Digimon Exodo
Capitulo XI - "En algún lugar del Espacio y el Tiempo"
Aquel gigante recordaba el dicho "Que no esta muerto lo que yace eternamente, y con el paso de los evos incluso la muerte puede morir" , mencionada en los relatos de un escritor humano que imaginaba a los dioses diferente a los de su especie. No como seres de resplandor, cuya voluntad buscaba la felicidad de los hombres, sino como criaturas de eones de existencia, que poco o nada sabían de los seres humanos y demás razas del universo, y cuyos aspectos eran tan diferentes que para los hombres serían como experimentar el horror puro.
Debía de admitirlo, pero había cierta matiz de realidad en el pensamiento de aquel escritor. Los humanos, a sus ojos, no eran más que insectos.
Pero se estaba saliendo del tema, la frase que recién recordaba, era algo que podía aplicarse a él, el digimon que había aprendido a trascender los confines del espacio y el tiempo. En otras palabras, sería como decir que se había convertido en un dios... ¿o siempre había sido uno? Bueno, su definición de dios se extendía a todos los tiempos: pasado, presente y futuro.
Y lo mejor de todo era que estaba libre del Halo del Destino, podía interferir cuanto quisiera y contrariarlo si lo deseaba, era por eso que otro había sido creado, para restablecer el flujo de la manera correcta. Su némesis y, a la vez, su compañero, y, como cualquier digimon, su mayor anhelo era encontrar un compañero humano con el cual crecer y ser más fuerte, un tamer.
Constantemente puso pruebas a lo largo de su camino y claro que las superó, hasta con estilo. El chico se convirtió en su orgullo y su tesoro más preciado, algo sin lo cual no podría vivir, tal como la luz y la sombra, donde uno no tendría sentido alguno si no estaba el otro.
Ahora el destino dictaba que todos los mundos debían perecer con la llegada de un mal ancestral, la cual sería combatida por el resplandor supremo en una última batalla, el Armaggedon. Y tal futuro no era de su agrado, era... ¿como decirlo?... ¿nada divertido?. Y esa era la razón por la cual le buscaba nuevamente, sin embargo, él no quería tener nada que ver con su misión o sus intenciones, por llamarlo de un modo; pero tendría una propuesta que no podría rechazar, lo conocía bien, incluso más que él mismo, y, como en un principio, trabajarían juntos como tamer y su digimon.
(***)
Un Daemon agotado es un Daemon furioso, eso lo tenía claro, y entre más furioso se encontrase, era mucho más peligroso, más poderoso y más sanguinario. Todo su cuerpo había tenido que aprender esa lección a las malas.
Ahora, su mundo cambiaba por completo, de un explosión de llamas intensas por un Señor Demonio a un vacío de oscuridad sofocante.
Siempre, Ryo Akiyama se imaginó como sería el vacío absoluto, como sería experimentar la nada, y esto fue lo más cercano a la realidad, o eso creía. En realidad, no se trataba de la nada, era una dimensión alternativa creada por un poderoso digimon que manipulaba el espacio y el tiempo a su antojo, capaz de crear tantas realidades como de destruirlas.
Supo reconocer la señal, donde la gravedad comenzó a hacerse presente, de tal modo que ató sus pies a una superficie que pronto se iluminaría con un verde fosforescente, en un diseño de cuadrícula simple. Era casi obvio, él nunca podría encontrarse en situaciones normales, las cuales eran causadas por la gran bestia de dos cabezas, un dragón, negra y otra roja; sin piernas y con dos enormes brazos, atado por unas cadenas de código que restringían sus poderes y habilidades a cierto rango. Probablemente a uno que no pusiera en condena al Universo mismo.
- "Milleniummon" - Ryo pensó, ante el digimon que se había presentado.
- "¿Qué quieres?" -
- "¿Después de tantos años y eso el lo único que tienes que decirme, Ryo?" - Milleniummon le cuestionó - "No creo que sea momento para pelearnos entre nosotros" -
- "¡Claro que no es momento!" - Ryo exclamó furioso - "Daemon..." -
Mas fue interrumpido por la sonora carcajada del dios maligno.
- "Daemon está muerto, mi niño. ¿Quieres saber quién lo hizo?" -
No sabía si creerle a Milleniummon pero no podía callar su curiosidad, algo le hizo preguntar, después de todo, hasta donde sabía, muchas cosas estaban en juego.
