¡Holaaaaaaa! ¿Cómo están? Espero que bien, porque yo estoy muy feliz. Muchas gracias a las personitas que se toman el tiempo de leer esta historia, y más a aquellas que me comentan. De verdad, no saben cuan feliz me hacen :'33.
Hoy dedicaré este espacio para responder los largos Rws de Darkmoon. Obviamente pueden leerlos por si ustedes tienen dudas similares (:
1.- ¿Solamente Pepper es la única amiga femenina de Tony? R: Sí. Amiga verdadera solamente Pepper. Recordemos que casi al principio de la historia, Stark dijo que tenia amigos contados con los dedos de una sola mano, así que ella es la unica mujer que entra en la categoría. No por esto quiero decir que las demás mujeres no tendrán relación alguna con Stark, meteré personajes femeninos pero desarrollarán otras funciones.
2.- Respecto al final. Lo tengo perfectamente definido desde que comencé a escribir la historia, y no, no será parecido al de la película, y mucho menos algo mmm… típico. Me estoy esforzando porque sea diferente, así que puedes estar tranquila (o no).
3.- Respecto a tus teorías. Sobre esto no diré nada, lo siento mucho. Esperaré a que salga a la luz, sacarte de dudas sería como darte una pista importante (lo siento u.u)
4.- La estatura de todos los personajes es la de las películas, y no la de los comics.
5.- ¿Éste será el último fic que harás de este fandom y esta pareja? R: Sinceramente no lo sé todavía. Estoy muy metida en esta historia, y le estoy poniendo todo mi empeño, así que por el momento no tengo algo más en mente. Quizá llegue a hacer un One-shot en lo que se me ocurre algo más, pero no tengo nada concreto aparte de esto. Respecto a lo de Peter, la verdad no he leído comics, así que no puedo meterme en esto de relación Padres/hijo por el momento. Puede que haga una historia donde sean una familia, pero primero tendría que informarme.
6.- ¿Sería mucho pedir un capítulo donde enlaces todas las amistades, es decir, cómo se fueron haciendo amigos? R: Claro que habrá capítulo especial para esto y para otras cosas. Así que no te desesperes, ya vendrá todo (:
7.- ¿Jarvis es visto por Tony como una especie de figura paterna? R: Sí. Aunque esto ambién se explicará más adelante.
8.- ¿Bisexualidad? ¿Celos? Sí, habrá de todo eso. Lo de la orientación sexual lo explicaré en brevedad, mientras que los celos esperaran un poco, pero los habrá ;)
9.- ¿Cuál sería la razón por la que en tu historia Tony abusa del alcohol? R: también lo veremos. La historia de ambos personajes saldrá a la luz junto con algunas cosillas más.
10.- ¿En dónde actualizas más rápido, en FF o en Amor Yaoi? R: actualizo ambos el mismo día. Quizá con diferencia de un par de horas.
Como ves, no he podido responder directamente a todas tus dudas, pero de todas formas gracias por hacérmelas saber. ¿por qué? Porque así se los huecos que voy dejando y tengo que llenar conforme avance la historia. Hay huecos que dejo a propósito, por ejemplo éstos que son tus dudas, pero quizá haya alguno que se me pase por error. Muchas gracias por esto, pues así me voy guiando sobre si estoy dejando el suspenso necesario o de plano la historia no se entiende.
Ahora sí que está aclarado todo (o casi todo) los dejo con el capítulo :D
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10.- El precio de los errores.
Cuando llegó el Martes, llegaron los problemas para Anthony Stark. Uno de ellos se debía a la empresa, y el otro, a Steve Rogers.
Cuando despertó y bajó a desayunar, encontró a Jarvis preparando la comida, como siempre, y no a Steve, como el día anterior. Eso sin duda le hizo sentir una leve opresión en el pecho, al darse cuenta que en realidad su subconsciente había estado esperando verlo en la cocina al ritmo de la radio y haciendo la sopa que sólo él sabía. Así que se había sentado en la silla del comedor aún un poco conmocionado, repitiéndose mentalmente que eran estupideces lo que pensaba. Ingirió sus alimentos y, tratando de disimular—fallidamente, dado de quién se trataba—le preguntó a Jarvis sobre Steve. Éste le informó con una sonrisa y mirada cómplice que seguía dormido, quizá por el desvelo de la noche pasada, y Tony partió al trabajo sin verlo.
