Buenas noches, me demoré un poco pero estoy de vuelta, les he traído un nuevo capítulo de este fic, lo hice un poco más largo para que perdonen la espera, lo siento.

Como siempre les agradezco sus review y espero que les guste la continuación.

¡Que estén bien! ^^

~ Cindy Elric ~


Vigesimoprimera Melodía: Juego

–Señoritas, me pregunto cuál será un bueno juego para compartir con ustedes…

–Deja de decir tonterías, será mejor que nos dejes salir de este lugar –reclama la sacerdotisa mientras se cruza de brazos.

–No tengo tiempo para perder con alguien como tú –resopla la Dama de Jade dándoles la espalda a todos, alzando la mirada y examinando ese extraño lugar.

–Yo tampoco –asiente Kagura, habían desperdiciados valiosos minutos que podrían haber utilizado para buscar la salida del laberinto.

–Para ser doncellas ustedes en verdad son insolentes, me pregunto, ¿cómo piensan convertirse en buenas esposas?

–Eso no tiene nada que ver –gruñe con molestia Hikari, aunque su aspecto fuese el mismo al de Kazuya, ese demonio no se parecía en nada y eso la irritaba demasiado.

–Hikari no te enojes conmigo o sino mi hermano también se enfadará, ¡ya sé! Será más entretenido si juego contigo –sonríe ante la idea.

–¿De qué hablas? ¡No dejaré que le hagas nada a Hikari! –Lo enfrenta Kagome mientras se acerca a su amiga.

–Pues tú y las demás ya me están cansando con su insolencia y arrogancia –chasquea sus dedos y vuelve a encerrarlas en lo que parecía una pared de cristal, sonriéndole a la única que dejó libre–. Hikari, ¿jugarías conmigo?

–¡Kagome! –Grita acercándose al cristal que encerraba a su amiga golpeando con fuerza y comprobando que era igual de fuerte al de antes.

–Lo siento pero eso es inútil, además es mucho mejor así ya que no tenemos que escuchar sus molestas quejas.

La Dama de Jade reunió toda su energía golpeando el cristal pero sólo logró hacerlo temblar provocando la sorpresa de Kagura que conocía el poder de la youkay y una sonora carcajada de Kimura.

–Este lugar me pertenece, lo que desee ocurrirá y si no quiero dejarlas ir simplemente no podrán escapar, lo siento mucho pero todo el laberinto es igual, cada alma tiene su espacio y es dueña de hacer lo que quiera en él… entonces me pregunto… ¿qué piensas hacer para salvar a tus amigas, Hikari?

Kagome y las dos doncellas podían escuchar perfectamente las palabras del demonio, pero sus voces no lograban traspasar el cristal por lo que la sacerdotisa sólo podía ver a su amiga empuñar su mano y mirar con furia al youkay que bajaba para ponerse frente a ella.

–¿Qué quieres que haga?

–Que juegues conmigo, quiero conocer a la mujer que mi hermano tuvo el descaro de escoger.

–¿Cuál es el juego?

–Veamos… que te parece esto, si logras resistir todos mis ataques te dejaré marchar.

–¿Qué pasará con Kagome?

–¿Kagome? Bueno… ¿qué tal esto? Si logras esquivarme –alza un dedo–, y al mismo tiempo alcanzarme con un ataque –alza otro dedo–, las dejaré ir a todas.

–¿Sólo eso? –Pregunta creando una llama en su mano derecha.

–Sí, sólo eso –sonríe al ver que la chica se preparaba.

–¡Ten cuidado Hikari! –Grita la sacerdotisa aunque supiera que no sería escuchada.

Entonces fue que el primer ataque del youkay no se hizo esperar, golpeando el cristal en donde se encontraba Kagome y haciéndolo temblar, Hikari se alejó rápidamente para luego verificar la imagen de su amiga viendo si había recibido algún daño, suspirando aliviada al confirmar que se encontraba bien.

–¡¿Es que acaso estás demente?! –Le grita Kagome reponiéndose del susto, notando la sonrisa del demonio y enfadándose aún más.

–No te escucho pero supongo que estás enfadada.

–Estúpido… –gruñe cruzándose de brazos al notar que sus gritos no servían de nada y luego se fija en el primer ataque de su amiga que fue hábilmente esquivado.

Los ataques se hacían cada vez más certeros, golpeando en reiteradas ocasiones los cristales de las doncellas que sentían como la energía los hacía temblar casi rompiéndolos, después del décimo ataque Kimura logró alcanzar una de las piernas de la youkay, haciéndola perder el equilibrio pero sin caer ya que estaba suspendida en el aire.