- "Si, quiero saber" -
- "Aquel que es el Alfa y el Omega, quien estuvo en el principio y estará en el final de todas las cosas. Señor Omnisciente, Omnipresente y Omnipotente. El padre y el salvador..." - luego, Milleniummon se dio un tiempo para reirse un poco - "...vaya, vaya... la formalidad que ustedes, los humanos, le dan a él. Simplemente no va conmigo y seguro que no va con él" -
Para Ryo, fue como si Milleniummon dijera un mal chiste.
- "¿De que rayos hablas?" - el adolescente le preguntó con sarcasmo - "Parecieras que estuvieras hablando de..." -
- "Deus" - Milleniummon completó por él.
Viendo como su expresión palidecía ante esa simple palabra, su sonrisa creció en sus dos bocas.
- "Por supuesto, no es el Dios que los cristianos o mulsumanes idealizaron en sus escrituras; ese Dios, como tal, no existe. Aunque algunos personajes interesantes estan descritos en los relatos de fantasía humana y, por cierto, son muy reales" -
- "¡Es imposible!" - Ryo gritó después de un rato - "¡Dejate de tonterías y di de una vez que tramas!" -
- "En realidad, nada que deba preocuparte. Mis planes van en el futuro lejano, después de que inicie la gran guerra" -
- "¿Guerra?" -
- "La Guerra del Armaggedon, el Final de todos los mundos" -
- "Estas de broma" - Ryo exclamó incrédulo - "No voy a dejarte iniciar el Armaggedon" -
- "Nunca dije que lo iniciaría... fue algo predicho desde los momentos iniciales de la Creación y, de todas formas, ya es tarde para detenerlo. Los bandos ya se encuentran caminando sobre los mundos, las alianzas ya se han formado y Dios ya está con nosotros" -
- "Pues encontremosle" - Ryo dijo decidido - "Debe de haber una manera de detener lo que tu dices que pasará, siempre hay una manera" -
- "Siempre la hay... pero no esta vez, Ryo. Ni mis poderes para manipular la realidad me servirían... hay alguien que me lo impidiría y a todo aquel que ose interferir en el curso de la futura guerra. Por otro lado, 'Dios' aun no es muy consciente de lo que puede hacer, ahora es un niño que debe crecer y prepararse para el momento propicio" -
- "Al menos podrías decirme quién es" -
- "¿Quién?" -
- "¡Pues Dios, Milleniummon!" -
Milleniummon podría haberse tapado los oidos después de aquel grito y, antes de que la furia de Ryo se hiciera manifestar.
- "Es alguien cercano, de hecho, podrías decir que le conoces... pero eso no importa ahora, aun debemos hacer cosas importantes" -
Ryo se había quedado pensando un momento lo que había dicho el dios digimon. ¿Le conocía? ¿Acaso era un familiar suyo? No, descartó esa idea de inmediato... luego pensó en sus amigos, no tenía muchos, pero eso reducía las probabilidades de búsqueda, uno de los tamers, o los elegidos, podría serlo, aunque sonara muy descabellado, sin embargo, todo era descabellado cuando trataba de Milleniummon. Mientras, Milleniummon continuaba comunicando la situación en la cual, pronto, se vería tan involucrado.
- "Daemon está muerto y todos tus compañeros de juego están vivos pero eso no significa que la crisis haya acabado, es más, apenas inicia y llegará a su climax en dos días, cuando el DigiMundo este a punto de ser destruido..." -
- "¡¿El DigiMundo va a ser destruido?!" -
- "Esta escrito que el Señor de los Vampiros, GranDracmon, se levantará nuevamente... y no estará solo, pues, en compañía de sus hijos, Siete Señores de los Demonios, traerá a los digimons el caos y llevará el mundo en la ruina. Entonces diez guerreros se levantarán, Caballeros y Ángeles, envestidos por un poder divino de otro mundo para detenerle. Ryo Akiyama, nosotros somos los que mejor sabemos el peso de las leyendas y nosotros somos de los pocos seres que tienen la capacidad de interferir..." -
- "¿Quiéres salvar el DigiMundo?" - Ryo le preguntó, aunque esa idea sonara tan demente.
- "De alguna manera, GranDracmon no me agrada, pero no puedo ir a molestarle debido a ciertas reglas... estoy restringido, pero tu, mi otra mitad, puedes hacer lo que no se me está permitido hacer" -
- "¿Patearle el trasero a GranDracmon?" - Milleniummon no tendría que convencerle demasiado, eso ya era una de las metas que pensaba realizar.
