlos.

En realidad, hubiera sido ideal que hubiera venido a socorrerla a ella, aunque no es que estuviera menospreciando a los demás.

Hawkmon se acercó a ella, con heridas menores, algo que agradecía a Dios o quien estuviese cubriendo las riendas del destino.

- "¡Yoley!" - habló su digimon - "¿Te encuentras bien?" -

- "Estoy bien" - Yoley contestó, con un aire ausente pues había descubierto algo que captó su atención de inmediato.

Fue un caballero de negra armadura, que poseía una calavera por casco y sus ojos eran rojos; era atemorizante, sin embargo, ella no poseía ningún miedo hacia él. Era Ken, de eso estaba segura, era su escencia en un digimon, quien venía a rescatarlos del peligro que suponía Leviamon, el monstruo que había vencido a todos sus digimon en cinco segundos. Cualquier otro le hubiera dicho que desistiera de sus ideas pero ella estaba segura de que era él, nada la iba hacer cambiar de opinión.

- "¿Qué pasa?" - su digimon preguntó, ya que ella no le prestaba algún tipo de atención.

Para entonces ya había fijado su vista en lo que observaba Yoley. Con asombró, abrió sus ojos como si fueran dos platos por el asombro.

- "¿Ese digimon? ¿Aqui?" - se preguntó, después de todo Craniummon y los demás Royal Knights no eran más que leyendas para el DigiMundo.

(***)

Gatomon intentaba despertar a su compañera, Kari Kamiya, luego de la última técnica que Leviamon desató sobre todos ellos. Kari había sufrido ya varias contusiones por su cuerpo y manchas de sangre en lo que fue su brazo y pierna que, probablemente, fueron producto de los escombros pesados que salieron volando por los aires y terminaron por golpearla.

Gatomon temió que esta se encontrara muerte, pero, afortunadamente, no fue así.

- "¡Kari!" - ya había llamado su voz varias veces mas no había resultado alguno.

¿Cómo arreglarlo? Ella no era un médica y, mucho menos, conocía como era el funcionamiento del cuerpo humano y cuales eran las situaciones que los afectaban. Los digimon y los humanos eran muy diferentes en ese aspecto.

Mas un enorme estruendo llamó su atención y con su vista observó una nueva batalla.

Tal como Hawkmon, Gatomon no podía creerlo. Era una de las leyendas más famosas para los digimon, los Royal Knights, los santos protectores y guardíanes que solo se presentaban cuando el DigiMundo pasaba por tiempos de crisis extrema.

Y ahora, el sagrado caballero de las leyendas luchaba con su némesis, Leviamon, uno de los Reyes Demonio de antaño. ¿Por qué de antaño? Un Leviamon era fuerte, tanto como MaloMyotismon mismo, sin embargo, este excedía todos los límites que ella había podido imaginar. Lo cual le hacía pensar en lo que Myotismon contaba durante muchas noches, aun cuándo era su leal sirviente, sobre los Siete digimon que, en tiempos arcaícos, casi habían destruido al DigiMundo.

Algo importante había de estar pasando, algo mucho más grande de lo que habían creido en un principio. Pero, ahora, solo podía pensar en una cosa.

- "Vamos, gana por nosotros... termina la pelea que iniciamos" -

(***)

Decir que Cody estaba atemorizado era decir poco, eso era lo que podía presindir Armadillomon al ver a su compañero en el suelo, sentado con la cabeza entre las rodillas, negándose a ver lo que estaba pasando en el exterior.

Ya había gritado su nombre varias veces, Armadillomon una y otra vez y, aunque este se encontrara medianamente bien, el terror le impedía escuchar a su digimon. Para Cody, esto fue mucho peor que ese primer encuentro con MaloMyotismon, donde capturó y torturo a Arukenimon hasta que ella suplicó por su propia muerte.

- "¿Qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer?" - el menor se preguntaba una y otra vez, con lágrimas gruesas escapándo de sus ojos.

Y por más que pensaba, no hallaba ninguna solución.

