¡Hola! Acá les traigo un nuevo capítulo del fic, este se hizo esperar un poquito más, es que mi musa quiso escapar pero alcancé a atraparla a tiempo xD
Espero les guste este capítulo porque me entretuve escribiéndolo, me seguiré esforzando ya que quedan sólo dos pruebas y se me está acabando el ritual, aunque el fic aún no lo sé.
¡Se cuidan! ^^
~ Cindy Elric ~
Decimoctava Melodía: Me perteneces
–No puedo entenderlo.
La voz de Sesshoumaru volvió a resonar en el lugar, seguía siendo de noche, seguían lejos del castillo y la mano del youkay seguía en la barbilla de la sacerdotisa pero aun así ninguno de los dos hacía algo para remediar su situación, ninguno de los dos se atrevía a arruinar o arreglar esa situación.
–No puedo…
–¿Qué…? –Murmura–. ¿Qué no entiendes?
–Todo –frunce su ceño.
–¿Todo?
–Todo en ti.
Kagome sintió como sus mejillas se encendieron y estuvo a punto de volver a preguntar cuando de un movimiento brusco y sorpresivo el youkay se apartó.
–¿Por qué…?
–Príncipe Sesshoumaru.
Esa voz más la sorpresiva aparición de Kasumi hiso a la sacerdotisa brincar mientras que Sesshoumaru sólo miraba con su acostumbrado desprecio a la sirviente de su madre.
–¿Qué quieres Kasumi?
–La señora Irasue pregunta por usted, la cena está por comenzar.
–Dile a mi madre que iré enseguida.
–Como ordene –hace una nueva reverencia y desaparece.
–Había olvidado la cena –menciona la chica mientras alza la vista al cielo–, ya es bastante tarde.
–Eso es porque has perdido el tiempo.
La sacerdotisa miró ofendida al youkay al mismo tiempo que lo veía caminar en dirección al castillo, así que resignándose y sin querer iniciar una discusión lo siguió en silencio, cuestionándose la continuación de la conversación, habían sido interrumpidos antes de que pudiera responderle, pero no valía la pena interrogarlo ya que si demoraban demasiado irían a buscarlos nuevamente. Kagome suspiró agotada, estaba cansada de tanto caminar y pensar, juraba que la cabeza le iba a estallar.
Después de unos minutos llegaron al castillo, siendo el centro de atención de miradas molestas y celosas de las doncellas, la sacerdotisa trató de que el ambiente desagradable no la afectara y se sentó en su lugar, mientras que el youkay los ignoró a todos como era su costumbre, comenzando una nueva incómoda y silenciosa cena.
–Kagome, ¿dónde estabas?
La joven interrogada no pudo mirar a su amiga a los ojos y agradeció el que Irasue pidiera silencio para hacer el acostumbrado brindis, aun le dolía el engaño, no la condenaba ni mucho menos, pero necesitaba respuestas que esa misma noche esperaba obtener.
La cena llegó a su fin y como era costumbre todos se fueron directo a sus habitaciones, Kazuya y Hikari quienes se encontraban preocupados por el extraño mutismo de la sacerdotisa compartieron breves susurros y se separaron, Kagome lo notó, ahora eran evidentes esas sonrisas secretas que compartían, suspiró en su asiento y se levantó.
–Kagome, ¿ocurre algo?
–Hikari, ¿quieres ir a pasear al jardín?
La youkay la miró extrañada, era muy tarde y no era costumbre de la sacerdotisa salir después de la cena, pero preocupada por su actitud accedió ambas dirigiéndose al lugar en completo silencio, un silencio que en algún punto se volvió incómodo para la youkay que se detuvo cuando la chica lo hacía sentándose en el pasto.
–¿Pasa algo Kagome? Te siento extraña…
–Hikari… tengo algo que confesar… –murmura abrazándose a sus rodillas mientras fija su mirada en el cielo.
–¿Algo que confesar? –Ladea su cabeza con confusión sentándose junto a la chica–. ¿Qué cosa? ¿Ocurrió algo malo?
–No lo sé… no sé si es algo malo.
–¿Cómo no sabes si…?
–Tú tendrás que decidirlo –la interrumpe ahora bajando la mirada–, tú… decide si es malo o no el que descubriera que tú y Kazuya mantienen una relación secreta.
