¡Hola! ¿Cómo están? Espero que bien.

Tengo algunas cosillas que quiero compartir con ustedes.

La primera es que siento mucho si últimamente tardo con las actualizaciones, pero es que simplemente la escuela absorbe todo mi tiempo. He estado en épocas donde los profes dejan mucha tarea y el estrés es demasiado, así que no me ha dado mucho tiempo de escribir.

Agradezco infinitamente a las personitas que tiene ésta historia en favoritos, y a quienes la siguen. Recuerden que dejar un review también se vale ;3

Por otra parte (y no menos importante) lo que me ayudó a terminar éste capítulo fue el tráiler del Capi *w* si no lo han visto, búsquenlo, porque es excelente, casi grito la primera vez que lo vi. Él se ve tan guapo, varonil y perfecto~

En todo caso, l s dejo con el capítulo.

Responderé a Darkmoon al final del capítulo :33

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CAPÍTULO 12.- inercia retrasada.

Tony sintió nauseas en todo el trayecto de camino a la Torre Stark. Sostenía en su regazo una bola gris pequeña, retorciéndose.

Había ido a una tienda de mascotas abandonadas, y de entre todos los animales que había, terminó por escoger un lindo cachorrito que le había llamado la atención por el color gris de su pelaje, sin contar con que era bastante tierno y esponjoso. Aunque para decidir si llevarlo o no a casa había pasado dos horas en ese sitio. Compró desde la cama para el perro, hasta un par de bolsas con alimento y otras cosillas más. Esperaba que eso fuera una buena idea, aunque comenzaba a arrepentirse por tal gesto. A él no le gustaban los animales, y menos si eso implicaba tenerlos bajo el mismo techo con las posibilidades de que ensuciaran su preciada y tecnológica casa.

Pensar que Pepper lo sabía todo y estaba siempre en lo correcto era solo una creencia popular. Tony realmente comenzaba a echarse para atrás. En un semáforo estuvo tentado a dar retorno para devolver al perro y las cosas que había comprado, sin importar que no le reembolsaran el dinero. Sin embargo, cuando estuvo a punto de hacerlo la tercera vez que lo pensó, recordó los reproches de Potts. Así que desistió de la idea de devolverlo. Además el perro estaba en un hogar de abandono, era bastante cruel devolverlo—Sí. Hasta para Tony Stark aquello era bastante cruel—.

Cuando subió por el elevador sosteniendo al animal contra su pecho, tragó con fuerza. No había vuelta atrás. ¿En qué carajos había pensado haciéndole caso a una chiflada como Pepper? Estaba claro que ella sólo quería verlo sufrir. Sus ojos viajaron hacia el perrito, que se revolvía y agitaba la cola, con gusto. Y de nuevo se retractó. No podía regresarlo. Sería inhumano de su parte. Aún más inhumano que abandonarlo.

El departamento estaba en completo silencio, ni un alma a la vista cuando Tony atravesó el pasillo hacia la sala. Stark se preguntó si Steve estaría molesto. Se quitó el saco y lo dejó tumbado sobre el sofá de forma descuidada, mientras el cachorro entre sus manos se revolvía hasta meterse dentro de su chaleco, arrancándole un jadeo de sorpresa. Maldita sea. No pudo evitar sonreír al ver los ojos brillantes del perro. Era un manipulador de primer grado, mejor que él mismo.

—Me alegra verlo tan temprano en casa, señor Stark. —la voz de Jarvis lo alertó, haciendo que volteara de forma rápida hacia el mayordomo que iba saliendo de la cocina. Retiró la sonrisa de su rostro que había salido por culpa del animal, pero no pudo evitar que los ojos del hombre mayor viajaran hacia el bulto en su chaleco, permitiéndole ver al cachorro. Las comisuras de los labios de Jarvis se alzaron levemente al darse cuenta de las intenciones de su jefe—. El señor Rogers se encuentra en su habitación. —informó—. Si me lo permite, creo que es un detalle bastante conmovedor de su parte, señor. —sugirió, con algo de gracia, pero con un brillo especial en los ojos.

—Ni lo digas, Jarvis. Ni siquiera te he perdonado todavía. —le gruñó molesto, pero después le sonrió un poco al sentir el apoyo del mayordomo. Aquello le quitó un peso de encima al tener la aprobación del otro. Así que subió las escaleras rumbo a las habitaciones. La luz se filtraba por debajo de la puerta de la alcoba del rubio. Tony contuvo la respiración por un momento, y el perrito se revolvió nuevamente, acurrucándose en su pecho por debajo del chaleco del traje.

