¡Hola!

¿Me extrañaron¡ Yo sé que sí TT^TT

Lamento la demora, enserio u.u y pues bueno, hoy les traigo un capítulo más extenso que el anterior a modo de disculpas xD además que contiene una pequeña sorpresita :33

Muchas gracias de verdad por sus hermosos comentarios, son los que me impulsan a seguir escribiendo.

Los quiero mucho, y a leer :D

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Capítulo 7.- Monótono corazón.

Miradas. Simples acciones de cualquier persona, que podían hacer sentir como la más grande celebridad a Tony Stark. Excepto la escrutadora mirada de su secretaria y amiga personal Virginia Pepper Potts. Ella lo conocía bastante bien, de pies a cabeza, al derecho y al revés, por dentro y por fuera. Desde cualquier perspectiva que pudiese tener. Incluso sospechaba que ella sabía más de él, que él mismo. Por eso mismo se sentía incómodo en este mismo momento, cuando la mirada de ella lo atrapaba y él tenía que entretenerse en algo para no sucumbir ante ella. ¿Por qué las mujeres tenían un sexto sentido? Comenzaba a odiar esa cualidad.

—¿Entonces? —preguntó la rubia, mientras acomodaba su traje y depositaba los papeles de Tony sobre el escritorio de la oficina. Caminó a paso tranquilo hasta la cafetera y la encendió, siguiendo con la mirada el recorrido del café hacia la taza. Esperó durante algunos segundos, para que el castaño contestara.

—¿Entonces, qué? —respondió con otra pregunta, obviamente evadiendo la cuestión. Sabía perfectamente a lo que se refería esa mujer. Llevó dos dedos al nudo de su corbata y jaló un poco, aflojándola y sintiéndose un poco liberado. Odiaba tener que usarlas. Con un fuerte suspiro de cansancio, se derrumbó en el sofá de cuero, cerrando los ojos y sobando el puente de su nariz. No podía—ni quería—mirar a Pepper.

—Sabes de lo que hablo. ¿Qué te pareció el cambio de Steve? —todo lo contrario a lo que Tony esperaba, ella preguntó con un toque de picardía que le erizó los vellos de los brazos. Pero guardó silencio, fingiendo que no había escuchado la pregunta directa de la ojiazul—. Se ve bastante bien, ¿no lo crees? —volvió a preguntar, mientras se sentaba al lado del castaño con dos tazas de café en las manos. Dejó una en la mesilla de vidrio, y la otra la llevó a sus labios, saboreando con un gesto dulce. Aguardó algunos momentos más, pero su jefe seguía sin contestar—. Steve me pareció un hombre muy amigable y respetuoso, además bastante apuesto. Admito que por un momento dudé sobre el cambio, pero le ha favorecido completamente. Deberías haber estado allí, cada que salía de los probadores era como si-

—¿A dónde quieres llegar, señorita Potts? —por primera vez, después de algún tiempo, se dignó a mirarla directamente a los ojos, y entonces cayó en cuenta de su grave error: era lo que ella había querido desde el principio. Porque ahora esos grandes y perspicaces ojos azules lo observaban como un experimento de laboratorio. Eso le hizo gruñir con algo de fastidio. Ella se encogió de hombros, sin responder, tomando otro sorbo a la bebida. Tony se acomodó mejor sobre el asiento.

—A ningún lado, sólo estoy dando mi punto de vista. —le sonrió de forma rara, mientras frotaba su dedo índice sobre las pecas de su nariz—. ¿No te impresionó, Tony? —dejó la taza sobre la mesilla, y cruzó una pierna sobre la otra de forma elegante. Él la miró durante largos segundos, con una mirada entre seria e indignada. Después decidió contestar.

—Un poco, sí. Se veía bien. —fue su escueta respuesta.

—¿Bien? ¿Solo bien?... ¿O quizá: muy bien? —decidió seguir indagando. Tony la miró con el ceño fruncido, y entonces Pepper no pudo evitarlo. Soltó una pequeña risita, mientras los dedos de sus manos se movían de forma suelta por la tela de su falda de oficina.

—Bueno, quizá se veía bastante bien, ya lo había dicho antes, no me hagas repetirlo dos veces. Odio eso, y lo sabes. —la señaló con su dedo índice, mientras tomaba la otra taza de café y aspiraba el olor humeante de la cafeína. Dio un sorbo largo, saboreando en su paladar el exquisito sabor entre amargo y dulce— ¿Por qué tanta insistencia en saberlo? —le cuestionó, mientras volvía a tomar otro trago. Ella se encogió de hombros, con soltura, y pasó los dedos de su mano izquierda sobre su cabello rubio cenizo.

—Porque vi cómo lo mirabas. —y Tony casi escupe el café. Lo pasó de un solo trago rápido, y comenzó a toser un poco. Sus miradas se encontraron, y la satisfecha sonrisa de Pepper solo le confirmaba que haber fingido indiferencia no servía de nada cuando se trataba de hablar con ella. Definitivamente, Pepper lo conocía demasiado bien para su gusto. Tendría que ensayar más frente al espejo.

—¿Y? ¿Qué con que lo mirara? —lanzó la pregunta de forma brusca, y después se arrepintió. Maldita boca la suya. Bien podría limitarse a tomar café y guardar silencio, pues su empleada no lo estaba obligando a contestar, ¡pero no! Siempre tenía que terminar diciendo cosas de más. Ella también dio un largo sorbo a su café, como disfrutando la semi-angustia que los ojos color chocolate comenzaban a demostrar.

—Nada. Simplemente pensé que… —pero no terminó la frase. Sin decir una palabra más, tomó su taza y la puso en la mesa, para después arrebatar la de su jefe y hacer lo mismo con ésta. Entonces acortó la distancia entre ambos, quedando a menos de un metro de separación, con sus rostros muy juntos. Tony la miró sin decir ninguna palabra, pero repasando mentalmente las pecas de su secretaria. ¿Cuántas tendría? ¿Veinte? ¿Treinta? Ella le tomó una mano entre las suyas y después la palmeó, como si comprendiera algo de pronto—. ¿Sabes qué? ¡Olvídalo! Dejaré que tú lo descubras. —le sonrió y se alejó a paso tranquilo y elegante hacia el escritorio, donde tomó los papeles que había puesto ahí cuando entraron. Sin que su jefe se diera cuenta, cerró los ojos esperando que el monótono corazón de Tony pudiera cambiar algún día no muy lejano.

