¡Hola! Por fin puedo actualizar el fic, no he tenido mucho tiempo para escribir, lo siento.

Espero avanzar más con la historia, me he quedado pegada demasiado tiempo en una misma prueba así que quiero agilizar un poco esto, ¡espero que les guste esta actualización!

¡Nos leemos~! ^^

~ Cindy Elric ~


Vigesimocuarta Melodía: Trampa

Kotori le había dicho a Kagome que le quedaban cinco horas para medianoche, aunque eso ya había sido hace tres horas y ni siquiera sentía que se estaba acercando al centro del laberinto, cuando se sintió lo suficientemente agotada la sacerdotisa suspiró pesadamente sentándose a un lado siendo observada por el niño.

–No me digas que ya te rendiste –dice cruzando sus brazos y mirando con decepción a la mujer.

–Estoy agotada, además parece como si este estúpido laberinto no tuviera final…

–¿Te das cuenta que te quedan sólo dos horas? Y déjame decirte que no estás precisamente cerca de tu destino.

–¡¿Qué?! No puede ser… por lo menos debería haberme acercado… esto es inútil…

–Humana estúpida, no sabía que te dabas por vencida tan fácil.

–Pero Kazuki… en dos horas no podré lograr lo que me ha llevado casi el día completo.

–Te quedarás encerrada para siempre, ¿es que lo has olvidado? –arquea una ceja ante la inusual desesperanza de la chica.

–Lo sé, pero… ¿qué más puedo hacer? No sé hacia donde caminar… ni siquiera sé dónde estoy…

–Oh, aquí viene la primera en lograrlo –dice Kazuya notando una silueta acercarse por uno de los caminos del laberinto.

–Buenas noches príncipe Sesshoumaru –le sonríe al llegar hasta el centro.

Sesshoumaru frunció el ceño al ver a la Dama de Jade en ese lugar, después de todo ella era una de las vencedoras predecibles de la prueba, no le sorprendía pero eso no evitaba su molestia, si ella había pasado esa prueba sólo quedaba lugar para una de las doncellas en el laberinto y el que la sacerdotisa lo lograra no es algo en lo que podía confiar.

–Sesshoumaru no te preocupes, tu querida Kagome estará bien –le sonríe entretenido por su inquietud.

–No digas tonterías –le hace un desprecio.

–Será mejor que sigas caminando –insiste al ver que la mujer no se mueve–, nada ganas quedándote aquí.

–Sí lo sé… –se levanta–, pero no tengo idea hacia donde ir…

–Elige un camino y empieza a caminar, para que sepas la Dama de Jade ya llegó al centro del laberinto –dice frunciendo el ceño.

–¡¿Qué?! Pero… ¿Cómo? –Empieza a caminar–. ¿Cómo lo sabes Kazuki?

–Porque Sesshoumaru lo sabe, concéntrate.

–Kazuki, tú sabes el camino, ¿no es así? ¿No podrías decirme por lo menos si este camino es el equivocado? –Pregunta mientras lo miraba de soslayo.

–Ni lo pienses, ya te dije que no te ayudaré, tienes que encontrar el centro por ti misma.

–Eres malo… –se queja por lo bajo, se le estaba acabando el tiempo y las ideas, simplemente el salir de ese lugar era imposible.

Kagura seguía perdida en el laberinto, no sabía qué camino tomar ya que todos terminaban en una pared impenetrable…

–Maldición, esto es inútil… –suspira pesadamente, según lo calculado le quedaba un poco más de una hora para poder pasar al prueba y no sabía qué camino debía tomar, la situación era complicada, no podía darse el lujo de desperdiciar la extraordinaria oportunidad de comprometerse con Sesshoumaru, primero porque desde hace tiempo que estaba interesada en ese demonio y segundo, y más importante, esa era la oportunidad perfecta para deshacerse de Naraku.

–Por fin te encuentro Kagura…

La youkay escuchó la voz tras ella volteándose al instante para poder descubrir de quien se trataba.