El rostro de Leviamon, devorándolos a todos, fue la escena final a la cual siempre llegaba y que no dejaba más que un sentimiento de desesperanza.

- "¿Qué podemos hacer? ¿No podremos ganar a caso?" -

Sin embargo, él no era consciente que, en estos momentos, Craniummon estaba enfrentado a Leviamon en los cielos con fiereza.

(***)

Takeru se encontraba tan lastimado como el mismo Davis, inconsciente, hasta el momento, despertó de una pesadilla que recién había tenido, dando como señal un grito ahogado.

Patamon se había dado cuenta, caminándo apresurado hacia él pues sus alas no estaban en condiciones de dar vuelo. Llegó a su lado preocupado, viéndo de primera mano como este sufría las consecuencias de las heridas de todo su cuerpo, un potente dolor que había despertado con él.

- "Takeru, resiste" - exclamó el digimon - "Pronto saldremos de esta" -

- "¿Cómo?" - TK gimió adolorido, aunque se notaba la sorpresa en su voz.

¿Cómo es que Patamon podía ser tan optimista? Habían perdido su digi-evolución durante la batalla y ahora estaban indefensos contra un digimon que estaba en el nivel mega, ni más ni menos, y uno bastante poderoso. Aun escaba de su entendimiento una solución creible ante la situación.

- "Mira arriba" -

Takeru hizo lo que su digimon había dicho y ahí encontró a un caballero digimon, combatiéndo a la par de Leviamon, o al menos eso parecía. No sabía que decir o que pensar, el depender de otros, desconocidos, en sus batallas no fue algo a lo que estuviese acostumbrado. Dejar su esperanza en otro, pensar que era capaz de conseguirlo, pero él era el Elegido de la Esperanza, ¿Verdad?

Eso era lo que tenía que aferrarse ahora, la esperanza, alejar ese sueño que había quedado nítido en sus memorias, aquel que le decía que todo lo que había creido hasta el momento había sido una mentira.

Sin embargo, aquel sueño y aquella vivencia en el mar oscuro lo perseguirián hasta el último día del DigiMundo.

(***)

Craniummon había logrado esquivar, con éxito, todos los ataques físicos de su enemigo. Aprovechaba muy bien la ventaja de ser más pequeño y ágil que el enorme y pesado Leviamon.

- "Que bien, con esta velocidad seguro podré darle un golpe antes de que se defienda" - y, con ese pensamiento, Craniummon se avalanzó sobre Leviamon, golpeando su rostro con su lanza ClaiumSolais.

Fue como si un meteoro se estrellara con el Rey Demonio, lo cual lo mandó a volar por unas decenas de metros antes de que su propia magia le detuviese. Craniummon no solo era rápido, sino también fuerte, sin embargo, no había dañado su piel, ni tan cerca de hacer una raspadura.

- "No estuvo nada mal, casi me haces cosquillas" - dijo Leviamon, mofándose de su enemigo.

- "Lo golpeé con fuerza... ¿Cómo no le hice daño?" - pensó Craniummon confundido.

Pero eso sería todo lo que tenía que reflexionar, pues Leviamon realizaba otro ataque. Rostrum, el cual iba en trayectoria recta, era muy fácil de esquivar pero, si lo hacia, el ataque terminaría por destruir lo poco que quedaba en la costa, si eso pasaba, sus amigos no vivirián para contarlo.

Ellos debían vivir, a cualquier precio.

- "¡Avalon!" -

Un campo de energía esférico lo envolvió, justo a tiempo.

Pero no tendría el tiempo necesario para evadir el siguiente ataque. En lo que se dejaba ver un rayo, Craniummon sintió una de las colas de Leviamon aprisionándo su cintura y, delante suyo, la gran Bestia de los mares le ofrecía una sonrisa burlona.

Como un muñeco de trapo, lo asotó contra la superficie del mar, lo cual fue afortunado para los niños que estaban muy cansados y lastimados para moverse del campo de batalla terrestre. Pero les mostró un espectáculo que pocas veces se podía apreciar, la primera señal de agitación en las aguas calmas, una gigantesca ola que precedió la impacto.

