¡Decimonovena Melodía y a un capítulo del número 20!

¡Hola a todas/os!

Me da gusto estar acá con un nuevo capítulo, tal vez no sea tan largo como los otros pero igual espero que les guste, trataré de seguir actualizando a este ritmo.

¡Se cuidan mucho! ^^

~ Cindy Elric ~


Decimonovena Melodía: Laberinto

"Tú me perteneces…"

La sacerdotisa se revolvió en su cama sin poder conciliar el sueño, maldito Sesshoumaru, no podía sacar esas palabras de su cabeza, ¿se había atrevido a llamarla herramienta? ¡Ella no era un objeto y no le pertenecía a nadie! ¡¿Qué se creía el muy idiota?!

–¡Maldición!

El sol empezaba a colarse por la ventana, alertando los sentidos de la chica que estaba tapada hasta la cabeza, no se quería levantar, no, no tenía ganas de participar en la estúpida prueba, no quería ver la cara del estúpido de Sesshoumaru… estúpida vida.

–¡Kagome! –Exclama Kazuya apareciendo de un momento a otro dentro de la habitación de la sacerdotisa, viendo entonces un bulto inmóvil bajo las mantas a lo que sonríe con diversión acercándose a la cama para gastarle una broma a la chica–.¡KA-GO-ME! –Grita ahora tirando las mantas, destapando a la sacerdotisa y asustándola en el camino.

–¡Kazuya! ¡Eres un idiota! –Grita entre asustada y molesta, golpeando con todas sus fuerzas al estúpido demonio quien cae al suelo con una mano marcada en su mejilla.

–Kagome… eres mala… –solloza en el suelo acariciando su mejilla.

–¡Eso te buscas por aparecerte sin permiso! ¡Por molestarme cuando duermo! ¡Y por asustarme de esa forma!

–Ya… ya… tranquilízate…

–¡Odio todo en este castillo! ¡Quiero irme a mi casa y olvidarme de esta pesadilla de una buena vez!

–Por Kamisama… Kagome ¿Qué ocurrió? ¿Acaso Sesshoumaru hizo…?

–¡No me hables de él! –Lo mira desafiante–. Kazuya, te prohíbo rotundamente el que lo nombres en mi presencia.

–Entonces… sí es su culpa…

–No sé de qué hablas –se queja cruzándose de brazos–. ¿Para qué estás aquí?

–Vine a buscarte –responde levantándose con una amplia sonrisa en su rostro–, la prueba dará inicio en una hora y como ayer llegaste tarde a la cena no alcanzaste a oír la explicación.

–Cierto… la prueba… –suspira dejándose caer sentada al borde de su cama–. ¿Cuál es la explicación?

–¿Recuerdas el laberinto al que te dije que no debías acercarte?

–Sí.

–Pues la cuarta prueba consiste en entrar al laberinto y llegar hasta el centro, las primeras dos doncellas que lo logren serán las que pasen a la quinta y última prueba.

–¿Por qué sólo dos?

–Porque sólo dos pueden participar al final.

–Ya veo…

La sacerdotisa volvió a suspirar profundamente perdiéndose en sus pensamientos mientras que el demonio poco a poco perdía su sonrisa.

–Kagome…

–¿Qué pasa ahora? –Rueda sus ojos sintiéndose agotada mentalmente pero cambia de expresión al ver la seriedad en el youkay–. ¿Ocurre algo malo?

–No, es sólo… –desvía la mirada–. Hikari me contó todo.

La sacerdotisa destensó su cuerpo olvidándose por un momento del enfado y sus propios problemas, mirando con empatía y algo de ternura al youkay que por primera vez se mostraba avergonzado frente a ella.

–Quería agradecerte el que hablaras con ella –continúa–, Hikari está feliz por poder compartir todo esto con alguien, eres una gran amiga Kagome, muchas gracias por apoyarla y acceder a mantener nuestro secreto.

–No agradezcas, tonto –sonríe enternecida–, y para tu información no sólo ella tiene mi apoyo, tú también, ambos son mis preciados amigos y siempre los apoyaré, ni tampoco te preocupes por su secreto, te doy mi palabra que nadie se enterará por mí, lo prometo.

–Muchas gracias –asiente sonriendo ampliamente.

