¡Hola! Un nuevo capítulo esperando que me perdonen por la demora, de verdad me costó un poco escribirlo… se acerca el final pero en realidad no estoy segura en cuantos capítulos más, lo único que les puedo decir es que desde ahora habrá más interacción y conflictos entre los protagonistas.

Muchas gracias por sus comentarios, estoy muy feliz de que sigan mi historia, aunque me demore y aunque sea demasiado larga (ya es el capítulo 29, no sé en qué momento se me escapó de las manos para que durara tanto).

¡Nos estaremos leyendo pronto y espero que todas se encuentren bien! ^^

~ Cindy Elric ~


Vigesimonovena Melodía: Confrontación

Sesshoumaru seguía mirando con cautela a la mujer, casi sintiendo una luz de esperanza para deshacerse del molesto compromiso y odiándola por si eso llegara a ser una farsa.

–Habla.

–Es fácil, sólo debes acabar con Naraku y rechazaré el compromiso.

–¿Qué pretendes con esto? –No podía confiar en ella, era algo demasiado simple o por lo menos no era algo que no estuviera dispuesto a cumplir.

–El compromiso en realidad no representa ningún beneficio para mí si tengo que seguir a la orden de ese sujeto, pero en cambio, si tú lo destruyes yo seré libre y eso es lo que más deseo.

–¿De qué hablas Inuyasha? –Cuestiona queriendo fingir demencia, no quería responder esa pregunta, temía que el hanyou descubriera algo o peor aún, que ella se diera cuenta de algo peligroso.

–Kagome, no mientas, tú y ese tipo…

–No somos nada –lo interrumpe–, ya te había explicado la razón por la que estaba atrapada, no fue algo que yo haya buscado.

–Según lo que oí eso no es así, tú… tú podrías haberte rehusado, escapado…

–Lo quise, en un principio quise escapar y volver a tu lado pero después todo se complicó aún más… quiero que entiendas que esto no es por Sesshoumaru, él no tiene nada que ver conmigo.

–¿Qué dices Sesshoumaru? ¿Aceptas?

–Maldita mujer, si te atreves a…

–No miento –lo interrumpe–, rechazaré el compromiso en cuanto Naraku deje de existir.

Sesshoumaru la miró en silencio, preguntándose la veracidad de aquellas palabras, el sí confiar en ella no sería un error…

–¿A qué le temes? –Pregunta ante el silencio del youkay.

–A nada.

–Entonces, ¿por qué no aceptas? Si lo haces serás libre de estar con quien quieras.

–Si lo hago será para poder estar solo.

–Entonces dices que no necesitas a nadie –sonríe de lado–, ¿ni siquiera a esa mujer?

–No mientas –advierte mirando con molestia a la chica.

–No lo hago –frunce su ceño–, ¿por qué no me crees?

–Quizás sea porque estuve presente en esa discusión.

–Pero sólo fue eso, una discusión, nada más.

–Y entonces me vas a decir que cuando nos encontramos, cuando recién pude dar con tu paradero y estabas junto a él… ¿no pasaba nada?

–Claro que no.

–Pues déjame decirte Sesshoumaru que hace minutos eso no me pareció así.

–Cree lo que quieras –le da la espalda.

–Entonces, ¿qué dices sobre mi propuesta?

–Me desharé de ese tipo, pero ten esto presente, si no cumples con tu palabra tú serás la próxima en ser eliminada.

Y compartiendo con la mujer la mirada más fría que podía hacer se marchó, dejándola satisfecha con esa respuesta.

–No.

–Kagome si tú…

–¿Por qué desconfías de mí?

–No es de ti, es por… por él… –desvía la mirada, en aquella discusión los ojos del youkay eran diferentes a como los recordaba, esa furia con la que miraba a la sacerdotisa no era la usual, Sesshoumaru había sido herido por la chica y si era así eso significaba que…

–Inuyasha, yo te quiero a ti –le toma la mano–, y eso nadie lo podrá cambiar.

–Kagome… –presiona la mano contraria, sintiendo lo cálida que era y prometiéndose a sí mismo que nunca la dejaría, pero algo le molestó, ese aroma que aun sentía en la chica, era intenso, era el olor del demonio… ¿qué había pasado para que la sacerdotisa tuviera esa esencia tan arraigada en ella?

–Regresemos, debemos ir a buscar a los muchachos para seguir nuestro camino –le sonríe.

–Claro.

