Nota importante: "Otou-san" en japonés significa "padre", y "onii-san" significa "hermano mayor".


Capítulo 5: Antiguos dispositivos.


Ayase se sentó en su silla de ruedas rodeada de niños comiendo sus almuerzos. Era una hermosa tarde de domingo, perfecta para un picnic como ese. Las flores se mecían con el viento y el verde, verde pasto se bamboleaba alrededor de ellos. Detrás de aquella pintoresca escena se levantaba el Refugio Ángel, un destartalado y viejo edificio que solía ser una escuela pública antes de convertirse en hogar para huérfanos.

Ella miró en dirección a los energéticos jóvenes. Le recordaban su niñez y el momento que cambió su vida.

Su padre, con su larga cabellera roja amarrada en una cola de caballo, condujo su pequeño y destartalado automóvil a la cima de un camino montañoso a las afueras de Tokio. Era la Nochebuena del año 2029, y se encontraban de regreso de unas cortas vacaciones. Él era un pintor, aunque no uno famoso, razón por la que probablemente su esposa lo abandonó a él y a su pequeña hija por un hombre más rico. La joven Ayase era un as del deporte, y los dos vivían una vida simple pero feliz.

Cuando aquello ocurrió el cielo se volvió negro y las manos de su padre comenzaron a convertirse en piedras moradas. Perdió el control del vehículo y el auto se precipitó hacia el borde del camino. Ayase gritó y cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos se encontraba en los brazos de su padre. El auto había chocado contra un muro de concreto, y él había tratado de protegerla del impacto. Sus pálidos ojos azules le sonrieron a ella una última vez antes de que las piedras moradas engulleran por completo su rostro. La pequeña niña rompió a llorar cuando se desintegró en miles de cristales. Ella sufrió daño espinal dejándola paralizada de la cintura hacia abajo.

Después del accidente que le arrebató la vida de su única familia y la movilidad de sus piernas fue enviada al Refugio Ángel. En ese tiempo Shibungi trabajaba como maestro en el orfanato.

"Espero que no te importe, Ayase," el hombre de cabello blanco empujó la silla de la chica a través del estéril pasillo del hospital. "Pero vamos a llevar a alguien más con nosotros. ¿Está bien?"

Asintió silenciosamente mientras entraban a una habitación. En la cama de hospital se encontraba un chico de su edad. Tenía cabellos rubios y, cuando abrió los ojos para darles la bienvenida, descubrió que tenían un increíble tono azulado. Eran tan azules como el cielo despejado en verano; justo como los de su padre.

Shibungi se acercó al muchacho y se sentó en el borde de la cama. "¿Estás listo para venir con nosotros, Gai?

Tan pronto como Ayase y Gai llegaron al orfanato se hicieron amigos de Ogumo, Argo y los otros niños que eventualmente se convirtieron en miembros de las Pompas fúnebres. Todo comenzó como un sueño alocado, pero lentamente comenzaron a armar sus planes revolucionarios. Años después, cuando Kenji, Inori y Tsugumi se unieron a la casa hogar el equipo estuvo completo.

Ayase miró hacia el cielo que se desplegaba sobre su cabeza. Era exactamente del mismo tono que el de los ojos de los dos hombres que una vez amó.

Ahora tengo veinticinco años, Otou-san. Tengo la misma edad que tenías cuando tuvimos que despedirnos.

"Caballo a E4" susurró Shu a un pequeño niño gordito que movió la pequeña pieza blanca en forma de L sobre el tablero de ajedrez.

Su oponente, un alto chico de catorce años con el cabello del mismo color capuchino que sus ojos, alcanzó su propia pieza negra. "Alfil a C3."

Shu sonrió y anunció un nuevo movimiento. "El rey captura al alfil en C3."

"Rey a C1." El adolecente reposicionó su rey de manera defensiva.

"La torre captura al caballo en C2. Jaque mate."

El chico gordito aplaudió diciendo, "¡Onii-san te venció de nuevo, Ryo!"

"No puedo creer que un ciego sea tan bueno en esto." Seishi Ryo recogió las piezas una por una y las colocó en sus posiciones iniciales.