–¡Hikari! ¡Hikari! –Ve cómo su amiga es herida y cuando se acercó a su cristal tocó la pared tratando de alcanzarla aunque fuera inútil, viendo como Hikari al notarlo la imita tocando su mano y sonriéndole.

–Estoy bien Kagome, no te preocupes –suspira con sinceridad, el daño había sido el mínimo, a pesar de verse impresionantes esos ataques no eran tan peligrosos como lo pensó, eso logró aliviar un poco su tensión.

–Dejen de hablar –advierte el demonio–, aunque estén separadas siguen siendo igual de habladoras –reúne energía en una de sus manos y la lanza hacia la youkay, golpeando nuevamente el cristal alejándola de ahí.

Entonces fue que Kagome notó algo extraño, dejó de concentrarse en los ataques de su amiga para mirar los del youkay, viendo claramente la energía que usaba para atacarla, los movimientos que utilizaba para hacerlos…

–Falla a propósito… –se dijo a sí misma, notando lo inútiles que eran en ocasiones, cuando parecía tener su blanco justo donde podría herirla gravemente simplemente se conformaba con herir una de sus extremidades ni siquiera de gravedad, miró hacia el cristal a su izquierda y luego al de la derecha, notando los ceños fruncidos de las youkay, dándose cuenta de que ellas también lo habían descubierto, pero había alguien que aún no lo notaba, Hikari estaba tan preocupada de esquivar y atacar que no se daba cuenta todavía.

–No me digas que estás cansada –le pregunta sonriendo mientras la chica trataba de recuperar el aliento–. Esperaba un poco más de ti, ¿sabes?

–¡Hikari! ¡Hikari! –Grita golpeando con todas sus fuerzas el cristal tratando de llamar su atención, pero la demonio se encontraba demasiado preocupada en desafiar la molesta sonrisa de quien tenía enfrente–. Maldición Hikari… ¿cómo hago que me escuche…?

–Es imposible –pronuncia el youkay mirando a la sacerdotisa y sonriendo a la vez.

–¡¿Puedes escucharme?! –Lo mira sorprendida y nota que su sonrisa se amplía–. ¿Por qué haces esto? Sé que no tienes intenciones de herirla, ¿por qué la atacas? ¿Qué quieres?

Kimura fijó su vista en la doncella frente a él y frunció el ceño.

–Te propongo un nuevo trato –habla en voz alta–. Si accedes a quedarte en este lugar las dejaré ir… ¿Qué opinas? ¿A qué sí soy una buena persona?

Las tres doncellas prisioneras escucharon esas palabras, sorprendiéndose y mirando a la youkay de cabello de fuego, esperando su respuesta, sólo una de ellas temía sus palabras.

–¿Quedarme aquí? ¿Planeas tenerme de prisionera?

–Es una buena opción, ten por seguro que nunca podrás alcanzarme con esos ataques, al igual que Kazuya yo puedo aparecer y desaparecer cuando quiera así que es inútil… piensa esto, mientras más demoren terminará la prueba y nadie podrá pasarla, me pregunto si eso será un problema para tu amiga…

Hikari volteó a mirar a la sacerdotisa, pensando en sus palabras, reflexionándolas, era verdad, no podría alcanzarlo o por lo menos no lo haría antes de que terminara el ritual… Kagome quería superar esa prueba, no podía retrasarla más… le sonrió a la sacerdotisa haciéndola temer sus palabras, vio claramente como la chica golpeaba el cristal con todas sus fuerzas y gritaba algo, adivinó sus palabras y no pudo más que ampliar su sonrisa.

–Está bien, me quedaré aquí contigo –dijo cerrando sus ojos, escuchando como los cristales tras ella eran quebrados y sintiendo como la sacerdotisa corría a su lado.

–¡Hikari! ¿Por qué? No tenías que…

–Sí tenía Kagome –la interrumpe–, nunca lo lograría, además tú tienes un objetivo que alcanzar, quiero que cumplas tu deseo.

–No puedo dejarte aquí –toma las manos de su amiga–, yo sé que puedes ganarle, no te des por vencida, por favor…

–Ya ha aceptado, el trato está hecho –dijo el hombre tras ellas.

