CHICAS! me demoré mucho en publicar pero es que tuve que reaprender a poner capis aqui, volví a leer esta historia para ponerme al corriente, y de paso corregí mucho errores; espero que en esta capi no hayan mucho errrores :) .. gracias por todos sus rewies, no crei, que aun despues de todo este tiempo, estuvieran ahi.
las quiero muchoooo y esta historia tiene para largooo y se vienen muchas sopresas, espero que les guste.
nos vemos pronto.
A LEER! (las extrañé)
CAP 16: AL ABRIR LOS OJOS
Un error.
Eso fue lo primero en lo que pensé cuando desperté entre sus brazos la mañana siguiente.
Edward aún dormía apaciblemente con una sonrisa que amenazaba con desaparecer.
El reloj decía que era las 6:05 am y yo por más que me repetía que tenía que salir de allí, no lo hacía; mirando su rostro tuve que enfrentarme a la realidad, aquella que me decía que había llegado muy lejos, aquella que me decía que era una zorra y que no me merecía tanta perfección, aquella que yo había tratado de ignorar toda la noche entre sus brazos.
Tanta realidad dolió.
Pero sobre todo, dolió sentir que Edward no se merecía a una persona tan manchada como yo, sentir que él era demasiado para mí. Y sí, lo era.
El amor es algo tan fuera de mi alcance que incluso duele mirarlo a la cara.
Y como lo predije, esto fue la muerte; yo no había tenido sexo con Edward Cullen, para mí fue hacer el amor. Había cometido el mayor error que juré no volver a cometer: Me enamoré y ahora era muy tarde.
Una lágrima rodó por mi mejilla, miré al ángel a mi lado y despacio, temiendo despertarlo, acaricié su rostro. Edward se movió un poco y me apretó más contar él.
-…bella… - Murmuró entre sueños.
Me llevé una mano a la boca tratando de amortiguar el sollozo que se me escapó, él había mencionado mi nombre y yo estaba a punto de hacerle daño, como años atrás me lo habían hecho a mí.
-Lo siento…- dije, disculpándome por lo que estaba a punto de hacer.
Irme.
Lastimarlo por su bien.
Me deslicé lentamente de su cama, una vez de pie me detuve a mirarlo unos segundos, segundos que me durarían toda vida; Edward con su cabello desordenado, esos labios perfectos y ese pecho marcado y musculoso hacían que quisiera regresar a la cama con él y pretender que era lo suficientemente buena como para quedarme; la idea de que lo había tenido la noche pasada me abrumó por un momento, él había sido mío…por tan solo una noche.
Me pasé una mano por mis mejillas llenas de lagrimas y me dispuse a buscar mi ropa esparcida por toda la habitación, unos segundos después, al ponerme la ultima prenda, me fijé mejor en el departamento de Edward, era lujoso, incluso más que el mío, las paredes de un azul cielo me cautivaron e hicieron de ese mi color favorito, música y libros de todo tipo llenaban un estante el cual llamó mi atención por un momento. Me acerqué con curiosidad al ver que también había fotos, en una de ellas se encontraba Edward con un traje que identifiqué como la clásica túnica de graduación, llevaba birrete y sostenía un diploma en la mano, a su izquierda una hermosa y mayor mujer sonreía mirándolo, supuse ,por el parecido, que se trataba de su madre; su cabello era del mismo color que el de su hijo, sus ojos azules la hacían parecer menor a la edad que tendría, lo que más note fue su mirada maternal, al verla mirar a Edward de esa forma, me hizo confirmar de que se trataba de su madre ; a la derecha se encontraba un hombre mucho más parecido a Edward, tenía el color de sus ojos , su rostro varonil y tierno a la vez, era un claro retrato de Edward, era muy guapo. En la siguiente fotografía la misma familia, con un integrante más, jugaba en la playa; el padre sostenía una pelota de futbol en las manos, dos niños corrían hacia él sonrientes, supuse que unos de ellos era Cullen pero no podía estar segura de cuál de los dos era él, pues no se distinguían bien sus rostros. Pasé mi vista a la siguiente foto, dos niños de unos dos años se encontraban debajo de un enorme roble, uno de ellos miraba de frente sonriente con una paleta en la mano y con la otra abrazaba al otro niño, él era Edward, lo identifiqué por sus ojos, sonreí con ternura al ver que tierno se veía; sin embrago, algo en el otro niño me inquietó, este miraba al pequeño Edward también sonriendo, se me hacia conocido, no podía ver sus ojos pero sentí como si ya lo conociera, mire más detenidamente a aquel inquietante niño…
Sus ojos eran…
-¿Ya te vas? – la voz de Edward me tomó por sorpresa, di un pequeño salto al escuchar esa voz profunda que me hacía temblar. Traté de limpiarme las últimas lágrimas que había derramado hace unos minutos y respiré profundo para fingir.
