¡Hola! Sé que he tenido abandonado mi fic y a ustedes, pero la inspiración también me abandonó a mí y no he podido continuar… ¡pero sigo intentando! Así que espero retomar el ritmo pronto.
Muchas, muchas, muchas gracias a todas las personas que se toman un tiempo de dejarme reviews, ¡estoy contenta con ellos!
Sin más preámbulo, aquí les dejo un nuevo capítulo, ¡espero que les guste! ^^
~ Cindy Elric ~
Novena Melodía: Rosas
–¡Buenos días Kagome! –Proclamó Kazuya tras entrar en la habitación, quería hacer que la estancia de la joven fuera la más agradable posible así que estaba con su mejor sonrisa esperando despertarla, pero en vez de encontrar a la vivaz chica que había traído, se encontró con una sombría presencia sentada al borde de la cama–.¿No dormiste bien?
Una vena se pudo notar en la frente de la sacerdotisa mientras miraba con odio a la persona junto a la puerta.
"¿No dormiste bien…? ¡¿No dormiste bien?!"
¡NO PUDO PEGAR UN OJO EN TODA LA NOCHE! Los malditos nervios no la dejaban en paz, ese enorme castillo, Irasue, las dichosas pruebas, las supuestas participantes, el desagradable premio… y por sobre todas las cosas, ¡LA MALDITA FORMA DE ACTUAR DE SESSHOUMARU! No podía dejar de pensar, no podía hacer nada más que tratar de entender…
–¿Acaso Sesshoumaru te hizo algo? –Pregunta con fingida inocencia.
–No, no hizo nada… –miente desviando la mirada tratando de calmarse a ella misma, después de todo no tenía ninguna intención de contarle a Kazuya el extraño comportamiento del youkay, además no es tanto el enojo con el demonio por esa caricia, ¡lo que no significa que esté de acuerdo! Aunque tampoco podría decir que no le gustó… ¿eh? ¡¿En qué demonios está pensando?!
Kazuya vio como la morena se agarró la cabeza con sus dos manos mientras la sacudía.
–Bueno –carraspea intentando controlar su risa–, si no te molesta podríamos dar un paseo para que conozcas el castillo –ofrece sonriendo ante el notable nerviosismo de la chica.
–Sí, sería agradable salir de esta habitación –suspira finalmente levantándose, era buena idea salir así podría distraer su mente y olvidarse de todo ese asunto, olvidarse de eso que sigue revolviendo su estómago.
Pasearon por todos los pasillos del castillo, Kagome miraba y escuchaba atenta a Kazuya procurando recordar todo lo que decía, para no volver a perderse.
Al terminar de recorrer el castillo se dirigieron al jardín, el lugar (según la opinión de Kazuya), más hermoso del castillo.
Kagome quedó impresionada por este, era un amplio paisaje verde que se extendía en varios kilómetros de prado excelentemente cuidado, la delimitación de este eran extensos arbustos de rosas de color blanco, todas en botón, esas eran las únicas flores que pintaban el jardín, ya que todo lo demás era una intenso y relajante verde, que terminaba en una extraña pared a lo lejos.
–¿Qué es eso? –Cuestiona hacia la enorme pared de enredaderas.
–Es un laberinto –responde mirando con seriedad el lugar a lo lejos–, no puedes acercarte a el Kagome, una vez que entres, es casi imposible poder salir.
La sacerdotisa miró con gran curiosidad el laberinto, pero decidió hacerle caso al joven, ya que, con su sentido de orientación de seguro pasaría siglos perdida ahí.
–Kazuya…
Se escuchó a sus espaldas, era una hermosa joven de tez y cabello blanco.
–¿Qué ocurre Kasumi? –Mira a la chica sonriéndole como de costumbre.
–La señora Irasue te está esperando –y dicho esto desaparece.
–Oh, entonces… –se voltea para mirar a Kagome–, tendré que dejarte Kagome, nos vemos en la cena –y sin dejar tiempo a que la morena se despidiera desaparece.
Kagome suspiró al verse nuevamente sola en ese inmenso castillo, y sin más que poder hacer se acercó al arbusto de rosas para contemplarlas a menor distancia. En verdad eran hermosas, a pesar de que aún no florecían irradiaban una sensación de pureza que obligó a la chica acercarse lo que más pudo hasta que la punta de su nariz tocó una de ellas, pudiendo sentir el casi indetectable aroma que desprendía.
Sesshoumaru desde hace horas que se encontraba vagando por los alrededores del castillo, no quería siquiera poner un pie en él ya que no deseaba encontrarse con cierta sacerdotisa, no estaba preparado para encararla después de la estupidez que cometió el día anterior… ósea, no la "estupidez", porque él nunca ha cometido una estupidez, por favor, si es el gran Sesshoumaru y la palabra estupidez ni siquiera está en su vocabulario, no para sus propias acciones, porque él es un demonio y no comete "estupideces" como los humanos, arruinando y cometiendo errores a diestra y siniestra debido a su mal juicio, no, claro que no, lo que pasó el día anterior fue… fue una simple confusión, exacto, esa es la palabra adecuada, fue una confusión causada por su actual estado mental ya que el asunto de la "tradición familiar" lo tenía más que harto provocando ese tipo de… "confusiones".