(***)

- "¡Ken!" - Davis gritó a la distancia, incluso a él le dolía ese golpe.

En ello, Takeru llegaba a su lado, tambaleándose en el camino, pero que había escuchado con claridad las palabras de su amigo.

- "Davis, ¿Qué pasa?" -

Davis hubiera corrido en su ayuda tan pronto como hubiera podido, al ver el estado en el que se encontraba TK, a punto de desmayarse por el cansancio y la perdida de sangre; mas él no se encontraba en mejores condiciones, ni podría ponerse de pie y caminar unos metros del suelo.

- "¿Ese digimon que está luchando es Ken?" - TK le preguntó cansadamente, pero con un tono de incredulidad.

- "Si, ese es Ken... puedo sentirlo, ahora está luchando para poder salvarnos" -

Takeru asintió en comprensión, no creía capaz que Davis pudiera mentir en ese tipo de cosas, por supuesto, aunque dejase muchas más preguntas que respuestas. Además, Davis tenía una fuerte conexión con Ken Ichijouji, se había convertido en su mejor amigo en muy poco tiempo y era su compañero en la DNA-Evolución.

Unos segundos después, verían como Craniummon se elevaría del mar oscuro, llevándo consigo una estela de agua que pronto se desvanecería. Takeru y Davis le miraron en admiración, Ken Ichijouji realmente era muy resistente.

(***)

- "Tengo que admitirlo, eso realmente me dolió" - Craniummon pensaba mientras iba en su encuentro con Leviamon, quien no se había movido desde su última posición.

Leviamon, pronto, arremetió en línea recta hacia el caballero, dispuesto a tragarsélo de un solo bocado. Pero estaría caminando directo a una trampa, la cual no podría evadir a tiempo.

- "¡Vals Final!" -

Y de la lanza, emergió un gigantesco torbellino que envolvió al enorme Señor de los Demonios, golpeándole como un gran huracán, de la más alta categoría.

Aquel torbellino haría una curva en el aire, llevando a Leviamon devuelta al mar, a un lugar más lejano de dónde Davis y los demás se encontraban. Luego, Craniummon le siguió hasta alcanzarle, ya cuando Leviamon se hubiese liberado, desorientado y reposando sobre la superficie del océano oscuro, Craniummon llegó con su lanza, clavándola en la cima de su cabeza después de descender a una velocidad considerable.

Por imposible que hubiera parecido para el gran Demonio finalmente, luego de mucho tiempo, alguien había sido capaz de hacerle tal daño. No había sido mucho en realidad, su cráneo era demasiado resistente, pero allí permanecía la lanza clavada y una delgada línea de sangre azul descendía por el ojo de la Bestia.

Leviamon, furioso por el hecho, miró con odio puro al causante de ello, quien se encontraba encima suyo como si fuera un criador de animales y él una alimaña que debía ser domesticada. Lo asotó con sus colas, con tal de quitárselo de encima.

- "Augg..." - fue otro golpe doloroso, que le hizo rozar el mar, en saltos, durante una larga distancia antes de undirse en sus aguas. Su lanza había salido volando en otra dirección.

- "No, no puede ser" - Craniummon pensó con alarme, pues era su única arma capaz de lastimar al imponente enemigo.

Y este, aun no se mostraba satisfecho. Pronto, varios remolinos de agua aparecieron por todas partes; uno lo levantó a él y otro a su lanza, se vio imposibilitado de llegar hasta ella, incluso de poder moverse.

Entonces, Leviamon se acercó hacia su lanza y, con un movimiento, la atrapó con una de sus colas; mientras, el torbellino de agua que le sostenía se desmoronaba.

- "¿Esto es la arma que fue capaz de herirme?" - el Rey Demonio la miró con interés - "...me pregunto porque no tendré una cosa como esta" -

- "¡Eres un cobarde!" - Craniummon exclamó, viéndo como su enemigo le privaba de su única posibilidad.

