¡Hola!

Lamento lo corto de este capítulo pero no quise tardar más, así que decidí subirlo tal cual.

Las cosas se están calentando (para bien o para mal xD), así que como dije antes el final se acerca y la historia se empieza a agilizar.

Debo admitir que me siento ansiosa por los comentarios que generen este capítulo, quiero saber qué opinan y si voy por buen camino xD

¡Nos leemos! ^^

~ Cindy Elric ~


Trigésima Melodía: Desafíos

El silencio duró casi dos minutos, siendo ese tiempo lo que tardó la sacerdotisa en convencerse de que esa no era una ilusión, mientras que el zorrito necesitó unos segundos más en dar crédito a quien parecía haberlos espiado tras la puerta, ese no podía ser el youkay hermano de Inuyasha, él no se rebajaría a espiar conversaciones ajenas, ¿o sí?

–¿Qué haces así? –Pregunta la chica una vez sale de su estupor, afirmando su mirada y fijándola en los ojos del demonio frente a ella, sin permitirse olvidar lo antes pronunciado por él.

–Así que eso es lo que piensas de mí –frunce su ceño–, que soy un demonio sin alma.

–¿Qué quieres Sesshoumaru? –Insiste retrocediendo cuando ve al avanzar, entrando ambos en la habitación.

–Antes me llamaste hiriente, cobarde, ¿crees que te dejaría escapar tan fácil?

–Yo no escapé y tampoco mentí, tú estabas hablando a mis espaldas y ni siquiera tuviste la decencia de voltearte cuando te hablé.

–No tenía por qué.

–¿No tenías…? Bien, de acuerdo –suspira profundamente tratando de tranquilizarse, estaba por marcharse, no valía la pena discutir–. Tienes razón, siempre tienes y tendrás razón Sesshoumaru, su majestad puede hablar de cualquiera a sus espaldas e insultarlos cuanto quiera sin tener que temer las consecuencias de sus actos.

Shippou alzó la vista fijándola en la sacerdotisa, sabía que la chica estaba tratando de tranquilizarse pero sin resultado y eso llamó su atención porque aún no podía comprender la razón de que su amiga se sintiera tan herida, claro que entendía que estuviera molesta por los insultos pero sus ojos no reflejaban solo eso, no, conocía lo suficiente a la chica para decir sin ninguna duda que lo que brillaba en el marrón era un profundo dolor, un dolor que sólo había visto en la chica cuando miraba a Inuyasha, a nadie más, entonces… ¿por qué ahora miraba de esa forma al youkay?

–Tú acabas de hacer exactamente lo mismo.

Esas palabras sonaron a recriminación y Kagome se sintió lo suficientemente sorprendida como para callar, sólo por segundos, ya que la rabia que quemaba en su pecho era un más fuerte que la confusión de ver al demonio actuar de esa manera.

–¿Acaso es mentira lo que dije? –Lo reta–. Dime Sesshoumaru, ¿acaso tú tienes alma?

–Sí.

–¡¿Y entonces por qué demonios haces estás cosas?! –Ella no quería gritar, no quería discutir, sólo quería tomar a Shippou e irse de ahí, pero estaba tan molesta, se sentía tan herida, maldición, no podía engañarse, el escucharlo decir esas palabras viéndose tan seguro de ellas la había lastimado más de lo que le gustaría admitir porque no podía dejar de cuestionarse si el youkay de verdad la veía como un simple objeto desechable.

–¿Qué cosas? –No se dejó sorprender por esa pregunta ni por la furia que la acompañaba, simplemente se limitó a cerrar la puerta tras él, evitando de esa manera que se pudiera oír desde afuera la extraña conversación.

–¿Cómo que…? –Dudó si esa pregunta era en serio, ¿de verdad no sabía de qué hablaba? Tenía que estar bromeando… empuñó una de sus manos, la que tenía libre y caía al costado de su cuerpo, abrazando con la otra al zorrito que seguía mirándola con preocupación, sin importarle lo confuso que aquello podría ser para el pequeño, olvidándose por completo que debía regresar lo antes posible con sus amigos–. Maldición Sesshoumaru, no puedes ser tan estúpido…

–No lo soy, tú eres la que está siendo innecesariamente exagerada.

