Nota de la traductora: Mil perdones por la tardanza! Ni siquiera tengo excusas para el horripilante retraso... pero hoy mismo subo hasta el capítulo 4.
Gomennasai! _
Todos mis permisos de traducción están en orden. Kinky Robot fue muy amable al permitirme traducir su hermoso fic *0* Arigatou! xD Así que sin más que decir… ¡Qué comience la función!
Aclaración más que obvia: Guilty Crown no me pertenece, ni tampoco ninguno de sus personajes (bueno, con Daryl y Gai hay q hacer una excepción, porque SI son míos xD)
Capítulo 2: Viejos Enemigos
Yahiro besó a Kanon suavemente a lo largo del hombro. Su blusa estaba desabotonada, su cabello desarreglado, el resto de sus ropas regadas por el piso, y sus cuerpos tumbados sobre la cama.
"Yahiro, detente." Gimió Kanon en su oído. "Aún estoy enojada contigo." Dijo dándole un pequeño mordisco a su oreja.
"¿Y eso por qué?" Deslizó la mano por debajo de su blusa hasta llegar al broche del sujetador.
"Porque el otro día estabas con una 'linda chica rubia`según Ayase" dijo besando su cuello. "Estoy muy celosa."
"No lo estés." Con un click logró desabrochar el sujetador. "Ya te dije que solo es un cliente."
"Lo se, ¿pero cuándo le vamos a decir a todos que estamos juntos?"
"No estamos juntos," rió a la vez que trataba de sacarle la blusa por completo. "Solo estamos jugando, ¿cierto?"
Kanon detuvo su mano y siseó, "¿Qué quieres decir con que solo estamos jugando?"
Alarmado, Yahiro explicó, "No quiero una relación seria en estos momentos. Estoy muy ocupado para mantener una novia de verdad. Tu también estás muy ocupada, ¿cierto? ¿Así que por qué no mantenemos las cosas casuales?"
Kanon tomó su abrigo. "¿Casuales? ¡Hemos salido por meses y aún quieres mantener las cosas casuales!" Se deslizó fuera de la cama y se cubrió el pecho con su abrigo azul marino. "Eres un idiota."
Yahiro solo se sentó en la cama mientras Kanon salía corriendo la de la habitación con los ojos llenos de lágrimas. Con fuerza, azotó la puerta dejando a un inquieto y callado Yahiro. Él se estiró y bostezó, alcanando un paquete de cigarrillos de su mesita de noche. Encendió uno y le dio una gran calada.
"Tch. Mujeres."
"Un mocca frappe con crema batida, por favor. ¿Qué hay de ti, retoño?" Preguntó Tsugumi alegremente a su tímido acompañante. Lo observó fruncir el ceño y ajustar su corbata azul a la vez que miraba el menú. Se veía un poco nervioso.
"Dame un segundo, ¿quieres? ¡Hay demasiada basura azucarada en este menú! ¿Es en serio? ¿Café francés con vainilla? ¿Té de jasmín y leche con miel? Todos esos nombres tan adornados suenan abominables." Daryl frunció el ceño mientras buscaba algo decente que ordenar. Dio un vistazo hacia su inesperada cita quien llevaba puesto un vestido café con muchos adornos.
¡Mierda! ¿Se habrá ofendido?
¿Por qué está mirando hacia mi pecho? Pensó Tsugumi cruzando los brazos sobre los holanes de su vestido. "¡Apresúrate!"
Demonios, creo que si se ofendió. Geez ,¡no me voy a disculpar por algo como eso! Quiero decir, su vestido SI que tiene muchos adornos. No me molesta ni nada, yo solo hice una aclaración, eso es todo. ¡No hablaba de su vestido! En realidad se ve muy bien con él. Daryl movió la cabeza rápidamente. ¡Mierda, Daryl! Tienes que concentrarte. Concentrate, concentrate, concentrate.
Lanzó el menu al mesero. "¡Solo traeme un maldito expreso! Pueden hacer algo tan símple como eso en esta pobre imitación de cafetería, ¿cierto?"
