¡Holaaaaaaaaaa!

¿Cómo están? Espero que bien :D he llegado antes de lo previsto, pues en estos días he estado muy emocionada y positiva, cosa que me ayudó bastante a escribir y traer el capítulo antes, ya que lo tenía previsto hasta el Viernes xD.

Muchas gracias a las personitas que me dejaron sus lindos comentarios, de verdad, aprecio eso un montón. Espero que se la hayan pasado muy bien en éste día de muertos, festejando con sus seres queridos. Yo me la pasé muy bien :D He notado que la historia ya tiene muchos capítulos y casi no he metido romance, así que iré poniendo más y más toques, pues ya es momento de un acercamiento o un besito xD aunque quiero que sepan que no podré hacerlo por el momento, porque aún faltan un par de cosillas para que esto se dé, pero se acerca MUY, MUY pronto el momento del primer beso, así que no se desesperen :D

No tengo nada más que decir por el momento, así que disfruten la lectura:

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Capítulo 13.- Intrusos.

Las camillas de los hospitales no eran especialmente cómodas, y menos para un hombre tan grande y frondoso como lo era Thor Odinson. Loki, desde su posición en el pequeño sofá largo a un costado, podía observar claramente cómo sus pies sobresalían un poco por sobre la delgada sabana que le habían echado. Sus ojos verdes viajaron por su imponen figura, y su fuerte pecho que subía y bajaba al compás de su tranquila respiración. Suspiró por quinta vez en lo que llevaba de aquella mañana, y eso que apenas hacía unas horas le habían avisado del accidente. Apenas había tenido tiempo para salir corriendo de casa, que ni tiempo le había dado para marcarle a Stark y avisarle de la situación. Sintió el movimiento del cuerpo del rubio, y cómo este se removía, despertando poco a poco.

—¿Te han dicho alguna vez que eres un cabeza dura? —murmuró al aire, como si quisiera sonar indiferente. Sus brazos estaban cruzados por sobre su pecho de forma casual, pero por dentro todo su organismo se retorcía en nervios, ansias, y a la vez satisfacción de saber que no había pasado nada grave. Thor ladeó un poco el rostro para poder enfocar mejor su figura, y cuando lo ubicó y sus ojos chocaron, el rubio solamente pudo soltar una risita y sonreír abiertamente a pesar de los pequeños cortes cubiertos en sus mejillas y cejas. Loki frunció el ceño—. ¿De qué te ríes, idiota? —preguntó de mala manera, mientras evitaba el contacto con sus gemas azules.

—De ti. —contestó como quien lo hace cuando habla del clima, y aquello logró poner a la defensiva al menor. Thor lo miró nuevamente, y esperó a que sus ojos volvieran a hacer contacto para profundizar su mirada—. Es una forma muy bonita de decir que estabas preocupado. —sonrió, elevando ambas comisuras. Su voz estaba un poco ronca.

—Fue muy peligroso atacar a esos sujetos de frente. ¿En qué piensas haciéndolo? Pones en riesgo a la gente, estúpido. —sin embargo, y a pesar de lo grosero que había sonado decirle todo aquello, al rubio simplemente pareció no afectarle el comentario. Se encogió de hombros casualmente, pero su rostro sereno se crispó un poco al sentir como su cuerpo dolía y sus músculos se tensaban—. No hagas movimientos bruscos, puedes abrir tus heridas. —Loki lo miró con el ceño fruncido, pero tras esos ojos verdes brillaba una chispa de preocupación. Aquello conmovió de sobremanera al mayor, quien decidió quedarse quieto sin aportar algún comentario.

El constante pitido de la maquina al lado de Thor, que indicaba que su pulso estaba en completo orden, era el único sonido en la blanca habitación. Ambos se habían quedado en silencio, el cual se prolongó por algunos minutos en los que Loki miraba por la ventana hacia el patio trasero del hospital, y Thor simplemente se dedicaba a seguir las líneas rojas de los cortes en sus grandes y musculosos brazos. Finalmente, fue él quien se decidió a romper aquel tenso silencio.

—Lo que pasó no fue normal, hermano. —habló con la voz todavía un poco ronca, y se tuvo que aclarar la garganta. Sus ojos viajaron en busca del menor, quien seguía mirando todavía por la ventana con los brazos cruzados sobre su pecho. Ni siquiera volteó a verlo. Thor sonrió por aquello, pues esa actitud solamente denotaba la molestia que el pelinegro sentía con él. Respiró profundamente y cerró los ojos, esperando a que Loki hablara. A veces sucedía ese tipo de situaciones cuando su hermano se molestaba, y él, lo único que podía hacer, era esperar a que el otro aclarara su cabeza y hablara. El ojiverde era un hombre complicado, pero no imposible.