—Siento que todos a mi alrededor necesitan vacaciones, ¿sabes? Se ponen raros de repente. —le informó el castaño con una ceja alzada, mientras también se levantaba y acomodaba su traje, y ponía en su lugar la corbata. Ella lo miró con un gesto entre serio y divertido, como si entendiera algo que él no. Tony decidió dar el tema por zanjado.

—Cuando alguien trabaja contigo debe tener por lo menos tres semanas de vacaciones cada dos meses. Eres extenuante, Tony. —y se acercó al hombre con una pequeña sonrisa, mientras le entregaba los papeles. Le abrochó el botón del saco y salió de la oficina, seguida por su jefe.

—Eso precisamente me hace tan especial, señorita Potts. —

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Steve suspiró por milésima vez, mientras veía con gesto cansado la ropa que Pepper le había obligado a probarse y comprar. Se sentía como un abusivo por tanta amabilidad de parte de aquel hombre millonario. No era justo que gastara tanto dinero en él, si de todas formas se iría en algunos cuantos días. O al menos eso esperaba. Sus ojos azules se pasearon por la habitación. Ropa y más ropa estaba esparcida por todos lados: sobre la cama, en una silla, en el pequeño sofá, encima de algunos muebles, y aún había más dentro de las bolsas. También le dolían los pies por haber caminado tanto en aquel Centro Comercial. Salir de compras con mujeres definitivamente debería ser un delito. Sobre todo si se trataba de Pepper Potts.

Jarvis estaba ayudándolo a guardar todo en el ropero de tamaño exagerado con el que contaba su habitación de huéspedes, pero no era suficiente. Era mucho trabajo, y él estaba plenamente agotado. Así que sobó sus sienes con un gesto abatido, mientras sacaba más ropa de las bolsas. El silencio no era para nada incómodo, y hasta se sentía bien el tener al mayordomo a su lado. Él estaba acostumbrado a tratar con gente seria, porque hasta cierto punto él también lo era. Además Jarvis le recordaba vagamente a su tío cuando era más joven. Sonrió con algo de melancolía al recordarlo. ¿Cómo estaría?

—Señor Rogers, puede tomar una ducha si lo desea mientras yo termino de acomodar su ropa. —mencionó Jarvis mientras doblaba unas prendas y las metía en uno de los tantos cajones. Steve salió de sus pensamientos y lo miró de forma agradecida; asintió cuando sus miradas se cruzaron. En verdad necesitaba esa ducha. Así que sin pensarlo dos veces, tomó una toalla blanca y se metió en el baño.

Retiró su ropa dejándola con sumo cuidado—porque era nueva—en un mueble que había por ahí. Abrió el grifo según las indicaciones de Jarvis, para darse una ducha rápida, y cuando el agua se niveló en la temperatura adecuada que a él le gustaba, se introdujo. El agua corría por su cuerpo, relajando al instante sus tensos músculos. Suspiró y cerró los ojos, mientras frotaba sus rubios cabellos. Se sentía raro tener el cabello más corto, pues estaba acostumbrado a su antiguo corte, aunque no le importaba demasiado porque crecía rápido, así que seguramente cuando regresara a casa lo tendría como siempre.

Dejó que el agua corriera, mientras enjabonaba su cuerpo. Se sentía bastante extraño todo aquel cambio, desde las cosas, la tecnología, los modales. Las personas estaban muy cambiadas para su gusto, y tenía el presentimiento que no había descubierto ni siquiera una pequeña parte de ese mundo que era totalmente nuevo para él. Aunque era curioso por naturaleza, y quería saber qué otros misterios guardaba el mundo actual. Quería salir y dibujar aquellos inmensos edificios, pintar rostros, paisajes. Sus dedos ansiaban plasmar toda aquella maravilla en un trozo de papel. Entonces sonrió involuntariamente al recordar que Pepper le había comprado material para que él pudiera dibujar en esos días mientras volvía a casa. Esa mujer era excepcional.

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Cuando Steve salió del baño, se sorprendió al encontrar la habitación impecablemente limpia y acomodada, todo lo contrario a como la había visto cuando entró a ducharse. Llevaba una toalla sobre las caderas, cubriendo su desnudez. Jarvis ya no estaba, pero en su lugar había un par de prendas sobre la inmensa cama. Una chaqueta de cuero, acompañada por una camisa negra de botones y unos pantalones de mezclilla oscuros. Los zapatos reposaban encima de la alfombra junto a un par de calcetines. Sonrió un poco, Jarvis era modestamente un buen hombre. Le caía muy bien.

Se acercó a un mueble y vislumbró algunos perfumes y demás cosas para uso personal que de igual forma Pepper se había empeñado en comprar. Abrió la puerta que lo conducía al ropero y se sorprendió al ver todo perfectamente acomodado por secciones, incluyendo otros pares de zapatos casuales y deportivos. Se sentía como un verdadero abusador. Un leve frío le recorrió la columna y se recordó que seguía desnudo. Entonces volvió sobre sus pasos y comenzó a vestirse.

Tomó uno de los perfumes y roció un poco sobre su cuerpo, abrochó la camisa y subió con algo de dificultad los pantalones ajustados, colocó los calcetines y los zapatos, y por último, intentó—fallidamente—peinar sus rubios cabellos. Decidió solamente dejar que éste se acomodara cuando se resignó a que no lograba peinarlo como antes. Entonces se dio cuenta que había un espejo de cuerpo completo en una de las puertas del ropero, y caminó hasta allí para verse mejor. Se observó durante varios minutos atentamente, sintiéndose diferente, pero extrañamente bien. La ropa era cómoda y le sentaba bastante bien, y no es que él fuese ególatra o algo por el estilo. Admitía que tener el cabello de esa forma despeinada le regalaba algunos minutos más, pues cuando tenía el cabello más largo había que cepillarlo durante algún tiempo y acomodarlo. Eso había dejado de existir a partir de hoy. Además le daba un toque más, ¿Cómo decirlo? ¿Salvaje? Quizá no fuera la palabra correcta, pero acentuaba sus facciones mucho más.

