¡Wow! Ya vamos por el capítulo 17 y todavía están aquí acompañándome, ¡gracias!

Es bueno saber que me queda inspiración, así que estaré actualizando lo más pronto posible…

¡Saludos! ^^

~ Cindy Elric ~


Decimoséptima Melodía: Amantes

–¡Sesshoumaru aléjate de ella!

–Inuyasha…

El youkay escuchó aquel susurro y soltó automáticamente la mano de la joven, observando en silencio como la sacerdotisa corría a encontrarse con sus inoportunos amigos… frunció el ceño por aquel pensamiento.

–¡Kagome! ¡¿Estás bien?!

–¡Señorita Kagome!

–¡Kagome por fin te encontramos! –Llora el pequeño zorrito tocando la barrera que los separaba.

–¡Muchachos! ¡Qué bueno verlos!

–¡Kagome estás herida! ¡¿Acaso ese maldito se atrevió a lastimarte?! –Mira con furia contenida al youkay que se encontraba a tres metros de distancia.

–No te preocupes Inuyasha, fue… un accidente, Sesshoumaru no me ha lastimado –le sonríe, contenta por encontrarse nuevamente y agradeciéndole al cielo el que sus amigos no hayan visto lo que había pasado.

–Kagome, ¿qué haces ahí? ¿Qué es esta barrera?

–No lo sé Sango, es una barrera que puso un youkay que vive en el castillo.

–¿Estás atrapada?

–Algo así –asiente–, pero la barrera se desvanecerá cuando termine el ritual en dos días, así que no se preocupen.

–¿Cómo que no nos preocupemos? Llevamos más de una semana buscándote… creí que no volvería a verte… –golpea la barrera con su puño.

–Inuyasha… –toca a través de la barrera la mano del hanyou–. No te preocupes, no me ha pasado nada, tengo amigos aquí que me cuidan, además en dos días podré volver con ustedes… no desesperes… –le sonríe–. Estoy aquí.

–No pierdas el tiempo en tonterías.

Aquello llamó la atención de los presentes, el youkay miraba con hielo en sus ojos al enfadado hanyou mientras que ignoraba la interrogante mirada de la sacerdotisa.

–Debes prepararte para mañana.

–No te preocupes Sesshoumaru, superaré la prueba si eso es lo que te preocupa.

–No es eso…

Sus ojos viajaron desde el molesto grupo hasta los marrones de la sacerdotisa, mostrándole su molestia, su reproche.

–¿Con qué derecho le hablas así a Kagome? –Cuestiona mirándolo furioso, cuanto deseaba atravesar esa maldita barrera y así poder…

–Sesshoumaru –se apresura a intervenir–. Regresaré al castillo en la tarde, no te preocupes, regresa sin mi si es lo que quieres –ofrece esbozando las mejores de sus sonrisas sin pasar por alto la molesta reacción que obtuvo del youkay, de verdad no quería enfadarlo, pero desde hace mucho tiempo que no veía a sus amigos y a Inuyasha.

–Haz lo que quieras –gruñe entre dientes haciendo un desprecio general y alejándose del lugar, no tenía ningún interés de contemplar ese desagradable encuentro, no quería hacerlo, no le importaba… no… se detuvo a metros golpeando con fuerza un árbol en su camino, hiriendo su mano y continuando en silencio.

–Es bueno saber que se encuentra bien señorita Kagome –habla el monje rompiendo el silencio que se había instalado después de la partida del demonio.

–Es verdad, estábamos muy preocupados por ti, te extrañé Kagome.

–Yo también Shippou, a todos, lamento el no poder regresar con ustedes… me vi envuelta en algo que ni siquiera entendía a cabalidad.

–Todo por culpa de ese maldito… –gruñe dejándose caer sentado en el suelo de brazos cruzados.

–Inuyasha no te enfades –pide sentándose también junto a la barrera–, como les dije, después de dos días podré salir de aquí, sólo tengo que esperar.