—Claro que no fue normal. —por fin se atrevió a hablar, girando un poco el rostro para verlo por el rabillo del ojo—. Te dispararon en un brazo, peleaste cuerpo a cuerpo con dos hombres, una camioneta te atropelló aventándote cinco metros, ¡ah! Y por si fuera poco, había una bomba en un local y por meterte donde no debías, los vidrios te cayeron encima. ¡Claro que no fue normal! —se volteó completamente indignado y furioso, retándolo con su mirada que se había oscurecido un poco. Los brazos los llevó a sus costados, en jarras a los lados de su cadera, y el ceño se frunció un poco más si es que se podía. Estaba realmente molesto—. Prometiste que te cuidarías, Thor. —aquello sonó muy mal. Sobre todo porque cuando Loki usaba aquel tono serio, junto con aquella pose y su nombre, el rubio sabía que estaba problemas.

—No fue para tanto, hermano. —le restó importancia con un gesto de la mano, haciendo después una mueca de dolor. Compuso su rostro y sonrió un poco. Sus ojos chocaron con los de la única persona presente ahí aparte de él, y no pudo resistir la preocupación y decepción que se reflejaban en los ojos del pelinegro. Tuvo que desviar la mirada y plantarla en los pequeños tubos que se incrustaban con unas agujas en sus antebrazos. Sabía que si quería que Loki no se molestara tanto, tenía que ser honesto. Además, él nunca había sido un mentiroso, y sobre todo si se trataba de Loki. Thor jamás le mentiría—. Déjame explicarte bien, por favor. —Loki guardó silencio, dándole pie para continuar. Sin embargo, volvió a voltearse completamente hacia la ventana—. La bala ni siquiera entró en mi brazo, simplemente lo rozó. Y sí, peleé contra dos hombres armados yo solo, pero entiende, no podía dejarlos escapar después de todo el daño que han ido ocasionando. La camioneta no me atropelló, lo intentó pero alcancé a brincar y no fue un golpe grave… —suspiró antes de continuar—. Y lo de la bomba, ¡vamos, hermano! Había gente dentro de ese local, no podía dejar que simplemente explotara y hacer como si nada. ¡Tenía que entrar a rescatarlos! Tuvimos que evacuar a las personas, y entré para verificar que no hubiera nadie ahí dentro. Cuando estaba por salir los vidrios de los ventanales explotaron por la presión, pero alcancé a salir antes de que el local explotara. ¿Entiendes lo importante que es para mí salvar a la gente? —murmuró, viendo sus manos con impotencia.

—¿Y tú sabes lo importante que es para mí el que estés bien? —le contrarrestó la pregunta con un tono amargo. No se dio media vuelta, pero sus manos se trasformaron en puños sobre su ropa. Estúpido Thor y su moral—. Ese trabajo solamente te hace arriesgarte por personas que no valen la pena. ¿Alguno de ellos te lo agradeció, acaso? —su mirada filosa se encontró con las azules gemas de Thor, y su lengua venenosa no pudo evitar soltar ese comentario cruel a los ojos del rubio. Thor por primera vez se sentía realmente molesto.

—No hizo falta que alguien me agradeciera hacer lo que me corresponde. Yo sirvo a mi patria, salvo personas y contribuyo a que al menos la ciudad sea un lugar mejor. Yo amo mi trabajo, amo a las personas y su bienestar. Y si eso implica arriesgar mi vida, no importa realmente. —miró sus manos en busca de una respuesta, pero los cortes sobre ellas solo le anunciaban lo que Thor ya sabía: no podía dejar su trabajo. Y no quería dejarlo.

—¿No importa arriesgar tu vida? —sonrió burlonamente, presa del dolor que aquello le provocaba—. ¿Y yo qué? ¿Tampoco te importa preocuparme? ¿Tenerme siempre con el alma en un hilo por no saber qué diablos sucede contigo en esas estúpidas misiones a las que te asignan? ¿Acaso piensas que me la vivo bien mientras tú estás ahí matándote? —pero tras el silencio de Thor, sólo pudo sonreír con amargura—. ¿No te importa arriesgar nuestra relación por aquellas personas? ¿Quiénes son más importantes para ti: los extraños a los que salvas, o yo? —Loki sabía que nunca debió haber preguntado eso. Ponerse en la balanza de un lado, y del otro poner el trabajo de Thor, era como lanzar una moneda al aire y saber la cara que iba a caer hacia arriba.

—Loki, yo… —pasó saliva pesadamente, mientras desviaba la mirada a un punto perdido en aquella blanca habitación. Sopesó aquello durante algunos segundos, pero finalmente pareció tener una respuesta concreta—. Tu… tú eres más importante para mí. Más importante que todo. —

—¿De verdad lo soy? —se cruzó de brazos y levantó una ceja, con cinismo—. Entonces deja ese estúpido trabajo. —lo retó. Pero tras el silencio sepulcral de Thor, supo la respuesta. Su boca se frunció en desacuerdo y se quedó contemplándolo por algunos minutos tensos. El silencio volvió a correr entre ambos, con el pitido de la maquina sonando en el fondo. Finalmente Loki sacudió su ropa, y se acercó al sofá donde había dejado su abrigo. Afuera hacía frío en aquel invierno. Thor siguió sus movimientos con atención, y cuando adivinó lo que Loki planeaba hacer, intentó hablar pero el otro se le adelantó—. Ni siquiera sé por qué he sido tan tonto como para preguntarte algo tan idiota como eso. Estoy consciente sobre tus prioridades, y yo no soy una de ellas. Que te mejores, Thor. Nos veremos en casa cuando salgas de este lugar. —y sin decir una palabra más, ni una mirada hacia él, abandonó la habitación con un sonoro golpe en la puerta.