El mesero solo atinó a dar un rápido acentimiento antes de salir corriendo. Tsugumi levantó una ceja hacia Daryl. "Sé que odias las cosas dulces, pero no debiste tratar al pobre chico de esa manera.¡No te hizo nada!"
Daryl la miró severamente. ¡Esta enana me vuleve loco! "¿Crees que me importa?"
"Deberías tratar de ser más amable con los demás." Tsugumi hizo un puchero y volteó hacia la ventana. Dio un largo y exasperado suspiro. ¿Cuál es su problema? Volvió la vista hacia la mesa y se topó con un Daryl malhumorado. Su cabeza se encontraba agachada y sus ojos parecían perdidos en una memoria lejana.
"Bueno, cuéntame. ¿Cómo lograste sobrevivir al colapso del GHQ?"
"Alguien me salvó," replicó con la voz entrecortada. "Salí usando una cápsula de escape." Movió el salero y pimentero como si fueran piezas de ajedrez. "Sabes, la persona que me ayudó a escapar me dijo lo mismo que tú. Que si tenía otra oportunidad, debería ser más amable con las personas. 'En el fondo eres un buen chico`, dijo." Usó el pimentero para tirar el salero. "Ha. Qué buen chiste, ¿cierto?"
Tsugumi miró con amargura como Daryl trataba de dar una risa falsa. No pudo evitarlo. Tenía que hacer algo para hacerlo sentir mejor.
"Hey, siento haberte hecho recordar algo triste." Trató de reconfortarlo colocando su mano sobre la de él, pero con este gesto inocente, Daryl se apartó bruscamente y la miró con ojos llenos de terror como si un recuerdo horroroso lo estuviera persiguiendo.
¿Por qué? ¡Sus manos están heladas! Como las de…
En su mente, podía sentir un par de manos igualmente frías y escuchar una pequeña voz gritando. `¡Mamá! ¡Despierta! ¡Mamá! Podía ver las gotas de lluvia golpeando contra la ventana de esa mañana de Agosto quince años atrás cuando encontró a su madre muerta.
Todo ocurrió muy rápido. Su madre, Maria Steiner fue una ingeniera en Sephirah Genomics. Sufrió una severa depresión y agorafobia, el miedo a espacios abiertos. Por eso trabajaba desde casa y vivía una vida recluída, dejando a duras penas su dormitorio. Aún así, cuando el pequeño Daryl la despertaba por las mañanas podía abrir sus enormes ojos amatista y sonreír gentilmente antes de decir "buenos días, mi querido Daryl". Desayunaban juntos en la cama antes de que él tuviera que marcharse a la escuela. Ella no podía hacer las cosas que una mamá normal haría, como llevrlo al cine o recogerlo después de la escuela, pero eso estaba bien para ella pues lo amaba más que a nadie.
La mayoría del tiempo Daryl regresaba a casa para encontrar a su madre trabajando frente al ordenador. Ella se giraba, le quitaba los lentes y le daba la bienvenida con un beso en la frente. Ambos comían en la pequeña mesa en la habitación. Algunas veces, el mayor-general Yan se les unía en las raras ocaciones en las que regresaba a casa de Japón. Si él se encontraba en casa, almorzaban en silencio. Cuando madre e hijo cenaban a solas a Daryl le encantaba contarle a su madre historias de la escuela y María reía a carcajadas disfrutando de la compañía de su hijo. Antes de marcharse a su habitación, él observaba a María cepillar su largo y brillante cabello rubio. Ella le sonreía a través del espejo y él se sentía muy feliz. Ambos tenían el mismo color de ojos.
Rara vez encontraba la puerta de su dormitorio cerrado. Algunas veces presionaba su oído contra la antigua puerta de madera y escuchaba otra cosa más que silencio. Mamá está enferma de nuevo. Él cenaría solo, incluso s su padre se encontraba en casa, pues no importaba qué, todo regresaría a la normalidad por la mañana. La puerta se encontraría sin seguro y todo sería como si nada hubiera pasado.