–Kagome, ¿de qué se trata todo esto?

La sacerdotisa miró a su amiga y después de suspirar pesadamente empezó con su exhaustiva explicación, obviando por supuesto cualquier situación que fuera peligrosa o que involucrara al youkay de blanco cabello.

Ya era tarde y se encontraban sentados en el pasto siguiendo con su plática, contando los mil y un problemas que sufrieron en el camino hasta dar con la sacerdotisa, explicando cómo pudieron encontrarla.

–Debería irme… –murmura mirando hacia el cielo.

–¿Te vas al castillo Kagome?

–Sí, si me demoro mucho Hikari se preocupará, Kazuya podría hacer un escándalo y empezar a buscarme, sin olvidar a…

–¿A Sesshoumaru? –La interrumpe mirándola seriamente, cuestionando algo en silencio.

–No necesito que este más molesto de lo que siempre está –asiente con una apacible sonrisa.

–Espero que este bien señorita Kagome –dice el monje una vez ve a la chica levantarse.

–Sí, no te exijas demasiado, espero que la siguiente prueba no sea peligrosa.

–No se preocupen –le sonríe a sus amigos–, una vez que termine vendré a verlos.

–Nosotros te estaremos esperando Kagome, cuídate mucho.

–Sí Shippou, Sango, Miroku, estaré bien –amplía su sonrisa y luego mira al hanyou que se encontraba un poco alejado del grupo, acercándose a él–. Inuyasha, ¿estás bien?

–No entiendo porque lo haces, no le debes nada a ese maldito… ¿por qué arriesgas tu vida por él?

–Inuyasha… –toca la barrera buscando con su mirada los ojos del joven–. Acepté ayudarlo por nada en especial, sólo porque me encuentro atrapada en este lugar, además le hice una promesa a tu padre y quiero cumplirla… –sonríe al poder enfocar su mirada con la del hanyou–. Él también me pidió que te cuidara, esa promesa también espero cumplirla.

–No corras peligros inútiles –insiste mirando con preocupación la sonrisa al otro lado de la barrera–, si no puedes te haces a un lado y que Sesshoumaru se las arregle con su nueva esposa… que no te lastimen…

–No lo harán, descuida… todos, no se preocupen por favor, estaré bien, lo prometo.

Kagome miró a todos sus amigos sonriéndoles con cariño, siempre agradecía al cielo el increíble grupo de seres que había puesto en su camino, los quería, a todos… eran los mejores amigos que podría tener.

–Buenas noches, chicos, nos vemos mañana.

Una última sonrisa y dio media vuelta, alejándose de la barrera.

Kagome caminó por minutos cuidando de no tropezar con las raíces, la verdad no sabía muy bien en dónde se encontraba ya que cuando Sesshoumaru escapó llevándola con él no había puesto atención, el único punto de referencia era caminar en dirección contraria a la barrera una idea que ya no parecía tan buena después de casi dos horas caminando.

–Lo que me faltaba… –suspira pesadamente–. No tengo idea cómo regresar…

Miró el cielo, el rojo empezaba a teñir el celeste, pronto anochecería y no sabía adónde ir, siguió caminando, tratando de encontrar alguna pista de donde se encontraba, tenía que encontrar el castillo antes de que anocheciera, la oscuridad sólo haría las cosas aún más difíciles.

Después de minutos el rojizo ya se había fundido en el negro, la noche había llegado y ahora se había vuelto más difícil el esquivar las raíces que sobresalían, cansada y evidentemente derrotada se sentó a los pies de un árbol, reprochándose el no tener sentido de orientación y maldiciendo por lo bajo al youkay que la había llevado a un lugar tan lejano sin su permiso.

–Todo es culpa de Sesshoumaru… si lo vuelvo a ver yo…

–¿Qué harás?

Esa voz la hizo sobresaltarse y levantándose vio un par de ojos dorados conocidos que la hicieron sonreír con sincera felicidad, por fin podría regresar.