- "Es bueno que yo la tenga, de todas formas, tu nunca serías capaz de usarla de forma apropiada" - Leviamon dijo con tono desinteresado pero, por dentro, se notaba que disfrutaba de humillar a sus oponentes.

- "Tengo que pensar en algo" - Craniummon pensaba, tratándo de liberarse - "Debe haber una forma de salir de aquí" -

Usándo fuerzas que aun no sabía que tenía, lentamente extendió sus brazos de un lado a otro, hasta que, de forma gradual, logró liberarse ante un incrédulo rey demonio, señor de los mares.

- "¡Imposible!" - Leviamon exclamó.

La gran bestia de los mares observó como el Caballero Real enviaba a toda velocidad un puño contra su rostro pero, con mucha diferencia a la vez anterior, causó mucho más daño, derribándo varios dientes de su mandíbula y sacándo más sangre. Y, por si fuera poco, Craniummon le arrebató la lanza sin que se hubiera dado cuenta; esto era inconcedible, ¿de dónde estaba sacándo la fuerza para doblegarlo?

Por más que lo pensara, no era factible, era un chiste, una burla al dios que gobernaba el Mar de las Tinieblas. Un ser inferior jamás debería ser capaz de realizar tal daño... una cosa era clara, se lo haría pagar muy caro.

Entonces, Craniummon sintió que algo no andaba bien, fue una señal que fue producida como el ojo de una tormenta, justo encima de los combatientes. El mar se agitó como si el fin del mundo estuviera sobre él, su furia se despertó como la Cresta de la Envidia brilló sobre su cabeza, como su corona, y, como podían hacer sus hermanos, un campo de energía se formó a su alrededor, del mismo color que brillo siniestro del Pecado.

- "¡RECIBE MI IRA! ¡SER INSIGNIFICANTE!" - con un potente rugido, atacó con su técnica más poderosa - "¡CAUDA!" -

Esta vez, Craniummon no sería capaz de evadirlo. Una luz brillante le cegó y pronto su mundo se volvió en oscuridad, su consciencia se perdía como era asotado por el mismo martillo de los dioses.

(***)

- "¿Qué rayos está pasando allá?" - Yoley se preguntó con angustia.

Desde que Craniummon, o Ken, había arrastrado a Leviamon a las lejanias del mar, no había podido ver casi nada de la batalla. Apenas unos puntos resplandecientes, los cuales se desvanecían tan pronto como aparecián en el cielo.

Pero la angustia creció aun más y no fue porque no pudiera tener detalles de la batalla.

Hawkmon no tendría tiempo de preguntar si estaba bien como un enorme temblor sacudió todo en cuanto existiese en el Mar Oscuro. De tal magnitud como si se tratara del fin de los tiempos y el mismo Dios hubiera decidido descender a la tierra para el Juicio.

- "¡Yoley!" - Hawkmon exclamó mientras cubría a su compañera de una luz cegadora en las lejanías.

Era un ataque tan poderoso que el mismo mar se dividió y algo cayó estruendosamente en la playa. Pero no sería todo, con la llegada del objeto caído, todos los árboles y vegetación murieron, y las tierras en millares de kilómetros se resquebrajaron.

Yoley había caído al suelo, debajo de Hawkmon, quien se encontraba gravemente lastimado. Sus lágrimas comenzaron a caer, él la había salvado y sabía que el costo había sido altísimo. Los alrededores habían sido totalmente arrasados y, a unos pies de ella, estaba Craniummon rescotado, con su armadura rota y lanza destruida, a penas si había sobrevivido su escudo.

De hecho, el escudo había sido el objeto que le permitió sobrevivir.

- "¡Ken!" - gritó ella con preocupación y dolor.

Con todas sus fuerzas se levantó del suelo y corrió hasta él, cayéndo al suelo de rodillas y llorándo de forma desconsolada al ver su estado.