-Sí, es tarde – dije girándome a verle, me arrepentí, sus ojos miel me miraban hermosos, retiré la mirada rápidamente dudando de mi autocontrol y mandar a volar toda idea de separarme de él.
-Bella, lo que paso anoche…
-No – lo interrumpí sin poder soportar la idea de que estuviera diciendo que lo que paso fue solo sexo, así que me adelanté – fue un error.
Silencio.
-Mírame - ordenó sin levantar la voz, pero con una seguridad que no dejaba espacio para reclamos.
Levanté la mirada y me encontré con un par de ojos dolidos que me miraban esperando que me ratificara. Pero yo no lo haría.
-¿Un error? ¿Eso fue para ti? – preguntó demandante.
Lo miré con intensidad y me recordé que él se merecía algo mejor que yo y con esa idea en la cabeza le mentí descaradamente en la actuación de mi vida.
-Sí, un error que no se repetirá – dije muriendo por dentro.
Su rostro desconcertado retiró la mirada.
-Si eso fue para ti… para mí también lo fue, un error – habló sin mirarme todavía.
Oírlo decirlo me destrozó el corazón, por un momento el dolor que estaba ocultando me superó y un solitaria lágrima se me escapó, antes de que él pudiera verla la retiré de mi rostro.
-No debí dejar que esto llegara tan lejos – dijo de repente – lo siento Bella.
-No te disculpes por lo que pasó, después de todo fue la culpa de los dos – no sabía de dónde saqué esas palabras pero ya estaban dichas – ahora ya no importa – que gran mentira.
Me giré dispuesta a abandonar ese lugar en donde dejaba mi corazón, cuando dio el golpe final.
-Fue solo sexo.
Mi corazón se estremeció y de espaldas a él lloré, cerré los ojos con fuerza deseando que todo fuera tan solo un mal sueño, pero al abrirlos de nuevo todo seguía allí, no lo podía soportar más tiempo, solo quería desaparecer.
-Adiós Cullen – me despedí con la voz quebrada.
Él no contestó.
No esperé que lo hiciera.
Salí de su departamento y al cerrar la puerta detrás de mí, las lagrimas comenzaron a derramarse sin parar, el aún no lo entendía, pero yo nos había hecho un favor a ambos. A paso débil caminé por el pasillo hacia el elevador, mi mirada estaba perdida en algún momento de anoche, con ojos llorosos y con el corazón partido me di cuenta que jamás tendría un verdadero amor, ese que alguna vez yo creí tener, ese estúpido amor que te hace sonreír sin motivo aparente, que te hace pensar en aquello que quizás nunca pase, que te destruye poco a poco mientras tú sonríes…
Una parte de mí comenzaba a querer ese tipo de amor, sin importar que tan dañada resultase al final.
Pero sabía que no lo encontraría, al menos no así, sea cual sea el amor de mi vida estaba segura de que follando a todos no lo encontraría, tendría que cambiar, pero había un par de problemas, no podía, era tarde y no quería. Dentro del elevador dos parejas me acompañaron en mi penoso viaje hacia el primer piso, mirando a las parejas tomadas de la mano, sonriéndose unos a otros como si guardaran un secreto, me sentí sola, sin ningún tipo de valor.
Y me pregunté si esto había sido obra solo de Anthony, o es que solo era cuestión de tiempo para que yo me transformara y me encontré sonriendo con ironía.
Bella la ingenua jamás se hubiera convertido en esto por sí sola, Bella la enamoradiza jamás hubiera cambiado tanto si no hubiese muerto primero.