–Y ahora… explícame de una vez de que va la dichosa prueba, no tengo todo el día.

–Tan impaciente –niega con fingida desaprobación–, la prueba comenzará en una hora y tendrán hasta media noche para superarla, como te dije las dos primeras que lleguen al centro del laberinto serán las vencedoras.

–¿Hasta media noche? Será casi todo el día, ¿por qué tanto tiempo?

–La verdad es un tiempo muy reducido, ese laberinto es… –suspira profundamente adaptando otra vez una expresión seria–. Kagome escúchame con atención, esta prueba no será fácil, en realidad es una de las más complicadas porque no es sólo encontrar el centro del laberinto sino que también debes superar lo que este oculta en su interior.

–¿Qué oculta? –Frunce su ceño.

–Presencias que se mantienen encerradas desde hace años… siglos… estas presencias son traicioneras y juegan con todo aquel que se atreve a entrar al laberinto con un solo objetivo, mantenerte a ti también encerrada ahí.

–Eso es horrible…

–Lo es, esas presencias tratarán de usar cualquier truco para mantenerte en ese lugar por días o años, inclusive toda tu vida, por eso no debes hacer caso de nada y seguir adelante, cualquier cosa que te muestren serán ilusiones para confundirte, de verdad… odio esta prueba –suspira sentándose junto a la chica–. Hikari y tú son muy importantes para mí y odio que tengan que hacer esto porque hasta media noche no puedo hacer nada para ayudarlas, estarán solas en ese lugar a merced de seres que lo único que buscarán es lastimarlas…

–Kazuya… no me asustes…

–No quiero asustarte, en serio, sólo quiero advertirte de los peligros porque esta vez son reales.

La sacerdotisa sintió un escalofrío por esas palabras pero intentó mantenerse fuerte, sonriendo con tranquilidad mientras sostenía las manos del youkay a su lado.

–Estaré bien, no te preocupes tanto, soy más fuerte de lo que aparento –amplía su sonrisa–. Ahora deberías ir y buscar a Hikari, dile lo mismo que me acabas de decir y asegúrate de despedirla apropiadamente, no dejes en el aire ninguna confesión o palabra de cariño, estoy segura de que ella te necesita más que yo.

–Kagome… gracias… –sonríe presionando las manos contrarias.

–Ya, vete antes de que recuerde porqué estaba enfadada contigo y vuelva a golpearte –bromea viendo entretenida como el youkay desaparece en un segundo.

Una vez sola la sacerdotisa se levantó para acercarse a la ventana, tratando de deshacerse de lo que quedaba del cansancio en un suspiro, su noche había sido horrible y el despertar peor, tenía ganas de quedarse todo el día en cama y dormir, cuánto deseaba poder olvidarse de todo y descansar aunque sea un día completo pero no, ahora tenía que prepararse para enfrentar un laberinto maldito en donde podría perderse por años sin mencionar que su vida estaba en riesgo…

–Esto es demasiado… –se queja en un nuevo suspiro para ahora sentarse en el suelo con su espalda contra la pared–. Quizás sólo debería intentar escapar.

–Eso es imposible.

La sacerdotisa volteó su rostro mirando hacia la puerta de su habitación y frunciendo su ceño cuando sus ojos se encontraron con el youkay que de ojos dorados.

–Lárgate –manda con desagrado, esta vez no se molestaría en fingir una sonrisa para evitar una discusión, estaba molesta y quería que el estúpido demonio lo notara.

–La cuarta prueba está por iniciar.

–Vete Sesshoumaru –insiste cerrando sus ojos cuando sintió una vena en su frente palpitar, era increíble, ese estúpido demonio era increíble si sólo había ido por ella debido a la prueba.

–Tienes que prepararte.

–No quiero, así que lárgate.

–¿Quién te crees al hablarme así? –Frunce su ceño debido al descaro.

–La dueña de esta habitación, así que lárgate de ella.

–El castillo me pertenece, puedo estar donde desee.

–Eres un…

–No hay tiempo que perder –la interrumpe–, ¿sabes el propósito de la prueba?

–Sí –rueda sus ojos con fastidio.

–¿Lo entendiste?

–Sí –se cruza de brazos.

–¿Estás preparada?

–Sí.

–¿Estás segura?

–¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Deja de molestarme! ¡Me irritas! –Grita tapándose los oídos.

–Te dije que no hay tiempo de…

–¡Ya lo sé! –Se queja ahora levantándose–. Sé que no tengo tiempo para estar molesta contigo y reclamarte, sé que no tengo tiempo para dudar, sorprenderme o tener miedo, ¡sé que no tengo tiempo Sesshoumaru! No tengo tiempo porque si lo pierdo en estupideces podría perder mi vida, yo… yo podría perder mi vida y no tengo tiempo para estar triste por ello…

La sacerdotisa suspiró profundamente hundiendo sus hombros mientras que el youkay sólo la miró en silencio, notando las mejillas rojas, las rodillas que temblaban nerviosas, los ojos cristalizados y titilantes, estaba aterrada, la mujer estaba aterrada y él era capaz de oler ese terror algo que no le agradó en lo más mínimo.

–La prueba de hoy –vuelve a hablar notando un nuevo temblor en la mujer–, es peligrosa, mucho más que las anteriores, no bajes la guardia en ningún segundo ni te dejes engañar, tu peor enemigo en ese lugar será tu mente.

Kagome sonrió por esas palabras y la ilusión ingenua de que estas eran impulsadas por preocupación.

–¿Qué es tan gracioso? Estoy hablando en serio.

–Lo sé, estás preocupado… –curva un poco más su sonrisa–. Preocupado porque gane la apuesta, ¿verdad?

–Por supuesto.

–Claro… –suspira–. Ya que me obligarás a poner en riesgo mi vida y libertad, ¿puedo hacerte una pregunta?

El demonio frunció aún más su ceño mirando con confusión y curiosidad la constante sonrisa de la mujer, sabía que no era felicidad ni burla, si tuviera que adivinar diría que era tristeza pero el hecho que sonriera lo molestaba.

–Adelante –concede más por curiosidad que por interés.

–Si hoy… –murmura bajando la mirada–. Si en la prueba de hoy me pierdo en el laberinto y no logro llegar al centro antes de medianoche, ¿tú irías por mí? –Vuelve a fruncir su ceño alzando su mirada para mirar al youkay–. Si pierdo la prueba, aun así… ¿irías por mí y me salvarías?

–Eso es absurdo.

–No lo es –niega–, quiero saberlo, quiero saber si serías capaz de salvarme sin tener que hacerlo, si pierdo la prueba y ya no te fuera útil, ¿lo harías? ¿Me salvarías? Ya no existiría la excusa de que soy la única salida a tu compromiso, sin razones ocultas, sólo por salvarme, sólo por eso y nada más.

–Yo…

¡Kagome!

Ese llamado los desconcentró de la conversación, era la voz de Hikari que sonaba afuera de la habitación junto con golpes en la puerta, a lo que la sacerdotisa se apresuró a atender sin preocuparse del demonio o de la pregunta sin respuesta.

–Kagome –le sonríe–, ¿quieres que…? L-Lo siento…

–¿Eh? ¿Por qué te disculpas? –Frunce su ceño con confusión por la expresión de sorpresa y las mejillas sonrojadas de la youkay–. ¿Hikari?

–Yo… no sabía que estabas con el príncipe, lo siento mucho –se disculpa entre una reverencia avergonzada.

Kagome pestañeó dos veces debido a esas palabras para luego voltear y sentir como sus propias mejillas se encendían al recordar la presencia del youkay.

–¡Hikari no es lo que piensas! –Se apresura a decir–. Sesshoumaru sólo vino a molestarme con lo de la prueba, ¡nada más!

–No pierdan el tiempo –resopla mirando con desagrado a las chicas para luego salir de la habitación.

–Lo siento Kagome –murmura una vez el youkay se aleja–, no quería interrumpirte…

–Créeme Hikari, no había nada que interrumpir –suspira–, a decir verdad creo que evitaste una discusión.

–Pero…

–Como sea –se apresura a cambiar el tema–, ¿me buscabas para algo?

–¡Cierto! Venía a buscarte para que vayamos juntas al jardín, faltan minutos para que inicie la cuarta prueba.

–Tienes razón, vamos.