Acomodó su abrigo negro sobre el asiento del copiloto, arrancando con el acelerador a todo lo que daba para manejar por las vacías y frías calles de Nueva York a tan tempranas horas. El día anterior no había ido al trabajo, así que hoy tenía que reponer esas horas perdidas. Al llegar, Pepper lo recibió con un regaño y un sermón que duró todo el trayecto del elevador hasta su oficina, donde groseramente le cerró la puerta en las narices. No había querido comportarse así, pero se sentía inexplicablemente de mal humor. Sabía que por su culpa Steve había caído en un profundo sueño reparador al estar más de 24 horas despierto, pero ni siquiera se había dignado a desayunar con él. No es que a él le afectara aquello, simplemente… simplemente le ponía de mal humor, y ya.
Cuando tomó asiento y giró su silla para observar la ciudad que apenas despertaba, sus ojos se desviaron de inmediato al cielo, y asoció el color con los ojos de Steve. Sólo que el color que presentaba el cielo era apagado, sin vida, quizá debido al invierno y la nevada que seguro caería en unas cuantas horas. No se asemejaba a la calidez que desprendía Steve, la mirada brillosa y las emociones que brotaban a través de sus irises fantásticos. Aquella magia que había descubierto el día anterior. Cuando menos lo pensó, se encontró comparando todo lo azul que veía con el color de los ojos del militar. Espabiló asustado cuando se dio cuenta de lo que estaba pensando, al escuchar dos toquidos en la puerta de su oficina, seguidos por la entrada estrepitosa de una ceñuda Pepper. Ella le pasó un teléfono inalámbrico, sin cambiar la expresión de su rostro, seguramente molesta por su atrevimiento de cerrarle la puerta en la cara. Pero Tony no pensaba disculparse por algo tan banal como aquello.
—¿Quién es? —cuestionó mientras se estiraba un poco para tomar el aparato, haciendo a un lado algunos papeles que tenía sobre el escritorio. Se le había olvidado leerlos por estar pensando en cierto hombre. Ella le devolvió la mirada con esos ojos azules hermosos, pero que ni de lejos se acercaban a los de Steve. Tony se sintió perdido y desorientado por ese pensamiento.
—No lo sé. —se encogió de hombros—. Es una llamada anónima que me han pedido como favor urgente que te comunique... Es una mujer. —le informó con cierto tinte de preocupación en la voz.
—Yo no he dejado ningún hijo botado por ahí, te lo juro Pepper. —contra restó con una sonrisa marca Stark, pero su secretaria personal ignoró su comentario, cruzándose de brazos y esperando a que él tomara la llamada.
Contestó la llamada, donde una mujer lo recibió de buena manera, disculpándose por llamar tan de repente. Después la línea fue trasladada y Stark tuvo que esperar algunos segundos, mientras veía a Pepper ir de un lado a otro, como león enjaulado. Rodó los ojos y le ordenó que tomara asiento y se relajara. Ella pareció no hacer caso a sus indicaciones, pues salió de la oficina totalmente molesta. Tony rodó los ojos una vez más, mientras suspiraba con resignación. Las mujeres y sus preocupaciones absurdas.
—¡Stark, qué gusto poder hablar contigo! —el tono sarcástico y crudo le informó a Tony sobre quién se trataba aquella llamada. Primero su gesto se volvió duro, pero cambió. No podía ignorar esa llamada. Relajó sus músculos y se permitió tomarse su tiempo de ponerse de pie y caminar hacia su cafetera, para servirse algo que le hacía falta en el organismo: cafeína. Nunca era suficiente para él— ¿Cómo has estado?
—Mejor que tú, sí. —contestó, mientras servía el líquido caliente en una taza de porcelana blanca—. Recurrir a una mujer para poder contactarme es un golpe muy bajo. Casi estaba sopesando la idea de tener algún hijo por ahí. Eres cruel. — usó un tono algo amargo, para expresar la molestia de aquella fea broma. Pero qué podía esperar viniendo de alguien como él.
—Vamos, que has recibido noticias peores que la llamada urgente de una mujer, así que no alardees... Como sea, quiero verte, Stark. —la voz de aquel hombre sonaba un poco ronca, y hasta cierto punto, demandante. Cosa que le hizo fruncir el ceño, pues Tony Stark jamás recibía órdenes de nadie. Quizá Pepper, pero ella era un caso especial.
—Pues no puedo. —contestó algo más molesto, mientras volvía a tomar asiento y tomaba un sorbo de su café matutino. Se dispuso a hojear las hojas que tenía que leer de forma distraída, pues ciertamente poco le interesaba lo que el otro tuviera que decirle. Jugó con su corbata un rato, tratando de llevar más amena aquella conversación que estaba alterándole.