Caminaron en silencio, uno feliz y el otro inquieto, Kagome estaba aliviada porque todo se había solucionado sorpresivamente fácil mientras que el hanyou no podía dejar de estar preocupado, quizás era su naturaleza recelosa la que lo hacía aun desconfiar de la chica, tal vez todo era su imaginación y por su olfato tan sensible sentía el aroma del demonio tan fuerte en ella, después de todo habían estado casi una semana juntos, era comprensible que eso pasara… no había otra explicación…

–¡Kagome! ¡Qué bueno que regresaron! –Gritó el pequeño zorrito corriendo a su lado.

–¿Estás bien Kagome? Kazuya nos dijo que te había dejado abandonada.

–¿Cómo que abandonada? Yo la dejé con Inuyasha –se defendió.

–No se preocupen chicos, estoy bien, en realidad hemos venido a buscarlos para que nos marchemos de una buena vez de este lugar –les sonríe.

–Bueno, el ritual ya ha terminado así que nada las une a este sitio…

–Hikari, ¿regresarás con tu padre?

–Sí, después de todo debe estar preocupado por mí –le sonríe–, espero volvamos a vernos…

–No pierdas cuidado, de vez en cuando iré a visitarte –le sonríe.

–¿Y a mí no me visitarás?

–Tú eres el responsable de que Kagome quedara atrapada, ni pienses en volver a verla –le hace un desprecio.

–Inuyasha no seas grosero… si puedo vendré a verte Kazuya.

–No lo permitiré –les da la espalda–, vámonos de una vez.

–Está bien –se acerca a Hikari y la abraza–. Sé que seguirás atada a tu padre, pero espero que tu deseo se cumpla y seas feliz con Kazuya y tú –lo mira–, cuida de Hikari y no le des problemas.

–¿No me tienes ni un poco de confianza? –Juega con sus dedos haciendo pucheros por lo bajo.

–Pues en realidad no –sonríe y luego se apresura a alcanzar a Inuyasha.

Hikari y Kazuya observaron como el grupo se alejaba, sintiendo esa despedida, creyendo en las palabras de la sacerdotisa cuando les decía que no sería la última vez que se verían y sintiendo ambos una presión en su interior, el ritual había terminado, señalando a la ganadora y futura esposa de Sesshoumaru, entonces… ¿por qué la chica parecía tan feliz cuando se despidió? Ni siquiera esperó ver al youkay, decirle adiós, terminar esa discusión de hace minutos atrás.

–¿Qué crees que ocurra con ellos Kazuya? –Pregunta la chica mirándolo preocupada.

–No estoy seguro, pero alguien debería hacer algo… –frunce su ceño ante sus propias palabras, si ni la sacerdotisa ni el demonio estaban dispuestos afrontar la realidad él tendría que hacer algo, lo que fuera, tendría que hacer que por lo menos uno de los dos se diera cuenta de lo que podrían perder si no se daban una oportunidad.

Sesshoumaru después de alejarse de Kagura simplemente regresó al castillo, calculando su nuevo plan, intentando descubrir la manera de cumplir con el trato recién hecho.

Encontrándose en el camino con el molesto de Kazuya y esa doncella amiga de la humana, notando la ausencia de su aroma, sintiéndolo a lo lejos mezclándose con el olor del híbrido.

–Sesshoumaru, regresaste.

–Buenas noches príncipe Sesshoumaru –hace una pequeña reverencia.

El demonio quiso ignorarlos, evitar una innecesaria conversación, siguió su camino sin ponerles atención alguna, sin importarle el inusual enfado del youkay al pasar por su lado.

–Se ha marchado, ¿lo sabías? –pronunció Kazuya sin siquiera voltear a verlo–, se fue junto a Inuyasha y a sus amigos.

Hikari vio como el príncipe se detuvo ante esas palabras, quedándose estático unos segundos para luego seguir su camino.

–¿No harás nada? –Cuestiona al notar que seguía su camino.

–No es mi asunto.

–¿De verdad? –Se voltea–. ¿La dejarás ir así de fácil?

–Sí –también se voltea para enfrentarse al demonio.

–¿Se la dejarás a tu hermano? –Frunce su ceño–. A pesar de ser quizás la única persona que te pueda amar más allá de tu poder.

–No digas tonterías –le hace un desprecio.

–Sesshoumaru, es hora de que dejes de engañarte, esa chica ha logrado lo que nadie nunca ha podido hacer, lo inimaginable… ella ha enamorado al gran príncipe del castillo.

Las miradas se enfrentaron, una furiosa, la otra determinada, esa conversación era inminente, simplemente se había retrasado un poco, desde hace ya tiempo que Kazuya quería decirle eso al demonio, aunque lo odiara aún más, a pesar de que quizás sea su sentencia de muerte, tenía que hacerle ver a ese orgulloso demonio lo que podría perder si seguía con su actitud.

