¡Hola!
He llegado a actualizar el fic más largo que he escrito, espero les guste este capítulo y estoy feliz de que el anterior les haya gustado, tienen razón, ya era tiempo de que hubiera un beso entre esos dos orgullosos xD
¡Espero sus comentarios y nos estaremos leyendo pronto! ^^
~ Cindy Elric ~
Vigesimoséptima Melodía: Trato
Kagome y Sesshoumaru seguían en la habitación, ambos en un completo silencio que la verdad ninguno de los dos quería romper o por lo menos ese era el caso del youkay, porque la sacerdotisa sentía sinceros de deseos de gritar.
–¿Por qué hiciste eso?
Kagome miró con atención la espalda frente a ella, el demonio aún se negaba a mirarla algo que sólo hacía crecer su enfado, por otro lado Sesshoumaru seguía castigándose mentalmente por ese impulso mal retenido, él no quería hacerlo, no sentía ningún interés por la humana por lo que no debería querer besarla entonces… ¿por qué demonios lo hizo? Es una simple humana, una raza muy inferior a la suya, ¿por qué manchó su boca con la contraría? ¿Qué quería lograr? ¿Qué esperaba ganar? Nada, absolutamente nada más que una repugnante humillación.
–¡Respóndeme!
La sacerdotisa se levantó enfadada, ese silencio era eterno y su pregunta no había sido contestada, ¿por qué lo había hecho? ¿Qué se proponía? ¿Qué se creía? Sesshoumaru no tiene el derecho… no es quien para arrebatarle un beso de esa manera, ok, tiene que aceptar que lo respondió, sí, por alguna estúpida razón sus instintos las traicionaron reaccionando de una forma absurda pero eso no significa que estuviera bien, es decir, ¡fue tomada por la fuerza! Estaba furiosa, colérica… ese estúpido youkay se había atrevido a hacer algo tan… tan… ¡argh! Y para adicional ahora ni siquiera es capaz de mirarla y darle una respuesta, ¡que ella se merece! Maldito cobarde.
–¡Mírame cuando te hablo!
Una mano en el hombro del demonio lo obligó a girar, haciendo que el dorado y el marrón se encontraran, chocando, reflejándose el uno en el otro, en uno había odio y en el otro rencor, qué sentimiento le pertenecía a cada uno era un misterio ya que el rencor o el odio fácilmente podrían ser intercambiados… ella soltó su hombro y él frunció su ceño, Kagome volvió a sentarse mientras que Sesshoumaru seguía de pie, ambos buscando las palabras precisas para pronunciar.
–Eres un estúpido.
–Lo sé.
–¿Qué pretendes lograr con eso?
–Nada.
–¿Acaso quieres que crea que me besaste por nada? –Frunce su ceño–. Yo no soy tan estúpida como tú Sesshoumaru.
–Eso es mentira –también frunce su ceño– porque lo respondiste.
Kagome le hizo un desprecio y entonces él sonrió, el ambiente aún era tenso pero no de la misma forma, no por enfado sino por incomodidad.
–¿Qué quieres Sesshoumaru? Se claro, no vengas con rodeos, ¿qué piensas obtener de esto? –Cuestiona cruzándose de brazos y arqueando una ceja–. ¿Es acaso un nuevo plan tuyo para escapar del compromiso?
–No hay plan oculto, aún no he pensado en una solución a ese problema.
–Entonces, ¡¿qué demonios intentas lograr con esto?! –Se levanta acercándose al youkay, quedando a centímetros de él, el enojo volviendo a reflejarse en sus ojos–. ¡Responde maldito youkay!
–¿De verdad quieres saberlo? –Quiso esquivar esa pregunta pero… ¿cómo? ¿Cómo poder esquivar ese enfado y ese coraje? La sacerdotisa estaba furiosa y sería capaz de perseguirlo por todo el castillo pidiendo a gritos una respuesta, no, eso no podía permitirlo, que su madre se enterara, que cualquiera lo supiera… no, ¡nunca lo permitiría!
–Por supuesto –asiente volviendo a cruzar sus brazos en espera de la respuesta.
–¿Quieres saberlo? –Advierte acercándose a ella, desapareciendo el aire que los separaba, mirándola desde arriba y sintiéndose superior por el simple hecho de que ella tenía que alzar su rostro para mirarlo.