Estaba contemplando las nuevas posibilidades que tenía al estar ahí, pues quizá no fuese tan malo descubrir cosas del futuro, si a fin de cuentas él no las viviría, no tenía inconveniente en disfrutarlas lo que fuera que durase su estancia en ese lugar. Llevó una de sus manos a su barbilla de forma pensativa, mientras buscaba de qué forma podría agradecerle al millonario su gesto de buena fe, cuando dos leves toques se escucharon en la puerta.

—Adelante, por favor. —alzó un poco la voz para que se escuchara del otro lado de la habitación. La puerta fue abierta sutilmente, y el rostro de Jarvis se asomó, buscando al rubio con la mirada. Lo encontró de pie frente al espejo totalmente vestido y peinado. Sonrió imperceptiblemente. Su elección de ropa le había quedado perfecta. Steve lo miró, esperando a que hablara.

—Señor Rogers, tiene visitas. —informó con voz monótona, mientras lo escrutaba con la mirada. Steve lo miró con confusión, dándole a entender que obviamente él no podía tener ninguna especie de visitas—. Son el señor Odinson y el señor Laufeyson. —entonces Steve recordó a ambos hombres que eran vecinos del Doctor Banner. Le asintió con un gesto amable y salió, seguido por el mayordomo algún par de pasos detrás.

Bajó las escaleras de forma algo rápida, mientras echaba un vistazo en la planta baja. Los encontró en la sala, ambos de pie, mirando a su alrededor en silencio. Cuando oyeron sus pasos ambos hombres voltearon, encontrándose con la renovada imagen del militar. Los hermanos sonrieron sorprendidos. Thor le dio una rápida mirada, mientras le hacía un gesto con la mano queriendo decir que se veía muy bien, mientras que Loki se tomó algún par de minutos para analizar su nuevo atuendo.

—Creo que Stark ha hecho algo bien, por fin. Te ves bastante bien. —sonrió de medio lado, mientras Steve le daba las gracias con un asentimientos de cabeza—. ¿Qué tal te está yendo por aquí? ¿Todo bien con Tony? —preguntó, mientras tomaba asiento. Jarvis acercó una bandeja con tres vasos grandes y jugo de limón. Después se retiró con una pequeña reverencia. Thor se sentó junto a Loki, y Steve un poco más separado de ellos—. Por cierto, ¿Dónde está Stark? —cuestionó de forma casual mientras servía el jugo en los tres vasos.

—Salió a medio día a su trabajo. —mencionó tomando el vaso que el pelinegro le ofrecía—. Pero no se preocupe, estoy perfectamente bien aquí. Creo que me están mimando demasiado. —comentó con una pequeña sonrisa, rascándose la mejilla derecha con su dedo índice—. La habitación que me dio es muy grande. Me siento como un abusivo. —se sinceró un poco. Dio un trago largo a su bebida, bajo la atenta mirada de los otros dos hombres.

—No te preocupes por nada de eso, Tony vive con lujos, no es nada del otro mundo. —Loki le restó importancia con un gesto de la mano, mientras pellizcaba imperceptiblemente la pierna de Thor, que hasta el momento había estado muy callado tratando de recordar su parte del plan. Ambos hermanos se miraron durante algunos tensos segundos, mientras Steve los veía con una sonrisa, sin ser consciente de nada. Thor miró al más chico con confusión y obvio olvido, y Loki sólo pudo rodar los ojos. Maldita la hora en que había decidido usar a Thor como su aliado. Entonces el rubio de barba pareció recordar algo, por fin.

—¿No te aburres, Steve? Porque sabemos que Tony se pasa la mayoría del tiempo fuera de casa o en su taller—. comentó mientras pasaba un brazo por el respaldo del costoso sillón, y cruzaba una pierna encima de la otra. Dio un trago a su bebida, mientras que con su mano libre se pasaba el cabello hacia atrás. Llevaba una coleta baja que sostenía sus rubios cabellos, pero había uno que otro mechón rebelde que se escapaba. Loki lo miró detenidamente, porque adoraba ese gesto en su hermano. Lo excitaba ver cómo acomodaba su cabello, pero no es como si pudiera lanzársele encima con Steve enfrente de ellos. Tenía que controlarse al menos un par de horas.

—A decir verdad, no. Ayer fue un día agotante, y hoy fui de compras con la señorita Potts. —comentó con una sonrisa mientras dejaba el vaso vacío en la mesilla de vidrio. Loki le dio un pequeño codazo a Thor para que volviera a hablar, pues sabía que su hermano poseía un poder de convencimiento muy bueno. A él se le daba más hacer los planes, y a Thor persuadir.

—¡Pues no se diga más! —comentó poniéndose de pie, y haciendo alarde de sus casi dos metros de altura. Su chaqueta verde se contrajo cuando él cruzó los brazos sobre su fuerte pecho. Loki también se puso de pie, seguido del rubio más bajo. Steve no sabía a qué se refería con aquellas palabras—. Nos vamos a celebrar, ¡tienes que conocer la ciudad, y qué mejor que con nosotros! —y le sonrió mientras tomaba a los otros dos del antebrazo y los dirigía a la entrada principal de la casa. Tomó las chaquetas de sus acompañantes y le dio unas rápidas indicaciones a Jarvis mientras salían por el elevador sin darle tiempo a Steve de rebatir absolutamente nada. Sólo atinó a ver la pequeña mueca del mayordomo y sus ojos brillantes y preocupados.

Loki sonrió. Definitivamente, el poder de Thor era la persuasión.

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Tony bostezó con cansancio, sobando con su mano derecha detrás de su cuello, para aliviar la tensión que sentía en ese momento. Se dejó caer sobre su costosa silla de cuero, mientras contemplaba la ciudad. La noche comenzaba a cubrir el cielo, y las luces de los edificios se hacían cada vez más brillantes. Cerró sus ojos buscando algo de paz. Había tenido un día bastante agitado y agotador entre juntas y negocios para la empresa, a pesar de que Pepper se había hecho cargo ya de la mayoría de los preparativos. Definitivamente no quería estar en el lugar de la mujer. Ahora comprendía un poco el por qué siempre estaba con los nervios a flote.

