¡Hola! Les pido disculpas por la larga demora, pero la inspiración se me había escapado y no podía escribir… después cuando pude avanzar con la historia me quedé sin internet… mi suerte es un asco xD ¡pero ya estoy aquí! ¡Con un nuevo capítulo!
¡Espero que les guste!
~ Cindy Elric ~
Decimotercera Melodía: Advertencia
Era casi medio día y en el jardín se encontraban todas las doncellas que habían logrado obtener la pluma del Ave Fénix, Kazuya, Irasue y Kasumi.
–Kazuya, ¿sabes dónde está mi hijo?
–No lo sé mi señora, tal vez fue a buscar algo que perdió… –sonríe.
–¿Algo que perdió…?
El sol estaba a punto de dar por terminada la primera prueba, Kazuya y Hikari miraban preocupados hacia el bosque mientras que las doncellas e Irasue sonreían triunfantes.
–Después de todo era imposible que una humana lo lograra…
–Pues yo no estaría tan seguro… –agrega Kazuya al ver a la pareja a lo lejos.
–¡Kagome!
–Hola Hikari… –le sonríe para luego voltear hacia el youkay–. Aquí tienes Kazuya, la pluma del Ave Fénix.
El demonio sonrió ampliamente, mientras que todos a su alrededor se asombraban debido a que la mujer sostenía fácilmente la pluma sin ningún tipo de protección.
–Así que puedes tomar la pluma sin quemarte, ¿eh?
–Pues… algo así –se encoge de hombros manteniendo escondida tras ella a la pequeña ave.
–De acuerdo… el sol ya está sobre nosotros –advierte alzando la mirada al cielo–, lo que marca el medio día y el término de la primera prueba, con las siete plumas recolectadas y las siete doncellas vencedoras avanzaremos a la siguiente prueba, las doncellas que perdieron pueden permanecer en el castillo hasta que finalice el ritual, en la cena de hoy se detallarán las especificaciones de la segunda prueba así que por el momento pueden descansar, ¡muchas felicidades a todas! –Hace una reverencia.
Las doncellas, algunas en silencio, otras maldiciendo su mala suerte se dirigieron hasta sus habitaciones no sin antes mirar con rencor a la sacerdotisa que sonreía feliz junto a Hikari.
–¡Qué bueno que lo lograste Kagome!
–Sí, fue algo difícil… –suspira profundamente agotada.
–¿Sesshoumaru te ayudó? –Pregunta entretenido viendo la instantánea expresión de molestia en el nombrado.
–Estupideces… –da media vuelta y se marcha.
–No, sólo fue a… a acompañarme… –responde mirando por dónde el demonio se pierde.
–El príncipe Sesshoumaru de verdad quiere que ganes, ¿no es así Kagome?
–Claro Hikari, pero para su conveniencia –vuelve a suspirar.
–Apropósito, ¿qué es lo que estás escondiendo?
–¿Eh?
–Es verdad, desde que llegaste que escondes algo, ¿qué es?
–Eh… bueno… –tras asegurarse de que nadie se encuentre cerca, muestra sus manos descubriendo a la pequeña ave–. Sesshoumaru me dejó cuidarlo mientras estoy aquí.
–¡Pero si es el ave Fénix! ¡Qué lindo! –Hikari le sonríe a la criatura en manos de la chica–. Después de todo renació pero… ¿cómo es que puedes tocarlo sin quemarte?
–No lo sé –niega–, después de que sanó mis manos con sus lágrimas no me lastima al tocarlo.
–¿Sanó tus manos? Al parecer pasaron muchas cosas durante la prueba…
–Sí… podría decirse…
Hikari acompañó a la sacerdotisa hasta su habitación, mientras que Kazuya se dirigía a encargarse de los preparativos de la segunda prueba.
–Kagome eres impresionante… –reitera mientras ve como la chica juega con el ave en sus manos.
–No exageres Hikari.
–Pero es verdad, ninguna de nosotras se preocupó por salvar al ave mientras que tú sacrificaste tu seguridad por ella… nunca había conocido a alguien como tú…
–¿Eso crees?
–Así que esta es la habitación de la despreciable humana…
Ante esas palabras las dos chicas se detuvieron viendo como tres youkay se encontraban fuera de la habitación de la sacerdotisa.
–Se puede sentir ese hedor tan desagradable por todo el castillo.
–Tienes razón Naoko.
–¿Quiénes son ustedes? –Frunce su ceño Hikari–. ¿Qué hacen ahí? Esa es la habitación de Kagome.
–Tú eres el guardián del Volcán Lantis, ¿no es así? ¿Qué haces fraternizando con una humana?