La youkay retuvo el aliento ante esas palabras y sabía que si no fuera porque por sus venas corría la lava ardiente de su padre podría palidecer, porque sí, era algo malo, que alguien descubriera su preciado y más terrible secreto era algo muy malo.
Kagome no pudo evitar sentirse un poco decepcionada por la reacción, sabía que era un secreto importante pero aun así quiso creer que la youkay confiaría en ella o por lo menos no se vería tan aterrada.
–¿C-Cómo…?
–Los vi –suspira–, en el bosque hace horas, no fue mi intención, me perdí y estaba vagando cuando de pronto me encontré con ustedes dos.
–Ya… ya veo… –baja la mirada fijándola en el pasto, reflexionando los pasos a seguir en silencio, porque sinceramente no le preocupaba que Kagome lo supiera, en realidad en algún momento había pensado en la posibilidad de contarle pero el miedo había sido suficientemente paralizante, porque eso estaba prohibido, Irasue los asesinaría a ambos si llegaba a enterarse y ante ese último pensamiento sus manos comenzaron a temblar–. Kagome… por favor, te lo suplico, por favor no le digas a…
–Nunca lo haría –niega enseguida–, no te preocupes, nadie jamás lo sabrá por mi boca, tu secreto está a salvo conmigo, te lo prometo, pero… ¿por qué no me dijiste? ¿Tan poco confiable soy?
–¡No! ¡No es por eso! –Se apresura tomando las manos de la sacerdotisa–. Es que… todo es tan complicado, si la señora Irasue o el príncipe se enteran nosotros podríamos…
–Sesshoumaru ya lo sabe.
Hikari no supo cómo reaccionar ante esas palabras, sólo sintió un intenso dolor en el pecho y un presentimiento de algo horrible oprimir su corazón, iban a ser castigados, Kazuya iba a…
–Está bien –susurra presionando el agarre en sus manos–, todo está bien, no te preocupes, él mantendrá el secreto, lo prometió.
–¿Lo… prometió?
–Pues… no fue una promesa exactamente, pero… se lo supliqué y creo que lo entendió, él sabe que pueden ser castigados y no hablará, así que tranquila.
–¿Cómo…?
–Estábamos juntos cuando los descubrimos.
–¿Juntos? ¿Ustedes estaban…?
–¡No! –Se apresura sonrojándose levemente ante el posible malentendido–. Él… fue a buscarme porque me perdí, es una larga historia.
–Ya veo… –nota el rubor pero decide ignorarlo, ese momento ya era demasiado incómodo para ambas como para empezar una nueva interrogación.
Ambas chicas mantuvieron el silencio después de eso, Kagome tenía muchas preguntas pero no quería parecer entrometida mientras que Hikari tenía mucho qué decir pero aun no podía deshacerse del temor.
–Debió ser difícil… –murmura de pronto volviendo a fijar su mirada en el cielo–. Ocultar algo tan importante, guardar algo tan grande para ti sola.
–Lo fue, lo es… –suspira–. No es algo que puedas hablar con cualquiera y tomando en cuenta que mi padre es mi única compañía… no creo que sea algo que pueda hablar con él… –sonríe levemente también alzando la mirada al cielo–. Debo admitir que mi corazón se siente un poco más liviano ahora que tú lo sabes, quizás no fue la forma pero me siento feliz de que entre todos los seres, tú hayas sido quien lo descubriera.
Kagome sonrió ampliamente por esas palabras sintiendo como su propio corazón era sanado debido a ellas, la tristeza y decepción por el engaño ya habían sido completamente olvidados.
–¿Puedo preguntar desde cuando ustedes…?
–¿Recuerdas que te conté que me perdí en una ocasión? –De reojo ve como la sacerdotisa asiente–. Kazuya fue quien me salvó, él me regresó junto a mi padre y me enseñó a preparar el té… desde entonces nos convertimos en buenos amigos, siempre que tenía tiempo libre iba a visitarme, mi padre nunca sospechó nada porque sabía que en mi corazón no podía nacer nada que no conociera y yo nunca había visto u oído del amor pero… ya ves, de repente el destino es caprichoso y te hace bromas crueles, él… Kazuya se enamoró de mí, yo nunca lo noté, jamás y la única forma de descubrirlo fue cuando él me lo dijo directamente… la verdad al principio no entendí a qué se refería y creo que nunca lo hubiera entendido sino me hubiera besado sin permiso.
–Ese Kazuya… –murmura ruborizándose por la imagen mental, preguntándose si el youkay podría ser más atrevido que su amigo el monje.