Shu tanteó la mesa con la mano izquierda en busca de una pieza. "Se requiere de mucha práctica y de buena memoria. Me tomó años aprender." Con cuidado colocó la reina en el que, sorpresivamente, era su lugar correcto. "La clave es siempre pensar múltiples movimientos posibles para proteger las piezas más importantes, Ryo-kun. La meta es el jaque mate, no la aniquilación."

"Tendré eso en mente la próxima vez." Ryo colocó las últimas piezas en su posición. "¿El mejor de cinco?"

"No, no, no de nuevo, por favor." Ayase rodó hasta ellos con su cabello rojizo oscuro meciéndose tras de sí. "No puedo entender cómo pueden disfrutar de un juego tan aburrido como ése. "

Shu se giró en su dirección. "Lo siento, ¿nos tardamos demasiado?"

"Está bien, pero Haruka quiere que estés en casa antes de las cuatro y ya son casi las tres y media."

"¿En serio?" Shu se puso de pie mientras era guiado por Ayase. "Nos vemos la próxima vez, Ryo."

"Seguro." Respondió el chico.

Ayase y Shu se despidieron de los chicos antes de comenzar a andar en dirección al departamento de Shu.

"¿No crees que es patético que mi madre aún me ponga toque de queda?" Shu caminaba a un lado de ella tanteando el piso con su bastón.

La chica se impulsó hacia adelante e imitó el tono de voz quejumbroso de Haruka, "¡Eso es lo que te ganas por llegar tarde, bebé Shu!"

Él rio ante la perfecta imitación de su madrastra, "¡Así es exactamente como suena!"

"¡Lo sé!" Ayase sonrió en dirección del muchacho invidente y luego dirigió la mirada de nuevo al cielo.

¡Ogumo, Gai, Otou-san!, ¡deséenme suerte!


Tsugumi y Daryl dieron un paseo alrededor de Shinjuku Gyoen. El lugar que una vez fue el jardín privado de la familia imperial de Japón había abierto sus cien acres de áreas verdes al público en los años 90's. Caracterizado por sus bosques de cedros, cipreses, rosas y crisantemos y los múltiples lagos artificiales el lugar era un pequeño rinconcito de paraíso en medio de la ciudad de Tokio.

Se sentaron en una banca y permanecieron en silencio durante un rato, resguardados del calor de la tarde por un enorme árbol. Los rayos del sol de verano se filtraban a través de las ramas y danzaban a su alrededor con cada fresca briza que soplaba. Daryl bebió de la helada lata de refresco a la vez que contemplaba a Tsugumi. Sus ojos azul oscuro destellaban con sus brillantes orejas metálicas. Mantenía a su conejo rosado sobre sus piernas y lo mecía de arriba abajo como a un bebé. Sus largos cabellos negro grosella se balanceaban suavemente desde su flequillo hasta la punta.

Daryl preguntó, "¿de dónde sacaste ése juguete?"

"¿De dónde sacaste tú ESE juguete?" respondió señalando en dirección a su holgada camisa negra bajo la cual brillaba un anillo de acero.

Él colocó su mano sobre el sólido metal en su pecho, "en lugar de un corazón tengo esto." Sonrió.

"Vamos, Daryl, por favoooooor. ¡Me muero de la curiosidad!"

"De acuerdo, de acuerdo. Es un emulador genómico void." Dudó recordando cómo había intentado matarla durante aquella batalla. "Conectado al Gespenst me permite utilizar mi propio void."

"¡Ah, así que es de ahí de donde proviene el escudo reflejante!" escuchó con emoción.

"Sí." Asintió. "Ése es mi void. Es muy práctico. La ofensiva es la mejor defensa después de todo."

"Eso no es verdad. Cuando alguien te lastima no debes lastimarlos de regreso. Si todo mundo hiciera lo mismo," dejó de jugar con el conejo. "Entonces nadie trataría de entender al otro."

Abarcó con los brazos toda la maravillosa vista en frente de ellos. El frondoso follaje y el refulgente edificio en la distancia le hicieron preguntarse qué clase de horrores tuvo que enfrentar Daryl de pequeño para pensar de esa manera.

¡Hey, mi vida no fue fácil tampoco, pero no me dejé vencer!

"¿Así que cuál es la historia del conejo?" preguntó Daryl cambiando el tema.