–Al parecer existen demonios que no conocen la dignidad.
–¿Qué es lo que quieren? –Insiste adelantando un paso para dejar a Kagome tras su espalda.
–Sólo queríamos conocer a la despreciable criatura que nos dejó fuera del ritual, no puedo creer que una humana pudiera vencernos.
–No te preocupes Misuna, de seguro que esta humana hizo alguna clase de trampa.
–Después de todo es bien sabido que los humanos son seres sin orgullo.
–¿Por qué dicen esas cosas? Yo obtuve la pluma limpiamente, ¡no hice trampa! –Grita mientras agraza con fuerzas a la pequeña ave, las presencias de esas mujeres eran paralizante, casi podía oler la sangre en sus manos pero la presencia de Hikari junto a ella la tranquilizaba.
–¡No digas tonterías! ¡Nosotras nunca podríamos haber perdido contra ti!
–¡Además el príncipe Sesshoumaru siempre está contigo! ¡Siempre está pendiente de ti!
–¡De seguro le pusiste algún hechizo! ¡Maldita humana! ¡Habla! ¡¿Qué maleficio pusiste en el príncipe?! –Exige al mismo tiempo que hace aparecer una espada en su mano.
–Si no quieres hablar tendremos que sacarte la verdad –amenaza creando una aura maligna a su alrededor.
–Si ustedes planean hacerle daño a Kagome tendrán que vencerme a mí primero –advierte Hikari mientras crea un campo de energía a su alrededor.
–¡Yo no hice trampa! –Vuelve a insistir la sacerdotisa porque quería que le creyeran, no quería que pelearan con Hikari, no quería que la chica se pusiera en peligro sólo por protegerla–. ¡Ni tampoco le he hecho algo a Sesshoumaru! ¡Él sólo…!
–¡CÁLLATE! –La interrumpe–. ¡Deja de hablar del príncipe con tanta confianza! ¡No mereces llamarlo por su nombre! –Y dicho esto se abalanza sobre la sacerdotisa pero Hikari logra bloquear el ataque con una esfera de fuego.
–Ya se los dije –gruñe entre dientes creando una nueva bola de energía en su mano–, no le harán daño a Kagome mientras yo pueda evitarlo.
–¡Maldita! ¡Por estar del lado de esa humana no mereces llamarte youkay!
–Si planeas proteger a un ser tan repugnante como ese, ¡pues muere junto a ella! –Ataca con su espada a lo que Hikari responde ahora con una espada hecha de fuego.
–¡Te descuidaste!
–N-No… ¡Kagome! –Empuja con un golpe a su contrincante tratando de ir en defensa de su amiga.
–¡No te dejaré ir! –Vuelve a blandir su espada contra Hikari.
–¡Maldita humana, muere! –Forma una esfera de energía para lanzársela a la sacerdotisa, pero el ave en las manos de esta vuela en su dirección atacándole en la cabeza–. ¡Maldita ave! ¡Déjame en paz! –La golpea haciéndolo caer al suelo.
–¡Fénix! ¡No! –Se apresura a levantarlo del suelo, para luego ver a la youkay de cabellos de fuego caer–. ¡Hikari!
–No te preocupes Kagome… son sólo unos rasguños… –le sonríe y mira a sus atacantes–. ¡Es de cobardes el atacar por la espalda y se hacen llamar youkay orgullosas! Además, ¿qué ganan con atacar a Kagome? Ya perdieron el ritual, no hay nada para ustedes aquí.
–Te equivocas, el simple hecho de acabar con la vida de esta humana será nuestra recompensa.
–¡¿Qué dices?! ¡Sólo lo hacen por la sangre! ¿Qué hay de orgullo en eso?
–¡Cállate! –Le lanza un ataque que es apenas esquivado por la joven–. Veo que aun tienes energías.
–Aun puedo pelear con tres cobardes, ¡ni siquiera se atreven a pelear limpiamente!
–Hikari tiene razón, ¿qué tiene de orgulloso el atacar de improviso? Además son tres contra dos.
–Dices eso pero la única que ha peleado es esta niña –advierte indicando con su espada a la youkay–, tú no has movido un dedo, hasta ese avechucho ha dado más pelea que tú.
–Eso es…
–¡No tienen para que decir esas cosas! –Interfiere–. Kagome es humana, es obvio que no pueda pelear sin sus armas, ¡ustedes son las que deberían avergonzarse!
–¡Ja! ¡Nunca me avergonzaré por eliminar a una humana!
–Y a una traidora.
–Tienen razón, además, le haremos un inmenso favor a nuestro príncipe, así no tendrá que lidiar más con estas despreciables mujeres.