–Dijiste que regresarías en la tarde, ¿por qué sigues aquí? –Exige mirando con molestia a la mujer.

–Bueno, yo…

–Te perdiste –la interrumpe viendo después de sus palabras el sonrojo de la joven.

–¿Y tú a qué viniste? –Le hace un desprecio avergonzada.

–Te estaba buscando.

Kagome lo miró de reojo, sorprendida por sus palabras, ese no era el mismo Sesshoumaru de hace días, en otra ocasión diría algo como vine a verificar que no intentaras escapar o algo por el estilo.

–Lamento molestarte… –murmura avergonzada.

–Sería menos molestia el que hubieras regresado conmigo.

–No podía, debía explicarles lo que sucedía para que no se preocuparan.

–Querrás decir, para que el hanyou no se preocupara.

Kagome sintió el tono extraño en la voz contraria, Sesshoumaru le estaba reprochando, le estaba sacando en cara que prefirió quedarse con Inuyasha que regresar con él y eso… eso sonaba a algo que ella conocía muy bien.

–¿Celoso? –Arquea una ceja sonriendo divertida ante la fugaz expresión de desconcierto en el rostro del demonio, expresión que rápidamente fue remplazada por creciente enfado.

–No digas tonterías –le hace un desprecio.

–Sólo preguntaba –se encoge de hombros.

Sesshoumaru pensó en esas palabras y notó lo extraño de su propia actitud, no podía seguir así, necesitaba recuperar su frialdad, su buena salud mental… miró un punto fijo en el horizonte, algo aleatorio, concentrándose, figando su objetivo… fue entonces que pudo volver a sus cabales, suspiró aliviado por lograrlo, debía mantener la cabeza fría, no podía seguir perdiéndose en lapsos de delirio que lo hicieran actuar por meros instintos.

–¿Qué ocurre?

–Regresemos de una vez.

La sacerdotisa vio el repentino cambio preguntándose si los demonios podían sufrir de bipolaridad o algo parecido, Sesshoumaru se estaba volviendo un acertijo demasiado difícil de resolver y entonces suspiró agotada física y mentalmente, necesitaba su cama, ya mañana podría preocuparse del demonio y todo lo demás.

–De acuerdo, tú guías.

Aunque no lo exteriorizó, Sesshoumaru se sintió aliviado de que la mujer accediera a seguirlo sin más, no estaba interesado en dar explicaciones, ya no quería seguir cerca de la chica, la verdad empezaba a pensar que lo ideal sería mantener una distancia prudente entre ambos desde ese momento para poder mantener recuperar el control completo de su mente, en ese pensamiento estaba cuando sintió que la presencia de la mujer se detuvo y entonces volteó mirándola por sobre su hombro notando como la chica mantenía su atención fija en algo a su derecha.

–¿Qué miras?

–Creo que escuché algo…

El demonio agudizó sus oídos captando entonces lo que la mujer había mencionado, parecían susurros aunque no podía descifrar su significado ni la identidad del responsable, estaban demasiado lejos, en dirección contraria al castillo así que eso no… de pronto vio a la mujer correr en aquella dirección y entre un bufido la siguió.

Kagome corrió en dirección del sonido desconocido, ella no había distinguido que eran susurros hasta que se acercó lo suficiente, siendo seguida por el youkay que probablemente estaba molesto y aunque no tenía intención de comenzar una nueva discusión, quería descubrir quién era el que se escondía en la oscuridad.

–Es muy tarde, deberíamos regresar…

Esa frase atravesó los árboles dándole una dirección a la chica que vio a lo lejos un pequeño claro, así que siguió acercándose de forma cautelosa, algo en esos susurros le sonaba familiar y necesita descubrir el secreto, cuando el tono de las voces le indicó que estaba demasiado cerca se detuvo escondiéndose tras uno de los árboles, mirando con cuidado la silueta extraña al medio del claro, eran dos personas y parecían abrazados pero aun así no podía distinguir nada más que una sombra así que afinó su mirada pidiéndole a la nube que cubría a la luna moverse.