Y había muerto.
Es estúpido, porque su asesino había sido la única persona por la que ella habría dado su vida.
Algo en mí estaba creciendo, esa necesidad de querer ser una mejor persona, por Edward, por querer merecer su amor, porque yo no lo podía ocultar más, esto que sentía por él ya no era solo deseo y esa idea me asustaba mucho más. En ese momento mi vida pasó frente a mis ojos y me tuve lastima, me vi estando con todos aquellos hombres, pero no me vi como de costumbre, esta vez no era yo la que los usaba. Ellos me usaban a mí.
¿De qué me había servido ser una bomba sexy si al final, nadie me había querido?
Si al final me había quedado sola.
Quise ser deseada por todos porque Anthony jamás me deseó.
Quise que todos me quisieran, porque él nunca lo hizo.
Pero no ha resultado.
La herida de hace 6 años había dejado de sangrar, pero no porque hubiese curado, sino por falta de sangre.
Desee, una vez más, no solo ser digna del amor de Edward, sino de cualquier amor, de un amor puro, de alguien que me quisiera en verdad. Todo este tiempo creí que yo los usaba a ellos y aunque así había parecido, había sido mentira.
Quería correr, alejarme tanto que ni siquiera yo me encontrase.
Una vez dentro de mi departamento, abrumada por todo aquello que no sentía hace mucho tiempo, comencé a recordar la noche anterior; todavía podía sentir sus manos, sus besos, su respiración contra mi piel, su "te quiero".
¿En verdad lo había dicho o solo fue parte del juego de mi mente que quería creer, desesperadamente, que me quería?
Caminé por mi departamento como zombi, sin sentir nada en absoluto; me desvestí ajena a mi alrededor y me metí en la bañera; el agua poco a poco se fue llevando su olor y cada rastro físico de él, las lagrimas jamás cesaron y recordé que no lloraba tanto desde que Anthony me dejó; sin entusiasmo me arreglé para otro día en la oficina, lo último que necesitaba era ver ese par de ojos miel a los que amaba, pero no tenia opción, ahora solo quedaba concentrarme si no quería dejarme llevar y saltar a sus brazos, en cuanto lo viera, pidiendo que me salve.
De mí.
De mi pasado.
De lo que soy.
Y de lo que siento por él.
Salí de mi departamento aún preguntándome que haría con todo este problema en el que me había metido, cuando recordé que había dejado mi auto en el parque el día de ayer, así que no me quedaba otra que ir en taxi. Al llegar a la firma yo ya era un manojo de nervios, las manos me sudaban y no podía dejar de temblar, solo de pensar que lo volvería a ver, mi cuerpo se alteraba y creo que los latidos de mi corazón se podían oír a kilómetros de distancia; el mundo parecía menos estable esa mañana. Al entrar al ascensor comencé a respirar aceleradamente, no sabía cómo haría para no caer frente a él.
Al llegar a mi piso, las secretarias me saludaron y yo solo asentí demasiado nerviosa como para hablar; tomé la perilla de la oficina entre mis manos, respiré hondo por última vez y entré…
El corazón me dejó de latir tan rápidamente y recuperó su ritmo normal al ver que no había nadie, el aún no llegaba.
Dejé mis cosas en mi mesa y me dirigí a la enorme ventana que ocupaba casi toda la pared de al fondo de la sala, miré al exterior tan confundida y… enamorada, aún me cuesta decirlo, pero sí, estoy enamorada, horrorosamente enamorada. Abrumada por todos mis sentimientos, me comencé a preguntar cómo es que detendría esto, si es que aún podía detenerlo; quería a Edward y por lo mismo lo quería junto a mí, pero al mismo tiempo lo quería alejar, lo tenía que alejar; Bella la inocente e inexperta comenzaba a revelarse, estaba perdiendo mi característica seguridad y confianza, ya no tenía tanto autocontrol como lo tenía antes.
Me abracé a mí misma tratando de reconocerme en mis propios sentimientos y pensamientos, tratando de encontrar en alguna parte a la zorra que habitaba en mí, pero no la encontré.