Mientras caminaba tranquilamente llegó hasta el jardín, no poniendo atención en su camino llegó hasta el centro desde el cual pudo divisar la figura de alguien junto a las rosas, no era su madre, ya que bien sabía que el contemplar unas inútiles flores no era una de sus grandes pasatiempos, tampoco podría ser Kasumi, porque al ser la dama de compañía de su madre no se separaba ni un segundo de su lado y menos sería el imbécil de Kazuya ya que a pesar de sólo ver una sombra era evidente que se trataba de una mujer entonces… ¿quién era? Sus sentidos no podían descubrir su identidad, ya que a pesar de que el aroma de las rosas era casi imperceptible, este no le permitía utilizar su olfato correctamente. No podían ser alguna doncella que Kazuya debía traer ya que faltaban 4 días para el dichoso eclipse, entonces, la única posibilidad que quedaba era que fuera…
–¿Por qué está aquí? –Preguntó en un susurro para sí mismo, mientras avanzaba hasta la chica, es verdad que quería mantenerse alejado de ella pero también tenía que vigilarla para verificar que no escapara.
El demonio se acercó sin tener deseo alguno de compartir alguna palabra con ella, sólo lo hacía para asegurarse de que fuera efectivamente la insolente sacerdotisa quien se encontraba ahí, no podía permitir que escapara ya que tenía que ganar la dichosa competencia para rechazar el compromiso y así él tendría el poder de su padre sin la estúpida necesidad de casarse.
Kagome al estar inmersa en la fragancia de la rosa no se percató de la presencia que acababa de detenerse unos cuantos pasos tras ella y entretenida en su supuesta soledad se propuso cortar aunque sea una de esas flores para poder llevársela a su habitación con la idea de poder sentir ese aroma al dormirse. Miró cautelosamente hacia sus costados tratando de ubicar alguna presencia pero al notarse sola (sin siquiera tomarse la molestia de mirar para atrás), acercó la mano al tallo de la rosa que había estado contemplando.
–¿Qué crees que haces? –Cuestiona al ver la mano de la sacerdotisa a escasos milímetros de una de las rosas de su madre.
La sacerdotisa al escuchar la voz tras su espalda reprimió el impulso de voltearse, no tenía ninguna intención de mirar o mediar palabra con el youkay, es más, esperaba no volver a verlo durante su estancia y justo tenía que sorprenderla cuando iba cortar sin permiso una de las rosas… ¡Esperen un segundo! ¡Sesshoumaru acababa de sorprenderla cuando iba a cortar una de las rosas! Debido a la sorpresa de forma torpe pasa a llevar una de las espinas de la flor pinchándose un dedo.
–M-Maldición… –murmura ante el pequeño corte apartando la mano rápidamente.
–¿Qué haces? –Insiste al verse completamente ignorado.
–¡S-Sesshoumaru! ¡No te había visto! ¿Qué haces aquí? –Sonríe con nervios ocultando su mano herida tras su espalda.
El demonio sólo frunció su ceño enfadado por la insolencia de la humana, ¿cómo que, qué hace ahí? ¿Acaso había olvidado que esa era su casa? Además él sabía muy bien que la muchacha ya había notado su presencia ya que desde hace minutos que le había hablado y ella ni se molestó en contestarle, y más importante aún, ¿qué pensaba hacer con la rosa? Ese era el jardín de su madre y estaba seguro de que si ella hubiera sorprendido a la mujer está ya estaría muerta. De pronto algo lo sacó de sus divagaciones… es decir, de sus pensamientos bien estructurados, Sesshoumaru nunca en su vida ha divagado y esta no iba a ser la primera vez, como sea, el youkay observó curioso como unas pequeñas gotas de sangre caían tras la espalda de la chica, manchando precisamente en una de las rosas.
–¿Esa es tu sangre? –Fue lo único que articuló mirando fríamente la pequeña mancha roja que había dejado en la flor.
Kagome sin entender se volteó para ver aquella pequeña gota que recién había caído, fue entonces que recordó el pequeño piquete y examinó su mano verificando que efectivamente una pequeña cantidad de sangre salía de la herida reciente, automáticamente se metió el dedo a su boca tratando de limpiar la herida y aliviar el dolor que había regresado.
Lo que pasó a continuación los dejó a ambos sorprendidos (pero claro que uno de ellos no lo demostró), el botón de rosa que había sido manchado floreció tornándose de un color rojo similar a la sangre de la joven, dejando una rosa perfectamente pintada y con un aroma que destacaba de todas las demás.