Las chicas salieron del castillo y reuniéndose con las demás doncellas que se encontraban frente al laberinto, Kagome alzó la mirada para observar con nuevo interés el misterioso lugar notando como las enredaderas eran inusualmente altas e imponentes, como ninguna otra que hubiera visto antes.

–¡Muy buenos días doncellas! –Exclama Kazuya con su energía usual–. Hoy dará inicio la cuarta prueba del ritual, las cuatro doncellas: Hikari, Kagome, Dama de Jade y Kagura, entraran en este laberinto teniendo como objetivo el llegar lo antes posible al centro en donde las estaré esperando junto al príncipe Sesshoumaru. Tienen como tiempo límite hasta medianoche, recuerden que sólo dos de ustedes podrán pasar –mira a Kagome y a Hikari–. Espero que todas logren su objetivo y salgan con bien del laberinto.

–Doncellas –habla ahora Irasue llamando la atención de todos–, ustedes son quienes obtuvieron la aprobación de mi esposo, esta es la penúltima prueba del ritual, sólo dos tendrán la oportunidad de demostrar que son dignas para mi hijo, pero al final, sólo una será la ganadora, sigan sus instintos y hagan lo que esté en sus manos para lograrlo, demuestren que merecen el honor de llamarse esposa del Príncipe del Oeste, Sesshoumaru.

–Muchas gracias por sus inspiradoras palabras –menciona haciendo una leve reverencia hacia la mujer–, ahora, todas pueden…

–Esperen un segundo –habla Sesshoumaru avanzando un paso hacia las doncellas quienes en seguida fijan su atención en él.

–Oh, parece que el príncipe también tiene un discurso de aliento para las participantes –sonríe–, adelante por favor.

–Sigo en desacuerdo con este ritual –habla con voz seria y alta observando a todos en el lugar–, nunca admitiré algo que se haga en contra de mi voluntad, pero siguiendo el orden de las tradiciones, la doncella que logre superar esta prueba demostrará que es digna de llamarse mi prometida, así que ninguna… y escúchenme bien –fija su mirada en la sacerdotisa–, ninguna doncella que quede atrapada en el laberinto sin poder salir por si misma merece mi atención.

Kagome frunció su ceño ante esas palabras, ahí estaba la respuesta que había pedido atrás y aunque se sentía decepcionada también estaba molesta, furiosa, porque ella tenía que arriesgar su vida para beneficio del youkay, ¿pero él se quedaría de brazos cruzados sin ayudarla? ¿Hasta qué punto podía llegar la petulancia de ese demonio?

–¿Kagome…? –Murmura acercándose a su amiga al notar como esta tensaba su cuerpo.

–Discúlpeme su majestad –habla de pronto la sacerdotisa captando la atención de todos–, según entiendo, usted acaba de admitir que quienes logren superar la prueba merecen ser sus esposas, ¿no?

–Sí –responde frunciendo su ceño, ignorando las miradas sorprendidas a su alrededor y fijando su completa atención en la mujer que ahora sonreía con suficiencia preguntándose la razón de eso, según sus predicciones la humana debía molestarse y quizás hasta deprimirse, no pararse ahí mirándolo de forma desafiante.

–Entonces… –vuelve a hablar avanzando un paso–, me imagino que será una gran vergüenza si la ganadora del ritual, quien por cierto demostrará ser la doncella más poderosa, rechaza el compromiso por el simple hecho de que le parezca repugnante casarse con el usted, ¿no?

Un silencio envolvió a los presentes, entre sorpresa, enfado e indignación se podía sentir en el ambiente, la sacerdotisa y el youkay no apartaban su mirada del otro, ignorando a los demás, a Kagome no le importaba las miradas asesinas sobre ella y Sesshoumaru no le ponía atención al reproche de su madre y la burla de Kazuya.

–Sólo si esa doncella se atreviera a rechazarme –advierte con superioridad.

–Lo hará, estoy segura –responde afirmando su mirada sin dejarse intimidar–. Kazuya, ¿no darás inicio a la prueba?

–¿Eh? Ah, sí… pueden… empezar…

Un tanto inciertos por lo recién acontecido todos observaron en silencio como las doncellas se introdujeron lentamente en el laberinto, perdiéndose entre los pasillos, cada una siguiendo un camino diferente, desapareciendo y dando inicio a la penúltima prueba.

Continuará…