Sin meditarlo más tiempo, hizo puño su mano derecha y tocó con precisión dos veces sobre la madera. Sus manos estaban casi sudando. Escuchó que Steve daba el permiso para que quien fuera, pasase. Entonces Tony abrió la puerta con un leve giro en la perilla, y sus ojos viajaron rápidamente por el perímetro. El rubio estaba acostado boca abajo en la cama, con un libro grueso entre sus manos, leyendo atentamente. Steve paseó la vista hacia la puerta esperando encontrar a Jarvis, pero lo que vio fue a Stark parado, mirándolo.

—Tony… —murmuró, pero sus palabras murieron en cuanto visualizó que algo llevaba entre sus manos y el pecho. Se puso de pie, notando el mutismo repentino en el otro hombre. Entonces el cachorro asomó su cabeza por el chaleco del castaño, dejando ver su suave pelaje gris. Los ojos del rubio se abrieron con sorpresa—. Es… ¿Es un perro? —preguntó totalmente asombrado, acercándose hasta quedar de frente con el castaño.

—Es tuyo. —dijo con rapidez, empujando con algo de brusquedad a la pobre criatura hacia Steve, quien solamente atinó a poner ambas manos para recibir al cachorro y que éste no cayera. El perro se revolvió, olfateando los brazos de Steve que ya lo apresaban, entonces gimió meneando su cola con aprobación. Tony miró atentamente aquello. Hasta a los animales les caía bien desde un principio. A él le había gruñido la primera vez que lo tomó entre sus manos. Estúpido perro con preferencias.

—Pero… esto… —las palabras habían muerto en sus labios, pues no hallaba la forma de hilar una frase coherente. Miró al perrito, mientras éste sacaba la lengua y lamía la palma de su mano. Sus ojos brillosos conmovieron a Steve, quien de inmediato presionó al cachorro un poco más contra su pecho. Era sencillamente tierno y adorable. Y el pensamiento de que era un manipulador volvió a rondar por la cabeza del millonario.

—Entiendo si no lo quieres. Ni siquiera debía traerlo. —habló cuando por fin pareció salir de su trance. Se sintió un poco decepcionado, pues Steve parecía algo desorientado. Seguramente no le había gustado el detalle. Anthony se sintió como un idiota—. Mañana puedo devolverlo temprano, y-

—No. —Steve cortó sus palabras—. Me lo quedaré. Gracias, Stark. —acarició con las yemas de sus dedos las orejas del cachorro, sintiendo como éste se acurrucaba entre su pecho. Sin pararse a pensarlo, acarició con su nariz entre sus orejas, haciendo que algo dentro de Tony creciera y se encogiera en dos movimientos rápidos y repentinos. Se veía bastante lindo siendo atento con los animales—. ¿Tiene un nombre? —preguntó, mirándolo de reojo.

— ¿Puppy? —respondió algo tímido, incapaz de pensar en nada ingenioso cuando su corazón se sentía extrañamente en la garganta. Un chiste bastante estúpido; sin embargo arrancó una pequeña risa a Steve, y eso fue todo. No necesitaba más que eso para saber que el regalo había sido el adecuado, y él, un completo idiota—. Mejor Dingo. —propuso algunos segundos después con algo de gracia, cuando vio que Steve estaba pensativo.

—Me gusta. Dingo será. —le asintió en completo acuerdo, con una sonrisa divertida creciendo por sus facciones. El cachorro volvió a lamerle la palma de la mano, después bostezó ampliamente y alzó la mirada hacia Steve. Él lo tomó entre sus fuertes manos y lo colocó de frente a él, con los ojos brillantes. Lo depositó con cuidado en la cama, donde el perro se acomodó, pareciendo una bola de pelusa gris—. Nunca he tenido un perro.

—Bueno, considéralo como un regalo tardío. —respondió sin pensar, mientras sus ojos chocolates se enfocaban en el animal y su acompasada respiración. Se había quedado dormido ya—. He comprado más cosas para él. Le pediré a Jarvis que acondicione un espacio para el perro y-

—No hace falta. —le interrumpió el rubio, mientras cerraba el libro que había estado leyendo. El cual Tony identificó de inmediato como un ejemplar de historia política que pertenecía a la biblioteca de su biblioteca—. Puede dormir en mi habitación. Mejor que Jarvis suba las cosas aquí. —sugirió.