Sin pensarlo dos veces realmente, se puso de pie, tomó su maletín y caminó hacia la puerta de la oficina. Se despidió con un gesto de la mano cuando se encontraba con alguien por los pasillos, y al llegar al elevador suspiró audiblemente. Por suerte no se había cruzado con aquella rubia neurótica en el camino. Esperó pacientemente a que el elevador marcara el piso subterráneo y salió directo al estacionamiento para montarse en su coche y majear hasta su casa. Realmente no tenía ganas de salir a divertirse a ningún sitio aunque fuera Viernes. Sólo quería llegar, tomar un trago y meterse en el laboratorio, y quizá encontrarse con Rogers y contemplar su cambio de imagen y su cuerpo… ¡No, no! Sólo quería encerrarse a trabajar, no otra cosa. Esa plática con Pepper definitivamente había sido lo peor del día, pues le había metido algunos pensamientos indeseados en la cabeza.

Sin ser plenamente consciente de cómo, llegó a su Torre en el centro de la ciudad. Realmente no había estado al cien por ciento seguro de no haber atropellado a alguien en el camino, pues su mente estaba en blanco. Miró su reloj de mano y se dio cuenta que tan solo se había tardado algunos veinte minutos en llegar. En serio, esperaba no haber matado a nadie en el camino o haberse pasado un semáforo en rojo. Así que rebatiendo esas ideas, se metió en su elevador personal y marcó el número del Pent House. Gruñó con fastidio cuando recordó aquellos momentos incómodos en los que había tenido que compartir ese espacio pequeño con trabajadores sudorosos que construían la Torre. Por suerte aquellos días habían terminado.

Al llegar, marcó la clave en la pantalla holográfica, y las puertas se abrieron. Entró con una gran sonrisa, esperando encontrarse al rubio en la sala viendo la televisión, pero no había nadie. Sólo silencio. Eso le extrañó un poco, o a decir verdad, bastante. Dejó el maletín en una pequeña mesita, y caminó con paso tranquilo hasta la cocina, y luego por el comedor, pero definitivamente, no había rastros del rubio por ningún lado. Sin pensarlo dos veces, subió las escaleras de forma algo presurosa hasta las habitaciones, y tocó la puerta de su único huésped. Pero no hubo respuesta alguna. Un sentimiento de angustia lo invadió durante algunos segundos y se decidió a abrir la puerta sin importarle siquiera verse como un entrometido en la privacidad, a fin de cuentas era su casa y podía hacer lo que le viniera en gana. Se metió de un solo paso y dejó la puerta abierta tras de sí. La habitación estaba en silencio y pulcramente limpia. Así que caminó alrededor hasta dar con la puerta que llevaba al baño y la abrió de un movimiento. Vacío también.

—¿Busca al señor Rogers, señor Stark? —la voz de Jarvis proveniente desde la puerta de entrada, le hizo soltar un jadeo de sorpresa, acompañado de un brinco inconsciente. Llevó una mano a su pecho para tratar de regular su respiración rápida por el susto recibido, y volteó a verlo con el ceño fruncido y el corazón aun palpitando locamente. No lo había escuchado llegar. La mirada de Jarvis era monótona y tranquila viéndolo fijamente desde la puerta que había dejado abierta.

—Sí, ¿Dónde está? —preguntó con un tono clásico de indiferencia, tratando de ocultar que realmente comenzaba a preocuparse por él. Volvió sobre sus pasos hasta dar con su mayordomo, y lo miró con algo de seriedad—. No me digas que escapó mientras estuve fuera. —comentó con ironía, y aquello le pareció gracioso cuando lo pensó mejor. Jarvis negó con un gesto.

—El señor Rogers salió esta tarde, a dar un paseo por la ciudad. —comentó, mientras avanzaba detrás de su jefe que ya comenzaba a alejarse por el pasillo hasta llegar a su habitación personal. Abrió la puerta y con un gesto le indicó que lo siguiera para darle más explicaciones. Se tumbó en su gran cama comenzando a quitarse los zapatos que le estaban molestando bastante.

—¿Fue solo por la ciudad? —preguntó con una ceja alzada—. Jarvis, te dije que cuidaras de él, puede perderse. —le regañó con algo de enojo en la voz. No sabía por qué, pero no le parecía correcto que su mayordomo le dejara ir como si nada a pasear por la ciudad que estaba casi completamente cambiada. Era bastante tonto. Él le había dado órdenes específicas de no dejarlo salir mientras él no estuviera en casa. Jarvis lo miró de forma extraña, con un leve brillo en los ojos. No quiso preguntar sobre aquello.

—Lo siento señor Stark, pero el señor Odinson y el señor Laufeyson se presentaron ésta tarde y se lo llevaron a conocer la ciudad. —recitó corridamente, sin detenerse en ningún momento, incluso cuando la cara de su jefe se tornó con una leve sorpresa pintada en sus facciones. Tony suspiró, llevó una de sus manos a su corbata y la retiró con un movimiento brusco y cansado. No hizo comentario alguno al respecto y se dedicó a cerrar los ojos, mientras se estiraba cual gato en su cómoda cama. Jarvis lo miró desde su lugar, con las manos en los costados y la postura rígida— ¿No hará nada al respecto? —preguntó con una ceja alzada.

—¿Por qué debería hacerlo? Que esos dos se hagan cargo del viejo. —mencionó quitándole importancia con un gesto de la mano, mientras se acomodaba mejor, totalmente dispuesto a tomar una buena siesta y luego ir al taller para continuar con su proyecto de virtualidad. Estaba comenzando a perderse en una calma bastante cómoda, pero sabía que Jarvis seguía en la maldita puerta. Eso le quitaba los ánimos para dormir—. ¿Qué haces todavía aquí? —cuestionó de forma brusca, reteniendo su peso sobre los codos y alzándose para poder enfocar su mirada en el único hombre que lo acompañaba.

—Me siento un poco preocupado por el señor Rogers—. comentó con algo de sinceridad, mientras seguía sin moverse de su puesto. Tony se cuestionó mentalmente si aquel hombre podría permanecer en esa postura durante algún par de horas. Seguramente sí. Entonces alzó una ceja con confusión, para que Jarvis siguiera hablando, porque rara vez se comportaba de aquella forma—. Antes de irse, el señor Odinson mencionó que llevarían al señor Rogers a divertirse un poco.

—¿Y cuál es el problema con eso? —preguntó exasperado, sintiendo como su cabeza comenzaba a doler un poco. Estaba seguro que le daría una migraña espantosa por el día tan agobiante. Él estaba plenamente feliz de que aquellos dos chiflados se llevaran al rubio de paseo, pues él no estaba de ánimos para discutir con él sobre el mundo actual. Necesitaba un tiempo solo.

