¡Buenas tardes a todas/os!

Les pido disculpas por la tardanza pero había tenido un pequeño bloqueo mental xD

Este capítulo no es tan largo como hubiera querido pero de igual forma me gustó como quedó, prefiero cortarlo en una parte que me parezca interesante para que quieran leer la continuación ^^

Voy a aprovechar mis minutos de inspiración para tratar de subir el siguiente capítulo lo antes posible pero no les prometo nada, sólo espero que me tengan paciencia.

¡Que estén bien! ^^

~ Cindy Elric ~


Vigésima Melodía: Presencia

Kagome se encontraba caminando sin rumbo fijo, una vez se decidía por una dirección tenía que detenerse por culpa de una pared que le impedía el paso.

–¿Por qué tiene que ser una prueba así? Mi orientación nunca ha sido la mejor… –se queja suspirando pesadamente mientras se sienta apoyándose en la pared de enredaderas.

Agotada alza la vista y sólo pudiendo ver el cielo, nada más podía verse debido a que las paredes eran demasiado altas, ni siquiera los arboles del bosque eran visibles a lo que un nuevo suspiro rompió los labios de la sacerdotisa.

–Reté a Sesshoumaru pero lo más probable es que me pierda sin poder llegar hasta el centro… –cierra sus ojos y recuerda las últimas palabras del youkay–. ¡Maldición! ¡No dejaré que ese engreído me venza! Tengo que salir de aquí a como dé lugar –exclama levantándose y recuperando sus energías para seguir su camino.

–Esto es imposible… –Hikari caminaba encontrándose una y otra vez con una pared que no la dejaba continuar, reunió energía en una de sus manos y la lanzó haciendo un agujero en la pared de enredaderas pero estas volvieron a crecer restaurándose–. Cada vez que lo hago pasa lo mismo, esto será en verdad complicado…

–¡No tengo tiempo para juegos! –Kagura sacó una pluma de su cabello y la convirtió en una gigante, se subió a ella elevándose pero sorprendida vio como las enredaderas a su alrededor crecían tanto como ella subía–. Maldición, a pesar de hacer todo lo que está en nuestras manos este maldito laberinto no nos dejará escapar tan fácilmente.

La Dama de Jade caminaba sin prisa por los corredores del laberinto, frunciendo el ceño cada vez que se topaba con una inoportuna pared, pero sin darle mayor importancia, había comprobado que sus poderes no tenían efecto en su interior ya que las paredes no cedían por más ataques que hiciera y el saltarlas era inútil porque crecían entorpeciendo su camino, la única manera de salir de ese lugar era siguiendo el camino encontrando por fin el correcto, miró el cielo notando que le quedaban varias horas a lo que sonrió de lado, ese lugar simplemente era un estorbo en sus planes, no debía preocuparse, ella podría encontrar el centro sin problemas.

Kagome siguió caminando hacia donde sus pies la llevaran, en realidad no tenía idea de qué estrategia podría utilizar así que lo único que podía hacer era caminar confiando en que encontraría el centro o la salida en algún momento.

–Kazuya dijo que dentro del laberinto habrían presencias malignas, pero no siento nada… ¿habrá exagerado? –la sacerdotisa miró a su alrededor pero no podía sentir nada extraño, era un laberinto normal, no había ningún aura maligna cerca, por lo menos que ella pudiera detectar.

Kagome…

La chica se detuvo en seco al escuchar su nombre, no supo de donde venía esa voz ni de quien se trataba, miró de un lado hacia otro, después hacia atrás o hacia arriba, no había rastro de alguien sospechoso, estaba completamente sola…

–Muy bien Kagome, ahora estás escuchando cosas –suspira pesadamente y sigue caminando, prestando atención en el camino sin notar que en sus pies crecían raíces que seguían cada uno de sus pasos.

Kagome… cuidado…

La sacerdotisa escuchó nuevamente esa voz, se detuvo tratando de descubrir su procedencia pero no podía dar con ella.

–¡¿Quién eres?! –le gritó al vacío, sin saber a dónde mirar.

¡Kagome!

Una raíz envolvió la pierna de la chica haciéndola caer al mismo tiempo que jalaba de ella arrastrándola a través de una de las paredes del laberinto.

–¡Kagome!

Inuyasha se levantó de un salto mirando hacia el otro lado de la barrera, de pronto había escuchado el grito de la sacerdotisa en su cabeza.

–¿Qué ocurre Inuyasha? –lo mira asustado el zorrito.

–Kagome está en peligro… –gruñe entre dientes empuñando una de sus manos tocando con la otra la barrera que los detenía, tenía un mal presentimiento, algo le había pasado a la sacerdotisa, algo peligroso estaba rodeando su presencia.