—Lo siento, pero no es un pedido, como te habrás dado cuenta. Quiero verte para…—
—Ya te dije que no. —le corto las palabras con un tinte amargo—. Y tengo mucho trabajo, así que colgaré. —pero antes de que pudiera cortar la llamada, una suave risa lo interrumpió. Una risa amarga y conocedora. Frunció el ceño y volvió a apoyar el aparato en su oreja—. ¿De qué diablos te ríes?
—De ti, Stark. Estás negando tu origen... El tuyo y el de tu empresa. —esas palabras hirientes hicieron mella en el castaño, quien sólo pudo cerrar los ojos y apretar los puños, completamente impotente al saber que no podría hacer nada al no tener a ese idiota enfrente para poder retorcerle el cuello. Se quedó callado esperando a que el otro hablara, dando por perdida la batalla telefónica.
—¿Qué es lo que quieres de mí? —preguntó, con gesto endurecido por la seriedad. Dejó los papeles a un lado, volviendo a girar la silla y mirando nuevamente al cielo. Su cuerpo se destensó cuando un solo rostro asociado al cielo volvió a sus pensamientos. La paz que le producía su color azul, y el recordarlo, le hizo casi perder el hilo de la conversación para nada agradable que estaba teniendo a través del teléfono. Estúpido Rogers.
—Sabes bien lo que quiero. Quiero que construyas armas de nuevo. —le demandó con voz neutral del otro lado. Stark volvió a fruncir el ceño, sintiendo como la ira y los recuerdos fluían por sus venas.
—¿Y si me niego? —preguntó con un tono irónico, como quien pregunta por simple obviedad. Era claro que jamás aceptaría algo como aquello. En estos tiempos ya no, quizá en el pasado lo hubiera hecho sin pensarlo dos veces, pero había un nuevo Tony Stark habitando en su cuerpo. Ya había hecho muchísimo daño, y no planeaba añadir algo más a su larga lista de cosas imborrables.
—Te persuadiré. —contestó con simpleza, como si hubiera esperado esa pregunta desde el principio—. No lo olvides, Stark. Sé tus puntos débiles. Y los que no, los encontraré. — y la llamada se terminó dejándolo con la palabra en la boca.
Sin darle tiempo realmente para pensar, la puerta principal de la oficina fue abierta, dándole paso a una preocupada Pepper. Ella caminó con paso presuroso hasta él, quitándole el teléfono de las manos, observándolo atentamente. Apagó el celular y le preguntó a Tony si quería rastrear la llamada, pero él se negó. Se levantó y llenó su taza de café, a pesar de que ésta se encontrara casi llena. Dio un sorbo, y luego otro más. La migraña comenzaba a hacerse presente.
—¿Quién era? —la rubia se aventuró a preguntar, balanceando la idea de que Tony pudiera enojarse, o encerrarse en su coraza como lo hacía siempre. Sabía que la llamada lo había descolocado, podía leerlo en sus facciones serias que pocas veces mostraba. Tony no la miró en ningún instante.
—Nick Fury. —contestó simplemente, cerrando los ojos y sobando con las yemas de sus dedos sus sienes. El día no estaba mejorando para nada.
—¿Y qué quería? —volvió a cuestionar, tomando entre sus manos la pila de papeles que su jefe tendría que haber leído. Cuando no obtuvo respuesta se dio cuenta de que no necesitaba ninguna realmente. Ella lo sabía. Sabía que aquel nombre venía acompañado de una sola palabra: problemas. Así que con los papeles en mano, regresó a la puerta por donde había entrado—. Los revisaré por ti. —y se perdió sin decir una palabra más.
Pepper sabía que Tony no tendría tiempo para esos papeles, cuando lo que se avecinaba era tan grande como lo que había estado conteniendo por años. El pasado de su empresa, y el de él mismo, lo estaban alcanzando a pesar de que Stark había querido dejar todo atrás. Era imposible e innegable el peso sobre su espalda. Había llegado la hora de afrontarse a sí mismo. Hora de afrontar el precio de sus errores. De ello dependía el futuro de su empresa, de su gente, sus empleados, de Pepper y él mismo.
Tony Stark estaba en números rojos.