El rubio abrió la boca en señal sorprendida, pues Loki jamás se había comportado de aquella manera con él. Sin embargo sabía que a Loki le dolía que él arriesgara su vida constantemente, y estaba de acuerdo en que preocuparlo siempre era malo, pero su hermano tenía que comprender su amor por las personas, por la nación. Thor tenía valores morales extensos, y Loki lo sabía incluso antes de que ellos comenzaran una relación. Tenía que respetar eso. El ojiverde seguro no lo volvería a visitar, de eso estaba seguro. Aquellas palabras antes de marcharse habían sido muy verdaderas. Y él tenía que salir pronto del hospital para poder ir a SHIELD y dar su informe completo, y decirle a Nick sobre sus sospechas. Porque algo no andaba bien con aquel grupo de asaltantes. Ellos no eran normales.

Se quedó contemplando la ventana por donde había mirado el menor. Hablaría con Loki en cuando pudiera salir de ese lugar, para aclarar sus puntos de vista. Ellos no podían estar tanto tiempo peleados por algo tan tonto como aquello. Muchas veces habían hablado sobre su trabajo, y el peligro que representaba, pero Thor siempre había convencido a Loki que lo dejara continuar con su profesión. Esperaba que esta vez pudiera volver a convencerlo. Sus ojos azules se abrieron un poco más al darse cuenta que la nieve había comenzado a caer demasiado rápido.

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Tarareaba una cancioncilla mientras revisaba los últimos informes que Pepper había dejado sobre su escritorio. Su pie se movía al compás de la música que resonaba en su cabeza. Movió la pluma entre sus dedos ágilmente mientras firmaba, y continuaba con la siguiente hoja. Se había levantado especialmente de buen humor esa mañana. Sobre todo porque la noche había sido muy buena en compañía de Rogers. Steve había aceptado su invitación para ir a comer Shawarma a pesar de ser tan noche, así que sin pensarlo dos veces habían salido a cenar. El local era pequeño a comparación de los grandes y elegantes restaurantes a los que él acostumbraba a ir, pero pensó que el rubio se sentiría más cómodo en un lugar discreto y con poca gente.

Habían hablado sobre muchas cosas triviales, pero que a Tony le parecían de lo más interesantes si quien las contaba era Steve. Era un hombre especialmente relajado, con un aura que inspiraba a hablar abiertamente. Tony se había mostrado abierto en aquella conversación, aportando ideas y bromas con las cuales Rogers se había reído más de tres veces. Con él no era necesario comportarse como un ejecutivo de alto mando, o como un hombre de falsa moral e intachable renombre. Sólo había sido Tony. Sólo él, y no un Stark.

—¿En qué piensas, Tony? —la voz de Pepper y su rostro a escasos centímetros del suyo le hicieron dar un brinco en su silla y luego parpadear repetidas veces para enfocar mejor a la mujer frente a él. Ella se alejó con una risita mal contenida, mientras él fruncía el ceño y volvía al presente. Sin darse cuenta se había perdido en sus pensamientos. Estúpido Rogers.

—¿Cuándo llegaste, Potts? Entrar sin avisar es una terrible falta de respeto. —le sonrió un poco, mientras barajeaba de nuevo el bolígrafo entre sus dedos y continuaba leyendo. Ella lo miró detenidamente, sentándose en la silla de enfrente, mientras sacaba su agenda del día y depositaba en el escritorio una taza de café para su jefe. El traje blanco que portaba le hacía lucir más viva, y sus pecas más llamativas.

—Toqué la puerta durante casi cinco minutos y jamás abriste, así que me tomé la libertad de entrar. —comentó como si nada—. ¿Estás bien, Tony? —hizo una mueca, mientras sus ojos azules analizaban al hombre enfrente suya. Se veía bastante renovado, de buen humor. Eran pocas las veces que lo veía de esa forma tan, ¿feliz? Quizá ella estaba alucinando. Tony no comentó nada, restándole importancia con un gesto de la mano—. Por cierto, ¿Qué le compraste a Steve? —se aventuró a cuestionar, cuando recordó su plática anterior. Esperaba que no hubiera hecho alguna tontería como era su costumbre.

—Un perro. —fue su simple comentario, mientras sus ojos leían con atención los papeles. O intento de atención porque solamente paseaba los ojos sin saber de qué iban aquellos documentos. Solo podía recordar la vergüenza que había pasado al darle a Steve el perro, y luego sacarlo a pasear juntos. Sin quererlo realmente, sonrió apenas un poco recordando aquel paseo, pero lo justo para que Pepper pudiera verlo y formar una mirada suspicaz. Sin embargo no aportó ningún comentario al respecto—. Pero… fue algo raro. —volvió a murmurar casi de forma inconsciente, mientras dejaba los papeles en el escritorio y se recargaba en su silla, haciéndola hacia atrás. Llevó dos dedos a la altura del tabique de su nariz y lo sobó. Se sentía algo extraño.