–Sinceramente yo no supe cómo reaccionar, no estaba ni avergonzada ni ofendida, mientras que él estaba más rojo que mi cabello –sonríe con nostalgia ante el recuerdo–. Aunque al principio no sentí nada extraordinario aun así algo cambió, sus visitas se me hicieron necesarias, el tiempo entre ellas eterno, finalmente entendí por mí misma el significado de esa palabra que él me había tratado de explicar, después de un tiempo fue que escuché la canción, él me explicó su significado y lo vi como un escape del eterno cuidado de mi padre como te comenté días atrás… –alza la vista al cielo–. Pero todo merece un sacrificio, si gano el ritual y soy libre de mi padre no podré estar con Kazuya ya que seré la esposa del príncipe, y si pierdo seguiré atada a mi padre para siempre…
–¿Por eso Kazuya quiere que ganes?
–No sé lo que él quiere, dice que quiere que sea libre, pero también que mi verdadero deseo sea cumplido –sus ojos se cristalizan–. Pero mi verdadero deseo es estar con él…
–Hikari…
–Dime Kagome… ¿soy mala por querer escapar de mi padre? ¿Por engañar al príncipe y a su madre? ¿Por engañar a Kazuya? ¿Por engañarme a mí?
La sacerdotisa observó en silencio como su amiga escondía su rostro mientras abrazaba sus rodillas, así que con cuidado tocó su hombro tratando de tranquilizarla, acercando al mismo tiempo su rostro en busca de sus ojos.
–Hikari –murmura una vez logra encontrar la mirada contraria–, tú no eres mala, nunca estará mal el querer realizar tu deseo… nadie más que tú puede luchar por tu felicidad y tu padre, Sesshoumaru, Irasue, hasta Kazuya deberán entender eso –le sonríe–. No te preocupes por nada, yo me encargaré de Sesshoumaru si pasa algo y por extensión de Irasue, tú enfócate en lograr tu objetivo y ser feliz.
–Kagome eres impresionante… –sonríe levemente–. Siento el no haberte contado antes…
–No te preocupes, es tu secreto y el de Kazuya, yo lamento el haberlo descubierto sin permiso –se levanta–. No sé si esté bien el que lo sepa pero escuché que tienes una cita a media noche –le sonríe–, no lo hagas esperar.
–Cierto… –se levanta y borra sus lágrimas–. Gracias…
–¡Vete luego! No se vaya a preocupar y empiece a buscarte por el castillo.
La youkay se alejó del jardín en dirección a su habitación mientras Kagome la seguía con su mirada hasta que desapareció, la sacerdotisa volvió a sentarse en el pasto estirando sus brazos deshaciéndose de cualquier tensión que quedara en su cuerpo, recostándose y mirando las estrellas, hasta que una sombra la distrajo, obligándola a reincorporarse para descubrir su identidad.
–¿Sesshoumaru?
–Siempre eres igual.
–¿Qué haces aquí?
–Observando el espectáculo, después de todo no pudiste resistir el encarar a esa doncella.
–Quería saber si podía ayudar en algo, Hikari siempre ha estado sola.
El youkay miró a la mujer en silencio, examinándola unos segundos e incomodándola al mismo tiempo lo que obligó a la sacerdotisa a levantarse.
–¿Qué ocurre? –Pregunta una vez se siente lo suficientemente incómoda.
–¿Y te atreves a preguntar qué es lo que no entiendo?
–Claro, porque no sé a lo que te refieres, ¿qué es lo que no entiendes?
–Todo.
–¿Qué es todo? –Frunce su ceño con confusión.
–Todo en ti, tu molesto carácter, tu inexplicable valor, tu enfermiza forma en que te preocupas por todos.
–Eso es normal, el preocuparse por las personas que son importantes para uno.
–Pero tú eres diferente, te preocupas por quienes no te quieren, hasta proteges a quienes han tratado de lastimarte.
–Si dices eso por las doncellas que trataron de…
–No sólo son ellas –la interrumpe– son todos, no puedes… no puedes querer proteger a todos.
–Sesshoumaru –suspira–, el que tú seas un desalmado que no tiene compasión con ningún ser vivo no nos hace a todos igual, ¿sabías?
–¿Eso es lo que crees de mí? –Cuestiona frunciendo aún más su ceño.
