¡Nuevo capítulo!
Trato de mantener el ritmo para no demorarme tanto en actualizar, así que estoy actualizando mis historias por lo menos día por medio, antes de que vuelva a trabajar y me falte tiempo, eso será la próxima semana así que tendrán que tenerme un poquito más de paciencia, ¡aunque haré todo lo posible por mantenerme tal cual!
Bueno, sin más que decir espero que les guste este capítulo, me encanta imaginarme a Sesshoumaru de niño, ¡sería tan lindo!
¡Que estén bien! ^^
~ Cindy Elric ~
Vigesimotercera Melodía: Discusión
El ambiente que los rodeaba es tenso, la sacerdotisa esperaba que la youkay atacara, pero al ver que no se movía decidió terminar con esa situación tan abrumadora así que atacaría primero.
–Kagome, no lo hagas…
Kagome miró hacia todas las direcciones buscando quien le había hablado.
–¿Qué pasa? –Le preguntó el niño tras ella.
–¿Escuchaste eso?
–¿Qué cosa?
–Parece…
–No la enfrentes…
–¡Ahí está otra vez! –Mira al niño que se muestra confundido–. ¿Es que acaso no la escuchas?
–Yo no escucho nada –responde imitando a la chica mirando en varias direcciones.
–¿Qué pasa? ¿Te acobardaste? –Se burla la youkay al ver que la mujer no la atacaba.
–No le hagas caso, escapa, nunca le ganarás…
–¡¿Quién eres?! –Pregunta mirando hacia el cielo.
–¡Ya deja de jugar! –Advierte y aprovechando que la sacerdotisa estaba distraída la ataca derribándola pero sin dañarla realmente, sólo logrando romper su arco.
–¡Kagome! –Grita el niño corriendo hacia donde había sido lanzada la chica–. ¿Estás bien?
–Sí Kazuki, no alcanzó a herirme… –dice poniéndose de pie y mirando con tristeza su pobre arco, ahora no tendría con qué atacar.
–Te aseguro que el próximo ataque acabará contigo –amenaza volviendo a agitar su espalda en el aire.
–¡Ya basta Kanoe! La humana no tiene con qué pelear, no es justo atacar a alguien desarmado –se queja mirándola furioso.
–Niño entrometido –frunce su ceño hacia el pequeño–, tú cállate, ya te dije que te largaras.
–No dejaré que le hagas daño –se ubica frente a la sacerdotisa–, no me interesa que seas más fuerte que yo.
–¿Te atreves a proteger a una humana? –Arquea una ceja y lo mira con desprecio–. Irasue debió criarte mejor.
–Lo hizo, pero después de que saliera del laberinto así que yo no soy como mi hermano –sonríe de lado–, no dejaré que la toques.
Kagome se sintió estúpida por haberse sonrojado, ese niño decía cada cosa y el que fuera parecido a Sesshoumaru lo hacía aún más confuso.
–Es tu última oportunidad, lárgate si no quieres morir.
–Atrévete a atacarme –se pone en posición defensiva.
–Kazuki, no lo hagas…
–¿Quién me habló? –pregunta el niño mirando hacia todas las direcciones.
–¿Lo escuchaste Kazuki?
–Sí, es la voz de una mujer.
–Huyan o ella los matará…
–Dejen de perder el tiempo –los miró furiosa–, ya me hartaron, acabaré con ambos de un solo ataque.
La youkay blandió su espada, atacando con todo su poder a quienes tenía enfrente pero al mismo tiempo que el poder casi los alcanzaba unas ramas atraparon al niño y a la sacerdotisa arrastrándolos hacia una de las paredes del laberinto perdiéndose en ellas.
–Maldición… –Gruñe Kanoe guardando su espada–. Es una entrometida.
…
Kagome y Kazuki abrieron sus ojos, había sido algo tan caótico que aún no se recuperaban del todo, una vez más tranquilos se dieron cuenta que se encontraban suspendidos en el aire y debajo de ellos se extendía un amplio océano.
–¿En dónde estamos?
–Bienvenidos, disculpen por traerlos tan repentinamente.
–¿Quién eres tú? –Kagome vio a la mujer que aparecía frente a ellos, era hermosa, más o menos de su edad y les sonreía amablemente.
–Así que eras tú Kotori… –dijo el niño cruzándose de brazos–. Creí que estabas castigada al igual que Kimura.