Tsugumi blandió el juguete de felpa frente a él. Cantó alegremente "¡Su nombre es Daryl~!"

El aturdido rubio le arrebató el juguete de felpa y lo sostuvo de una oreja. "¿Por qué le pusiste mi nombre?"

"Porque es lindo y esponjoso como tú." Tsugumi recuperó el conejo.

"¡Yo no soy lindo!" pasó sus dedos por su cabello húmedo, fingiendo el ceño fruncido y recargándose en la banca.

Tsugumi sacó un peine de su bolsillo. "Se suponía que hoy saldría con unos amigos, pero no me sentía bien," dijo cepillando su propio cabello lacio.

"¿Estás enferma?"

"Nop, nop. Solo no tenía ánimos." Regresó el peine a su bolsillo y recordó las palabras de Haruka: "Dale al chico una oportunidad."

"Hey, Daryl. Anoche te vi en frente de mi apartamento con una chica."

"¿Oh, eso? Es la hermana gemela de mi madre." Sonrió. "le había prestado mi auto así que me regresó el favor dándome un aventón a casa. Odio el transporte público." Frunció el ceño.

"¡Tu tía!" Tsugumi soltó el aire como si lo hubiera estado reteniendo por mucho tiempo.

Alzó una ceja en su dirección. "Sí, creo que así se le llama a la hermana de tu madre."

"Ha. Ha. Ha. Muy gracioso." Se sentía tan aliviada que le dedicó la sonrisa más radiante que hubiera visto en su vida.

Su lindo rostro y la manera en la que le sonrió atraparon a Daryl con la guardia baja. Su corazón latió tan rápido como pudo. "¿Tienes que mirarme siempre de esa manera?" dijo incrédulo.

"¿Cómo?"

"Como…" recordó lo confiada que había estado durante su primer encuentro. Aún lo era, pero ahora las llamas de su fuerza interior daban la impresión de tener una luz más brillante.

Antes de que pudiera responder algo ella ya sabía lo que iba a decir.

El tiempo y las pérdidas habían forjado en Tsugumi una silenciosa valentía. Había perdido a demasiadas personas en su vida, pero perderlo a él le había parecido lo peor. Apenas lo conocía, pero podía detectar en él una tibia calidez detrás de aquella nube de indiferencia.

Había sido difícil para ella el tener que ayudar a Ayase a derrotar a Daryl durante la batalla del cuarto Apocalipsis, pero había escuchado la agonía en su voz mientras luchaba por pelear. En ese punto ella comprendió que no había vuelta atrás para él.

Aún así, pensó "¿Si hubiera visto a ese muchacho una vez más y le hubiera mostrado un poco más de amabilidad, hubiera eso cambiado las cosas?"

Se había sentado llorando sobre las ruinas del GHQ cuando finalmente se rindió al tratar de encontrarlo. Se culpó por lo que había ocurrido. Sabía que hubiera podido encontrar la manera para hacerlo recapacitar y unírseles. Él la había salvado del resto de los Endlaves cuando el Gai resucitado había cortado el brazo de Shu. Lloró con todo su corazón pensando: "¿eso significaba algo, cierto?"

Se dijo a sí misma que esa vez haría algo por cambiar las cosas. Miró fijamente hacia sus confundidos ojos lilas con su renovada convicción.

Daryl, como esperaba, dijo, "como si me conocieras". Echó la cabeza para atrás y encaró al cielo azul. "Como si no estuvieras asustada de mí."

"Pero no lo estoy."

"¿Cómo puedes no estar asustada?, ¿qué no lo entiendes?, soy un demonio." Se dio un masaje en las cienes como si tuviera una jaqueca. "Soy un asesino serial. He masacrado a cientos, no, miles de civiles inocentes," alzó un brazo y lo colocó sobre el filo de la banca, volteando a verla por poco. "Soy –mátalos a todos- Daryl."

"Ya no más, ¿cierto?" sonrió.

Estaba pasmado.

"¡Traté de asesinarte!" gritó, estrellando su puño con frustración contra el borde de madera. "¡Maldita sea!, ¡traté de asesinarte!"

Ella rio como si fuera lo más gracioso que hubiera escuchado en semanas.