—¿Raro? ¿Por qué raro? —aquella frase que había soltado el millonario hizo que Pepper apartara la vista de su agenda y se dedicara a mirarlo solamente a él. Se cruzó de brazos y piernas, con la elegancia que poseía, y lo observó. No preguntó más, incluso cuando el silencio se instaló durante algunos minutos, pues no quería hacer sentir incómodo a Tony. Así que esperó a que fuera él quien volviera a hablar.

—Simplemente, yo… —suspiró, al sentirse algo vulnerable de repente. Pero decidió continuar hablando, solo que cerró los ojos para no encontrar aquella mirada conocedora—. Nunca… yo nunca había regalado nada como eso, ¿entiendes? La mayoría de los regalos que hago son cosas de mucho valor, como joyas… y a mis verdaderos amigos les regalo favores, o nada, qué se yo… pero, nunca había regalado algo con un valor diferente… ehm… —sus palabras se atoraron al no saber cómo continuar. Frotó sus ojos con algo de fuerza y volvió a suspirar. Se quedó ahí, inmóvil. En silencio.

—¿Valor sentimental? —ella completo la frase. Tony asintió dos veces antes de incorporarse bruscamente e ir por un café. Vació el agua en su taza y agregó la cantidad justa de cafeína y azúcar. Movió durante algunos segundos y le dio un sorbo grande, relajando su cuerpo al momento. Después volvió a su asiento. Potts lo miró con una pequeña sonrisa, y Tony prefirió no preguntar a qué se debía aquello. Pepper lo sabía todo, de todas formas.

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Steve borroneó unas cuantas veces los trazos que estaba plasmando sobre el papel, antes de afinar con líneas suaves y tenues el rostro. Después con un ágil movimiento trazó una línea un poco más gruesa, y luego otra y otra, dándole forma al cabello algo despeinado de su boceto. Los toques finales fueron hechos y luego firmó el dibujo con fecha incluida. Contempló entonces su creación. Tony con lentes, leyendo unos documentos de perfil sobre el sofá. Tal como lo había observado antes de sacar a pasear a Dingo. Sin quererlo, sonrió un poco recordando la travesura del perro, y luego sus pensamientos divagaron hasta Tony. Realmente se la había pasado muy bien con el millonario en aquel restaurante al que lo había llevado. Él jamás había comido Shawarma—no sabía lo que era—pero le había encantado. La comida y la compañía de Tony.

Stark era un hombre muy extraño, y bastante. Algunas veces parecía ser un hombre inmaduro, soberbio y ególatra. Otras veces era un genio, empresario y millonario. Y luego lo sorprendía con aquella faceta de sencillez y normalidad. Se había dado cuenta que Tony era un hombre común, como cualquier otro, pero especial. Tenía muchos matices, muchas caras y muchos sentimientos guardados. Y él quería descubrir cada uno de ellos. La gente misteriosa como el castaño era como un imán. Así que miró con detenimiento el dibujo que había hecho de él. Cambió las hojas hacia atrás y contempló los otros dibujos que había hecho con anterioridad. Después suspiró y cerró su libreta. No sabía lo que estaba haciendo. El jamás había dibujado a un hombre con tanto ímpetu, y menos tantas veces.

Bajó las escaleras rumbo a la sala en busca de algo en qué entretenerse, y el teléfono de la casa sonó en cuanto pisó el último escalón. No esperó a que Jarvis fuera a atender la llamada, sino que él mismo contestó como le había enseñado el mayordomo. Grande fue su sorpresa al escuchar del otro lado de la línea a Loki. Dingo salió de la parte trasera de las escaleras, movido por el sonido del teléfono. Steve le hizo una seña y el cachorro se acercó trotando hacia él.

¿Steve, eres tú? Soy Loki. —la voz sonaba un poco entrecortada, quizá no tenía buena señal del otro lado. Steve asintió, pero después se dio cuenta que el otro hombre no estaba viéndolo, y se sintió muy estúpido, así que contestó rápidamente.

—Sí, soy yo. ¿Qué sucede, Loki? —se aventuró a preguntar, mientras tomaba asiento en el sofá. Sus ojos viajaron por todo el perímetro de la sala con algo de pereza. Se sentía algo cansado, pues la salida de la noche pasada a cenar lo había desvelado—. Stark no está en casa en este momento, pero está en el trabajo y-

No, Steve. Precisamente quería hablar contigo. —cortó sus palabras para que el militar no continuara hablando—. Necesito pedirte un favor. —y cuando Steve le confirmó que podía contar con él para lo que quisiera, fue que Loki se sintió con la confianza total para respirar tranquilo—. Thor sufrió un accidente anoche, y peleamos hoy, así que no iré a verlo… pero necesito que seas tú quien vaya a vigilarlo, por favor. Y me informes como está. Sé que suena inmaduro de mi parte, pero, yo… —

—Descuida, Loki, lo haré. No te preocupes. —sonrió conciliador a pesar de que le otro no podía verlo. Sonaba realmente preocupado, pero a la vez enojado. Steve comprendió que los problemas rodeaban a todo tipo de relaciones, así que no se atrevió a indagar más. Los problemas eran de dos, y de dos tenían que resolverse—. Pásame la dirección del hospital que en este momento tomo un taxi y salgo para allá. —frotó con su mano derecha las orejas del perro, quien estaba sentado frente a él con su pequeña cola balanceándose de un lado hacia otro.