—Como quieras. —se encogió de hombros, mientras se daba la media vuelta y caminaba rumbo a la puerta con gesto indiferente. No miró hacia atrás en ningún momento, pues sentía la mirada fija de Steve clavada en su espalda. No quería dar explicaciones, o pedir perdón por la noche pasada. No quería ni necesitaba ver tampoco esa sonrisa de agradecimiento en conjunto con sus ojos azules. Había tenido mucho de eso ya.

Solamente cuando cerró la puerta, fue que se permitió relajar los tensos músculos y apoyarse contra la pared del pasillo. Porque Anthony jamás había regalado algo en su vida que no implicara joyas carísimas o dinero, y menos a manera de pedir perdón por sus actos. Porque él jamás se disculpaba. Y odiaba más el hecho de que Steve parecía saberlo.

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Thor estacionó su coche, metiendo la tarjeta previamente en el reconocedor. Los guardias de seguridad le dieron un asentimiento de cabeza acompañado con una sonrisa, y por fin encontró su lugar de siempre. Bajó de su coche con maleta en mano y caminó por un largo pasillo solitario y gris. Sus pisadas hacían eco, junto con el constante sonido de su respiración agitada por el ritmo de sus rápidos pasos. Apretó la mano con la que sostenía aquella bolsa, y gruño por lo bajo con algo de frustración. Le habían cebado el momento con su hermano.

Cuando atravesó las puertas de cristal y subió por el elevador, fue recibido en el piso número quince por una mujer bastante conocida y bonita. Ella le sonrió desde su puesto y le indicó que se acercara hasta su escritorio con un gesto de la mano.

—Agente Hill, buenos días. —le sonrió. Ella le devolvió el saludo con un apretón de manos amistoso.

—Comandante Thor, buen día. Tenemos un serio problema. Necesito de su equipo de trabajo y de usted al frente de la operación. —ella lo miró con gesto serio mientras tecleaba rápidamente sin despegar la vista del computador—. Le mandaré los informes previos a su máquina personal. Necesito que los revise detenidamente. —le dirigió una mirada rápida, para después seguir con lo que hacía. Sus ojos grandes y fríos se movían sobre la pantalla, como absorbiendo toda la información—. Lo necesito con su equipo en acción en menos de una hora, por favor. Son órdenes del general Fury.

—Así será, agente Hill. —sin objetar ninguna palabra, Thor dio la media vuelta y regresó al elevador. Al parecer el asunto era de gran importancia. Subió dos pisos más y ésta vez fue recibido por su secretaria. Ella le puso en mano algunos papeles importantes de otros casos que vería con más calma después. Ahora lo urgente era esto que había surgido de improviso. Entró a su oficina y abrió el archivo que le había mandado aquella agente.

Tomó asiento, y con un profundo suspiro comenzó a leer sobre su nueva misión. Conforme iba avanzando, sus ojos se estrujaban, sus cejas se contraían, y su mente se perdía. Aquello era muy misterioso. Así que cuando terminó de leer las veintitrés hojas de informes, tomó su maleta en mano y caminó hacia su baño personal, mientras ordenaba a su secretaria reunir a su equipo de trabajo.

Sería un día bastante largo, al parecer.

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Steve salió a medio día de su alcoba, sosteniendo al cachorro entre sus fuertes manos. Jarvis le había hecho el favor de ayudarle a acomodar todas las cosas de su nueva mascota en su habitación, ayudándole a entender las indicaciones de la comida y demás. Cuando bajó las escaleras encontró a Tony leyendo unos papeles, tan concentrado que ni lo había notado, sentado en el sofá de perfil a él. Se quedó en el pie de las escaleras mirándolo detenidamente. Observó la curva de su espalda, la forma de sus piernas dobladas, sus brazos tensos y la mandíbula apretada. El ceño fruncido y los lentes de lectura le daban un toque serio y profesional que Steve no había captado hasta el momento. Sus ojos azules se movieron por su cuerpo, tratando de capturar la pose y la fuerza empleada. Lo dibujaría más tarde.