"¿Acaso no tuvimos esta misma conversación anoche?" inclinó su cabeza y la recostó sobre el brazo del rubio. Se sentía fuerte pero suave.

Daryl permaneció en silencio. ¿Qué le pasa a esta chica?, ¿en qué está pensando como para recargarse en mí de esta manera?

Observó la manera en la que su pequeño cuerpo se encontraba cerca de él. ¿Cómo puede alguien tan pequeño tener un corazón tan grande? Se veía tan relajada y parecía como si en verdad no estuviera asustada de él. Ni siquiera un poco.

¿Cómo puede aceptarme así de fácil?

Sus ojos se cubrieron de lágrimas. Parpadeó para limpiarlas antes de que salieran, pero aún podía sentir un incontrolable brote de emociones borboteando dentro de él. Quería agradecerle, o abrazarla, o algo. Quería hacer algo para hacerle saber cómo se sentía.

Envolvió su brazo alrededor de sus pequeños hombros.

"Eres increíble, enana."

Tsugumi sintió un choque eléctrico en su corazón por su repentina muestra de afecto. Odiaba sus estallidos de rabia, pero amaba cómo seguía intentando ser una persona más amable.

Ella gentilmente envolvió un brazo en su cintura y le dio un ligero golpecito al disco metálico en su pecho.

"Tú también, retoño."


"Samukawa-san," Charlotte le ofreció una mando enguantada a Yahiro. "Fue un placer hablar con usted de nuevo."

Era temprano por la tarde y los dos se encontraban frente al edificio de Biotecnología Genómica. Charlotte lucía impecable como siempre en una falda tableada oscura y una elegante chaqueta de lana, los largos mechones de su cabello rubio perfectamente trenzados. Yahiro podía decir que era una mujer cautelosa, ya que había encontrado difícil conseguir su patrocinio.

"Desearía que pudiéramos hablar un poco más, señora Charlotte" dijo hábilmente, apenas besando la seda negra perlada. "Me gustaría entrar más en detalle sobre nuestros próximos proyectos."

"Lo sé, Sawamura-san," sonrió la mujer. "Pero como le dije, estoy más interesada en su tecnología más arcáica."

"Y, como ya mencioné, eso es estríctamente confidencial, mi señora." Intervino Yahiro para cerrar el asunto. "Sin embargo, estoy seguro que con una inversión adecuada podremos arreglar algo."

Una limusina negra se detuvo frente a ellos. Un elegantemente ataviado chofer abrió la puerta para la señora Gespenst mientras Yahiro la guiaba al asiento trasero. Cerró la puerta con firmeza, pero antes de arrancar, la ventana bajó hasta la mitad.

"Jovencito, debo admitir que quedé verdaderamente impresionada por su presentación," sus oscuros y felinos ojos malva lo miraban directamente. "¿Lo veré en la fiesta este sábado?"

"Por supuesto, mi señora" se inclinó profusamente. "Arisa-san es una buena amiga mía."

"Estamos en la etapa del primer nombre, ¿huh?" asintió respetuosamente y subió la ventana polarizada del auto. "Muy interesante."

Yahiro miró el auto dar la vuelta en la esquina en donde permanecía parada una figura conocida.

Pudo adivinar de quién se trataba por su corta y oscura melena, sus brazos delgados cruzados delante de su abundante pecho y su furioso y golpeteante pie.

"¡SAMUKAWA YAHIRO!" gritó Kanon a su amante mientras caminaba hacia él.

"Hola, preciosa," se inclinó para besarla pero en vez de eso recibió una bofetada.

"¿Quién era esa mujer?" sin sus lentes, Kanon se veía más intimidante que nunca.

"¡Auch!" sobó su adolorida mejilla. "Era solo la señora Charlotte Geespenst, una inversora potencial. Rayos, Kanon. Dame un descanso."

No muy convencida, gritó más fuerte. "¡Regrésame mis lentes!"

Tranquilamente sacó un par de lentes de aumento con montura delgada de su bolsillo y se los entregó. Kanon se los colocó y se sintió mejor.

"Te estuve esperando en el hospital. ¡Toda una hora!"