–¿Qué quieres Sesshoumaru? –Frunce su ceño sin dejarse intimidar, no dejaría que su cercanía la dejara sin habla, aunque sintiera un calor ajeno en sus mejillas y un extraño cosquilleo en su estómago, no, no lo dejaría salirse con la suya, sabía muy bien que ese demonio quería lograr callarla, esquivar la pregunta como pudiera, evitar que lo persiguiera gritando a los cuatro vientos lo que el supuesto príncipe sin corazón había hecho–. Responde de una vez.
–Porque quise –responde sonriendo de lado, no era la respuesta que la chica esperaba pero era la simple verdad, sólo había sido un impulso, algo que quiso hacer y lo hizo–, sólo por eso.
–¿Por qué quisiste? –Pudo sentir como una vena palpitó en su frente y ahora no era vergüenza el rojo en sus mejillas, era un nuevo enfado, por Dios, no sabe cuál era el límite de su paciencia pero estaba segura de que fue fácilmente rebasado por el demonio, ni siquiera Inuyasha lo había logrado tan rápido… o por lo menos nunca había sentido las mismas ganas de golpearlo con una silla o cualquier cosa que tuviera a mano.
–Exacto.
–¿Me estás diciendo que querías besarme? ¿Qué fue un simple impulso?
–Sí.
–¡Tienes que ser imbécil! ¡¿Cómo se te ocurre hacer algo así por un simple impulso?! ¡¿Acaso no eres un frío youkay?!
Sesshoumaru levantó su mano para tapar esa molesta boca ya que estaba seguro de que esos gritos fácilmente traspasaban las paredes y la puerta, pero su mano fue evitada cuando la chica le hizo un desprecio volteándose.
…
Mientras tanto en el salón aún estaban Kagura y la Dama de Jade ya que se habían quedado por petición de Irasue.
–Estoy sinceramente satisfecha con su desempeño –decía mientras toma una copa entre sus manos–, la próxima prueba será simple, sólo una pelea, una oportunidad en la cual ambas se enfrentarán con todo su poder para decidir quién será esposa de mi hijo, me pregunto… ¿quién ganará?
La youkay sonrió de lado mientras miraba a las dos doncellas, Kagura entendió enseguida esa sonrisa, era evidente el desenlace, ella era fuerte, sí, pero la Dama de Jade la sobrepasaba en poder, no podría ganar aunque quisiera… entonces una idea llegó a su mente, algo para poder lograr su objetivo, vencer a la demonio y de paso ser la ganadora de ese tan importante ritual.
…
Kagome aun miraba exasperada al youkay, odiándolo por lo atrevido, por querer silenciarla con ese viejo truco.
–¡Ni creas que me callarás con eso otra vez! ¡Maldito demonio de esto no te escaparás como siempre! –Lo miró de reojo, notando su enfado, no le interesaba el peligro que pudiera estar corriendo, si quería matarla pues que lo hiciera porque esa sería la única forma de que dejara de gritarle–. ¿Por dónde quieres que empiece? Tú… primero me secuestran por tu culpa, me mantienes encerrada en esta maldita barrera para participar en un estúpido ritual del que no tengo nada que ver, me metes en problemas que me dañaron o hicieron a mi vida peligrar, pero no, no era suficiente, ¿no es así? Tenías que hacer algo para descontrolarme, para dañar mis emociones y mi orgullo, maldito demonio… ¿qué ganas confundiéndome de esta manera? ¿Acaso quieres te quiera? ¿Qué me enamore de ti? ¿Qué ganas besándome? ¿Qué ganas haciéndome probar tu boca? ¿Qué me guste? ¿Qué me haga adicta? ¿Quieres que desee besarte? ¡¿Acaso quieres que te ame?!
Habían sido demasiadas preguntas como para poder reaccionar, el youkay se detuvo a repetir todas en su mente, cada una era más absurda que la anterior… estúpidas, simplemente irracionales… miró a la chica que parecía estarse castigando mentalmente, ella no había controlado sus palabras, no era todo eso lo que quería decir… por lo menos no en voz alta, bueno, ya estaba hecho, ya había dicho todo lo que estaba guardado y que se le escapó por la frustración de no entender, ahora quedaba ver las consecuencias de su ataque de histeria.