Encima de ellos, Leviamon observaba con una expresión fría las acciones de Yoley. La calificaba como algo que solo los débiles harían.

- "Niña" - Leviamon dijo - "No llores más pues, como en muestra de misericordia, te enviaré al otro mundo dónde ese Caballero está ahora" -

Yoley, entonces, levantó su mirada para encarar una expresión furiosa. Una que no impresionaba al demonio de los mares.

- "No... no te atrevas... a... hacerle daño" - sin embargo, Craniummon aun se encontraba consciente, hablando con dificultad pero aun dispuesto a enfrentarse a su enemigo.

- "¡Aun sigues con vida!" - Leviamon, mientras, exclamaba con desagrada sorpresa.

- "Ken, hay que irnos" - Yoley dijo entre sus sollozos - "Ya no puedes" - ver como se levantaba, con el cuerpo tan roto como se encontraba, era demasiado doloroso.

- "No... no puedo, Yoley" - Ken le respondió - "Se los debo... por haberles permitido pasar por este martirio... se lo debo a quien me dió el poder para protegerlos" - habrá tocido varias veces mientras articulaba sus palabras pero, aun así, seguía adelante - "...por nuestra amistad, debo hacerlo" -

Yoley solo pudo dejarlo ir, observándo como Craniummon se tambaleaba de un lado a otro.

- "Me das pena" - Leviamon dijo con indeferencia, ya queriéndo terminar con todo - "Acabaré con tu miseria y la de los niños Elegidos, justo ahora..." -

Leviamon, por segunda ocasión, asotaría con su martillo de los dioses, sus colas que ya se encontraban listas para hacer temblar la Tierra. Craniummon sabía lo que sucedería si Leviamon volvía a utilizar esa técnica, ya nadie podría sobrevivir y los logros que habían alcanzado hasta entonces, serían en vano. No podía permitirselo y, de la convicción de proteger a todos, una luz dorada emergió desde el interior de su cuerpo herido. El poder le llenaba, exhorbitándo para recuperar su lanza y escudo fracturados, ahora, sin que estos hubieran recibido un rasguño.

Yoley se sorprendió pues, de la espalda del caballero real, emergieron tres pares de alas doradas y, de la misma luz, la lanza y el escudo se destruyeron para recombinarse en una nueva arma: una bara dorada, la cual tenía incrustaciones de diamantes e inscripciones al coro de ángeles, Elohim.

Craniummon, guiado por la epifanía divina, asotó uno de los extremos del báculo sagrado contra el suelo. Una explosión fue desatada desde el interior de Leviamon, haciéndole un increible daño a la bestia, uno fatal.

- "¡Imposible!" - exclamó un Leviamon mortalmente herido - "El daño que me provocó fue grave, como lo consiguió, de dónde saca tanto poder... ¡No lo acepto!¡No puedo aceptar mi derrota!¡No ante un ser como tu!" -

- "¿Aun no lo entiendes, Leviamon?" - Craniummon, o el arcángel de su interior, le preguntó con poca paciencia y decepción - "Lo único que te ha movido hasta ahora han sido tus celos y eso te ha llenado de odio, tan cegado estas que has dejado de ver el camino... los sentimientos: el amor y la compasión, el deseo de protegerlos a todos, son la fuerza para ganar y sobreponerse, no importa a que nos enfrentemos, si siempre creemos en eso, no habrá obstáculo que nos frene" -

- "¡TONTERIAS!¡Nunca aceptaré eso de una basura como tu!" - Leviamon bramó furioso y, con un grito de guerra, se avalanzó con sus fauses abiertas.

Mientras, Craniummon no se mostró preocupado. En vez de evadirle, confrontó al demonio volándo en su dirección, usándo el báculo terminó por partir a Leviamon, como si fuera simple mantequilla. El pecado de la Envidia se apagó entonces, pues el Señor de los Demonios finalmente había sido destruido y con un grito lastimero, seguido por una estela de luz dorada, un joven cayó con suavidad a la arena.