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Dos horas más tarde, cuando la tensión matutina por la llamada había pasado a segundo plano, y Tony Stark había ideado el plan de no dejarse manipular por aquel hombre y su organización, fue que recobró su humor de siempre. Se había mantenido en juntas seguidas durante ese intervalo de tiempo, apenas dándole tiempo para respirar y pensar en algo. Aunque internamente lo agradecía, pues así más pronto se le pasaba el trago amargo que había sufrido.
Cuando las juntas absorbentes terminaron, se permitió darse el lujo de deshacerse de su corbata, tirándola sin delicadeza sobre su sofá de cuero, mientras se tiraba en su silla personal totalmente agotado. Cerró los ojos y trató de serenarse, pero un pitido insistente proveniente de su celular lo puso alerta. Miró con detenimiento el nombre de quien llamaba ésta vez, y gruñó con fastidio, contestando por fin.
—¿Qué quieres? Logro tener un minuto de paz interna y me molestas. Espero que sea algo importante o si no, me veré obligado a clausurar tu estúpido local de nueva cuenta. —soltó de un solo tajo, sin detenerse hasta haber acabado con su amenaza. Quizá eso fuera suficiente para que el otro colgara, pero sólo escuchó una risita molesta y pudo adivinar el rostro del interlocutor. Gruñó de fastidio, cerrando los ojos en busca de paz.
—Y yo que pensé que estarías de excelente humor. Al parecer no tuviste un buen día, espero que eso mejore al llegar a casa. —el tono venenoso que se coló en los oídos de Tony, le hicieron abrir los ojos e incorporarse en su silla nuevamente, algo alerta ante las palabras del otro hombre.
—¿A qué te refieres, Loki? —indagó. Una pequeña risita cómplice se escuchó del otro lado. Comenzaba a odiar las llamadas, porque no podía ver con odio a quien quiera que se encontrara del otro lado de la línea.
—Que quizá cuando llegues a casa tu estrés se vaya. Espero que en este fin de semana, Rogers haya aprendido a cumplir bien con…
—¿Qué? —le interrumpió, totalmente desorientado—. No sé de qué jodidos me estás hablando. Tuve un fin de semana horrible. —un sonido de sorpresa salió del otro lado, y Tony arqueó una ceja sin comprender.
—¿Entonces no pasó nada? —preguntó con algo de desilusión.
—¿Pasar de qué? Lo único que pasó fue que atrapé un resfriado espantoso por salir a la calle en poca ropa, y todo porque el bastardo de Rogers se me perdió de vista. Cuando desperté el Domingo no recordaba casi nada de la noche anterior, y pensé que ese hombre se había extraviado o algo. Estuve a punto de llamarlos. —recargó su nuca en el respaldo de la silla, mientras desabotonaba los dos primeros broches de su camisa color beige.
—¿No recuerdas nada? ¿De verdad? —Loki aguantó una risa que pugnaba por salir de sus labios—. No sé si me das risa, o pena. —y tras el silencio que se instaló de ambos lados, fue Loki quien decidió hablar de nueva cuenta—. Ni te imaginas lo que hiciste en el bar, ni con quién.
—¿Quieres iluminar mis oscuras lagunas mentales? —preguntó con un deje sarcástico, pero internamente ansioso por saberlo. Sabía que el motivo de la llamada de alguien como Loki era simplemente molestarle con comentarios acerca de lo que él hacía en sus estados de ebriedad, pero su garganta se secó ante el presentimiento de que ésta vez no era nada de lo que sentirse orgulloso, o reír juntos, como en algunas ocasiones ameritaba.
—Será todo un placer, Stark. —
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Bruce tomó un respiro profundo, antes de sentarse en una de las grandes rocas de aquella empinada montaña. Llevaban un día escalando, y sentía que no podía soportarlo más. Quizá debería haber aceptado la ayuda de Tony, y mandar un equipo especializado. Después recordó la mueca de tristeza de Steve, y se dijo a si mismo que estaba haciendo lo correcto. Quería liberar parte de la culpa que sentía por haber sacado al rubio de época. La tarde caía sobre ellos, pues el Sol abastecía el paisaje con sus últimos rayos.
—Deberíamos parar y acampar aquí por hoy. —Clint lo miró desde su posición, dos metros más arriba. Bruce le asintió con un gesto, mientras se quitaba la pesada mochila de los hombros y la depositaba en el suelo. Después abrió un cierre y encontró una botella de agua de la cual no dudó en tomar. Cuando se sintió satisfecho, devolvió todo a su lugar. Estiró su cuerpo, viendo como el otro hombre depositaba su propia mochila en el suelo, y sacaba lo que parecía dos telas grandes.