—Que el lugar a donde iban a ir, pues es… —la mirada de Jarvis se desvió por primera vez de los ojos de su jefe, y sus mejillas adquirieron un imperceptible tono rosado. Tony se dio cuenta porque llevaba toda su vida de conocerlo. Miró como Jarvis apretaba un poco los labios, mientras la vergüenza afloraba. Se quedó en silencio durante algunos minutos pensando, hasta que su mente enlazó las ideas y recuerdos pasados. Entonces dejó escapar el aire con un gran resoplido ofendido y se puso de pie con un salto.

—¡Maldita sea!... Y no me invitaron. —fue el único comentario que hizo, mientras caminaba a su gran ropero y escogía rápidamente un par de prendas cómodas para la velada. Le hizo una seña a Jarvis para que lo dejara solo, y después comenzó a cambiarse de ropa apresuradamente. Se mojó el cabello y volvió a peinarse, roció perfume sobre su cuerpo, y tomó su cartera y las llaves de su Audi R8. ¿Cómo diablos no se le había ocurrido antes? Debió haber sospechado desde un principio el que Loki decidiera ir hasta su casa e invitar a Rogers a salir. Cuando ese hombre proponía algo, es porque tenía una jugada bajo la manga. Y Tony no estaba dispuesto a perderse aquello.

De repente el sueño se le había esfumado.

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Steve se sentía mareado. Mareado, confundido, y horriblemente incómodo en aquel sitio. Cuando Thor y Loki le propusieron salir—prácticamente lo obligaron—él pensó que lo llevarían a conocer la ciudad, quizá algún parque o museo. No aquello. Primero le habían hecho recorrer casi media ciudad en el coche de Thor, con él totalmente fascinado por las luces y grandes anuncios brillantes. Después habían parado en un pequeño restaurant para cenar algo, y hasta ahí todo iba bien, pues ambos hermanos eran muy amigables. Cuando pensó que regresarían a casa porque ya era algo tarde, le habían tenido una sorpresa, alegando que lo llevarían a un sitio especial. Y entonces ahí se encontraba, en un lugar poco agradable para su persona.

—Creo que aquí hay muchas damas como para que sea un club de caballeros. —mencionó alzando la voz un poco, para que los otros dos pudieran escucharlo sobre la música que sonaba fuertemente. Sus mejillas estaban coloreadas de un tono rojizo, y sentía sus orejas arder. Mientras se abrían paso por el lugar, evitó todas aquellas miradas de mujeres que se acercaban a él de forma insinuante, y decidió mirar fijamente la nuca de Loki mientras llegaban a una de las mesas del fondo. Estaba un poco oscuro, y quizá agradecía eso. De lo contrario hubiera salido huyendo, cosa que también quería hacer.

—¡Nada de eso! ¡Esto es normal, hombre del pasado! —Thor le sonrió y pasó uno de sus musculosos brazos sobre sus hombros, para atraerlo en un abrazo que hizo que Loki los mirara de forma profunda y con las cejas algo juntas. Steve se preguntó por ello, pero decidió ignorar la mirada. Así que con algo de pena, se zafó del agarre y tomó asiento cuando llegaron a la mesa. De pronto, una chica se acercó hasta ellos, vistiendo un pequeño—realmente pequeño—atuendo de mesera.

—¿Qué van a tomar los caballeros? —preguntó con un tono meloso, dirigiéndose a todos, pero viendo fijamente a Steve. Eso le incomodó aún más, y desvió la mirada jugando con sus dedos en el mantel. El local estaba lleno de hombres que tomaban y fumaban, pero también había mujeres hermosas vestidas como la chica de la orden, bailando de forma provocativa en el centro de la pista. ¿A qué lugar lo habían llevado? La sangre le abandonaba por momentos. Él no estaba para nada acostumbrado a esto. Suspiró, tratando de relajarse.

—Trae tres cervezas especiales, cariño. —Thor le sonrió con coquetería, ganándose un puntapié de parte de Loki. Hizo una mueca de dolor y dirigió la vista hacia el origen del golpe. El pelinegro lo miró con el ceño levemente fruncido por tal ofensa. Thor recordó que su hermano era bastante celoso, pero era la forma en la que él hablaba, no había dobles intenciones en todo aquello. Bajó su mano y le dio un leve apretón en el muslo, tratando de transmitirle sus disculpas. Miró de reojo a Steve, pensando que se había dado cuenta, pero él estaba mirando a su alrededor sin ser consciente de todo aquello.

—¿Te gusta este local? Es bastante especial, ¿no lo crees? —Loki le preguntó con una extraña sonrisa, mientras también veía a su alrededor. Steve no respondió, porque las palabras habían huido de su boca en cuanto miró a lo lejos. La mirada de Loki lo siguió. Un par de hombres se besaban profundamente en la barra de pedidos, compartiendo su espacio personal. Sus manos estaban puestas en las piernas del otro, mientras la distancia se iba cortando. Un poco más al fondo había otro par de hombres haciendo lo mismo. Y después otros dos. Steve pasó saliva de forma pesada al contemplar aquello. Loki, por otra parte, sonrió al lograr su objetivo principal. Ese hombre necesitaba ampliar su mente un poco, ¿qué mejor que esto? Y justo cuando estaba dispuesto a comentar algo sobre lo que el rubio veía, una leve vibración en su bolsillo le llamó la atención. Sacó su teléfono celular y sonrió en cuanto identificó el número del mensaje recibido. Respondió en breves segundos y decidió guardar silencio. Lo mejor estaba por llegar.

Steve no salía de su estupor y su cara lo demostraba, ¿Era enserio? ¡¿Dos hombres besándose?! ¡En público y la vista de todos! Casi quería salir corriendo y gritar que algo andaba mal con la actualidad, no porque le diera asco verlo, pues siempre había sido respetuoso con la orientación sexual de las personas, pero verlo casi en primera fila y sin pudor alguno era completamente otra historia. No estaba preparado para algo como eso. Sus ojos se desviaron hacia la entrada no soportando la escena y pudo notar que una figura bastante conocida se introducía con una pose imponente. Tony Stark había arribado al local de mala muerte al que lo habían llevado. No sabía si sentirse aliviado porque alguien por fin pudiera sacarlo de ahí, o sentirse más abrumado. Decidió que lo segundo al ver la clara y brillante sonrisa del millonario. ¿En qué nido de locos lo había dejado el Doctor Banner?