También habían ocasiones en las que podía escuchar a su madre gritando al interior de su dormitorio. Las cosas se estrellarían y romperían. Podría escuchar cortinas y sábanas ser desgarradas. Sin embargo, lo más difícil de soportar eran aquellos sollozos desesperados de demencia más allá de la puerta cerrada.
Durante estos incidentes, los sirvientes llamaban a Charlotte y a Charles Gespenst, la hermana de María y su cuñado. La tía Charlotte era psiquiatra y solo ella tenía llaves para entrar al cuarto de su madre. Daryl escucharía desde el pasillo cómo el tío Charles trataba de contener a su madre. Un metrónomo comenzaría a sonar lentamente mientras la tía Charlotte hablaba lentamente: "sigue el movimiento de la pluma. Perfecto, Maria. Ahora puedes sentir tus párpados volverse más pesados lentamente…". Él escucharía hasta que sus tíos salieran de la habitación con una pluma ornamentada y un viejo metrónomo. La tía Charlotte lo cargaría y le diría "todo estará bien por la mañana". Siempre funcionaba de esa manera, pero hubo una ocasión en la que no fue así.
En su décimo cumpleaños, Daryl se tomó el día libre. Despertó a su madre. Sus ojos estaban hinchados y su rostro estaba cubierto con lágrimas secas por el episodio de la noche anterior. Aún así, pasaron todo el día leyendo cuentos y jugando en su habitación. Esa tarde, ambos se ataviaron con sus mejores ropas: el pequeño Daryl con un traje blanco y María con u vestido dorado pálido. Tuvieron una comida formal con una bellísima tarta de fresas como postre. Él sopló sus velas y dijo "te amo, mamá" con una enorme sonrisa en su rostro.
"También te amo, cariño", respondió dulcemente pasando sus cálidos dedos sobre sus cabellos dorados.
Después de la cena, Daryl permaneció despierto más tarde de lo usual aún con la emoción de los eventos del día. Se sentó frente a la ventana de su dormitorio jugando con sus robots cuando divisó un auto familiar cruzando la carretera rumbo a la mansión. Apagó las luces pensando que su padre lo regañaría por estar levantado tan tarde. Se sorprendió al ver que no era su padre, sino su tío Charles quien entró silenciosamente en la casa. Salió a hurtadillas de su dormitorio rumbo al pasillo en donde vio a su madre abrir la puerta de su dormitorio para recibir a su tío con un beso en los labios.
El ligero golpeteo de la lluvia lo despertó al día siguiente se dio un baño rápido y se alistó para ir a la escuela antes de saltar por el pasillo hasta el dormitorio de su madre. De un brinco se subió a la suave cama de dosel a un lado de ella. "¡Buenos días, mamá!" ella no se movió. Su rostro se veía pálido pero adorable y sereno. Sus labios se veían cenicientos pero mostraban una sonrisa tranquila
"¿Mamá?" Tocó su mejilla. Se sentía fría. Tomó su mano. Estaba helada y no se movía. "¡Mamá!,¡Mamá, despierta!" Ella no lo hizo. Sacudió sus hombros lo más fuerte que pudo.
¡MAMÁAAAAAAA!
"¡Hey!, ¿qué está ocurriendo?" Tsugumi sacudió sus hombros mientras él tenía la mirada perdida. "Daryl, ¿qué tienes?"
"¿Por qué...?, ¿por qué tus manos están tan frías?" dijo, regresando lentamente a la realidad.
"¡Está helando aquí! El aire acondicionado está demasiado alto." Dijo apretando sus hombros juguetonamente. "¿Eso es todo?, ¿estás preocupado porque me pueda enfermar? Estoy bien, en verdad." Trató de darle una sonrisa tranquilizadora.
"¿En serio?" tomó una gran bocanada de aire y trató de controlar la repentina marea de pesadillas. Se quitó sus guantes de cachemir y se los ofreció a ella. "Toma, úsalos un rato".