–¡Tú cállate! ¡¿Cómo piensas que aceptaré esto?! ¿Qué voy a decirle a Kazuya? ¿Cómo voy a mirarlo a los ojos cuando le diga que dejé a Hikari? ¿Cómo le diré que dejé que le arrebataran a quien más quiere? –Trataba de limpiar las lágrimas que recorrían sus mejillas, sin cuidado, con rabia mientras era observada en silencio–. ¡Nunca permitiré que se quede aquí!

–Lo siento, pero esa no es tu decisión –dice haciendo aparecer una luz sobre ellas.

–¡No! ¡Hikari! ¡Por favor!

–Kagome –le sonríe–, todo está bien, quizás una vez ganes el ritual puedas visitarme –amplía su sonrisa reteniendo sus propias lágrimas.

–Pero… tú no puedes…

–Dile al príncipe Sesshoumaru que fue un placer el conocerlo… y a Kazuya que lo amo… que siempre lo amaré…

La luz cegó a las doncellas que luego se vieron nuevamente en el laberinto, cada una en el lugar que estaba antes de ser atrapadas, sin saber la ubicación de la otra.

–¡Maldición! ¡Hikari!

Irasue se encontraba tomando el té cuando sintió algo que la hizo estar alerta llamando la atención de su acompañante.

–¿Ocurre algo señora Irasue?

–Una presencia ha desaparecido, sólo quedan tres doncellas en el laberinto.

Kagome corrió con todas sus energías tratando de encontrar a su amiga, aunque sabía que era inútil, en ese lugar era imposible encontrar cualquier cosa… entonces notó algo que llamó su atención, una sombra a lo lejos, corría rápidamente y ella pensó que quizás podría ser de ayuda seguirlo, corrió tras él, sin descubrir su verdadera forma, apenas si notándolo al doblar por las numerosas esquinas del lugar.

–¡Atrápame!

La sacerdotisa escuchó claramente esa voz, era de un hombre… no, de un niño… corrió con más fuerzas aumentando la velocidad, acortando la distancia.

–¡Espera! ¡Detente por favor!

–¡Alcánzame si puedes!

–Maldición, mocoso… –gruñe al verlo hacerle una mueca y vuelve a aumentar la velocidad, estirando sus brazos, sintiendo que podía tocar el largo cabello del niño frente a ella, fueron necesarios tres minutos de carrera y dos aumentos de velocidad para poder agarrarlo de su ropa, haciéndolo detenerse y ella sentándose exhausta en el suelo mientras lo sujetaba con fuerzas–. Ni siquiera lo intentes porque no te dejaré escapar.

–¡Suéltame! –Se queja el niño tirando de su ropa sin poder liberarse.

–Ni lo pienses –sonríe y mira con más calma al pequeño, le parecía extrañamente familiar, en especial su largo cabello blanco, no sabía porque le parecía conocido pero estaba completamente segura de haberlo visto antes–. ¿Cuál es tu nombre?

–Kazuki –le responde mirándola por fin.

–¿Se-Sesshoumaru…? –La chica no pudo más que abrir sus ojos y su boca hasta su límite, ese niño era idéntico al youkay, bueno, a excepción de sus nombres y su actitud, sintió que su agarre perdió fuerzas cuando el niño pudo liberarse pero se apresuró a tomarlo de donde pudo tirándole de esa manera el pelo.

–¡Maldita! ¡No me tires el pelo! –Se quejó mirándola furioso.

–Y-Yo… lo siento… –se disculpa soltando el cabello para volver a sujetarlo de la ropa, se aceró a él examinándolo detenidamente, su rostro era infantil (como el de cualquier niño), su estatura le recordó a la de su hermano menor, pero lo que la convencía eran ese par de ojos dorados, eran iguales a los del demonio, bueno, más brillantes y expresivos pero finalmente idénticos–. ¿Eres Sesshoumaru?

–Ya te dije que me llamo Kazuki, humana estúpida –le dijo cruzándose de brazos y haciéndole un desprecio.

–Cierto… –susurra mientras una gota cae tras su nuca, si, ese niño definitivamente era Sesshoumaru–. Te pareces mucho a Sesshoumaru.

–Claro, soy el hermano de Sesshoumaru, ¿acaso Kimura no te explicó todo? –Arquea una ceja mirándola despectivamente, nunca había conocido a alguien tan tonto y eso que se había topado con otros humanos.

–Sí, pero tú eres un niño…

–La primera vez que Sesshoumaru entró al laberinto fue siendo niño así que por eso yo lo soy, mujer tonta –le hace un nuevo desprecio.