—Veo que la están pasando de maravilla. —comentó con un deje de burla al ver la cara pálida de Steve. Thor sonrió y le hizo una seña, indicándole que todo marchaba a la perfección, mientras Loki solamente se encogía de hombros, tomando la cerveza que acababan de traerle. Pidió una más para Tony, y le hicieron espacio para que sentara al lado de Steve. Stark y el pelinegro compartieron miradas, una más pícara que la otra, pero a fin de cuentas compartiendo la historia. Ese bar era clandestino, y obviamente iba gente tanto heterosexual como homosexual. Era bastante curiosa la forma en que Loki había querido mostrarle la ciudad a Steve.

Sin embargo nadie comentó nada al respecto, solamente unas leves palmadas en el hombro a Rogers, provenientes de Thor, indicándole que se relajara y se dedicara a disfrutar aquello. Él asintió algo confundido y estremecido todavía, y decidió no mirar más. Se dedicó a platicar con aquellos hombres de cosas triviales, escuchando algunas anécdotas divertidas que habían pasado juntos, mientras todos tomaban cerveza en los tarros descomunalmente gigantes que les habían traído. No había nada que negar, porque Steve comenzaba a pasársela realmente bien.

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Después de algunas horas, entre chistes malos, risas escandalosas, anécdotas vergonzosas, y miradas raras de parte de hombres que pasaban por su mesa, Steve se sintió mareado. Al parecer la cerveza era muy fuerte, pues había logrado descolocarlo un poco, pero no había perdido por completo sus cinco sentidos. Loki tampoco parecía haber perdido la cordura, pues estaba aún algo sobrio, mientras bebía de su tarro algo vacío. Todo lo contrario a Thor, quien había arrasado con seis tarros completos, y hablaba incoherencias tumbado en su silla abrazando de forma extraña y protectora a Loki. Le tomaba de las manos y acercaba sus rostros para darle besos en la mejilla, y a veces, lamer su cuello sin vergüenza alguna. Steve se preguntaba si tenían una especie de relación muy íntima, pues los hermanos no hacían nada de esas cosas. Quizá como los hombres que había visto al principio. Tony, por otro lado, había tomado tres tarros de cerveza, y estaba completamente feliz coqueteando con una hermosa mujer en la barra donde él antes había visto a dos hombres besarse.

Steve se puso de pie, caminando de nueva cuenta al baño. Trató de relajarse mojando su cuello con el agua que corría por las llaves. Estaba todo sudado y agitado, y tenía las mejillas levemente rosadas. No estaba borracho, pero un poco fuera de sus sentidos. La vista la sentía un poco borrosa, y con cada paso que daba, sentía que el piso se movía. Despejó su mente de aquello, y se quedó por algunos minutos recargado en una de las paredes del local, escuchando vagamente el sonido de la música y las risas. Sonrió involuntariamente y abrió los ojos para caminar hasta donde estaban los otros, porque había sido una noche buena en compañía de todos ellos.

—Creo que es momento de irnos. —Loki mencionó poniéndose de pie y acomodando su chaqueta negra, ante la atenta mirada de Thor, quien trataba de sentarlo de nuevo para seguirlo besando. Había tenido que resistirse en cuanto vio que Steve regresaba a donde ellos estaban. No quería que aquel hombre colapsara por tantas relevaciones en una sola noche, por el momento bastaba lo que había visto. Así que se separó, aunque quería seguir besando y mordiendo al borracho de su hermano—. Mientras pago la cuenta ve por Stark. —Steve asintió, y caminó a donde el castaño estaba. Lo vio en el mismo lugar, con la misma mujer.

—¡Oh, Capitán Rogers! —Tony le sonrió en cuanto sus ojos se cruzaron, y le llamó con una seña, ante la atenta mirada de la mujer, quien le sonrió coquetamente. Steve le devolvió la sonrisa, pero con formalidad—. Mira, él es el hombre del que te he hablado, ¡viene del pasado! ¿Puedes creerlo? ¡Del pasado, joder! —gritó felizmente con algo de dificultad por la embriaguez, mientras pasaba un brazo por los hombros del mencionado y lo atraía hacia su cuerpo, en un medio abrazo. Ella lo miró de forma divertida.

—¡Oh, maravilloso! —ella le siguió la corriente, dándole un guiño a Steve para que se relajara un poco, al notarlo tan tenso. El rubio suspiró, dando gracias internamente porque aquella dama pensara que el castaño decía todos aquellos disparates a causa de su estado—. Tony me ha estado platicando mucho de ti, es más, creo que en todo el rato que llevamos hablando no ha hecho otra cosa que decir lo bien que te ves con esa ropa, y lo maravilloso que te sienta ese corte de cabello. Y ni hablar de tus músculos y de tu trasero… Jamás pensé que todo fuera verdad. —ella le sonrió con doble intención, y las mejillas de Steve tomaron una tonalidad rosada por tal confesión, ¿enserio Tony había dicho todo eso? Algo dentro de su estómago se apretó y su corazón dio algunos latidos descompasados. ¿Serían las consecuencias de tomar alcohol? Él no estaba acostumbrado a tomar más que un vaso de vino.

—Shhh… no le digas eso, me prometiste que no le dirías. —Tony la miró con el ceño fruncido y un puchero. Trastabilló algunos pasos hacia ella para darle dos palmadas en el hombro, soltando por fin el agarre que mantenía con Steve. Le dio un beso en la mejilla como despedida y le dedicó una seductora sonrisa. De repente su vista se volvió algo difusa, y sintió que todo el piso debajo de él se movía. De forma estrepitosa caminó algunos pasos hacia la derecha, tambaleándose, y sintió entonces que el piso se acercaba poco a poco a su cuerpo. Joder, eso dolería mañana.