–¿Despreciables mujeres? Pues ustedes son las despreciables aquí, me enferman –hace que una llama aparezca en su mano–. Si el atacar de forma cobarde a una indefensa humana significa llamarse youkay, pues no estoy interesada en ello –le lanza un ataque.
–Eso es, si no te resistieras no sería entretenido –blande su espada hacia Kagome–. ¿Qué dices tú? ¿Vas a quedarte escondida tras esta niña y esa ave?
–¡Por supuesto que no! ¡Yo también puedo pelear!
–¡Kagome no lo hagas! No tienes tu arco, déjame esto a mí –mira desafiante a las youkay mientras se pone frente a la sacerdotisa–, yo puedo con ellas.
–Pero… Hikari…
–No te preocupes, todo estará bien –le guiña un ojo–, puedes confiar en mí.
–¡Que repugnante! ¡Me enferman! –Ataca a Hikari con una bola de energía, quien la esquiva pero recibe el ataque de Naoko en uno de sus brazos, mientras que Misuna la ataca por la espalda.
–No me digas que ya te cansaste –sonríe mirando a la youkay arrodillada.
–No bromees, esto no es… no es nada… –sujeta su estómago.
–Si lo que quieres es morir, con gusto te ayudaré –sujeta su espada por sobre su cabeza para luego embestir a la youkay.
–¡Hikari! –Rápidamente se ubica frente a su amiga, deteniendo la espada con sus manos evitando el ataque.
–¡Kagome! ¡No! ¡Suéltala! ¡Tus manos!
–¡No dejaré que pelees sola! ¡No dejaré que me quiten a mi amiga!
–Kagome… –murmura mirando la decidida expresión de la chica sintiendo como algo cálido inunda su pecho ante la preocupación, ante su protección, ante la palabra "amiga".
–¡Les demostraré que yo también puedo pelear! –De un empujón aleja a su atacante.
–Parece que el insecto tiene valor después de todo… –se ríe.
–Aunque se resistan su destino será el mismo, no dejaremos que se burlen otra vez de nosotras.
–Kagome –advierte agitando su espada en una mano y haciendo aparecer una llama en la otra–, prepárate.
–Sí –asiente viendo como su amiga se ubica a su derecha mientras que ella vigila el costado izquierdo.
–Esta será su tumba.
–¡Se arrepentirán de haber participado en el ritual!
–¡Y haberse interpuesto en nuestro camino!
Y tras aquellas últimas advertencias el caos comenzó, Hikari cruza ataques espada contra espada con Naoko mientras que Kagome esquivaba las bolas de energía de las demás, no podía hacer más que eso ya que sus armas estaban fuera de su alcance, lo único que podía hacer era esquivar ataques para evitar ser una carga para su amiga.
–Nunca podrás ser digna del príncipe si sólo esquivas los ataques –grita lanzando una bola de energía directo a la sacerdotisa al mismo tiempo que Asuna la ataca por la espalda, haciéndola caer herida.
–¡Kagome! –Exclama esquivando un nuevo ataque de Naoko, contratacando con una bola de fuego que le da la oportunidad de correr en auxilio de su amiga–. ¡Kagome! ¡Kagome! ¡¿Estás bien?!
–S-Sí… no te preocupes… –Se levanta aceptando la ayuda y sonríe–. No fue nada.
–Esto ya se volvió repetitivo, mejor terminemos de una vez.
–Sí, además tenemos que cenar junto a nuestro príncipe.
–Buena suerte en el infierno –sonríe.
–Escúchenme bien –advierte Kagome mirando con decisión a las youkay–, aunque no estén contenta con ello, aunque tenga mil obstáculos frente a mí, ¡yo seré la ganadora de este ritual! ¡Y ustedes estarán ahí para verlo!
–Kagome… –sonríe–. Es verdad, este ritual sólo puede tener una vencedora y ustedes ya perdieron, háganse a un lado y observen como las verdaderas guerreras hacen las cosas.
–¡Ya cállense! ¡Me tienen harta!
–¡Mueran de una vez!
Un aura maligna cubrió a las tres youkay, ese iba a ser el último ataque, todo terminaría ahí, Hikari alistó su espada y Kagome protegió tras ella a la pequeña Ave Fénix, adoptando una postura defensiva y tratando de concentrar su poder espiritual en protegerlos.
Naoko se abalanzó contra Hikari, quien respondió sus ataques y evadió los de Misuna, mientras que Kagome lograba protegerse con un pequeño campo de energía que había logrado formar, pero que no era suficiente contra los constantes ataques de Asuna, poco a poco perdía sus energías, nunca había utilizado su poder espiritual, además de que ya se encontraba herida.
