¡Hola! He venido con un nuevo capítulo, espero que les guste y como siempre lo he hecho les agradezco todos sus reviews, parece que ahora se arregló todo porque me llegaron todas las alertas a mi mail, por fin… me avisan si alguna tiene problemas con algún capítulo por favor.
¡Cuídense y nos estaremos leyendo pronto! ^^
~ Cindy Elric ~
Vigesimosegunda Melodía: Lágrimas
–Niño estúpido.
Kagome se levantó al ver a Sesshoumaru que había aparecido de la nada frente a ellos, mientras que a su el niño la imitó mirando con frialdad al youkay.
–¿Qué haces aquí Sesshoumaru? –Pregunta preocupada y cuando lo reconsideró retrocedió un paso mirando con desconfianza al otro–. ¿Eres el verdadero Sesshoumaru?
–Claro que sí mujer tonta –resopla el niño que la mira de soslayo, para luego mirar al youkay–. ¿Qué haces aquí hermano?
–No soy tu hermano y no le digas cosas estúpidas a esa mujer –frunce su ceño molesto por la conversación que había escuchado, bueno, las últimas dos frases del niño.
–Sesshoumaru no seas malo con él –interviene ante la actitud del demonio–, estábamos conversando.
–Tú cállate, siempre haces cosas innecesarias, deberías estar buscando el centro del laberinto –ahora la miró a ella, desafiando esa molesta mirada.
–¡No me vengas con eso! Esta es mi prueba y la paso como quiera hacerlo.
–¿Aun crees que lograrás pasar? –Se ríe de la terquedad de la mujer.
–Niño, tú…
–Lárgate de aquí –interrumpe la queja de la sacerdotisa mirando con odio al pequeño–, nadie necesita tu presencia aquí.
–Tú no eres mi jefe, yo hago lo que quiero –se niega cruzándose de brazos, ese demonio siempre que iba lo exasperaba, se creía mucho por ser más fuerte que él–, yo hablo con quien quiera y digo lo que se me dé la gana.
–Maldito…
–¡Ni te atrevas Sesshoumaru! –Vuelve a intervenir al notar las malas intenciones del demonio, apresurándose a ubicar al pequeño tras ella–. Si serás estúpido, ¿no te das cuenta que este niño eres tú? Simplemente estás discutiendo contigo mismo –lo mira enfadada, esa discusión podría durar una eternidad ya que ninguno daría su brazo a torcer, no, los dos eran iguales de orgullosos.
–Sesshoumaru tiene miedo que diga algo que lo perjudique –sonríe con burla aun tras la mujer.
–Bastardo… –prepara un ataque, asesinaría a ese mocoso si no se callaba–, no digas tonterías, yo no te tengo miedo.
–A mí no, pero a lo que puedo descubrir sí –reta con suficiencia.
–No puedes descubrir nada.
–Pues yo creo que sí.
–No te atreverías.
–Sí lo haría.
–¡Ya es suficiente! –Grita hastiada–. Sesshoumaru lárgate de aquí que esta es mi prueba y no te necesito, y tú pequeño –voltea–, tú vas a venir conmigo, tenemos una conversación pendiente.
–No dejaré que se escapen –advierte formando un látigo en su mano, atacando a un costado fallando a propósito.
–¡¿Es que estás demente?! –Le grita furiosa volviendo a proteger al niño tras su espalda, por poco y el ataque los alcanza.
El niño sabía que el ataque había sido desviado, estaba seguro de que su hermano no se atrevería a lastimarlos por mucho que los amenazara pero aun así también sabía que la mujer no se había dado cuenta y aun así lo había protegido.
–Sesshoumaru, que bueno que te encuentro –dice Kazuya apareciendo a su lado–, sé que extrañas a Kagome pero no puedes intervenir en la prueba.
–Cállate –el youkay lo mira con todo el enfado retenido.
–¿Y ahora qué te pasó? –Mira al frente encontrándose con la sacerdotisa y al pequeño niño–. Ah, hola Kagome, ¿cómo va todo? –le sonríe.
Kagome sintió que algo se rompió en su pecho al ver esa sonrisa, tan sincera, tan amable como siempre, si él supiera… si supiera que ella había abandonado a Hikari… tenía que decirle, debía explicarle lo ocurrido pero no podía, no ahora… era demasiado para ella.
–Será… mejor que nos vayamos… –murmura tomando la mano del niño y corriendo lejos de ahí, sin poner atención en las quejas del pequeño o las miradas sorprendidas de los youkay que los vieron marcharse.
–Es una chica interesante ¿no? –le pregunta Kazuya mirando hacia el cielo.
–¿Qué te propones? ¿Acaso aun no notas que la presencia de una de las doncellas desapareció?
–Sí, pero no se de quien se trata, aunque tengo un mal presentimiento…
–Tu deber sólo es observar –advierte–, no puedes interferir.
–Tú tampoco puedes hacerlo y aun así viniste para callar a ese niño.