Yoley recogió a un inconsciente Ken y, de inmediato, le llamó su atención una bara de color dorado que había usado en la batalla, ahora con el tamaño apropiado para que el mismo Ken la porte, justo siendo sujetada por su mano izquierda.

(***)

Todo el Mar de las Tinieblas se había estremecido, incluyendo la ciudad de R'hley, en las lejanías más impronunciadas. Sin embargo, era la que menos daño había sufrido... bueno, en realidad, apenas se había espolvoreado el lugar. Era un buen lugar para esconderse de la furia del dios del Oceáno Oscuro y, ahí, el Daemon que le servía se mantuvo a salvo. El destino de muchos de sus hermanos, los digimon sombríos, le era desconocido.

Era libre, pensó. Sin que Leviamon controlara sus acciones, ahora era autonomo. Esa idea comenzó a gustarle.

Pero no tendría tiempo para descubrir los beneficios de su nueva libertad pues, de las mismas sombras, una presencia pasó a su espalda como un rayo. Fue en un instante pero la angustia le invadió. Entonces, Daemon dio un giro repentino de 180 grados.

- "¿Quién anda ahí?" - mas supo como disfrazar su temor, aparentando usar una voz autoritaria y esperaba que funcionara.

Nada pareció pronunciarse. Luego, de un momento, Daemon se relajó y giró para dirigirse a su camino elegido, cuyo final le mostraría los secretos que Leviamon se había esmerado por ocultar. Pero, al hacerlo, se encontró con la presencia que recién le había acosado.

Uno de los Antiguos, los misteriosos habitantes de la ciudad amurallada de R'hley, quien cubría su aspecto bajo una túnica de color negro. Por otro lado, tenía la silueta que asemejaba a la de un hombre, humano, promedio.

Daemon apenas sabía que no era un digimon.

- "Leviamon, el tirano, ha muerto" - el Antiguo dijo con voz ronca.

- "Lo se" - Daemon contestó - "¿Y eso qué? Ahora marchate, a menos que desees ser chamuscado" - y en sus manos, dos bolas de fuego se formaron.

- "No puedes amenazarnos en nuestra ciudad y, ahora, el Mar de las Tinieblas es nuestro, como siempre debió haber sido" - sin embargo, el Antiguo no retrocedió.

Pronto, Daemon sería quien retrocedería, descubriéndo la verdad detrás del espectro.

- "¿Qué?... ¿Qué demonios eres?" -

- "No tengo porque responder pero, si has de saber algo, es que soy un mensajero de las estrellas que pronto se avecinarán. La muerte de un dios, uno falso, era todo lo que se necesitaba... los verdaderos dioses vendrán ahora como el rostro de las pesadillas, horrores que ustedes, los digimon, nunca pudieron haber imaginado. Los tiempos de los digimon, los humanos y los ángeles han de acabar porque vendrá Cthulhu, Nyarlathotep, Shubb-Niggurath, Yog-Sothoth y Azathoth... y cuando ellos vengan, todos sabrán que es el fin" -

- "¿Por qué me cuentas todo esto?" - Daemon preguntó atemorizado.

- "¿Por qué cuento todo esto?" - el Antiguo se tomó el tiempo para burlarse antes de responder - "Lo hago porque quiero, además, los dioses requieren otro sacrificio" -

Para Daemon, fue como si estuviera delante de la misma parca. Lo último que vería sería una sombra con forma de garra acercarse a él y, con horror, dio su último grito de agonía pero que nadie en el Universo escucharía.

Continuará...


"En un espacio y tiempo diferentes, la consciencia de los Tamers será llevada por un ser omnipotente. Ryo Akiyama, quien es nombrado como el tamer legendario, se encontrará una vez más delante de él, su gran adversario, Milleniummon" ...Esto en el siguiente capítulo de Digimon Exodo.

Un saludo a los que se toman la molestia de leer este Fanfic. Les agradezco cualquier comentario o crítica que puedan dejar. Hasta la próxima publicación.

LGDA2TF