–La cena está por comenzar.

–Sólo un poco más…

El youkay ya conocía las identidades de los extraños y frunció su ceño mirando con molestia a la supuesta pareja, mientras que la joven a su lado parecía aun ignorar a los amantes nocturnos porque ponía gran empeño en darle forma a esa silueta.

–¿Quieres que nos descubran?

–No me importa.

–No puedes decir eso, no después de estar tan cerca.

–¿De verdad quieres ganar?

–Ya lo hablamos…

–Pero tu deseo…

–Mi deseo no puede cumplirse si tú no quieres… no me importa ser la esposa del príncipe si eso significa mi libertad.

–Serás libre, pero de tu padre… no de mí.

–No digas eso…

–Es verdad.

–Entonces… ¿por qué? ¿Por qué no me pides renunciar? Sabes que lo haría.

–Lo sé, por eso no lo hago.

–¿Por qué?

Después de unos segundos la impertinente nube desapareció permitiéndole a la tenue luz de la luna descubrir a la pareja secreta, Kagome abrió la boca en un intento de grito pero fue oportunamente callada por la mano del youkay.

–Silencio.

Mandó el demonio susurrándole al oído, provocando un sonrojo en la sacerdotisa, pero eso no era lo importante, el descubrimiento de la pareja merecía toda su atención.

Kazuya y Hikari.

–Porque quiero que seas libre –responde deshaciendo el abrazo mirando con ternura a la chica que se mantenía seria junto a él.

–No me importa ser libre –niega con terquedad–, quiero estar contigo.

–No puedes, tu padre te necesita.

–Pero si me convierto en la esposa del príncipe nunca estaremos juntos, yo no puedo engañar al príncipe y tú nunca lo permitirías, además… –frunce su ceño con preocupación–. Aunque pudiéramos cargar con la culpa, la señora Irasue nos asesinaría.

–Ella no se atrevería a hacerle daño a la esposa de su hijo, a mí me matará, pero a ti no, así que estás a salvo –le sonríe.

–No me refiero a eso, estúpido –se queja entre un berrinche viendo como el demonio después de reír vuelve a envolverla entre sus brazos–. Por eso Kagome siempre se enfada contigo, porque siempre dices estupideces.

–No, eso es porque ella no tiene paciencia.

–Sí la tiene, pero tú la colmas.

–Tal vez tengas razón…

Hikari sonrió cerrando sus ojos, sintiendo como el abrazo se fortalecía al mismo tiempo que las lágrimas la vencían una vez más, recibiendo besos de consuelo en su cabello que ahora eran unas tenues llamas color rosa.

Kagome miró en silencio la escena aun atrapada por el brazo del youkay y aunque en otra ocasión ese encarcelamiento le habría molestado ahora no pudo más que sentir cierto consuelo en él porque se sentía herida, se sentía herida por la tristeza de la imagen frente a ella, se sentía herida por lo que todo eso podía significar.

"Hikari… y Kazuya… ellos… ¿por qué no confiaron en mí…?"

La joven bajó la mirada, fijándola en el suelo y destensando su cuerpo, el youkay cuando notó el cambio de la respiración contraria quitó su mano con lentitud, atento a la inmóvil figura junto a él sin poder entender el repentino cambio de actitud.

–¿Lo sabías? –Murmuró en un suspiro sin querer ser descubierta por la pareja.

–Sospechaba algo… –admite en el mismo tono de voz–. Pero no esto.

–Kazuya y Hikari… –sus ojos viajaron desde el suelo hacia la pareja, de pronto sintiéndose traicionada, sintiéndose triste y también comprendiendo el secreto… era extraño, todo era tan extraño y trillado que se sintió en una típica novela romántica, sonrió por ese pensamiento, si todo fuera tan fácil…

La brisa jugaba con el cabello de ambas parejas, la de amantes y la de espías, cada uno tan absorto en sus pensamientos que los abrazados aun no descubrían a los ocultos.