Muchas gracias Steve, de verdad. —

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La enfermera que lo atendía era muy atenta. Había estado al pendiente de él durante toda la mañana. Incluso le había dado de comer más de lo que tenía permitido ingerir, porque Thor comía demasiado. Con una simple dieta de hospital no sobreviviría mucho tiempo. Así que haciendo uso de su encanto personal, había seducido a la chica para que pudiera subirle más alimento. Estaba mirando la televisión atentamente, cuando oyó que la puerta de la habitación en la que estaba, rechinaba al estar abriéndose. Esperó encontrar a la enfermera, o quizá a un compañero del trabajo, pero frente de él estaba otro hombre.

—¡Steve! ¡Qué alegría verte! —le dirigió una sonrisa enorme que el otro hombre devolvió de igual manera. Cerró la puerta teniendo el permiso y e introdujo en la habitación. Se acercó a la camilla donde estaba el rubio de barba, y lo contempló de pies a cabeza analíticamente.

—Siento mucho no haber venido antes. Loki llamó a casa de Stark esta mañana y me informó de tu accidente. Lo siento mucho. ¿Estás mejor, cierto? —le sonrió, mientras apretaba su mano en un saludo mudo y tomaba asiento en uno de los sillones. Llevaba puesta una chamarra de cuero y unos pantalones vaqueros algo ajustados. Afuera hacía bastante frío, y eso lo supo Thor tras el contacto con su helada mano. El de barba le asintió ante la pregunta del militar, y cerró los ojos comprendiendo el motivo de su visita.

—¿Loki te ha mandado a cuidarme? —comenzó a reír un poco cuando las mejillas de Steve se tiñeron de un suave color carmín al sentirse delatado. Tuvo que detenerse por el dolor en las costillas—. Esta mañana vino a visitarme y peleamos. —sonrió un poco. Steve quiso decirle que no tenía por qué decirle todo aquello si no quería, pero la mirada triste de Thor le anunció que quería hablar con alguien, así que guardó silencio—. Loki está empeñado en que deje mi trabajo. Soy un agente encubierto trabajando en una estación de policías, pero a veces tengo misiones especiales. Trabajo para una organización llamada S.H.I.E.L.D., la que se encarga de perseguir y exterminar los intentos de terrorismos o cosas parecidas. Pero, ¿sabes? Yo amo mi trabajo, no quiero dejarlo aunque mi hermano se enoje. —su mirada triste se dirigió al otro hombre, quien lo contemplaba atentamente.

—Te comprendo. —Steve le sonrió en señal de reconfortarlo—. Soy militar, y para nosotros no hay mayor logro o recompensa que salvar gente. Saber que puedes hacer algo por tu país y por las personas. Es algo que tampoco cambiaría. —su mirada viajó hacia la ventana, donde observó cómo la nieve caía tranquilamente, sin ningún contratiempo. Los copos eran todos iguales, algunos más grandes que otros, pero hechos con la misma estructura—. Al principio yo no quería estar en el ejército, pero cuando entré y vi tantas cosas, tanta guerra, tanta sangre… tantos inocentes que perdían su vida, y sus familias, fue cuando comprendí la importancia de la vida. No me importaba arriesgar mi salud por salvar personas, así fueran extraños que jamás me lo agradecieran. —su voz se fue apagando, hasta convertirse en un suave murmullo. Sus manos se hicieron puños sobre la tela del pantalón, y suspiró. Había visto tantas cosas, tanta destrucción. Tanta miseria.

—Por fin alguien que me comprende. —Thor le sonrió con confianza, brindándole también ánimos para que Steve no se perdiera en sus recuerdos—. No soy militar, pero nuestras misiones son muy parecidas. Loki no comprende eso… No comprende que yo vivo para salvar a la gente, para cuidarla y contribuir a que el país sea un lugar mejor. —Steve le asintió, y un silencio cómplice se instaló entre ambos. Eran como dos peces fuera del agua, con distintos ideales que los demás y un único propósito: la patria—. ¿Puedo pedirte un favor? —el rubio menor le asintió en respuesta y se puso de pie hasta llegar a su lado en la camilla—. Necesito que vayas a las instalaciones de S.H.I.E.L.D. y le des éste informe a Nick Fury. Dile que vas de mi parte. —y le entregó unas hojas escritas a mano en papel blanco. Era lo que había hecho en toda la mañana desde que Loki se había marchado. Era un asunto importante que no podía esperar—. Te escribiré la dirección para que tomes un taxi y te lleve hasta allí. —

Steve asintió en respuesta y tomó los papeles en su mano.