–Eso es absurdo.

–Ni siquiera pierdas el tiempo negándolo, no después del espectáculo que montaste, cuando la enfrentaste, cuando le exigiste explicaciones por ayudar a Kagura no fue por estar enfadado, fuiste herido Sesshoumaru… te dolió el que ella quisiera verte con alguien más, el que aceptara tu compromiso con esa mujer, te lastimó el hecho de que Kagome renunciara tan fácilmente a ti…

–No he sido lastimado, deja de decir estupideces.

–¿Cuándo aceptarás la realidad?

–No hay nada que aceptar, ese asunto está terminado, la tuve a mi lado con un propósito y sin el ya no la necesito, puede hacer lo que quiera.

–¿Me estás diciendo que no te importa que se haya ido con él?

–No.

–¿Qué sea feliz a su lado?

–No.

–Que esto simplemente se convierta en un recuerdo, una pesadilla que acaba de terminar… ¿no te importa que te olvide Sesshoumaru?

–Nada de eso me interesa –se volteó, despreciando esas palabras, demostrando lo innecesario de esa conversación.

–¿Por qué?

–Esa mujer no significa nada, es sólo una humana, basura, fue una simple herramienta que al volverse inservible debe ser desechada.

–Es un alivio descubrir lo que en verdad piensas de mí, Sesshoumaru.

Esa voz los desconcentró a todos, sin dar crédito a la presencia cerca de ellos, sin entender el porqué de que ninguno fue capaz de sentirla antes… la sacerdotisa había regresado por su arco y flecha que dejó en su habitación, encontrándose con esa conversación tan interesante, escuchando claramente las últimas palabras del youkay, abrazó con más fuerzas al pequeño zorro que se había ofrecido a acompañarla, quien la miraba en silencio en sus brazos.

–Kagome… –la primera en reaccionar fue la youkay, quien se acercó a su amiga sonriéndole con nervios–. Creí que te habías ido…

–Regresé a buscar mi arco y flecha… lo siento por interrumpir su tan interesante conversación.

–Kagome yo… no quise…

–No te preocupes Kazuya –le sonríe–, tú no has dicho nada malo, el hiriente es otra persona –fija su mirada en la espalda inmóvil a metros de ella–. Hiriente y cobarde, una excelente combinación, ¿no crees Shippou?

–Kagome… –el zorrito no supo cómo responder, no entendía sus palabras, no sabía el porqué de sus ojos heridos… ¿será que el responsable era ese demonio?

–Disculpen la interrupción, sigan con sus asuntos.

La sacerdotisa siguió su camino, sin hacer caso de las palabras de su amiga, sin escuchar las peticiones de Kazuya, simplemente repitiendo en su mente que eso no tenía por qué dolerle, no tenía por qué estar herida, era simplemente estúpido el pensarlo… Sesshoumaru no tenía tanto poder sobre ella como para lograr eso, muchas veces ha escuchado sus innumerables insultos, ya estaba acostumbrada a sus eternos diálogos de que los humanos esto y los humanos aquello, entonces… ¿qué importaba el que dijera que ella era una herramienta? No tenía por qué sorprenderse de sus palabras, no, ese demonio no tenía ningún poder sobre ella.

–Kagome, ¿esta era tu habitación? –Preguntó el zorrito saltando de sus brazos al entrar, encontrando en un rincón las armas de la chica, tomándolas para pasárselas y volver con sus amigos, pero algo lo detuvo… esos ojos temblorosos de la mujer, ella estaba recargada en la puerta, mirando un punto fijo en el suelo, mascullando unas cosas entre dientes, indescifrables para él, se acercó preocupado, tocando su pierna, tratando de llamar su atención.

–Él no puede afectarme… –fue un susurro el que escapó de sus labios antes de deslizar su espalda en la puerta hasta quedar sentada en el suelo, abrazando al pequeño que la miraba preocupado, odiándose por estar en esa situación, hace minutos, ni siquiera una hora le había jurado a Inuyasha el amarlo, el no sentir nada por Sesshoumaru, el que todo era una simple confusión y no había nada entre ellos a pesar de estar tanto tiempo juntos… sólo minutos pasaron de eso a estar en esas condiciones, odiándose a sí misma, odiándolo a él por tenerla así, muchas veces se lo había dicho, ¿no? Que era una herramienta, un objeto, algo que sólo utilizaba para su conveniencia, entonces… ¿por qué esta vez había dolido tanto? ¿Por qué esas palabras ahora sí lograron herirla? ¿Qué diferenciaba a este insulto de todos los anteriores? Quizás… ¿había sido ese tono en su voz? Sonaba tan decidido, tan resuelto que era imposible no creerle, sentirse un objeto, algo que ya no servía… algo que ya no necesitaba o quería a su lado.