-Buenos días Swan – su voz en uno de mis oídos me sobresaltó, mi corazón volvió a adquirir un ritmo acelerado; entonces analicé la posibilidad de saltar por la ventana, increíblemente 100 pisos no me parecían gran altura. Podía sentir su pecho rosando levemente mi espalda y cómo una gran cantidad de descargas eléctricas corrían entre nosotros; suspiré tratando de mantener la compostura y me giré a encararlo.
No esperaba encontrar su rostro tan cerca del mío, necesité unos segundos para asimilar su olor embriagante y familiar, su cabello cobrizo estaba perfectamente desordenado como siempre, sus ojos dorados me observaban detenidamente con un brillo peculiar que no había visto antes en ellos, sus labios tentadores tenían una pequeña marca, los observé mejor y pude descubrir en su labio inferior tenía una herida.
Parecía una…mordida.
Trague saliva.
Había sido yo…anoche. Los recuerdos me golpearon con fuerza al recordar que yo había sido la causante cuando anoche había mordido su labio más fuerte de lo normal, mordí mi labio conteniendo las ganas de volver a morderlo; estábamos imposiblemente cerca unos de otro, me perdí en sus ojos y apenas fui consiente cuando escuché mi nombre.
-¿Señorita Swan? – la secretaria llamaba a través de la puerta, me alejé de Cullen lo más rápido que pude y todavía aturdida respondí.
-Pasa.
La secretaria abrió la puerta y se dirigió a mi escritorio.
-Aquí están los papeles que pidió – anunció, al extender mi mano se notó mi leve temblor – ¿se siente bien? – preguntó observándome con curiosidad y preocupación.
-síí..sí – respondí con a voz tensa – ¿por qué?
-Pues… esta temblando – explicó con el seño fruncido.
Pude escuchar como a Cullen se le escapaba una risita que trató de disimular con un tos, me giré a verlo con cara de pocos amigos, "que gracioso Cullen".
-No te preocupes, estoy bien – dije a la secretaria quien nos miraba – puedes retirarte.
Una vez que yo y Cullen estuvimos a solas, me dirigí a él para dejar las cosas bien en claro, lo debía encarar, no podía permitirme perder el profesionalismo por el señor "folla bien". Edward sentado en la mesa de su escritorio me miraba con una sexy sonrisa mientras me acercaba a él.
-¡No vuelvas hacer eso! – exclamé.
Él ni se inmutó y solo atinó a pararse frente a mí, su miraba no dejaba mis labios y su sonrisa de lado no cambió, esa sonrisa que la noche anterior me hacía pedirle que me follara más…
¡Concéntrate!
-¿Hacer qué? – respondió
-¡Eso!... ¡aturdirme!
-Yo no he hecho nada – claro, ahora es encantador sin proponérselo ¿no?
-¡Y tampoco vuelvas a estar tan cerca de mí!
Rio.
Y yo me enfurecí.
-Según pude notar tú no te alejaste cuando estuvimos tan cerca – alzó un ceja desafiante y supe que tenía razón, pero obviamente no le admitirá; era difícil mantenerme furiosa con él, sobre todo si tenía sus labios tan cerca y recordándome, con una herida, lo bien que lo habíamos pasado anoche.
¿¡Porque tenía que ser tan sexy?!
Lo odiaba.
Lo odiaba por desearlo tanto.
-¡Te odio! – grité en un impulso.
Sin tomarse enserio mi rabieta de niña malcriada rio con más ganas.
-¿Qué es tan gracioso? – me estaba enojando enserio.
Él no respondió y siguió observándome con una sonrisa.
-¡Ya deja de sonreír imbécil! ¿Te divierto? ¡Dime qué diablos es tan divertido, no entien…!
Sus labios se estamparon furiosamente contra los míos sin dejarme terminar con mis gritos y reclamos. Me quede fría, completamente estática sin poder moverme, cuando al fin reaccioné, lo empujé.
-¡¿Qué te pasa?! – dije indignada.
-Quería que te callaras – se encogió de hombros como si fuera muy común callar a alguien con un beso - ¿te han dicho que gritas muy fuerte? Me estaba comenzando a doler la cabeza.
"Qué mierda".
-¡No puedes besarme cada vez que se te antoje!