–¿Podrías amarme? –Una simple pregunta, una que hirió su orgullo y desconcertó aún más a la chica.
–¿Quieres… que te ame?
–Responde, ¿podrías amar a este youkay que has maldecido más que a cualquiera? ¿Podrías no odiarme por hacer todo eso que dijiste? –La vio voltear completamente, mirándolo entre sorprendida e intrigada, él mismo no se sintió cómodo con esas preguntas, lo hacían sentir que perdía su preciado orgullo al querer saber sus respuestas, saber si esa mujer podría quererlo… que alguien podría quererlo por algo más allá que su poder.
–Podría… pero no quiero –respondió seca, esperando quizás herirlo un poco pero sin poder notarlo.
–¿Por qué?
–Porque no quiero a estúpidos –resopla haciéndole un nuevo desprecio.
–Pero quieres a Inuyasha –jaque mate, el orgullo de ambos fue herido pero él se aseguró el golpe final.
Kagome retuvo su respuesta unos segundos, preguntándose si era prudente el decirla, si ganaría algo… después de meditarlo la cambió, si el youkay se creía tanto como para no responder sus preguntas y simplemente interrogarla a ella, pues haría lo mismo.
–¿Te importa si lo quiero? –Comienza tratando de fingir tranquilidad.
–No –frunce su ceño ante la repentina pregunta.
–¿Te molestaría que me fuera con él? ¿Qué te dejara aquí solo?
–No –el enfado creció de manera considerable.
–Oh cierto, no estarás solo, después de todo tendrás una linda esposa y muchos hijos para jugar con ellos –sonríe de lado al ver el enfado del youkay, sabía que la estaba maldiciendo en su mente pero no le importaba.
–Cállate.
–Tú empezaste, ahora te aguantas.
–Maldita humana…
–Seré maldita pero manchaste tu boca con la mía, dime Sesshoumaru… ¿qué sientes al saber que besaste a esa raza tan despreciable? ¿Te odias a ti mismo tanto como me odias a mí?
–Tus labios no son nada como para darles tanta importancia, tu sabor no es digno de recordar.
–Entonces… si volviera a hacerlo, si volviera a besarte, ¿no me responderías? Si mis labios son tan inútiles como dices podrías olvidarlos fácilmente, ¿no es así? –se acerca al demonio, poniendo una mano en su pecho, tratando de sentir sus reacciones, sintiéndose a sí misma temblar por ese contacto.
–Si quieres buscar excusas para repetirlo adelante –sonríe más tranquilo al sentir ese contacto, no porque le gustara, aunque no dice que no le agrada, pero lo que lograba tranquilizarlo era que esa mujer estaba más inquieta que él, podía sentir su temblor aunque quisiera ocultarlo–. Estoy seguro de que la idea de que esa mujer gane el ritual ya no es tan buena como antes.
–Sí lo es, Kagura siempre será mejor que la Dama de Jade –frunce el ceño, ese tema ya había sido cerrado, sólo estaba desviando la conversación.
–Entonces, ¿te gustaría que ella también me toque? –Sonríe–. ¿No te importaría si hago esto con ella? –Cuestiona sujetando la mano que estaba en su pecho.
Kagome sintió un escalofrió en su espalda y nuevamente ese calor en sus mejillas, ese youkay era imposible, hacía cosas… decía cosas demasiado complicadas… pero no podía evitar que el frío de esa mano le gustara, era incomprensiblemente agradable.
–Responde –amplió su sonrisa, creyendo interpretar su vergüenza, creyendo comprender su desconcierto, en realidad no estaba seguro de la respuesta que obtendría a sus propias palabras pero por el momento podría conformare con sólo tomar su mano, esa piel era extrañamente cálida, más tibia que su propia piel, era agradable, se sentía bien.
–No me interesa –gruñó al mismo tiempo que se soltaba del agarre, sintiendo al instante que extrañaba el agarre pero arrepintiéndose de ese pensamiento.
–¿Segura? –De pronto sintió como su mano volvía a su temperatura normal, enfriándose, perdiendo esa nueva calidez y lo odió.