Sin embargo, no sintió el golpe llegar. Ni el piso chocar contra su rostro. Abrió los ojos y se encontró siendo sostenido por un par de fuertes brazos que lo agarraban por la cintura con fuerza. Steve lo atrajo hacia sí mismo, evitando que el otro cayera. Suspiró audiblemente, pues había corrido con suerte de poder llegar hasta el castaño antes de que éste se llevara un buen golpe. Sintió cómo Tony reía bobamente mientras pasaba sus manos por su cuello, y pegaba sus cuerpos sin alguna especie de vergüenza. Un nerviosismo repentino lo invadió por tal atrevimiento. ¿qué estaba haciendo?

—Vaya, Capitán, tienes excelentes reflejos. —le canturreó en la oreja, mientras su tibio aliento a alcohol le rozaba el cuello. Un hormigueo recorrió la zona del más alto, cuando la calidez pareció llegar hasta el fondo de su piel—. Me pregunto en qué otras cosas serás igual de bueno. —las palabras insinuantes salían lentamente de su boca, porque sentía su lengua adormecida por causa del alcohol ingerido. Pasó sus manos por los fuertes brazos, y apretó un poco la zona de los hombros, con ansias. Steve se sorprendió por aquello, y se quedó en su lugar, sin poder moverse, ¿Qué estaba pasando? Sin embargo, cuando sintió aquellas manos descender peligrosamente por su camisa con dirección al vientre y más abajo, decidió que era suficiente. Tomó las manos del castaño entre las suyas, y lo miró con el ceño fruncido. Tony rio bajito y regresó las manos a su cuello, para atraerlo más a su cuerpo. Su barba rozaba la zona de su clavícula, y la respiración del más bajo chocaba contra él, mandándole pequeños escalofríos por la columna. Iba a hacer un comentario sobre aquello, pero un carraspeo ajeno lo interrumpió.

—No pensé que ustedes tuvieran esa especie de relación. —ella parecía verdaderamente apenada—. Con razón Tony ha estado hablando tan bien de ti. Siento mucho si ocasioné algún contratiempo entre ustedes, no sabía. —se disculpó con una reverencia, y le dedicó una mirada pícara al rubio, para después perderse entre la gente. Steve alzó una ceja con confusión, y escuchó una risita proveniente del hombre alcoholizado que tenía entre los brazos. Al parecer él sí había entendido. Pasó las manos hacia la cintura del castaño para tratar de despegarlo un poco de su cuerpo cuando vio que Loki se acercaba con una mueca de fastidio, mientras traía detrás de él a un ansioso Thor, que lo tocaba y besaba sin alguna clase de pudor. Rogers decidió ignorar eso y aplicó más fuerza sobre la cintura ajena, pero Stark gruñó y se revolvió, impidiéndole apartarlo.

—Vámonos. —Loki resopló, mientras sus ojos analizaban la escena de Steve teniendo a Stark entre sus brazos con las manos afianzadas en su cuerpo, y a éste, prácticamente colgado de su cuello y totalmente pegado a él. Sonrió internamente, porque a pesar de que ahora tendría que cargar con un borracho hasta su casa—lo cual era horrible porque Thor terminaba vomitando en los lugares menos accesibles—el plan había surtido el efecto requerido. Uno pequeño, pero eficaz. Su plan desde un principio simplemente había sido hacer que Rogers se divirtiera y se sintiera más en confianza con ellos, además de darle un empujón a su mente cerrada para descubrir las novedades del siglo XXI. Las mejillas rosadas de Steve y las manos todavía posadas con fuerza en la cintura del más bajo lo confirmaban. Quizá ese hombre abriera su mente más pronto de lo que pensaba.

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Steve suspiró cuando por fin pudo depositar con cuidado a un dormido Tony sobre su cama. Le quitó la chaqueta negra, y le retiró los zapatos. El alcohol había abandonado su cuerpo y agradecía que, al menos, habían podido llegar completos a la Torre Stark. Tony manejaba como un loco cuando estaba borracho. Desabrochó los primeros dos botones de la camisa del más bajo, mientras escuchaba incoherencias murmuradas de sus labios. Retiró las cobijas y lo acomodó mejor, para después taparlo con las mismas. Comenzaba a hacer mucho frío, y según las palabras de Loki, quizá el día siguiente comenzara a nevar. Así que era mejor prevenir cualquier tipo de frío que pudiera hacerle daño al castaño. Cuando por fin lo hubo acomodado de forma correcta, prendió la pequeña lámpara que reposaba a un lado de su cama, y le observó.

Tony tenía los ojos cerrados, mientras se removía sobre las cobijas balbuceando cosas sin sentido. El cabello estaba despeinado, y parecía un niño pequeño. Steve sonrió involuntariamente al observar sus espesas y tupidas pestañas. Los grandes parpados que guardaban esos ojos brillantes como los de un niño pequeño. Se había dado cuenta de que aquel soberbio hombre también podía convivir como cualquier otro. Se había sorprendido de que la conversación que habían mantenido en aquel lugar horrible había sido amena y entretenida. Negar que se había divertido sería un error. Aquellos hombres le habían hecho pasar un buen rato, olvidándose por momentos de que él no pertenecía a ese mundo actual. Habían sido contados los momentos que había podido pasar así de bien con sus antiguos amigos del cuartel, o con Bucky.

Una sonrisa melancólica se plasmó en su rostro al recordarlo, y espabiló. Entonces volvió a mirar al hombre que yacía dormido como un tronco, y se quedó contemplándolo por varios minutos. Rio un poco entre dientes cuando recordó que apenas y entrando a la casa, Tony había caído en brazos de Morfeo. Era alguien bastante extraño e impredecible, pero le atraía de una forma que quería seguir estando a su lado. Es decir, descubrir qué había más allá de esos expresivos ojos color chocolate, que si bien demostraban fuerza, también guardaban un espacio para la soledad. Steve era bastante bueno recibiendo ese tipo de detalles en su mente. Ser un buen dibujante implicaba más que ver el exterior de alguien, también tenía que profundizar para poder dibujar. Repasó su perfil con mucho cuidado, y se dio cuenta que tenía facciones muy firmes, y perfectas líneas sobre los pómulos y la nariz. Un pensamiento lo invadió, y se puso de pie tan rápido que se mareó un poco. Haber visto a dos hombres besarse, añadiendo el alcohol en su cuerpo, y las acciones indebidas del millonario definitivamente no eran una buena combinación. ¿Dibujar el rostro de Tony Stark? ¡Por favor!

Sin hacer ruido, salió de la habitación sin mirar hacia atrás.