–Lo estoy –le sonríe al pequeño–, pero este es mi último día así que tengo poder suficiente como traerlos a este lugar.
–Disculpa… pero era tu voz la que escuché antes de llegar con Kimura, ¿cierto?
–Sí Kagome, yo quise detenerte pero en esa ocasión no pude hacer nada… –responde bajando levemente la mirada.
–¿Cómo sabes mi nombre? ¿Nos conocemos? –La mira confundida, estaba segura de no haberla visto antes, aunque… esa mujer le transmitía una sensación familiar.
–No, nunca nos habíamos visto, pero alguien muy especial me habló de ti.
–¿Quién?
–¿Fue ese tipo no es así? –Interviene el niño mirando con seriedad a la mujer.
–Sí Kazuki, pero no hables así, él te quiere mucho, ¿sabes? Por eso siempre que puede viene a verte –le sonríe.
–Pues yo nunca se lo he pedido –se queja cruzándose de brazos.
–Disculpen… ¿de quién hablan?
–Del padre de Sesshoumaru, Inutaisho –mira a la chica–. Ayer vino a visitarme y me habló de ti, me dijo que si podía, intentara ayudarte.
–Ah, ya veo… eso lo explica, pero… –mira detenidamente a la mujer–. ¿Tú eres humana?
–Mujer estúpida, ¿es que no lo habías notado? Ella es humana igual que tú.
–Pero tú me dijiste que ningún humano había podido salir antes del laberinto.
–Nunca lo han logrado por sí mismos, pero su hermana no salió por si sola la ayudaron… –mira a Kotori–. Fue ese tipo el que la vino a buscar si mal no recuerdo.
–Sí, Inutaisho salvó a Izayoi y por eso pudo salir del laberinto.
–E-Espera un segundo, ¿tú eres la mamá de Inuyasha? Es decir, la… ¿tía? –Sintió que todo ese asunto empezaba a dolerle la cabeza.
–Cierto, Inutaisho me dijo que conocías a ese joven, tengo curiosidad de cómo será –sonríe.
–Bueno mujer, ¿se puede saber por qué nos trajiste aquí? –La mira de soslayo manteniendo su desprecio.
–Porque no quería que Kanoe les hiciera daño y como ustedes no hicieron caso de mis advertencias tuve que arrastrarlos a este lugar.
–Todo es culpa de esta humana –indica con desprecio–, la estúpida creyó que podría ganarle.
–¡No digas eso! Además tú te metiste sin permiso, yo te había dicho que te mantuvieras a un lado.
–Pues no tenía intención de ver como peleaban sin hacer nada.
–¿Y a ti que te importa lo que me pase a mí?
–Para que sepas me importa, si te mueres aquí de seguro y Sesshoumaru vendrá a matarme a mí por dejar que te lastimen.
–Ese youkay no tiene por qué culparte a ti, además no tiene por qué meterse.
–Claro, eso dices tú pero de seguro que él piensa otra cosa.
–Kazuki, Kagome, tranquilícense por favor… –pida alzando sus manos viendo como la chica y el pequeño se miran con molesta, pero no pudo más que sonreír porque de todo el tiempo que conocía al niño nunca lo había visto compartir con alguien más de tres palabras seguidas.
–Eres un chiquillo mal criado, no me sorprende que Sesshoumaru sea así si cuando niño era como tú –se cruza de brazos.
–No me compares con él, somos completamente diferentes –le hace un desprecio.
–Sí, él es más fuerte –sonríe.
–Mujer estúpida.
–¡Que me llames Kagome!
–¡Mujer estúpida! ¡Humana despreciable! ¡Salvaje! ¡Habladora! ¡Insolente!
–¡Chiquillo estúpido! ¡Mocoso mal criado! ¡Eres una vergüenza para los youkay!
–¡Silencio por favor! –Gritó la mujer al sentirse ignorada por completo, sorprendiendo a los dos que por fin hacen silencio–. Kagome, sólo te quedan cinco horas para medianoche, no deberías perder el tiempo de esta forma.
–¡¿Cinco horas?! Pero si en el laberinto el cielo aún estaba claro, el sol ni se ha movido.
–El cielo que ves en el laberinto es una ilusión… perdiste mucho tiempo en la trampa de Kimura, en este momento está atardeciendo en el mundo real.
–Pero si sólo me quedan cinco horas… no podré llegar al centro del laberinto, perderé la prueba.