En silencio, cada quien hizo su casa para dormir aquella noche de invierno, que seguro sería más helada que la pasada. Por suerte habían llevado abrigos térmicos y cobijas calientes. Estaban lejos de la cima, donde Bruce esperaba encontrar el Iridio. Quizá a más de dos semanas si seguía nevando como hasta ahora, pues no podían avanzar más que unos cuantos metros a causa de las avalanchas y derrumbes. La seguridad estaba primero.
Cuando hubo terminado de acomodar sus cosas dentro de la carpa, salió al frío clima de afuera, donde vio a Barton tratando de encender fuego. Se quedó contemplándolo desde lejos, con mirada melancólica al traer viejos recuerdos a su memoria. Después espabiló y se acercó, con pasos silenciosos. Destaparon algunas latas con comida y cenaron, en un silencio sepulcral que solamente se rompía por los ventarrones de aire acompañados con un poco de nieve. Esos que apagaron más de cuatro veces el fuego, arrancándoles risas juntas, pero separadas al mismo tiempo. Como si cada quien estuviese en su propio mundo.
Bruce se puso de pie en cuanto se sintió lleno y cansado, pues no era fácil escalar por una montaña donde la nieve era su principal característica. Lo peor era escalar en círculos, pues si iban de forma directa, una avalancha los podría tumbar cuesta abajo. Además de variados peligros. Tenían que ir con precaución. Así que se despidió de Clint, deseándole una buena noche con el tono más formal que pudo emplear, y sin mirarle a los ojos se dio media vuelta para ir a su casa de campaña, pero un agarre firme sobre su brazo lo detuvo. No se dignó a mirarle, a pesar de que podía imaginar sus ojos y los sentimientos que lo atacaban.
—Yo… no quise hacerlo. Perdóname. —fue todo lo que dijo. No hubo más palabras, más silabas. Solo el silencio llenó el tiempo, los segundos que habían trascurrido. Bruce se quedó inmóvil, así como inmóvil se quedó el agarre sobre su brazo derecho. Un cumulo de sensaciones se arremolinaron en su pecho al darse cuenta de la magnitud de las palabras de Barton, y deseó fervientemente que el frío pudiera congelar su corazón que daba saltos desbocados, como si hubiera corrido una maratón. Barton nunca le había pedido perdón en todo ese tiempo. Sin embargo, se sentía perdido.
—Hace tiempo que lo hice, Clint. —y sin darse vuelta ni pedirlo, el agarre sobre su brazo se desvaneció, dejándolo marchar. Y Bruce no lo pensó dos veces antes de perderse en la comodidad de su casa de campaña, arropándose con las calientes cobijas que neutralizaron sus lágrimas cuando éstas comenzaron a brotar silenciosas por sus ojos, llenas de recuerdos amargos y de un solo rostro en su mente.
Bruce no podía competir contra sus sentimientos.
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Loki se estiró cual gato en cuanto pisó por fin su departamento. La calidez de su hogar lo acobijó, y sonrió de forma imperceptible. Dejó las llaves en donde siempre lo hacía, y caminó hasta un aparato donde encendió el aire acondicionado. Afuera hacía mucho frío. Tomó las bolsas que llevaba, y comenzó a sacar los productos que había comprado para la cena y la despensa. A veces tenía que hacer las compras entre semana cuando Thor arrasaba con todos los alimentos, era como un cavernícola en el siglo XXI. Prendió la radio y se dedicó a disfrutar la música clásica mientras preparaba la cena junto con algunos aperitivos, y su infaltable café americano.
Se paseó por toda la sala y la cocina, yendo y viniendo, dejando aquí y allá la comida recién echa y caliente. Se dio una ducha rápida, y se cambió la ropa por algo más cómodo. Planeaba tener una buena cena en compañía de su hermano. Peinó sus cabellos negros y cuando escuchó la puerta abrirse, fue a recibirlo con una sonrisa de medio lado. Los ojos azules del más alto chocaron contra sus verdes gemas, y Thor se acercó inmediatamente para darle un beso hambriento. Soltó la maleta del trabajo con un sonoro golpe, mientras atraía con ambas manos el cuerpo delgado de Loki. Sus grandes manos se instalaron en su espalda, mientras sus labios buscaban a través de juguetonas mordidas, encontrar la lengua contraria. La mejor de las bienvenidas.