–¡Respeta a tus mayores! –Lo golpea en la cabeza casi recordando como Inuyasha golpeaba a Shippou por lo que se arrepintió enseguida.

–¡Eres una salvaje! ¡Por eso ningún humano ha podido salir del laberinto! –Se queja llevándose las manos a la zona golpeada–. ¡Espero que te pudras aquí!

–Niño mal criado, cuida tus palabras que yo soy más fuerte que tú… –advierte reprimiendo un nuevo golpe–. Pero bueno, ¿y tú que haces aquí? ¿Cómo es que Sesshoumaru se metió en este lugar siendo tan pequeño?

–Para que sepas a él lo abandonaron aquí, su madre lo dejó diciéndole que si no era capaz de superar esta prueba no sería digno del poder de su padre, es una mujer desagradable de eso no hay duda –decía mientras se cruzaba de brazos recordando aquel suceso.

–¿Lo abandonaron? ¿Tan pequeño…? –Kagome sintió tristeza por el niño y por el youkay, eso había sido cruel tomando en cuenta de que había sido su madre la responsable, bueno, de algún lugar tenía que sacar lo cruel y despiadado.

–Sí, me acuerdo que le tomó un día encontrar la salida, después de todo un niño youkay es más hábil que una mujer como tú –responde sonriendo esperando el enfado de la chica a su lado, pero al contrario ella se mantuvo en silencio, eso lo sorprendió un poco.

–Fue abandonado en este horrible lugar… –sus ojos se cristalizaron, no por Sesshoumaru sino por el recuerdo de su amiga, ella la había abandonado, la había dejado sola y ahora estaba con ese demonio tan desagradable.

–¿Qué te pasa? ¿Qué le pasan a tus ojos? –La mira con confusión, los ojos de la mujer estaban cargados de algo extraño, algo que nunca había visto, eso llamó su atención.

–¿Eh? ¿A mis ojos? –Toca sus mejillas y las siente húmedas, no había notado cuando había derramado esas lágrimas–. Esto no es nada… sólo… yo… –siente el nudo en su garganta, no había tenido tiempo de llorar la pérdida de su amiga, no pudo gritar cuanto quiso y ahora parece que no podría detenerlo, sin importar esa confusa mirada sobre ella, los ojos del pequeño que trataban de entre intimidarla y descubrir que era lo que pasaba.

–¿Qué ocurre? –Pregunta esta vez con genuino interés, nunca había visto antes a alguien que le saliera agua por los ojos–. ¿Cómo haces eso? ¿Es un poder o algo así?

–¿Poder? ¿De qué hablas? –Frunce su ceño.

–De eso… –alza una mano indicando los ojos de la mujer–. ¿Qué son y por qué salen de tus ojos?

–¿Esto? –Dice tomando una de sus lágrimas y poniéndola en la mano del niño–. Se llaman lágrimas, las personas la derraman cuando están tristes o felices.

–¿Y cuál es tu razón? ¿Estás triste o feliz?

–Estoy triste… me quitaron algo importante y no pude hacer nada al respecto… –sonríe con tristeza, notando y adivinando la nueva confusión del niño–. No todas las sonrisas son por felicidad, algunas veces alguien puede sonreír porque una situación es demasiado para él y no sabe cómo reaccionar, o simplemente porque el destino te juega una cruel broma y lo único que queda es reír.

–Eres extraña… –no había otra palabra, esa mujer era alguien incomprensible.

–Quizás por eso Sesshoumaru siempre dice que no me entiende…

–Pero aun así te quiere –agrega alzando su vista al cielo.

–¿Eh? –La sacerdotisa dudó si ese niño entendía el verdadero significado de lo que decía, quizás y hablaba de otra cosa sólo equivocándose de palabra–. ¿A qué te refieres?

–Como yo comparto su alma, aunque no estemos juntos puedo saber todo lo que pasa con él, lo que piensa no, pero si soy capaz de notar los cambios de su esencia, el constante contacto contigo lo ha cambiado… su esencia ya no es la misma…

–Bueno… ahora está más quejumbroso, antes sólo me ignoraba y ahora discute conmigo, no es un cambio agradable déjame decir.

–¿Todos los humanos son iguales de estúpidos o eres sólo tú? –Sonríe de lado ante el nuevo enfado de la joven–. No estoy hablando de sus peleas inútiles,

–¿Entonces de qué hablas? Habla claro niño –se cruza de brazos ofendida.

–Digo que Sesshoumaru está empezando a sentir algo por ti –responde también cruzando sus brazos.

Continuará…