—Pensé que nunca bajarías. —murmuró Tony desde su puesto, sin voltear a verlo si quiera. Sus palabras habían sido lanzadas al aire, pero sabía perfectamente que Steve lo estaba oyendo. Éste se sintió intimidado y avergonzado por sentirse descubierto mirándolo de aquella forma, pero al notar que Stark no había hecho comentario respecto a eso, decidió que también lo ignoraría.

—Jarvis estaba ayudándome con las cosas de Dingo. —le sonrió un poco mientras depositaba al perro en el suelo. Éste de inmediato comenzó a trotar con pequeños saltitos alrededor de los pies de Steve, arrancándole una sonrisa abierta que no pasó desapercibida para el otro hombre. Frunciendo el ceño volvió la vista hacia sus papeles, sintiéndose de repente enojado. Estúpido perro. Comenzaba a arrepentirse de haberlo llevado a casa.

—Me parece que has encontrado una buena compañía. —comentó dirigiendo su mirada al cachorro, quien seguía dando pequeños saltos por la alfombra, sacando la lengua y meneando la cola. Steve le asintió con un gesto y se puso en cuclillas para que el animal fuese hasta él. Acarició detrás de sus orejas con las yemas de sus dedos y se levantó. Stark miró como el cachorro corría hasta la puerta de entrada y comenzaba a rascar con insistencia. Gruñó con fastidio—. ¿Por qué no lo sacas a pasear? —propuso, señalándole que el otro quería salir.

Eh, sería una buena idea. —el rubio sonrió algo apenado, rascando con su yema su mejilla derecha. Tony siguió aquel movimiento con la mirada fija, sintiéndose de pronto algo abrumado. Retiró sus lentes de lectura con un ágil movimiento—. Pero hay un problema. —sus ojos azules se desviaron al piso en cuanto los irises color chocolate buscaron el contacto—. Yo… no conozco la ciudad.

—¡Oh, vamos, Rogers! ¡No vas a perderte! —comentó con algo de sorna, mientras se ponía de pie con una sonrisa. Su mal humor se había esfumado un poco ante la inocencia del otro sujeto. No era un niño para estarse perdiendo por la ciudad, pero bueno, era un hombre de más de cien años atrás, era obvio que tuviera miedo en medio de una ciudad tan grande y tecnológica como esa. Sus ojos se desviaron hacia el perro, y luego un poco más al fondo. Jarvis lo miraba desde la entrada de la cocina con gesto serio, pero una mirada profunda. Tony le frunció el ceño cuando se dio cuenta de lo que quería comunicarle su mayordomo. ¡Oh, no! Él no iba a ofrecerse para algo tan horrible como aquello. Sin embargo, cuando regresó la mirada hacia el hombre más alto, y éste seguía evadiéndolo, fue que respiró profundo y se preparó mentalmente para no arrepentirse de lo que iba a proponerle—. ¿Quieres que vaya contigo? —Steve lo miró sorprendido—. No me mires así, Rogers. Tengo el resto del día libre, así que podemos sacar a pasear al perro y luego comer algo.

—¡Me parece bien! —el ojiazul le devolvió la mirada con una chispa brillante, aquella que Tony sólo veía en contadas ocasiones. Sus ojos transparentes le transmitieron el agradecimiento que sentía en esos momentos. Así que Tony trató de disimular un poco el sentimiento de opresión en el pecho, pues no estaba acostumbrado a ese tipo de miradas. Porque Anthony nunca había hecho este tipo de cosas por nadie.

—Sólo espera a que me cambie de ropa, no pienso salir con algo tan formal a la calle, y menos para pasear a un perro. —y caminó rumbo a las escaleras para ponerse algo más cómodo. Steve le asintió y lo siguió escaleras arriba para ir por la correa y amarrar a Dingo.

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Tres horas después, Steve y Tony subían por el elevador de la Torre Stark, con dirección al Pent House. El rubio tenía entre los brazos al cachorro que se movía feliz, lamiendo la palma de su mano derecha con gusto. A su lado estaba el millonario, con el ceño visiblemente fruncido y una mueca por demás molesta.

—Espero que hayas disfrutado y aprendido el camino, porque será la última vez que salgo contigo y esa cosa. —comentó de mala manera el castaño, sin siquiera dirigirle una mirada al otro hombre. Su cabello se encontraba un poco fuera de lugar, dejándole algunos mechones sueltos sobre la frente, acentuando su rostro. Sintió un pequeño ardor en la mejilla que tenía un tanto roja. Miró su reloj y se dio cuenta que habían tardado más tiempo del que había previsto. Maldita la hora en que se había ofrecido a salir con Rogers.