–¿Qué piensas hacer Sesshoumaru?

Kazuya estaba llegando al límite de su paciencia y ni siquiera sabía que eso era posible, pero el príncipe estaba siendo completamente irracional, si ni siquiera se había dignado a voltear a ver a la chica que había herido, no la siguió, no se excusó o retractó, nada, es que acaso estaba empeñado a perderla, ¿o qué demonios?

–¡Contesta Sesshoumaru!

–Kazuya… –murmura Hikari con preocupación, eso se estaba saliendo de control y era consciente de que ella tendría que interferir si cualquiera de los dos youkay llegaban a explotar.

–No tengo nada que hablar contigo –resopla comenzando a caminar lejos de ahí.

–No –desaparece y luego aparece frente al demonio deteniéndolo–, ¿acaso no lo entiendes? Si te vas y dejas las cosas así ella podría odiarte.

–No me importa.

–¡¿De verdad quieres que te odie?! –Frunce su ceño como nunca lo había hecho, estaba enfadado, el orgullo tiene un límite, ¿no es así?

–Si me odia todo será más fácil.

–Para ella, no para ti.

–Sé cómo lidiar con el rencor –frunce su ceño–, eso lo sabes mejor que nadie.

Ante esas palabras Kazuya destensó su cuerpo, perdiéndose en un recuerdo y creyendo comprender porque el testarudo youkay actuaba como lo estaba haciendo, pero aun así no cambió su propia expresión, porque por muy dañado que pudiera estar Sesshoumaru eso no justificaba sus acciones, no, no podía sólo huir y ya.

–Estás escapando de la realidad –advierte con voz seria–, tienes miedo, eso que está creciendo en tu interior te asusta Sesshoumaru.

–Sea lo que sea deberá morir igual como nació, en silencio.

–Ella podría amarte también, ¿por qué no te das cuenta de eso?

–No necesito el amor de nadie.

–Eso no…

–Suficiente –lo interrumpe–, no tengo nada más que hablar contigo –pasa por su lado y empieza a alejarse.

–Sesshoumaru… –empuña sus manos–. ¡Sesshoumaru! Si no hablas con ella… si dejas que Kagome termine odiándote podrías perderla para siempre.

–Kagome… –murmura el pequeño zorrito mirando con preocupación a su amiga–. ¿Qué pasa?

–Shippou… soy una estúpida…

–¿Es por Sesshoumaru? –Frunce su ceño–. ¿Te dolió lo que dijo de ti?

–Sí, pero no debería dolerme, no hay razón alguna para ser herida por ese sujeto…

–Pero… si te duele puede que sí haya una razón, ¿puede ser la misma por la que las palabras de Inuyasha también te lastiman?

–Shippou, eso no es…

–Pasaste mucho tiempo con ese tipo –insiste frunciendo su ceño–, tanto que tal vez por fin pudiste olvidar a esa bestia.

–No Shippou –niega–, yo no puedo olvidar a Inuyasha, nunca podría olvidarlo.

–Entonces, ¿por qué estás tan triste?

–No lo sé… –refuerza el abrazo–. No lo sé…

El pequeño youkay suspiró con tristeza y preocupación, él no se sentía el indicado para afrontar ese tipo de situaciones pero la chica era su amiga, Kagome era su muy preciada amiga y no podía quedarse sólo viendo su dolor.

–Kagome… tú misma lo dijiste, Sesshoumaru es alguien hiriente y sin corazón, es un cobarde que habla mal de las personas cuando no están presentes, no deberías estar tan deprimida por sus palabras si esa es su forma de ser.

–Eso es verdad…

–Sí –asiente–, además ya verás que cuando nos marchemos todo mejorará, no tendrás que volverlo a ver y si nos topamos con él, Inuyasha le dará una lección así que no te preocupes –le sonríe.

–Gracias Shippou –le devuelve la sonrisa y se levanta–. Tienes razón, no tengo porque estar triste por lo que ese estúpido piense de mí, después de todo él no significa nada para mí, es un simple demonio sin alma, nunca podría pensar en verlo de otra forma.

–Así es –asiente el zorrito no del todo convencido pero aun así feliz de que la chica parezca más animada.

–Bien, regresemos con los muchachos –toma al zorrito en sus brazos y abre la puerta.

–Así que soy un demonio sin alma.

–¿Sesshoumaru?

Continuará…