Milleniummon asintió. - "Pude recoger las consciencias de los tamers en una dimensión, contigo, para hablar de los próximos movimientos que ejecutaremos como aliados. Pero, en el camino, un arcángel, Metatron, osó interferir y como resultado... las dimensión quedó fragmentada y tus amigos dispersos en ellas, debes traerlos aqui mientras me ocupo de nuestro invitado" -
Ryo quizo replicar pero el espacio donde se encontraban tembló con violencia e, impresionado, vio como la tela de la dimensión comenzó a distorcionarse. Un luz blanca entró, una silueta, de la cual se extendieron dos enormes alas y, como bestia herida, dio un rugido producto la ira y sed de venganza.
- "¡Rápido!" - Milleniummon bramó - "Yo jugaré con él mientras..." - entonces, abrió un portal por donde Ryo fue arrojado, este, lo último que vería de aquel lugar, fue al enorme monstruo de luz avalanzarse sobre Milleniummon, entamblando un combáte. En esos momentos, el chico pensó que esa cosa debía ser muy impotente para atacar a Milleniummon de esa manera.
(***)
En una ubicación muy distinta, el ángel que Milleniummon se había referido como Metatron abrió los ojos de su cuerpo físico, en un reino que solo existirían las divinidades más inmáculadas, el sacro Imperio de la Luz y la Justicia.
Había extendido su consciencia a los límites del espacio y el tiempo, con tal de llegar a Milleniummon, el digimon que era una anomalía misma, tan peligroso y poderoso que podría derrumbar a la realidad misma, un lujo que jamás se permitiría, sobre todo cuando la guerra del Armaggedon: la Santa Cruzada contra los hijos de la oscuridad; se encontraba tan cerca.
Consideró, como la mejor opción, deshacerce del demonio antes de que fuera demasiado tarde. Era un Ángel de la Luz, uno de los Grandes Poderes Celestiales y quién hacía de gran Escriba... ¡Por todos los cielos! Incluso podría considerarséle como un segundo Dios, pero, a pesar de eso, esa inmunda bestia le había repelido, no una sino dos veces, en su intento de alcanzar su lado vulnerable: el humano, Ryo Akiyama.
Se le había escurrido entre los dedos.
Pero no tenía sentido llorar sobre la leche derramada. ¿Quién sabe? Ellos podrían serle de utilidad algún día. Por ahora, se relajaría y observaría como aquel muchacho se las empeñaba.
(***)
El primer mundo al cual entró fue uno donde el paísaje nevado predominó, solo pinos y profundas capas de nieve hasta donde alcanzó la vista; también, una alta montaña en las lejanías y, cerca de esta, un castillo de cristal... ¿o de hielo? No sabía porque de hielo pero fue una idea instintiva que le vino a la mente, normalmente, era algo que no hubiera considerado.
Estaba solo, no es que tuviera problema con ello, pero, al menos, Cyberdramon siempre había estado para acompañarle. A pesar que debía empeñarse en controlar su furia, Cyberdramon hacía las cosas más llevaderas. Ahora tenía que buscar a Rika y los demás, realmente, no sabía por dónde empezar a hacerlo; entonces, Ryo Akiyama miró su D-Ark en un intento de buscar aquella respuesta.
Pronto, como si fuera la respuesta a sus plegarías, la pantalla de su D-Ark se encendió y, de este, una voz muy conocida emergió.
- "Veo que llegaste sin problema alguno" -
- "Gracias por la preocupación, Milleniummon" - Ryo dijo de forma sarcástica - "Ya que tu creaste estos mundos, podrías ser tan amable de decirme por dónde debo dirigirme" -
Milleniummon, quien se mostró ajeno al tóno demandánte que había usado, asintió y continuó hablando a través del digi-vice.
- "Yo pude crear el refugio donde se encuentran los digimon tamers, lejos de sujetos molestos, pero sus consciencias intervinieron y modificaron los mundos residuales de acuerdo a sus personalidades. Ellos se convirtieron en los motores que mantienen erigidos estos mundos y no hay mucho que yo pueda hacer en ellos... pero si puedo decir que estos mundos están profundamente conectados a ellos y que podrían ser fácilmente ser rastreados... Creo que el D-Ark podrá hacerlo" -
Bueno, al menos Milleniummon se mostraba más cooperativo y resultaba agradable, de alguna forma. Claro, no es que entregara toda su confianza hacia el dios del Mal del mundo digital, pero era reconfortante saber que no actuaba como el conquistador de todas las dimensiones, al menos por el momento. Y le ayudaba, aunque no conociese el motivo, probablemente, uno oscuro y retorcido.