–¿Eso es lo único que te preocupa? –El niño la mira sorprendido–. ¿Acaso no te importa quedarte atrapada aquí para siempre?
–¿A qué te refieres?
–Si no logras encontrar el centro o la salida antes de medianoche te quedarás en el laberinto para siempre.
–¡¿Qué?! –Casi se cae de la sorpresa, el perder la prueba era algo que no quería aunque podría superarlo, pero el estar atrapada en el laberinto para siempre era simplemente absurdo–. ¡Ese estúpido de Sesshoumaru, ¿por qué no me dijo?!
–Él lo supo hace poco, sólo antes de entrar al laberinto su madre se lo dijo.
–Pero se encontró con nosotros dentro del laberinto, el muy idiota podría haberme advertido en vez de ponerse a pelear contigo…
–Bueno, como si hubiera significado algo, de todas maneras no hubieras sido más eficiente en tu búsqueda.
–Y tú… pequeño, ¿se puede saber por qué no me lo dijiste antes? –Lo mira enfadada.
–Pues tú nunca preguntaste –se cruza de brazos.
–Kagome, Kazuki, dejen de pelear por favor… –trata de tranquilizarlos mientras su propia paciencia era puesta a prueba–. Debes encontrar pronto el centro del laberinto, Kazuki ayúdala por favor.
–Kotori –voltea a mirar a la mujer–, tú bien sabes que no puedo, si lo hago me encerrarán como a ti o al estúpido de Kimura.
–No será por mucho tiempo, ya verás que el tiempo pasará volando –le sonríe.
–¡¿Cómo van a pasar volando diez años?! ¡Ni lo pienses! Además no tengo porque hacerlo.
–Yo tampoco he pedido tú ayuda, puedo encontrar el centro por mí misma –le hace un desprecio.
–Bueno, bueno, pero será mejor que empieces tu búsqueda enseguida… te dejaré lo más cerca que pueda del centro, espero que tengas suerte.
–Muchas gracias… –le sonríe–, si logro salir antes de medianoche, en cuanto pueda vendré a visitarte y quizás pueda traer a Inuyasha conmigo para que lo conozcas.
–Eso sería divino –le sonríe–. Kazuki espero que cambies de opinión.
–No cuentes con ello.
–Adiós, nos veremos pronto.
Una luz cubre a la sacerdotisa y al niño llevándolos de vuelta al laberinto, pero no en el mismo sitio en el que estaban.
–Esa mujer es estúpida –murmura mirando a su alrededor–, estoy seguro que se ganará unos años más por esto.
–¿Entonces estamos más cerca? –Ve que el pequeño le hace un desprecio y entiende que es así–. Bien, sólo queda encontrar la salida.
–Yo no te ayudaré.
–Sí, sí, lo sé, además no te he pedido ayuda… –lo mira de soslayo mientras empieza a caminar–, pero espero que me acompañes igual.
–No tengo nada mejor que hacer –la sigue con los brazos cruzados.
–Oye dime… ¿Por qué la madre de Inuyasha entró en el laberinto?
–Ella no entró, la dejaron aquí para que se perdiera… ¿a qué no adivinas quien fue? –sonríe con diversión.
–No me digas que Irasue…
–Esa mujer es una youkay despreciable –suspira–, sabía que su esposo la estaba engañando y quiso deshacerse de la humana, pero todo le salió mal porque ese tipo salvó a la humana y se fue con ella.
–Esa familia sí que es especial… –suspira pesadamente–, no es un buen lugar para criar a un niño, ya veo porque tú y Sesshoumaru son así.
–¿Qué quieres decir? –La mira ofendido.
–Que espero encontrar luego el centro del laberinto –responde esquivando la mirada del niño.
–Mujer insolente…
–Espera un segundo, si el padre de Sesshoumaru ha entrado y salido del laberinto, ¿también tiene un hermano aquí?
–Eso es obvio, ¿acaso no pones atención de lo que te dicen?
–Wow, me gustaría conocerlo…
–Oye, humana estúpida…
–De seguro y entró cuando era más joven de cuando lo conocí…
–¡Escúchame!
–Me pregunto si se parecerá a Sesshoumaru o a Inuyasha…
–¡Kagome te estoy hablando! –Grita furioso.
–Dime, ¿ocurre algo? –le sonríe.
–Eres una molestia –le hace un desprecio.
Continuará…