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Su boca casi se abría de la impresión que aquello le causaba. El lugar al que lo había mandado Thor era realmente grande. Una corporación millonaria y ultra-secreta que se escudaba como una empresa cualquiera de exportaciones e importaciones. Caminó hasta llegar a donde estaban los guardias y enseñó la credencial de Thor esperando que lo dejaran pasar, relatándoles los hechos por los cuales Thor no había podido asistir. Los guardias de seguridad lo vieron un par de veces antes de hablar por un pequeño radio inalámbrico. Le pidieron que esperara ahí con ellos.

Steve realmente se sentía algo intimidado, ¿qué tal y pensaban que él era un intruso y lo llevaban a la cárcel? ¿O lo torturaban? Sin embargo, sus años en el ejército le habían enseñado a no tener miedo, o al menos no exteriorizarlo, así que esperó durante casi diez minutos de pie, con una postura rígida y el semblante serio. Una de las puertas de metal se abrió, y de ahí salió una hermosa mujer que caminó con paso firma hacia los guardias. Intercambiaron algunas palabras y luego ella caminó hacia su dirección. Rogers la miró durante algunos segundos, cruzando mirada con ella. Era bastante bonita, y tenía los ojos brillantes y reconocedores. De inmediato supo que ella era alguien muy inteligente. Se notaba a leguas.

—Mucho gusto, soy Steve Rogers. —él sonrió estirando su mano. Ella lo contempló durante algunos segundos, paseando sus ojos por su figura, para después encogerse hombros y corresponder el saludo, estrechando sus manos. Aunque sus ojos seguían fijos en el rubio.

—Soy Natasha Romanoff. —su voz era seria y fuerte, pero clara y femenina. Tenía el cabello rojo y lacio, el cual caía en cascada hasta la altura de los hombros. Su tez era blanca, y sus ojos, verdes. Verdes como el pasto en época de primavera. Steve la contempló, pues su nariz era afilada y sus ojos gatunos al compás con sus gruesos labios. Tenía facciones muy lindas. Le gustaría poder dibujarla algún día no muy lejano. Cuando se dio cuenta que se había quedado viéndola y ahora ella había agudizado la mirada, se permitió soltar el agarre sintiéndose algo abochornado de repente—. ¿Qué haces aquí?

—Vengo de parte de Thor Odinson. Él ha sufrido un accidente y me pidió como favor que trajera uno informes para Nick Fury. —contestó con voz firme, para no sentirse intimidado ante ella. No es que las mujeres le causaran grandes impresiones, pero ella destilaba poder y seguridad por cada poro de su piel. A simple vista se veía una mujer fuerte, entrenada.

—Puedes darme los papeles, y yo me encargaré de que lleguen a Nick Fury. —propuso con su semblante serio. Estiró la mano para recibirlos, pero Steve los pegó más a su pecho, temiendo por un momento que ella se los arrebatara. Lo miró con una ceja alzada y los ojos confundidos—. ¿Qué sucede?

—Preferiría entregarlos yo mismo. Si Nick no puede en este momento no importa, regresaré más tarde. —Natasha lo miró durante varios segundos, analizándolo algo sorprendida por tales palabras. Nadie se había atrevido a contradecirla en mucho tiempo, y de la nada llegaba un extraño a retarla. Se sintió algo ofendida porque alguien dudara de su entereza y fidelidad, pero tras ver los ojos del otro hombre se dio cuenta que tampoco cedería. Otro en su lugar habría aceptado. Aquello le causó mucha curiosidad, así que se serenó y sonrió alzando levemente las comisuras de los labios. Era una sonrisa pequeña, pero fina y elegante.

—Muy bien, pues ven conmigo entonces. Nick Fury te recibirá en este momento. —Steve le asintió y comenzó a caminar atrás de ella. Escuchó algunos suaves murmullos entre los guardias y la mujer, y luego ellos se hicieron a un lado dejándolo pasar sin revisarlo siquiera. Atravesaron la puerta de metal por la que ella había entrado, la cual se cerró a su espalda. La siguió por un pasillo gris, donde las paredes eran largas forjadas de puro vidrio. Se podía ver el interior de los cuartos de los lados, pero Steve miró siempre al frente, pues tenía miedo que ella lo cachara husmeando—. Así que te llamas Steve Rogers, ¿cierto? —la voz de ella lo hizo sobresaltar un poco, pero contestó con una suave afirmación. Ella lo miró por el rabillo del ojo y esperó a que Steve se pusiera a la par para caminar con él a un costado, ésta vez—. Y dime, ¿de dónde conoces a Thor? ¿Son muy amigos? Porque nunca te había visto antes. —sus ojos verdes chocaron con los suyos.

—Digamos que no tiene mucho que nos conocemos. Pero sí, somos amigos. —evadió la primera pregunta de aquella mujer misteriosa, mientras miraba al frente. Sus hombros se mantenían firmes, con la espalda recta y daba pasos fuertes. El eco de ambos se escuchaba cada que avanzaban. El pasillo estaba haciéndose demasiado largo para Steve. No quería contarle a una extraña de dónde había venido, pues lo tacharían de loco, o quizá un terrorista.