–¿Quién eres tú? –Frente a sus ojos había una hermosa mujer, después de observarla unos segundos se dio cuenta de que su aspecto era casi idéntico al de Irasue la madre de Sesshoumaru, estaba a punto de pronunciar una nueva pregunta cuando algo más llamó su atención, una pareja que aparecía por una de las esquinas del laberinto.

–¿Kagura? –La sacerdotisa y el niño se detuvieron al ver a la youkay frente a ellos, pero lo que más los sorprendió era encontrarse con la youkay de quien se habían escapado hace horas.

–Veo que aun acompañas a esa humana –gruñe Kanoe frunciendo el ceño mirando fijamente al niño, pero luego recordó su objetivo y miró a la youkay–. Kagura, acompáñame, te llevaré al centro del laberinto.

–¡¿Qué crees que haces Kanoe?! –Esas palabras lo molestaron, esa mujer no podía ayudarla a pasar la prueba–. ¡Sabes perfectamente que no puedes hacerlo!

–Una estúpida penitencia no me preocupa, diez años no son nada –le sonríe.

–Sabes que no son sólo diez años, el entrometerse en el ritual es aún más serio.

–Niño tonto, ¿crees que no lo sé? –Lo mira enfadada y luego mira a Kagome–. No importa lo que cueste, no permitiré que esa humana logre pasar esta prueba.

–Kanoe…

–Si quieres detenerme atrévete pero esta vez la entrometida de Kotori no podrá salvarte –advierte con seriedad.

El ambiente se volvió tenso, Kagome miraba preocupada el creciente enfado del pequeño además de la sonrisa burlesca de la youkay.

–Kazuki, déjala, si quiere ayudarla que lo haga, a mí no me importa –apoya una mano en el hombro del pequeño evitando cualquier posible movimiento–, aún tengo una hora, puedo lograrlo sola, ya lo verás.

–Kagura, sígueme –mira a la youkay para luego voltearse y seguir el camino correcto, las palabras de esa mujer no la preocupaban, era simplemente imposible que ella diera con el camino antes de una hora y para asegurarse de que no la siguiera hizo que una pared creciera tras su espalda.

–Kagome… –suspira volteando a ver a la chica–. Sabes que es imposible el que lo logres sola, ¿Por qué las dejaste ir?

–Porque sólo hubieras logrado que te matara, tú sabes que ella es más fuerte que los dos juntos además ya no me interesa llegar al centro del laberinto, si la Dama de Jade ya llegó y Kagura también lo logra yo no podré ganar ya que sólo dos doncellas pueden.

–Pero, ¿eso está bien? Es decir… ¿no te importa que una de ellas se case con mi hermano?

–Eso no me importa –niega.

–Mentirosa… –se cruza de brazos–. Tú y Sesshoumaru son igual de mentirosos.

–No me compares con él, yo no miento.

–Sí lo haces, estoy seguro de que no quieres que otra doncella gane el ritual… no estoy diciendo que tú quieras ganarlo, la verdad creo que no quieres que nadie lo gane.

El niño la miró completamente serio, con el ceño notoriamente fruncido y esa imagen irremediablemente hizo a la sacerdotisa pensar en el youkay de quien hablaban… si ella lo negaba, si volvía a repetir que no le importaba bien sabía que el pequeño no le creería y en realidad ni ella creía sus propias palabras.

–No hay nada que hacer –suspira–, es imposible encontrar el centro del laberinto en menos de una hora… lo que en verdad me preocupa es que quedaré atrapada aquí para siempre, bueno… así podré hacerte compañía –sonríe.

–Mujer estúpida, no lo tomes tan a la ligera.

–Kazuki, ya me habías llamado por mi nombre, deja de insultarme –tuerce sus labios–. Además no es que lo tome a la ligera pero, ¿qué más quieres que haga?

–Sigue caminando, ya sea el centro o la salida debes encontrarla antes de medianoche… tienes sólo minutos, así que muévete –la mira enfadado, obligándola a caminar, viendo satisfecho como la chica lo obedece en silencio.