Ryo hizo lo que Milleniummon había sugerido y, fuera de toda duda, su D-Ark le dio una dirección, la cual seguir. Sin embargo, no estaría mirando el artefacto por mucho tiempo, pues este indicaba un camino recto, directo al gran palacio de cristal que se encontraba más adelante.
La curiosidad comenzó a ganarle y, se preguntó, quién estaría oculto tras esas paredes.
(***)
De cerca era mucho más imponente, sus puertas titánicas las hacían díficil de abrir para un humano corriente, menos mal que estas se encontraban entreabiertas, lo suficiente para permitir su entrada.
Se encontró con un gran salón del mismo material que la fachada. Todo, sin excepción, se encontraba hecho por un cristal azulado. El interior era demasiado amplio, en cuyo fondo se encontraron dos escaleras, a los extremos, que conducían a pisos superiores y demás pasadisos del desconocido palacio. Hubiera ido a explorar pero ya había encontrado, en su primer intento, a uno de los que debía encontrar.
Rika Nonaka yacía en un trono enorme para una chica de su edad, sentada cruzando las piernas mientras descansaba su cabeza sobre la palma de su mano derecha, la cual apoyaba su codo en el barandál de la silla; sus ojos se hallaban firmemente cerrados, sumergida en un sueño helado, atrapada en un gran bloque de hielo, el cual parecía inmortalizar su belleza, (si, su belleza) según los ojos del adolescente que contemplaba. También vestía un largo traje blanco, de aspecto real, algo que sólo un dios merecería tener el derecho de portar.
- "Eso le da un nuevo sentido a la frase "la Reina de Hielo"" - Ryo pensó, aunque, claro, Rika no estaba usando una corona como tal.
El muchacho se sintió hipnotizado por su figura, llegando a tocar la superficie de su prisión sin impunidad alguna. En su mente, tenía claro que Rika lo mataría si alguna vez se enteraba que había hecho tal cosa.
Pero algo le despertó de su ensimasmiento, una presencia desagradable, un frío devorador que negaba la vida misma.
Ryo Akiyama se volteó de sobresalto, interponiéndose entre la presencia y la tamer durmiente, preparándose mentalmente para lo que pudiera venir. El ser no demoraría en presentarse, surgido de un bloque de hielo en el palacio que prontó tomó la forma de un demonio: de color blanco, con dos grandes alas desgaztadas y agujereadas, dos enormes cuernos y el murciélago rojo en el pecho le hacían inconfundible... IceDevimon.
- "Vete" - el demonio helado dijo - "No deseamos compañía" -
- "¿Deseamos?" - Ryo preguntó, con tóno desafiante.
- "Así es, vete. Rika y yo no te necesitamos" - IceDevimon mostró una sonrisa burlona, maligna en realidad - "No necesitamos de los débiles, estamos mejor solos" -
Pronto su memoria conectó, aunque no hubiera sido testigo de aquel momento, Ryo sabía acerca de la desventura de Rika Nonaka y Renamon con un IceDevimon, el cual la buscaba como su tamer por su personalidad fría del pasado. Takato hablaba mucho, era cierto, pero él tenía la culpa por habersélo pedido con tanta insistencia; si quería formar equipo con ellos, llegar a ser amigos incluso, tenía que conocer algunas cosas sobre ellos, y Takato era quien se encontraba más cerca y quien tenía mayor sentido pedir aquel favor.
El caso era que IceDevimon era maligno, un digimon malintencionado por naturaleza propia, y podría suponer que él había capturado a Rika en ese bloque de hielo. Su corazón le gritaba con todas sus fuerzas que no podía permitirlo.
- "¡Déjala ir!" - exclamó con todo el aliento de sus pulmones.
- "¿Cómo?" - IceDevimon le cuestionó - "No tienes un digimon para ayudarte, no podrás hacer nada contra mí" -
Claro, había olvidado ese detalle, ¿ahora qué podría hacer?
Fue en ese momento que deseó que Milleniummon apareciera de forma mágica, con alguna solución a sus problemas, una que desafiara las mismas leyes del espacio y el tiempo. Pero no tuvo tiempo de rogar al dios oscuro, IceDevimon ya había saltado hacia él con sed de sangre, apuntándo sus garras hacia el frente, esperándo enterrarlas en su suave piel, mientras se impulsaba con sus dos alas demoníacas.