–¿Exagerada? Me estás diciendo… –Vuelve a suspirar tratando de tranquilizarse, llevando su mano a su entrecejo y masajeándolo en un intento de relajarse, debía mantener en su garganta todas las cosas que le gustaría gritarle en su cara por muy molesta que estuviera, porque no podía actuar de forma tan impulsiva, no quería darle la razón al demonio–. ¿Qué quieres decir con eso?

–Desde el principio sabes que tú eras un simple objeto para mi beneficio.

–Sí, lo sé –inspira.

–Entonces no entiendo todo el escándalo.

–No es por eso, esas palabras ya me las sé de memoria –expira.

–¿Entonces?

–Tú… ¿de verdad crees en tus palabras? –Fija su mirada en el youkay–. ¿De verdad soy un objeto para ti?

–Sí.

La respuesta del youkay fue automática, tan automática que el zorrito frunció su ceño sin creerle y la verdad es que ni siquiera Sesshoumaru creyó en sus propias palabras, porque había respondido tan rápido como pudo para no dejar espacio a ninguna palabra más que pudiera exponerlo, pero contrario a los dos youkay, la sacerdotisa sí lo creyó, creyó en esa respuesta que volvía a lastimar su corazón.

–Ya veo… así que ya no me necesitas a tu lado, puedo ser "desechada" como lo dijiste antes, ¿verdad?

La respuesta automática seguía siendo un "sí" pero esta vez los labios del youkay temblaron negándose a pronunciarla, conteniéndose exitosamente pero sólo manteniendo el silencio porque no estaba del todo seguro de lo que saldría de su boca si llegaba a hablar.

–De acuerdo, entiendo… –suspira ante el silencio contrario, leyendo el sí entre líneas y obligándose a sonreír–. Después de todo soy una humana inútil, débil y estúpida, así que puedo ser desechada por alguien como tú… –baja la mirada, sonriéndole ahora al pequeño en sus brazos, pidiéndole en silencio disculpas por su comportamiento, pidiéndose a sí misma no dejarse herir más por ese sujeto–. Sólo tengo una pregunta más Sesshoumaru, la última y dejaré de hacer este escándalo tan innecesario como lo llamas.

–¿Qué?

–Soy desechable así que ya no me necesitas, pero aun así… ¿no me quieres a tu lado?

Los ojos marrones volvieran a alzarse, fijándose en los dorados y aunque el youkay quiso desviar la mirada no pudo, esos ojos lo habían atrapado sin dejarlo escapar, desafiándose entre sí, uno esperando la respuesta y el otro buscándola.

Sesshoumaru no sabía qué decir, otra vez su conciencia y su boca no estaban sincronizados, quiso negarse, escoger la alternativa más fácil y alejar a la mujer de una buena vez, apartándola de su lado, que lo odiara, que lo aborreciera y así nunca más toparse con esa mujer, ser un maldito cobarde y escapar como Kazuya había dicho, huir de ese cambio que desde hace tiempo había empezado a notar, eso que lo hacía querer que esa humana ganara el ritual, que lo obligó a rescatarla a pesar de haber perdido, que lo empujó a manchar su boca con la de ella.

Kagome tembló por el extenso silencio, odiándose por la pregunta recién pronunciada, no estaba segura de querer escuchar la respuesta, no si terminarían por herirla aún más, pero debía comprobarlo, eso debía terminar en ese lugar, donde las confusiones fueron fortalecidas, en donde se dijeron e hicieron cosas no propias de dos personas que se odian… sus labios temblaron y sus ojos también, por la preocupación, por la tensión del momento, sintió que alguien se apoyaba en su pecho y recordó al pequeño youkay, la abrazaba con fuerzas, se había mantenido en silencio todo ese tiempo con tal de no molestarla, sin mirarlo lo envolvió ahora con sus dos brazos, agradeciéndole el apoyo y la consideración.

–¿Por qué quieres saberlo?

–No Sesshoumaru, no evites responder con preguntas irrelevantes, yo te estoy pidiendo respuesta no un nuevo interrogatorio.

–¿Qué ocurre si mi respuesta es "sí"?

–Te dejaré tranquilo, ya no me verás más, nunca más volverás a saber de mí.

–¿Y si mi respuesta es "no"?

–¿Qué?

–Si digo que en realidad te necesito, que te quiero a mi lado, ¿qué harías?

–Pues… yo…

–Responde Kagome, ¿qué harías si él dijera eso?