–Eso es porque soy más valiente que tú –responde volteándose y regresando al centro del laberinto.
–Quizás sea verdad… –suspira–. Sólo espero que mi presentimiento este errado.
…
Kagome corrió con todas las energías que le quedaban hasta que tuvo que detenerse, sentándose agotada, sin aliento, sin soltar aun la pequeña mano cautiva.
–Oye, suéltame de una vez… –se queja jalando su mano manteniéndose de pie.
–¿Podrías hacerme un favor? –Pregunta mirando en dirección contraria a los ojos del niño, evitando su curiosidad.
–¿Qué quieres ahora? –Arquea una ceja.
–Que no te quejes por lo que voy a hacer.
El pequeño la miró incierto, no sabía a qué se refería pero el tono de voz de la joven era extraño, tanto que no pudo negarse y sólo asintió, entonces ocurrió algo demasiado confuso para él, algo que nunca había hecho y que en verdad no conocía, la chica lo había jalado, ocultando su rostro en su pecho, abrazándolo con fuerzas mientras lo humedecía… estaba llorando otra vez pero no entendía porque, no creía que fuera por felicidad, no, eso era genuina tristeza… por primera vez en su vida sintió dolor sin estar herido, lo que animó a sus manos acariciar el cabello negro frente a él, sintiendo que ese contacto sólo logró aumentar las lágrimas y reforzar el agarre en su espalda, esa chica era demasiado extraña, todo lo que hacía o decía era inexplicable… pero de alguna manera empezaba a entender porque su presencia había afectado tanto a Sesshoumaru.
–Lo siento… –murmura cuando por fin puede tranquilizarse, sintiéndose más aliviada después de haber llorado debidamente, ahora podría seguir, podría enfrentar a Kazuya e intentar explicar lo sucedido.
–Eres extraña… –responde en voz baja.
–Muchas gracias –le sonríe, había hecho lo que le pidió, no se quejó por abrazarlo, hasta lo aceptó y la consoló, ese niño era muy dulce a pesar de ser Sesshoumaru… ¿o tal vez Sesshoumaru también lo era?
–Mujer estúpida, me mojaste todo el pecho –se queja limpiándose.
–Es sólo agua, se secará rápido y deja de llamarme así, mi nombre es Kagome para que lo sepas.
–Ya sé tu nombre, ¿olvidas que sé todo lo que Sesshoumaru sabe? –La mira de reojo verificando con cierto alivio que la mujer había recuperado su insolencia usual.
–Ah, verdad… termina de explicarme lo de hace minutos, ¿de qué hablabas?
–Ah eso, pues… –mira al cielo y sonríe de lado–. Es un secreto.
–¿Qué? Pero si no me explicaste nada.
–Oye, ¿te das cuenta que es pasado el mediodía y aun no has encontrado el centro del laberinto? No vas a ganar esta prueba si sigues perdiendo el tiempo.
–Se me había olvidado… por casualidad, ¿tú sabes dónde está?
–Sí, pero no puedo decirte, ninguna de las presencias aquí tiene permitido mostrar el centro o la salida del laberinto a los extraños.
–Qué lástima… –suspira–. Bueno, tendré que buscarlo por mí misma –se levanta–, ¿quieres acompañarme? –Le ofrece su mano mientras sonríe.
Kazuki la miró unos segundos para luego hacerle un desprecio.
–Te acompañaré, pero ni pienses que tomaré tu mano.
–Está bien… –suspira pesadamente, ese niño se parecía a Sesshoumaru, eso era un hecho, aunque él hablaba más, quizás lo que decía el niño en voz alta Sesshoumaru se lo decía en su mente.
–¿Es que no piensas caminar? –Arquea una ceja al ver la inmovilidad de la chica.
–Claro… –otra gota cayó por su nuca, por primera vez agradeció que Sesshoumaru fuera un youkay callado.
–Humana, la chica que…
–Kagome –lo corrige–, si no me llamas por mi nombre no te haré caso –se cruza de brazos mientras camina.
–Mujer estúpida… –murmura.
–¿Disculpa?
–Kagome –rueda sus ojos–, esa chica llamada Hikari, ¿por qué se quedó con Kimura?
–¿Eh? –Al escuchar su nombre bajó la mirada fijándola en el camino–. Hikari se quedó con ese despreciable demonio para poder salvarme…
–¿Despreciable? ¿Para salvarte? Oye, ¿es que acaso estamos hablando del mismo youkay? –La mira con confusión.
–Pues yo hablo del hermano de Kazuya, el que apareció hace minutos junto a Sesshoumaru.
–Sí, su hermano es Kimura, pero él no es despreciable, hasta diría que es más bueno que yo.
–¿Qué? ¿De qué hablas? –Ahora la confundida era ella, no podía entender sus palabras.
–Kimura es un youkay que llega a ser desagradable por su bondad, el laberinto lo castigó encerrándolo en esa dimensión especial por ayudar a un extraño a salir del laberinto, por eso yo no tengo un lugar especial como él.