Tsugumi los tomó cortésmente los guantes y se los puso. Eran demasiado grandes para sus manos y demasiado suaves. ¡Oh… estas cosas deben costar una fortuna! Esta tela es de alta calidad. Se sentía muy agradable mientras los colocaba sobre su cuello. Aún puedo sentir su calor en ellos. Cepilló sus mejillas con los guantes, tan blancos como la nieve, y detectó una leve esencia de lavanda. ¿Será esta la esencia de Daryl? Tiene un aroma melancólico pero dulce y masculino.
"¿Terminaste ya de restregar tu rostro con mis guantes?" Con la barbilla recargada sobre su mano, Daryl la observó con asombro. Wow, ha estado acariciando su rostro por al menos treinta segundos. Ese extraño comportamiento duró lo suficiente para distraerlo de su trance y calmar sus emociones.
"¡Oh, lo siento! Es que se sienten maravillosos…" Palmeó y pellizcó su rostro para disimular el sonrojo que se estaba formando en sus mejillas.
"Nunca lo había pensado así. Solo pensé que me hacían ver bien." Declaró con una sonrisa y un fabuloso movimiento de cabello.
"No me digas…" dijo con una sonrisa traviesa justo antes de que sus órdenes llegaran. El mismo mesero al que Daryl había golpeado indirectamente en las tripas con el menú colocó el moca helado frente a Tsugumi y la pequeña taza con el café exprés de Daryl sobre la mesa sin consideración.
"Gracias" susurró tímidamente Daryl apartando la mirada. El mesero sonrió y se alejó con un asentimiento. Tsugumi también sonrió notando el esfuerzo que había puesto en pronunciar esa pequeña palabra de amabilidad. Tomó la cereza que se encontraba encima de la crema de su bebida y se la ofreció.
"¿Qué es esto?, ¿me estás dando más comida chatarra?"
Tsugumi frunció el entrecejo y acercó la cereza a su rostro. "Es una recompensa por ser amable. ¡Solo guarda silencio y tómala!".
Sorprendido, Daryl cerró los ojos. Recordó el día en el que se conocieron en el festival de la escuela, cuando ella lo obligó a cargar la pila de cajas. Debido a su posición en el GHQ nadie se había atrevido a hacerlo levantar un dedo, mucho menos hacer trabajo manual. Le enfureció que esa pequeña enana se hubiera siquiera atrevido a obligarlo de esa manera, pero a Tsugumi no le importó. No le importó saber quién era cuando le pidió ayuda, y tampoco le importó cuánto se quejó en el camino, aun así le dio una manzana acaramelada. Fue la primera vez en años que alguien la daba algo como recompensa. No importaba cuanto lo intentara, nunca podía obtener siquiera un asentimiento de aprobación de su padre. La última persona que lo trató con amabilidad fue su madre, pero eso fue antes de dejarlo de la manera más egoísta posible.
"Di ´Aaaah´"
"Uuuh" abrió la boca ligeramente. Con un rápido movimiento, Tsugumi colocó la cereza dentro de su boca. "Ahora muérdela", y él lo hizo complacientemente mientras separaba el tallo de la fruta. "¿Qué tal está?"
Daryl abrió los ojos para encontrar a una sonrojada Tsugumi. Avergonzado ante esa asquerosa pero aun así deliciosa muestra de afecto, carraspeó y se concentró en masticar la cereza. "Odio las cosas dulces."
"Si eso dices…" rio y después tomó un sorbo de su bebida. " Como sea, ¿qué has estado haciendo desde que escapaste?, ¿a dónde fuiste?"
Daryl trago la cereza. "¡Yuk!" Sacó la lengua con repulsión. "Bueno, supuse que sería el único oficial de alto rango de la GHQ con vida por lo que sería perseguido, así que abordé secretamente un avión de regreso a América. Estuve huyendo por el mundo desde entonces. Viví en Río, Paris, Dubái, Bangkok y después en Manila donde recibí noticias de que la ONU aceptó mi petición de perdón por ser criminal de guerra bajo la defensa de que yo solo seguía órdenes de los altos rangos de la GHQ. Con mi nombre limpio, pude regresar a Japón."
"¿Por qué?"
"¿Y por qué demonios no?" Se rehusaba a admitir que había regresado a buscarla. ¡Sobre mi cadáver! "¡Estás haciendo demasiadas preguntas, enana!"