De pronto se sintió una extraña presencia en el aire al mismo tiempo que la pareja se separaba por completo, dos segundos después Kasumi apareció frente a ellos.

–Kazuya –habla mirando con su acostumbrada tranquilidad al otro–, la señora Irasue te busca para los preparativos de la cena.

–Entiendo Kasumi –asiente–, iré en un segundo.

–De acuerdo –asiente y voltea hacia a la doncella–, usted también debe regresar pronto al castillo.

–Claro, enseguida.

–Yo la llevo, no te preocupes –le sonríe a la youkay que de un segundo a otro desaparece del lugar.

–Entonces… eso sería todo…

Esas palabras hirieron el corazón de la pareja y el de la sacerdotisa, Kagome vio claramente como su amiga bajaba la mirada mientras el youkay sonreía tiernamente, era una escena tan encantadora que se reprochó el verla sin permiso.

–Dígame señorita Hikari, ¿le gustaría que pasara a su habitación a media noche? –Pregunta haciendo una reverencia ofreciéndole su mano.

–No podría pedir otra cosa –sonríe aceptando la mano y desapareciendo al instante.

Viéndose nuevamente solos Kagome y Sesshoumaru salieron de su escondite, ubicándose en el lugar que anteriormente ocupaba la pareja.

–No sabía que Hikari y Kazuya fueran… –pensó en la palabra pero no quiso utilizarla, le dolía el secreto y la tristeza de la pareja.

–Eso era lo que ocultaba.

–¡Sesshoumaru, no puedes decirle a Irasue! –Exclama de pronto al recordar a madre del youkay e imaginar lo que esta haría ante el secreto.

–¿Por qué no? –Cuestiona frunciendo su ceño, en realidad no tenía intención de hablar con su madre pero aun así le molestaba recibir órdenes de la mujer.

–Podrían castigarlos, Hikari… Kazuya… –niega ante una terrible imagen–. No, no puedes.

–Lo que les pase a ellos no es…

–No lo hagas –insiste sujetando el cuello del traje del youkay y mirándolo suplicante–. Por favor, no lo hagas.

–¿Por qué te importa?

–Son mis amigos, por favor…

–Si mi madre descubre que ayudaste a encubrirlos también serás castigada.

–No me importa.

–¿Por qué?

–Porque no quiero que sufran.

–Ellos te engañaron –frunce su ceño–, te lo ocultaron.

–No tenían por qué contarme, es su secreto.

–¿No te sientes traicionada?

–Yo… –desvía la mirada hacia el claro, sí, se había sentido traicionada pero aun así–. No quiero que salgan lastimados, son mis amigos, los quiero.

El youkay frunció el ceño ante esas palabras y sujetó la barbilla de la sacerdotisa, suavemente, sin hacerle daño, sólo para mantenerla quieta y poder examinar sus ojos.

–¿Qué…?

–Es imposible.

–¿Q-Qué cosa…?

–Entenderte, no puedo, lo intento, pero… no puedo.

Esas palabras más la mano aun en su barbilla hizo a la chica temblar, no podía comprenderlo, seguir el hilo del pensamiento del youkay se estaba volviendo realmente difícil sobre todo cuando estos pensamientos eran acompañados por acciones físicas.

–¿Sesshoumaru?

–¿Cómo lo logras…?

–¿Qué?

–¿Cómo es que una simple humana como tú puede confundirme?

Continuará…


¡Espero que les haya gustado este nuevo capítulo!

¡Ranka Hime acertaste! Me sentí descubierta cuando leí tu review xD

Quiero dedicarle este capítulo a quienes comentan mi fic y me dan ánimos para continuar, en realidad no esperaba tantos capítulos, ¡y ahora estoy por llegar a los veinte!

Nos estaremos leyendo pronto.

¡Adiós~!

~ Cindy Elric ~