–P-Pero qué… ¿qué paso…? –La joven no entendía lo que había acontecido, de repente vio como el botón blanco se convirtió en una rosa roja sin previo aviso–. Sesshoumaru, ¿estás son rosas mágicas? –Le preguntó incrédula.
–No, son rosas normales… –responde con sinceridad, recordando las mil y una veces que su madre exigió el sembrar rosas rojas en el jardín teniendo siempre como resultado sólo botones blancos, es verdad que las habían plantado monstruos y seres mágicos que estaban a las órdenes de su padre, pero las semillas siempre eran comunes y corrientes.
–Qué extraño…
La joven se quedó mirando unos minutos la nueva rosa para luego quedar nuevamente atónita, el youkay se había acercado al rosal para cortar esa rosa y ahora… ¿se la estaba regalando?
–¿Qué… qué quieres Sesshoumaru…? –De forma abrupta y sin previo aviso un sonrojo parecido al color de la flor comenzó a tintar sus mejillas.
–Toma –era imposible el dejar la rosa en ese lugar, si su madre se enteraba de todo sería capaz de asesinar a la humana sólo para tener las estúpidas flores que siempre ha querido y adiós a tener el poder de su padre sin tener que soportar el desagradable desenlace–.La ibas a cortar, ¿no? Pues aquí la tienes –esperó que la joven recibiera la flor de buenas a primeras pero el verla prácticamente petrificada frente a él lo hizo dudar un momento, ¿por qué se había sonrojado? ¿Es que acaso pensaba que se la estaba regalando sin una razón? Miró nuevamente a la mujer que no hacía más que mirarlo con confusión–. No podemos dejar esta flor aquí –explica con fastidio, ¿qué tan estúpidos podían ser los humanos?–, mi madre lo notará y no puede enterarse que fue tu sangre la que la hizo florecer, a mí no me sirve así que sino la aceptas la destruiré.
Kagome pestañeó lentamente procesando las palabras del youkay, sintiéndose avergonzada por creer que este le estaba regalando la flor, por favor… ¿en qué estaba pensando? ¿Sesshoumaru regalándole una flor? ¿A ella? Su salud mental estaba definitivamente afectada si ya sacaba conclusiones tan absurdas; con pesadumbre (y un pequeño dejo de decepción), suspiró profundamente tratando de disminuir su sonrojo, no podía empezar a sonrojarse con cualquier tontería que involucrara al youkay.
–Como quieras –resopla ante el mutismo de la humana, volteando y llevándose consigo la flor, la quemaría para que su madre no se enterara de su existencia y entonces se cuestionó por qué no lo hizo en primer lugar, ¿qué ganaba con ofrecérsela a la mujer? Es sólo una estúpida flor.
–E-Espera… ¡Sesshoumaru! –Exclama al ver al demonio alejarse–. Yo… sí quiero la flor, no la destruyas, por favor.
Kagome se volvía a sentir avergonzada por admitir aquello pero de verdad quería quedarse con la flor, sería un verdadero desperdicio si esta fuera destruida sin más. Mientras que Sesshoumaru frunció su ceño ahora molesto con la idea de dejarle la flor a la mujer, porque sería como si se la estuviera regalando y eso… esa idea no le gustaba sobre todo porque había sido él quien lo propuso en primer lugar.
–¿Sesshoumaru…?
–Es una estupidez –resopla completamente fastidiado por la situación y por sus propios pensamientos, arrojando la rosa al suelo sin siquiera molestarse en girar a mirar a la mujer–. Humana estúpida.
–Pero que… ¡estúpido serás tú! –Le grita completamente molesta, ¿por qué la trataba así? Si había sido su idea en primer lugar además ella fue amable, ¡inclusive le dijo por favor!–. Demonio estúpido –gruñe ahora ella acercándose a la flor olvidada para luego dirigirse a su habitación, estaba tan molesta.
…
Kazuya iba silbando de buen humor en dirección del jardín para seguir paseando con la sacerdotisa cuando la vio caminar a paso rápido por el pasillo.
–¡Kagome! ¡Que bueno que…!
–¡Cállate! ¡No quiero hablar contigo ni con ningún otro estúpido demonio! –Y dicho eso azota la puerta encerrándose en su momentánea habitación.
–P-Pero… –una gota se deslizó por su nuca ante la reacción de la morena, y tras mirar por la ventana hacia el jardín desapareció para luego aparecer junto al joven príncipe–. Sesshoumaru.
–Lárgate.
–Tengo curiosidad –continúa de todas maneras–, ¿le hiciste algo a Kagome?
–¡Cállate! –Gruñe girando para perderse ahora en dirección del castillo.
–Me pregunto cuál de los dos tiene el peor genio… –suspira.
Continuará…