–Veinte minutos… –dice Kazuya mirando al cielo, ya sabía que la presencia que había desaparecido era la de Hikari pero no podía hacer nada para remediarlo, sólo rezar y pedir que pudiera salir del laberinto sin daño alguno.

–Kazuya, si soy la única en pasar la prueba, ¿gano automáticamente? –cuestiona la youkay sonriendo de lado.

–Sí, ya que no será necesario hacer una quinta prueba –responde frunciendo su ceño, esa mujer no le gustaba… miró de reojo al youkay que se mantenía en silencio y con la mirada fija en los cuatros caminos que se unían en el centro, Sesshoumaru estaba preocupado, eso era evidente por mucho que intentaba ocultarlo.

De pronto a lo lejos una extraña silueta llamó la atención de los tres youkay, se acercaba lentamente, después de unos metros notaron que no era sólo una persona, dos presencias se acercaban al centro. Kazuya sonrió al pensar en la sacerdotisa y en el pequeño, pero bastaron sólo unos segundos para que toda esperanza fuera removida de los dos demonios, esa no era la sacerdotisa.

–Por fin he llegado al centro –suspira Kagura sonriendo mientras se detiene.

–Kagura, pero tú… –Kazuya vio a la youkay y después reparó en la mujer que la acompañaba–. Kanoe, así que tú eres la responsable de esto.

–Sólo la orienté un poco –le sonríe entretenida por su enfado, después de todo ella bien sabía que ese demonio tenía una incomprensible cercanía con la humana.

–No tienes derecho a interferir –advierte Sesshoumaru atrayendo las miradas de todos, sus ojos se mantenían fijos en la demonio idéntica a su madre, la odiaba, quería asesinarla en ese mismo lugar.

–Sesshoumaru, no me digas que querías que ganara esa humana –frunce el ceño ante la actitud del youkay, sabía por Irasue de la cercanía de la humana con él y simplemente no lo entendía.

–Él tiene razón –interviene Kazuya–, no tienes derecho a inmiscuirte en la prueba del ritual.

–Aun así ya lo hice y no pueden hacer nada para remediarlo, Kagura es la segunda doncella en pasar la prueba así que esto descalifica a la humana –sonríe.

Kazuya apretó sus dientes ante esas palabras, era verdad, aunque no fuera agradable el admitirlo esa mujer tenía razón, las doncellas podían utilizar cualquier método para pasar la prueba, la ayuda externa no estaba prohibida.

Sesshoumaru empuñó su mano, mirando con furia retenida a Kanoe, alejándose de ese lugar, si escuchaba otra palabra, si veía otro segundo esa molesta sonrisa no podría retenerse.

–Maldita mujer…

Esas palabras retumbaron en el interior de Kazuki, haciéndolo sentir algo extraño, recibiendo la nueva información y sin poder evitar su propio enfado, frunciendo el ceño se detuvo de repente, atrayendo la atención de la sacerdotisa.

–Kagome… –murmura fijando su vista en el suelo.

–¿Qué ocurre Kazuki?

–Esa mujer… Kagura ha llegado al centro del laberinto.

Kagome no creyó haber oído bien las palabras del niño, pero su preocupada expresión le confirmaban sus palabras, finalmente había pasado lo que tres pruebas no pudieron lograr, fue derrotada por las doncellas… bueno, no es tan terrible, ella ni siquiera quería formar parte de ese estúpido ritual, ahora podría hacerse a un lado y esperar que la barrera desaparezca, podría volver junto a sus amigos y a Inuyasha, es cierto que ya no podría ver tan seguido a Kazuya y a Hikari como antes pero de todas maneras podría hacerlo, además otra ventaja es que no verá más a Sesshoumaru.

Ese último pensamiento desconectó por segundos la mente de la sacerdotisa, preocupando aún más al niño que la miraba en silencio, haciendo que el tiempo que le quedaba para salir del laberinto ya no pareciera importante… 15 minutos y todo acabaría finalmente.

Pero…

¿Qué era lo que dolía más?

¿El seguir atrapada en ese laberinto o saber que la única razón que la unía al youkay había desaparecido?

Continuará…