Ryo le esquivaría con un salto ágil hacia la izquierda, una dirección que el demonio de hielo demoraría en seguir, pero, cuando lo hizo, Ryo ya estaba listo para moverse también. El adolescente saltó sobre la espalda del demonio, tomando ambos sentidos opuestos; era de esperarse que comenzara a hacerse preguntas acerca de su nueva habilidad sobrehumana pues, movimientos como los que acababa de realizar, jamás serían realizados con eficacia por un humano común, aunque este fuese un atleta olímpico.
- "Tienes el poder pues eres mi otra mitad, una parte de un mismo ser" - en ello, la voz de Milleniummon resonó en su cabeza, como un éco.
Un juego del torero había iniciado, un IceDevimon, frustrado, intentaba alcanzar a un humano que le esquivaba con facilidad y se burlaba en el proceso. Para Ryo, el tiempo del mundo exterior se relantizaba mientras se movía con fluidez, no tardó en darse cuenta que estaba manipulándo el tiempo y el espacio a su alrededor, tal como lo había sugerido Milleniummon. Podía escalar el aire mismo, correr por las resbaladizas paredes como si del hombre araña se tratara, todo al tiempo que IceDevimon se movía en cámara lenta.
- "Bien, Milleniummon. ¿Qué más puedo hacer?" - Ryo se preguntó en pensamientos, con la esperanza que el dios oscuro le respondiese.
Y, por su fortuna, imágenes inundaron su mente que trabajaba a una increíble velocidad, entonces supo que era lo que tenía que hacer. Corriéndo hacia el demonio de hielo, golpeó su cara con su puño derecho, enviándole a las escaleras como bala de cañón. Su pensamiento, al ver el resultado, fue un simple... woahh, no solo podía dominar el espacio y el tiempo externos, sino también los de su propio cuerpo; entre sus aplicaciones, hacerce tan duro como el diamánte y tan velóz como una bala.
Para IceDevimon, fue inconcedible como un humano pudo haberle hecho eso. ¿Desde cuándo un humano era más poderoso que un digimon? ¿Desde cuándo un ser inferior podría ser más poderoso que un ángel caído? ¿Desde cuándo los pápeles de débil y fuerte se habían invertido? Tantas preguntas fueron formuladas. Sin respuesta, miró con desconcierto la sombra que se alargaba detrás del muchacho, una que no pertenecía a su figura humana sino, más bien, a la de un enorme dragón de dos cabezas; esa sombra, el enorme dragón, pareció burlarse de él, como si estuviera diciéndo que algo le faltaba para vencer al chico y que un ser como él jamás lo conseguiría.
Entonces, IceDevimon estalló en cólera.
- "¡No lo acepto!" - gritó - "¡Solo yo conozco la verdadera fuerza!" -
IceDevimon se avalanzó de nuevo sobre Ryo, quien respondió con una patada en el pecho y, por increíble que pareciera, atravesó al demonio de hielo. En su agónica verguenza, IceDevimon debía admitir que había perdido pero, antes de desaparecer, las palabras del chico se hicieron escuchar.
- "Lo comprendo" - Ryo dijo - "Tu siempre creías que la fuerza venía absorber la información y mostrarse cruel e indiferente, siempre buscabas la soledad. Pero la verdadera fuerza no es esa, la verdadera fuerza viene de la colaboración con los demás, de los vinculos. Algo que tu fuerza jamás sería capaz de igualarse" -
Lleno de frustración, IceDevimon dio su último grito antes de morir y, cuando eso pasó, la prisión donde había estado encerrada Rika Nonaka se rompió. La chica fue libre y fue, en ese preciso instante, que ella abrió los ojos.
(***)
El siguiente mundo era reconocible, era el DigiMundo al cual se había acostumbrado por años, para ser más específicos, el enorme y árido desierto de los datos desechados, donde los digimon hacían todo por sobrevivir en las duras condiciones del ambiente. Los usuales paquetes de datos eran llevados por los vientos, a parte de eso, no hubo ninguna otra actividad.
Ryo suspiró, esto sería más complicado aún, sobre todo porque el espacio era mucho más grande, mas las cosas favorecian al tamer legendario pues su D-Ark había comenzado a pitar de forma frenética y, en su mapa despegable, notó que su objetivo se movía a la dirección que él se encontraba. En la distancia, notó una columna de luz, del globo que estaba suspendido en el cielo, se acercaba a gran velocidad; en segundos, razonó que la señal provenía del otro lado de la columna, por lo cual, simplemente se dejó llevar a su llegada.