–Yo creía que eso era porque eres muy pequeño para tenerla…
–No digas cosas tontas, además yo soy bastante fuerte para que sepas –se jacta cruzándose de brazos–. Mi verdadera pregunta es, ¿por qué esa mujer se quedó con él? ¿Acaso ella no quería ganar el ritual?
–Claro que sí, pero ella quería salvarme, Kimura le dijo que si se quedaba con él me dejaría ir.
–¿Él las amenazó? Qué raro…
–Sí, hasta la atacó y la lastimó… aunque ahora que recuerdo nunca fue de gravedad…
–A ese Kimura le gusta jugar, hacer bromas, pero nunca lo he visto atacar a alguien… eso es demasiado extraño.
–Ahora que lo dices, ustedes por ser hermanos de la persona original, ¿tienen la misma personalidad?
–La misma que tenía la persona al entrar al laberinto.
–Entonces… si Kazuya entró Kimura debería tener su misma personalidad, pero eso no concuerda con lo que vimos.
–Kimura es un tonto, de seguro tiene un plan secreto o algo así.
–¿Eso crees?
…
–¿Y qué piensas que haga encerrada aquí para siempre? –Le pregunta enfadada la youkay de cabello de fuego mientras mira a su alrededor.
–No será para siempre, sólo por unas horas, minutos antes de medianoche te dejaré ir.
–¿Qué? Pero tú dijiste que…
–Hikari –la interrumpe–, ¿sabes qué pasa si los extraños no llegan al centro o el final del laberinto antes de medianoche durante el ritual?
–Pierden.
–No sólo eso –niega–, quedarán atrapados para siempre.
–¿Y entonces tú…?
–No dejaré que eso te ocurra, minutos antes de medianoche te mostraré la salida.
–¿Qué es lo que ganas con esto?
–Que pierdas la prueba, sé que tú podrías ser la ganadora de este ritual pero no lo permitiré, no dejaré que te cases con Sesshoumaru.
–Kimura, tú…
–Lo siento por mi hermano, quizás me odie cuando se entere… –sonríe.
…
–¡Kazuki!
Ese grito llamó la atención de la sacerdotisa y del niño, quienes se voltearon al mismo tiempo descubriendo a quien había aparecido tras ellos.
–¿Qué haces con esa humana?
–E-Ella es… ¿Irasue? –Kagome sintió temor, no pensaba encontrarse con la mujer en ese lugar.
–Mi nombre es Kanoe –corrige frunciendo su ceño–. ¿Qué se supone que haces con esa mujer? –Pregunta ahora dirigiéndose al niño.
–Sólo la estoy acompañando, no le estoy ayudando ni nada –responde a la defensiva, esa youkay era alguien muy cruel y él lo sabía.
–Él no está haciendo nada malo, no tiene porque…
–Este no es tu asunto –la interrumpe–, no te metas.
Tanto como la sacerdotisa y el niño se pusieron alerta ante su actitud, Kagome entendía que ella era la hermana de la madre de Sesshoumaru, pero se veía más joven que la youkay que ella conocía, no demostraba esa actitud elegante y demoniaca, su presencia era simplemente maligna.
–Kazuki, lárgate de una vez, no tienes nada que hacer al lado de una raza tan repugnante.
A Kagome le sonaron muy familiares esas palabras, después de todo sí había sido responsabilidad de esa mujer la actitud de Sesshoumaru ante los humanos.
–Si Kazuki quiere puede quedarse conmigo, tú no puedes forzarlo a hacer algo que no quiera –desafió los ojos de la youkay, sí, tenía miedo, pero no pensaba dejarse intimidar.
–Eres tan despreciable como lo había imaginado, si crees que no te haré nada estás muy equivocada, perfectamente podría asesinarte si lo quisiera.
–No te tengo miedo.
–Kagome, no la desafíes… –le advierte con preocupación–, esa mujer es muy fuerte y cruel.
–Kazuki, no te preocupes –le sonríe–, de alguna manera saldremos de esto.
–Mujer estúpida… –suspira pesadamente el niño, no le haría caso aunque le diera mil razones por las que debería retroceder y callarse.
–Si lo que quieres es morir eso por mi está bien –desenvaina una delgada espada–. De esta manera Irasue no tendrá que preocuparse de ti.
Kagome sacó una de sus flechas y se puso en posición para recibir cualquier tipo de ataque.
–Humana estúpida, ¿de verdad crees que puedes ganarle? –El niño la miraba con evidente miedo, era imposible que pudiera ganar.
–Kazuki ya te dije que no me digas así –tensa su arco.
–Por lo menos no eres cobarde –blande su espada cortando el aire a su alrededor–, pero no basta con sólo ser valiente.
–Kazuki, ponte tras mío.
–Pero tú no…
–Obedéceme por una vez –le sonríe y luego ve como el niño le hace caso.
–Está bien, si quieres morir… –sonríe de lado–, te ayudaré.
Continuará…