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Una luz fuerte le hizo removerse incómodo sobre su lugar. Cerró los ojos con fuerza para seguir durmiendo, pero no pareció ser suficiente. La luz era intensa. Entonces se removió sobre las cobijas, y comenzó a abrir los ojos con un gesto de fastidio. Genial, su día estaba arruinándose desde el principio. Se dio cuenta de que las cortinas estaban totalmente abiertas, y el sol se colaba por entre los vidrios. Se sentó cuidadosamente y bostezó, porque una vez que despertaba no podía volver a conciliar el sueño de ninguna forma. Frotó sus ojos, y un pequeño pero constante dolor de cabeza le acompañó hasta el baño, donde se lavó los dientes y trató de acomodar su cabello. Genial, una migraña horrible por causa de la cerveza y el vino. Se dio cuenta de que seguía vestido, y trató de recordar todo lo que había hecho, pero solo llegaba a su memoria el momento hasta donde él había caminado hacia la atractiva mujer de insinuantes curvas. Después todo estaba en blanco. Salió del baño y buscó en la habitación, pero no había nada anormal, así que dio por sentado que no había tenido relaciones sexuales con nadie. Decidió ponerse un pantalón de chándal y una playera, a pesar de que hacía frío y que la primera nevada estaba a punto de caer en algún par de horas, según el pronóstico.

Bajó a paso lento hacia la sala, y luego entró en la cocina. Jarvis estaba dándole la espalda, preparando el desayuno. Olía bastante bien, pero él tenía el estómago revuelto por la resaca. Buscó entre un mueble y encontró un par de pastillas que se llevó a la boca acompañado por un vaso de agua. Entonces recordó algo, o más bien, a alguien.

—¿Y Rogers? —preguntó a su mayordomo, mientras tomaba asiento en un banco alto y recargaba ambas manos en el desayunador, esperando a que las pastillas surtieran efecto.

—No he visto al señor Rogers desde ayer por la tarde cuando salió, señor Stark. —respondió con voz monótona, sin voltear a verlo. Stark frunció el ceño.

—¿Ya lo buscaste? —volvió a preguntar, sintiendo una leve pesadez en el estómago. Algo no andaba bien en todo eso.

—Sí, pero no está en ninguna de las habitaciones de la casa. —ésta vez sí que lo miró, y Stark distinguió un tinte de preocupación en su voz y en sus ojos. Maldita sea, Jarvis no estaba jugando. Tony frunció los labios hasta hacerlos una fina línea, y luego se puso de pie lentamente—. ¿Llegó con usted anoche? —cuestionó. Tony se quedó mirando fijamente el fuego en la estufa, mientras trataba de recordar, pero no podía. Lo último que recordaba de Steve era haberlo visto tomando una cerveza medio borracho en compañía de Loki y Thor, y luego perderse en el pasillo rumbo al baño y… ¡joder! La sangre abandonó su cuerpo, y Jarvis pareció notarlo, porque se acercó hasta su lugar. ¿Dónde carajos estaba? ¡No recordaba nada! Y lo peor es que Steve no conocía la ciudad, y podría estar perdido por quién sabe dónde, o con quien sabe qué desconocido loco o psicópata. Era cierto que ya era un hombre mayor, no un niño, pero le preocupaba bastante porque todo era desconocido para él. Maldita la hora en la que decidió emborracharse y perderlo de vista, pues toda la velada había estado pendiente de sus pasos, aunque estuviera coqueteando con mujeres u hombres— ¿Sucede algo, señor? —Jarvis cuestionó, cuando vio como Tony avanzaba hasta la puerta principal.

—¡Voy a buscar a ese hombre, Jarvis! —contestó alzando la voz, mientras tomaba su cartera y salía disparado hacia el elevador, sin importarle siquiera portar ropa tan delgada con el frío de la mañana. No esperó respuesta alguna, y tampoco fue en su coche, pues no sabía ni donde carajos estaban las llaves—si es que todavía estaban en su poder—. Se sentía desesperado, y visiblemente abrumado y culpable. Si ese hombre desaparecía sería completamente su culpa, y peor aún, no aguantaría las miradas de reproche por parte de Loki y Thor. Además, ¿Qué diría Banner a su regreso? Encargándole a un hombre, y encontrándose con la sorpresa de que lo había perdido de vista en una noche de borrachera.

Su corazón comenzó a latir con rapidez cuando a su mente llegó la imagen de Steve caminando entre la ciudad, preguntando a las personas sobre su Torre, sin dinero y sin un lugar a donde ir. Maldita sea, ¿por qué nunca se le ocurrió darle un maldito teléfono celular? De esos que su compañía fabricaba, con chips rastreadores, todo sería más fácil así. ¡Pero no! Ahora ese hombre estaba perdido en un lugar inmenso y desconocido. ¿Y si estaba atropellado por ahí, o tirado en un callejón, golpeado, sin vida? Un escalofrío grande recorrió su cuerpo, y trató de despejar sus ideas locas e imaginativas. Parecía una madre paranoica cuando no sabía de sus hijos.

Así que dio un fuerte respiro, tratando de tranquilizarse, diciéndose que no podía pasar nada peor. Encontraría a Steve y lo traería de regreso a casa, aunque fuese necesario cruzar toda la ciudad a pie y preguntar a cada persona para encontrarlo. No le importó estar en esa ropa, sin abrigo y con la amenaza de la primera nevada rondando su mente. Cuando salió a la avenida, el aire frío chocó contra su piel expuesta, pero no le importó. Así como tampoco le importó las miradas de la gente abrigada sobre él. Sólo quería encontrar a Steve. Sólo quería volver a ver sus ojos azules. Joder, estaba más preocupado de lo que aparentaba. Así que tomando un respiro profundo, y frotando sus manos para darse algo de calor en la fría mañana, se aventuró a ir en su búsqueda.

Sí, maldita la hora en que había decidido tomar el primer trago de cerveza.

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¿Qué les pareció? Me gustó mucho escribir esto, y más porque pues los indicios de la pareja comienzan a marcarse a partir de aquí :33 así que las cosas van a girar en las siguientes actualizaciones.

Recuerden que en este universo, Steve no es un súper soldado, así que puede emborracharse xD

Muchas gracias nuevamente por leer, y sobre todo por comentar, me encanta saber lo que piensan de cómo va la historia.

¡Un beso enorme!