-Sí puedo – respondió… y automáticamente me plantó otro beso, fue corto pero intenso.
-¡Mierda! – grité.
-¡Shhhh! – exclamó – van a pensar que te estoy violando.
"¡Viólame!"
-¡Me importa un bledo, yo voy a gritar todo lo que se me antoje!
- En ese caso tendré que callarte… - susurró mientras se acercaba peligrosamente a mí, yo comencé a dar pasos hacia atrás en un débil intento de escapar.
-No, no Edward, no te atrevas – de repente choqué contra una de la paredes y allí terminó mi escapatoria; él apoyó las manos en la pared de mi espalda acercándose más.
-¿Edward? – Preguntó divertido alzando una sexy ceja – ¿desde cuándo me llamas por mi nombre Bella?
Su nombre en sus labios me trajo otra ola de recuerdos ardientes. Respondí sin pensar:
-Desde anoche.
Sus ojos se oscurecieron y una enorme sonrisa se extendió mostrándome sus blancos dientes, se acercó mucho más y me susurró sensualmente al oído.
-¡Oh! claro, anoche… nada memorable.
La furia regresó, esta vez con más fuerza, lo empujé y traté de escaparme de él, pero me sujetó del brazo encerándome otra vez contra la pared y su cuerpo.
-¡Déjame! – grité.
Me plantó otro corto beso.
-Te dije que te callaría si comenzabas a gritar – explicó aún muy cerca de mí– además, solo bromeaba, tu eres lo mejor que he tenido en mi cama.
¡Joder! ¡Me rindo!
Lo tomé de la nuca y uní nuestros labios, el beso era rudo y lleno de deseo, ambos luchábamos por tener el control, sus brazos me rodearon la cintura mientras los míos se enredaban en su cabello despeinándolo mucho más, una de sus manos comenzó a bajar pasando por mis caderas hasta mi trasero que comenzó a acariciar, yo gemí en su boca en respuesta y desvié una de mis manos entre nosotros para toca todo su pecho; sin poder más, de un solo movimiento, enredé mis piernas en su cintura y pude sentir su miembro, gemí más fuerte; él me sostuvo entre sus brazos llevándome a mi mesa, me sentó en ella ocasionando que algunas cosas cayeran haciendo mucho ruido, no le dimos importancia ,sentí como una de sus manos se iba introduciendo en mi falda acariciando mis muslos.
-¿Señorita Swan? – la voz de una de las secretarias nos interrumpió a través de la puerta, pero no nos detuvimos – ¿todo está bien? – preguntó.
Dejé de besar a Edward para poner responder; sin embrago, él no dejó de besarme y se concentró en mi cuello.
-Sííííí , solo se cayeron algunas cosas… - dije, ahogué un gemido cuando Edward mordió mi cuello.
-¿Señor Cullen? – volvió a preguntar la secretaria aún no muy segura de que todo estuviera en orden. Él se separó un poco de mí y yo no desperdicié mi tiempo, comencé a sacarle la corbata.
-SÍ, todo bien….estamos trabajando.
-Está bien – respondió la voz al otro lado de la puerta y se alejó.
Reí
-¿"trabajando"? – pregunté con burla.
-¿Qué querías que le dijera? ¿"voy a follar a la señorita Swan, ¡VETE!"?
Reí con más ganas.
-No, "trabajando" está bien.
El unió nuestros labios y adentro mas su manos en mis piernas, llego hasta mis bragas y las arrancó, me mojé mucho más, me relajé para comenzar a sentir cada una de sus carisias…
Cuando regresó.
Anthony Masen.
Vi su rostro en mi mente con demasiada claridad, sus ojos verdes me miraba con dolor, con desaprobación, con amor. Abrí los ojos como platos y empujé a Edward lejos de mí, me paré y comencé a caminar de un lado al otro en la habitación.
-¿Bella, estás bien? – escuché que preguntaba esa hermosa voz aterciopelada, se escuchaba preocupada.