Como un cuchillo esa sorpresiva voz cortó la tensión metiéndose sin permiso, la sacerdotisa contuvo el aliento ante la mirada herida que había aparecido de la nada en la habitación, ¿qué tan absorta estaba que no había visto al hanyou hasta que estuvo junto a ella?

–¿I-Inuyasha?

–Responde.

Como si ya fuera rutina otro silencio envolvió la última pregunta, haciendo que la conversación se volviera aún más vertiginosa, de un momento a otro la sacerdotisa se vio acorralada, rodeada por dos pares de ojos dorados, unos heridos y otros impacientes, una pregunta había sido pronunciada y la respuesta demoraba demasiado.

El hanyou fue a buscarla porque demoraba demasiado, encontrándose con esa discusión, con ese interrogatorio… en el momento que sintió sus dos aromas mezclarse tuvo un mal presentimiento, cuando llegó junto a la habitación y escuchó las dos voces en el interior sus temores crecieron considerablemente, pero lo peor fue descubrir su tema de conversación, no podían estar discutiendo eso, haciendo esas preguntas… evitando esas respuestas…

–¡Responde!

Kagome dio un pequeño salto por el grito del hanyou, sintiendo que sus ojos ahora empezaban a temblar con más desesperación, que un nudo en su garganta le dificultaría hacerle caso al joven.

–¿Qué haces aquí?

Cuestionó el youkay con sincero desprecio, molesto por la intromisión, ese era un asunto de él con la chica, el híbrido no tenía nada que hacer en ese lugar.

–Vine a buscar a Kagome, pero me encontré con algo muy interesante –frunce su ceño, alternando su mirada entre la sacerdotisa y el youkay.

–Inuyasha, yo…

–Ella irá contigo después, ahora está ocupada –interrumpe a la chica, notando como la molestia del hanyou parecía aumentar, algo que en realidad empezaba a agradarle.

–¿Ocupada? ¿Insinúas que ella prefiere quedarse aquí hablando contigo que regresar conmigo?

–Sí.

–¿Y qué te hace pensar eso?

–La conozco.

Nuevo silencio y ahora parecía que los hermanos se mataban con la mirada, desafiándose, sin querer desenfundar sus espadas, no, el dolor físico sería insignificante en esa situación, el herir sus orgullos y sus mentes parecía más gratificante.

–¿La conoces? ¿Y desde cuándo? –Frunce su ceño–. ¡No has pasado ni siquiera un mes a su lado!

–Yo la secuestré, la forcé a ponerse en peligro, casi muere por mi culpa –sonríe de lado–, pero aun así sé que ella ha derramado más lágrimas por tu culpa.

–Tú… –empuña su mano reteniendo en ella su ira, tratando de creer que el demonio se equivocaba.

–Reclamas exclusividad pero te vas con la otra sacerdotisa cuando quieres –insiste con el tono de voz más hiriente que puede encontrar–, ¿con que cara bienes a exigir respuestas?

–¡Ese no es tu asunto, esto es entre Kagome y yo!

–Un respuesta emocional, patético.

–Sesshoumaru ya basta, y tú Inuyasha…

–No me hables –manda sin mirarla–, no te metas en esta conversación hasta que tengas una respuesta a la pregunta anterior.

–Estoy de acuerdo –la mira, relajando un poco su expresión pero con enfado de todas formas.

Kagome entendió esas palabras, esa situación, todo eso era su culpa, si no fuera tan débil, tan malditamente débil… si ella pudiera haberse defendido desde el principio, si hubiera escapado del castillo y no dejarse arrastrar por el youkay no estaría en esa situación, continuaría viajando con sus amigos, seguiría amando ciegamente a Inuyasha… no tendría que estarse odiando por no contestar una simple y estúpida pregunta.

El escenario había cambiado de un momento a otro, una conversación que pertenecía a dos personas ahora pasaba a ser una discusión de tres, Kagome a un lado, al otro el youkay y finalmente el hanyou, los tres encerrados en una situaciones que los empujaba a sus límites lastimándose entre sí, era cuestión de tiempo el que uno explotara, la verdadera pregunta era, ¿quién lo hará primero?

Continuará…


¡Capítulo 30! ¡Capítulo 30! No puedo creer que me tardado 30 capítulos para juntar a la pareja y la nueva pregunta es cuántos más necesitaré para que dejen a un lado sus orgullos, necesito una declaración pronto, ¡ya quiero terminar! xD

¡Muchas, muchas gracias por leer! ^^

~ Cindy Elric ~