–Pues… sí…
Después de eso un incómodo y casi aplastante silencio los envolvió, la sacerdotisa no sabía muy bien cómo continuar porque no creyó que su palabras podrían lastimar al otro, después de todo Sesshoumaru siempre ha actuado de esa forma, fría y sin misericordia frente a los demás, entonces… ¿por qué tendría que molestarle que ella se lo dijera?
–Es bueno saberlo –resopla volteándose y dándole la espalda a la mujer, él no estaba molesto, por lo menos no más de lo usual y aun así no sabía cómo justificar esa sensación extraña en la boca de su estómago, como de malestar, como… de decepción.
–Sesshoumaru, espera –se apresura una vez ve al demonio alejarse de ella–, yo… no quise decir eso, es sólo que no puedo entender tus preguntas y… no supe cómo responder.
–No te retractes de tus palabras –dice deteniéndose–, tienes razón, para mí no es importante ninguna vida, ningún ser merece mi preocupación, soy un demonio desalmado sin compasión.
–No, no lo eres –niega acercándose un paso hacia el demonio–, porque viajas junto a Rin y a ese demonio verde, si de verdad nadie te importara no los mantendrías a tu lado ni los protegerías.
–Yo no…
–Y no lo haces sólo con ellos –insiste acercándose aún más–. También eres así conmigo, tú… me has salvado en varias ocasiones, de las doncellas, de la oscuridad en la cueva de Jade, también intentaste detenerme cuando el fuego de Fénix me estaba lastimando, siempre has estado ahí, cuando te he necesitado… siempre has estado ahí conmigo.
La sacerdotisa vio claramente como el youkay bajó la mirada y no pudo descifrar aquello ya que aún le daba la espalda pero le extrañó su extenso silencio, el demonio ni siquiera le había respondido o corregido sus palabras, simplemente se limitó a callar mientras observaba algo en el suelo.
–Si en verdad no te importara nadie no me habrías salvado… –prosigue en respuesta al silencio–. Entiendo que tal vez sea porque quieres que gane el ritual, eso me lo has aclarado más de mil veces, pero aun así… siento que podría ser por… preocupación, aunque sea un poco.
–¿De verdad crees eso? –Esta vez el youkay se volteó, fijando su mirada en la de la chica, observándola seriamente, sin permitirle ver más allá del hielo que había aprendido a fingir–. ¿En serio te consideras tan especial como para llegar a importarme?
–Yo… –esas palabras la sorprendieron y lastimaron al mismo tiempo, porque había creído sentir algo cálido en el youkay, algo nuevo, algo que le hiso querer bajar la guardia, pero ahora era el de siempre, hiriente y frío a la vez.
–Escúchame bien que no lo repetiré –menciona en voz alta y con total seriedad–, tú eres una simple humana, te he protegido porque te necesito, me eres de utilidad y hasta que eso cambie te mantendré conmigo, como una herramienta, eres sólo algo que utilizaré para mi propio beneficio y que desecharé una vez pierda su utilidad y por esa misma razón no permitiré que nadie te toque, que nadie se acerque a ti, tú… –se acerca a ella alzando su mano para tocar el cabello de la morena, sin tomarlo, sólo tocarlo–. Tú me perteneces y ni siquiera le permitiré a Inuyasha tenerte.
Kagome sintió sus mejillas encenderse, no estaba segura si era de vergüenza o de rabia, esas palabras encendieron algo en su interior, algo que le dejaba una sensación extraña en el estómago y en la garganta, pero eso no evitó el sentirse insultada, de un golpe alejó la mano de su cabello, mirando al demonio con ojos furiosos, enfrentándolo y haciéndolo sonreír.
–¿Una herramienta? ¿Estás enfermo? ¿Yo? ¡¿Pertenecerte a ti?!
–Sí, me perteneces –frunce su ceño con decisión–, ya lo dije, nadie puede estar contigo sin antes pedir mi permiso, es así y no puedes hacer nada para cambiarlo.
–Tú… eres un… –fue tanto el enfado que alzó su mano con la intención de golpear al otro, una cachetada era lo que quería propinarle a quien la estaba desesperando pero falló, el youkay era más rápido y detuvo su mano, aprisionando su muñeca, aquella que había herido hace horas.
–No hagas algo de lo que te puedes arrepentir.
–Nunca lo haría, mereces ese golpe.
–¿Por qué? ¿Por decir la verdad?
–¡No digas tonterías!
–No son tonterías, entiéndelo, tú me perteneces.
Continuará…