Fue en un abrir y cerrar de ojos que Ryo llegó al Territorio Sagrado, el cual ya había visitado varias veces en el pasado, hogar de las Bestias Sagradas que protegen al mundo digital. El cielo rojo y el castillo, del mismo color, a la distancia indicaba que se encontraba en dominios de Zhuqiaomon, el más temperamental de los cuatro. Bien sabía lo aconsejable que era evitar un encuentro con el dios, como le gustaba referirse a si mismo, que resguardaba el Cuadrante Sur.
Lamentablemente, el D-Ark señalaba al castillo del Fénix.
- "¿En serio?" - Ryo se preguntó con molestia, sin mas remedio que adentrarse en la boca del lobo.
Tan solo esperaba que Zhuqiaomon no estuviera con ánimos de convertirle en cenizas. Pensaba en ello mientras era transportado por aquel puente que conectaba una tierra valdía con el palacio, separados por un enorme abismo, cuyas profundidades no habían sido exploradas; bien recordaba una leyenda acerca de aquel abismo, la cual trataba que si alguien caía en esas profundidades, no tendría ningún otro destino que llegar al Área Oscura, donde sus datos se destruirían y, posteriormente, serían usados como alimento y carne que sustentasen a los Siete Reyes Demonio.
Su cómodo transporte, una burbuja que le encapsulaba, se rompió al instante que hubiese llegado a las puertas del Palacio, las cuales se abrieron sin demora, como si le estuviesen esperando. Caminando, al final del pasillo, se encontró con la recamara principal, donde encontraría a la Bestia Sagrada y al compañero que buscaba; la puerta, tan enorme como la de entrada al palacio, se abrió como esta, dejando ver un caldero gigante en el centro de la habitación, en el cual se alzaba una gran llama y...
- "¡Henry!" - Ryo exclamó de la impresión.
Henry Wong, el tamer de Terriermon, se encontró inmerso en las llamas del caldero, suspendido en el aire. Tal como Rika, Henry estaba en un sueño profundo y, como en la vez anterior, tenía que haber una especie de digimon guardían, al cual debería vencer; y no se equivocaba.
- "Este es el destino para aquellos que se enfrentan a fuerzas más allá de su comprensión" - indicador, cuando una voz comenzó a retumbar en las paredes, con origen en el caldero - "Con el falso pretexto de la responsabilidad, no es más que otra forma de arrogancia, con la cual se presentan ante mí. Por esa razón, sus corazones son encerrados en la vorágine de fuego" -
Entonces, parte del fuego, inmerso en la caldera, se separó de esta para formar a un pájaro de proporciones titánicas, el gorrión sagrado de Fuego, rodeado por su aura divina y los digi-cores, los cuales otorgaban la digi-evolución a quienes eran los siervos más fieles. Zhuqioamon se presentó, cortándo el paso entre Ryo Akiyama y un incosciente Henry Wong.
Ryo recordó lo que había pedido a Takato que le contara, acerca de sus aventuras en el mundo digital. En especial, este momento debió referirse cuando los tres muchachos entraron al castillo de Zhuqiaomon en busca de Calumon que, para desgracia, estaba en custodia de la Bestia Sagrada; habían peleado, incluso MegaGargomon había nacido, mas no era suficiente para derrotar a tan poderoso enemigo; si no hubiese sido por la intervención de Azulongmon, quien sabe que hubiera sido de Takato y los demás. Ahora, según lo contaba el chico pelicastaño, parecía ser un momento decisivo para Henry Wong, uno tan importante que dejaría huella en su mente y eso se tradujo en la creación de este mundo.
- "¿También deseas pelear contra este poderoso dios?" - Zhuqiaomon preguntó en su arrogancia, bien justificada según las circunstancias.
- "Realmente, pensaba que dejarías que Henry se fuera después de que él y los muchachos salvasen al DigiMundo" -
Sin embargo, fue un comentario que Zhuqiaomon no tomó bien, y el cual respondió con una bocanada de llamas, las cuales parecieron venir producto de una corona solar.
Ryo tendría que depender de sus habilidades superhumanas más que nunca, al menos si deseaba sobrevivir contra uno de los digimon más poderosos. Saltó hacia arriba, esquivando al torrente de llamas que fluían como un rio, en ello, pensó en cual sería el problema de Zhuqiaomon pero recordó las palabras que había dicho Milleniummon, antes de enviarle a esta búsqueda; acerca de que los mundos en el plano dimensional creado eran fuertemente influenciados por el tamer en particular.