Loki gruñó bajito y le dio permiso de asaltar su cavidad bucal, mientras sus ansiosas manos despeinaban los mechones rubios con sensualidad, dándole pequeños tirones. Thor jaló un poco su labio inferior al separarse, solamente para verlo a los ojos con un deseo que no quiso ocultar. Después le sonrió y depositó un beso dulce—cursi a ojos de Loki—sobre la otra frente, mientras sus manos se deslizaban hasta el trasero del ojiverde, para tomarlo de ahí e impulsarlo hasta apoyarlo con soltura sobre sus masculinas caderas.
—La cena se va a enfriar. —le recriminó con el ceño fruncido, pero totalmente ataviado en las acciones inesperadas y bruscas de Thor. Le encantaba la parte salvaje de su hermano, en verdad le ponía mucho esa posesión para con él. Esas manos que apretaban su trasero lo volvían loco, sumado a la notable dureza que sentía debajo. Thor pegó más sus cuerpos, afianzando las piernas del pelinegro en su cadera, haciéndolo jadear con anticipación. Loki se mordió el labio inferior, incitando al rubio. Pasó sus manos por los anchos hombros y las dejó ahí, apretando un poco la zona.
—La cena puede esperar para más tarde. —y volvió a besarlo con hambre. Ante los ojos de Thor, Loki aún no comprendía que él prefería cenar otras cosas, antes que la comida recién preparada.
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Cuando Tony salió de la oficina, lo hizo sin avisarle a Pepper. Simplemente se escabulló milagrosamente hasta llegar al elevador. Solamente cuando estuvo sentado en su Audi R8, fue que pudo suspirar con notable calma. Escapar de su secretaria personal no era tan fácil, sobre todo cuando había dejado botado el trabajo del día. La tarde ya comenzaba a caer, pero realmente no le importó que fuese tan temprano para salir a divertirse. A Tony Stark le faltaba una buena salida, unos buenos tragos, y olvidarse del trabajo... Y no. La salida con los hermanos incestuosos y Steve no valía.
Precisamente era esa salida la que quería olvidar, pues cuando Loki le había confesado lo que había hecho, casi había querido aventarse del último piso de Industrias Stark. Bueno, quizá algo no tan exagerado, pero sí desaparecer durante al menos unos días. ¿Con qué cara vería a Rogers a los ojos? Loki le había contado que él estaba prácticamente en los brazos del rubio queriendo buscar contacto más íntimo, y con el otro respetuosamente tratando de alejarlo. Quería darse de topes contra el volante, ¿Cómo había podido dejar que eso pasara? Él era bisexual, estaba bien con eso, pero ¿Steve cómo lo tomaría? Obviamente no le iba a decir que bateaba para ambos equipos, pues el rubio se mostraría incómodo. Apenas estaba asimilando la libertad de orientación sexual como para saber de repente que vivía con un hombre libre, en todo sentido de la palabra.
Estúpida borrachera, y estúpida lengua. Loki se había burlado quince minutos seguidos de él argumentando que Steve no se veía realmente incómodo con su violación de espacio personal, sino que hasta lo mantenía bien agarrado de la cintura, como él había podido visualizar. De igual forma trató de tranquilizarlo diciéndole que nada malo pasaba si Steve sabía que él era bisexual, y que había sido por esa misma razón que lo había llevado a ese bar en especial. Maldito Loki y sus planes para abrir mentes. Quizá con volver a clausurar su preciado local por otras dos semanas bastaría.
Lo peor era que Rogers le había preguntado cosas sobre ese tema en específico, y él, quitado de la pena le había comentado sus ideas. Vaya estúpido. Pero tomándolo desde otro punto de vista más objetivo, ¿por qué Steve no se lo había comentado? ¿Por incomodidad? ¿Desprecio? ¿Por qué diablos no le había reprochado su indebido comportamiento? Sin embargo, el mismo rubio le había confesado que no sentía ninguna clase de repulsión hacia esas personas, ¿entonces qué lo había hecho quedarse callado? Sin quererle dar más vueltas al asunto, encendió su coche y se perdió por las calles de Nueva York, en busca de alguien que le ayudara a olvidarse del mundo por un rato.
No quería pensar en la posibilidad de tener algo con Steve Rogers.
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¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado :D ya sé que he generado más dudas todavía xD pero siempre pueden preguntar y yo responderé con gusto :D! (responderé lo que pueda y no sea spoiler, de lo contrario les arruinaría la historia). Por el momento no tengo nada más que decir. Nos leemos en la actualización.
¡Un beso enorme!