"Bien, ¿y por qué no me haces una pregunta?" Tsugumi giró su cabeza hacia un lado. Debió haber sido muy difícil tener que huir durante todos esos años. Se sintió mal por él. Debió haberse sentido muy solo.
"Uhm… ¿cómo has estado?" preguntó tímidamente antes de darle un sorbo a su expréso caliente.
"He estado bien. Terminé la preparatoria e Tennozu Daiichi con mis amigos, ¿recuerdas ese lugar? Fue donde nos conocimos."
"¿Cómo olvidarlo? Me ahogaste con una enorme paleta."
"¡Era una manzana acaramelada!, y era deliciosa, ¿no lo crees?"
Daryl se encogió de hombros. Recuerda haber lamido la apetitosa confitura pero no pudo terminarla. Removió la golosina del delgado palito de bambú y la tiró a la basura, pero secretamente conservó el palito en una caja de recuerdos bajo su cama.
"Como sea. Después de la preparatoria estudié para convertirme en maestra, y dentro de poco tomaré mi examen de licenciatura el próximo mes el día veintitrés."
"¿En serio? Es mi cumpleaños, ¿lo sabes?"
"¡Oh, wow! Podríamos organizar una pequeña fiesta después del examen."
La expresión de Daryl se volvió malhumorada de nuevo, "No lo sé. No he celebrado mi cumpleaños en un largo tiempo."
"Está bien; nunca es demasiado tarde para empezar de nuevo." Chilló Tsugumi.
Daryl estaba atónito al escuchar eso. ¿En verdad haría eso por mí? Guardó silencio. No estaba seguro de qué decir.
"De acuerdo, olvídalo. De todas formas era una tonta idea." Se enfurruñó.
"No sabes nada sobre mí."
"Sé que quiero saber más sobre ti" hasta ella se sorprendió por su descaro. "Y puedo darme cuenta de que estás solo."
¿Qué? Estudió sus profundos ojos azules pero no pudo encontrar nada más que honestidad.
"No puedes confiar en mí. Traté de matarte una vez."
"Me salvaste una vez."
"Soy tu enemigo."
"Ya no más." Tsugumi miró directo a esos ojos violeta vidriosos por el miedo y la duda. "El Apocalipsis terminó. Tú y yo… no. Cualquiera. Todos podemos estar del mismo lado ahora." Le tendió una mano enguantada. "Podemos ser amigos."
Daryl quería tomar su mano pero dudaba. ¿Realmente ya no somos enemigos? Tiempo atrás traté de matarla porque quería elegir cómo sentirme. Cuando pienso en ella pierdo el control. Me pierdo a mí mismo. ¿Quién puedo ser si no soy Daryl el asesino? Hice todo lo que estuvo a mi alcance para olvidar lo que siento por ella. No lo entiendo. Incluso hoy siento como si estuviera en una lucha. ¿Realmente podemos ser amigos?
Él tomó su mano y se dio una oportunidad.
"¡Yei!" exclamó Tsugumi con alegría.
"¡Pero no te atrevas a darme otra recompensa! Si como otra de esas basuras azucaradas creo que voy a vomitar." Soltó su mano con renuencia y pretendió arreglar su cabello de nuevo.
"De acuerdo, no más basura azucarada" dijo sintiéndose extremadamente extasiada por el inesperado resultado.
Él es todo un desastre, ¡pero sigue siendo endemoniadamente irresistible!
"¡Cien!" exclamó Ayase mientras colocaba la última galleta en la larga bandeja. ¡Lo bueno es que no nos pusimos como meta hacer doscientas de cada una! Tomó una pequeña caja de galletas extras y rodó hacia el espacio desde donde Shu estaba sentado pasando los dedos sobre líneas de Braile. "Aquí hay unas cuantas galletas extras. Gracias por tu esfuerzo."