–¡Es inútil, una simple humana como tú nunca podrá detener mis ataques! –un último ataque con más energía logró destruir el campo espiritual, al mismo tiempo que sus compañeras lograban derribar a Hikari.
–¡Hikari! –Corre hacia su amiga.
–Lo siento Kagome… después de todo sí son fuertes…
–Hikari, no, resiste…
–Es hora de deshacerse de la basura –blande su espada frente a sus contrincantes.
–¡No te dejaré tocarla! –Se pone frente a Hikari con los brazos abiertos–. ¡No dejaré que le hagan daño!
–¿Y crees que tú podrás detenernos?
–¡Claro que sí! ¡Haré hasta lo imposible para defender a mi amiga!
–Era de esperarse de una humana… bueno, si quieres morir primero no hay problema –la amenaza con su espada–, espero que estés preparada para conocer el infierno.
–Kagome… hazte a un lado…
–No te preocupes Hikari, tú dijiste que todo saldría bien ¿recuerdas? –Le sonríe–. Ahora tú tienes que confiar en mí.
–¡Basta de palabrería! ¡Muere!
Era el último ataque, la espada estaba dirigida hacia el corazón de la sacerdotisa pero algo detuvo su camino, una mano que la sostuvo, unos ojos que miraban con total desprecio a las youkay frente a él.
–P-Príncipe…
Aquellas palabras hicieron a Kagome abrir sus ojos, frente a ella estaba Sesshoumaru quien había detenido la espada que la iba a herir.
–Podrían habernos llamado, ¿sabían? –Reclama Kazuya apareciendo junto a Hikari para ayudar a levantarse–. A ustedes dos les gusta hacer las cosas de la forma difícil.
–Kazuya… –suspira entre una sonrisa de alivio–. Bueno, no queríamos molestar.
–P-Príncipe Sesshoumaru… ¿usted qué…?
–¡Silencio! –Ordena mirando a las youkay con hielo en sus ojos–. ¿Qué creen que hacían?
–Bueno… nosotras…
–Sólo queríamos hacerle un favor, estas mujeres no tienen derecho a ser sus esposas…
–¿No tienen derecho? –Deja a Hikari al cuidado de Kagome–. ¿Qué las hace creer eso?
–¡Es sólo una humana! Ella no puede…
–Ella se ha ganado su derecho –la interrumpe borrando su sonrisa–, ambas se ganaron su derecho de continuar a diferencia de ustedes que son basuras envidiosas y cobardes, me pregunto… quiénes son las que no tienen derecho de estar en este lugar.
–Pero, señor Kazuya…
–Ustedes –vuelve a interrumpirla alzando un poco su voz–, creí haber sido claro al inicio del ritual, las reglas son simples, quién se atreva a atacar a una participante fuera de las pruebas será personalmente eliminada por mí.
–E-Eso… no…
–Por favor perdónenos señor Kazuya –se apresura haciendo una reverencia–. No fue nuestra intención faltar a las reglas.
–Sí, príncipe Sesshoumaru, por favor…
–Yo no tengo nada que ver con basuras como ustedes, no me hablen con esa confianza.
–La insubordinación será castigada sin contemplación.
Kagome vio como el youkay reunía energía en su mano derecha dispuesto a atacar a las tres mujeres que se habían quedado quietas y en silencio, y entonces negó con incredulidad, no podían hacerles eso, no podían asesinarlas y ya.
–¡Alto! –Grita ubicándose frente a las youkay que habían cerrado sus ojos esperando el desenlace-. No puedes hacerlo Kazuya.
–¿Cómo que no…? Ellas faltaron a una regla, merecen la muerte.
–Fue sólo una equivocación –niega–, nadie merece morir por una equivocación.
–Kagome –insiste–, sino hubiéramos llegado a tiempo ellas las hubieran asesinado a ustedes.
–Pero no lo hicieron –frunce su ceño–, su falta fue contra nosotras por ello tú no tienes derecho a arrebatar sus vidas sin más.
–Pero…
–Humana –habla Sesshoumaru atrayendo la atención hacia él–, ellas iban a arrebatar sus vidas, ¿qué las hace merecedoras de tu protección y perdón?
–Que todos merecemos la oportunidad de arrepentirnos de nuestros pecados, todos merecemos una segunda oportunidad –fija sus ojos en los dorados desafiándolos–. Absolutamente todos.
Hikari miró en silencio a su amiga, admirando su valentía y bondad, mientras que Kazuya había dejado de lado su expresión de seriedad recuperando su sonrisa, completamente divertido por la pequeña lucha de miradas entre el príncipe y la sacerdotisa.