–Te digo que sí –frunce su ceño, había sido burlada, se había reído en su cara haciéndola perderse en cavilaciones sin sentido con el simple objetivo de hacerla olvidar su enfado–. Imbécil…
–Mujer estúpida… –se voltea, dispuesto a marcharse, dar por terminada esa absurda situación.
–¿Escapas cobarde?
–No escapo, me alejo.
–Di lo que quieras, eso no cambia la realidad.
–No me interesa lo que pienses de mí.
–Eso ya lo sé.
Sesshoumaru por fin salió de esa maldita habitación, creyendo escuchar un último insulto, una última maldición, sonrió de lado por ello y siguió su camino, tenía cosas más importantes en que pensar, por ejemplo, cómo demonios se iba a librar de ese estúpido compromiso.
…
–¡Maldito youkay!
Grita con todas sus fuerzas dejándose caer en su cama, sabía que el demonio ya estaba demasiado lejos como para escucharla pero no le importaba, aún tenía mucha rabia retenida, aun sentía deseos de golpearlo con todas sus fuerzas… suspiró profundamente, tranquilizándose a sí misma, pidiéndole al cielo que le devolviera la paciencia, lográndolo después de dos minutos, muy bien y ahora… ¿qué tenía que hacer? Pensó otro minuto, recordando que esa maldita estúpida barrera desaparecería a medianoche, pudiendo salir por fin… y ahora que lo recuerda, aun no iba a ver a sus amigos, Inuyasha debía estar más que preocupado.
En eso estaba la sacerdotisa cuando escuchó que tocaban la puerta, pensó en Sesshoumaru pero desechó la idea al instante, después de todo él no es de los que tocan… podría ser Hikari, relajó su expresión esperando ver a su amiga al otro lado pero teniendo una desagradable sorpresa al abrir la puerta.
–¿Kagura?
–¿Puedo pasar? –Preguntó sonriendo.
–C-Claro… –abre aún más la puerta dejándola entrar, poniéndose alerta por si fuera necesario–. ¿Qué ocurre?
–Acabas de tener una conversación muy interesante, ¿no? –Amplía su sonrisa, esa mujer era fácil de leer para ella.
–¿Qué quieres Kagura? –Frunce su ceño.
–Que hagamos un trato.
–¿Un trato? –Retrocede dos pasos, chocando con la puerta ya cerrada, no le tenía miedo pero su actitud era de cuidado.
–Sí, escuché que entre las dos doncellas que quedamos esperas que yo gane… me pregunto si eso es verdad, dime, ¿te gustaría que Sesshoumaru se casara con la Dama de Jade?
–Habla claro Kagura, la poca paciencia que tengo Sesshoumaru ya la ha hartado –advierte cruzándose de brazos.
–Quiero que me entregues un fragmento de la perla.
–¿Qué? Pero… –al momento de escuchar eso tocó la perla que colgaba de su cuello, era imposible, ella nunca le entregaría un fragmento a esa mujer.
–Sólo con el poder de la perla de Shikon podré ganar la última prueba, sin ese poder la Dama de Jade será la ganadora –frunce su ceño.
Kagome entendió lo que quería decir… y era cierto, si Kagura debía enfrentarse a esa youkay la diferencia de poderes era considerable… cerró sus ojos, se odió y separó uno de los fragmentos, apretándolo en su mano, haciéndose daño al sentir que se lo enterraba, no quería hacerlo, sabía que si Inuyasha se enteraba le gritaría pero también era verdad que no quería que la Dama de Jade ganara, no, si Sesshoumaru debía estar con alguien (con alguien que no fuera ella), tendría que ser Kagura.
–Toma, ahora vete por favor –desvía la mirada sin querer ver la sonrisa de la mujer, abrió la puerta maldiciéndose en silencio, por haber accedido y el que le doliera, que el hecho de que el demonio se casara con otra pudiera afectarle tanto.
–De acuerdo –asiente complacida, pensando en si agregar algo pero arrepintiéndose.
–Con respecto a lo de antes… –dice antes de que la youkay se marchara–. Sobre mi conversación con Sesshoumaru…
–Eso no es asunto mío, no diré nada –responde y luego se marcha.
Continuará…