"¡Yo soy el que debería agradecerte! En realidad yo no hice nada para ayudar." Shu sonrió con agradecimiento y tomó la cálida caja, llevándose una galleta a la boca. "Adoro el olor de galletas recién orneadas" Le dio un mordisco a la masa de chocolate. "¡Son maravillosas, Ayase! Seguro que Haruka amará esto. Con suerte sólo el aroma le hará olvidar lo tarde que llegaré a casa." Sonrió ansiosamente mientras imaginaba el infantil mohín que haría su madrastra.
"¡Tienes razón, no me había dado cuenta de lo tarde que es!" remarcó mientras limpiaba los pequeños montoncitos de harina que habían quedado sobre la mesa. "Me pregunto dónde estará Tsugumi…"
Shu cerró su libro y tomó otra galleta. "Seguro se quedó jugando videojuegos." Ella pasó su dedo a través de la superficie. "Sabes lo competitiva que puede llegar a ser."
"Pero no puedo evitar preocuparme" arrugó la toalla de papel y la arrojó al bote. Falló completamente. "Tsugumi ha estado trabajando muy duro." Rodó a través de la cocina para recogerlo. "Con los exámenes tan cerca ha estado volviéndose un poco loca."
"¿Cómo es eso?" Preguntó Shu encarando a Ayase.
"Bueno, ¡si ella hace otro pequeño Fyuneru esta casa estará llena de ellos!" Arrojó la toalla de papel dentro del bote.
Shu rio y replicó. "Si, no paro de chocar contra ellos. ¡No hay ningún lugar a salvo para el discapacitado visual!" Cerró con cuidado la tapa de la caja. "¿Crees que haya algo más ocupando su mente?"
"Bueno, le dio a Fyuneru una esposa e hijos." Se acercó a él. "Creo que desearía estar con esa persona."
"¿Quién?"
"¡Es un secreto!"
Shu sonrió en su dirección. "Me alegra que estés aquí."
Ayase se sonrojó furiosamente. "¿A-a-aquí?"
"Si. Es bueno saber que ustedes se hacen compañía la una a la otra."
"Ooooh, claro. No es la gran cosa." Decepcionada, maniobró hacia el refrigerador y colocó las galletas que ya se habían enfriado adentro de éste. Justo en ese momento Fyunero, Fyunierin y sus tres pequeños niños Fyu zumbaron y repiquetearon frente a la puerta delantera. Zumbidos y chiflidos recibieron a una radiante Tsugumi.
"¡Hola Shu!, ¡Ayane!, ¡estoy en casaaa!" Tsugumi prácticamente entró bailando en la cocina. "¡Oh, chicos, no creeran a quién me encontré!"
Ayase cerró el refrigerador. "Lindos guantes."
"¿Qué?" Tsugumi miró sus manos. "¡Oh no, lo olvidé por completo!" Corrió de regreso a la puerta delantera.
"¿Qué es lo que acaba de ocurrir?" preguntó Shu.
Ayase respondió, "no tengo idea."
Tsugumi dio una zancada hacia el borde del edificio. Espero que no se haya alejado demasiado. Se agarró del barandal y se inclinó sobre el borde escudriñando la calle de abajo. Divisó una familiar cabellera rubia. Se encontraba hablando enérgicamente con una mujer elegantemente vestida. La mujer abrió sus brazos mientras Daryl se acercaba para darle un fuerte abrazo.
=Fin del capítulo 2: Viejos enemigos=
Nota de la autora: ¡Estoy tan impactada como ustedes! ¡No, mi bebé Daryl!¡ Eres miooooo! Huhuhuhu.
Y lo se, lo se. Yahiro es un idiota, ¿pero a quién le sorprende? Después de todo tuvo la nazística idea de clasificar a la gente en base a sus voids. Como sea, espero que les haya gustado mi interpretación de la infancia de Daryl. Una tristísima historia, ¿no?
¡Pero esperen, hay más de lo que creen!
Muchas gracias por sus hermosos comentarios. Estoy planeando esta historia para uno capítulos más para que me dé oportunidad de introducir un poco de intriga y acción. También podrán aprender un poco más sobre la "mujer elegantemente vestida", un personaje original que estaré presentado con más detalle el próximo capítulo.
Con amor.
Kinky Robot.