—No fue tan malo, Stark. —comentó Steve con algo de gracia, mientras acariciaba la cabeza del perro con las yemas de sus dedos, como restándole importancia—. Dingo solamente quería jugar contigo, es todo. —se encogió de hombros mientras luchaba por ocultar la sonrisa que pugnaba por salir de sus labios. Tony a su lado no comentó nada más al respecto, pero gruñó por lo bajo con el enfado aún corriendo por sus venas.

Y es que no había sido para menos. Habían paseado por todo Central Park, deteniéndose en la zona más cómoda para que el perro pudiera jugar. Steve había desatado la cadena y entonces el perro había comenzado a dar vueltas como loco, yendo de un lado a otro. El rubio estaba de lo más contento observándolo. Por otro lado, Tony se había acercado a comprar un helado y coquetear con una bella chica que pasaba por ahí. Justo estaba a punto de conseguir su número de teléfono, cuando Dingo había llegado corriendo por detrás, pegándole justo donde las piernas se unen a las rodillas, haciéndolo perder el equilibrio y por consecuente, arrojando su helado encima de aquella sensual pelirroja. Ella le propinó una bofetada que casi le había dejado marca—le punzó todo el camino de regreso—y se había marchado dejándolo con la propuesta de una cita en la boca.

Cuando por fin pudieron salir del elevador y caminar hasta la sala, Steve bajó al perro que de inmediato comenzó a trotar por ahí, perdiéndose en el pasillo consecuente. Tony lo miró fijamente durante todo su trayecto con el ceño algo fruncido. Rogers le sonrió un poco y siguió sus movimientos cuando Tony lo ignoró y fue hasta su mini-bar para servirse una copa de su mejor Whisky. Se quedó contemplando sus movimientos, sus gestos, la forma en que agarraba la botella y meneaba los cubos de hielo dentro del fino vaso de cristal cortado. Sus ojos analizaron la figura del millonario que había dejado de lado su traje para usar ropa casual y salir de paseo con él y Dingo. No pensaba que alguien como Tony Stark pudiera ser un hombre común, como todos. Había sido una charla amena la que habían tenido durante todo el camino, con Tony enseñándole algunos de los edificios más antiguos, las construcciones más importantes. Le había dado breves explicaciones de algunos lugares, afirmándole a Steve la teoría de que Tony era un hombre en verdad inteligente y por demás interesante. El sarcasmo era un arma de defensa.

—¿Quieres un trago? —desde su posición y con el vaso en su mano derecha, los ojos chocolates del empresario buscaron al hombre rubio. Estaba ahí de pie, mirándolo pero con aire ausente. Steve lo pensó un momento, pero terminó por asentir con una pequeña sonrisa, acercándose a donde estaba el otro hombre—. Esa es la actitud, Rogers. —le sonrió abiertamente mientras sacaba otro vaso de su repertorio.

Steve no tenía nada mejor que hacer, y beber un par de tragos con Tony Stark no sonaba nada mal.

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—¿Infiltrarnos? —aquel hombre miró con gesto interrogante a Thor—. ¿No sería mejor eso a atacar directamente al grupo sospechoso? —indagó, mientras veía con el ceño fruncido los planos extendidos sobre la mesa con la estrategia de ataque. El rubio negó desde su posición en la cabeza de la mesa redonda.

—No podemos hacer eso. La gente corre peligro diariamente, será mejor así. Atacarlos de frente quizá no sea la mejor idea, pero sí la más efectiva para terminar con ellos de una vez por todas. —su voz profunda y demandante, hizo que todo el grupo de trabajo bajo su cargo asintiera con decisión ante las ordenes de su jefe. Todos confiaban absolutamente en los conocimientos del rubio, pues cada misión había sido llevaba con eficacia—. De todas formas, S.H.I.E.L.D. protegerá a los ciudadanos.

—También puede ser la oportunidad para que ellos acaben con nosotros, comandante. —un chico, de los más jóvenes del grupo policiaco, fue quien se atrevió a exteriorizar sus dudas. Thor le dirigió una mirada seria, pero después sonrió al notar el miedo que recorría sus irises oscuras.

—Morir con honor. No hay nada mejor que eso, ¿no lo crees? —y el chico guardó silencio.