En ese momento odié a todo el mundo, a mí, a Anthony, a la vida por haberme hecho sufrir más de lo imaginable, por haberme dejado enamorarme de alguien que años después con su recuerdo no me dejaba ser realmente feliz, odié al amor que no lograba entender, odiaba a mi corazón que no curaba a pesar de todo el tiempo transcurrido, que me recordaba todos los días que estaba marcado, que estaba dañado para siempre. Y es que yo me acostumbré con el tiempo, la rabia cedió y el dolor se fue convirtiendo en una pena soportable.
Porque enamórame de Anthony fue como quedarme atrapada en el pasado, seguí adelante, pero no hubo un solo día en el que no mirase atrás.
Y me pregunté si en algún momento yo simplemente lo olvidaría, si algún día yo podría ni siquiera recordar su voz, su olor o su rostro, me pregunté si llegaría el día en que no recordara ni su nombre.
-¿Bella, qué pasa? – su voz me sacó de mis pensamientos, esa voz que me sacaría de mi propio infierno.
Lo miré, frustrada, rota, rendida.
-Esto es un error –dije en un susurro con la voz débil; su rostro cambió de la preocupación al dolor…y su dolor fue el mío.
-¡Estoy arto de que digas eso! – exclamó acercándose, yo no me moví – sé que no lo dices enserio, sé que por algún motivo no te quieres permitir sentir algo.
-Sentir te hace débil – dije
-No, te hace humano – me rectificó, estaba demasiado cerca una vez más.
-Quizás no quiera ser humano, si eso conlleva tener que sentir, quizás no quiera ser débil ni manejable, quizás no quiera darle ventaja a mis enemigos con mis sentimientos.
Me miró con el seño fruncido tratando de entender mis palabras
-¿Enemigos? – Preguntó confuso - ¡¿Qué enemigos?! Mira a tu alrededor y dime si vez a otra persona que no sea yo y créeme que yo no soy tu enemigo, un enemigo hace daño y yo antes moriría que hacerte daño de alguna forma.
Mi corazón acelerado por sus palabra, aunque se resistía, admitió que él tenía razón, hace años había luchado contra mi enemigo, sin darme cuenta que mi enemigo eran tan solo recuerdos de un amor que no terminó bien, no luchaba contra alguien, luchaba contra algo. Eso no cambiaba nada, yo seguía siendo una zorra.
Negué lentamente con la cabeza mientras lo miraba en silencio diciéndole sin palabras que no existía solución para mí, que no había oportunidad para nosotros.
Me giré sobre mí misma para irme y huir, tratar de olvidar que quería cambiar.
Pero él me detuvo tomándome con firmeza del brazo y me giró para verlo cara a cara, choqué contra su pecho, pero no pude mirarlo a los ojos, no puse resistencia esta vez ni espacio entre nosotros, a estas alturas me sentía manejable frente a él, completamente debilitada por todo lo que me hacía sentir; tomó mi rostro entre sus manos y me obligó a mirarlo, me perdí en sus ojos y suspiré. Todo sentimiento me abrumó en ese instante, no grité, no reí, no pude ni pensar, solo una lágrima de frustración rodó por una de mis mejillas y dije lo que único de lo que estaba segura.
-No quiero ser otra vez débil – sollocé en silencio con mi rostro entre sus manos.
-No serás débil Bella, no deberías temerle al amor, el amor es para disfrutarlo, debes desear al amor en tu vida.
-Yo no lo quiero junto a mí – la voz se me ahogada en mis propios lamentos.
-Yo haré que lo quieras – dijo con decisión – yo haré que te despiertes todos los días deseando que el amor te toque, aunque no sea conmigo.
-Yo no tengo cura, solo ríndete – murmuré.
-Nunca – respondió con el seño fruncido expresando dolor ante mis palabras.
La desesperación me invadió, él estaba dispuesto a desperdiciar su tiempo en mí.
No quería decepcionarlo cuando al final no vea resultados.
No quería que se hundiera conmigo.
Pero el estaba dispuesto a demostrar su teoría y yo la mía, lo debía alejar de mi, el se merecía algo mejor y yo le demostraría que yo no era lo mejor, lo alejaría de mi por su bien; me alejé de él con firmeza y Edward dejó caer sus manos soltándome por completo.
-Te demostraré que tan equivocado estas Cullen – dije.
DEJEN sus comentarios y preguntas, prometo responder.
gracias por leer