—¿Eres militar? —cuestionó de repente. Steve se detuvo en su lugar y volteó a verla, ladeando la cabeza. Ella llevó una de sus manos cubiertas por un guante negro y se echó el cabello hacia atrás. Después lo miró suspicazmente, y cuando vio la confusión y la intriga plasmada en los ojos del rubio, continuó:—. Lo digo por la postura, la forma en que hablas y caminas. Es fácil deducirlo cuando eres un militar. —y echó a andar de nuevo, con Steve siguiéndole el paso hasta llegar de nuevo a su lado.

—¿También eres un militar? —le preguntó de repente interesado. Cuando Natasha lo miró pudo divisar sobre sus orbes azules un tinte de curiosidad y expectación. Se sintió muy bien al sentir que aquel hombre la reconocía—. Me alegra saber que cada vez más y más mujeres se suman para proteger al país. De verdad estoy sorprendido. Estoy seguro que eres una de las mejores. —su sonrisa sincera hizo que Natasha por primera vez desviara la mirada y se concentrara en el pasillo que estaba terminando.

—No soy un militar como tal, pero he recibido el mismo entrenamiento que uno. Soy un agente, como Thor. Sólo que yo no tengo un trabajo falso o algo parecido. —sin poder evitarlo, volvió a llevar su lacio cabello rojo una vez más hacia atrás. El pasillo terminó y una puerta grande de metal se alzó ante ellos. Ambos se detuvieron—. No puedo dejarte pasar de aquí en adelante, pero ten por seguro que esos informes llegaran en buenas manos a su destino. —estiró la mano hacia el rubio—. Tienes que dármelos.

Steve dudó durante algunos minutos, mientras se debatía entre dárselos o regresar por donde había venido y no hacerle caso. Pero recordó la mirada de Thor, parecía preocupado, y también parecía que los informes eran urgentes, de lo contrario habría esperado a salir del hospital e ir él mismo. Además aquella dama era un militar, así que tenían sentido del deber y la moral hacia arriba por igual. Finalmente suspiró y le entregó los papeles, dudando un poco todavía. Buscó su mirada en busca de un indicio de engaño, pero lo que encontró fueron unas gemas verdes intensas, analizándolo. Natasha le asintió un par de veces antes de tomar los papeles en sus manos. Su cabello regresó rebelde hacia enfrente, y una vez más, tuvo que regresarlo con un movimiento suave y fluido, seguido por los ojos azules del rubio.

—Estoy segura que el comandante Nick Fury te lo agradecerá, al igual que Thor. Dile que me los has dado a mí, para que no te sientas culpable. Te aseguro que están en buenas manos. —el hombre le asintió, y antes de darse media vuelta y marcharse por donde había llegado, ella le detuvo del brazo poniendo su mano derecha sobre su hombro—. Me has caído muy bien, Steve.

—Tú también. —él le sonrió sinceramente. Estiró su mano esperando que la mujer aceptara, y ella estrechó su mano en un suave tironeo. Ambos se miraron a los ojos y luego Steve se separó un poco más. Era una mujer demasiado misteriosa. Sus ojos verdes delataban que algo estaba buscando en él, pero no sabía lo que era. Así que se reprendió mentalmente por las tonterías que estaba pensando—. Espero que nos volvamos a ver el alguna otra ocasión. —y dándose media vuelta, volvió con pasos firmes y espalda recta por donde había llegado.

Natasha se quedó contemplándolo, mientras observaba cómo se alejaba poco a poco. Escuchó el sonido de sus zapatos con cada paso que daba. No fue sino hasta que escuchó la puerta rechinar y volver a cerrarse, que se permitió apoyarse en una de las paredes de vidrio. Cerró los ojos y una imperceptible sonrisa se marcó en su rostro. Aquel hombre le había caído bastante bien. Y por si fuera poco, acaba a de ahorrarle una misión pendiente—. Claro que nos volveremos a ver, Steve. Y más pronto de lo que te imaginas. —y se perdió por la otra puerta de metal.

Las casualidades se daban en los momentos más oportunos.

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Los papeles que tenía entre sus manos resbalaron un poco, y Tony reaccionó. Espabiló y bostezó audiblemente. Se estaba quedando dormido en su silla. Dejó los papeles sobre el escritorio y miró la hora. Bien, eran casi las siete de la noche. Pronto podría irse a casa si Potts no lo veía. Necesitaba dormir un poco al llegar y luego bajar a su taller para seguir trabajando. La verdad es que no había estado avanzando mucho y aquello lo ponía un poco de mal humor. A su mente vino Steve, y se preguntó cómo estaría. ¿Estaría dibujando? ¿Leyendo? ¿Jugando con el cachorro que le había regalado? Eran pocas las posibilidades que Steve tenía por hacer. Alguna de ellas o ayudarle a Jarvis en la casa. A veces se sentía un poco mal por dejar que Steve se pasara el día encerrado en su Torre. Seguro y se aburriría un montón. Así que cuando llegara a casa le mostraría la ciudad por satélite para que el rubio se animara a salir solo y conocer. Sí, eso haría. Su taller podía esperar un poco más.