"Lo siento, querida," trató de tocarla, pero ella empujó su mano lejos. "Quería mandarte un mensaje pero me encontraba en medio de una junta."

"¿Acaso te importo aunque sea un poco?"

"Claro que sí" acarició su mejilla y esta vez ella no protestó. "Nos conocemos desde que éramos niños. Nadie en este mundo me conoce mejor que tú. Daría cualquier cosa por ti."

"¿Entonces por qué no quieres hacer pública nuestra relación?"

"Es solo que no quiero arruinar la dinámica de nuestro pequeño círculo de amigos," lentamente apartó sus lentes y le dio un tierno beso.

"Tonterías," le regresó el gesto molesta.

Compartieron beso, tras beso, tras beso en la acera hasta que él sugirió, "vayamos arriba." Dijo tirando de su cabello oscuro. "Estoy seguro de que te encantará entrar en mi oficina."


De regreso en el Refugio Ángeles, Seishi Ryo llevó los pequeños a su cama antes de retirarse a su habitación. Rápidamente se perdió al interior de su pesadilla usual.

Flores salvajes crecían por las grietas del concreto quebrado.

Ese era mi parque de juegos.

El Fuerte Roppongi

Este lugar solía ser hermoso

Vivíamos en un lindo apartamento

Padre, madre y yo

Pero cuando llegó la Navidad

También lo hizo el caos

Permanecimos ahí viviendo como pordioseros

Padre no podía encontrar un trabajo

Tampoco madre

Pero con un techo sobre nuestras cabezas

Salimos adelante

Pero un día llegaron los solddos

Tomaron a mi padre y lo cegaron

Lo hicieron arrodillarse

Le apuntaron con sus pistolas

¿Acaso era un juego?

Necesitaba ir al baño

Así que tiré del abrigo de mi madre

"Mamá, mamá, ¡Potty!"

Ella sonrió y me dio unas palmaditas en la cabeza

"Espera un segundo, Ryo-chan"

Continuó hablando con los soldados

Ella decía "¡Por favor!"

Creía que también quería unirse al juego

"La abracé y dije "¡Mamá!"

Estaba muy emocionado

Mi madre corrió hacia otro soldados

Tenía cabellos rubios como el sol

Usaba un traje blanco ajustado

Se veía genial

Después la pateó

La llamó "sucia bruja"

Mientras aplastaba su cabeza catorce veces

Sacó una pistola

Y dijo algo que no entendí

Después le disparó

Mi madre yacía en una cama

De pequeñas flores blancas

Salpicadas con sangre

"¡MAMÁ!"

Ryo se despertó empapado en un sudor frío, sobresaltado por el sonoro disparo de su pasado. Se dio cuenta de que la ventana se encontraba abierta, así que se levantó con cansancio de su cama. Mientras colocaba el cerrojo, sintió una inquietante presencia detrás de él.

"Seishi Ryo," un chico de cabellos oscuros se encontraba sentado sobre su cama.

Ryo dio unos pasos atrás aterrado y se dio un golpe contra el muro. Mientras el misterioso chico se aproximaba a él, algo parecía brillar con un tono púrpura bajo su camisa. Después una extraña luz azulada explotó de lo que parecía ser un pequeño cuchillo que sostenía en su mano.

"¿Quién eres?, ¿qué es lo que quieres de mí?"

Ryo se giró y se apresuró a abrir la ventana, pero la oscura figura se movió más rápido y lo frenó de un tirón. Ryo estaba congelado por el terror. El hombre era más pequeño que él pero era mucho más fuerte.

La sombra hundió una brillante pluma fuente en el pecho de Ryo provocando que perdiera la consciencia.

"Mi madre necesita tu void."


Fin del capítulo 5: Viejos dispositivos.


Comentario de la autora: Ryo es el pequeño niño del episodio 2 de Guilty Crown. Cuando el GHQ invadió el fuerte Roppongi, su madre lo llamó "Ryo-chan" antes de correr para pedirle ayuda a Daryl. Y como saben, él la pateó contra el piso y luego le disparó.

Kinky Robot

Comentario de la traductora: Capítulo 5, ¡listo! Empezaré ahora mismo con el sexto (^0^)/ ¡Espérenlo pronto!

Dream Weaver Dili