- "Henry, te llevaste una mala imagen, ¿verdad?" -
Su puño ya iba en camino al rostro de la Bestia Sagrada, la cual pudo llegar a causar impacto con el retroceso de su cabeza. Estaba más que decir que sus ojos brillaban con furia, la cual expresó con una ráfaga que emergió de su cuerpo. Ryo, en consecuencia, terminó siendo arrojado como una muñeca de trapo hacia una de las paredes del recinto, agrietando y deformando esta al contacto; curiosamente, fue en el mismo lugar que Rapidmon fue estrellado antes de ser derrotado.
- "¡Sólo, nunca podrán ganarle a este poderoso dios!" - mientras, Zhuqiaomon ya comenzaba a regocijarse en su victoria.
- "Solo" - esa palabra hizo eco en la cabeza del tamer legendario, eso hizo que recordara otra parte clave de los acontecimientos que Takato contaba y daba sentido a las palabras iniciales de Zhuqiaomon - "Al combatir solos, creyendo que somos los únicos que podemos hacerlo, sin tener en cuenta a los demás... es la manera de ser derrotados. Henry lo comprendió en ese instante, ahí fue cuando nació MegaGargomon, cuando aceptó la mano de los demás..." - y esa era la clave para vencer a una Bestia Sagrada - "...no podré ganarle solo" -
Necesitaba ayuda y, de inmediato, pensó en Milleniummon, quien compartía sus poderes para ayudarle a superar esas pruebas. Comenzó a pensar en que Milleniummon le estaba apoyando, fiel a su personalidad como su digimon elegido por el destino; también pensó en la responsabilidad que siempre cargaba sobre sus hombros y que jamás compartía con nadie, aquella carga que pronto le consumiría, una que hizo que dejara atrás todo lo que conoció alguna vez; pero, también recordó a los nuevos compañeros que había hecho y quienes estaban dispuestos a darlo todo por apoyarle.
Pensó en que tendría que revelar su pasado y que tendría que hacerlo pronto.
Entonces, cuando aceptó la parte en que necesitaba ayuda contra Milleniummon y sus artimañas, aunque ahora actuase como su aliado, aparecieron imágenes de Takato, Henry y Rika, los cuales mostraban el apoyo incondicional que podrían ofrecer con sus rostros. Una luz púrpura se hizo en su mano, la cual invadió a las ilusiones que su propia mente había creado y, de la misma forma, surgió dentro de las siluetas, las cuales se transformaron en versiones, un poco más oscuras, de MegaGargomon, Gallantmon y Sakuyamon.
No supo el porque de ese poder, pero si supo que Milleniummon podía crear copias de digimon por medio de sus habilidades. Podrían estar relacionados ambas técnicas pues era su mitad, después de todo.
Zhuqiaomon, después de ver a los recién llegados, no dudo ni en un segundo en volver a atacar. La Bestia Sagrada desató otro poderoso torbellino de llamas, del cual Ryo no podría esquivar mas los otros tres digimon se interpondrían para protegerle: MegaGargomon con sus brazos, Gallantmon usando su escudo y Sakuyamon interponiéndo una esfera para la defensa.
Cuando su ataque hubiese acabado, llegó el turno de los tres mega digimon para poder retribuir. Gallantmon atacaría con los rayos de luz de su lanza sagrada, Sakuyamon invocaría a sus cuatro zorros elementales y MegaGargomon desataría su artillería pesada. Zhuqiaomon no podría evadir las técnicas en virtud de su enorme tamaño, ni tampoco desahacerse de todas ellas debido a su número; todos y cada una de esas técnicas le golpearían con furia y, como la última vez, el suelo debajo de él se rompió por la fuerza del impacto, de modo que la Bestia Sagrada cayera en las profundidades para no volver a ser vista después.
Las tres ilusiones que le ayudaron se despidieron de forma cortés para luego desvanecerse, tan misteriosamente como habían llegado. Consecuentemente, Ryo bajo al suelo y observó que las llamas que rodearon a Henry se desvanecieron, el mundo cambió alrededor de ambos a medida que ayudaba a levantar al peli-azul. Rika apareció del espacio oscuro y no estaba sola, Milleniummon se cernió sobre ellos, y los tres muchachos le encararon para conocer sus intenciones.