En eso estaba pensando, cuando escuchó cómo dos toquidos sonaban en la puerta de su oficina. Frotó sus ojos con algo de rudeza para espantar el sueño. Solamente podía ser Potts quien estuviera del otro lado de la puerta, y si lo encontraba semi-inconsciente sobre su escritorio se enojaría mucho. Estiró su cuerpo como un gato y volvió a bostezar. Dio el permiso, para que quien fuera que estuviese del otro lado pasara, y luego se recargó con pose casual sobre el respaldo de su asiento de cuero. Pepper abrió la puerta y entró, sin cerrar tras de sí. Tony iba a preguntar a qué se debía eso, pues Pepper jamás dejaba la puerta abierta, y menos en aquel silencio sepulcral y con esa mirada algo preocupada, pero una persona en el umbral de la puerta lo hizo abstenerse de preguntar. Sus ojos se abrieron de la impresión y con un movimiento rápido se puso de pie, dando zancadas para llegar al recién invitado.

—¡Tanto tiempo sin verte, Tony! —aquel alto hombre abrió sus brazos en señal de saludo y Tony aceptó el abrazo, con una sonrisa enorme. Sus ojos castaños se cerraron con alegría, y dio dos palmas en la espalda del otro antes de separarse y volver a abrazarse.

—¡Nunca pensé que volverías, anciano! —y comenzó a reír cuando el otro sujeto lo cargó un poco hasta que sus pies no pudieron seguir tocando el suelo. Sus ojos se llenaron de alegría que no quiso ocultar cuando vio el rostro de aquel sujeto. Lo contempló y se dio cuenta que el tiempo había pasado demasiado rápido— ¡No has cambiado nada! Pásame la receta de esa crema tuya anti-arrugas. —y tras aquel comentario el otro simplemente rio con su voz masculina y le dio un pequeño golpe a Tony en la cabeza, como si fuera un niño pequeño que recibía un regaño. Stark hizo un mohín ante aquella acción, pero de inmediato se compuso invitándolo a sentarse en el sofá mientras iba por un par de copas y licor al otro lado de su oficina. Como en los viejos tiempos…

Pepper contempló la escena desde su posición, sin decir ninguna palabra. En ningún momento sonrió a pesar de la alegría y júbilo que podía notar en su jefe, sino al contrario. Sus labios pintados en color cereza se fruncieron hasta formar una línea recta. Algo le decía que las cosas comenzarían a cambiar a partir de ese momento, porque aquel hombre no le daba buena espina a Potts. No lo había hecho en el pasado, y ésta vez tampoco era la excepción. Aunque prefirió ahorrarse algún comentario. Ya tendría tiempo para hablar con Tony a solas. Aquel hombre la miró de arriba hacia abajo con una mirada que ella no deseó interpretar, y luego sonrió. Sus ojos azules se estrecharon al ver a aquel hombre que de repente había irrumpido nuevamente en la vida del millonario. Obadiah Stane estaba de regreso en la vida de Tony Stark.

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¿Y bien? ¿Les ha gustado? Espero que sí *w*

Nuevos personajes entran en juego, personajes que serán importantes en la historia.

Espero actualizar muy pronto el siguiente capítulo, quizá en esta misma semana :D

Recuerden, no se desesperen por favor, el momento se va acercando *w* y recuerden también que dejar un comentario es bueno para la salud e inspiración de la autora.

Los quiero mucho, y que tengan una excelente semana :D Y vayan a ver Thor lo más pronto posible jajaja.

¡Un beso enorme!

Darkmoon:

De nuevo, muchísimas gracias por tu Rw, nunca dejas de hacerme sentir muy bien :D y claro que los personajes van a influenciarse mutuamente, pues no me gusta eso de que uno de ellos tenga que cambiar por el otro, pues tiene que haber aceptación siempre. Respetar los ideales de cada uno. Bueno, Steve sí es casto, eso ya lo explicaré más adelante, ya que como dices, las relaciones sexuales no estaban bien vistas en aquellas épocas, y menos Steve siendo un hombre del ejército sin nada de tiempo xD. Y no, Tony y Pepper nunca fueron pareja, su amistad es grande, y muy fraternal, aunque también explicaré eso más adelante. Ninguno de ellos ve al otro como algo romántico. Lo de la adopción lo estoy pensando, me gustaría que sucediera, pero no sé si en ésta historia, o hacer alguna otra independiente luego de concluir ésta. Odín tendrá su previa aparición, pero todavía falta algún tiempo. Yo soy fan del Capitán América de las películas, pues no he tenido la oportunidad de leer un cómic de él. Aunque ahora que tengo tiempo quiero leer lo más que pueda y poder compenetrarme más con los cómics. Por el momento, sólo el actor que lo encarna (: y muchas gracias por tu recomendación de la página, tengo que pasarme cuanto antes por ella *w*

Muchas gracias nuevamente y no te olvides de seguir comentando y preguntando tus dudas. ¡Un beso enorme!