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Tony tomó un trago más de su costosa bebida, meneando los cubos de hielo que tintinearon ante el movimiento. Steve y él estaban sentados cómodamente en el sofá de su sala, platicando de cosas triviales. Generalmente Stark no era un hombre conversador, a veces era hasta cierto punto cortante aunque quisiera seguir charlando con alguien. Pero Steve no parecía comprender eso, porque había estado sacándole tema de conversación en todo el rato que llevaban.

El millonario no podía dejar de observar cómo el rubio contaba las cosas de su época con gran enjundia, haciendo pequeños ademanes y dándose tiempos para beber de su vaso de alcohol. Y él no podía evitar verle con expectación. Como un niño pequeño descubriendo cosas nuevas y maravillosas. Así que habían corrido algunas horas desde que habían llegado del paseo, entre pequeñas bromas sarcásticas de su parte y ceñudas cejas rubias. Pero entonces, Tony no había podido soportar la incertidumbre, y movido por la curiosidad había lanzado la pregunta que lo acercaría más a Steve.

—¿Por qué quieres regresar a tu época? Digo, me sorprende que no quieras aprender sobre el mundo moderno. Cualquiera querría quedarse por algún tiempo, ¿no? —comentó, mientras sus ojos miraban con atención los cubitos de hielo de su vaso vacío. Al notar una pequeña tensión en el otro cuerpo se reprendió mentalmente por atreverse a preguntar algo personal. ¿A él que le importaba? Aunque era un hombre muy curioso, era obvio que quería saber los motivos. Sólo un idiota no aprovecharía la oportunidad de conocer un mundo nuevo y tecnológico como el siglo XXI. Se puso de pie para aligerar la tensión en el ambiente, caminando hacia su pequeño mini-bar y tomando la botella. Regresó a sentarse y sirvió un poco más de alcohol en su vaso y en el de Steve. Habían estado tomando, pero no estaban borrachos.

—… —tardó un poco en responder. Finalmente suspiró pesadamente mientras cerraba por un momento los ojos. Sus manos frotaron sus piernas con algo de ansiedad, para después dejarlas sobre sus rodillas. La verdad es que él no estaba acostumbrado a hablar de su vida, de sus planes, y menos con alguien como Tony. Aunque el millonario le había demostrado que podía ser un buen conversador—. Voy a casarme. —

Y la respuesta a la incógnita de Tony quizá había sido muy cruda, y muy rápida. Porque el vaso en el que estaba sirviendo el whiskey se tambaleó de sus dedos y cayó rumbo a la costosa alfombra que adornaba con soberbia su sala. Guardó silencio por algunos segundos, mientras Steve seguía con mirada fija cada uno de sus torpes y algo nerviosos movimientos. Aquella confesión lo había tomado por sorpresa. ¿Casarse?

—¿Sucede algo? —la voz calmada pero a la vez preocupada del rubio, hizo que Stark pasara saliva pesadamente, asintiendo. Trató de despejar su mente que había parecido bloquearse. Miró hacia la alfombra, contemplando el vaso de cristal quebrado en pequeños e irregulares fragmentos. El licor estaba derramado. Justo cuando iba a agacharse para levantar aquel desastre, Jarvis salió de la cocina y le pidió que no lo hiciera. Él se encargó de arreglar el desastre que había hecho Tony. Y el millonario se preguntó cuántas veces Jarvis había arreglado sus errores. Cuantas veces había llegado en el momento más oportuno de su vida.

Cuando estaba recogiendo los últimos fragmentos del vaso, Jarvis miró por algunos segundos a su jefe, tratando de leer su mirada. Tony evitó en todo momento cruzarse con aquellos ojos que lo conocían tan bien. No fue sino hasta que el mayordomo volvió a perderse rumbo a la cocina, que Tony se levantó y tomó otro vaso, sirviéndose de nueva cuenta licor, ésta vez más tranquilo.

—Creo que no deberías beber más. —el rubio lo miró desde su posición, contemplándole con aquellos ojos azules profundos y avasallantes. Stark rio con ganas ante su comentario, antes de tomar su vaso lleno de licor y beber de él un trago, para después recargarse con elegancia sobre el sofá que compartían. ¿Qué diablos pasaba con él? Una noticia así le había descolocado, era obvio, por no para llegar a tal punto de tirar su bebida. Era por completo estúpido todo aquello.