Kagome abrió lentamente sus ojos, descubriéndose flotando en un lugar misterioso, todo estaba oscuro a su alrededor, no alcanzaba ver nada que pudiera reconocer, entonces vio un brillo a su espalda, se volteó para encontrarse con el reflejo de su amiga youkay.

–¡Hikari! ¡Hikari! –Grita golpeando con fuerzas lo que parecía ser un cristal, viendo con agradable sorpresa que había logrado llamar la atención de la chica que parecía volar hacia su lado.

–¡Kagome! ¿Qué haces ahí? –Toca el cristal notando una fuerza extraña en él y entonces ve como la sacerdotisa mueve su boca, parecía estarle diciendo algo pero no podía oír ninguna de sus palabras–. ¡Kagome no te escucho! –le responde haciéndole un gesto con sus manos, indicándole que no la oía.

–No puede escucharme… –inquirió comprendiendo a su amiga y notando que tampoco podía escucharla, sin apartar su mano del cristal miró a su alrededor, viendo dos nuevos brillos al mismo tiempo que aparecían dos cristales cada uno mostrándole a Kagura y a la Dama de Jade–. ¿Qué está pasando aquí?

–Pero si es esa niña… –murmura Kagura notando como la sacerdotisa hablaba con la youkay a su lado pero no podía escuchar lo que decían entre sí.

¡Bienvenidas sean a mi juego!

Las cuatro doncellas alzaron su vista hacia una extraña silueta que había parecido sobre ellas, parecía un hombre, pero aun no podían reconocerlo, Kagome lo miró dudosa, le parecía una presencia extrañamente familiar pero no podía descubrir de donde.

–¡Kazuya!

Las tres doncellas fijaron su vista en la youkay de rojo cabello, ahora podían oírse entre sí pero lo realmente importante era el significado de su grito, volvieron su mirada hacia la silueta sobre ellas descubriendo lo que no habían podido antes, sí, ese hombre era el youkay que conocían…

–¡¿Se puede saber qué haces aquí Kazuya?! –Le cuestiona la sacerdotisa enfadada–. Se supone que debes esperarnos en el centro del laberinto… ¿o no me digas que este es el centro?

–Discúlpeme señorita pero creo que me está confundiendo con alguien –le sonríe.

Kagome arquea una ceja sin entender, indudablemente ese era Kazuya, era exactamente igual.

–¿De qué hablas?

–Me equivoqué… –murmura Hikari atrayendo la atención hacia ella–. Ese no es Kazuya… –frunce el ceño notando su equivocación, se había confundido por la primera impresión.

–Pero Hikari, ¿qué quieres decir con eso? –mira confundida a su amiga siendo imitada por las dos doncellas que se mantenían en silencio, ellas tampoco veían la diferencia entre ese hombre y el responsable de realizar las pruebas.

–Su apariencia es idéntica, pero no su esencia –voltea hacia su amiga–. Kagome, fíjate, ¿la presencia que sientes al estar con Kazuya la percibes ahora?

Kagome alzó la vista nuevamente, fijándose en la sonrisa del hombre, entonces notó algo extraño en ella, no era la misma sonrisa de siempre… una esencia maligna cubría a esa presencia.

–Tiene una excelente vista señorita –le sonríe a Hikari–, pero no era para menos, después de todo usted es la amante de mi hermano.

Sorpresa general causaron esas palabras, miradas alternadas sobre ese extraño hombre y la youkay de cabellos de fuego. Kagura y la Dama de Jade miraron fijamente a la chica que empuñaba su mano furiosa, mientras que Kagome no sabía cómo reaccionar, el secreto de su amiga había sido descubierto frente a Kagura y la Dama de Jade, ese hombre decía ser el hermano de Kazuya y… ¿cómo era que sabía del amor de Hikari sin nunca lo había visto?

–Mi nombre es Kimura, mucho gusto –anuncia sonriéndoles a todas–, es un placer conocer a las doncellas del ritual.

–Tú… ¿en verdad eres el hermano de Kazuya…? –Pregunta desconfiada la sacerdotisa.

–Claro que sí.

–¡Kazuya nunca te ha mencionado! –Le gritó enfadada la youkay.

–Eso es obvio, ya que él desconoce mi existencia.

–¿Cómo que…?

–Señoritas doncellas –la interrumpe–, les agradezco el venir a jugar conmigo, he estado mucho tiempo solo y tengo muchas ganas de divertirme.

–¿A qué te refieres? –Cuestiona ahora Kagura mientras se cruza de brazos.