–Sesshoumaru, ¿qué dices? –Pregunta después de unos segundos de silencio–. Como príncipe del castillo tú decides.
–No me interesan –gruñe desviando la mirada de todos, especialmente de los ojos marrones.
–De acuerdo –asiente y luego mira a las youkay–. Han sido bendecidas, pero sus vidas ya no les pertenecen, ni a ustedes ni a nosotros sino que a esta humana que tanto odian, agradezcan su suerte y no lo vuelvan a intentar, porque si lo hacen entonces ni la señora Irasue evitará que las elimine, ¿entendido?
–Sí señor… –sin más que decir las tres youkay desaparecen.
–Hikari, ¿te encuentras bien? –Pregunta una vez no siente peligro a su alrededor encontrándose con la tranquilizadora sonrisa de su amiga.
–Sí, no te preocupes, son sólo rasguños, ya verás que en unas horas estaré perfecta –le guiña un ojo.
–¿Es que ustedes no saben lo que es pedir ayuda? –Reclama Kazuya cruzándose de brazos y mirando con reproche a las dos chicas–. Pudieron llamarnos.
–¿Y cómo? En esta época no existen los celulares.
–¿Celulares? –Frunce su ceño con confusión.
–¿Qué es eso? –Ladea su cabeza confundida.
–No, nada… –ríe–. Me refiero a que no podemos comunicarnos a larga distancia.
–Dices cosas extrañas Kagome –se ríe contagiada por la morena.
–¿Qué es tan entretenido? –Cuestiona mirando con enfado a las dos mujeres–. Estuvieron a punto de morir, no le veo lo gracioso.
–No seas exagerado Sesshoumaru, todo salió bien, ustedes llegaron justo a tiempo.
–No puedes decir eso, si me hubiera tardado unos segundos más en notar el peligro ya estarían muertas.
–Lo siento… –admite bajando la mirada–. Apropósito, muchas gracias…
–Sí, gracias príncipe… –hace una leve reverencia–, y a ti también Kazuya.
–¡No agradezcan! –Sonríe ampliamente–. Nunca dejaríamos que a nuestros tesoros más preciados les pasara algo.
–¿Cómo que…?
–Dejen de jugar –se dirige a la puerta–. Kazuya, revisa los preparativos de la cena –sale de la habitación.
–En seguida –desaparece.
–¡¿Esperen un segundo?! ¡Quiero respuestas!
–Tranquilízate Kagome, ya se marcharon.
–¡Que rabia! –Se cruza de brazos mientras su amiga sonríe entretenida.
Las chicas curaron sus heridas mientras llegaba la hora de la cena y con unas cuantas vendas en sus cuerpos se sentaron en sus respectivos puestos, ignorando las miradas de las youkay que las habían atacado.
–Hikari, eres sorprendente, casi todas tus heridas ya han sanado.
–Te dije que en unas horas estaría bien.
–Ser demonio tiene sus ventajas… –suspira mirando entonces las vendas en sus propios brazos.
–¿Tú estás bien?
–Claro, no soy tan rápida como tú, pero no hay de qué preocuparse –le guiña un ojo.
–Kazuya, comienza con la cena.
–Sí mi señora… –hace una reverencia y se levanta.
–Esperen un segundo –advierte Sesshoumaru también levantándose–, primero tengo que decir algo.
–¿Sesshoumaru? ¿Ocurre algo hijo? –Lo mira con su acostumbrada tranquilidad.
–Quiero dejar algo en claro a todos los presentes –anuncia tomando entonces la muñeca derecha de Kagome y levantándola de su asiento frente a las expresiones de sorpresa a su alrededor–. Esta humana es intocable, si alguien se atreve a tocarle aunque sea un cabello fuera de las pruebas tendrán que enfrentar las consecuencias, no quiero que NADIE la vuelva a tocar, ¿entendido?
El silencio envolvió por completo el salón, dejando petrificadas a las tres youkay que sintieron sobre ellas la fría mirada del demonio, Irasue miraba con un extraño presentimiento a su hijo, mientras que tanto Hikari y Kazuya sonreían entretenidos por el notorio sonrojo de la sacerdotisa.
Tras pronunciar aquello, Sesshoumaru volvió a su asiento obligando a la sacerdotisa a imitarlo por culpa del agarre de su mano, demorando tres segundos en soltarla para luego comenzar con la cena, con varias miradas inquisidoras sobre él, pero ignorándolos a todos, mientras que Kagome era molestada por sus acompañantes más cercanos.
Continuará…