- "¿Quién es él?" - Rika preguntó, al tiempo que Henry recobraba la consciencia.
- "Milleniummon" - Ryo respondió con simpleza, concordando consigo mismo que ya no ocultaría más su pasado.
- "Asi es, tamers" - Milleniummon, o ZeedMilleniummon (su forma real), dijo - "Soy Milleniummon, el digimon que puede transformar la materia, viajar a distintas dimensiones y manipular el tiempo... todo a mi propio antojo" - el momento de las respuestas había llegado, guardando silencio para que Milleniummon continuase - "Los he reunido pues su poder es necesario para vencer a mis enemigos... los enemigos del mundo digital, y quienes han jurado la guerra a todos los mundos... pero antes, otra puerta ha de ser abierta, una que está fuera de mis capacidades. Sin embargo, ustedes pueden abrirla y encontrar a otra pieza clave de mi plan" -
- "Takato" - Ryo murmuró con obviedad, cosa con la cual Milleniummon asintió.
- "Su amigo fue raptado a otro plano fuera de la existencia, pero su conexión con él y mis poderes para torcer la dimensiones nos hará llegar hasta él" -
(***)
La Verdad yacía en el mundo de color blanco, esperando el momento cuando el dios artificial que controla el Tiempo y el Espacio llegase.
ZeedMilleniummon no se haría esperar, apareciendo como una sombra negra que contrastaba con el paísaje blanco. Este era acompañado por cuatro humanos, traidos por la bestia, quienes no habían hecho tales arreglos para abrir la Puerta a la Verdad, por lo cual estaban lejos de su jurisdicción.
- "¿Dónde está?" - Milleniummon bramó con impaciencia, pero eso no asustaría al ente de color blanco.
- "Tendrás que darme algo a cambio, si quieres obtener algo, debes dar algo; la equivalencia de intercambio, una ley universal" - los muchachos miraban confundidos, Milleniummon parecía reflexivo sobre ello, pero era astuto y buscaría la forma de obtener lo que quiere, jugando con sus reglas.
- "De acuerdo, pero tendremos que hablar en privado" - Milleniummon contestó con una sonrisa macabra, digna del Diablo - "Los niños podrían ir a verlo, después de todo, tú no puedes detenerlos" -
- "Esta bien" - y el ente indicó mediante una señal para que los niños siguieran.
ZeedMilleniummon y quien se hacia llamar la Verdad, el Mundo, el Todo y la Nada se quedaron atrás, discutiendo los términos de un trato que Ryo no sabría sino hasta el tiempo de la confrontación final.
Henry sería el primero que lo viera, sentado dándole la espalda mientras miraba con gran fijación una enorme puerta de piedra, la cual tenía gravado el árbol del Sephiroth. Takato Matsuki voltearía sorprendido, preguntandose que harían ellos aquí.
Lo que pasaría después, Metatrón, el arcángel escriba de los cielos, fue el único testigo externo de como Adán sería liberado de su encierro, para posteriormente viajar al mundo de las Tinieblas y confrontar a la bruja Medusa. Milleniummon explicaría a los cuatro su plan maestro, para el cual, todos eran necesarios; una estrategía que derrotaría a todos los enemigos y, para aceptarlo, salvar a los mundos digitales. Ya nada podría hacer por interferir, sin embargo, el plano principal ya estaba previsto y ni siquiera aquel monstruo podría hacer algo por cambiarlo. De todas formas, aquel desgraciado se había salido con la suya, Milleniummon, un nombre para recordar.
Continuará...
Hubo una razón para no mostrar lo que Milleniummon hablaría con los cuatro tamers, ya que se trata de una estrategía que sólo saldrá al final de la historia, con la cual, vencerán al villano detrás de todo... es para no arruinar la sorpresa. Por otra parte, lo que sucedió aquí fue razón para que Takato pudiera salir del espacio vacío y viajar al Mar de las Tinieblas, tal como se muestra en el capitulo anterior.
Antes de despedirme, dejaré el anticipo del siguiente capítulo.
"Medusa, la señora de las víboras ponsoñosas, usará sus cartas bajo la manga para traer a los arcángeles a su Palacio, con el objetivo que llevar a cabo todos sus propósitos. Mientras, unos presionados Reyes Demonio tomarán medidas más activas. En el siguiente capítulo de Digimon Exodo, una guerra de tres frente se llevará a cabo"
Ahora si, hasta la siguiente publicación. ATT: LGDA2TF