–Este es mi rincón del laberinto, puedo hacer lo que quiera aquí, así que me gustaría que jugaran conmigo todo el tiempo posible… claro, antes de que mueran –sonríe de lado al ver el desconcierto de las doncellas.

–Oye tú, Kimura, primero quiero que me expliques, ¿cómo es que Kazuya no sabe de tu existencia? No creo que seas su hermano.

–Señorita –voltea hacia la morena–, para ser humana usted es alguien muy irrespetuosa, ¿lo sabía?

–Sí, me lo han dicho muchas veces –sonríe.

–Pues para que entienda, soy el hermano de Kazuya pero no de sangre, sino de alma, todas las personas o criaturas que han entrado a este laberinto y han podido salir dejan una parte de su alma en él, sin saberlo claro está –extiende sus brazos–, yo nací del alma que dejó aquí Kazuya al entrar y salir del laberinto.

–Entonces si nosotras logramos salir…

–Una parte de su alma quedará aquí encerrada, pero no tienen de que preocuparse –sonríe–, porque si mueren en este lugar su alma completa quedará atrapada para siempre.

–Espera un segundo, ¿no es peligroso que un pedazo de su alma quede aquí?

–No, además es algo inevitable, es el sacrificio que pide el laberinto al dejarte salir, señoritas, para que lo sepan… ustedes nunca encontrarán la salida a menos que el mismo laberinto lo quiera, él decide quien sale o no.

–A eso se refería Kazuya al decirnos que habían presencias en su interior…

–Bueno, bueno, aunque disfrute de la conversación es aburrido sólo hablar, una vez estén muertas y queden atrapadas podremos seguir platicando –mueve su mano y rompe los cristales que las separaba–. ¡Es hora de jugar!

Mientras tanto fuera del laberinto se encontraban Kazuya, Sesshoumaru, Irasue y Kasumi, las demás doncellas habían regresado cada una a su habitación.

–Ya llevan cinco horas en el laberinto… creo que es momento de que vaya al centro del laberinto para esperarlas…

–Kazuya, déjame decirte algo antes –advierte la mujer deteniendo a su sirviente-

–Dígame señora.

–Este es un pequeño detalle sobre la prueba que ni tú ni mi hijo conocen.

–¿Qué es? –el youkay la mira confundido notando como a su lado Sesshoumaru también frunce su ceño.

–La razón porque deben llegar hasta el centro de este laberinto antes de media noche no es precisamente sólo para pasar la prueba.

–¿A qué se refiere?

–Cualquiera que entre en ese laberinto y no logre salir de él o llegar hasta su centro antes de medianoche desaparecerá, se perderá en una nueva dimensión de la que nunca podrá escapar.

–Eso… no puede ser… –Kazuya mira preocupado hacia el laberinto, eso era algo que él no sabía y no pudo advertir debidamente a Hikari o a Kagome.

–Ya no puedes hacer nada por ayudarlas Kazuya –amplía su sonrisa–, ahora todo depende de ellas.

–¿Por qué nos ocultaste esto? –Exige ahora Sesshoumaru mirando con molestia la burlesca sonrisa de su madre.

–¿Hubieras hecho algo si te lo decía? ¿Hubieras alertado a esa humana? –Fija sus ojos en los de youkay inspeccionándolos–. Dime Sesshoumaru, ¿cuál es tu objetivo?

–Eso ya lo sabes.

–No, no lo sé –frunce su ceño–, así que me gustaría oírlo de ti.

–Obtener el poder de mi padre y no tener que aceptar este molesto compromiso.

–¿Eso es todo?

–Sí –la mira desafiando su fría mirada, sin dejarla ver más allá de sus ojos, no, no permitiría que su madre pudiera descubrir algo que ni siquiera él puede aceptar.

–Sesshoumaru, es hora de irnos –interviene Kazuya apoyando una mano en el hombro del youkay–, te llevaré hasta el centro del laberinto.

–Nos vemos a medianoche –les sonríe a ambos mientras los ve desaparecer y cuando se ve nuevamente sola frunce su ceño mirando hacia el laberinto.

–¿Ocurre algo señora Irasue? –Pregunta la youkay a su lado.

–Siempre me ha molestado que Sesshoumaru se parezca su padre… –suspira–. Sólo deseo que no cometa sus mismos errores.

Continuará…


Hekate ama, respondiendo tu pregunta, en realidad no había pensado en el epílogo así que no sabría qué decirte, el fic no tiene un final claro en mi mente todavía.

¡Gracias por leer! ^^

~ Cindy Elric ~