—No estoy borracho si es lo que estás pensando, Rogers. —le acusó con una sonrisa que hizo que Steve se relajara al notar que la tensión entre ellos estaba desapareciendo por los acontecimientos pasados—. Es sólo que tu noticia me ha tomado por sorpresa. ¿Casarte, enserio? —lo miró con una ceja alzada, excusándose, tratando de sonar indiferente—. Debes amarla mucho para querer regresar con esa urgencia. Yo en tu lugar jamás volvería. —y ese comentario lanzando al azar logró arrancar una risa fresca de parte del militar, quien sólo negó divertido y tomó un sorbo de su bebida, acompañando al otro.

—No es así. Ni siquiera sé con quién voy a casarme. —comentó con ironía, mientras sus ojos se desviaban hacia el ventanal que daba a la terraza. Los últimos rayos de sol se colaban por entre las cortinas. Tony entonces dejó esa faceta suya que parecía ser el alma de la fiesta, y tomó otra un poco más seria. Lo miró con firmeza esperando a que él prosiguiera. Steve se aclaró la garganta antes de continuar. ¿Qué más podía perder? Necesitaba contarle a alguien sus problemas, y Tony parecía estar dispuesto a escucharlo—. Los compromisos se arreglan entre familias en mis tiempos, ¿sabes? Ni siquiera yo como hombre puedo decidir con quién casarme. —

—¿Así como un contrato? —murmuró, poniendo especial atención en los movimientos del otro, que de un momento a otro parecía triste. Quiso bofetearse por haber preguntado algo así. Steve asintió lentamente, suspirando audiblemente. Tony entonces dedujo que aquella hermosa mujer que estaba dibujada entre los bocetos de Steve no podría ser su prometida, pues el otro había demostrado que el compromiso que tenía no le interesaba en lo absoluto.

—Así es. La noche en que iba a conocer a mi prometida, sucedió del doctor Bruce, y pues… —hizo una mueca, parecida a una sonrisa. Se detuvo por algunos segundos, meneando el líquido dentro de su vaso—. Creo que en parte agradezco un poco que esto esté sucediendo. Respiraré tranquilo por al menos un tiempo. —suspiró y miró detenidamente su vaso. Stark observó sus largas y rubias pestañas, y no pudo evitar rememorar a Steve dormido en ese mismo sofá, con una mueca angelical sobre el rostro. Aquello le revolvió el estómago—. Mi tío arregló mi matrimonio. Quería que formara una familia lo más pronto posible para hacerme cargo de los asuntos familiares. —

—Los padres, los tíos, y la familia en general siempre terminan por arruinar tus planes. —su tono amargo e irónico hizo que Steve dirigiera su mirada hasta alcanzar a topar aquellos profundos ojos color chocolate. Se quedaron mirando por algunos minutos, tratando de descifrar lo que el otro guardaba recelosamente. Finalmente fue el rubio quien terminó por evadir aquella mirada clavada en su persona.

—Mi tío siempre quiso lo mejor para mí. Él ha estado conmigo desde que tengo memoria, y me ha apoyado en todo. Sería justo pagarle todo lo que me ha dado. —su tono melancólico le anunció al millonario el cariño que ese rubio poseía por su familia, y lo que estaría dispuesto a dar por conservarla. Quizá, si hubiera sido tan ingenuo como Steve, él hace años, también habría dado todo por su familia. Pero esto era el presente, y aquellos viejos tiempos de ingenuidad habían quedado atrás. Muy atrás en su vida. Él no tenía una familia, y no necesitaba una.

—Yo no lo veo así. Rogers, si los padres te apoyan es porque no pedirán nada a cambio, y tú no vas a dárselos. Ellos no tienen que esperar nada, ¿entiendes? Por eso las personas viven ligadas a sus responsabilidades, creen que es su obligación devolver los favores. —sorbió otro trago de su bebida, dándose cuenta de que la garganta se le estaba secando. Los recuerdos eran bastante peligrosos, pues llegaban sin avisar, y lamentablemente jamás se marchaban. Tony trató de despejar su mente, y enfocarse en las palabras del menor.

—La vida está llena de responsabilidades, Stark. —mencionó con el ceño fruncido, transmitiéndole su incomodidad y desacuerdo ante aquel comentario tan egoísta que había soltado. Pero era simplemente la verdad, ¿no? Los padres, así como todas las personas, debían hacer favores y ayudar sin esperar recibir nada a cambio. Las cosas que se hacen, son de corazón.

—Sí, pero también de gustos. —sonrió con su típica media luna, mirando directamente aquellas cejas casi unidas y fruncidas, y después sus ojos. Steve era un buen hombre, alguien sencillo y de buen corazón. Quizá no estaría tan mal si proponía seguir con aquella charla en algún lugar más adecuado para compartir sus puntos de vista. Steve era alguien interesante de mente y pensamiento, mucho, muy interesante—. ¿Quieres comer Shawarma? —

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Loki se revolvió entre sus cobijas, dándose media vuelta. Enterró el rostro en la almohada blanca y esponjosa y cerró sus ojos. Contó hasta diez, luego veinte, y llegó a un número bastante alto. Pero el sueño no aparecía, y él estaba tan despierto como en la mañana. Es como si hubiera tomado una taza de café. Gruñó con fastidio mientras se ponía boca arriba en la cómoda cama. Contempló el techo pasando ambas manos por detrás de su nuca, y suspirando audiblemente. Aquello no estaba bien.

Se había pasado todo el día y gran parte de la tarde trabajando, tratando de no pensar en la misión de Thor y su equipo. Era un hombre muy estúpido, en verdad lo era. Thor tenía dos trabajos; el primero era oficial policía, y el segundo era un agente de esa cosa llamada S.H.I.E.L.D. se había metido en esa clase de embrollos desde antes que ellos estuvieran juntos, y ni por razones grandes había querido desertar. Era un trabajo muy peligroso ser un agente encubierto en una simple estación de policías. Lo único que quizá le calmaba un poco, era que las misiones asignadas no eran tan peligrosas, y para que sucediera un llamado a su equipo, habían grandes lapsos de tiempo. Se giró un poco y contempló el lado vacío a su lado. Ahí faltaba alguien con barba, grandes músculos y algo larga cabellera rubia. Estúpido Thor y su trabajo. No había llegado todavía y ni siquiera se había dignado a comunicarse con él. Preocupándolo de aquella manera.

El teléfono sonó, asustándolo un poco por el repentino sonido en medio del silencio y la oscuridad. Encendió la lámpara que había a su derecha, y esperó al segundo timbre para contestar con la voz algo ronca por la hora. Eran las dos de la mañana.

—¿Aló? —preguntó, descolgando la bocina del teléfono inalámbrico. Su acento británico le daba un toque elegante y coloquial que siempre lo había caracterizado. Alguna que otra vez le habían dicho que tenía el don de la palabra, y que fácilmente podría hacerse pasar por un manipulador o mentiroso. Sin embargo, sus pensamientos se desviaron y su mente se puso en blanco en cuanto la persona al otro lado de la línea telefónica habló sin parar. Su respiración se cortó y su mano comenzó a temblar ligeramente por aquella noticia. Sin poder articular ninguna palabra, escuchó atentamente lo que le decían y apuntó una dirección a toda velocidad en una libreta de notas que tenía al alcance de su mano. Los monosílabos salían entrecortados por su garganta reseca. Agradeció el dato y colgó el teléfono. Sin pensarlos dos veces, y con los ojos cristalinos y un nudo enorme en el corazón, se vistió a toda velocidad y tomó las llaves de su coche.

Thor había sufrido un accidente de gravedad y estaba en el hospital.

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¿Les gustó? eso espero jajaja. Hoy no tengo nada más que decir, sólo que tengan un buen fin de semana. Un beso enorme.

*DINGO. Es el nombre de mi perro, lo siento pero no tenía ganas de pensar en algún nombre, así que sólo lo hurté xD

Darkmoon: muchísimas gracias por tus palabras, no sabes lo feliz que me hacen cada una de ellas :D me alegra tanto que la historia en verdad te guste, y que estés muy concentrado en ella, me lo demuestras capítulo a capítulo. Siento mucho si no puedo actualizar constantemente, simplemente es la escuela la que me absorbe por completo. Me está costando algo de trabajo (sino es que mucho) lograr unir a estos dos en una relación de buena convivencia, además tengo muchas cosas en la cabeza y por eso no he puesto muchos signos de atracción, pero ya se empezarán a notar. Trabajaré más en ello. Creo que algunas de tus dudas las he respondido con éste capítulo, pero si surgen mas con gusto puedes preguntarme :D de verdad, muchísimas gracias por tan bellos y extensos comentarios. ¡Un beso enorme!